Orígenes de la novela, Tomo I

Part 69

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Sabido es que ningún autor italiano, ni el mismo Dante, ni el mismo Petrarca, tuvo en España más lectores y admiradores que Boccaccio durante el siglo XV. La mayor parte de sus obras latinas y vulgares pasaron á la lengua castellana, y algunas también á la catalana. En ésta no conocemos traducción del _Ninfal de Ameto_, pero, existió un códice castellano entre los restos de la librería del marqués de Santillana, y probablemente esta versión, que no llevaba nombre de traductor, fué hecha por su mandado[644]. El mismo marqués cita con encomio esta obra en su famoso _Prohemio_ al condestable de Portugal, al enumerar los que después de Dante escribieron en _tercio rimo_ elegantemente: «Johan Bocacio el libro que _Ninfal_ se intitula, aunque ayuntó a él prosas de grand eloquencia, a la manera del _Boecio consolatorio_».

Más adelante otros modelos italianos y latinos suplantaron á Boccaccio, pero todavía nuestros poetas del siglo XVI leían y estudiaban el _Ameto_. Herrera le cita en el comentario á Garcilaso; y me parece evidente que se acordó de él en algún pasaje de su brillante y apasionada _Égloga venatoria_[645].

Pero fuera de ésta y otras excepciones, que pueden notarse en los escritos de varones doctos, y que habían abarcado en sus lecturas todo el círculo de la poesía anterior á su tiempo, bien puede decirse que el _Ameto_ fué muy olvidado, aun en la misma Italia, después de la ruidosa y triunfante aparición de la _Arcadia_, del poeta y humanista napolitano Jacobo Sannazaro, tan insigne en la poesía latina como en la vulgar. Y este triunfo se debió, no á que la _Arcadia_ tenga más condiciones de novela que los dos _ninfales_ de Boccaccio, puesto que seguramente ofrece menos originalidad y viveza de imaginación que cualquiera de ellos, y es muy inferior en el arte narrativo, en el vigor del estilo y en el sentimiento enérgico y profundo de las bellezas naturales, sino porque satisfacía á maravilla las aficiones eruditas de su tiempo, ofreciendo en una especie de centón, formado, por otra parte, con gusto y elegancia, lo más selecto de los bucólicos griegos y latinos y de otros muchos escritores de ambas antigüedades, mezclándolo todo con alusiones á sucesos de la vida del poeta ó de sus amigos, los cuales intervenían en la fábula con disfraces que para los contemporáneos debían de ser muy transparentes, puesto que todavía lo son para nosotros. Así, el pastor _Sincero_ es el mismo Sannazaro, _Summontio_ es Pedro de Summonte, segundo editor de la _Arcadia_; _Meliseo_ es el admirable poeta latino Giovanni Pontano, gloria imperecedera de la escuela de Nápoles, y _Barcinio_ es el poeta ítalo-catalán Bernardo Gareth, poéticamente llamado _Chariteo_, del cual pienso discurrir largamente en otra ocasión.

Cuando Sannazaro compuso la _Arcadia_, cuya primera edición incompleta y mendosa, hecha sin noticia ni consentimiento de su autor, es de Venecia, 1502, y que de nuevo corregida y completa se publicó en Nápoles, en 1504, el círculo de la erudición de los humanistas era mucho más amplio que en tiempo del primer Renacimiento, al cual pertenece Boccaccio. El florentino Poggio había descubierto en Inglaterra las Bucólicas de Calpurnio, y ya antes eran conocidas las cuatro églogas de Nemesiano. Sannazaro las estudió con mucha atención en un precioso códice que adquirió en Francia. Podía además leer en su lengua original los idilios de Teócrito (con los cuales andaban entonces mezclados los de Bión y Mosco, sin distinción de autores), pues aunque no hubo edición completa de ellos hasta 1515, diez y ocho composiciones habían sido impresas ya en Milán en 1493, y treinta en Venecia, 1495, por Aldo Manucio. En cuanto á la antigüedad latina, es claro que no tenía secretos ya para la gentil escuela napolitana, que tanto floreció bajo el patronato de la casa aragonesa y de la cual fué grande ornamento Sannazaro.

