Obras dramáticas de Eurípides (2 de 3)

Part 21

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[47] Acerca de estas palabras de Hécuba solo debemos observar que en vez de dar al auditorio la excusa de que nunca ha visto nave alguna, para hacer la comparación que subsigue, impropia, sin duda, de su aflictiva situación, podía haber suprimido sin obstáculo el exordio y el símil que le sigue. Tampoco se comprende que diga más abajo ἄφθογγός εἰμι, muda estoy, habiendo hablado tanto. En todo caso sería de cansancio, no de horror.

[48] Séneca, _Troades_, 791, dice así:

_... Quid meos retinet sinus_ _Manusque matris?, cassa præsidia ocupas:_ _Fremitu leonis qualis audito tener_ _Timidum juvencus applicat matri latus._

Ahora, como casi siempre, vale más el original que el imitador.

[49] Telamón, hijo de Éaco, rey de Egina, y hermano de Peleo. Huyó de su patria por haber matado a su hermano primogénito con el disco, y se refugió en Salamina, casándose con la hija de su rey Cicreo. Acompañó a Heracles a la conquista de Troya, y en premio le dio aquel héroe a Hesíone por esposa. Fue padre de Áyax y de Teucro.

[50] Salamina era una isla del mar Egeo, en el golfo Sarónico, a cuatro kilómetros del Ática, famosa por la batalla que ganó Temístocles a los persas.

[51] Esta oliva, que se veneró mucho tiempo en Atenas, fue la que hizo brotar Atenea en su disputa con Poseidón, que a su vez creó el caballo de un golpe de su tridente.

[52] Laomedonte, rey de Troya, prometió a Heracles doce de sus mejores caballos si libraba a su hija Hesíone de un monstruo marino que Poseidón había suscitado contra Troya en venganza de la mala fe de su rey, pues este había pactado con él y con Apolo que les daría cierto salario si edificaban las murallas de Troya, y faltó después a su promesa villanamente. Heracles, en efecto, libró a Hesíone de la muerte; pero Laomedonte tampoco cumplió su palabra. El hijo de Alcmena tomó entonces a Troya y mató a Laomedonte y a todos sus hijos, excepto a Príamo, a quien colocó en el trono.

[53] Estos caballos, tan codiciados de Heracles, fueron presente de Zeus para consolar a Laomedonte de la pérdida de Ganimedes, a quien Zeus robó transformado en águila para que sirviese de copero en el Olimpo en lugar de Hebe.

[54] Este amante de la Aurora era Titono, hijo de Laomedonte, de extraordinaria belleza, y padre de Memnón el egipcio y de Ematión. Su amada obtuvo de Zeus que le concediese la inmortalidad; pero habiéndosele olvidado pedir también para él juventud perpetua, llegó a ser tan viejo que la Aurora lo convirtió en cigarra, sin duda porque esta la saluda al aparecer en el horizonte.

[55] El filósofo es el que habla, no Hécuba. Sin duda estas palabras aluden al sistema astronómico de los torbellinos, que se arrastran unos a otros, y a la doctrina de Anaxágoras, su maestro, que enseñaba la existencia de un ser supremo, ya se le llamase Zeus, ya se le diese otro cualquier nombre. Eurípides no se contenta con poner en boca de Hécuba esta invocación insólita, y por si pasa desapercibida, le pregunta a continuación Menelao cuál es la causa de dirigir a los dioses preces inauditas, sin duda para llamar la atención hacia ellas. Por lo demás, calificar la existencia de Zeus, del _pater hominum atque deorum_, de pura invención humana es una verdadera impiedad, supuestas aquellas creencias.

[56] Hécuba, cuando llevaba a Paris en sus entrañas, soñó que daba a luz una antorcha encendida que devoraba su palacio.

[57] Paris o Alejandro, después que fue reconocido como hijo de Príamo, fue de embajador a Esparta, en donde reinaba Menelao, casado ya con Helena, a pedir su tía Hesíone, robada, como hemos dicho antes, por Heracles, que la dio en premio de su ayuda a Telamón. Menelao se ausentó entonces, dejándolos solos, y se embarcó para Creta a recoger la herencia de Creteo, su abuelo materno, rey de aquella isla.

[58] Uno de los hijos de Príamo.

