Obras dramáticas de Eurípides (1 de 3)

Part 24

Chapter 243,861 wordsPublic domain

[207] Dedúcese de estas palabras de Tiresias que los augurios de los griegos eran semejantes a los de los romanos y etruscos. Generalmente se elegía un lugar alto y sagrado, fijándose dos objetos en el horizonte, desde los cuales, y desde otros puntos intermedios, tiraba el observador hacia sí líneas ideales. El vuelo de las aves y los fenómenos celestes eran el objeto de sus observaciones, las cuales se apuntaban con cuidado. Debemos suponer que estos eran obra de Tiresias y de su hija, porque él solo, siendo ciego, no podría hacerlos. Las tablillas eran de madera, cubiertas con una capa de cera.

[208] Erecteo, rey de Atenas, e hijo de Pandión, sacrificó a su hija Ctonia por vencer a los habitantes de Eleusis. Mató a Eumolpo, nieto de Poseidón, y en castigo fue herido por un rayo. Se le atribuye la institución de los misterios de Eleusis.

[209] Eumolpo, rey de Eleusis, guerrero y poeta religioso, natural del Ática, según unos, y nieto de Triptólemo, y según otros, oriundo de Tracia y yerno de Tegirio, su rey. Murió a manos de Erecteo en la guerra que ambos se hicieron por la posesión del trono de Atenas. Sus descendientes, por espacio de mil doscientos años, tuvieron el privilegio de presidir los misterios de Eleusis.

[210] Recordemos, para apreciar la moralidad de esta fábula, que todas las desdichas de los Labdácidas provienen de la inobediencia de Layo al oráculo. Muere a manos de su hijo, y expía su ligereza incalificable. Edipo espera también eludir los decretos del destino, y es castigado casándose con su madre, cegándose y dando la vida a hijos incestuosos e ingratos. Estos, por último, sufren las tristes consecuencias de su odio fratricida, y se matan uno al otro cuando creían también evitar la muerte que les aguardaba. La inmensa superioridad del destino sobre la frágil voluntad humana, queda, pues, plenamente confirmada.

[211] Nos agrada por su sencillez este cambio repentino de Creonte. En general, puede decirse que los personajes del teatro griego obedecen siempre a sus primeras y naturales impresiones, y que jamás obran por cálculo ni por refinamiento de la pasión que sufren. Parécenos que es un dato muy importante para estimar su mérito, y que los diferencia esencialmente de los personajes del teatro moderno, como se diferencian también ambas sociedades.

[212] La Tierra, antigua deidad, como los monstruos que encerraba en su seno, y como los que produjo en un principio, según la mitología primitiva, era un numen inexorable, que representa aquí la lucha de los dioses antiguos con los nuevos; y aunque Ares aparezca en la _Ilíada_ como hijo de Zeus y more en el Olimpo con los demás dioses, no es simpático al cielo ni a los hombres, y bajo este aspecto se confunde con los hijos de la Tierra. Si nos dejáramos llevar de los ensueños de algunos mitólogos, diríamos que todo esto alude a la resistencia que hace la tierra a la intrusión en ella del linaje humano para cultivarla y aprovecharse de sus frutos.

[213] En efecto; no era fácil prever que en Roma existieran L. Junio Bruto y L. Manlio Torcuato, y en España el inmortal Guzmán el Bueno.

[214] Región del Epiro occidental al oeste de Ambracia, e inmediata a la mar. Sus ríos principales eran el Aqueronte y el Cocito, y sus ciudades Butrinto y Onquesmo.

[215] Ciudad del Epiro, en la Caonia, al pie del Tomaro, rodeada de espesas selvas, santuario y oráculo pelásgico de Zeus. La sacerdotisa profetizaba observando la encina fatídica, ya por el ruido de sus hojas, ya por el de ciertos vasos de cobre que se suspendían de sus ramas, ya por el canto de las palomas que se albergaban en ellas.

[216] Equidna, monstruo mitad mujer y mitad serpiente que nació de Crisaor, engendrado él mismo de la sangre de Medusa. De ella y de Tifón fueron hijos el Cancerbero, la Hidra de Lerna, la Quimera, la Esfinge, el León de Nemea y otros muchos monstruos.

[217] Este alcázar fue fundado por Cadmo, y se llamaba Cadmeo.