La investigación de las fuentes de la _Arcadia_ puede decirse que es materia completamente agotada. Ya los antiguos comentadores Porcachi, Sansovino, Massarengo[646], notaron las más obvias, especialmente las de Virgilio, modelo predilecto del vate partenopeo, que quiso reposar tan cerca de la tumba del mantuano. Fácil era ver, por ejemplo, que la prosa IV de la Arcadia responde á la égloga III de Virgilio y al idilio I de Teócrito; que la égloga IX del poeta italiano está calcada en la III del latino; que la descripción de los juegos funerales de Ergasto en la prosa XII está traducida en parte del libro V de la _Eneida_. Pero los procedimientos de imitación en Sannazaro son mucho más complicados, y estaba reservado á una erudición más diligente y sutil ir enumerando una por una todas las piedrezuelas de más ó menos valor que entraron en su mosaico, pulidas y combinadas con un artificio tan docto y reflexivo. Tarea es ésta que han desempeñado, como en competencia, dos eruditos italianos, Francisco Torraca y Miguel Scherillo, en libros publicados simultáneamente, y después de los cuales nada resta que decir sobre la _Arcadia_[647]. Sannazaro no era un imitador vulgar, ni mucho menos un plagiario, sino un hombre enamorado y penetrado de la belleza antigua, que recogió en su libro lo más selecto y exquisito de sus lecturas para recrearse de nuevo con su contemplación, y renovarla también en la mente de los eruditos y hacerla sentir por primera vez á los indoctos. Y esto lo hizo eligiendo, alterando, coordinando los pormenores, según cuadraba al intento y plan general de su libro, tomando de un autor el cuadro general de cada episodio y enriqueciéndole con los despojos de otros muchos, fundiendo y sobreponiendo dos ó tres modelos, remontándose á veces en la cadena de la imitación desde el ejemplar latino al griego que le había servido de prototipo, y aprovechando frases y detalles del imitador y del imitado. Así, de Virgilio asciende no sólo á Teócrito, sino á Homero, y, por ejemplo, en la descripción ya citada de los juegos celebrados por Ergasto sobre la tumba de Massilia, no sólo explota la descripción virgiliana de los juegos funerales de Anquises, y la que hace Stacio de las exequias del niño Ofeltes, sino la que ha servido de modelo á todas ellas, la descripción homérica de los funerales de Patroclo. En los trozos más virgilianos se encuentran mezcladas imitaciones de Ovidio, de Calpurnio, de Claudiano, y hasta de los prosistas didácticos como Plinio el Naturalista, de quien se deriva casi toda la erudición mágica y supersticiosa que poseía el viejo sacerdote á quien va á consultar Clónico en las prosas IX y X. De los poetas, el que más influyó en Sannazaro, fuera de los bucólicos, fué Ovidio, hasta en sus obras menos leídas, como los _Fastos_, en cuyo libro II encontró la descripción de las fiestas de Pales, diosa de los pastores, que transportó á la prosa III.

