Orígenes de la novela, Tomo III

Part 27

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[257] El único ejemplar conocido de esta farsa pertenece á la Biblioteca de Munich, y fué dado á conocer por Fernando Wolf en 1852, en los _Sitzungberichte_ de la Academia de Viena (clase filosófica histórica, tomo VIII). De esta memoria sobre varias piezas dramáticas, á cual más peregrinas hay traducción hecha por D. Julián Sanz del Rio, en el tomo XXII de la colección de _Documentos Inéditos para la Historia de España_, 1853.

Tanto la _Tidea_ como la _Thesorina_ figuran en los índices del Santo Oficio desde 1559.

[258] Dieron la primera noticia de él los traductores de Ticknor en 1851 (tomo III de la _Historia de la Literatura Española_, pp. 525 á 527). Tengo copia entre los manuscritos de Cañete.

[259] _Bulletin Hispanique_, octubre á diciembre de 1900.

[260] Aun en la notabilísima _Tragedia Josefina_, de Miguel de Carvajal, con ser bíblico el argumento, la verdad humana, la expresión viva y enérgica de los afectos, hacen pensar en la _Celestina_ más que en ningún otro modelo. El monólogo de Zenobia, la mujer de Putifar, en el acto II, bastaría para comprobarlo. Es curiosa la advertencia que hace el _Faraute_ sobre estas escenas: «El auctor, como es tosco y grosero y sabe poco de amor, en esta segunda parte, á algunas personas socorridas, quiero decir hábiles en estos acaecidos y venéreos casos, se encomendó: vuestras mercedes lo tomen como cosa de prestado».

_Tragedia llamada Josefina, sacada de la profundidad de la Sagrada Escritura y trobada por Micael de Carvajal, de la ciudad de Placencia_ (ed. de la Sociedad de Bibliófilos Españoles), con una erudita y brillante introducción de D. Manuel Cañete (Madrid, 1870), pág. 71.

[261] Reimpreso en Sevilla, por la Sociedad de Bibliófilos Españoles, 1868.

[262] Vid. especialmente el trabajo de A. L. Stiefel, _Lope de Rueda und das italianische Lustspiel_ en la _Zeitschrift für Romanische Philologie_, tomo XV, 1891, pp. 182 y 318.

[263] _Las tres Comedias del facundissimo Poeta Juan Timoneda, dedicadas al Illustre Señor don Ximen Perez de Calatayū y Villaragut._ Año 1559 (En la epístola de _El autor a los lectores_).

Los dos únicos ejemplares conocidos de este rarísimo libro pertenecen á la Biblioteca Nacional. Tengo reimpreso, y publicaré en breve, todo el teatro profano de Timoneda como primer tomo de sus _Obras_, que saca á luz la Sociedad de Bibliófilos Valencianos.

[264] Es rarísima la _Primera_ (y única) _Parte de las Comedias de Ioan de la Cueua dirigidas a Momo_ (_Sevilla, en casa de Ioan de Leon, 1580_), y urgente la necesidad de su reimpresión, honor que han logrado tantos libros baladíes, cuando éste de tanta curiosidad en la historia de nuestra literatura dramática es de tan difícil adquisición. Sólo he manejado dos ó tres ejemplares, incluso el de la Biblioteca Nacional.

La _Comedia del Infamador_ puede leerse en el tomo I del _Tesoro del Teatro Español_, de Ochoa (Baudry, 1838), pp. 265-285.

En la jornada primera leemos:

Bien negoció la _nueva Celestina_...

En la jornada tercera encontramos una alusión á la madre de Pármeno:

¿No estuviste agora aquí Con las dos _viejas Claudinas_?

Hay también un curioso pasaje sobre el Arcipreste de Talavera y Cristóbal del Castillejo:

PORCERO

¿En qué te has entretenido En su ausencia estos tres días?

ELIODORA

En cien mil melancolías, Con dos libros que he leído.

PORCERO

¿Tan grande letora eres?

ELIODORA

Sí, mas éstos me han cansado, Porque todo su cuidado Fué decir mal de mujeres.

PORCERO

Suplícote que me nombres Los nombres de esos autores Que ofenden vuestros loores.

ELIODORA

Son dos celebrados hombres.

PORCERO

¿Qué hay que celebrar en ellos Si ofenden vuestra bondad? Mas, dime, con brevedad, ¿Quién son? para conocellos.

