Part 55
En Italia obtuvo fama de poeta, y uno de sus encomiadores fué el mismo Ludovico Dolce, de cuyos _Ragionamenti_ tomó la idea de su novela, que el mismo Dolce celebró en un soneto inserto en los preliminares del libro. Los endecasílabos de Reinoso valen poco, y él mismo confiesa que muchas veces no tienen la acentuación debida, sino la que cuadraría al verso de doce sílabas ó de arte mayor. En las coplas castellanas es fácil, tierno y afectuoso, pero su prosa es infinitamente mejor y más limada que sus versos. La _Historia de Clareo y Florisea_ fué traducida inmediatamente al francés[521] y tiene el mérito de ser, si no nos equivocamos, la más antigua imitación de las novelas griegas publicada en Europa, puesto que la del seudo Atenágoras, que pasa por la más antigua, no apareció hasta 1599.
Más independiente de los modelos bizantinos, y más enlazada con la vida actual, se presenta la _Selva de aventuras_ que el cronista Jerónimo de Contreras publicó antes de 1565, puesto que la edición de Barcelona de dicho año no parece ser la primera. Hay, por lo menos, seis posteriores á esa fecha[522] y una traducción francesa de Gabriel Chapuys (1580), que fué reimpresa varias veces[523]. Todo esto prueba que la _Selva_ se leyó bastante, y hoy mismo es de fácil y no desapacible lectura. El argumento es sencillo y bien combinado, en medio de la extremada pero no confusa variedad de episodios.
Un caballero sevillano llamado Luzmán, enamorado de la doncella Arbolea, á quien había conocido desde la infancia, la pretende en matrimonio; pero ella, resuelta á abrazar la vida monástica, le quita toda esperanza con muy corteses razones: «Nunca yo pudiera creer, Luzmán, que aquel verdadero amor trabado y encendido desde nuestra juventud, pudiera ser por ti en ningun tiempo manchado, ni derribado de la cumbre donde yo por más contentamiento suyo y mio le habia puesto. Pesame que de casto y puro amor le has vuelto comun deseo y apetito sensual, siendo primero contemplacion y recreación del ánima... No dejo de conocer que lo que pides, y como hombre deseas, que es bueno; mas si hay otro mejor, no se debe de dejar lo más por lo menos.
Quiero decir que yo te he amado por pensamiento, que en mí no se efectuase otro amor más que aquel que sola nuestra amistad pedia; porque yo siempre estuve determinada de nunca me casar, y asi he dado mi limpieza a Dios y toda mi voluntad, poniendo aqui el verdadero amor, que jamas cansa ni tiene fin».
El desconsolado amante busca alivio en la ausencia, y parte para Italia en hábito de peregrino. La narración de este viaje y de las extrañas cosas que en él vió Luzmán es el principal asunto de los siete libros cortos en que la _Selva_ se divide. Siguiendo el holgado modo de novelar que ya vimos indicado en el _Libro Félix_ de Raimundo Lulio y que adoptaron los autores de novelas picarescas, cada uno de los personajes que el protagonista va encontrando le refiere su historia y le pide ó le da consejo. Entre estas historias hay algunas muy interesantes y románticas, como la del caballero aragonés Erediano (¿Heredia?) y Porcia, sobrina del duque de Ferrara: dos amantes que hicieron vida solitaria y murieron en el desierto; la del penado Salucio, que parece prototipo de Cardenio; la del marqués Octavio de Mantua. Hay tipos ingeniosamente trazados, como el pobre Oristes, el rico y avaro Argestes, el espléndido y hospitalitario Virtelio; episodios de novela pastoril, disputas de casuística amorosa, tres églogas representables, una de las cuales, la de Ardenio y Floreo, el pastor amoroso y el desamorado, recuerda la disputa de Lenio y Tirsi en la _Galatea_ de Cervantes; una representación escénica del Amor Humano y el Amor Divino, y otra que se supone hecha en la plaza de San Marcos de Venecia, y gran cantidad de versos líricos de todas medidas, escritos con elegancia y rica vena. En el curso de su peregrinación, el héroe visita la cueva y oráculo de la Sibila Cumea (_la sabia Cuma_), y encuentra reinando en Nápoles al magnánimo Alfonso V de Aragón. Volviendo á España, cae en poder de unos corsarios que le llevan cautivo á Argel (lugar común de tantas novelas y comedias posteriores); logra rescatarse, y al llegar á Sevilla encuentra que su amada Arbolea había tomado el velo. Hay rasgos muy delicados en la última entrevista de los dos amantes.