[59] Amiclas, llamada también Táigete, ciudad del Peloponeso, próxima a Esparta, al pie del Taigeto, célebre por haber nacido en ella Cástor y Pólux, y por sus excelentes perros. Virgilio en el lib. III, _Georg._, dice así:

_Armaque Amycleumque canem, Cressamque pharetram._

[60] Afrodita se llama en griego Ἀφροδίτη, y la locura, la falta de prudencia, ἀφροσύνης. Se ve fácilmente que es la misma la raíz de ambas voces.

[61] Eurípides, como hace nuestro Calderón con Semíramis y otros personajes antiquísimos, habla de ellos y de sus pueblos como si fuesen de su tiempo; y así como Troya simboliza el lujo y la molicie asiática, así también supone que la Esparta de Menelao era igual a la de su época; esto es, pobre y poco amante de placeres.

[62] Ambos fueron hermanos de Helena y famosos luchadores y marinos. Como Pólux solo era inmortal, porque su padre fue Zeus, y Tindáreo el de su hermano, rogó a su padre que concediese la inmortalidad a Cástor o se la quitase a él, y Zeus le otorgó que viviese uno de ellos mientras el otro habitaba en los infiernos. Por eso dice Virgilio:

_Si fratrem, Pollux alterna morte redemit_ _Itque reditque viam toties._

Al fin fueron convertidos en astros, y forman el signo de Géminis.

[63] Porque entre los bárbaros, no entre los griegos, los reyes y grandes personajes eran adorados a la usanza oriental.

[64] El texto griego dice terminantemente:

τί δ᾽ ἔστι; μεῖζον βρῖθος ἢ πάροιθ᾽ ἔχει;

Su verdadera traducción es, pues, la nuestra, por más que nos haga reír y nos parezca más propia de comedia que de tragedia. Lo ridículo no tanto es aquí lo que dice Menelao, que sospecha si Helena estará encinta, cuanto su sorpresa y el susto que lleva.

[65] M. Artaud, II, pág. 143, cita muy oportunamente estas palabras de Pomponio Mela: «El monte Ida, al salir el sol, ofrece aspecto muy diferente del que tiene en otras horas: cuando se mira desde su cumbre hacia la madrugada, se observan ciertas llamas que se cruzan y desaparecen; y a medida que viene el día, parece que se acercan y confunden.» Lo mismo sucedía en el Olimpo, y de aquí, sin duda, que supusieran los paganos que uno y otro eran residencia de los dioses. Hoy se explica esto por las auroras boreales.

[66] Porque los frigios celebraban en los plenilunios alegres fiestas.

[67] Todavía existen restos de estas construcciones ciclópeas. (Véase a Batissier, _Histoire de l’art monumental_).

[68] El coro habla del istmo de Corinto.

[69] Los espejos de los antiguos eran circulares, con mango, o cuadrados como los nuestros, aunque jamás los fijasen en ningún otro mueble. En un principio se hacían de metal blanco formado de una aligación de cobre y estaño (Plinio, _Η. N._, XXXIII, 45) y después de plata. Se pulimentaba su superficie, y se conservaba este pulimento con polvos de piedra pómez, que se pasaban por él por medio de una esponja atada al marco con un pequeño cordón.

[70] Hubo varias ciudades llamadas así en la Tróade, en Macedonia, en la Misia y en la Laconia, a orillas del Eurotas. Eurípides habla de esta última.

[71] El templo de Atenea Calcieco.

[72] Acasto, hijo de Pelias y de Anaxibia, fue rey de Yolco, en donde se refugió Peleo huyendo de la venganza de los parientes de su suegro, a quien mató involuntariamente en la caza del jabalí de Calidón. Enamorose de él la mujer de Acasto, y enfurecida de su castidad, engañó a su esposo como la mujer de Putifar, haciéndole creer que había intentado violarla. Acasto desterró de su reino a Peleo, y cargándolo de cadenas, lo dejó abandonado en los montes. Tal es la versión de los mitólogos. Sin embargo, o este mito no es bien conocido, o la tradición a que alude Eurípides diverge de aquel. En efecto, cuando Aquiles había muerto y su hijo Neoptólemo era hombre, puesto que se trata de una época posterior al sitio de Troya, cuando Neoptólemo se había desposado con Andrómaca, no debía estar Peleo, ya viejo, en disposición de inspirar a las mujeres pasiones tan violentas.