ELIODORA

El uno es el arcipreste Que dicen de Talavera.

PORCERO

Nunca tal preste naciera, Si no dió más fruto que éste.

ELIODORA

El otro es el secretario Cristóbal del Castillejo; Hombre es de sano consejo, Aunque á mujeres contrario.

PORCERO

Cuánto mejor le estuviera Al reverendo arcipreste, Que componer esta peste, Doctrinar á Talavera; Y al secretario hacer Su oficio, pues dél se precia, Que con libertad tan necia Las mujeres ofender.

ELIODORA

Cierto que tienes razón, Y en eso muestras quién eres; Que decir mal de mugeres Ni es saber, ni es discreción.

[265] Aludo al interesante libro de D. Cristóbal Pérez Pastor, _Proceso de Lope de Vega por libelos contra unos cómicos_. Madrid, 1901. Allí está la clave de la _Dorotea_, pero todavía quedan puntos oscuros y difíciles, que acaso con el hallazgo de nuevos documentos puedan resolverse.

[266] _La Dorotea, comedia original en tres actos, por D. F. E. Castrillon, representada en el Teatro de los Caños del Peral el día 13 de Junio de 1804. Madrid, en la imprenta de Repullés. Año 1804._

Aunque la pieza se titula «original», y en cierto sentido no puede negarse que lo es, el autor pone al reverso de la portada la siguiente advertencia: «El argumento de esta Comedia está tomado de la _Dorotea_ de Lope de Vega; pues como el fin de su autor era imitar la versificación de aquel excelente ingenio, quiso seguir sus huellas en cuanto al plan de la obra». Esta imitación es á veces feliz.

[267]

La fruta fresca, hijas mías, Es gran cosa, y no aguardar Á que la venga á arrugar La brevedad de los dias... .......................................................... ¿Veisme aquí? Pues yo os prometo Que fué tiempo en que tenía Mi hermosura y bizarría Más de algún galán sujeto. ¿Quién no alababa mi brío? ¡Dichoso á quien yo miraba! Pues ¿qué seda no arrastraba? ¡Qué gasto, qué plato el mío! Andaba en palmas, en andas, Pues ¡ay Dios! si yo quería, ¡Qué regalos no tenía Desta gente de hopalandas! Pasó aquella primavera, No entra un hombre por mi casa; Que como el tiempo se pasa, Pasa también la hermosura.

(Jornada primera.)

Cf. _Celestina_, aucto IX.

Véase mi estudio sobre _El Caballero de Olmedo_ en el tomo X de las _Obras de Lope de Vega_, publicadas por la Academia Española, pp. LXXV-XCVIII.

[268] Este gran poeta es el que, no sólo por el picante desenfado de su lenguaje, sino por la franca objetividad, por el nervio dramático, por el poder característico, sugiere más el recuerdo de la _Celestina_, y alguna vez parece que la imita. En _Por el sótano y el torno_, comedia de corte bastante clásico, donde está refundida una parte de la intriga del _Miles Gloriosus_ de Plauto, el gracioso Santarén, para servir las intrigas amorosas de su amo, se introduce en casa de doña Bernarda y doña Jusepa fingiéndose buhonero, y pregonando su mercancía en términos análogos á los de Celestina cuando se vale del mismo recurso para penetrar en casa de los padres de Melibea.

[269] La cita él mismo en la lista de sus comedias que envió al Duque de Veragua, y publicó don Gaspar Agustín de Lara en el prólogo de su _Obelisco Fúnebre, Pirámide funesta á la inmortal memoria de D. Pedro Calderón de la Barca_ (Madrid, 1684).

[270] Con el primer título está en la Segunda Parte de la _Cythara de Apolo_, colección general de las obras dramáticas y líricas de Salazar y Torres, publicada por su amigo Vera Tassis (Madrid, 1694). Con el de _La Segunda Celestina_ corre en ediciones sueltas, en que la segunda mitad del tercer acto difiere por completo. Creemos que ni una ni otra conclusión pertenecen á Salazar, que dejó incompleta su comedia, escrita para festejar los días de doña Mariana de Austria, terminándola, cada cual por su parte, D. Juan de Vera y un poeta anónimo. En la colección de _Dramáticos posteriores á Lope de Vega_ de la Biblioteca de Rivadeneyra, tomo II, p. 240 y ss., se ha seguido el texto de Vera Tassis. Pero el mérito de la comedia justificaría una nueva edición con las variantes de ambos.