[218] Teumeso, monte a cuatro leguas de Tebas, a cuya falda estaba acampado el ejército argivo.

[219] Himno guerrero que precedía y seguía al combate.

[220] Estas yeguas Potniades eran de Glauco. Habiendo perdido el instinto, devoraron a su dueño en Potnia, ciudad de la Beocia. Acaso por esta furia de que se hallaban poseídas llame Eurípides a las Furias propiamente dichas ποτνιάδες en el verso 305 de _Orestes_, cuando dice:

δρομάδες ὦ πτεροφόροι ποτνιάδες θεαί...

[221] Porque había otro Partenopeo argivo, hijo de Tálao y hermano de Adrasto.

[222] Llamada así del Ménalo, monte situado en el centro de la Arcadia, continuación del Hipionte y del Falanto. Estaba consagrado a Pan.

[223] Ixión, rey de los lápitas, asesinó traidoramente a su suegro Deyoneo, y fue desterrado por este crimen. No encontrando quien le diese hospitalidad, Zeus se compadeció de él y lo admitió en su corte; pero le pagó tan mal este beneficio, que quiso seducir a Hera. Zeus, para no errar, dio a una nube la forma de su esposa, y ya sin escrúpulo, lo condenó en el infierno a dar vueltas en una rueda. Fue padre de Pirítoo y de los Centauros.

[224] Cuando leemos la descripción de este asalto, no podemos menos de convenir con J. B. Vico en la perfecta identidad que se observa entre las edades heroicas de los distintos pueblos. Parécenos que vemos un combate de la Edad Media. Eurípides ha imitado mucho de Esquilo en sus _Siete delante de Tebas_.

[225] Se ve que Yocasta, acariciando una consoladora esperanza, se cree ya libre de una parte de sus males, puesto que se compadece de la suerte de Creonte. Al fin, sin embargo, y aleccionada por triste experiencia, vuelve a recelar de su suerte, y no sin razón.

[226] Estas armaduras protegían las espaldas, el pecho, el vientre y los costados hasta más abajo de la cintura, y eran de cuero o de metal. Las hubo de diferentes especies, ya compuestas de dos láminas juntas o separadas (θώραξ σιάδιος, γυαλοθώραξ), ya formando escamas (θώραξ λεπιδωτός φολιδωτός). (V. Antonio Richy, _Antigüedades griegas y romanas_).

[227] Las vírgenes heroínas de Eurípides manifiestan siempre en iguales casos la misma vergüenza, sin duda a causa de la vida retirada que hacían en sus gineceos.

[228] Llamábase Aqueronte un lago del Egipto al sur de Menfis, en el cual había una isla con su necrópoli. Antes de enterrar en ella a los muertos sufrían el famoso juicio de su vida, de que hablan todos los historiadores. De aquí el considerarlo después los griegos y romanos como un río que corría en el infierno. En el Epiro había también otro del mismo nombre.

[229] La verdad es que los personajes de Eurípides lloran y se quejan tanto, y repiten sus plegarias y lamentos en tonos tan distintos, que no faltaba razón a Aristófanes para criticarlo.

[230] No sabemos por qué razón se ha de suprimir el verso δισσὼ στρατηγὼ καὶ διπλὼ στρατηλάτα, cuando no repugna al sentido ni mucho menos, y hallándose en los códices más antiguos y fidedignos. Valckenaer los ha conservado, y su juicio y autoridad es de gran peso en tales cuestiones. Hermann, quizá por su prurito de rebajar el mérito de aquel, fue el primero en borrarlo, dando razones nada convincentes.

[231] Patrona de Argos.

[232] No es nada fácil percibir la relación que puede haber entre la trompeta y la antorcha.

[233] Extemporáneo es en demasía este recuerdo de Antígona ante sus hermanos moribundos y su desconsolada madre.

[234] Esta redecilla era una cinta o cordón con que las griegas se sujetaban graciosamente los cabellos.

[235] La estola era una especie de faja que servía de ordinario para ceñir la túnica, y caía después por detrás hasta los pies a manera de cola.

[236] La única Furia primitiva de los griegos. Más tarde fueron tres: Tisífone, Alecto y Megera.

[237] Lo dice por sus cabellos.

[238] El hijo de Creonte.

[239] La edición de Eurípides de Théob. Fix, la más conocida en España, escribe este verso así:

Οὐκοῦν ἔδωκε τῇ τυχῇ τὸν δαιμώνα.