[73] Como trofeo de Aquiles, padre de Neoptólemo.

[74] La mayor ignominia que se podía sufrir entre griegos y romanos, era la de quedar insepulto. Así nos lo dice Vegecio, y así es de presumir, no solo por lo que Homero nos cuenta al principio de _La Ilíada_, en donde mira como una de las mayores desdichas de los aqueos la de no ser sepultados a causa de la peste, sino también por el cuidado que muestran los trágicos, así Esquilo como Sófocles y Eurípides, de no omitir nunca esta importantísima o imprescindible ceremonia. Cuando amenazaba algún naufragio, los que poseían riquezas solían atárselas a la cintura con una inscripción en que manifestaban su voluntad de cederlas al que los encontrase, siempre que enterraran su cadáver. Entre los cristianos, a pesar de recomendarse como obra de misericordia el enterrar los muertos, no se le da esa importancia, y los héroes de nuestros teatros mueren, y después el poeta se guarda bien de decir si son o no sepultados, lo cual nunca omitían los griegos. En nuestro concepto esta diferencia proviene de que para nosotros el cuerpo es polvo vil y despreciable, y el alma, inmortal, riquísimo oro de Ofir. Todo cambia en este mundo, y especialmente las costumbres que se fundan en determinadas creencias, pues faltando o variando estas, faltan o varían aquellas.

[75] El buen sentido de Eurípides le hace pensar en este punto como piensan los cristianos más cuerdos, y es muy de extrañar en un pagano. Y sin embargo, podría pasar entre ellos, que no tenían de la otra vida la idea que nosotros, careciendo de las luces de la revelación; pero es inconcebible que los que preconizan las excelencias de la caridad, mirándola como una de las principales virtudes, gasten en suntuosos funerales lo que bastaría para hacer la felicidad de muchas familias desgraciadas y virtuosas.

[76] Llama Cronio a Zeus, porque fue hijo de Cronos y de Rea.

[77] Estas palabras se dirigen a Príamo.

[78] La conclusión de esta tragedia con el incendio de Troya y su ruina, nos prueba que el arte escénico llegó entre los griegos a grande altura, o, por lo menos, que no se escaseaban los gastos en este género de espectáculos, puesto que como las tragedias se representaban de día y al aire libre, no podía haber entre ellos las imitaciones que entre nosotros, y era preciso hacer todo esto a lo vivo, o lo que es lo mismo, pegar fuego a la ciudad entera, que debía verse en lontananza.

[79] Anfitrión, rey de Tirinto, en la Argólida, hijo de Alceo, nieto de Perseo y esposo de Alcmena, hija de Electrión, rey de Micenas. Habiendo matado a su suegro en una disputa, huyó a Tebas, y mandó los ejércitos tebanos en diversas expediciones militares, que le hicieron célebre, si bien favorecieron los proyectos amorosos de Zeus, pues este, tomando su forma, visitó varias veces el lecho de su esposa. Alcmena dio a luz dos hijos: Heracles, que lo era de Zeus, e Ificles, de Anfitrión.

[80] De este Alceo, rey de Tirinto, tomó Heracles el nombre de Alcides.

[81] Perseo, hijo de Dánae y de Zeus, que, transformado en lluvia de oro, penetró en su palacio y la sedujo. Sabedor Acrisio de la deshonra de su hija Dánae, la arrojó a las olas con su hijo, y fueron llevados por ellas a Serifos, en donde su rey Polidectes los socorrió. Ya hombre, Perseo libró a su madre de la brutal lujuria de su protector, venció a las Gorgonas y cortó la cabeza de Medusa, de cuya sangre nació el caballo alado Pegaso. Montado en él libró a Andrómeda de un monstruo marino, y se casó con ella. Mató involuntariamente con el disco a su abuelo Acrisio, le sucedió en el trono de Argos, y fue padre de Esténelo y de Electrión.

[82] Ya en _Las Fenicias_ hemos hablado de este dragón y de los hijos de sus dientes, así como de Creonte, hijo de Meneceo.

[83] Este Euristeo es el famoso hijo de Esténelo, rey de Micenas, a quien obedeció siempre Heracles por haber nacido algunas horas después. Por su orden ejecutó sus famosos trabajos.

