Part 2
Mr. Snider[6] opina, que con el mapa á la vista, tenemos la prueba de que la América se separó del antiguo mundo, y de que toda su extensión corresponde perfectamente á la parte O. de las costas de Europa y Africa. Si la correspondencia es más visible á partir de los 30 gr. latitud N. hasta el cabo de Magallanes, es porque el espacio ó mar, que separa los dos Continentes, está menos sembrado de islas diseminadas á causa del cataclismo. La proyección formada por las Islas Británicas corresponde á la amplia entrada de la Bahía de Baffin. La prominencia de la costa americana en New-founland á la Bahía de Vizcaya. La parte saliente del Africa, desde el Cabo Verde hasta el Sur de Liberia, entraría muy bien en el mar de las Antillas y Golfo Mejicano. Por el contrario, la parte saliente del Brasil corresponde al golfo de Guinea en Africa, en el que se acomodaría perfectamente. Don Fernando Valdés y Aguirre, catedrático de la Universidad de la Habana,[7] tenía igual opinión que Snider.[8] Heer, en su _Flora tertiaria Hervetia_, hace ver la analogía que existe entre la Flora de los Estados Unidos y la _miocena_ de la Europa central. Mr. Conrad ha demostrado la identidad específica de las conchas terciarias de la América del Norte en las capas análogas de Francia. Unger ha descubierto, en el estudio de las floras fósiles del antiguo y nuevo mundo las mismas semejanzas. Pomel, Aymard y otros zoólogos manifiestan lo mismo respecto á ciertos vertebrados, especialmente al Mastodonte. En los lignitos del cabo Mondego (costa occidental de Portugal) las investigaciones del eminente geólogo portugués Carlos Ribeiro han descubierto la existencia de toda una flora americana.[9] Es de creer, pues, que esta unión ó comunicación existió para la época terciaria. Sin que aceptemos la _Atlántida_, creación imaginaria de Platón, como los viajes astronómicos de Cyrano de Bergerac y las aventuras modernas de Julio Verne.[10] Las islas Canarias, son de moderna creación volcánica y no los restos de las antiguas tierras, que unieron á Europa con América.
Según Humbold,[11] la tierra no se ha formado de un solo impulso, y su aparecimiento es debido á grandes fuerzas subterráneas, que arrancando de la primera época de los terrenos paleozóicos siguió los períodos de su formación hasta los terrenos terciarios; y, poco á poco, después de una prolongada serie de levantamientos y hundimientos sucesivos, ha llegado á completarse por la aglutinación de pequeños continentes, hasta entonces aislados, para finalmente presentar el aspecto actual.
Las grandes Antillas han estado unidas al Continente vecino. La geognosia y la paleontología lo comprueban. Una formación sedimentaria, depositándose siempre en capas más ó menos horizontales, no puede aparecer en _estratos_ inclinados sino á consecuencia de dislocaciones, posteriores á su depósito. Una cadena de montañas es, como línea de relieve, más joven que las capas que ella ha levantado, y más antigua que las que han venido después á apoyarse horizontalmente contra sus flancos.
Es indudable que las partes de la tierra correspondientes á las grandes Antillas han formado todas ellas un cuerpo unido al Continente Americano; especialmente, cuando la corteza del globo gozaba de una movilidad más ó menos grande. Llegada la época de las primeras dislocaciones, pues la Geología reconoce varias, aunque dos principales á causa de su generalidad, surgió en la zona correspondiente á las grandes Antillas una línea de relieve, esbozándose en ese período, las montañas antillanas, hacia los tiempos secundario y terciario.
