Obras dramáticas de Eurípides (1 de 3)
Part 23
[124] Muniquia, aldea y puerto del Ática, entre el Pireo y el cabo Sunio, uno de los tres puertos de Atenas, célebre por su fortaleza y por el templo de Artemisa que había allí edificado.
[125] Teseo, que, según dice, vuelve de consultar al oráculo, trae puesta una corona de las hojas del árbol consagrado al dios Apolo. Tito Livio (lib. XXIII, § 11) dice así hablando de la embajada a Delfos de Q. Fabio Píctor: _Hæc ubi ex græco carmine interpretata recitavit, tum dixit, se oraculo egressum ex templo iis omnibus divis rem divinam thure ac vino fecisse; jussumque ab templi antistite sicut coronatus laurea corona et oraculum adisset, et rem divinam fecisset ita coronatum navem adscendere, nec ante deponere eam, quam Romam pervenisset_.
[126] Ordinariamente se ponen en boca del coro las palabras que siguen, contra el sentido y la costumbre, puesto que, al contemplar tan doloroso espectáculo, Teseo es quien debe hablar, y porque su versificación y traza indican claramente qué las pronuncia Teseo, no el coro.
[127] El texto griego dice ἀβίοτος βίου, una vida que no es vida.
[128] Esto es, el de la Providencia, que todo lo ve.
[129] El texto vulgar griego dice καὶ δι᾽ ἀψύχου βορᾶς σίτοις καπήλευ᾽. Valckenaer, comentando esta frase, se expresa así: _Vim non animadverto, quam istis_ δι᾽ ἀψύχου βορᾶς _adjungere possit vox_ σίτοις. Mathias, por el contrario, observa que σίτα _opponuntur_ τῇ ἀψύχοῳ βορᾳ, _et fruges, ac fructus, herbas, radices, etc. significat, quibus terra natis homines vescuntur_. Parece, pues, que por ἀψύχου βορᾶς debe entenderse los vegetales, _cibus inanimis_. Es extraño, sin embargo, que tan célebres críticos no hayan leído con atención las palabras del escoliasta, que literalmente son estas: ἢ ἐν λόγοις ἐμπορεύου, καθάπερ οἱ λεγόμενοι λογέμποροι, καὶ μὴ κατὰ φύσιν φιλοσοφοῦντες, ἀλλ᾽ οἱ τοὺς λόγους καπηλεύοντες. De ellas se deduce que Eurípides alude a los sofistas charlatanes, esto es, a ciertos pitagóricos que, alimentándose de vegetales, engañaban al vulgo hipócritamente. Adviértase también que, como dice Suidas, καπηλεὺειν se construye con acusativo, como vemos en Esq., _Los Siete del T._, v. 545, ἐλθὼν δ᾽ ἔοικεν οὐ καπηλεύσειν μάχην, traducido por Ennio (Cic., _Off._, I, 12) _non cauponantes bellum, sed belligerantes_. No vacilamos, pues, en traducir, como Hartung, λόγους, en vez de σίτοις.
[130] Ya en tiempo de Eurípides circulaban muchos versos órficos, compuestos por sectarios de Pitágoras, fórmulas ridículas de encantamiento para devolver la salud corporal y la espiritual. Platón, en su _Rep._, II, 7, califica a los sectarios de Orfeo de ἀγύρται καὶ μάντεις, charlatanes y adivinos.
[131] Por Atenea, aunque realmente fuese fundada por Cécrope, y por una colonia egipcia.
[132] Sinis, famoso bandido griego que en el istmo de Corinto robaba a los caminantes, arrojándolos al mar, o matándolos con su maza, o atándolos a dos pinos encorvados hasta la tierra, que después soltaba de repente. Murió a manos de Teseo.
[133] Escirón, bandido del Ática, hijo de Éaco, que robaba en el camino de Atenas a Mégara, precipitando a sus víctimas en el mar desde unos elevados peñascos. Teseo lo venció también, y le dio muerte.
[134] Es un verdadero anacronismo suponer la existencia de los juegos en una época en que no se conocían; pero a este propósito recordamos los que cometió el pintor Rafael en su cuadro titulado _La Escuela de Atenas_, que no por eso deja de ser excelente. No defendemos por eso tales yerros, sino solo observamos que, a pesar de ellos, sus autores fueron grandes poetas o grandes artistas, y que, evitándolos muchos de nuestros contemporáneos, no lo son; en una palabra, que, sin ser arqueólogo, es posible remontarse mucho en la poesía o en el arte.