[84] El Ténaro era un promontorio de la Laconia en su costa SO, a cuyo pie se veía una caverna que despedía vapores mefíticos, por lo cual se le miraba como la entrada de los infiernos.

[85] Sobre Dirce y Anfión y Zeto, véase _Las Fenicias_.

[86] Habla irónicamente.

[87] Minias, nombre común a los habitantes de Yolco, en la Tesalia, y a los de Orcómeno, en Beocia. Anfitrión alude a estos últimos, a quienes venció Heracles, libertando a los tebanos de la obligación de pagarles cierto tributo.

[88] Los tafios o teléboas habitaban en las pequeñas islas del mismo nombre, entre la Acaya y Léucade, llamados así de Tafio y Teleboas, hijos de Poseidón, que reinaron en ellas. Fueron famosos piratas, vencidos por Anfitrión y los tebanos, por haber dado muerto a los hermanos de su esposa Alcmena.

[89] El coro alude a los hijos de Heracles.

[90] La famosa hidra de Lerna tenía un cuerpo con cien cuellos, rematando en otras tantas cabezas, que renacían duplicadas al cortarse. Cuando Heracles combatió con ella, y a fin de evitar esta funesta reproducción, empleó a su escudero Yolao en cauterizar las heridas que le hacía. Heracles mojó en la sangre sus flechas, que desde entonces fueron mortales.

[91] El león de Nemea era de monstruoso tamaño, y no se le podía herir ni con el hierro, ni con el bronce, ni con las piedras, y, por consiguiente, era necesario luchar con él a brazo partido. Escondíase en el monte Tretos, y desde su guarida devastaba todo el territorio comprendido entre Micenas y Nemea. Heracles lo persiguió, cerró la entrada de la caverna en donde habitaba, y lo ahogó en sus robustos brazos, llevando desde entonces consigo como un trofeo su hermosa y grande piel.

[92] En la guerra de los dioses y de los gigantes, junto a Palene, Heracles fue terrible auxiliar de los primeros.

[93] La guerra de Heracles y de los centauros fue de esta manera: un centauro, llamado Folo, que daba hospitalidad a Heracles, quiso obsequiarlo espléndidamente y para ello destapó un tonel de vino tan añejo como exquisito, cuyo aroma atrajo a la casa de Folo a todos los demás centauros, que a toda costa querían beber de él, oponiéndose Heracles y su huésped. Este se retiró al fin, y dejó al héroe con sus enemigos, trabándose al fin la batalla entre uno y otros, y siendo vencidos los segundos, a pesar del socorro que les dio su madre Néfele (_nube_).

[94] Foloe, monte de la Tesalia, próximo al Otris, en donde Heracles peleó con los centauros. Sid. en el _Paneg. de Mayor._, dice así:

_... non sic Pholoetica monstra_ _Atque Pelethronios Lapithas semelejus Evan..._

[95] Monte de la Eubea, llamada antiguamente Abántida, o país de los abantes. Homero nunca la denomina Eubea.

[96] Los abantes, valientes y belicosos, fueron un pueblo originario de Tracia que se estableció en la Eubea.

[97] Estos límites atlánticos son las columnas de Heracles, o estrecho de Gibraltar, la última tierra conocida de los griegos hacia el occidente. Así, cuando hablan de los límites atlánticos, es como cuando nosotros lo hacemos del Polo.

[98] Helicón, famoso monte de la Beocia, muy celebrado por los poetas.

Ovidio en sus _Metam._, lib. II, dice así:

_Virgineusque Helicon et nondum Oeagrius Haemus._

Y Estacio en su _Tebaid._, lib. VII:

_Horrent Tyrrhenos Heliconia plectra tumultus._

[99] El Parnaso, monte de la Fócida, consagrado a las musas, cuyas dos cumbres se llamaban Cirra y Nisa, según Juvenal y Lactancio. Virgilio en sus _Georg._, lib. III, dice así:

_Sed me Parnassi decerta per ardua dulcis raptat amor._

[100] Estas palabras del coro y las anteriores que Lico le dirige, parecen indicar que existían entre los tebanos dos distintos partidos, en uno de los cuales dominaban los ancianos, enemigos de Lico, y en el otro los jóvenes, sus favorecedores. Eurípides retrata así al vivo la situación especial de aquellas ciudades griegas, dominadas por facciones, ya para hacer resaltar los inconvenientes de los partidos políticos cuando el patriotismo no los contiene en ciertos límites, ya la tendencia natural que se observa en los ancianos a conservar lo antiguo, opuesta a la de los jóvenes, irreflexivos y ávidos de novedades.