Sabido es, que las lluvias de agua caliente, que caían en la época primitiva sobre los picos montañosos y las agujas graníticas del globo, y también los torrentes que se precipitaban á lo largo de sus flancos en los valles, desprendían los diversos silicatos, cuyos despojos terminaron por formar inmensos bancos de arcilla y de arena cuarzosa, que fueron los primeros terrenos modificados por la acción del aire y de las aguas, y los primeros sedimentos depositados por el mar. Por otra parte, por las fisuras de la corteza del globo, hacia el período _devoniano_[12] de la época de _transición_, se escapaban las aguas hirvientes, teniendo en disolución bicarbonato de cal y, algunas veces, bicarbonato de magnesia. Estas aguas calcáreas, mezcladas al mar, lo cargaron de sales de _cal_, que fueron depositándose poco á poco, y, desde este período en adelante, formando los _terrenos calcáreos_.
Ahora bien, las montañas antillanas, surgiendo del fondo de los mares y elevando los terrenos sedimentosos, no son exclusivamente graníticas, sino compuestas también de rocas _esquistosas_, que estaban depositadas en las aguas, y las fisuras que se formaron en la costra térrea al verificarse esta primera dislocación, se llenaron de granito y de compuestos metálicos diversos como oro, cobre, hierro, etc. A la segunda época de las dislocaciones del globo, que podemos referir al fin del _eóceno_ y principio del _plióceno_, se acentuaron estas montañas antillanas, encontrando alguna resistencia en su dirección, ya debida al primer levantamiento granítico ó á los grandes sedimentos; y por lo tanto, sufrieron alguna variación en su gran eje. Según el ingeniero español don Policarpo Cia[13] las _Sierras de Najaza_ y _Chorrillo_ en Cuba, no son sino restos de otras masas mayores. Y, en Santo Domingo, el monte _Tina_, al S. E. del pico de _Yaque_, y al cual Schomburgk atribuye mayor altura que á este último, no corresponde directamente á la cordillera central del _Cibao_. Después, en los tiempos en que se redondeaba el actual Continente europeo y concluían de levantarse las cadenas de los Apeninos en Europa y de los Andes en América se destrozó el que nosotros llamamos _Continente Antillano_. A este gran levantamiento para constituir los Andes corresponde el hundimiento de parte de la cadena antillana y la creación de las islas colombinas, viniendo luego la caliza, los aluviones y los bancos madrepóricos á dar la forma que caracteriza actualmente á las grandes islas de nuestro Archipiélago.
La Geología nos induce á creer en esta unión de las grandes Antillas al Continente. En la Jamaica existe un calcáreo conchífero de color claro cuya fauna presenta una semejanza sorprendente con la creta de Gosau.[14]
La presencia de estos políperos cretáceos sobre el borde occidental del Atlántico autoriza la suposición, que, en esa época, la Europa debía estar unida á la América, ya por una cadena de islas ya por un continente, ocupando el sitio del Atlántico Norte.[15] El _oligoceno_ de la vertiente atlántica de los Estados Unidos está formado por el calcáreo _Vicksburg_, rico en numulitas y en orbitolitas (orbitoides Mantelli) y forman la edad _orbitoica_ de Heilpin. El calcáreo de orbitoides Mantelli se encuentra en las Antillas y la gran analogía de los yacimientos _oligocenos_ de estas islas, con los de Vicenti y Malta, da á suponer que, en esta época una costa continuada ó una cadena de islas unía á la América con la Europa.[16]
Por la Paleontología sabemos hoy, que en el período _post-terciario_, continuaban unidas aún las grandes Antillas al Continente Americano, en virtud de los restos fósiles de animales de esa misma época hallados en Cuba y Santo Domingo. En Puerto Rico se han encontrado ya las _lenguas petrificadas_, que fueron los primeros hallazgos en Cuba. Es de creer, que para los tiempos de esa unión la tierra desde el Ecuador á las dos extremidades del eje del globo formaba una especie de pradera sin límites, y una inmensa alfombra de verdura cubría, por todas partes, su superficie.[17] Pastos tan abundantes eran necesarios para proveer al entretenimiento de esta prodigiosa multitud de herbívoros de gran talla, cuyas osamentas gigantescas admiramos, gracia á la paciente y sabia labor del gran Cuvier.[18]
