Obras dramáticas de Eurípides (1 de 3)
Part 21
De ningún modo; yo los enterraré, y los llevaré al bosque sagrado de Hera, diosa Acrea,[441] para que ninguno de sus enemigos los insulte, removiendo su sepulcro; en este país de Sísifo[442] instituiré fiestas solemnes y sacrificios para lo futuro, en expiación de tan impío asesinato. Yo iré a la tierra de Erecteo, y habitaré con Egeo, el hijo de Pandión. Tú, que eres perverso, tendrás mala muerte, aunque justa, y los restos de la nave _Argo_ herirán tu cabeza,[443] ya que has sido testigo del amargo fin de mis bodas.
JASÓN
Acabe contigo la Furia vengadora de tus hijos asesinados, y la Justicia castigue tu crimen.
MEDEA
¿Qué dios, qué divinidad podrá escucharte, cuando eres perjuro y traidor a quienes te dieron hospitalidad?
JASÓN
¡Fuera, fuera de aquí, malvada, asesina de tus hijos!
MEDEA
Vete al palacio y entierra a tu esposa.
JASÓN
Allá voy, huérfano de mis dos hijos.
MEDEA
Aún no has gemido bastante; la vejez te aguarda.
JASÓN
¡Oh, hijos muy amados!
MEDEA
De su madre, no de ti.
JASÓN
Y sin embargo los mataste.
MEDEA
Para ofenderte.
JASÓN
¡Ay de mí, desventurado! Solo deseo besar mis hijos queridos.
MEDEA
Ahora los llamas, ahora deseas verlos, y antes los rechazabas.
JASÓN
Concédeme, por los dioses, que toque siquiera sus infantiles cuerpos.
MEDEA
No; vanos son tus ruegos.
JASÓN
¿Oyes, Zeus, cómo desoyen mis súplicas? ¿Ves lo que sufro de esta execrable leona, asesina de sus hijos? Pero en cuanto pueda y me sea lícito, me lamentaré así y daré gritos, poniendo a los dioses por testigos de que me prohíbes tocar y sepultar los cadáveres de los hijos que mataste: ¡ojalá que nunca los viese, si habían de perecer a tus manos!
EL CORO
Zeus, desde el Olimpo, gobierna al mundo, y muchas veces hacen los dioses lo que no se espera, y lo que se aguarda no sucede, y el cielo da a los negocios humanos fin no pensado. Así ha acontecido ahora.[444]
FIN DEL TOMO PRIMERO
ÍNDICE
Páginas.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR. 5
Introducción. — Ojeada general histórico-crítica sobre las tragedias de Eurípides. 9
Hécuba. 33
Hipólito. 97
Las Fenicias. 169
Orestes. 257
Alcestis. 351
Medea. 417
NOTAS
[1] La obra de M. Victor Duruy, titulada _Histoire Grecque_, que hemos tenido a la vista, es algo parcial por la democracia, cuya defensa parece ser uno de sus principales objetos. Habla siempre de Aristófanes con pasión y con odio, acaso porque no ha sabido apreciar sus relevantes dotes como poeta y como ciudadano, y porque combate los excesos de la demagogia. Fuera de esto, es obra recomendable, si bien no debemos olvidarlo, porque anda en manos de todos. Al leerla, dentro de algunos años, dirá, sin duda, la posteridad: «¡Qué bien escribía este autor la historia de su tiempo, creyendo escribir la de Grecia!».
[2] Teofrasto, este hombre que hablaba con tanta gracia, que se expresaba divinamente, fue calificado de extranjero y llamado así por una pobre mujer a quien compraba hierbas en el mercado, y que averiguó, por yo no sé qué perfil ático que le faltaba, y que los romanos llamaron después urbanidad, que no era ateniense: y Cicerón refiere que aquel personaje se admiró de ver que, habiendo envejecido en Atenas, dominando tan perfectamente el dialecto ático, y habiendo adquirido su acento por un hábito de tantos años, no había logrado alcanzar lo que el pueblo poseía naturalmente y sin ningún trabajo. (La Bruyère, _Discours sur Théophraste_).
[3] Un pueblo democrático, con sus ciudadanos egoístas, díscolos, frívolos, fanfarrones y vanidosos, no puede prosperar, sino que se suicida, víctima de sus propias faltas. (Hegel, _Esthétique_, traducción francesa de M. Bénard, tomo V, pág. 17, edición de 1852).
[4] Aunque el obispo Thirlwall, historiador de la Grecia, habla de _all the attempts which for the last forty years have been systematically made in our own literature —the periodical as well as the more permanent— for political and other purposes to vilify the Athenians_, no por eso es menos cierto, como puede verse en la obra de Druman, titulada _Geschichte des Verfalles der griechischen Staaten_, y sobre todo en Tucídides, Aristófanes y Jenofonte, testigos presenciales de estos sucesos, que el pueblo ateniense contribuyó con sus faltas a la ruina de su patria.
