Orígenes de la novela, Tomo I

Part 28

Chapter 283,623 wordsPublic domain

...e o mui namorado Tristan sei ben que non amou Iseu Quant'eu vos amo, esto certo sei eu.

Su escribano, ó secretario de la poridad, Esteban de la Guarda, hablaba de la muerte de Merlín y de las grandes voces que dió al sentirse encantado:

A tal morte de qual morreu Merlin, O dara voces fazendo sa fin...

Gonzalo Eannes de Vinhal habla de los cantares de Cornoalha.

Pero nada de esto importa tanto como la existencia de cinco composiciones líricas, de cinco _Lays de Bretanha_, con los cuales se abre uno de los dos grandes cancioneros galaico-portugueses de Roma: el apellidado _Colocci-Brancuti_, por los nombres de sus poseedores, antiguo y moderno[270]. Tres de estos _lays_ son traducciones libres del francés, como ha probado con admirable pericia crítica y filológica Carolina Michaëlis de Vasconcellos[271]; en los otros dos puede afirmarse igual origen, aunque la imitación no sea tan directa. Trátase de dos sencillas _baladas_ (canciones de baile), que, á no ser por las rúbricas que las acompañan, no se distinguirían mucho de otras poesías semipopulares del mismo género que en gran número figuran en los cancioneros gallegos. Pero la primera, puesta en boca de cuatro doncellas que la cantaban para burlarse de Marot de Irlanda (el raptor _Morhout_, vencido por _Tristán_), se dice expresamente que fué «_tornada em lenguagem_ (esto es, en portugués) _palavra por palavra_:

O Marot aja mal grado, Porque nos aqui cantando Andamos tan segurando A tan gran sabor andando! Mal grado aja! que cantamos E que tan en paz dançamos...

La antigüedad de este lai debe de ser grande, puesto que el compilador del cancionero portugués dice: «_esta cantiga é a primeira que achamos que foi feita_. La otra balada, que comienza:

Ledas sejamos ogemais! E dancemos! Pois nos chegou E o Deos con nosco jontou, Cantemos-lhe aqueste lais!

y tiene por estribillo:

«Ca este escudo é do melhor Omen que fez Nostro Senhor»,

se refiere á la historia de Lanzarote y Ginebra: «Este lai hicieron las doncellas á don Ansaroth (sic) cuando estaba en la isla de la Alegría; cuando la reina Ginebra le halló con la hija del rey Peles y le prohibió que volviese á comparecer delante de ella».

De los otros tres _lais_ existen los originales franceses en varios manuscritos del _Tristán_, pero se ve que en todos ellos el traductor procedió con gran libertad, amplificando unas veces, abreviando otras, cambiando los versos de nueve sílabas en versos de ocho y amoldando las estrofas al tipo lírico de los trovadores peninsulares. Estos lais se ponen en boca del mismo Tristán: «_Don Tristan o Namorado fez esta cantiga:»--Este lais fez Elis o Baço, que foi duc de Sansonha, quando passou aa Gran Bretanha, que ora chaman Inglaterra. E passou la no tempo de rei Artur, pera se combater con Tristan, porque lhe matara o padre en ūa batalha. E andando un día en su busca, foi pela Joyosa-Guarda u era a Rainha Iseu de Cornoalha. E viu a tan fremosa que adur lhe poderia omen no mundo achar par. Enamorouse enton d'ela e fez por ela este lais»._

El haber sido traducidos dentro del siglo XIII[272] estos poemitas líricos, que apenas podían ser comprendidos sin la lectura de las novelas en prosa, donde fueron primitivamente intercalados, prueba hasta qué punto era familiar á los trovadores gallegos y portugueses la _materia de Bretaña_. Por otro camino lo comprueban las tradiciones que el conde D. Pedro de Barcelos, hijo bastardo del rey D. Dionis, de Portugal, recogió á mediados del siglo XIV en su famoso _Nobiliario_, que pasa comúnmente por el más antiguo de la Península, si bien fué precedido por otros dos más breves, y también portugueses: el llamado _Libro Velho_ y el fragmento que anda unido al _Cancioneiro de Ajuda_[273].