[135] Este discurso de Hipólito es muy bueno como discurso, y justifica los elogios que Quintiliano prodiga a Eurípides. Como Hipólito ha sido atacado en lo más sensible, tiene que hablar de sí, pero lo hace con cierta modestia, sin faltar a la verdad. Su carácter se retrata en él al vivo, y está trazado de mano maestra.
[136] Esto es, más allá de las columnas de Heracles, último término del mundo entonces conocido.
[137] Vemos, pues, que Hipólito, a pesar de las célebres palabras que profiere en su diálogo ron la nodriza, ἡ γλῶσσ᾽ ὀμώμοχ᾽, ἡ δὲ φρὴν ἀνώμοτος, no viola su juramento. Así se comprende fácilmente que, apoderándose de una sola frase de una composición poética, cuyo correctivo o complemento viene después, se haga decir al autor lo que no quiso. En este caso, sin embargo, es preciso confesar, no solo que Eurípides nunca debió escribirla en absoluto, sino que ni aun ponerla en boca de Hipólito, tan religioso y tan puro; adviértase, no obstante, que Hipólito no lo quebranta sino por lo convencido que se halla de que no le serviría, dando a entender que lo haría en otro caso.
[138] El carro de los griegos era de dos ruedas como el romano, y se entraba en él por detrás. Por delante no tenía abertura alguna, y era descubierto. Iban en él dos personas: el guerrero y el cochero o conductor. El carro griego era más ligero, elegante y esbelto que el romano, según se deduce del bajorrelieve de un vaso que se encontró en Santa Ágata.
[139] Parece, según dicen Eustacio y el escoliasta, que en los carros se usaban estos borceguíes, o como quiera llamárseles, con el objeto de ofrecer sólido apoyo al que lo regía y no exponerlo a los continuos vaivenes, naturales en vehículos sin muelles y que caminaban por toda clase de terrenos.
[140] Caminando de Trecén a Epidauro se encuentra a la derecha una pequeña península, en donde está edificada Metana, e inmediatamente después, siguiendo por la costa, el golfo Sarónico, entre Epidauro y Mégara. Hacia el norte se descubren los altos peñascos Sarónicos, en donde se halla el desfiladero que lleva de Corinto a Mégara, en donde habitaba el bandido Escirón, y cerca, y a la derecha, la costa de la península mencionada, desde la cual se alborotaron las olas y arrojaron al toro que mató a Hipólito, e impedían ver el istmo y el promontorio de Esculapio.
[141] M. Artaud dice así: _Il s’agit ici du mont Ida de La Crète, patrie de Phèdre_. ¿Por qué ha de ser el Ida de Creta y no el de Troya, mucho más célebre y conocido en toda la Grecia, a no ser que hagamos la singular suposición de que Fedra trajo las tablillas de Creta, de que eran del Ida, y lo sabía este esclavo?
[142] Aunque Valckenaer opine que este canto del coro es superfluo, adviértase que siempre se oía su voz en la transición de una escena cualquiera a otra interesante, aludiendo, sin faltar a la discreción, a la causa de los sucesos ocurridos.
[143] La frecuencia con que intervienen los dioses en las tragedias de Eurípides, sobre todo a su conclusión, y cuando la intriga parece más complicada o el desorden moral más profundo, nos autoriza a pensar que no siempre es pobreza de recursos dramáticos del poeta. Acaso el carácter religioso de esta clase de espectáculos, o la necesidad de que fuese obra de un dios el restablecimiento del equilibrio moral, perdido por la influencia de otro, inclinaran al poeta a desatar el nudo de esta manera. Como en las de Esquilo y Sófocles eran los conflictos humanos resultado de los decretos del destino, superior a todos los dioses, no podía suceder esto.
[144] Teseo, como Heracles y los demás héroes de la antigüedad pagana, no era hijo de Egeo, en opinión de las gentes, sino de Poseidón y de Etra, esposa de aquel. Alejandro Magno pretendió serlo más tarde de Zeus Amón.
[145] El suicidio de Fedra y la muerte de Hipólito.