Los fósiles recogidos por el señor Cia, en San Lázaro, cerca de la Habana, y en las calizas terrosas de Jaruco, consistentes en dientes antidiluvianos del _Carcharodon megalodon_, Ag., denominados por el vulgo _lenguas petrificadas_,[19] y los hallazgos del sabio naturalista don Felipe Poey y del ingeniero don Manuel Fernández de Castro[20], que en la _Majagua_ (Unión), en _Bainoa_ (Jaruco) y en _Ciego Montero_ (Cienfuegos) han encontrado fósiles de mamíferos, dientes molares del _Equus_, contemporáneo del Megaterio, colmillos del _Hipopotamus major_, y la quijada inferior de un Edente, el Miomorphus,[21] comprueban “que el territorio cubano formó parte de dicho continente, cuando se encuentran en su suelo tan perfectamente conservados los restos de los hipopótamos y de los edentados, que vivieron en la última época de los terrenos terciarios, según unos, y en la cuaternaria ó _post-pliocena_, según otros.”[22]
En el período post-plioceno,[23] vino, pues, el desgarre y rotura del Continente Antillano, su fraccionamiento, y la creación del Golfo de Méjico y del Mar de las Antillas, con la formación del _Gulfstream_. La corriente ecuatorial debió influir poderosamente en las temperaturas del Continente europeo, porque á su salida del canal de la Florida marcha con una velocidad de 2 metros 57 centímetros por segundo, y arroja en medio de un mar, cuya temperatura no es más que de 18 grados, aguas calientes de 25. Hoy día ejerce este tibio río submarino sobre el clima de la Europa septentrional una bienhechora influencia, debida casi toda á las circunstancias geográficas del Mediterráneo Colombino, lo que sin duda no ha existido siempre y está expuesto á desaparecer el día en que las islas antillanas formen una cadena de montañas, continuada con la costa americana[24]
La vida submarina en el Mar de las Antillas y en el Golfo de Méjico presenta una riqueza zoológica tan extraordinaria y una abundancia de depósitos calcáreos tan acentuada, que probablemente en futuros siglos se constituirá de nuevo el _Continente Antillano_. De 1877 á 1879 se recogieron en estas aguas, á 3500 metros de profundidad, 214 especies de crustaceos, de los cuales 134 eran nuevos para la ciencia.[25] Es verdaderamente prodigiosa la abundancia de organismos en las aguas de esta zona tropical. Rindiendo Mr. Murray cuenta del resultado del crucero _Challenger_ ha hecho notar, que si los organismos son tan numerosos en las cien primeras brazas como en la vecindad inmediata de la superficie, se puede estimar en seis toneladas la cantidad de carbonato de cal contenido por cada kilómetro cuadrado de esta zona, bajo la forma de carapachos calcáreos de organismos. Estos seres inferiores, cuando mueren, caen en lluvia contínua al fondo, donde su materia orgánica sirve de alimento á animales más superiores. Datos científicos, que están en consonancia con los de Agassiz[26], que asevera, que á las corrientes calientes de la superficie corresponde una rica fauna en la profundidad, y que en ninguna parte este resultado se marca mejor que en los citados mares, antillano y mejicano, entre dos mil á cinco mil metros, por debajo de la superficie.
Ahora bien, cuando el agua del mar contiene en suspensión una suficiente cantidad de sales calcáreas, la evaporación rápida, á la cual está sometida sobre ciertas playas, es suficiente para determinar la precipitación del carbonato de cal, que sirve, entonces, de cemento para aglutinar los fragmentos de arena á los despojos de conchas. Estos son los fenómenos de aglutinación por las aguas marinas. En el Mar Caribe el fenómeno de la formación contemporánea de piedras se produce ampliamente, bajo la acción del sol, que lleva la temperatura del agua del mar, en la superficie, hasta los 32 grados. La toba de la isla de Guadalupe, célebre por el esqueleto de un caribe, que allí se encontró, pertenece á esta formación.[27] Cuando Humbold recorrió la costa que se encuentra en Cuba desde Batabanó á Cienfuegos, hablando de estos hacinamientos calizos[28] dice: “Por la sonda se ve, que son rocas que se levantan precipitadamente sobre un fondo de 20 á 30 brazas. Unas se hallan á flor de agua y otras exceden de la superficie un cuarto á un quinto de toesa.” Lo mismo ocurre en diferentes puntos de las costas de Santo Domingo[29] y Puerto Rico.