El libro de D. Pedro, como todos los nobiliarios, ha llegado á nosotros estragadísimo; aun en el famoso códice de la Torre do Tombo, que no es más que de principios del siglo XVI. Herculano llega á decir que el _Libro de Linajes_, en su estado actual, tiene tanto del conde D. Pedro como de diez ó veinte sujetos diversos, de cuyos nombres se duda, y que en varias épocas le enmendaron, acrecentando y disminuyendo, para servir intereses y vanidades de las familias[274]. Pero esta falsificación interesada de nombres y apellidos no es verosímil que trascendiese ni á las importantes y características anécdotas históricas que el _Nobiliario_ contiene, y que arrojan inesperada y siniestra luz sobre la vida doméstica de los tiempos medios, ni á las consejas fabulosas que son harto poéticas para haber nacido de la pedestre y mercenaria musa heráldica. Hay algunas leyendas que parecen indígenas, y son acaso páginas preciosas del _folk-lore_ peninsular. Dos de ellas, la de _la dama pie de cabra_ y la de _la mujer marina_, localizadas una y otra en el Norte de España, son de carácter fantástico y guardan acaso vestigios de supersticiones antiquísimas. Trae la primera el conde D. Pedro, al tratar del origen de los señores de Vizcaya; la segunda en la genealogía de los caballeros Mariños de Galicia.

Todo el mundo conoce la primera en la forma elegante y romántica que la dió Alejandro Herculano. Los elementos de esta fábula son simplicísimos, y no es difícil encontrarle paradigmas en otras historias de demonios íncubos y de caballos alados. Si la fantasía popular localizó tales prodigios en Vasconia, es porque se la consideraba como tierra clásica de brujerías, y lo era aún á principios del siglo XVII, aunque más bien allende que aquende los puertos. Muy semejante á esta leyenda, pero menos desarrollada y sin intervención diabólica, es la de la sirena ó doncella marina. Otras narraciones del _Libro de Linajes_ tienen carácter marcadamente épico. Anterior al libro del Conde, puesto que se halla contenida ya, aunque más sucintamente, en el segundo de los fragmentos de nobiliarios primitivos, que publicó Herculano[275], es la leyenda del rey D. Ramiro II y de la infanta mora, que se enlaza con la topografía y los orígenes de la ciudad de Oporto, aunque la acción se suponga en tiempos muy anteriores á la separación del Condado portugués. Esta sabrosa historia conserva todavía rastros de forma poética, y pudo muy bien servir de argumento á un cantar de gesta.

El conde D. Pedro, cuya expresiva y pintoresca prosa parece una feliz imitación del estilo de las obras históricas de D. Alfonso el Sabio, imitó también sus procedimientos de compilación, transcribiendo íntegros los relatos que tenía á la vista. Sus noticias sobre el ciclo bretón (en el título II del _Nobiliario_) están tomadas de la _Historia Britonum_, de Monmouth. Traza la genealogía del rey Artús; hace mención de _Lanzarote del Lago_, de _Galván_, de _Merlín_ y de la isla de _Avalón_, y cuenta rápidamente la historia del rey Lear; todo según la misma fuente erudita:

«Cuando hubo muerto el rey Balduc el Volador, reinó su hijo, que tenía por nombre Leyr. Y este rey Leyr nunca tuvo hijo, pero sí tres hijas hermosas á maravilla, y las amaba mucho. Y un día tuvo sus razones con ellas y las mandó que dijesen con verdad cuál de ellas le amaba más. Dijo la mayor, que no había cosa en el mundo que tanto amase como á él, y dijo la otra, que le amaba tanto como á sí misma, y dijo la menor, que le amaba tanto como debe amar hija á su padre. Y él quísola mal por esto y determinó no darla parte en el reino. Y casó la hija mayor con el duque de Cornualla, y casó la otra con el rey de Tortia, y no se curó de la menor. Mas ella, por su ventura, casóse mejor que ninguna de las otras, porque se prendó de ella el rey de Francia y la tomó por mujer. Y cuando su padre llegó á la vejez, tomáronle los otros yernos su tierra y hallóse malandante, y hubo de ponerse á merced del rey de Francia y de su hija la menor, á la cual no había querido dar parte en el reino. Y ellos recibiéronle muy bien y diéronle todas las cosas que le fueron menester, y le honraron mientras vivió, y murió en su casa. Y después combatió el rey de Francia con ambos cuñados de su mujer y quitóles la tierra. Y murió el rey de Francia sin dejar hijo vivo, y los otros dos á quien quitara la tierra hubieron sendos hijos y apoderáronse de la tierra toda, y prendieron á la tía, mujer que fuera del rey de Francia, y metiéronla en una cárcel y allí la hicieron morir»[276].

