Prehistoria de Puerto-Rico

Part 1

Chapter 13,257 wordsPublic domain

PREHISTORIA DE PUERTO-RICO

POR EL

DR. CAYETANO COLL Y TOSTE

DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA

ESTUDIO PREMIADO POR _La Sociedad Económica de Amigos del País_ EN EL CERTAMEN PÚBLICO DEL 8 DE MAYO DE 1897.

LEMA.—Por todas partes la mirada del investigador encuentra la _evolución_: en las tierras del planeta y en las sociedades humanas.

SAN JUAN

TIP. BOLETIN MERCANTIL

1907

DEDICATORIA

_A la Real Academia Española de la Historia._

_Dr. CAYETANO COLL Y TOSTE, SOCIO CORRESPONDIENTE._

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

ÍNDICE.

CAPÍTULO I.

El Archipiélago antillano.—Su división geológica.—Banda Norte.—Banda Este.—La corriente ecuatorial.—Opinión de Snider y Valdés Aguirre respecto á que la América estuvo adherida al Viejo Mundo.—Opinión de Humbold sobre la formación del globo.—Las grandes Antillas han estado unidas al Continente americano.—Pruebas geológicas.—Pruebas paleontológicas.—Cia, Poey y Fernandez de Castro.—El futuro Continente Antillano.

CAPÍTULO II.

La isla de Puerto Rico.—Situación geográfica.—Constitución geológica.— Cordillera central.—Granito.—Diorita.—Serpentina.—Sienita.—Caliza.— Canteras de mármoles, de asperón, de yeso.—Cavernas.—Margas y arenas.— Vetas minerales de oro, cobre, plata, plomo y hierro.—¿Cómo se formó la isla?—¿Ha estado unida al Continente?—Teoría de Moreau de Jonnes en contra.—Opinión de Stahl.—Parecer de Vasconi.—Nuestra opinión.— Paleontología.—Lenguas petrificadas.

CAPÍTULO III.

Prehistoria y protohistoria.—Indeterminación de fechas.—Thomsen: ley cronológica de la industria humana.—Mortillet: edad de la piedra y sus períodos eolítico, paleolítico y neolítico.—Colecciones etnológicas de Puerto Rico: Látimer, Acosta, Los Jesuitas, Stahl, Neumann, Nazario.— Nuestra colección prehistórica boriqueña.—Restos humanos en yacimientos del interior y de la costa de la Isla.—Fijación social del autóctono boriqueño en el período de la _piedra pulimentada_.—Opinión contraria de algunos autores.—El taller de piedra de la gruta de _Miraflores_, en Arecibo.—Pérdida del lenguaje indo-antillano.—Conservación de los idiomas indios del Continente.—El boriqueño trabajaba también la arcilla.—Utilizaba los huesos de pescado.—Conocía el oro é ignoraba el uso de los demás metales.—Desconocía el uso doméstico de la sal.— Collares de piedra. Los siete collares del tesoro de Caonabó.—Su significación.—La muerte y el olvido tras la Conquista.—Las tribus boriqueñas.—Sus jefes.—El _dujo_.—El boriqueño no había llegado en su civilización al último grado del período neolítico.—Carencia de túmulos.—_Tal vez_ se encuentren algún día.

CAPÍTULO IV.

Ley histórica: emigración siguiendo el curso de los ríos.—El hombre primitivo de las Antillas procedía del inmediato Continente americano.— La emigración vino de la América meridional.—Error de Guridi y de Stahl al traerlos de la América septentrional.—Los españoles encontraron _dos_ pueblos que se disputaban la hegemonía del Archipiélago: el _Aruaca_ antillano, perdida la memoria de su origen continental, y el _Caribe_, que la conservaba.—Los _Caribes_ procedían de los _Galibis_ continentales.—Invasión caribeña en el Archipiélago.—Superioridad guerrera del invasor.—Derrota del _Aruaca_ indo-antillano.—Informes de Pedro Mártir de Anglería y del doctor Chanca.—Error de Ulloa, que visto _un_ indio estaban vistos _todos_.—Linneo.—Gmelin.—Buffón.—Herder.— Kant.—Hunter.—Blumenbach.—Cuvier.—Moquin Tandon.—Dumeril.—Bory de Saint-Vicent.—D’Orbigny.—Brasseur de Bourbourg.—Retzius.—Virchow.— Broca.—Humbold.—Morton.—Nott.—Dally.—Deniker.—Brinton.—Error de Zaborowski en hacer á todos los indo-antillanos _Caribes_.—El tronco basilio-guaraní.—El _Guaraní_ español y el _Tupí_ portugués eran uno mismo.—Siboneyes, Aruacas y Caribes de Girard de Rialle.—Síntesis.— Razas, sub-razas y razas mixtas.—El _Aruaca_ y el _Caribe_, insulares, constituían dos sub-razas, cuyo entroncamiento estaba en la raza Guaraní de la América meridional.