[101] Eurípides, en boca de Mégara, habla como filósofo que rechaza los mitos y tradiciones, no como griego que les da crédito. Orfeo, antes que Heracles, bajó a los infiernos y volvió de ellos, y después Heracles y Odiseo, y entre los romanos Eneas, supuesto fundador de su ciudad.

[102] Aquí tenemos el fatalismo oriental, que lleva al hombre a la inercia y al aniquilamiento de su ser, aunque bajo otro aspecto pueda también inspirarle la indiferencia ante el peligro.

[103] Allá va esa tirada filosófica, que parece de Voltaire, nada propia, en verdad, de un espectáculo esencialmente religioso. Sin embargo, ahora al menos no está de todo punto injustificada, atendida la situación especial de Anfitrión y de sus nietos. Tampoco se puede negar que lo frecuente en tales casos es renegar de los poderes sobrenaturales, lo que por desgracia así sucede entre los gentiles como entre los cristianos, siendo de observar que semejantes impiedades prueban siempre lo que está muy lejos de pensar el que las profiere: la existencia de Dios o de los dioses.

[104] El plectro (en griego πλῆκτρον, de πλήσσω, hiero) era un pedacito de madera o de pluma, que servía para tocar la cítara. En el Vaticano se conserva un antiguo fresco de Pompeya, en el cual vemos una joven que toca la lira con su mano izquierda, y con la derecha hace vibrar las cuerdas con el plectro.

[105] Los centauros fueron hijos de Ixión y de una nube, que tomó la forma de Hera. En _La Ilíada_ de Homero, como hemos dicho antes, los que luchan con los centauros son los lapitas y su rey Pirítoo, ayudado de Teseo, no de Heracles.

[106] Famoso río de la Tesalia, que nacía en los confines de la Macedonia, corriendo entre el Olimpo y el Osa, y el célebre valle de Tempe. Desembocaba en el golfo Termaico, y se le miraba como a padre de Dafne, porque el laurel (δάφνη) abunda en sus orillas.

[107] El Pelión es un monte de la Tesalia, en la Magnesia, al S, especie de prolongación del Olimpo, que formaba un cabo. Fue obra de los gigantes para escalar el cielo.

[108] Hómola, monte de Tesalia, inmediato al Olimpo.

[109] Esta cierva de cuernos de oro habitaba en la Acaya y en Énoe (Argos). Uno de los trabajos de Heracles fue apoderarse de ella, y lo consiguió al cabo de un año, según unos aprisionándola en una red, según otros sorprendiéndola de noche, y según Eurípides matándola con sus flechas. Como su muerte no agradó a Artemisa, que se veneraba en Énoe, la aplacó ofreciéndosela en don.

[110] Diomedes, hijo de Ares, rey de la Bistonia (Tracia), tenía caballos antropófagos, de los cuales se apoderó Heracles, matando a su dueño y a los que los guardaban, y derrotando a los bistonios.

[111] Hebro, río de la Tracia que sale de los montes Ródope, corre primero hacia el E, después hacia el S, y desagua en el mar Egeo.

[112] Anauro, río de la Tesalia.

[113] Cicno, hijo de Ares, que residía en Anfanas, ciudad situada en la parte meridional de la Tesalia, cerca de Traquinia, ya en los confines de la Lócrida. Cicno era un bandido como Sinis y Escirón, que murieron a manos de Teseo. (V. el _Hipólito_).

[114] Atlas, hijo de Jápeto y de Clímene, y rey de la Mauritania, fue transformado en montaña por haber hecho la guerra contra los dioses en favor de los gigantes. Se cree que la fábula de que sostenía el cielo con los hombros proviene de sus conocimientos astronómicos, o de que, mirando los gentiles al monte Atlas como al más alto de la tierra, que tocaba al cielo, supusieron que lo sostenía. Heracles lo sustituyó en esta penosa tarea por algún tiempo.