«Y luego esa tarde se fue Luzmán al monasterio donde estaba su señora, y preguntó por ella: a Arbolea le fue dicho cómo un pelegrino la buscaba; ella, no sabiendo quién fuese, se paró a una reja, y aunque vio a Luzmán, no le conocio; mas él, cuando vido a ella, conocióla muy bien; y sin poder detener las lagrimas, comenzo a llorar con gran angustia. Arbolea, muy maravillada, no pudiendo pensar qué fuese la causa porque aquel pobre asi llorase ante ella, le preguntó diciendo: «¿Qué sientes, hermano mio, o qué has menester desta casa? ¿Adónde me conoces, que has llamado a mí más que a otras destas religiosas?» Luzmán, esforzando su corazón, y volviendo más sobre sí, respondió a Arbolea, diciendo: «No me maravillo yo, señora Arbolea, que al presente tú no me conozcas, viéndome tan mudado del que solia ser con los grandes trabajos que por tu causa he pasado: ves aqui, señora, el tu Luzmán, a quien despreciaste y tuviste en poco sus servicios, no conociendo ni queriendo conocer el verdadero amor que te tuvo, a cuya causa ha llegado al punto de la muerte, la cual de más cortés que piadosa ha usado con él de piedad; y esto ha sido porque volviese a tu presencia; pues agora venga la muerte, que contenta partirá esta afligida ánima, guardando el cuerpo en su propia naturaleza»; y diciendo esto, calló vertiendo muchas lagrimas.
«Arbolea, que entendio las palabras de Luzmán y le conocio, que hasta entonces no habia podido conocerlo, porque vio sus barbas muy largas, sus cabellos muy cumplidos y ropas muy pobres, aquel que era la gentileza y hermosura que en su tiempo habia en aquella ciudad, lleno de gracias, vistiendose tan costosamente que ningún caballero le igualaba; pues, vuelta en sí, aunque con gran turbacion, alegrose en ver aquel a quien tanto habia amado, que por muerto tenia, y respondiole diciendo asi: «No puedo negar ni encubrir, mi verdadero hermano y señor, la gran tristeza que siento en verte de la manera que te veo; mas por otra parte, muy alegre doy gracias a Dios que con mis ojos te tornase a ver, porque cierto muchas veces he llorado tu muerte, creyendo que ya muerto eras; y pues eres discreto y de tan principal sangre, yo te ruego me perdones, si de mí alguna saña tienes, y te conformes con la voluntad de aquel por quien todas las cosas son ordenadas; que yo te juro por la fe que a Dios debo, que no fue más en mi mano, ni pude dejar el camino que tomé, que ya sabes que no se menea la hoja en el árbol sin Dios, cuanto más el hombre con quien él tanta cuenta tiene. To te ruego, desechada tu tristeza, alegres a tus padres y tomes mujer, pues por tu valor la hallarás como la quisieres, y de mí haz cuenta que fui tu hermana, como lo soy y seré mientras viviere». Decia estas palabras la hermosa Arbolea con piadosas lagrimas, a las cuales respondio Luzmán: «Al tiempo que tú, señora, me despediste cuando más confiado estaba, entonces desterré todo el contentamiento, y propuse en mí de no parecer más ante tus ojos, y nunca ante ellos volviera, sino que entendi que estabas casada, lo cual jamas pude creer, mas por certificarme, quise venir ante tu presencia; y pues ya no tienen remedio mis lagrimas ni mis suspiros, ni mis vanos deseos, quierome conformar con tu voluntad, pues nunca della me aparté; y en lo que me mandas que yo me case, no me tengas por tal que aquel verdadero amor que te tuve y tengo pueda yo ponerlo en otra parte: tuyo he sido y tuyo soy, y así quiero seguir lo que tú escogiste, casandome con la contemplación de mi cuidado, que no plega a Dios que otra ninguna sea señora de mi corazón sino tú que lo fuiste desde mi juventud».
Para cumplir su propósito, Luzmán se despide de sus padres, construye una ermita cerca del monasterio de Arbolea y hace allí vida penitente el resto de sus días. Bello y romántico final, que recuerda la balada de Schiller _El caballero de Togenburgo_ ó la imitación que de ella hizo nuestro Piferrer en su _Ermitaño de Monserrat_.