[5] Como está tan embrollada la cronología del teatro griego, no es extraño que los eruditos discrepen tanto acerca del año en que nació Eurípides. Nosotros seguimos a Plutarco, _Symps._, lib. VIII, cap. I, y a Diógenes Laercio en su vida de Sócrates. La Crónica de Paros dice que Eurípides nació en el año 3.º de la olimpiada 73 (486 antes de Jesucristo), esto es, seis años antes. De este mismo parecer son Samuel Prevost, Tomás Lydiat, Hesychio y Segismundo Jacobo Baumgarten, el cual añade que el nombre de Eurípides proviene del río Euripo, en cuya desembocadura se dio la batalla de Salamina. Levesque, en sus _Mémoires de L’Instit. national_, tomo I, pág. 325, dice así: «Eurípides nació el año 3.º de la olimpiada 63, (526 antes de nuestra Era).» Este dato es conocidamente erróneo, porque entonces resulta que Eurípides es un año anterior a Esquilo. Samuel Murgrave ha dilucidado suficientemente este punto en su _Chronologia scenica ab Euripidis nati tempore ad ejusdem mortem_, y en Boeck (_Corpus inscriptionum græcarum_. Berlín, 1743) se encuentran también muchas ingeniosas y útiles observaciones. En la obra de Gottl. Chris. Fried. Mohnike, titulada _Geschichte der Literatur der Griechen und Römer_, hallamos esta tabla:
1.º El nacimiento de Εsq. cae en la olimp. LXIII 4 ant. J. C. 525 Su muerte LXXXI 1 — 456 2.º El nacimiento de Sófocles LXXI 2 — 495 Su muerte XCIII 3 — 406 3.º El nacimiento de Eurípides LXXV 1 — 480 Su muerte XCIII 3 — 406
Esquilo murió, pues, a los sesenta años de edad. Sófocles a los noventa y Eurípides a los setenta y cinco.
Hemos preferido seguir los datos cronológicos de esta tabla, porque en la Crónica de Paros se observan ciertas contradicciones que han suscitado graves dudas entre los críticos, porque es ilegible en muchas de sus partes, por las dudas que se han promovido acerca de su autenticidad, por la fe que nos merecen Plutarco y Diógenes Laercio, por la tradición constante, seguida hasta ahora por la gran mayoría de los eruditos, de que Eurípides nació el año indicado, y porque, en realidad, es pequeña la diferencia de seis años que se observa entre los datos de la Crónica y los que adoptamos.
[6] Llámale, en efecto, hijo de la verdulera (τῆς λαχανοπωλητρίας) en el v. 393 y en otros muchos pasajes de sus comedias, y lo mismo dice Aulo Gelio con referencia a Theopompo. Suidas y Manuel Moscópulo, griego de Constantinopla que pasó a Italia cuando la toma de aquella ciudad por los turcos, aseguran, fundándose en la autoridad de Filócoro, que esta tradición es falsa. Valerio Máximo en el lib. III, cap. IV y Plinio, _Hist. Nat._, lib. XXII, cap. XXXVIII, hablan también de esto. La aserción de Aristófanes, tantas veces repetida y en boca de un autor contemporáneo de Eurípides, es para nosotros irrecusable.
[7] Tal es la opinión de Valckenaer en su _Diatr. in Eurip. per. dram. reliquias_, cap. IV, en donde asegura que se encuentran doctrinas de Anaxágoras en las tragedias de Eurípides, y en efecto, si es auténtico el pasaje que se conserva de _Melanipa_, tragedia perdida, su aserción no carece de fundamento.
[8] Diógenes Laercio cita dos versos de Mnesíloco, antiguo cómico, que dicen así:
Φρύγης ἐστὶ καινὸν δρᾶμα τοῦτ’ Εὐριπίδου ᾯ καὶ Σωκράτης τὰ φρύγαν’ ὑποτίθησι
(_Los Frigios_ son un drama nuevo de Eurípides, bajo el cual Sócrates puso también astillas).
[9] El epitafio ha sido conservado por Tomás Magister.
Distintas opiniones hay también acerca de la muerte de Eurípides. Unos, como el elegíaco Hermesianax y varios biógrafos, dicen que murió despedazado por perros; otros por las mujeres, a quienes tanto había ofendido, y otros, en fin, que murió de viejo. Esta última opinión es para nosotros la más probable, puesto que, a ser ciertas las primeras, no hubiera dejado Aristófanes de hacer mención de ellas en _Las Ranas_, que se representaron poco después de la muerte de Eurípides.