De este modo se contaba en Portugal á mediados del siglo XIV uno de los futuros argumentos de Shakespeare. Tal interés alcanza en la historia literaria el _Libro de Linajes_, del conde Barcellos, por lo mismo que con tanta cautela debe ser manejado en la parte genealógica, á pesar del respeto que por su antigüedad infunde á muchos. Tan lleno está de patrañas y tan falto de cronología y discernimiento como casi todos los de su clase; pero estas patrañas tienen aquí un sello poético, una rudeza primitiva, un bárbaro candor que es indicio de muy nobles orígenes, y que no puede confundirse con las estúpidas fábulas forjadas para solaz de los necios por la raquítica fantasía de _Gracia Dei_ y otros reyes de armas. Al recoger como verdadera historia tantas reliquias novelísticas, cediendo sin duda á su propensión á lo maravilloso, prestó el bastardo de don Diniz mayor servicio á la Península que con sus interminables, fatigosas y poco seguras listas de apellidos. Él pensaba, sin duda, haber hecho una obra histórica, según el tono solemne que emplea en el proemio: «Por ende, yo D. Pedro, hijo del muy noble rey D. Diniz, busqué con gran trabajo por muchas tierras escrituras que hablasen de los linajes; y leyéndolas con grande estudio, compuse este libro para poner amor y amistad entre los nobles fidalgos de España».

Á fines del siglo XIV y principios del XV acrecentóse en Portugal el entusiasmo por la caballería de la Tabla Redonda, especialmente en la corte de don Juan I, á causa de la estrecha alianza de aquel monarca con los ingleses y su casamiento con doña Felipa de Lancaster. Fué moda cortesana el tomar por dechados á los paladines del rey Ártús y hasta el adoptar sus nombres. El mismo condestable Nuño Álvarez Pereira, cuya pureza moral igualaba á su heroica resolución, había elegido por modelo al inmaculado Galaaz, conquistador del Santo Grial. El _Ala de los Enamorados_, que combatió en la batalla de Aljubarrota; la orden de los caballeros de la _Madreselva_, reminiscencia de uno de los _lays_ de María de Francia; la aventura caballeresca de Magricio y los doce de Inglaterra, que inmortalizó Camoens en uno de los más bellos episodios de su poema; y hasta los elementos del Tristán que pasaron á la leyenda histórica de doña Inés de Castro, son pruebas convincentes de esta influencia social. Todavía lo es más la abundancia de nombres de este ciclo entre los hidalgos portugueses, especialmente después de 1385. Se encuentran una doña Iseo Perestrello, otra doña Iseo Pacheco de Lima. No faltan los nombres de Ginebra y Viviana, y hay, sobre todo, gran cosecha de Tristanes y Lanzarotes: _Tristán_ Teixeira, _Tristán_ Fogaça, _Tristán_ de Silva, _Lanzarote_ Teixeira, _Lanzarote_ de Mello, _Lanzarote_ de Seixas, _Lanzarote_ Fuas, sin que falte un _Percival_ Machado y varios _Arturos_, de Brito, de Acuña, etc.[277]. Por supuesto que en las bibliotecas de los príncipes nunca faltaban ejemplares de las codiciadas novelas. El rey don Duarte poseía un _Tristán_, un _Merlín_ y el _Libro_ de _Galaaz_ (núms. 29, 30 y 36 de su inventario).