[146] Aunque no estemos completamente de acuerdo con Hartung (_Religion der Römer_, P. I, pág. 100 y siguientes), que sostiene, fundándose en algunos datos, que entre los griegos y romanos el _omen_, el oráculo y la imprecación determinaban los sucesos, y no declaraban simplemente lo resuelto con anterioridad, no podemos prescindir de llamar la atención de los lectores hacia estas palabras de Hipólito, que revelan la creencia universal de todos los pueblos en el carácter religioso y respeto inherente a los padres, cuyas maldiciones (justas de ordinario) eran ensalzadas por la divinidad.
[147] Piteo, abuelo materno de Teseo, era hijo de Pélope y de Hipodamía, esto es, de la familia de los Tantálidas o Pelópidas, tan famosos por sus crímenes.
[148] M. Artaud cita muy oportunamente a este propósito las palabras del _Prometeo_, de Esquilo, v. 115, al acercarse las Oceánidas, que dice:
Τίς ἀχώ, τίς ὀδμὰ προσέπτα μ᾽ ἀφεγγής.
y las de Virgilio (_Eneida_, I, 407):
_Ambrosiæque comæ divinum vertice odorem spiravere._
[149] Por más que algunos sostengan, por defender ciegamente a Eurípides, que estas palabras no debían asustar al público, nosotros pensamos que son irreligiosas en absoluto, e impropias de Hipólito, varón santo y perfecto.
[150] M. Artaud, citado hace poco, dice que _C’est Adonis, qui fut tué à la chasse par un sanglier_, sin acordarse de que este jabalí era Ares, celoso de Adonis, tan querido de Afrodita.
[151] Luciano (_de Licia Dea_, p. 60) dice así: Τροιζήνιοι τῇσι παρθένοισι, καὶ τοῖσι ἠιθέοισι νόμον ἐποιήσαντο, μή μιν ἄλλως γάμον ἰέναι πρὶν Ἱππολύτῳ κόμας κείρασθαι.
[152] Políxena en _Hécuba_ dice también a Odiseo:
Κόμιζ᾽ Ὀδυσσεῦ μ᾽ ἀμφιθεὶς κάρα πέπλοις
y Macaria a Yolao en _Los Heráclidas_:
πέπλοις δὲ σῶμ᾽ ἐμὸν κρύψον παρών.
[153] Se comprende desde luego que esta es la Tebas griega, capital de la Beocia, distinta de la Tebas egipcia de las cien puertas.
[154] Cadmo, hijo de Agénor y hermano de Europa. Fue a buscarla por mandato de su padre, después que la robó Zeus, y no encontrándola, se fijó en la Beocia y fundó a Tebas. Créese que importó en Grecia la escritura fenicia.
[155] Harmonía, hija de Ares y de Afrodita, esposa de Cadmo, transformada como él en serpiente.
[156] De aquí que su linaje se llame Labdácida.
[157] Podía ser hijo de distinta madre.
[158] El Citerón es un monte famoso al sur de Tebas. En uno de sus extremos, confinante con el Ática, se encontraba un valle consagrado a Hera, en donde fue expuesto Edipo.
[159] Οἰδίπους, de οἰδέω, me hincho, y πούς, pie.
[160] Monstruo que tenía el cuerpo de mujer, la cabeza de león y las alas de águila. Proponía enigmas a los caminantes, y los ahogaba si no los acertaban. Cuando Edipo descifró el que le propuso, se precipitó despechada en la mar.
[161] Broche con alfiler de oro y piedras preciosas, marfil, bronce y otras materias con que se sujetaban las vestiduras en el pecho o en el hombro.
[162] Bajo el nombre de pedagogo (de παῖς, niño, y ἄγω, yo llevo) entendían los griegos ciertos esclavos que desempeñaban con los niños las funciones de nuestros ayos. Unas veces se nombraba para este cargo al de más experiencia, otras al más servicial, a veces al más inútil. Plutarco, en su tratado de _La Educación_, nos dice que se empleaban en este servicio los esclavos más estropeados del trabajo y los que habían costado menos. Acompañaba al niño a las escuelas y gimnasios, vigilaba sus pasos, le aconsejaba y enseñaba, pero sin el derecho de castigarle. Diógenes fue pedagogo de Jeníades de Corinto.