La influencia del _Ameto_ en la _Arcadia_ ha sido exagerada por algunos como Scherillo y muy reducida por otros como Torraca. Claro es que los dos libros pertenecen al mismo género, y que probablemente sin el primero no hubiera existido el segundo, puesto que Sannazaro carecía de imaginación novelesca y no le creemos capaz de crear un tipo nuevo. Tomó, pues, de Boccaccio la forma mixta de prosa y verso, y también fué influido por él en la parte métrica, pues aunque no todas las doce églogas de la _Arcadia_ están compuestas en tercetos, como lo están todas las poesías intercaladas en el _Ameto_, es, sin embargo, la combinación que predomina ó reina sola en la mayor parte de ellas. En tres de las églogas, por completo, y en otras con grande abundancia, los tercetos no son llanos, sino esdrújulos; género de rima que Sannazaro no inventó y que ya otros habían aplicado á la poesía pastoril, queriendo remedar acaso la cadencia de los dáctilos antiguos. Este género de terminaciones, que aun en italiano es desabrido y molesto, suele hacer en castellano tan extraño y á veces ridículo efecto, que muy cuerdamente se abstuvieron de seguir en esto á Sannazaro, como no fuese por excepción y en trozos muy breves, los innumerables poetas nuestros que le imitaron. Y aunque es cierto que se encuentran algunos ejemplos en Montemayor, en Gil Polo y en el inmenso Lope de Vega, era tan poco el caso que se hacía de tales versos, que pudo pasar por inventor de ellos el canónigo de Canarias Bartolomé Cairasco de Figueroa, por haberlos prodigado sistemáticamente, hasta la insensatez y el delirio, en el _Flos Sanctorum_ que escribió en verso con el título de _Templo Militante_, obra monstruosa, en que brillan de vez en cuando algunas ráfagas de ingenio poético, depravado por el mal gusto. Tampoco logró mucho éxito entre nosotros, aunque tuvo más imitadores (el primero de ellos nada menos que Garcilaso en una parte muy considerable de su égloga segunda), otro artificio métrico favorito de Sannazaro, el de colocar la rima en medio del endecasílabo (_rima percossa_ en la Poética del Minturno), forma de origen provenzal, que el Petrarca había empleado incidentalmente en algunas de sus canciones.

Es, por consiguiente, la métrica de la _Arcadia_ mucho más variada y rica que la del _Ameto_, pues además de todo lo que hemos referido contiene sextinas simples y dobles, canciones petrarquistas de estancias largas y composiciones _polimétricas_, escritas con toda la soltura de un versificador muy ejercitado. Pero todo este lujo de destreza técnica contrasta con la pobreza de la acción, si es que acción puede llamarse la de aquellas prosas ensartadas una tras otra sin ninguna razón interna y orgánica. En esta parte Montemayor y otros bucólicos nuestros valen más que él, dan más interés á sus relatos, son más novelistas. Boccaccio lo había sido también á su manera, pero Sannazaro, que procura imitarle en la riqueza de su dicción toscana y en el lujo de sus descripciones, y se inspira no sólo en el _Ameto_, sino en el _Filocolo_, en la _Fiameta_, en las églogas latinas y en todos sus libros, no acierta con lo más íntimo á su arte, no sabe dar interés dramático á sus ficciones, no tiene fantasía plástica ni conoce el arranque de la pasión amorosa. Es un mero artífice de estilo, mucho más paciente que inspirado. En todo su libro no ha inventado nada, ni siquiera el ingenioso medio de que se vale el pastor Charino para declararse á su zagala, haciéndole contemplar su propia imagen en las aguas de una fuente: Sus últimos comentadores, prueban, que este episodio, ciertamente ingenioso, aunque en demasía alabado[648], además de las reminiscencias que conserva de la fábula ovidiana de Narciso, es un tema de novelística popular que se encuentra lindamente desarrollado en el _Heptameron_ da la reina de Navarra (novela XXIV), donde la declaración amorosa se hace por medio de un espejo de acero que el enamorado llevaba sobre el pecho á guisa de coraza. Las prosas de Sannazaro son lánguidas é incoloras á pesar de la profusión de epítetos. Hasta el paisaje es artificial, y los mismos recuerdos de Nápoles, que debían de ser tan familiares al autor, están vistos á través de Boccaccio, que tanto amó y cantó en las riberas de Bayas y en los collados de Sorrento, y tanto se saturó y embriagó de su atmósfera voluptuosa.

Libro mediano si se quiere, pero afortunado por la oportunidad con que apareció en concordancia con el gusto reinante, la _Arcadia_ fué la primera obra de prosador no toscano que alcanzase en toda Italia reputación clásica. Serafino Aquilano, Galeoto del Carretto y otros poetas imitaron sus églogas en la corte de Mantua; Baltasar Castiglione en la de Urbino. En Nápoles hubo verdadera escuela de poetas bucólicos, que se ejercitaron á porfía en el enfadoso terceto esdrújulo. Tansillo, Minturno, el mismo Torquato Tasso, son discípulos, aunque más independientes, de Sannazaro, para no hablar de los oscuros autores de la _Siracusa_, de la _Amatunta_ y de la _Mergellina_, que prolongaron el género durante tres siglos. Pero en general la bucólica italiana adoptó la forma dramática con preferencia á la narrativa, y dramáticas son sus dos obras maestras, el _Aminta_ y el _Pastor Fido_.