Con tal acumulación de productos calcáreos en el Mediterráneo Colombino se va levantando lentamente el suelo, y formándose esos inmensos bancos madrepóricos en torno de las Antillas, que hoy _cayos_, y mañana _isletas_ é _islones_, servirán como intermediarios para entorpecer primero, y desviar después, la corriente ecuatorial: y encauzándola probablemente por dos grandes canales, unir en siglos venideros, las islas entre sí y formar de nuevo el Continente Antillano.
CAPITULO II.
La isla de Puerto Rico.—Situación geográfica.—Constitución geológica.— Cordillera central.—Granito.—Diorita.—Serpentina.—Sienita.— Caliza.—Canteras de mármoles, de asperón, de yeso.—Cavernas.— Margas y arenas.—Vetas minerales de oro, cobre, plata, plomo y hierro.—¿Cómo se formó la isla?—¿Ha estado unida al Continente?—Teoría de Moreau de Jonnes en contra.—Opinión de Stahl.—Parecer de Vasconi.—Nuestra opinión.—Paleontología.— Lenguas petrificadas.
Hemos dicho, en el capítulo anterior, que la isla de Puerto Rico ocupa casi el centro de la cadena circular que forman las islas antillanas en el Mediterráneo Colombino, y que está situada á los 17 y 18 gr. de latitud N. y los 59 y 61 gr. de longitud O. del meridiano de San Fernando.[30]
La cordillera central puertorriqueña, cadena irregular de montañas dominando algo más hacia el sur el rectángulo que forma la isla, está dirigida de E. á O. y guarda cierto paralelismo con las de las islas de Santo Domingo, Cuba y Jamaica, lo que induce á creer, según la ley geognóstica de Elie de Beaumont[31], que esta cordillera es contemporánea con la de la _Sierra Maestra_ de Cuba, la del _Cibao_ en Santo Domingo y las _Montañas Azules_ en Jamaica.
Esta quilla central de la isla de Puerto Rico se compone de rocas eruptivas antiguas, sobre todo, grandes masas de _diorita_ y _serpentina_ en las regiones central y occidental; y de _granito_, especialmente _sienita_, en la región oriental. En Luquillo[32], Gurabo, Naguabo, Juncos, las Piedras, San Lorenzo, Maunabo y Yabucoa dominan gigantescas masas graníticas en las elevadas sierras. En la Pandura los bloques de granito señorean las cúspides; y en las montañas de Cayey y en las cuchillas de San Germán y Añasco imperan colosales bloques en sus altos picachos. Atravesando esta montaña por la vía que conduce de Yabucoa á Maunabo, hemos recogido muy buenos ejemplares de granito; formando el cuarzo, el feldespato y la mica curiosas variedades.
Dan morfología á la isla los depósitos sedimentarios de diversas edades; predominando, en las ramificaciones montañosas y en las estribaciones colaterales del eje central, la _calizà_.[33] Esta es, en unas partes, compacta y resistente, y en otras, áspera y porosa. Así tenemos las variedades de _mármoles_ de Río Piedras, Caguas, Naguabo, Cayey y Coamo; las canteras de _yeso_ y _piedra blanca_ de Juana Díaz y Ponce; y las de _asperón_ de la Moca. De esta misma caliza ha generado la socavación de las aguas y sus arrastres, con el trascurso de los tiempos, amplias y vistosas cavernas, que en un tiempo fueron lugar de vivienda de los indios, pues conservan en sus paredes los _zemies_ esculpidos, á manera de dioses penates. Las cuevas de Aguas Buenas, las de Lares y las de Miraflores y el Consejo, en Arecibo, son las más hermosas de la isla.