La originalidad de la _Selva de aventuras_ parece incontestable. De las novelas anteriores, sólo la de _Peregrino y Ginebra_ tiene alguna remota analogía de plan, pero hay mucha distancia del espíritu liviano de aquella narración á la intachable pureza moral de ésta. Todo en ella respira gravedad y decoro, y á la verdad, no se explica que el Santo Oficio, tan indulgente ó indiferente con este género de literatura, hiciese la rara excepción de llevar _Luzmán y Arbolea_ al _Índice expurgatorio_.
Poco sabemos de la vida de Jerónimo de Contreras, que se titula _capitán_ en el frontispicio de alguno de sus libros. Consta por declaración propia que en 1560 obtuvo de Felipe II la merced de un _entretenimiento_ en el reino de Nápoles, y que todavía permanecía allí diez años después cuando puso término á su _Vergel de varios triunfos_, que luego se imprimió con el título de _Dechado de varios subjectos_ (1572), especie de alegoría moral en forma de sueño, entremezclada con elogios en prosa y verso de reyes y varones ilustres españoles antiguos y modernos[524]. «Contreras es escritor fácil, rico y castizo (dice Gallardo hablando de esta obrita); sus versos parece que se le caían de la pluma, especialmente el que llamamos por excelencia verso castellano, las redondillas». Á pesar de su título de cronista, no conocemos obras históricas de él, y no son flojos, aunque sin duda voluntarios, los anacronismos en que incurre en su novela, bien que en su tiempo nadie reparaba en esto.
Así como el _Clareo y Florisea_ es el germen del _Persiles_, así la _Selva de aventuras_, con sus cuadros de viajes, con sus intermedios dramáticos y líricos, nos parece el antecedente más inmediato de _El Peregrino en su patria_ de Lope de Vega y de otras misceláneas novelescas semejantes á ésta.
NOTAS:
[445] En el libro ya citado, del Dr. Sanvisenti, _I primi influssi di Dante, del Petrarca e del Boccaccio sulla Letteratura spagnola_ (pág. 395 y ss.) se da noticia detallada de este códice, insertando el índice de los capítulos.
[446] _La Fiameta de Juan Vocacio_ (frontis grabado, al reverso del cual está la tabla de los nueve capítulos ó partes de la obra). Al fin: «_Fue impresso ē la muy noble e leal cibdad de Salamanca en el mes de enero del año de mil y quatrocientos y noventa y siete años_». Fol. gót. á dos columnas.
--_Libro llamado Fiameta por [=q] trata d' los amores d' una notable dueña napolitana llamada Fiameta, el [=q]l libro cōpuso el famoso Juan Vocacio, poeta florentino_... (Colofón): «_Fenesce el libro de Fiameta... impresso en la muy noble y leal ciudad d' Sevilla por Jacobo Crōbreger aleman: acabose en diez y ocho días de agosto. Año d' l señor de mil y quinientos y veynte y tres años_». Fol. gót. á dos columnas.
--_Libro llamado Fiameta... Va compuesto por sotil y elegante estilo. Da a entender muy particularizadamente los efectos que hace el amor en los animos ocupados de pasiones enamoradas. Lo qual es de gran prouecho por el auiso que en ello se da en tal caso. 1541._
(Colofón)... «_Fue impresso en la muy noble y leal ciudad de Lisboa por Luys Rodriguez, librero del Rey n[=ro]. señor, Acabose a XII dias de Diciembre. Año de M.d.XL. y uno._ 4.º let. gót.
No creo que esta traducción anónima sea la misma que, según dice Pons de Icart en sus _Grandezas de Tarragona_ (fol. 262 vto.), hizo Pedro Rocha, natural de aquella ciudad. Más verosímil es que le pertenezca la versión catalana.
[447] _Laberinto de amor: que hizo ē toscano el famoso Juā bocacio: agora nueuamēte traduzido en nuestra lengua castellana. Año de M.D.XLVI._
(Colofón): «_Fue impresso este tratado ē la muy noble y muy leal ciudad de Seuilla: en Casa de Andres de Burgos, impressor de libros. Acabose a tres dias del mes de Agosto. Año del nascimiento de nuestro Saluador Jesu Cristo de mil y quinientos y quarenta y seys._ 4.º.