La influencia de la _Arcadia_ considerada como novela fué mayor en las literaturas extranjeras. Hasta el título de la obra, tomado de aquella montuosa región del Peloponeso, afamada entre los antiguos por la vida patriarcal de sus moradores y la pericia que se les atribuía en el canto pastoril, se convirtió en nombre de un género literario, y hubo otras _Arcadias_ tan famosas como la de Sir Felipe Sidney y la de Lope de Vega, sin contar con la _Fingida Arcadia_ que dramatizó Tirso. Todas las novelas pastoriles escritas en Europa desde el Renacimiento de las letras hasta las postrimerías del bucolismo con Florián y Gessner, reproducen el tipo de la novela de Sannazaro, ó más bien de las novelas españolas compuestas á su semejanza, y que en buena parte le modificaron, haciéndole más novelesco. Pero en todas estas novelas, cual más, cual menos, hay no sólo reminiscencias, sino imitaciones directas de la _Arcadia_, que á veces, como en _El Siglo de Oro_ y en _La Constante Amarilis_, llegan hasta el plagio. Aun en la _Galatea_, que parece de las más originales, proceden de Sannazaro la primera canción de Elicio («Oh alma venturosa»), que es la de Ergasto sobre el sepulcro de Androgeo, y una parte del bello episodio de los funerales del pastor Meliso, con la descripción del valle de los cipreses[649]. Lo que Sannazaro había hecho con todos sus predecesores lo hicieron con él sus alumnos poéticos, saqueándole sin escrúpulo. El género era artificial de suyo, y vivía de estos _hurtos honestos_, no sólo disculpados, sino autorizados y recomendados en todas las Poéticas de aquel tiempo. «No se andaba entonces (dice Rajna hablando nada menos que del Ariosto) en busca de un mundo nuevo; el sumo grado de la belleza parecía alcanzado, y no se creía que restase otra labor á los venideros que seguir lo más de cerca que pudiesen los pasos de los antiguos, al modo que Virgilio había imitado á Homero, y sin embargo era Virgilio»[650].