Nada diré de la hipótesis probable, pero no comprobada hasta ahora, de un _Tristán_ portugués del siglo XIII, en el cual estuviesen intercalados los _lays_ que ahora vemos sueltos en el _Cancionero_. Pero del siglo XIV poseemos, aunque incompleta, una _Historia dos caballeiros da mesa redonda e da demanda do Santo Graal_, que según Gastón París corresponde á la _Quête du Saint Graal_, cuyo protagonista es Galaaz, y que se ha atribuido sin fundamento á Roberto de Boron. Habiéndose perdido el texto original francés de este libro en prosa, tiene más valor la traducción portuguesa, que Varnhagen encontró en la Biblioteca de Viena y ha sido impresa después[278]. Es, según la descripción de aquel benemérito aunque ligero aficionado, un voluminoso códice de 199 folios en pergamino, escritos á dos columnas, y parece haber figurado como tercer tomo en una vasta compilación cíclica que abrazaría otros poemas análogos. Los caballeros de cuyos nombres se trata en la parte conservada son: Galaaz, Tristán, Erec, Perceval, Palamedes y Lanzarote.

Ignórase el paradero actual de otro manuscrito de este género que vió Varnhagen en Lisboa por los años de 1846[279]. Era copia hecha en el siglo XV de un códice datado de 1307 á 1313: _Libro de Josep ab Arimatia intitulado a primera parte da Demāda do Sāto Grial ata a presēte idade nunca vista treladado do proprio original por ho Doutor Manuel Avēz, corregedor da Ilha de Sā Miguel_. Al fin del códice original escrito en pergamino é iluminado constaba que le había mandado escribir Juan Sánchez, maestrescuela de Astorga, en el quinto año de la erección del estudio de Coimbra.

Mencionaremos finalmente la _Estoria do muy nobre Vespasiano, emperador de Roma_ (Lisboa, por Valentino de Moravia, 1496), que no sabemos si es original ó traducción del libro castellano del mismo título, reduciéndose uno y otro á combinar los datos del _Josep de Arimatea_ (primera parte del Graal) con el Evangelio apócrifo de Nicodemus[280]. Ni siquiera el Renacimiento clásico del siglo XVI bastó á borrar la devoción de los portugueses á este ciclo, como lo prueban las dos novelas de Jorge Ferreira de Vasconcellos, _Triunfos de Sagramor_ y _Memorial das proezas da segunda Tavola Redonda_, impresas respectivamente en 1554 y 1569. En una y otra se intercalan muchos versos, entre ellos un _romance de la batalha que el Rei Artur teve con Morderet seu filho_[281]. ¿Y qué son las mismas trovas del zapatero Bandarra, extraño apocalipsis de los sebastianistas, sino una supervivencia de las de Merlín?

Hemos indicado que eran rarísimas antes del siglo XIV las alusiones á este ciclo en la literatura castellana. La más antigua que hasta ahora se ha señalado es esta de los _Anales Toledanos primeros_, que llegan hasta el año 1217: «Lidió el rey Citús (Artús) con Mordret en Camlec (Camlan) era 1080»[282]. Estas ficciones eran conocidas entre los eruditos por la crónica latina de Monmouth, de la cual tomó el Rey Sabio la leyenda de Bruto para su _Grande et General Estoria_[283]. En la _Gran Conquista de Ultramar_ se cita de pasada _La Tabla Redonda, que fué en tiempo del rey Artús_, y algunos de los cuentos allí incluíidos tienen mucha analogía con los de este ciclo, especialmente el del Caballero del Cisne, que en el _Lohengrin_ alemán vino á enlazarse con el _Perceval_.

Sabida es la reminiscencia del Arcipreste de Hita en la _Cantiga de los clérigos de Talavera_, escrita en 1343:

Ca nunca fue tan leal Blancaflor á Flores, Nin es agora _Tristan_ con todos sus amores.