[448] _Trece questiones muy graciosas sacadas del Philoculo del famoso Juan Bocacio, traducidas de lēgua Toscana en nuestro Romance Castellano con mucha elegancia y primor. 1546._
(Colofón): «_Impresso en la imperial ciudad de Toledo en casa de Juan de Ayala. Año M.D.XLVI_». En 4.º.
Edición descrita por Gallardo (n.º 2.724 del _Ensayo_). Hay otra de Toledo y del mismo impresor, 1549, de la cual existe un ejemplar en la Biblioteca de Palacio.
[449] Véase en el volumen XXXI de la _Romania_ el interesante estudio de Rajna, _L'episodio delle questioni d'amore nel «Filocolo» del Boccaccio_.
[450] _Historia muy verdadera de dos amātes Eurialo Franco y Lucrecia Senesa que acaecio e[=n]l año de mil y quatrocientos y treynta y qt[=r]ō años en presencia del emperador Sigismundo hecha por Eneas Silvio despues papa Pio segundo. Item otro su tratado muy prouechoso de remedios contra el amor. Item otro de la vida y hazañas del dicho Eneas. Item ciertas sentencias y prouerbios d' mucha excelencia d'l dicho eneas._
Salvá describe esta edición, al parecer de fines del siglo XV, en 4.º let. gót. sin foliatura. El volumen estaba incompleto, comprendiendo sólo la historia de Eurialo y Lucrecia. Puede ser el mismo libro que en el _Registrum_ de D. Fernando Colón está anotado con el siguiente colofón: «_Fue impressa la presente historia en Salamanca a xviii dias del mes de octubre de mil y quatrocientos y noventa y seys_». Advierte D. Fernando que contenía los otros tres tratados.
Hay otras impresiones de Sevilla por Jacobo Cromberger, 1512, 1524 y 1530.
Tengo presente el original latino en una edición de 1485, cuyo final dice: «_Æneæ Silvii Picholominei Senensis poetæ laureati: postea Pii papæ Secundi nūcupati: hystoria de duobus amantibus feliciter finit: Sub anno d[=n]i. M.CCCC.LXXXV, die XV. mēsis Julii. Sedente Innocentio Octauo pontifice maximo: anno eius primo»._
Forma parte también de la colección de las obras de Eneas Silvio formada por Hoper (Basilea, 1571), fols. 623-644.
Conviene advertir que la llamada traducción italiana de Alejandro Braccio, impresa en 1489 y muchas veces después, es una paráfrasis sumamente amplificada, ó más bien una composición nueva, en que se cambia hasta el desenlace de la novela, trocándole de trágico y lastimero en alegre y festivo. Vid. _Epistole di due amanti composte dal fausto et eccellente Papa Pio tradutte in vulgare con elegantissimo modo. In Venetia per Mathio Pagan, 1554._ 8.º.
[451] Ambos trataditos están reimpresos en un tomo de la _Biblioteca rara_ del editor Daelli (_Mezcolanze d'amore_, Milán, 1863).
[452] Cita de pasada esta versión el prologuista de _Curial y Güelfa_, pág. X.
[453] _Historia de las ideas estéticas en España_, t. III, segunda edición.
[454] Vid. _Lieder des Juan Rodriguez del Padron... von Dr. Hugo A. Rennert_... Halle, 1893 (extracto del tomo XVII del _Zeitschrift für Romanische Philologie_).
[455] Es lástima que libro tan peregrino haya llegado á nuestros días en una sola é incorrectísima copia, la contenida en el códice Q-224 de la Biblioteca Nacional. En algunas partes apenas hace sentido, y parece que faltan palabras. De ella proceden las dos ediciones que se han hecho de esta novela, la primera por D. Manuel Murguía en su no terminado _Diccionario de escritores gollegos_ (Vigo, 1862) y la segunda por D. Antonio Paz y Meliá en su excelente colección de las _Obras de Juan Rodríguez de la Cámara (ó del Padrón)_, impresa en 1884 por la Sociedad de Bibliófilos Españoles.
[456] Esta entretenida narración, que se halla en un códice de la Biblioteca Nacional, y que á juzgar por su principio debió de formar parte de una colección de biografías ó cuentos de trovadores, en que también se hablaba de Garci Sánchez de Badajoz, fué publicada por D. Pedro José Pidal en la _Revista de Madrid_ (noviembre de 1839), reproducida en las notas del _Cancionero de Baena_ y últimamente en los apéndices de las _Obras de Juan Rodríguez del Padrón_.