[163] Como el pedagogo queda solo en la escena, el escoliasta dice que esto provenía de la necesidad en que estaba el actor que había representado el papel de Yocasta, de mudar de traje y de máscara para representar el de Antígona.
[164] Ismeno, río de la Beocia que nacía al norte de Tebas, consagrado a Apolo.
[165] A Dirce, segunda esposa de Lico, rey de Tebas, Zeto y Anfión, hijos de Antíope, primera mujer de Lico, la ataron a las colas de varios potros cerriles, que la desgarraron. Compadecidos de ella los dioses, la convirtieron en fuente, que corría cerca de Tebas.
[166] Por ser las armas de bronce, no de acero.
[167] Anfión, hijo de Lico y de Antíope, reinó en Tebas con su hermano Zeto. Había recibido de Apolo una lira de oro de tan dulce sonido, que las piedras se movieron al oírla, y colocándose unas sobre otras, formaron los muros de Tebas. Casó con Níobe, hija de Tántalo.
[168] Clípeo, escudo grande y redondo que usaba la infantería griega. Era convexo, y tan vasto que resguardaba el cuerpo desde el cuello hasta las piernas. A veces era todo de bronce, aunque de ordinario se componía de varias pieles de toro superpuestas y cubiertas de placas de metal. En ocasiones estaba resguardado con ramas de mimbre entrelazadas, forradas de cuero crudo y de metal.
[169] Lerna, región y famosa laguna de Argólida. En ella habitaba la hidra que mató Heracles, y sus aguas recibieron las cabezas de los esposos de las Danaides.
[170] Hermano de Adrasto, rey de Argos. Se llama rey porque rige o manda tropas.
[171] Tideo, hijo de Eneo, rey de Calidón. Mató involuntariamente a su hermano Menalipo y se desterró a Argos, en donde se casó con Deípila, hija de Adrasto. Fue padre del célebre Diomedes.
[172] Etolia, región de la Grecia antigua, separada al oeste de la Acarnania por el Aqueloo. Confinaba al este con los Dorios Ozoles, el Parnaso y los Eteos; al norte con el Epiro y la Tesalia, y al sur con el golfo de Ambracia y el de Corinto. Sus ciudades principales eran Calidón y Termo.
[173] La lanza griega se componía de tres partes: punta de hierro o bronce, astil de madera y _spiculum_ o cuento, terminado en punta. Era también arma arrojadiza.
[174] Zeto, hijo de Zeus y de Antíope, y hermano de Anfión. Fue gran cazador, y ayudó a su hermano a edificar los muros de Tebas.
[175] Su padre fue Meleagro.
[176] Atalanta, célebre cazadora, la primera que hirió al jabalí de Calidón. Su amante Meleagro le regaló la cabeza.
[177] Adrasto, rey de Argos y generalísimo de esta expedición desastrosa. En la segunda, o de los Epígonos (descendientes de los capitanes de la primera), perdió a su hijo Egialeo, y murió de dolor.
[178] Níobe, hija de Tántalo y mujer de Anfión. Tuvo siete hijos y siete hijas, y orgullosa con ellos, insultó a Leto, madre solo de Apolo y Artemisa, que se vengó de ella matándolos a flechazos. Níobe, de dolor, fue convertida en piedra.
[179] Anfiarao, hijo de Ecles y de Hipermnestra, famoso adivino griego, que se casó con Erífile, hermana de Adrasto. Conociendo en virtud de su don profético el triste éxito de su expedición contra Tebas, se ocultó, negándose a tomar parte en ella; pero fue descubierto por su propia esposa, sobornada por un collar de diamantes. Antes de partir hizo jurar a su hijo Alcmeón que castigaría a su madre.
[180] Capaneo, hijo de Hipónoo y de Astínome o de Laódice, y padre de Esténelo. Había jurado apoderarse de Tebas contra la voluntad de los dioses.
[181] Némesis, hija de Zeus y de la Necesidad, o del Océano y de la Noche, o del Érebo y la Noche, o de la Noche sola. Castigaba a los malos, y sobre todo a los hijos que ultrajaban a sus padres. En concepto de Platón, Némesis era la única furia.