CAPÍTULO V.

Nuestras investigaciones sobre los _Aruacas_.—El pueblo de _Aruacay_ en Tierra Firme.—Datos filológicos: _yaya_ é _iguana_.—Exploración de Ordaz.—Los pacíficos _Aruacas_ y los belicosos _Caribes_.—Datos aducidos por Cristóbal Colón.—La intrusión de Cedeño en la gobernación de Ordaz trajo la perturbación en Costa Firme.—Mal ejemplo de los conquistadores disputándose un fortín.—El alzamiento general.—Destrucción de _Aruacay_ y guerra á sangre y fuego.—La cacería de indígenas para sostener las cuadrillas mineras de San Juan y Santo Domingo, y la pesquería de perlas en Cubagua.—Jamás volvió el indio de Tierra Firme á una franca paz, como al principio, porque las expediciones de Ojeda y Guerra fueron también atropelladoras.—Los Oficiales Reales de Santo Domingo dieron lugar á todos estos errores.—Informe de Zuazo.—Informe y sentencia de Rodrigo de Figueroa.—Los _Aruacas_ tenían la misma alimentación que los indo-antillanos y aplicaban los mismos vocablos á sus vituallas.—Los naturales de las islas Trinidad y Cubagua también eran _Aruacas_.—La guerra trajo el error y la confusión.—Aplicación de epítetos al capricho.—Los pacíficos _Aruacas_ ocuparan primero á Venezuela y Colombia é iban siendo suplantados por los belicosos _Caribes_.—La Filología confirma esta tesis.

CAPÍTULO VI.

El tipo indio boriqueño.—La indígena.—El indiezuelo.—Error de Íñigo Abbad.—Facultades mentales del aborigen.—La vida en tribu ó clan.— Gobierno paternal.—El _cacique_ ó jefe supremo de la tribu.—El _bohique_ ó curandero augur.—El _nitayno_ ó sub-jefe.—Tres categorías en los jefes.—El _naborí_, especie de vasallo pechero.—La aldehuela.—El aduar _Guaynía_, del cacique _Agüeybana_, radicaba al Sur de los campos de _Boriquén_.—Fué primero la población del pacífico _Agüeybana_, cacique principal de la Isla, y luego de su hermano el valiente _Guaybana_.—Los poblejos indios ó _yucayeques_.—Las rancherías _Guaynía_, de Agüeybana; _Aymaco_, de Aymamón; _Yagüeca_, de Urayoán; _Guajataca_, de Mabodamaca; _Abacoa_, de Arasibo; _Otoao_, de Guarionex; _Sibuco_, de Guacabo; _Toa_, de Aramaná; _Guaynabo_, de Mabó; _Bayamón_, de Majagua; _Jaymanío_, de la cacica Yuisa; _Cayniabón_, de Canóbana; _Turabo_, de Caguax; _Guayaney_, de Guaraca; _Guayama_, de Guamaní; _Jatibonicu_, de Orocobix; _Macao_, de Jumacao; y _Daguao_, de Yuquibo.—El _caney_ ó casa del cacique.—El fuego.—El boriqueño más adelantado que el nativo de algunas de las islas Marianas.—La poligamia.—La compra de la mujer.—El _colesibí_ y el _guanín_ como dote.—Ninguna ceremonia religiosa para el casamiento.—El _matriarcado_ para heredar.—_Guaybana_ heredó á _Agüeybana_, y no los hijos de éste.—El boriqueño no era adúltero.—Las ablusiones.—El _tatuaje_.—El achiote ó _bija_.—La _jagua_.—El boriqueño no practicaba el hurto.—Respeto á la propiedad en los primeros tiempos de la colonización.—Alimentación del indígena.—Sus bebidas.—Uso del tabaco.—Desconocimiento de la sal para adobar su comida.—Estadios públicos.—Juegos de pelota.—_Bato_ y _batey_.—El baile.—Enfermedades y cuidados del curandero.—El ben purgativo ó _tau-túa_.—El agua fría y el masaje.—Por qué aceptamos en el boriqueño un estado político-social-religioso.