«Ha dado, pues, el destino a la fortuna», lo cual ni entendemos nosotros ni podrá nunca entender nadie. Δαίμων y τύχη significan la suerte, con la diferencia de que la primera es obra de los dioses y la segunda de la casualidad, como lo prueban estas palabras de Polinices, verso 403: ὁ δαίμων μ᾽ ἐκάλεσεν πρὸς τὴν τύχην. Sin embargo, con el verbo ἔδωκε no nos es posible traducir el verso, y como ἔτισε de τίω, resuelve la cuestión satisfactoriamente, no hemos vacilado en aceptarlo, siguiendo la opinión de Hartung. (_Comm. a Las Fen._, páginas 262-263).

[240] Creonte y Eteocles defienden en esta cuestión las leyes y costumbres griegas, con arreglo a las cuales el que venía armado con un ejército extranjero a hacer la guerra al suelo y a los dioses patrios, no podía ser sepultado en su territorio. Autígona, al contrario, personifica nuevas ideas, más filosóficas y humanitarias, más propias de nuestro tiempo, las cuales, como sucede de ordinario, están en abierta contradicción con las antiguas.

[241] Creonte recuerda la amenaza de Antígona de matar a Hemón, cual otra Danaide, en la noche de sus bodas.

[242] Colono, aldea inmediata a Atenas, con un bosque consagrado a las Euménides, en donde murió Edipo. Había allí también un templo de Poseidón, dios que creó el caballo al golpe de su tridente, cuando Atenea hizo brotar el olivo.

[243] Es de presumir que esta tragedia en su conclusión ha sufrido la misma suerte que la _Ifigenia en Áulide_. Es probable que los últimos folios del códice más antiguo fueran arrancados, o que se llenaran las márgenes con citas y versos de la Antígona, del mismo Eurípides, y del _Edipo_, de Sófocles. Los primeros comentaristas hubieron de embrollarlo más, deseando corregirlo; y como Valckenaer, el erudito más capaz de enmendar estos errores, cansado ya al fin de su trabajo, los dejó como los encontrara, nada tiene de extraño que su autoridad haya sido tal que ninguno osase tocarles. Nosotros seguimos el texto de Hartung por parecernos el más auténtico.

[244] Nada dice Eurípides en este prólogo de los demás tormentos de Tántalo, conocidos hoy hasta por los menos versados en la mitología griega. Fue castigado, como Ovidio por Augusto, por haber revelado lo que debió callar. Algunos mitólogos aseguran que el secreto era relativo a Zeus y Ganimedes.

[245] Pélope, según la fábula, murió a manos de su padre Tántalo, que lo sirvió a los dioses a la mesa para probar su naturaleza divina; pero Zeus conoció el engaño y le devolvió la vida. Después pasó a la Élide y se casó con Hipodamía, hija de Enómao, y engendró a Atreo, Tiestes, Piteo y Trecén, llamados los Pelópidas.

[246] Cloto, una de las tres Parcas.

[247] Tiestes, por reinar, sedujo a su cuñada Aérope la cretense, mujer de Atreo, y tuvo de su adúltero comercio varios hijos; pero Atreo lo descubrió, y para vengarse los mató, fingió reconciliarse con él y se los sirvió en este festín fraternal, revelándoselo después de comidos.

[248] Para asesinarlo sin riesgo. (V. el _Agamenón_ de Esquilo).

[249] Para vengarse de los amores de su esposo con Casandra, y por afecto a Egisto, su adúltero amante.

[250] Nauplia, antiguo golfo de Argos, en el cual, y en una lengua de tierra a 40 kilómetros al sur de Corinto, se halla la antigua ciudad del mismo nombre.

[251] Hija de Menelao y de Helena.

[252] Estas palabras de Helena, verdaderos insultos a Electra, son incomprensibles, cuando lo natural era que intentara ganarse su corazón, según se comprende de la súplica que le hace en seguida.

[253] Micenas, al norte de Argos y a corta distancia de ella, en la Argólida; fue fundada por Ínaco. Una y otra, sin duda por su proximidad, se confunden frecuentemente por los poetas.