[182] Según dice el escoliasta, la ninfa Amimone fue perseguida por Poseidón, que clavó su tridente junto a la laguna de Lerna, e hizo brotar una fuente de agua viva. Lo que parece positivo es que esta fuente estaba próxima a dicha laguna, según es de colegir de las siguientes palabras de Estrabón: δείκνοται δὲ καὶ Ἀμυμνώνη τις κρήνη κατὰ Λέρνην.
[183] Esta estrofa encierra tales desatinos geográficos, que es muy difícil entenderla, a no suponer que Eurípides no sabía una palabra de Geografía, lo cual dista mucho de ser cierto, pues en todo caso sería el único error de esta especie en que incurre. No solo la Fenicia no era una isla; sino que para venir a Tebas era imposible que diesen el absurdo rodeo de navegar hacia ella por el mar Jonio. En nuestro juicio, lo que dice solo debe entenderse de la Sicilia, adónde en todo caso vinieron desde Tiro, colonizado por los fenicios, y más tarde por los cartagineses, que tanto se les asemejaban.
[184] Cadmo era hijo de Agénor.
[185] El Parnaso, monte de la Fócide, tenía dos cumbres: en una estaba situado el santuario de Apolo, y en la otra el de Dioniso. En ambas se veían de noche las antorchas de las fiestas que se celebraban. Inmediata al santuario de Dioniso se ostentaba una vid que producía diariamente un pesado racimo, de cuyo zumo se hacía el vino destinado a las libaciones del dios. También se enseñaba a los devotos la caverna de la serpiente Pitón, cuya piel se guardaba en el templo, y el lugar desde donde el dios pudo sorprenderla y matarla.
[186] Ío era hija del río Ínaco. Enamorose de ella Zeus, y temiendo a la celosa Hera, la convirtió en vaca para ocultar sus amores. Habiéndosela pedido Hera, y no atreviéndose a negársela, la dio a guardar a Argos, de cien ojos, que murió a manos de Hermes. Al fin, después de largas correrías, se detuvo a las orillas del Nilo, y dio a luz a Épafo, padre de Belo, Agénor y Fénix. Se cree que era la diosa egipcia Isis, y Épafo, su hijo Apis. El coro alude a la fundación de Tebas por los fenicios.
[187] La solemnidad inherente a esta clase de espectáculos no permitía que se hablase en otra lengua que en la griega. El poeta, sin embargo, supone que el coro habla en fenicio, cuando su lenguaje es griego castizo. Tal inverosimilitud no debe extrañarnos habiendo leído obras maestras de los más célebres poetas dramáticos, que suelen cometerlas a cada paso. Por lo demás, esta escena es tan tierna y bella, que acaso no se encuentre otra semejante en todas las tragedias de Eurípides.
[188] Hay tanto y tan profundo sentimiento en estas frases de Yocasta, y encierran tan triste verdad, que no es posible leerlas sin melancolía. Tiene razón: ¡pobres madres, que sufren penas infinitas, convertidas de ordinario en doloroso centro adonde convergen todos los males y disgustos de las familias!
[189] El texto griego, antes que Jacobs lo corrigiera, aparecía tan defectuoso, que hemos preferido seguir su opinión, teniendo en cuenta que la primera condición de cualquier obra literaria es la claridad. En efecto, desde el verso 395, si adoptamos el texto vulgar, hallamos tal incongruencia entre las preguntas y respuestas de Yocasta y Polinices, que es imposible creer en su autenticidad. Por ejemplo, cuando Yocasta pregunta a Polinices cómo llegó a Argos y con qué objeto, este contesta que Adrasto tuvo conocimiento de cierto oráculo de Apolo. Así es fácil comprender, o que se ha trocado el lugar que estos versos deben ocupar respectivamente, o que falta algún complemento del sentido. Hemos creído, pues, que basta conservarlo, alterando solo la numeración de los versos.
[190] Padre de Adrasto, rey de Argos.
[191] La centuria, en griego λόχος, varió, según los diversos tiempos, desde 8 hombres hasta 100 entre los atenienses, y 125 entre los lacedemonios.
[192] Estas palabras de Eurípides y las frecuentes alusiones que hace a los encantos de la oratoria en otras tragedias, son un monumento histórico de la mayor importancia, que nos inician en los misterios del ágora y en los graves inconvenientes del gobierno democrático. Sin profundizar mucho, y solo en vista de esta y otras frases de Eurípides, se llega a concluir que los oradores, abusando de su arte y de sus facultades, arrastraban más de lo justo al pueblo que los escuchaba, las más veces en daño de su patria.