CAPÍTULO VII.

El indo-antillano tenía religión.—Los tres frailes Pane, El Bermejo y Tisím.—Dos grandes agrupaciones de cultos religiosos: el animismo difuso y el condensado.—¿Qué culto correspondía al indígena boriqueño?—Sitio religioso del indo-antillano en el animismo difuso.—Amuletos ó dioses penates.—Los _zemís_.—El totemismo.—Zoolatría.—Fitolatría.— Antropomorfismo.—Ídolos para proteger las sementeras, obtener la lluvia, facilitar los partos, conseguir caza, pesca y ayuda en los combates.—El espíritu benéfico morador de Luquillo.—_Yucajú_, convertido en _Yukiyu_, dios bienhechor de _Boriquén_.—Los dioses penates ó _zemís_, eran irradiaciones de _Yucajú_.—El espíritu maléfico de _Boriquén_ venía de fuera.—_Juracán._—Los fantasmas nocturnos, ó _maboyas_, eran irradiaciones de _Juracán_.—Los adoratorios.—El _bohique_ ó augur curandero.—Ofrendas.—El _cojoba_.—Consejo de jefes y toma del _cojibá_.— Stahl niega religión á los boriqueños.—García les concede astrolatría á los haytianos.—Parecer de Colón, Mártir de Anglería, Pane, Las Casas y Oviedo respecto á la astrolatría indo-antillana.—Nuestra opinión.— Nebulosa concepción de ultratumba entre nuestros aborígenes.—Idea del bien y del mal.—No podían comprender, en su estado _neolítico_ ó de la piedra pulimentada, la unidad absoluta de Dios.

CAPÍTULO VIII.

El indio boriqueño, en la época colombina, era ya agricultor.—Sementeras en camellones.—La _coa_.—El conuco.—Cultivo de la yuca como alimento fundamental de la tribu.—Como se prepara el _casabí_.—El _uikú_, bebida hecha con casabe fermentado.—El vinagre de la _naiboa_. El maíz ó _maisí_.—El boriqueño comía tostado el maíz.—Hacía también de él la bebida fermentada la _xixá_.—Ignoraba hacer pan de maíz como los de Tierra Firme.—La batata y los boniatos ó _ajes_.—Sus variedades.— Cultivos secundarios: el _lirén_ y el _maní_.—El boriqueño utilizaba sin sembrarlos la _yahutía_, el _mapüey_, la _imocona_, el _guayaru_ y otras raíces.—Entre las frutas cultivaba la yayama ó piña dulce; y cosechaba las otras frutas al capricho.—Cultivo del _ají_, del tabaco y de la _tautúa_.—Aprovechamiento del algodón, _majagua_ y _maguey_, sin plantarlos.—Tejidos.—Cordelería.—Tintorería.—Zumos de la _jagua_, de la _bija_ y del _jikileti_.—La cabuya.—Las _jabas_.—El tallado y pulimento de la piedra. Canteras destinadas á este fin.—La cueva de _Miraflores_, en Arecibo.—El taller indígena.—El hacha ó _manaya_.—El almirez.—Los collares.—Los _zemís_ ó dioses penates.—Los _guayos_.—El _colesibí_.—La _tatagua_.—La alfarería.—Objetos de madera.—La macana.—Arcos y flechas.— La azagaya de _cupey_.—Utensilios domésticos de higüera.—Objetos de hueso.—El boriqueño como cazador y pescador.—El aborigen estaba en harmonía con el período histórico que atravesaba y su medio ambiente.

CAPÍTULO IX.