Los _llanos_ de las alturas, y de algunos puntos de las costas, están ocupados por margas compactas, llamadas en el país _barro sipey_, salpicadas á trechos de depósitos arenosos, arrancados á las rocas de las montañas inmediatas y acompañadas también de alguna escasa tierra vegetal. Otras margas, muy cargadas de óxido de hierro, y, tomando los aspectos rojo y amarillo de este mineral, constituyen los terrenos llamados _barro colorado_ y _barro amarillo_, alternando también con grandes bancos de _arenisca_.
Las extensas _vegas_, regadas por los ríos que bajan de la cordillera central en dirección N. y S.; principalmente las cuencas del Plata, del Loiza, del Sibuco, del Manatí, del Grande de Arecibo y del Añasco están sobrecargadas de terrenos modernos de _aluvión_, compuestos de los desgastes de los picachos arenosos y calizos de las montañas vecinas, de abundante tierra vegetal y de cantos rodados, en un todo arrastrado por las aguas. En los otros ríos, de segundo orden, acontece lo mismo.
Los montículos que figuran al N. de la vega de Yabucoa tienen un extenso yacimiento de cuarzo cristalizado, merecedor de ser explotado en industrias de porcelana y cristalería.
En las vertientes de la sierra de Luquillo se descubren vetas minerales acompañadas de caliza compacta, principalmente por Naguabo y Juncos; y también en Ponce, Lajas y Maricao. Varios ríos y quebradas arrastran _arenas auríferas_[34]; los ríos Mameyes, Río Prieto, Sabána, Fajardo, Gurabo, Espíritu Santo y Río Grande, cuyos criaderos están en el _Yunque_, arrastran pepitas del preciado metal; así como las _quebradas_ Filipina, Cajones, Guaraguao, La Mina, La Máquina, Tabonuco y Anón, afluentes del Mameyes. Las cuencas hidrográficas de los ríos Corozal, Negro Congo, Sibuco y Mabiya también arrastran _arenas auríferas_. Y también hay criaderos en Coamo, Mayaguez, San Germán y Yauco. Hay mineral de _plata_ en Naguabo, Corozal, Río Grande, Fajardo, Lajas y Las Piedras. De _plomo_ en Guayama y Naranjito. De _cobre_ en Río Blanco, Gurabo, Naguabo, Corozal, Ciales, Jayuya, Maricao, Guayama y Ponce. Y el mineral de _hierro_ abunda en Loiza, Juncos, Humacao, Gurabo y San Sebastián. En el cerro de Malapascua, _carbón de piedra_; y _lignitos_ en Utuado.
Vienen á terminar la configuración de la isla los conglomerados de fósiles, de varias formas y dimensiones, como los hallamos en las canteras del Islote, en Arecibo, en las de Toa-Alta, Punta de Salinas, el Condado, etc., y con especialidad en las playas, donde los _detritus_ de conchas y corales forman grandes depósitos, cuya agregación está en contínua génesis, dando nacimiento á los terrenos conchíferos y madrepóricos más recientes.
¿Cómo se ha formado la isla? Según Mr. Moreau de Jonnes[35] el núcleo de las grandes Antillas es _granito_, rodeado de terrenos de transición, calcáreos y pirógenos. Opina, que primeramente la potencia volcánica elevó los asientos del Archipiélago y que luego el mar multiplicó las islas. Nos inclinamos á creer que, estando constituido el esqueleto de las grandes Antillas por rocas de la mayor dureza, no es verosímil que la corriente ecuatorial, que ejerce una acción tan débil y limitada sobre los materiales de sus riberas, haya tenido potencia bastante para romper por más de sesenta lugares la cadena de que hacían parte, abriendo brechas de algunas leguas de ancho. El geólogo francés supone, que la corriente ecuatorial fué la generadora del Archipiélago antillano. Nosotros nos inclinamos más á creer, que tanto dicha corriente como las islas fueron un efecto del dislocamiento que produjo en la corteza térrea americana la reciente aparición de los Andes.