[193] Schiller en su _Wallenstein_ ha expresado este mismo pensamiento diciendo: «Gleich heisst ihr alles schändlich oder würdig. — Bös oder gut; und was die Einbildung — Phantastisch schleppt in diesem dunkeln Namen — Das bürdet sie den Sachen auf und Wesen.»
Preferimos, sin embargo, la sencillez de Eurípides a la novedad de Schiller.
[194] Cicerón en sus _Officiis_, lib. III, cap. XXI, dice que César repetía continuamente estos versos de LAS FENICIAS, y en efecto, cuadran al divino Julio y a todos los ambiciosos. Augusto G. Schlegel menciona también y comenta estas palabras de Cicerón, y acusa a Eurípides de sembrar en sus tragedias máximas perniciosas. En nuestro juicio, sin embargo, es esta vez injusto, porque el poeta dramático puede representar malos caracteres que en sus palabras sean consecuentes consigo mismos. Aquí no sucede como en el _Hipólito_, cuando se habla del juramento de la lengua, distinto del que hace el alma, y pretender lo contrario sería quitar al poeta la facultad de representar todo lo que es, así lo bueno como lo malo.
[195] Anfión y Zeto, fundadores de Tebas, como Rómulo y Remo de Roma. Debían tener en la primera de estas ciudades algún templo suntuoso, además de los santuarios aislados que podían existir.
[196] Polinices quiere decir que, a causa Eteocles, y habiendo fracasado su reconciliación con él, su conducta en adelante no será la de un hijo con su madre, perdiendo esta sus derechos maternales.
[197] Según observa el escoliasta, este Φοῖβος Ἀγυιεύς, semejante al Jano de Roma, se encontraba a la entrada de las casas, representado por una columna.
[198] De πόλυς, mucho, y νείκη, combate. Sin embargo, aunque diga Quintiliano (v. c. 60) que _illud apud Euripidem frigidum sane, quod nomem Polynicis, ut argumentum morum, frater incessit_, nada es más natural en estas disputas que asociar la significación del nombre al carácter que suponemos en quien lo lleva.
[199] De aquí el nombre de Beocia, de βοῦς, buey.
[200] Nombre antiguo de la Beocia.
[201] Sémele, hija de Cadmo y de Harmonía. Sabedora Hera de sus amores con Zeus, la aconsejó, apareciéndose bajo la forma de Beroe, su nodriza, que rogase a su amante que se le mostrase en toda su gloria. Accedió Zeus por haberlo jurado antes, y abrasó su palacio y a ella también. Dioniso, a quien llevaba en sus entrañas, fue conservado en un muslo de su padre.
[202] Cadmo llegó a purificarse a la fuente Dircea para sacrificar la ternerilla que le había indicado el lugar en que había de edificar a Tebas, y encontró en ella al dragón de que habla el coro.
[203] El carácter de Eteocles, irreflexivo y fogoso, forma natural contraste con la serenidad y la prudencia de Creonte. El primero solo oye la voz de su belicosa impaciencia, y con la imprevisión propia de sus pocos años, no piensa siquiera en el éxito de la batalla, y mucho menos en la posibilidad de que sea funesta. Creonte, al contrario, atento solo a rechazar a los sitiadores sin peligro, prueba su previsión y su capacidad en las cosas de la guerra, y da a conocer que ha reflexionado seriamente en las distintas peripecias que puede ofrecer el combate.
[204] Las malignas alusiones de Eurípides a las tragedias de su antecesor Esquilo, que debía hacerle no poca sombra, puesto que sobre ellas versan siempre sus críticas, se refieren ahora a la prolija enumeración que hace en sus _Siete delante de Tebas_ de los capitanes enemigos. Naturalmente en las obras de Esquilo domina el elemento épico, que después va desapareciendo.
[205] Dioniso. En sus fiestas se armaban las bacantes con tirsos; cubiertas con pieles de manchados cervatillos, cantaban en coro las alabanzas del dios.
[206] Espartos, de σπαρτός, sembrado, esto es, de los hijos de los dientes del dragón, que sembró Cadmo.