[271] _L'Espagne sous Ferdinand VII, par le Marquis de Custine._ Bruxelles, 1838. Tomo I página 232. La carta á que corresponde este trozo lleva la fecha de 25 de abril de 1831.

[272] _Obras dramáticas y líricas de D. Leandro Fernández de Moratín, entre los Arcades de Roma, Inarco Celenio._ París, imprenta de Augusto Bobeé, 1825, tomo I, pág. XXIII.

[273] No han faltado en estos últimos años algunas curiosas tentativas para refundir la _Celestina_ en forma representable. Impreso corre el libreto de una ópera del maestro catalán D. Felipe Pedrell no cantada hasta ahora: _La Celestina, tragicomedia lírica de Calisto y Melibea_ (Barcelona, 1903, tipografía de Salvat). Y al tiempo mismo de corregir estas pruebas ha sido representado en el _Teatro Español_ de Madrid un _arreglo_ dramático de la _Celestina_, debido á la pluma del juicioso y elegante crítico D. F. Fernández de Villegas. Enemigo, como soy, de toda clase de refundiciones, no puedo aprobar estos ensayos, pero sí el loable entusiasmo y la buena conciencia artística de sus autores.

[274] Fr. Andrés Pérez, ó quienquiera que sea el autor de este curiosísimo libro publicado bajo el nombre del licenciado Francisco López de Ubeda, marca perfectamente su carácter en el _Prólogo al lector_: «No es mi intencion, ni hallarás que he pretendido contar amores al tono del libro de _Celestina_; antes, si bien lo miras, he huydo de esso totalmente, porque siempre que de esso trato, voy á la ligera, no contando lo que pertenece á la materia de deshonestidad, sino lo que pertenece a los hurtos ardidosos de Justina; porque en esto he querido persuadir y amonestar que ya en estos tiempos las mugeres perdidas no cesan sus gustos para satisfacer a su sensualidad, que esto fuera menos mal, sino que hacen desto trato, ordenandolo a una insaciable codicia de dinero. De modo que más parecen mercaderas, tratantes de sus desventurados apetitos, que engañadas de sus sensuales gustos. Y no solo lo parece assi, pero lo es; demas que a un hombre cuerdo y honesto, aunque no le entretuvieran lecturas de amores deshonestos, pero enredos de hurtillos graciosos le dan gusto, sin dispendio de su gravedad, en especial con el aditamento de la resumption y moralidad... Y deste modo de escriuir no soy yo el primer Autor, pues la lengua latina, entre aquellas a quien era materna, tiene estampado mucho de esto, como se verá en Terencio, Marcial y otros, a quien han dado benebolo oido muchos hombres cuerdos, sabios y honestos». (_Libro de Entretenimiento de la Picara Iustina, en el qaal debaxo de graciosos discursos se encierran prouechosos auisos...). Impreso en Medina del Campo, por Chritoual Lasso Vaca. Año M.DC.V._ Hoja 2 del prólogo.

Á pesar de eso, en otro prólogo sumario, cuenta la _Celestina_ entre sus modelos: «no hay enredo en _Celestina_, chistes en _Momo_, simpleças en _Lázaro_, elegancia en _Guevara_, chistes en _Eufrosina_, enredos en _Patrañuelo_, cuentos en _Asno de oro_, y generalmente no hay cosa buena en romancero, comedia ni poeta español, cuya nata aqui no tenga, cuya quinta esencia no saque».

En la lámina alegórica que va al frente de esta primera y rara edición, la _madre_ Celestina navega en el mismo barco que el Pícaro Guzmán de Alfarache; Lazarillo, en un barquichuelo.

[275] _El Sagaz Estacio marido examinado... Autor Alonso Geronimo de Salas Barbadillo. Año 1620... En Madrid, por Iuan de la Cuesta_, hoja 11 de los preliminares, sin foliar.