En 1549 apareció en Toledo una traducción castellana de la _Arcadia_ de Sannazaro, en prosa y verso, en la cual intervinieron tres personas que conocemos ya por haber tomado parte en la del _Filocolo_ de Boccaccio: el canónigo Diego López de Toledo, el capitán Diego de Salazar y el racionero de la Catedral toledana Blasco de Garay, tan conocido por sus _Cartas en refranes_, persona distinta del célebre proyectista del mismo nombre á quien en algún tiempo se atribuyó la aplicación del vapor á la navegación. La _Arcadia_ española está dedicada al arcediano de Sepúlveda Gonzalo Pérez, conocido traductor de la _Odisea_ y padre del secretario Antonio. En la dedicatoria dice el editor Garay: «Esta palabra empeñé quando divulgué las treze questiones, que del Filoculo del famoso poeta y orador Iuan Bocacio trasladó elegantemente don Diego López de Ayala, canónigo y vicario de la Sancta Iglesia de Toledo y obrero de ella. Tras la qual divulgacion prometi dar luego esta obra, porque juntamente con aquélla la libré con inoportunos ruegos de la tiniebla o (por mejor decir) oluido en que su intérprete la avia puesto: sin pensamiento de hazer jamas lo que agora yo hago por él. Porque más la tenia para communicacion y passatiempo de amigos, que para soltarla por el incierto y desuariado juyzio del vulgo... La otra razon que a ello me movió, que aunque no es la primera es la más principal, fue seruir a v. m. con cosa no agena de su delicado gusto. Para lo qual tuve de ésta algun concepto, assi por ser tal como todos saben que es, como por pensar que en la primera lengua en que se escriuio la tenía vuestra erudition y prudentia tan conocida y familiar, que si era menester, _de coro_ (como dizen) _relatauades todos los más notables lugares y puntos de ella_. Y no sólo esto, mas vuestro singular ingenio _contendia algunas vezes darnos en nuestra misma lengua castellana a gustar los propios versos en que primero fue compuesta_; por donde espero agora no seros desagradable mi presente seruicio... El author que compuso el presente libro en su primer lenguaje que llaman Toscano... se llamaua Iacobo Sannazaro, cauallaro Neapolitano, aunque de origen español[651], tan claro por sus letras, que a quererle yo agora de nueuo loar seria obscurecer sus alabanzas con las faltas de mi rudo ingenio. Porque a lo que affirman los más sabios, o ygualó a Virgilio en el verso latino o se acercó tanto a él que a ninguno quiso dexar en medio. Y en el verso vulgar (siguiendo materia pastoril) vnos dizen que sobrepujó, otros que igualó al mejor de los poetas Toscanos... El segundo que trasladó toda la prosa de la presente obra fue el ya nombrado don Diego López de Ayala, de cuyo poder salió ella... que creo no va mal arreada assi de stilo y primor, como de propiedad de hablar, no sólo Castellana, mas Toledana y de cortés cauallero. Avnque algunos medio letradillos podrian achacar los muchos epithetos que lleva, diziendo ser agenos de buena prosa. No considerando que toda esta obra tiene nombre de poesia y fiction, donde aquéllos largamente se consienten; y que assi estauan en la primera lengua, en que no descuydadamente la compuso su sabio author, de adonde él como fiel interprete la trasladó. El tercero fue Diego de Salazar, que antes era capitan, y al fin y vejez suya fue hermitaño, amigo mio tan intimo y familiar que vsaua llamarme su compañero. De lo cual yo holgaua no poco, como hombre que conocia (si algo puedo decir que conozco) el valor y quilates de su ingenio. Porque osaria afirmar lo que otras veces he dicho: en el verso castellano, asi de improuiso como de pensado, ser la Phenix de nuestra Hespaña, puesto que en prosa no fue de menospreciar, como nos muestran sus claras obras. Este compuso toda la parte del verso que aqui va: harto más elegante en estilo, que atada a la letra del primer author. Lo qual no tengo por inconuiniente, pues es menos principal, apartarse de la letra, quando ni es hystoria ni scientia que comprehende alguna verdad, que impedir vna tal vena y furor poético...».

Á pesar de los extravagantes encomios que hace del talento poético del capitán Salazar, confiesa Garay en una advertencia final que había retocado sus versos hasta dejarlos como nuevos, para que fuesen más fieles á la letra del original: «Ni tampoco querria que pensassedes que por auentajarme al ingenio de mi buen amigo Diego de Salazar lo he hecho. Porque antes en verdad estimo y estimaré siempre en más (como es razon) su troba que la mia, por ser facil, graciosa, elegante y muy sonorosa. Mas como hay muchos tan curiosos que avn en las obras fingidas y de passatiempo quieren que sea fiel la traduccion... a esta causa, casi forçado, me puse a traducir (como de nuevo) las más de las presentes Eglogas, admitiendo y dexando en su primera forma todo aquello que en alguna manera se podia entender en el sentido del Toscano author; si quiera fuere copula entera o media, o si quiera fuesse solamente un pie, si con los demas que yo añadia se podia enxerir y juntar. Y avn (por hablar la verdad) consintiendo a las vezes los forasteros vocablos y repeticion de unos mismos consonantes de que a menudo auia vsado el ya nombrado amigo Diego de Salazar, más (a lo que creo) por escusarse de fatiga como viejo que era a la sazon que por otra falta que dél se pudiesse presumir en este caso».