[254] Ordinariamente las libaciones destinadas a los muertos se componían de leche y miel mezcladas, que se llamaba μελίκρατον, otras veces eran de vino dulce o de agua. _Odis._, X, 619. En la _Ifig._, v. 618, se habla también de aceite. Además de los cabellos se les ofrecían flores.

[255] El sueño de Orestes.

[256] Es costumbre de Eurípides indicar, así a los actores como a los músicos, la manera particular con que han de declamar y acompañar sus versos. El acompañamiento musical y el canto han de ser aquí en un tono elevado, pero suave, como el de una flauta de caña. Según dice Arist., _Probl._ XI, 16, el tono débil ό la voz débil (v. gr., de niños o de mujeres) es claro (ἡ λεπτὴ φωνὴ ὀξεῖά ἐστιν). Y aunque este tono sea penetrante, debe sonar aquí suave y oscuro (ἀτρεμαῖος καὶ ὑπόφορος), como si solo se oyese entre cuatro paredes, según indica la voz ὑπόφορος. Este tono tan dulce favorece el sueño, como dice Estacio en la _Theb._, I, 585, _suadetque leves cava fistula somnos_. Y como prueba de que la composición musical de este canto alternado ha de ser como decimos, ateniéndonos a las palabras de Eurípides, añade el escoliasta al verso 170: «Este canto era acompañado por las cuerdas más graves (ταῖς λεγομέναις νήταις ἄδεται) y es del tono más alto (ἔστιν ὀξύτατον). Porque es inverosímil que Electra cante con voz clara e imponga silencio al coro, y lo más natural parece que usara del tono elevado, pero tan débil y concentrado como era posible». Para mayor ilustración, véase la nota de Hartung al verso 144. Adviértase, además, que Eurípides habla de la σύριγξ, flauta compuesta de varios trozos de caña desiguales, y distinta de la llamada ὄροφος, de una sola caña. Es la misma a que alude Virg. en su _Egl._ II, 36, cuando dice: _Et mihi disparibus septem, compacta cicutis fistula_.

[257] Este verso, que en muchos códices y traducciones pronuncia Electra, no puede ser suyo, como acertadamente han pensado Hartung, Hermann y Diesdorf. En efecto; no solo conviene con esta opinión la cita que hacen de él Diógenes Laerc., IX, 60, y Plut. Simp., IX, pág. 737, a., sino que también se colige de los antecedentes y consiguientes. Orestes, en medio de su furor, la ha tomado por una de las Furias, y no es natural que ella, viéndolo en este estado aflictivo, le hiciese esa reflexión absurda, que para nada había de servir, y que era impropia en sus labios, aquejada por un espectáculo tan doloroso como el que su hermano le ofrecía. Por esto mismo extrañamos mucho encontrarlo en M. Artaud, cuya traducción, en lo demás, es inmejorable.

[258] Varios fueron los lugares de la antigüedad célebres por sus oráculos, como los de Dodona, Delfos, Trofonio, Cumas, Preneste, y el de Zeus Amón en la Libia. Las respuestas se daban de distintas maneras. En Delfos, la pitonisa desde el trípode sagrado; en Dodona, ciertas mujeres o la deducían del vuelo de las palomas o de las hojas de los árboles; en la cueva de Trofonio, de los sueños; otras veces se interpretaba como oráculo la primera palabra que se oía al salir del templo, el más leve ruido, el menor movimiento de cualquier ser objeto perteneciente al dios. Ordinariamente estaban en verso, o se escribían en hojas de cañas, siempre en términos oscuros o ambiguos.

[259] Malea, promontorio del Peloponeso, entre los golfos Lacónico y Argólico.

[260] Glauco, dios marino, fue en un principio un pescador de Antedón, en la Beocia, que habiendo comido cierta hierba se precipitó en el mar, fue convertido en dios y recibió el don de profetizar.

[261] Estas hojas eran de oliva o de laurel, y las usaban los suplicantes. Orestes no había tenido tiempo de prepararse.

[262] Esta pregunta de Menelao no tiene nada de oscura, ni en nuestro concepto merecía los comentarios que se le han hecho. Como pregunta a Orestes cuál es su enfermedad, esto es, su mal físico, extraña naturalmente la contestación, que no es directa, y en efecto, la conciencia no es enfermedad, sino todo lo más causa de ella, y esto es lo que pregunta Menelao.