XI

PRIMERAS IMITACIONES DE LA «CELESTINA».--«ÉGLOGA», DE D. PEDRO MANUEL DE URREA.--SU «PENITENCIA DE AMOR».--FARSA DE ORTIZ DE STÚÑIGA.--ROMANCE ANÓNIMO.--RODRIGO DE REINOSA Y OTROS AUTORES DE PLIEGOS SUELTOS.--«CELESTINA» VERSIFICADA, DE JUAN SEDEÑO.--COMEDIAS «HIPÓLITA», «SERAPHINA» Y «THEBAYDA», DE AUTOR ANÓNIMO.--FRANCISCO DELICADO Y SU «RETRATO DE LA LOZANA ANDALUZA».--ESCASA INFLUENCIA DEL ARETINO EN ESPAÑA: REFUNDICIÓN DEL «COLOQUIO DE LAS DAMAS», POR FERNÁN XUÁREZ.--CONTINUACIONES LEGÍTIMAS DE LA OBRA DE FERNANDO DE ROJAS.--«SEGUNDA CELESTINA» Ó «RESURRECCIÓN DE CELESTINA», DE FELICIANO DE SILVA.--«TERCERA CELESTINA», DE GASPAR GÓMEZ DE TOLEDO.--«TRAGICOMEDIA DE LISANDRO Y ROSELIA», DE SANCHO MUÑÓN.--LA «CELESTINA» EN PORTUGAL; IMITACIONES DE JORGE FERREIRA DE VASCONCELLOS: LA COMEDIA «EUPHROSINA».--SU TRADUCCIÓN, POR BALLESTEROS Y SAAVEDRA.--OTRAS IMITACIONES CASTELLANAS DE LA «CELESTINA».--«TRAGEDIA POLICIANA», DE SEBASTIÁN FERNÁNDEZ.--«COMEDIA FLORINEA», DE JUAN RODRÍGUEZ FLORIÁN.--«COMEDIA SELVAGIA», DE ALONSO DE VILLEGAS.--«COMEDIA SELVAJE», DE JOAQUÍN ROMERO DE CEPEDA.--«LA DOLERIA DEL SUEÑO DEL MUNDO», COMEDIA ALEGÓRICA DE PEDRO HURTADO DE LA VERA.--«LA LENA» Ó «EL CELOSO», DEL CAPITÁN D. ALONSO VELÁZQUEZ DE VELASCO.

El más antiguo de los imitadores de _La Celestina_ fué el prócer aragonés D. Pedro Manuel de Urrea, hijo segundo de los condes de Aranda y autor de un notabilísimo _Cancionero_ impreso en Logroño en 1513[276], que sale mucho de la monotonía de los libros de su clase, y anuncia, á lo menos en esperanza, un poeta sincero y humano. Ya en otra ocasión[277] hemos procurado trazar los rasgos característicos de su simpática fisonomía, que dan tanto precio á algunos de sus _villancicos_ y á sus composiciones de índole personal y doméstica. Aquí sólo nos incumbe tratar de las dos obras (desconocida una de ellas hasta nuestros días) en que ensayó la imitación de la famosa _Tragicomedia_, catorce ó quince años después de publicada.

La primera de estas imitaciones se halla al fin de su Cancionero con el encabezamiento siguiente:

_Égloga de la Tragicomedia de Calisto y Melibea, de prosa trobada en metro, por Don Pedro de Urrea, dirigida á la condesa de Aranda, su madre._

Es muy probable que este fragmento se representase en alguna fiesta de familia; á lo menos el autor le tenía por representable, según las prevenciones que hace en el _Argumento_:

«Esta egloga ha de ser hecha en dos vezes: primeramente entra Melibea, y luego despues Calisto, y pasan ally las raçones que aquí parescen, y al cabo despide Melibea a Calisto con enojo y salese el primero; y despues luego se va Melibea, y torna presto Calisto muy desesperado a buscar a Sempronio, su criado, y los dos quedan hablando, hasta que Sempronio va a buscar a Celestina para dar remedio a su amo Calisto. Está trovado esto hasta que queda solo Calisto, y ally acaua; y por no quedar mal vanse cantando el villancico que está al cabo».

El título de _égloga_ y la forma metrificada han sido sugeridas, á no dudarlo, por el ejemplo de Juan del Enzina. Urrea mismo indica la división en dos escenas cortas que contienen menos de una cuarta parte del texto original del primer acto[278]. No puede creerse de ningún modo que este solo le fuese conocido, ni que trabajase sobre un manuscrito, puesto que en 1513 existían ya siete ú ocho ediciones castellanas de la _Celestina_, unas con el texto en diez y seis actos y otras con el definitivo de veintiuno. Si levantó Urrea la mano del trabajo, bien excusado, de versificarla, sería por cansancio ó por haber encontrado más dificultades que al principio, ó sencillamente porque creyó que bastaba con aquella pequeñísima parte para construir una sencilla fábula ó más bien un diálogo semidramático, sin acción, nudo ni desenlace, como los que entonces se estilaban.