[457] _Minorum subiit institutum in patria, ubi, concessis facultatibus cœnobio construendo, vitam duxit religiosissimam. Floruit sub annum 1450_ (_Scriptores Ordinis Minorum_, en el articulo _Fray Juan de Herbón_).
[458] El P. Fidel Fita, S. J., discurre docta é ingeniosamente sobre la topografía y alusiones históricas de la novela de Juan Rodríguez del Padrón, en el capítulo VIII del libro que en colaboración con D. Aureliano Fernández Guerra publicó en 1880, con el título de _Recuerdos de un viaje á Santiago de Galicia_.
[459] Del _Triunfo de las donas_ no se conocen más que dos códices: uno de la biblioteca del Duque de Frías y otro de la Nacional. Las copias de la _Cadira_ abundan más; hay una en el Museo Británico, otra en la Academia de la Historia y otra entre los manuscritos de la Casa de Osuna, agregados hoy á la Nacional. Teniendo presentes la mayor parte de estos textos y notando las variantes, ha publicado ambas obras el Sr. Paz y Meliá, sin olvidarse de añadir la traducción francesa del _Triunfo_, hecha en 1460 por un portugués llamado Fernando de Lucena, en la corte de Felipe el Bueno, Duque de Borgoña. Se conservan dos manuscritos de esta versión (uno de ellos muy lujoso) en la Biblioteca de Bruselas, y Brunet cita una edición de 1530.
[460] Publicada por el Sr. Paz y Meliá en los apéndices de su colección.
[461] En una de estas epístolas apócrifas, la de Troylo á Briseyda, se lee el siguiente pasaje, en verdad muy poético, y que á su discreto editor le ha traído á la memoria una divina escena de _Julieta y Romeo_:
«Miembrate agora de la postrimera noche que tú e yo manimos en uno, e entravan los rayos de la claridat de la luna por la finiestra de la nuestra camara, y quexavaste tú, pensando que era la mañana, y decias con falsa lengua, como en manera de querella: «¡Oh fuegos de la claridat del radiante divino, los quales, haziendo vuestro ordenado curso, vos mostrades y venides en pos de la conturbal hora de las tinieblas! Muevan vos agora a piedad los grandes gemidos y dolorosos sospiros de la mezquina Breçayda, y cesat de mostrar tan ayna la fuerza del vuestro gran poder, dando logar a Bresayda que repose algund tant con Troylos su leal amiga». E dezias tú, Bresayda: «¡Oh quánto me ternia por bienaventurada si agora yo supiese la arte magica, que es la alta sciencia de los magicos, por la qual han poder de hacer del dia noche y de la noche dia por sus sabias palabras y maravillosos sacrificios!... ¿E por qué no es a mí posible de tirar la fuerza al dia» E yo, movido a piedat por las quexas que tú mostrabas, levantéme y salli de la camara, y vi que era la hora de la media noche, quando el mayor sueño tenia amansadas todas las criaturas, y vi el ayre acallantado, y vi ruciadas las fojas de los arboles de la huerta del alcazar del rey mi padre, llamado Ilion, y quedas, que no se movian, de guisa que cosa alguna no obraban de su virtut. E torné a ti y dixete: «Breçayda, no te quexes, que no es el dia como tú piensas». E fueste tú muy alegre con las nuevas que te yo dixe...».
Como Shakespeare conoció las _Historias de Troya_ en la versión de Guillermo Caxton, y tomó de allí el argumento de _Troilus and Cressida_, puede explicarse fácilmente la analogía de ambos pasajes.
[462] D. Antonio Paz y Meliá, en el tomo de _Opúsculos literarios de los siglos XIV á XVI_, dado á luz por la Sociedad de Bibliófilos Españoles en 1892. Esta edición va ajustada al único códice de la _Sátira_ que se conoce, y es el de la Biblioteca Nacional de Madrid, copiado en Cataluña dos años después de la muerte del Condestable, según consta en la suscripción final: «_Fon acabad lo present libre a X de May any 1468 de ma den Cristofol Bosch librater_».
La dedicatoria tiene este encabezamiento: «Siguese la epístola a la muy famosa, muy excellente Princesa, muy devota, muy virtuosa e perfecta señora doña Isabel, por la deifica mano Reyna de Portugal, gran señora en las Libianas partes, embiada por el su en obediencia menor hermano e en desseo perpetuo mayor servidor».