[263] No se encontrarán en Sófocles ni en Esquilo estas frases irreligiosas y escépticas, que justifican las acerbas censuras que bajo este aspecto se han hecho de Eurípides. La impiedad y las doctrinas de los sofistas se reflejan en ellas claramente.

[264] Sin duda alude Orestes a Agamenón y a Menelao: al primero, porque lo vengó sin vacilar ni calcular las consecuencias de su delito; al segundo, porque le ha descubierto la verdad desnuda, sin disfraz ni ambages.

[265] Este Éax y su hermano Palamedes eran hijos de Nauplio, rey de Eubea. Dícese que Palamedes inventó los pesos y medidas, el juego de ajedrez, las cuatro letras ξ, θ, φ, χ, y varias maniobras militares. Descubrió la astucia de Odiseo, que se fingió loco para no ir a Troya, y él en venganza lo acusó de traidor a los griegos, y lo hizo apedrear. Agamenón, padre de Orestes, no se opuso a este suplicio.

[266] Por la enemistad que reinaba entre las dos familias de Atreo y de Tiestes. Orestes era nieto del primero, y Egisto hijo del segundo.

[267] Tindáreo, hijo de Ébalo, rey de Esparta, debió suceder a su padre en el trono; pero su hermano Hipocoonte lo usurpó y se retiró a la Mesenia, hasta que Heracles le devolvió el cetro. Se casó con Leda, y tuvo de ella a Cástor y Pólux (los Dioscuros), Helena y Clitemnestra.

[268] Leda, hija de Testio, rey de Etolia, seducida por Zeus bajo la forma de un blanco cisne. A los nueve meses puso dos huevos: del primero nacieron Pólux y Helena, y del segundo Cástor y Clitemnestra.

[269] Creían los griegos que el macho de una serpiente llamada ἔχις o ἔχιδνα moría en la cópula a manos de la hembra, y que esta sufría la misma suerte de los hijos que concebía.

[270] Extrañan algunos que Eurípides, celoso defensor de la justicia en este discurso de Tindáreo, no justifique la contradicción que se observa entre sus dichos y sus hechos, puesto que nada intentó contra Clitemnestra después que asesinó a su esposo Agamenón. Adviértase, sin embargo, que Tindáreo no mandaba en Argos, y que sus esfuerzos hubieran sido inútiles; que era al fin su padre, y que, de ordinario, vemos la paja en el ojo del vecino y no la viga en el nuestro.

[271] Esquilo en _Las Euménides_, verso 656-664, dice también:

Οὔκ ἔστι μήτηρ ἡ κεκλημένου τέκνου τοκεύς, τροφὸς δὲ κύματος νεοσπόρου· τίκτει δ᾽ ὁ θρῴσκων, ἡ δ᾽ ἅπερ ξένῳ ξένη ἔσωσεν ἔρνος, οἷσι μὴ βλάψῃ θεός. Τεκμήριον δὲ τοῦδέ σοι δείξω λόγου. Πατὴρ μὲν ἂν γένοιτ᾽ ἄνευ μητρός.

«No es la madre la que engendra al hijo, sino la que conserva el licor genital. Engendra el hombre; pero ella, como en hospedaje, guarda el germen para que el dios, así escondido, no le dañe. Daré una prueba de mi opinión. Puede haber padre sin madre». Alude claramente a Atenea, que nació, sin concurso de mujer, de la cabeza de Zeus.

De estas frases y de las que profiere Orestes debemos colegir que tal era la creencia vulgar de los griegos, en armonía con la distinta consideración social de que disfrutaban el hombre y la mujer, o el padre y la madre.

[272] Aunque diga el escoliasta ἔνιοι δὲ ἀθετοῦσι τοῦτον καὶ τὸν ἑξῆς στίχον· οὐκ ἔχουσι γὰρ τὸν Εὐριπίδειον χαρακτῆρα, esto es, que algunos suprimen este verso y el siguiente, porque no parecen de Eurípides, la verdad es que este trágico, enemigo de largos discursos en la ágora, no lo es en sus tragedias, como lo prueban innumerables ejemplos.

[273] En Áulide, hoy Mocsovathi, ciudad de la Beocia, frente a Calcis, en la Eubea, se juntó la flota de los griegos antes de navegar hacia Troya y fue sacrificada Ifigenia, hija de Agamenón y de Clitemnestra y hermana de Orestes, para obtener de los dioses un viento favorable.