Entendemos que á Urrea alude, y no á otro, el P. Baltasar Gracián cuando atribuye toda la _Celestina_ á un _encubierto aragonés_: desatino de marca, pero que puede tener explicación. Gracián, que era hombre de mucha y varia lectura, pero no erudito de profesión, conocía probablemente el _Cancionero_ de Urrea, y al encontrarse allí con un fragmento de la _Celestina_ en verso, en que nada se dice del autor primitivo, pudo pensar que el hijo de la condesa de Aranda había versificado su propia prosa. En los versos acrósticos no se fijó, ó no les dió valor, y acaso su ejemplar careciese de ellos, como carecen algunas _Celestinas_ tardías. Por lo demás, con decir que Urrea, nacido probablemente en 1486, tendría á lo sumo doce ó trece años cuando se publicó por primera vez la _Celestina_, queda demostrada la imposibilidad física de tan extravagante atribución[279].

Lo que prueba su _Égloga_, que no creemos muy anterior á la fecha del _Cancionero_[280], es la inmensa popularidad de que ya gozaba la obra original de Fernando de Rojas y el carácter dramático que todos la atribuían. Y prueba también la facilidad y soltura de rimador que tenía Urrea, puesto que en sus coplas octosilábicas se ciñe de tal suerte al texto de Rojas, que más bien le calca que le traduce, con cierto desaliño sin duda, pero mostrando verdadero instinto del diálogo escénico. Véase la primera escena de la _Égloga_, y cotéjese con el texto de la _Celestina_ que va al pie[281]:

CALISTO

Veo en esto, Melibea, La _gran grandeza de Dios_.

MELIBEA

¿En qué, Calisto, veys vos Cosa que tan alta sea?

CALISTO

En dar poder á natura Que de perfeta hermosura, Acabada, te dotase, Y a mí que verte alcançasse Sin merecer tal ventura. Y en lugar donde me viese Gozar de tanto fauor, Que mi secreto dolor Manifestar te pudiesse. Sin duda tal galardon Es mayor en deuocion Que obras de sacrificio, Aunque por tal exercicio Espero yo saluacion. ¿Quién vió nunca en esta vida Un cuerpo glorificado Como el myo, que ha mirado Vna cosa tan sentida? Por cierto, todos los santos, Donde gozan de sus cantos Mirando a nuestro señor, No tienen gloria mayor Que yo en ver plazeres tantos. Somos en esto apartados: Que la gloria que poseen Por muy perpetua la veen, Sin ser de alli derribados: Mas yo me veo alegrar Con recelo de dexar Tu vista y acatamiento, Recelando el gran tormento Que en absentia he de pasar.

MELIBEA

¿Por gran premio, por tu fe, Tienes aqueste, Calisto?

(Nota _a_: _Mísero_ leen desatinadamente muchas ediciones. Las primitivas dicen _mixto_ ó _misto_, y así debe de ser, puesto que Calisto compara sacrílegamente su estado, en que se mezclan la bienaventuranza y el recelo, con el _puro_ estado beatífico).

CALISTO

Por tanto, en esto que he visto, Como agora te diré: Que si Dios me diesse arriba A esta mi alma catiua La gloria del alto cielo, No tendría más consuelo Que con esto que me aviua.

MELIBEA

Pues avn más galardón Te daré si perseueras.

CALISTO

Mis orejas placenteras Bien aventuradas son, Que indignamente an oydo Palabra de gran sonido.

MELIBEA

Mas serán desventuradas Tus orejas bien aosadas, Despues de averme entendido... Vete ya, torpe, de ahí Cual onbre mucho liuiano, Que en un coraçon humano No cabe servir a my. Que no tomo con paciencia Que, en absencia ni en presencia, Un muy ylícito amor Piense ningun amador Comigo alcanzar de eçencia...

_Agora se va Calisto, y sálese Melibea, y luego vuelve buscando sus criados._

No faltan en esta versión métrica ripios é incorrecciones graves, palabras impropias y algunos barbarismos, ó si se quiere formas dialectales, en la conjugación:

Y las caydas que _daron_ Los que como tú amaron... _Pusiéndome_ inconvenientes.