Don Juan Manuel, en el _Libro de la Caza_ (escrito antes de 1325), menciona un falcón célebre que llamaban _Lanzarote_[284], y otro que decían _Galrán_, y había pertenecido al infante D. Enrique (el famoso aventurero, conocido por el _Senador de Roma_, hermano de Alfonso X). En el _Poema de Alfonso XI_, de Rodrigo Yáñez, cuya primitiva redacción parece haber sido gallega, se nombra entre los instrumentos que tañían los juglares en la coronación del Rey en Burgos _la farpa de don Tristán_ (copla 405), y en dos ocasiones distintas se hace aplicación de las profecías de Merlín á los acontecimientos de Castilla. La primera vez al contar el suplicio de D. Juan el Tuerto (coplas 242-246):

En Toro conplio ssu fin E derramó la ssu gente; Aquesto dixo Melrrin, El profeta de Oriente. Dixo: «el leon de Espanna De ssangre fará camino, Matará el lobo de la montanna Dentro en la fuente del uino». Non lo quiso más declarar Melrrin el de gran ssaber, Yo lo quiero apaladinar, Commo lo puedan entender. El leon de la Espanna Fue el buen rey ciertamente,

El lobo de la montanna Fue don Johan el ssu pariente. E el rey quando era ninno Mató á don Johan el tuerto, Toro es la fuente del vino A do don Johan fue muerto.

La otra profecía, que alude á la invasión de los Benimerines y á la victoria de los reyes de Castilla y Portugal en el Salado, es mucho más larga (coplas 1808-1841), y el poeta dice haberla traducido, pero no de qué lengua; probablemente es invención suya, á imitación de las que se leen en el libro 7.º de la historia de Jofre de Monmouth.

Merlin fabló d'Espanna E dixo esta profecía, Estando en la Bretanna A un maestro que y avia. Don Anton era llamado Este maestro que vos digo, Sabidor y letrado, De don Merlín mucho amigo... La profecía conté E torné en desir llano, Yo Ruy Yannes la noté En lenguaje castellano...

Hasta en los moros de Granada habríamos de suponer conocimiento de los vaticinios del adivino céltico, si hubiéramos de tener por auténtica la «carta que el moro de Granada sabidor que decían _Benahatin_ (¿Ben Aljatib?) envió al rey D. Pedro» y que leemos en la _Crónica_ de Ayala (año 1369, cap. III). ¡Cuánto crece en la fantasía el prestigio pavoroso de la catástrofe de Montiel, con aquella especie de fatalidad trágica que se cierne sobre la cabeza de D. Pedro hasta mostrar cumplida en su persona la terrible profecía «que fue fallada entre los libros é profecías que dicen que fizo Merlin» y sometida por el Rey á la interpretación del sabio moro! «En las partidas de occidente, entre los montes é la mar, nascerá un ave negra, comedora é robadora, é tal que todos los panares del mundo querrá acoger en sí, é todo el oro del mundo querrá poner en su estómago. E caérsele han las alas, é secársele han las plumas, é andará de puerta en puerta, é ninguno le querrá acoger, é encerrar ha en selva, é morirá y dos veces, una al mundo é otra ante Dios».

El mismo canciller Ayala, que probablemente forjó, para insinuar su propio pensamiento político, esta sentenciosa carta, así como la otra _de muchos exemplos é castigos_, que atribuye al mismo Benahatín, se duele en su _confesión_, inserta en el _Rimado de Palacio_, de haber perdido mucho tiempo en la lectura de libros profanos, contando entre ellos el _Amadís_ y el _Lanzarote_:

Plogóme otrosi oyr muchas vegadas Libros de deuaneos é mentiras probadas, Amadis, _Lanzalote_ é burlas assacadas, En que perdí mi tiempo á muy malas jornadas.

(Copla 162)

Citan de continuo este género de libros los poetas del _Cancionero de Baena_, comenzando por Pero Ferrús, que es de los más antiguos:

Nunca fue Rrey _Lysuarte_ De rriquesas tan bastado Como yo, nin tan pagado Fué Rroldan con Durandarte... ................................... E qual quier que á mi dixiere Que _Ginebra_ nin _Isseo_ Fueron tales é quisyere. Presto sso para el torneo

(Núm. 301).

decía ponderando la belleza de su amiga. Y contestando á Ayala que se mostraba descontento de la vida de la sierra:

Rey Artur é don Galás, Don Lançarote é Tristán, Carrlos Magno, don Rroldan, Otros muy nobles asaz, Por las tales asperezas Non menguaron sus proezas, Según en los libros yas.