Las estribaciones de la cordillera central de la isla de Puerto Rico están _acantiladas_ al N. E. por las Cabezas de San Juan, al S. E. por el cabo Mala pascua y al N. O. por la costa de Quebradillas á Rincón, demostrando la fractura violenta de la cadena antillana, debida indudablemente no á la acción de las aguas, incapaces de producirla, sino á una revolución geológica. Esta dislocación de la corteza térrea, que nosotros referimos al período _post-plioceno_, produjo el golfo de Méjico, el mar de las Antillas, las islas y la misma corriente ecuatorial actual.
El doctor don Agustín Stahl[36] ilustrado puertorriqueño, es de parecer que la isla de Puerto Rico, es de formación geológica reciente. Acepta dos movimientos del poder central, uno para formar el núcleo de la isla, al que el agua, el aire y el calor le arrancaron después los materiales que forman las margas compactas, los lechos de arena y demás depósitos. Sin proceder inmersión alguna en el Océano, vino, en el segundo movimiento la potencia volcánica á elevar nuevamente, y con violencia, las masas primitivas y á formar el _Yunque_ de la sierra de Luquillo, arrastrando en su ascenso la cordillera de la isla, que se extiende hacia el O.
El señor don Angel Vasconi, ilustrado ingeniero de minas, que ha ejercido su carrera mucho tiempo en la isla y reconocido las montañas, opina, que tirando una línea recta de Río Grande á Caguas y de Caguas á Arroyo; otras, de Caguas á Rincón y de Arroyo á Mayaguez, se dividiría la isla en cuatro zonas. Los terrenos comprendidos en la zona N. y en la zona S. pueden considerarse como terciarios, los terrenos de la zona central de la época secundaria, los de la zona E. compuestos de rocas antiguas ácidas, exceptuando la playa de Naguabo y 10 kilómetros de la costa de Mayaguez, que son cuaternarios. En Arecibo hay también un gran banco cuaternario.
Sobre los flancos de la armazón principal de la isla descansan terrenos, cuyos puntos culminantes son el _Yunque_ de Luquillo, el _Torito_ de Cayey y las _Tetas de Cerro-gordo_ en San Germán, debidos á las épocas secundaria y terciaria, hasta los modernos aluviones. Hay capas margosas y arenosas, _inclinadas_, que comprenden haber sido levantadas por la fuerza interior impulsiva que esbozó los primeros delineamientos montañosos; fenómeno que se puede comprobar perfectamente observando los terrenos contiguos á la carretera central, en los cortes de uno y otro lado, que ha habido necesidad de hacer para trazar esta gran vía. La relación que guarda el _Yunque_ de Luquillo con el resto de la cordillera significa gráficamente, que en la revolución geológica del período _post-plioceno_ volvió con predilección la fuerza volcánica á ejercer presión elevadora en esta comarca, llegando en ella á la mayor altura.
Subiendo desde Arecibo hasta Utuado, tan pronto se dejan los aluviones de la vega arecibeña y se llega á las primeras estribaciones de las montañas, se destacan los restos de montes de caliza, tajados de tal manera en dos partes, que aparecen estas dos grandes secciones respectivamente á cada lado del valle por donde serpentea el río. Según se avanza en dirección al centro de la isla, aparecen montañas de conglomerados y arcillas, abras, picos y farallones calizos, y hasta bloques de granito. Obra toda de una fuerza avasalladora, que accionó poderosamente sobre los _estratos_ y provocó hundimientos y destrozos. Comprueban este cataclismo, ver al pie de esas mismas montañas grandes bancos de arcilla, de arena y de cantos rodados. Estos descuajes de la costa N. de la isla en sus grandes masas calcáreas y los _paredones_ calizos, que se observan en varios puntos, y sobre todo los grandes bloques de granito desprendidos, han sido producidos por la dislocación _post-pliocena_, que ocasionó el fraccionamiento del _Continente Antillano_, la formación de las islas y la irrupción de las embravecidas olas, buscando nivelarse en el nuevo suelo submarino.