Lenguaje boriqueño.—Lengua general indo-antillana.—Dialectos.—Datos del Diario de Colón.—Su carta desde Lisboa á los Reyes Católicos.—El dialecto de _Macorix_.—Fray Román Pane.—Cristóbal Rodriguez.—Datos de Bernal Díaz del Castillo.—Informes del padre Raymond Breton.— Imposibilidad de los primeros misioneros para recoger el idioma indo-antillano.—Las reliquias de la lengua general de las Antillas en ríos, montañas, árboles, frutas, lugares, puertos, cabos etc.—Lo mismo en aves, peces y objetos domésticos.—Alguna que otra palabra en los Cronistas.—Dos ó tres frases.—Error de Juan Ignacio de Armas y otros escritores en la manera de explicar las voces indo-antillanas.—El idioma indo-antillano se formó con el trascurso del tiempo, pues la separación de las tribus _Aruacas_, que invadieron el Archipiélago era muy remota, hasta el punto de haber perdido el recuerdo de ella.—Enlace del habla _Aruaca_ continental y del idioma indo-antillano.—Datos á granel en los mapas.—Viajeros modernos.—Sagot.—Los hermanos Hernhutes de Zittau.—El misionero Schultz.—Enlace del habla _boriqueña_ y del habla _caribe_ insular.—Su origen continental.—El lenguaje _boriqueño_ era rico en vocales y de muy dulce conversación.—El aborigen tenía una aspiración parecida á la del árabe.—La fijaron los Cronistas en las voces con una _h_.—Pruebas de la aglutinación y del polisintetismo. El estudio de los restos del idioma indo-antillano nos ha dado una prueba fehaciente de que el origen del _indo-boriqueño_ está en el _Aruaca_ de la América meridional.

CAPÍTULO X.

Vocabulario español-boriqueño.—El vocablo boriqueño comparado con el _caribe_ insular y el _caribe_ continental.—Comparación con el _galibi_, el _aruaca_, el _rucuyano_ de la Guayana, el _guaraní_, el _kogaba_, el _chibcha_, el _maya_, el _nahuatl_, el _quiché_ y el _dakota_.—Es decir, comparar los restos del lenguaje de _Boriquén_ con el caribe de _Sibuqueira_ (Guadalupe) y _Cayrí_ (Domínica); y con idiomas del Continente meridional y septentrional.—Estos vocablos, que poseemos, proceden del escrupuloso estudio de los Cronistas, Las Casas, Pedro Mártir de Anglería, Oviedo, Fernando Colón, el Diario del Gran Almirante en su primer viaje, el Informe de fray Román Pane, los trabajos del Padre Raymond Breton, las gramáticas y léxicos de los idiomas indo-americanos y los documentos inéditos del Archivo de Indias.—Además, son algunos el eco fiel de la tradición, conservada en algunos lugares de la Isla, en árboles, frutos, frutas, ríos, montañas, aves, peces y utensilios, que eran del uso del indígena de _Boriquén_.—Junto á la palabra _boriqueña_ irá una abreviación, indicando el otro idioma con que se compara.—Las abreviaciones son _Ci., caribe insular_.—_Cn., caribe continental._—_Chb., chibcha._—_Gl., galibi._—_Gní., guaraní._— _Ar., aruaca._—_Kg., koggaba._—_Ru., rucuyano_ de la Guayana.—_My., maya._—_Ntl., nahuatl._—_Qé., quiché._—_Qchú., quichúa._—_Dk., dakota._— _DD., dené-dindjiés_ (Pieles Rojas).—A la _h_, que aparece en los cronistas, como significando la aspiración de la fonética indígena, la sustituímos por la _j_. Y á la _qu_, que son dos letras, por la _k_, que es una sola, y puede representar el mismo sonido español, evitando errores de pronunciación.

CAPÍTULO XI.

Estudio de la oración dominical en el lenguaje de algunas tribus indígenas.—Pérdida de la traducción en el lenguaje indo-antillano.—El _padre nuestro_ en caribe Continental, conservado por el venezolano Figuera Montes de Oca.—La misma oración conservada en caribe insular por el padre Raymond Breton.—Recopilación de la traducción del _padre nuestro_ en lenguas indo-venezolanas por Arístides Rojas.—La oración dominical en _tupí-guaraní_.—La misma, en el lenguaje actual de los _arhuacos_ de la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia, recogida por el presbítero Celedón.—Un esfuerzo de construcción de una plegaria religiosa en lenguaje indo-antillano, par_a_ que se note la harmonía y suavidad del idioma de los indios de las Antillas.