(Núm. 305).

Fray Migir, de la orden de San Jerónimo, capellán del obispo de Segovia D. Juan de Tordesillas, llorando la muerte del rey D. Enrique III, hacía pedantesca enumeración de personajes históricos y fabulosos, entre ellos

Eneas é Apolo, Amadys aprés, _Tristán é Galás_, _Lançarote de Lago_, E otros aquestos, dezit me qual drago Tragó todos estos ó dellos qué es?

(Núm. 38).

Micer Francisco Imperial, el introductor de la alegoría dantesca en nuestro Parnaso, cantaba en 1405 el nacimiento de D. Juan II en un largo y artificioso _decir_, deseando al infante, entre otras venturas,

Todos los amores que ovieron Archiles, París é Troylos de los sus señores, _Tristán_, _Lançarote_, de las muy gentiles Sus enamoradas é muy de valores; El é su muger ayan mayores Que los de _París_ é los de _Vyana_, E de _Amadis_ é los de _Oryana_, E que los de _Blancaflor_ é _Flores_.

E más que _Tristán_ sea sabidor De farpa, é cante más amoroso Que la Serena...

(Núm. 226)

Un _decir_ del comendador Ferrant Sánchez Talavera contra el Amor recuerda, después de los sabidos ejemplos de Virgilio y Sansón, el de Merlín y los caballeros del Santo Grial:

Onde se cuenta qu'el sabio _Merlyn_ Mostró á una dueña atanto saber, Fasta que en la tumba le fyzo aver fyn Que quanto había nol'pudo valer...

En la _demanda de Santo Greal_ Se lee de muchos que anduvieron Grant cuyta sufriendo, asás mucho mal, E nunca de ty jamás al ovieron. Muchos cavalleros e dueñas murieron, Tan bien esso mesmo fermosas donzellas; Non digo quien eran ellos nin ellas, Que por sus estorias sabrás quales fueron.

(Núm. 533).

No haremos especial mención de las compilaciones traducidas del francés, como el _Mar de historias_, que lleva el nombre de Fernán Pérez de Guzmán; pero es imposible omitir el delicioso _Victorial_ de Gutierre Díez de Gámez, que Llaguno mutiló impíamente al publicarle con el impropio título de _Crónica de don Pero Niño_. En la parte que conservó están, sin embargo, los consejos que daba á don Pero Niño su ayo, y en ellos un pasaje curiosísimo sobre Merlín: «Guardadvos non creades falsas profecías, nin ayades fiucia en ellas, así como son las de Merlin, é otras; que verdad vos digo, que estas cosas fueron engeniadas é sacadas por sotiles omes é cavilosos para privar é alcanzar con los Reyes é grandes señores... É si bien paras mientes, _como viene Rey nuevo, luego facen Merlin nuevo_: dicen que aquel Rey ha de pasar la mar, é destroir toda la morisma, é ganar la Casa Sancta, é ser Emperador; é despues vemos que se face como á Dios place... Merlin fue un buen ome, é muy sabio. Non fue fijo del diablo, como algunos dicen; ca el diablo, que es esprito, non puede engendrar; provocar puede cosas que sean de pecado, ca esse es su oficio. Él es sustancia incorporea; non puede engendrar corporea. Mas Merlin, con la grand sabiduría que aprendió, quiso saber más de lo que le cumplia, é fue engañado por el diablo, é mostrole muchas cosas que dixesse; é algunas dellas salieron verdad: ca esta es manera del diablo, é aun de cualquier que sabe engañar, lanzar delante alguna verdad, porque sea creido... Asi en aquella parte de Inglaterra dixo algunas cosas que fallaron en ellas algo que fue verdad; mas en otras muchas fallesció; é algunos que agora algunas cosas quieren decir, componenlas é dicen que las falló Merlín»[285].