[115] Mujeres guerreras que habitaban a las orillas del Termodonte, y que, según se dice, extendieron sus conquistas hasta las fronteras de la Asiria y del Tanais, y fundaron a Éfeso, Esmirna y Magnesia. Fueron vencidas por Heracles.

[116] La laguna Meótide, hoy mar de Azov, al N del Ponto Euxino, con el cual comunicaba por el Bósforo cimerio. El río más caudaloso que desagua un ella es el Tanais o Don.

[117] Este vestido de oro y este famoso tahalí estaban en poder de las amazonas y de su reina Hipólita, y fueron un presente de Ares, dios de la guerra. Acompañaron a Heracles muchos griegos, y su expedición es muy parecida a la de los argonautas.

[118] Gerión, hijo de Crisaor y de Calírroe, y rey de la Eritea o de las Baleares, gigante robustísimo de tres cuerpos, poseía grandes rebaños de bueyes, que alimentaba con carne humana. Guardábalos además un perro de dos cabezas y un dragón de siete. Heracles lo mató y se apoderó de sus bueyes. Diodoro de Sicilia enumera en este orden los trabajos de Heracles: 1.º, el león de Nemea; 2.º, la hidra de Lerna; 3.º, el jabalí de Erimanto; 4.º, la cierva de cuernos de oro; 5.º, las aves de la laguna Estinfalia; 6.º, los establos de Augías; 7.º, el toro de Creta; 8.º, los caballos de Diomedes; 9.º, las amazonas; 10, Gerión; 11, el cancerbero; 12, las Hespérides y Atlas. Eurípides ha omitido algunos y trastornado el orden en que los ejecutara, según convenía a su propósito.

[119] Otros dicen que Heracles recibió la clava de Hefesto, en recompensa de los servicios que prestó a los dioses en la guerra de los gigantes.

[120] Máxima epicúrea y doctrina moral filosófica, muy del gusto del vate de Canossa. Sin embargo, examinándolas sin pasión, podemos decir que no es tan perjudicial como a primera vista parece, porque la tristeza y la falta de salud, que tanto amargan la vida, suelen ser hijas de los excesos, los cuales deben evitarse, con arreglo a esta doctrina. Entre el ascetismo y estos principios no hay otra diferencia sino que, predicando el primero, no es tan fácil que sus prosélitos incurran en la exageración, al paso que las máximas epicúreas son resbaladizas de suyo.

[121] Zeus Salvador, Ζεὺς Σωτήρ, una de sus infinitas advocaciones. Según leemos en Pausanias, se veía en Tespias una estatua de bronce de este dios, que se le había consagrado por libertar a dicha ciudad de un terrible dragón. Tenía un templo en Argos, otro en Trecén, otro en Mantinea y otro en Megalópolis.

[122] Irónicamente.

[123] Conocida es la veneración que en Grecia y Roma se mostró a los ancianos. Aulo Gelio, II, 15, dice así: _Apud antiquissimos Romanorum neque generi neque pecuniæ præstantior honos tribui quam ætati solitus : majoresque natu a minoribus colebantur ad deum prope et parentum vicem : atque in omni loco, inque omni specie honoris priores potioresque habiti : a convivio quoque, ut scriptum est in antiquitatibus, seniores a minoribus domum deducebantur : eumque mores accepisse Romanos a Lacedæmoniis traditum est : apud quos Lycurgi legibus major omnium rerum honos majori ætati habebatur._

Juvenal en la sát. XIII, 54, dice también:

_Credebant hoc grande nefas, et morte piandum,_ _Si juvenis vetulo non adsurrexerat, et si_ _Barbato cuiqumque puer, licet ipse videret,_ _Plura domi farra, et majoris glandis acerbos._

[124] Elocuente testimonio de que nada hay nuevo en la tierra, cuando hace tantos años los revolucionarios obedecían a móviles interesados y egoístas, como ahora sucede con frecuencia. Y, en efecto, el hombre es siempre el mismo, y las mismas sus debilidades y pasiones.

[125] Los eruditos no están de acuerdo en este punto, y unos piensan que Heracles fue iniciado en los misterios de Eleusis antes de bajar a los infiernos, y otros que Eurípides, como Aristófanes en _Las Ranas_, habla de misterios infernales. Acaso los primeros fuesen necesarios para ser iniciados en los segundos, o que Eurípides hable en sentido figurado.