[463] Para encarecer su desesperación amatoria se vale de palabras del _Libro de Job_. «¡Maldito sea el dia en que primero amé, la noche que velando, sin recelar la temedera muerte, puse el firme sello a mi infinito querer e iuré mi servidumbre ser fasta el fin de mis dias! No se recuerde Dios dél e quede enfuscado e escuro syn toda lumbre. Sea lleno de muerte e de mal andanza. Aquella noche tenebrosa, turbiones, relampagos, lluvias con terrible tempestad acompañen. Aquel dia no sea contado en los dias del año; no se nombre en los meses. Sea aquella noche sola e de toda maldicion digna... ¿Para qué fue a hombre tan infortunado luz dada, sino escuridad e tinieblas? ¿Para qué al que vive en toda pena e tormento vida le fue dada, sino que fuera como que no fuera, del vientre salido, metido en la tumba?»
[464] Véase, por ejemplo, la jerigonza con que acaba el libro:
«Fenescida (la _Sátira_) quando Delfico declinaba del cerco meridiano a la cauda del dragon llegado, e la muy esclarecida Virgen Latona en aquel mismo punto sin ladeza al encuentro venida, la serenidad del su fermoso hermano sufuscaba; la volante aguila con el tornado pico rasgaba las propias carnes e la corneia muy alto gridaba fuera del usado son; gotas de pluvia sangrientas moiaban las verdes yerbas; Euro e Zefiro, entrados en las concavidades de nuestra madre, queriendo sortir, sin fallar salida, la fazian temblar; e yo, sin ventura, padesciente, la desnuda e bicortante espada en la mi diestra miraba, titubando con dudoso pensamiento e demudada cara si era mejor prestamente morir o asperar la dubdosa respuesta me dar consuelo».
[465] Trozo agradable, por ejemplo, es el siguiente:
«Assi caminava, semblando a aquellos que pasando los Alpes, el terrible frio de la nieve e agudo viento dan fin a sus dolorosas vidas; que asi pegados en las sillas, helados del frio, siguen su viaje fasta que de aquéllas, no con querer o desquerer suyo, son apartados e dados a la fria tierra. Tal parecia como los navegantes por la mar de las Serenas, que, oindo el dulce e melodioso canto de aquéllas, desamparado todo el gobierno de sus naos, embriagados e adormescidos, alli fallan la su postrimería...».
El retrato de la dama tiene también algunos toques graciosos, mezclados con otros de muy mal gusto.
[466] _Die alten Liederbücher der Portugiesen oder Beiträge zur geschichte der portugiesischen Poesie vom dreizenhnten bis zum Aufang des sechzehnten Jahrhunderts Berlin; bei Ferdinand Dümmter. 1840_, Pp. 29-31.
[467] _Homenaje á Menéndez y Pelayo en el año vigésimo de su profesorado. Estudios de erudición española_... Madrid, 1899, pp. 637-732.
[468] Varias de ellas existen en un códice de la biblioteca de la Universidad de Valencia, procedente de la Mayansiana, y cuyo índice publicó ya Ximeno (_Escritores del Reyno de Valencia_, I, 63). Otras en el _Jardinets d' Orats_ de la Biblioteca Universitaria de Barcelona, publicado sólo en parte, y muy incorrectamente, por Pelayo Briz.
[469] _Jardinet d' Orats, manuscrit del segle XV (fragment) publicat per Francesch Pelay Briz_ (Barcelona, 1869), pp. 117-120.
[470] Pudiera sospecharse que fué de origen judío, si es que á él se refieren estas anécdotas que trae D. Luis Zapata en su _Miscelánea_ (pág. 395):
«Al _que trobó la Pasion_ dijeron, y no sin causa, que lo habia dicho tan bien como testigo de vista. Este prometio a otro de su jaez que haria cierta cosa, y añadio que le daba su fe y palabra de ello. Tardabase en cumplir la promesa, y dijo el otro: «Señor, hacedlo, pues me distes vuestra fe de hacello». «Señor (dijo aquél), yo no puedo agora, y si os di mi fe, fue para remendar la vuestra». Estaba alli otro hombre honrado, y por ponerlos en paz dijo: «Bien está, señores, que como sois ambos de un paño, no se parecerá el remiendo».