CAPÍTULO XII.

Vocabulario indo-antillano.—Estudio de voces indígenas, que se conservan en los Cronistas.—Estudio de palabras, que se cree proceden del lenguaje aborigen y es un error, porque vienen de otros idiomas.—Apoyo de nuestras opiniones con la cita oportuna del Cronista, que ha conservado la palabra indígena.—Estudio filológico de algunos vocablos boriqueños y lo que significan en español.—Pruebas de la aglutinación y del polisintetismo en el lenguaje boriqueño.

CAPITULO I.

El Archipiélago antillano.—Su división geológica.—Banda Norte.—Banda Este.—La corriente ecuatorial.—Opinión de Snider y Valdés Aguirre respecto á que la América estuvo adherida al Viejo Mundo.—Opinión de Humbold sobre la formación del globo.—Las grandes Antillas han estado unidas al Continente americano.— Pruebas geológicas.—Pruebas paleontológicas.—Cia, Poey y Fernández de Castro.—El futuro Continente Antillano.

La isla de Puerto Rico corresponde al Archipiélago de las Antillas; á este hermoso grupo de islas, las más privilegiadas del mundo, que enclavadas entre los dos Continentes americanos y arrulladas por las azules ondas del Mediterráneo Colombino, se extienden en semi-círculo, desde las anchas desembocaduras del Orinoco hasta frente al cabo Catoche. El Archipiélago antillano se acerca por las islas Lucayas á la península de la Florida, por las islas de Sotavento y Trinidad á las costas de Venezuela y por la isla de Cuba á la península de Yucatán. Casi en medio de esta gran cadena comba se destaca nuestra isla, entre los 17 y 18 grados de latitud Norte y los 59 y 61 grados de longitud Oeste, del meridiano de San Fernando.

La costa septentrional de la América del Sur describe una línea curva, que completada por otra línea que traza el Sur de las Antillas, da lugar á la formación de una gran hoya, de forma elíptica, donde agita sus aguas el mar Caribe, mar de las Antillas ó Mediterráneo Colombino. Este mar está cerrado al S. S. O., mientras que al N. y E. está abierto por una multitud de canales, que separan entre sí las antillanas islas, las que, de diferente tamaño, forman dos bandas distintas: una al Norte y otra al Este.

La banda de islas al Norte está formada de islas _estratificadas_: constituidas por rocas eruptivas antiguas, acompañadas de depósitos sedimentarios de diversas edades, desde el terreno silicoso hasta los calcáreos, conchíferos y madrepóricos de época reciente, que se continúan por los arrecifes de las islas Lucayas. Comienza, en realidad, esta banda por un apéndice calcáreo en el pequeño grupo de San Martín y San Bartolomé, al cual suceden las islas Vírgenes; y por San Thomas, Vieques, Culebra sigue á Puerto Rico, Mona y Desecheo hasta las alturas del _Cibao_ y pico del _Yaque_, nudo central de la isla de Santo Domingo. Allí se bifurca: una rama continúa su dirección por la península haitiana, yendo por el cabo Tiburón en busca de las _Montañas Azules_ de Jamaica; la otra rama se dirige al N. O. y vuelve á unir, bajo las aguas del mar, la isla de Santo Domingo, por el cabo de San Nicolás y y cabo Maisí, á la isla de Cuba; la cual después de aproximarse á la punta de la Florida se inclina hacia Yucatán. La _Sierra Maestra_, desde cabo Cruz á Santiago de Cuba, tiene una dirección casi paralela á los ejes de Santo Domingo y Puerto Rico: así como el ramal que desde el _Cibao_ se dirige al cabo Tiburón, en la dominicana isla, corresponde con el cortado é interrumpido de las _Montañas Azules_ de Jamáica. Por lo que es de suponer sean de una misma época geológica, pues, según Elie de Beaumont, las cadenas de montañas paralelas en su dirección son generalmente de igual edad. Parece que el _Continente Antillano_ tuvo por nudo y trabazón de estas cordilleras el gran triángulo oriental de Cuba; la _Sierra Maestra_, según Humbold, Lasagra y Latorre; y la _Sierra Haitiana_, según Schomburgk, Poey y Pichardo.