Urrea era un improvisador y no se paraba en barras, pero el efecto general de sus versos es agradable[282].

Mucho menos vale su prosa en la única muestra que conocemos de ella, y que también se enlaza con la _Celestina_ por derivación muy inmediata. Esta pieza rarísima, indicada por Brunet, que por cierto equivoca dos veces el apellido de su autor[283], es la _Penitencia de Amor_, estampada en Burgos por Fadrique Alemán de Basilea, en 1514[284].

El antiguo impresor de la _Comedia de Calisto_ conservó en el frontispicio de la _Penitencia_, cambiando los nombres de los personajes, uno de los grabados de la obra que Urrea imitaba, fácil, en efecto, de transportar de una composición á otra, puesto que Finoya y Darino, en la novelita del ingenio aragonés, corresponden á Melibea y Calisto, y los criados Renedo y Angis á Sempronio y Pármeno. Faltan Areusa, Elicia, Lucrecia y sobre todo Celestina, es decir, la salsa del pescado de la tragicomedia, que sin intervención de la vieja barbuda será insípida siempre. La parte cómica se reduce á unas octavas de arte menor que el poeta llama «pullas honestas», y son un pugilato de groseras desvergüenzas cambiadas entre dos lacayos. Todo lo restante está en prosa. El fin de la obra quiere ser ejemplar, aunque por distinto rumbo que el de la _Celestina_, para lo cual se altera el desenlace de la manera que veremos; pero hay, no sólo detalles licenciosos, sino una escena de brutalidad sin ejemplo, esmaltada con sentencias como ésta: «El mayor plazer es pecar mortalmente; los que no gozan desto no tienen descanso». Ninguna de las blasfemias de Calisto llega á ésta[285].

¡Extraños tiempos aquellos en que un caballero tan distinguido como Urrea, que en varias poesías de su _Cancionero_ muestra haber sido capaz de las más sanas inspiraciones y de los más delicados sentimientos, osaba hacer presente de tal farsa como la _Penitencia_ á su madre la condesa de Aranda, con la leve salvedad de decir en el prólogo: «Esta obrezilla, por ser toda su calidad cosa de amores, parece que se aparta de la condicion y virtud de vuestra señoria; pero porque todo lo que yo hiziere no puede ni deve yr dirigido a otri, embio tambien esto como lo otro que de mí tiene vuestra señoria».

Esta dedicatoria ofrece otros puntos curiosos. El autor no hace profesión de originalidad, sino todo lo contrario. «Ya no va nadie a infierno syno por lo que otros an ydo; ninguno puede hazer ni dezir cosa que no paresca a lo dicho y hecho; nadie puede trobar sino por el estilo de otros, porque ya todo lo que es a sido». Se remonta á Terencio como padre del género en que ejercita su pluma. «Esta arte de amores está ya muy vsada en esta manera por cartas y por çenas (escenas) que dize el Terencio, y naturalmente es estylo del Terencio lo que hablan en ayuntamiento; mas esta es cosa quel estylo no se puede quitar ni vedar, pues que las mismas razones no sean.»

Pero en verdad no fué Terencio su modelo, ni era posible que lo fuese. Urrea, aristocrático aficionado, que á ratos aparentaba desdeñar la «trabajosa vanagloria de la pluma, pues ay otras cosas en que mas cavalerosamente se puede exercitar el entendimiento con otros passatiempos seguros de reprensiones», no tenía más que leve tintura de estudios clásicos, á pesar del alarde que hace de sembrar por su diálogo sentencias de Séneca tomadas de alguno de los florilegios morales que entonces se manejaban tanto[286]. En lo que estaba positivamente versado era en la poesía italiana, sobre todo en la del Petrarca[287], y en la literatura española de su tiempo. Dos libros se hallaban entonces en el momento culminante de su éxito: la _Celestina_ y la _Cárcel de Amor_. Urrea, sin hacerse cargo de la radical oposición del sentido artístico de ambos libros, ni de la profunda desemejanza de su plan y estilo, intentó fundirlos en uno solo, no olvidando tampoco sus hábitos de poeta cortesano. Resultó de aquí una producción híbrida, de la cual puede formarse idea por el _argumento_ con que el mismo autor la encabeza: