Obras dramáticas de Eurípides (2 de 3)
Part 20
Ea, pues, olvidemos ya los ritos de los hijos de Pélope; puro está nuestro palacio, pues Menelao no expiró en él. Anuncíese a mis sátrapas que me traigan presentes nupciales; conviene que en todo mi reino resuenen faustos epitalamios por mi himeneo con Helena, y que celebre mi dicha. Vete, extranjero, y cuando abandonares en los brazos de la mar al primer esposo de esta, vuelve pronto a mi palacio con Helena para solemnizar mis bodas, ya regreses luego a tu patria, ya prefieras quedarte con nosotros y ser feliz. (_Retírase_).
MENELAO
¡Oh Zeus!, llamado padre y dios sabio, míranos y líbranos de nuestros males, y ayúdanos diligente, ya que hasta ahora arrastro penosa cadena de males. Basta que nos toque tu dedo, y alcanzaremos la dicha que deseamos. Innumerables trabajos hemos sufrido ya. Muchas veces, ¡oh dioses!, os he invocado en vano para que os compadezcáis de mis miserias; no siempre he de ser desdichado; concededme al fin próspera fortuna. Acceded ahora a mis ruegos, y seré después feliz. (_Vase con Helena_).
EL CORO
_Estrofa 1.ª_ — Veloz nave fenicia de Sidón, que cortas las ondas mugidoras,[375] amada de los remeros, y precedes danzando a los graciosos coros de los delfines, cuando los vientos no agitan las olas; que Galanea,[376] la azulada hija del Ponto, diga así: «Tended las velas a las marinas brisas, y empuñad los remos de abeto, ¡oh marineros!, y llevad a Helena a los puertos de Perseo».[377]
_Antístrofa 1.ª_ — (_A Helena_). Cerca de la corriente del río[378] hallarás a las doncellas Leucípides,[379] o ante el templo de Atenea, mezclándote al fin, aunque tarde, en los coros o en las fiestas nocturnas de Jacinto,[380] muerto a manos de Apolo cuando intentó llegar a la meta con el disco, origen de las fiestas anuales que fundó entonces en la Laconia el hijo de Zeus. Y casarás a la tierna doncella[381] que dejaste en su casa ... pues todavía no han lucido en su honor las antorchas.
_Estrofa 2.ª_ — ¡Ojalá que aladas cortáramos los aires, formando escuadrón como las aves líbicas,[382] cuando emigran huyendo del invierno, obedientes a la voz de su capitán, resonando a su paso por los campos áridos y los llenos de frutos! ¡Oh aves de largo cuello, que rivalizáis con las nubes, llegad hasta las Pléyades y el nocturno Orión, y anunciad, deteniéndoos en la orilla del Eurotas, que Menelao, después de tomar a la ciudad de Dárdano, volverá a su patria!
_Antístrofa 2.ª_ — Surcando el aire de vuestro carro, venid al fin, hijas de Tindáreo, que habitáis en el cielo bajo los torbellinos de los brillantes astros, y velad por Helena en el mar azulado, y en sus olas espumosas y cerúleas, enviando desde vuestra morada vientos propicios a los navegantes; no consentid que llene a vuestra hermana de ignominia su bárbaro himeneo, resultado de la contienda del Ida, causa para ella de graves penas, aunque nunca haya pisado las torres febeas[383] del Ilión.
EL MENSAJERO
¡Oh rey!, muy oportunamente te encuentro en tu palacio; pronto oirás males inesperados.
TEOCLÍMENO
¿Qué hay?
EL MENSAJERO
Busca otra mujer, que Helena desapareció ya de aquí.
TEOCLÍMENO
¿Volando, u hollando la tierra?
EL MENSAJERO
Menelao, el mismo que se presentó a anunciarte su propia muerte, se la llevó en la nave.
TEOCLÍMENO
¿Qué prodigio cuentas? ¿Pero cúyo era el bajel en que huyeron? Increíble es lo que dices.
EL MENSAJERO
El mismo que cediste al extranjero. En una palabra, se escapó con tus marinos.
TEOCLÍMENO
¿Cómo? Deseo saberlo. No puedo creer que uno solo haya vencido a tantos como te acompañaban.
EL MENSAJERO
Después que la hija de Zeus se encaminó desde este palacio a la orilla del mar, astuta, andaba con molicie, y gemía al lado de su esposo, no en verdad muerto. Cuando llegamos a la cerca en que se guardan tus naves, sacamos a la mar un bello buque sidonio, que contaba cincuenta remos con sus bancos. Todos trabajaban a porfía: uno preparaba el mástil, otro ponía el remo al alcance de su mano, estos desataban las blancas velas, aquellos soltaban las riendas del timón. Mientras nos afanábamos así, ciertos griegos, compañeros de viaje de Menelao, que nos esperaban, se acercaron a la orilla, vestidos como náufragos y de escuálido aspecto, al menos en la apariencia. Cuando los vio el hijo de Atreo, les habló así, fingiendo dolor engañoso: «¡Oh desdichados!, ¿en qué lancha os salvasteis? ¿Qué nave griega os trajo? ¿Queréis acompañarnos a celebrar los funerales del difunto Atrida, al cual, aunque ausente, tributa los últimos honores la hija de Tindáreo, que aquí veis?». Ellos, derramando falsas lágrimas, entraron en la nave, ofreciendo a Menelao las libaciones que él mismo hacía a la mar. Mas nosotros empezábamos ya a desconfiar y hablábamos unos con otros, viendo la multitud que llenaba el buque, y callábamos, sin embargo, obedientes a tus órdenes insensatas, pues habías mandado que el extranjero manejase el timón. Ya todo estaba pronto, no con mucho trabajo, y solo faltaba que el toro salvase el tablado por donde se entraba en la nave; mugía, revolviendo los ojos a todas partes, y bajaba la cabeza y nos miraba, sin permitir que nos acercásemos. Entonces exclamó el marido de Helena: «Vosotros los que derribasteis a Troya, ¿no cargaréis al toro en vuestros hombros, como los griegos acostumbran, y lo arrojaréis a la proa, y mi cuchilla, ya pronta, herirá la víctima, que se ha de inmolar al muerto?». Ellos, dóciles a su mandato, se apoderaron de él y lo llevaron a las tablas de la nave, y Menelao, acariciando su cuello y su frente, sujeta con un solo nudo, lo hizo entrar en ella. Al fin, después que todo estuvo preparado, subió Helena las escalas con sus pies bellos, y tomó asiento en medio de la nave, y junto a ella Menelao, el que se decía difunto. Los griegos, sin separarse unos de otros, formando grupos iguales a la derecha y a la izquierda de ambos, sentáronse también, ocultando sus espadas bajo los vestidos. Al oír la voz del capitán de los remeros, resonaron en la mar nuestros clamores. Cuando estábamos a cierta distancia de la tierra, el piloto que regía el timón hizo esta pregunta: «¿Navegamos más allá, ¡oh extranjero!, o nos quedamos aquí, ya que tú eres nuestro capitán?». Él dijo «Basta», y empuñando la espada en la diestra se encamino a la proa a degollar al toro, aunque sin hacer mención del muerto, y al cortar su cuello, se expresó así: «¡Oh marino Poseidón, que habitas en el salado piélago, y castas hijas de Nereo, de aquí llevadme en salvo, con mi esposa, hasta la costa Nauplia!». Ya la sangre saltaba a borbotones a la mar, feliz presagio de la navegación del extranjero. Alguno exclamó entonces: «Nos engaña, marineros, retrocedamos; tú ordena la maniobra, y tú da vuelta al timón». Pero el hijo de Atreo, así que mató al toro, derecho, en medio de sus compañeros, los exhortó con estas palabras: «¿Por qué titubeáis, ¡oh flor de la Grecia!, en degollar y matar a estos bárbaros y en arrojarlos a la mar?». Tu prefecto entonces, por la otra parte, arengó de esta suerte a los marineros: «¿No habrá quien empuñe un trozo de lanza, quien rompa un banco, ni quien arranque un remo para resistir, como nos sea posible, a estos extranjeros?». Y todos se levantaron, unos con remos y otros con espadas. La sangre corrió por el navío. Helena animaba así a los suyos desde la popa: «¿Qué se hizo de la gloria que ganasteis en Troya? Probad vuestro esfuerzo contra estos bárbaros». Caían unos, que se precipitaban demasiado, otros se levantaban y otros yacían sin vida. Pero Menelao, bien armado, observaba cuándo cedían sus compañeros, y acudía allí, esgrimiendo sus armas hasta echarnos del buque y quitar los remos a tus marineros. Después, apoderándose del timón, dirigió el rumbo hacia la Grecia. Levantaron el mástil, soplaron vientos favorables, y se alejaron de la costa. Yo, por evitar la muerte, me tiré al mar junto al áncora, y me echaron una cuerda desde la orilla, que me salvó, y llegué a tierra para anunciarte lo ocurrido. Nada es tan útil a los hombres como una prudente desconfianza.
EL CORO
Nunca hubiese creído, ¡oh rey!, que Menelao en persona te engañase a ti y a nosotros, como lo ha hecho.
TEOCLÍMENO
¡Desventurado de mí, víctima de artificios mujeriles! Desvaneciéronse mis bodas. Si pudiese salir en persecución de la nave y apoderarme de ella, me consolaría, vengándome pronto de los extranjeros; ahora castigaré a mi hermana, que me ha vendido, y que, viendo a Menelao en mi palacio, no me lo dijo. No volverá a engañar a nadie con sus vaticinios.
EL CORO
¿Adónde te diriges, señor? ¿Vas a derramar sangre?
TEOCLÍMENO
Adonde me lleva la justicia. Pero no me lo impidas.
EL CORO
No soltaré tu vestido: te precipitas en vasto abismo de males.
TEOCLÍMENO
¿Y mandarás a tu señor, siendo su esclavo?
EL CORO
Bien sé lo que digo.
TEOCLÍMENO
No lo creeré, si no me dejas...
EL CORO
Al contrario, no te dejaremos...
TEOCLÍMENO
Matar a mi hermana, malvada si las hay...
EL CORO
Te equivocas; es la más piadosa.
TEOCLÍMENO
Que me vendió...
EL CORO
Traición honrosa en verdad, para que no fueses injusto.
TEOCLÍMENO
Entregando mi esposa a otro...
EL CORO
Que tiene más derecho a ella.
TEOCLÍMENO
¿Quién es dueño de lo mío?
EL CORO
El que la recibió de su padre.
TEOCLÍMENO
Pero la fortuna me la dio.
EL CORO
Y el destino te la quitó.
TEOCLÍMENO
Tú no eres juez de mis asuntos.
EL CORO
Sin duda, si son más sensatas mis palabras.
TEOCLÍMENO
Luego servimos, no mandamos.
EL CORO
Para ser piadoso, no para cometer injusticias.
TEOCLÍMENO
Paréceme que deseas la muerte.
EL CORO
Mata. No consentiré que sacrifiques a tu hermana. Aquí me tienes. Nada glorifica tanto a nobles esclavos como morir por sus dueños.
LOS DIOSCUROS
Refrena, ¡oh Teoclímeno!, rey de este país, la ira que te extravía; somos los gemelos Dioscuros, hijos de Leda y hermanos de Helena, que huyó de tu palacio. Te enfureces al verte obligado a renunciar a un himeneo que no aprobaba el destino; ni Teónoe, tu hermana, la doncella que nació de la diosa nereida, te hizo injuria; adora a los dioses y obedece los justos mandatos de tu padre. Hasta ahora debía Helena residir en tu palacio; pero arruinada Troya y desvaneciéndose su imagen, obra de Hera, ha de unirse otra vez a su primer esposo, y volver a su palacio y habitar en su compañía. Aleja, pues, de tu hermana la negra espada, y no dudes que su conducta ha sido prudente. Ya ha mucho tiempo que protegemos a Helena, desde que Zeus nos hizo dioses; pero cedimos al destino y a las deidades autoras de estos sucesos. Tales son las palabras que te dirigimos. Tú, ¡oh hermana!, navega con tu marido; soplará viento favorable, velarán por ti tus hermanos gemelos y, cabalgando a tu lado en los mares, te llevaremos a tu patria. Y cuando llegues al término de la vida y fallezcas, te llamarán diosa y, con los hijos de Zeus, participarás de los sacrificios: así lo quiere Zeus. Y el lugar en donde te depositó el hijo de Maya, cuando te robó de Esparta, dejando las mansiones celestiales, para que no te llevase Paris, isla que como baluarte se extiende junto al Ática, se llamará Helena en adelante por los hombres,[384] porque te hospedó después de tu rapto. Fatalmente han ordenado también los dioses que Menelao, que tanto ha peregrinado, habitará en las islas Afortunadas. Los dioses no odian a los nobles, y reservan los trabajos para los hombres vulgares, que son innumerables.[385]
TEOCLÍMENO
¡Oh hijos de Leda y de Zeus!; reprimo mi rabia al verme sin vuestra hermana, y no mataré ya a la mía. Que vaya, pues, a su patria, si así place a los dioses. Pero sabed vosotros, unidos a ella por un lazo común de parentesco, que es la mejor y la más casta. Adiós, pues, que noble es su corazón, prenda rara en muchas mujeres.
EL CORO
Varia es la forma sensible con que los dioses nos revelan su voluntad, y muchas veces es contraria a lo que esperábamos; y lo que aguardábamos no sucede, y Dios, sin tener en cuenta nuestros cálculos, resuelve lo que le parece. Así ha sucedido ahora.[386]
FIN DEL TOMO SEGUNDO
ÍNDICE
Páginas. Las Troyanas 5
Heracles furioso 67
Electra 139
Ifigenia en Áulide 211
Ifigenia en Táuride 287
Helena 357
NOTAS
[1] El mar Egeo, hoy el Archipiélago, es un golfo del Mediterráneo entre la costa oriental de la península griega, la occidental del Asia Menor, la Tracia y la isla de Creta. Llamose así por haberse precipitado en sus aguas Egeo, padre de Teseo.
[2] Las cincuenta hijas de Doris y del dios marino Nereo.
[3] Poseidón y Apolo conspiraron contra Zeus, y en castigo fueron expulsados del Olimpo, y trabajaron ambos en la construcción de las murallas de Troya, reinando en ella Laomedonte.
[4] Epeo, hijo de Panopeo, construyó el caballo de madera que los griegos introdujeron en Troya, y fundó después a Metaponto. Odiseo, en la _Odisea_, VIII, ν. 492, dice así: «Prosigue, pues, y canta el caballo de madera, obra de Epeo y de Atenea, lleno de enemigos, que el divino Odiseo llevó astutamente al alcázar troyano».
[5] El texto griego dice δούρειος ἵππος. Sin embargo, aunque δούρειος parezca derivado de δόρο, lanza, en su significación figurada quiere decir bélico o guerrero, puesto que, según leemos en Hesiquio, el caballo de la ciudadela de Atenea se llamaba también δούρειος ἵππος, aunque era de bronce.
[6] Murió a manos de Pirro o Neoptólemo, hijo de Aquiles. Este Zeus Herceo era uno de los penates que se adoraban dentro de las casas, si creemos lo que dice Festo: _Hercius Jupiter intra consemptum domus cujusque colebatur, quem etiam deum penetralem appellabant_. Pirro lo mató al pie del ara por vengar a su padre Aquiles, que cayó herido al pie del altar de Apolo Timbreo.
[7] Hera y Atenea fueron enemigas encarnizadas de los frigios, por vengarse de Paris cuando en su célebre juicio adjudicó a Afrodita la manzana de la Discordia.
[8] Río famoso de la Frigia, que nacía en el monte Ida. Sus fuentes eran dos, una termal y otra fría; desaguaba en el Simois, y juntos desembocaban en el mar Egeo, cerca del promontorio de Sigeo.
[9] Acamante y Demofonte. (V. _Los Heráclidas_, de Eurípides).
[10] Casandra, hija de Príamo y de Hécuba. Apolo fue su enamorado, y le concedió el don de profetizar en premio de sus favores; pero negándose ella a complacerlo, y no pudiendo el dios retractar su promesa, se vengó desacreditándola y haciendo que nadie creyese lo que decía. Ordinariamente tal ha sido la suerte de los profetas.
[11] Casandra se había refugiado en el templo de Palas cuando los griegos tomaron a Troya, acogiéndose a su altar; pero Áyax, el hijo de Oileo, la arrastró por los cabellos, haciéndole sufrir los más indignos ultrajes, sin respetar a la diosa ni su templo. Virgilio, en su _Eneida_, II, 403, dice así:
_Ecce trahebatur passis Priameia virgo_ _Crinibus a tempto Cassandra adytisque Minervæ._
[12] Eubea, hoy Negroponte, isla grande del mar Egeo, frente al Ática, la Beocia, la Lócrida y el país de los melieos, desde el cabo Sunio hasta la Tesalia.
[13] Miconos, Delos, Esciros son islas del mar Egeo. El promontorio Cafereo estaba situado en la costa SE de la Eubea.
[14] Hijo de Tindáreo y de Leda, uno de los Dioscuros. Higino, en la fábula 77, dice así: _Jupiter Lædam Thestii filiam, in cignum conversus, ad flumen Eurotam compressit, et ex eo peperit Pollucem et Helenam, ex Tyndareo autem Castorem et Clytemnestram_.
[15] El Eurotas, ό βασιλιπόταμος, río de la Laconia, que corre hacia el mediodía. Ovidio dice de él, lib. II, _Amor_, eleg. 17:
_Frigidus Eurotas populiferque Padus._
[16] Los reyes y nobles cautivos se cortaban el cabello. Ovidio, _Amor_, I, 14, 15, dice así:
_Nunc tibi captivos mittet Germania crines:_ _Culta triumphatæ munere gentis eris._
Claud. in Eutrop., I, 385, se expresa de esta suerte:
_Militet ac nostris detonsis Sicambria signis._
Sidonio Apol., Epist. VIII, 9, dice también:
_Et sic crinibus ad cutem recisis_ _Decrescit caput, additurque cultus._ _Hic tonso occipite senex Sicamber,_ _Postquam victus es, elictis retrorsum_ _Cervicem ad veterem novos capillos._
[17] De la Ftía, ciudad de la Ftiótide, junto al golfo Maliaco y el río Apídano, patria de Aquiles. Ovidio, lib. 13, _Metamorf._, dice así: _Quis locus Ajaci? Phthiam hæc, Scyrumve ferantur!_
[18] Las esclavas ancianas que ya no servían para trabajos más duros, cuidaban de los niños de sus dueños o servían de porteras.
[19] Las esclavas jóvenes solían traer agua de las fuentes o de los ríos, y ordinariamente dormían con sus dueños.
[20] Persio la llama _fons caballinus_. Nacía en el Acrocorinto o ciudadela de Corinto, y sus aguas eran suavísimas. Estacio, lib. I, _Silv. Carm._, 4, dice así:
_Excludat Pimplæa sitim, nec conscia detur Pirene._
[21] Peneo, río de la Tesalia, que nacía en el Pindo, y por el valle de Tempe desaguaba en el golfo Pagásico. Ovidio, en su _Metamorf._, lib. IV, dice así:
_Vocant Tempe, per quæ Peneus ab imo_ _Effusus Pindo._
Virgilio, en el lib. IV, _Georg._:
_Pastor Aristæus fugiens Peneia Tempe._
[22] La región contigua al Etna.
[23] Nombre de un monte y de un río del Peloponeso, que nace en él, y atravesando la Acaya, desemboca en el golfo de Corinto, cerca de Egas. Hay otro en la Calabria, que nace en los Abruzos y desemboca en el golfo de Tarento, famoso por las virtudes medicinales de sus aguas. El poeta alude a este, porque antes habla del Etna.
[24] Llamábase Dóride un reducido territorio, cuna de los dorios, entre la Fócida, la Lócrida y la Tesalia. Los dorios, siempre en constante lucha con los demás pueblos helénicos, y distintos de ellos por su dialecto, costumbres y gobierno, conquistaron después el Peloponeso, en donde reinaba Menelao. Aludiendo a este último y a su reino, dice Hécuba que ya ella es esclava de la Dóride.
[25] Clitemnestra, hermana de Helena y esposa de Agamenón. Fue hija de Tindáreo y de Leda, reyes de Esparta.
[26] Porque no solo era profetisa, sino sacerdotisa de Apolo.
[27] Como Políxena ha sido sacrificada en el túmulo de Aquiles, y Taltibio se compadece de Hécuba, no quiere aumentar su aflicción, y usa, sin faltar a la verdad, de palabras ambiguas, guardándose de responderle directa y categóricamente.
[28] Andrómaca, esposa de Héctor, era hija de Eetión, rey de Cilicia.
[29] Feliz y eminentemente trágica es esta invención de Eurípides, y quizá el único complemento que faltaba a tan sombrío cuadro. Cuando todas las esclavas lloran su triste suerte porque de libres se hacen esclavas, y abandonan su patria destruida, en donde dejan tantos restos queridos, se presenta delirante la fatídica Casandra y entona su lúgubre profecía, en horrible consonancia con las demás partes del cuadro. Aconsejamos al lector que, así al leer esta como las demás tragedias de Eurípides, se esfuerce en figurarse, no que él lee, sino que asiste a su representación. Nos dará las gracias, y formará de su mérito más acertado juicio.
[30] (V. el _Agamenón_, de Esquilo.) Casandra alude aquí al hacha con que la matará después Clitemnestra, la esposa de Agamenón, a la muerte de este, de Egisto y de su esposa por Orestes y Electra.
[31] El sacrificio de Ifigenia en Áulide, hija de Agamenón y Clitemnestra.
[32] En todo este discurso de Casandra reina cierta filosofía práctica y tan sabia experiencia, tan atinado y sensato juicio, que, en nuestro concepto, es de gran mérito literario.
[33] La famosa Penélope, madre de Telémaco y esposa de Odiseo.
[34] El _Siculum fretum_ o estrecho de Mesina. Caribdis, según la fábula, fue una mujer siciliana que robó los bueyes de Heracles, y en castigo fue transformada por los rayos de Zeus en un abismo horroroso en la costa NE de Sicilia, al SE de Scilla, situada en la costa meridional de Italia.
[35] Polifemo, antropófago y famoso cíclope, hijo de Poseidón y de la ninfa Toosa, rico en ganados, que habitaba en la Sicilia en una cueva inmediata al mar. Cuando Odiseo arribó a su país estuvo a punto de ser devorado con todos sus compañeros, y solo se salvó embriagándolo y cegando su único ojo con una estaca puntiaguda. (V. _El Cíclope_, de Eurípides).
[36] Circe, célebre mágica, hija del Sol y de la ninfa Perseis, que habitaba en la isla de Eea, en Italia, al pie del promontorio de Circe. Transformó en cerdos a los compañeros de Odiseo y lo retuvo mucho tiempo a su lado, inspirándole un amor vehemente. Tuvo de ella un hijo llamado Telégono.
[37] El loto, que crecía en el país de los lotófagos, antiguo pueblo del África occidental, al parecer hacia Trípoli. Los extranjeros que lo comían se olvidaban para siempre de su patria. Se cree que el loto era una especie de azufaifa.
[38] Estos bueyes del Sol, que debían ser sagrados e inviolables para los mortales, fueron devorados por los compañeros de Odiseo durante su sueño, a pesar de la expresa prohibición que tenían de hacerlo. Sus restos, después de asados, se arrastraban por la ribera y daban horribles mugidos. Zeus los castigó suscitándoles en la mar una furiosa tempestad. (V. el cap. XII de la _Odisea_).
[39] Este tinte melancólico que se refleja en las palabras de Hécuba y que aquí parece originado de su aflictiva situación, reina también en la poesía épica griega, cuyos héroes más famosos, como Aquiles, mueren en la flor de sus años, y en la poesía dramática, en la cual el destino envuelve en sus sombríos decretos a los héroes y heroínas más famosos. Hasta en la estatuaria griega se observa, y en sus obras más célebres se nota sin esfuerzo, contribuyendo a llenar el alma de dulce melancolía.
[40] Dardania, de Dárdano, hijo de Zeus y de Electra, hija de Atlas, natural de Samotracia, desde donde pasó a la Teucria, a orillas del Escamandro, poseyendo después todo este territorio y dándole su nombre.
[41] Llamose Pérgamo al alcázar de Troya, en el monte Ida, y a las altísimas murallas que circundaban a aquella ciudad. Virgilio, _Eneid._, III, dice así:
_Pergama, reliquias Danaum atque immitis Achillei._
Marcial, en el lib. XIV, epigram. 51, se expresa así:
_Pergamus has misit, curvo destringere ferro._
[42] Parte de los despojos enemigos se llevaban a los templos de los dioses, así entre los griegos como entre los romanos, _ad perpetuam rei memoriam_, y para animar a los ciudadanos a imitar a los vencedores.
Virgilio, _Eneid._, VII, 183, dice así:
_Multaque præterea sacris in postibus arma,_ _Captivi pendent currus, curvæque secures,_ _Et cristæ capitum et portarum ingentia claustra,_ _Spiculaque, clipeique, ereptaque rostra carini._
[43] El poeta alude al sueño funesto de Hécuba cuando llevaba a Paris en sus entrañas, a la respuesta del oráculo aconsejando a Príamo que lo matase al nacer, y a la ternura de su madre, que por desgracia le salvó la vida encomendándolo a los pastores del Ida. Este himeneo es el de Paris y Helena.
[44] He aquí la diferencia capital que separa a la religión gentílica de la cristiana. Entre ellos la vida era todo, la muerte nada; y entre nosotros, al contrario, la vida es solo breve peregrinación, y la verdadera vida comienza en el sepulcro. Esta sola idea fundamental abre un inmenso abismo entre la antigüedad y la historia cristiana, y caracteriza profunda e indeleblemente a las letras de los idólatras y de los cristianos.
[45] Andrómaca parece una buena esposa, aunque ni la ocasión es muy oportuna para vanagloriarse con sus virtudes, ni sientan bien en sus labios tales alabanzas.
[46] Lo contrario sucede con más frecuencia.