Los versos son todos de arte menor, excepto un breve trozo traducido en endecasílabos con la rima en medio. La mala elección del metro deslustra enteramente el carácter clásico de la poesía original, que apenas puede reconocerse en aquellas coplas triviales y pedestres. La prosa es algo mejor, pero de todos modos esta versión no hubiera podido dar á los que ignorasen el toscano grande idea de esta obra, que para Blasco de Garay era «una nata» de toda la poesía[652]. Tuvo, sin embargo, dos reimpresiones, pero no debió de satisfacer á todos, puesto que volvieron á traducirla Juan Sedeño, vecino de Arévalo, que también puso en verso la _Celestina_, y el capitán Jerónimo de Urrea, ya mencionado más de una vez en estas páginas. Uno y otro se sometieron á la imitación de los metros del original, pero ni Sedeño ni Urrea eran hábiles versificadores en la manera toscana, y no perdió mucho nuestra literatura con que quedasen inéditos estos trabajos[653].

Mucho antes que ninguno de ellos se emprendiese, poseía la lengua castellana lo más selecto de la _Arcadia_ maravillosamente trasladado á las églogas de Garci Laso, y convertido en nueva materia poética por el estro juvenil del imitador, por la gracia y gentileza de su estilo, por aquel instinto de la perfección técnica que rara vez le abandona, por aquel dulce y reposado sentimiento que le da una nota personal en medio de todas sus reminiscencias. Garci Laso, que hacía elegantísimos versos latinos, y que por ellos mereció alto elogio del Bembo, no necesitaba del intermedio de Sannazaro ni de nadie para apropiarse las bellezas de los bucólicos antiguos; pero es cierto que algunas veces, cediendo á la fascinación que todas las cosas de Italia ejercían sobre los españoles del Renacimiento, se valió de los centones ya hechos, y entretejió en sus poesías imágenes, conceptos y versos enteros de la _Arcadia_, y aun versificó trozos no breves de su prosa. Todas estas imitaciones fueron lealmente notadas por sus antiguos comentadores españoles, y entre ellas sobresale el razonamiento de Albanio en la égloga II, cuyos tercetos van siguiendo paso á paso el _racconto_ de Charino en la prosa VIII de la novela napolitana, si bien con alguna diferencia en el desenlace. Pero aun imitando ó traduciendo tan de cerca, todavía el imitador, ya porque su alma tenía más jugo poético, ya por la ventaja que los buenos versos llevan á la prosa poética, artificial y contrahecha de suyo, vence en muchas partes á su modelo y reproduce más que él la blanda melancolía virgiliana. Si no lo supiéramos tan de positivo, apenas podríamos creer que hubiese habido intermedio entre estos divinos versos del Mantuano:

Tristis at ille: tamen, cantabitis Arcades, inquit, Montibus hæc vestris, soli cantare periti Arcades: mihi tum quum molliter ossa quiescant, Vestra meos olim si fistula dicat amores!

y estos otros que todavía repite el eco en las florestas de Aranjuez y entre los peñascos de Toledo:

Vosotros los del Tajo en su ribera Cantaréis la mi muerte cada día. Este descanso llevaré aunque muera, Que cada día cantaréis mi muerte Vosotros los del Tajo en su ribera.

El ejemplo y la autoridad del mayor poeta entre los del grupo italo-hispano entronizó para más de una centuria esta casta de poema lírico dialogado con protagonistas campesinos ó disfrazados de tales. Herrera, en su comentario, que puede considerarse como la mejor Poética del siglo XVI, da la teoría del género, siguiendo á Scalígero y otros tratadistas anteriores: «La materia desta poesia es las cosas y obras de los pastores, mayormente sus amores; pero simples i sin daño, no funestos con rabia de celos, no manchados con adulterios: competencias de rivales, pero sin muerte i sangre; los dones que dan a sus amadas tienen mas estimacion por la voluntad que por el precio, porque envian manzanas doradas o palomas cogidas del nido; las costumbres representan el siglo dorado; la dicion es simple, elegante; los sentimientos afetuosos y suaves; las palabras saben al campo y a la rustiqueza de l' aldea, pero no sin gracia, ni con profunda inorancia y vegez; porque se tiempla su rusticidad con la pureza de las voces propias al estilo... las comparaciones son traidas de lo cercano, que es de las cosas rústicas»[654].