[274] El escoliasta advierte oportunamente que desde las palabras ὦ μέλεος, Orestes habla aparte (ἠρέμα καθ᾽ ἑαυτὸν λέγει), deplorando su humillación cuando invoca el nombre de Helena, a quien tanto odiaba.

[275] Si a alguno parecen poco dignas las últimas palabras de Orestes, recuerde que los griegos, prontos como nosotros a sacrificar su vida cuándo lo exigía la salud de su patria, lo sentían, sin embargo, y sin degradarse daban rienda suelta a sus sentimientos. Entre ellos no era humillante apelar a los ruegos y lágrimas, como tampoco lo era recurrir en el foro a ciertos medios para excitar la compasión, que no están en uso entre nosotros.

[276] Fócide, región de la Grecia que confinaba al este con la Beocia, al oeste con la Etolia, al NE con el mar de Eubea y al sur con Corinto. Sus ciudades principales eran Delfos y Elatea. Estrofio, padre de Pílades, era su rey.

[277] Los agnados, lo mismo entre los griegos que entre los romanos, eran siempre preferidos a los afines, y de aquí que Orestes insista en esto particularmente.

[278] No olvidemos que Eurípides habla a un pueblo democrático.

[279] Este diálogo entre Pílades y Orestes, rápido, natural y animado, es uno de los mejores trozos de esta tragedia, y de los más notables del teatro antiguo.

[280] Atreo y Tiestes, deseosos de reinar, se habían convenido en dejarlo al arbitrio de los dioses cuando estos les manifestasen su voluntad. En efecto, apareció una oveja de vellón dorado en los rebaños de Atreo; pero Tiestes, con ayuda de Aérope, su cuñada, mujer de Atreo, pudo sustraerla y usurpar el trono.

[281] Obsérvese el poco miramiento con que el mensajero anuncia a Electra nada menos que su sentencia de muerte. En un drama moderno no se haría así, porque se seguirían convulsiones y una explosión de dolor demasiado violenta. Pero realmente Electra estaba ya preparada a oírla, y las primeras palabras del mensajero lo hacen presumir.

[282] Sobre esta colina, estaba edificado el castillo o ciudadela de Larisa, y en ella, según parece, se reunía el pueblo para emitir sus sufragios en tales casos. El litigio a que se refiere Eurípides fue el promovido por el asesinato de los hijos de Egipto a manos de las hijas de Dánao.

[283] Este Diomedes debe ser el hijo de Tideo, rey de Etolia, y uno de los griegos más esforzados que sitiaron a Troya. Peleó con Héctor y Eneas, se apoderó de las flechas de Filoctetes y de los caballos de Reso (véase el _Filoctetes_ de Sófocles y el _Reso_ de Eurípides), robó el Paladión y, asistido de Atenea, combatió contra los dioses, hiriendo a Ares y a Afrodita. A su vuelta, vendido por su esposa Egialea, huyó de su patria y, según cuentan, fundó en Italia a Arpi y Benevento.

[284] Algunos han creído que Eurípides aludía al demagogo Cleón, fundados en estas palabras, porque, según dice Aristófanes, no era ateniense, sino extranjero; sin embargo, Eurípides solo da a entender que no obraba como lo hubiera hecho un ciudadano probo y honrado, un argivo patriota. Por lo demás, este retrato es el de todos los demagogos, y así es aplicable a Cleón como a cualquiera otro.

[285] Los pelasgos fueron un pueblo indo-germánico que penetró en la Grecia hacia el año 2000 antes de Jesucristo. Poblaron primero el Norte, la Tracia, la Macedonia, la Iliria, el Epiro y la Tesalia, y después se extendieron por toda la Grecia. Fueron vencidos por los dorios, y de ellos vinieron los ilotas de Lacedemonia. Aunque era un pueblo bárbaro, tenía conocimiento de la metalurgia y de la arquitectura, como lo prueban las construcciones ciclópeas de la Grecia y de la Etruria, y de la poesía. Su gobierno era generalmente monárquico y sacerdotal; su religión, una especie de fetichismo combinado con el culto de ciertos dioses orientales.

[286] Ínaco, fenicio fundador de Argos que residió también en Egipto, desde donde vino con pastores fenicios, egipcios y árabes.

[287] Alude a la próxima llegada de Orestes con Pílades y otros amigos.