La banda Este del Archipiélago antillano está formada de una hilera doble de pequeñas islas, que se llaman las islas de _Barlovento_ y de _Sotavento_. Las primeras están comprendidas entre el cabo Paria y la isla de Puerto Rico; las segundas están situadas á lo largo de _Costa Firme_, desde el golfo de Cariaco al golfo de Maracaibo. La primera hilera, con un poco que nos fijemos en un mapa de las Antillas, se verá que se desdobla á su vez y comprende una docena de pequeñas islas volcánicas, formando dos alineamientos, que vienen á cortarse en la Martinica, bajo un ángulo muy obtuso, lo que da al conjunto el aspecto de Una curva, cuya convexidad mira al Atlántico; y otra segunda línea de islas, colocadas con menos regularidad, casi exclusivamente compuestas de calcáreo moderno, y en el número de las cuales debe contarse la isla de Trinidad, que marca la unión de las islas calcáreas al Continente Sud-americano; y la Barbadas,[1] arrojada 60 millas de las otras, en pleno Atlántico. Estas islas constituyen una cadena exterior, que al primer golpe de vista, parece no tienen ninguna relación con la hilera anterior; pero un examen atento demuestra, que estas dos cadenas se tocan y que la isla de Guadalupe es el punto de encuentro. La Guadalupe es, en efecto, la única de estas islas, donde se encuentra una isla calcárea unida á una isla volcánica.[2] Todas las islas, que preceden de S. á N.—Granada, San Vicente, Santa Lucía, Martinica y Domínica—son exclusivamente volcánicas, sin trazas importantes de depósitos calcáreos. Después de Guadalupe la cadena se desdobla y se continúa, de un lado, por las islas de San Cristóbal, Monserrate y Santa Cruz, con las grandes Antillas; y del otro, por las islas planas y calcáreas de Antigua, Nieves, etc., á las Lucayas y á la península de la Florida donde termina su evolución geonósica[3]. De manera, que podemos considerar, que hacia el golfo de Paria una cadena de montañas primitivas de la América del Sur se hunde bajo el mar á una cierta profundidad y se prolonga horizontalmente hasta el grado 18 de latitud N., y que sobre este prolongamiento submarino se han producido levantamientos formados de capas de terrenos de diferentes caracteres, lo que indica pertenecen á épocas diversas, pero no muy lejanas: éstas son las islas calcáreas de _Barlovento_; y, posteriormente, siguiendo una línea casi regular, que sirva de limite en este sentido al Mar Caribe, se ha hecho un trabajo eruptivo, del cual los centros, tan pronto aislados, tan pronto dispuestos por grupos, han dado nacimiento á la serie de islas llamadas volcánicas.[4]

La línea montañosa de las Antillas debe ser considerada como la cresta, apenas elevada en sus puntos culminantes, de una cadena de montañas, que inclinada en pendiente muy dulce hacia el litoral americano se sumerje bruscamente, al contrario, hacia la depresión atlántica.

La gran corriente ecuatorial penetra en el mar de las Antillas por los canales, que dejan entre sí las islas, cuyos canales tienen menos extensión que las tierras que separan. Según Maury, el célebre director del Observatorio de Washington, la profundidad de estos canales no pasa de mil brazas (1,830 metros): é igual sucede con los mayores sondajes del Golfo de Méjico. En cambio, según el mismo Maury, frente á las islas Lucayas, Puerto Rico y las pequeñas islas de Barlovento tenemos una profundidad, en el Atlántico, de 2, 3 y 4 mil brazas, á medida que penetramos mar á fuera; y entre las islas Bermudas y el Banco de Terranova está la mayor profundidad, que rebasa de 4 mil brazas (17,320 metros).[5]

La corriente ecuatorial penetra, atravesando el Mar Caribe, hasta el fondo del Golfo Mejicano y remonta, en seguida, hacia el N. por el canal de Bahama. Las potencias reunidas de esta corriente y de los alisios del E., ejerciéndose en sentido inverso del movimiento rotatorio de nuestro planeta, explican muchos de los caracteres físicos de estas tierras, principalmente la estrechez de las grandes Antillas de N. á S., sobre todo la de la isla de Cuba, en cambio de sus prolongamientos de E. á O.