[10] Ælian., _Var. hist._, lib. II, cap. XIII.
[11] Τραγικὼτατος, _Poet._, lib. XXIII, 14.
[12] Tomás Magister ha conservado un epigrama, en el cual dice Menandro que si los muertos sintieran, como algunos piensan, él se alegraría de visitar el infierno para conocer a Eurípides.
[13] _Tratado de lo sublime_, cap. XV.
[14] _Crítica de los antiguos escritores_, publicada por Jacob, págs. 419 y 20.
[15] Aug. Wilhelm. Schlegel, _Vorles. über dram. Kunst und Literatur_. Leipzig, 1846, tomo I, pág. 134.
[16] Epist., lib. XVI, ep. 8.
[17] Longe clarius quam Æschylus illustraverunt hoc opus Sophocles atque Euripides, quorum in dispari dicendi via, uter sit poeta melior, inter plurimos quæritur. Idque ego sane, quoniam ad præsentem materiam nihil pertinet, injudicatum relinquo. Illud quidem nemo non fateatur necesse est, iis, _qui se ad agendum comparent_, utiliorem longe Euripidem fore. Namque is et in sermone, quod ipsum reprehendunt, quibus gravitas ex cothurnus et sonus Sophocli videtur esse sublimior, magis accedit oratorio generi, et sententiis densus, et in iis, quæ a sapientibus tradita sunt, pene ipsis par; et in dicendo ac respondendo cuilibet eorum, qui fuerunt in foro diserti, comparandus; in affectibus vero cum omnibus mirus, tuum in iis, qui miseratione constant, facile præcipuus. Hunc et admiratus maxime est, et sæpe testatur et secutus, quamquam in opere diverso, Menander. (Quintil., _Instit. orat._, lib. X, cap. I). Obsérvese la frase _qui se ad agendum comparent_, en la cual repara sin duda M. Émile Lefranc en su _Histoire de la littérature grecque_, ed. 1838, pág. 133, y que realmente es un epigrama contra Eurípides, porque son muy distintos el estilo de la retórica y el del drama.
[18] Jacob, _Nachtragen zu Sulzer’s Allgemeine Theorie der sch. Künste_, Theil 5, págs. 335-422.
[19] Aug. Wilhelm Schlegel, _Vorles. über dram. Kunst und Literatur_, Leipzig, 1846, págs. 131-146.
[20] También se ha suscitado la cuestión de si Eurípides es o no enemigo de las mujeres, μισογύνης, como le llamaban los griegos. Aug. Guill. Schlegel cita, en sus _Vorles. über dramatisch. Kunst und Literatur_, tomo I, pág. 141 (Leipzig, 1846), las palabras de Sófocles, que ha conservado Ateneo, según las cuales su aborrecimiento provenía de su extremada afición a ellas. Welcker, en sus comentarios a _Las Ranas_, de Aristófanes, pág. 248, y N. G. Lenz en la _N. Bibl. d. sch. Wiss._, 58, 11, págs. 195-215, lo defienden de esta imputación nada lisonjera, fundándose en lo que dicen Aulo Gelio y Suidas sobre el carácter sombrío e intratable de este poeta. Basta, sin embargo, leer sus tragedias para convencerse de la verdad de ese dictado, y sobre todo a Aristófanes, que, como hemos dicho antes, es el mejor juez en este punto, puesto que conocía otras muchas tragedias suyas además del _Hipólito_, hoy perdidas, en las cuales debió aparecer enemigo declarado del bello sexo.
[21] En la genealogía de Hécuba, Eurípides ha seguido una tradición desconocida, fundada acaso en algún poeta griego anterior, cuyas obras no han llegado hasta nosotros. Homero en su _Ilíada_, XVI, 758, dice que el padre de Hécuba fue Dimas, rey de Frigia. Polidoro tampoco aparece en dicho poema como hijo de Hécuba, sino de Laótoe, y muere a manos de Aquiles, no de Poliméstor. (_Ilíada_, XX, 408; XXI, 81 y siguientes). La opinión de Eurípides es también la de Virgilio (_Eneid._, X, 706) y la de Ovidio (_Metam._, 429-575), los cuales, como él, hacen a Hécuba hija de Ciseo.
[22] Quersoneso, de las dos palabras griegas χέρσος y νῆσος, continente e isla, equivale a nuestra voz _península_. Los antiguos conocieron varios, y uno de ellos era este de Tracia, hoy Galípoli, entre el golfo Melas y el Helesponto. Perteneció a los atenienses desde Milcíades, y lo perdieron en la guerra del Peloponeso.
[23] En el texto leemos ὅπλα, armadura, arma defensiva, lo contrario de ἔγχος, que era la ofensiva. Dice, pues, bien el escoliasta: ὅπλα τὰ φυλακτήρια οἷον θώραξ, κράνος, ἔγχος δὲ καὶ σπάθη ἀμυντήρια.
[24] Virgilio, a este propósito, dice en el canto IV de su _Eneida_:
Hæc omnis, quam cernis, inops, inhumanataque turba est: Portitor ille, Charon: hi, quos vehit unda, sepulti. Nec ripas datur horrendas, nec rauca fluenta Transportare prius, quam reditus ossa quiescunt. Centum errant annos, volitantque hæc litora circum. Tum demum admissi stagna exoptata revisunt.
[25] Para entender este pasaje debemos suponer que Hécuba, asustada de su visión, sale en busca de su hija Casandra, famosa profetisa y concubina de Agamenón, en cuya tienda debía hallarse. La desolada madre desea que le explique su sueño.
[26] Estos sueños horribles, distintos de los plácidos, son hijos de la Noche y de la mansión subterránea en donde habitaban. (Véase la _Teog._ de Hesíodo, 212; la _Odisea_ de Homero, XXIV, 12; Virgilio, _Eneida_, VI, 282-894, y la _Ifig. en T._ del mismo Eurípides, 1203).
[27] _Timele_, del griego θυμέλη, altar, templo, estrado, segunda división de la orquesta destinada al coro.
[28] En el verso 91 se dice claramente que Aquiles, al aparecerse a los griegos, no pidió el sacrificio de Políxena, no obstante las palabras de Polidoro en el verso 40 y las de Odiseo en el 387. Si así lo hubiera hecho, la cuestión promovida en la asamblea de los griegos estaba resuelta y hubiera sido ociosa. Versó solo acerca de si había de ser o no Políxena. Polidoro se expresa así en el verso 40, porque tenía ya conocimiento de lo que había de suceder, y Odiseo por igual razón, pero no refiriéndose a las palabras textuales del espectro de Aquiles.
[29] Acamante y Demofonte, hijos de Teseo. (Véase los _Heráclidas_ de Eurípides).
[30] M. Artaud, _Tragédies d’Euripide_, tomo I, pág. 21, traduce las palabras τύμβου προπετῆ por _renversée devant le tombeau_, y en nuestro juicio no debe ser así, sino como nosotros lo hacemos. La voz προπετής corresponde exactamente a la latina _pronus_, y por eso el escoliasta la explica, añadiendo ἐπὶ τὸν ταφόν πορευομένην. En este mismo sentido la vemos usada en la _Alc._, 909, y en las _Traqu._ de Sóf., 975. Así piensa también Hermann, y es lo más lógico, porque el sacrificio se celebra luego sobre el mismo túmulo, no delante de él, y no hay necesidad de incurrir en esa contradicción.
[31] Llama aurífero al cuello de Políxena porque supone que está adornado de collares de oro.
[32] M. Artaud, en sus _Tragédies d’Euripide_, tomo I, 23, llama justamente la atención hacia estas palabras de Políxena. Laudable, bello y hasta cristiano es, en efecto, su amor filial, que, desentendiéndose de las voces del egoísmo, solo se acuerda de las desdichas de su madre.
[33] Aunque se nos haga extraño que Odiseo llorara lágrimas de sangre, y la expresión parezca metafórica, no lo es, sin embargo, porque esa sangre provenía de las heridas que se había hecho en el rostro, sea para desfigurarse más, sea para excitar la compasión de los troyanos. Helena cuenta así esta aventura en la _Odisea_, VI, v. 242 y siguientes:
«Un día se llena de heridas vergonzosas, cubre sus hombros de viles harapos como un esclavo, y penetra en la vasta ciudad de Príamo disfrazado de mendigo, bien diferente del famoso héroe de la flota de los griegos».
[34] Séneca, _Troades_, v. 293, dice:
Quod si levatur sanguine infans cinis Opima Phrygii colla cædantur greges, Fluatque nulli flebilis matri cruor.
Los lectores observarán la notable diferencia que hay entre la sencillez de Eurípides y la ampulosidad del célebre cordobés.
[35] Porque Aquiles murió de un flechazo de Paris, hermano de Políxena.
[36] A propósito de este verso, repetido en el 66 de _Orestes_, dice J. A. Hartung en su _Euripides, Hecube_, XI, pág. 150: «Dieser aus Orest. (v. 66) herübergesetzte vers passt hier nicht: denn er sagt zu viel. Wie kann Hecabe, einige Tage nach der Einascherung ihrer Stadt, bereits sagen, dass sie sich freue und ihr Leiden vergesse im Anblick ihrer Tochter?». Al contrario, es lo más natural que después de haber perdido a su esposo, a sus hijos y a su ciudad concentrase en Políxena todo su afecto. No dice, pues, demasiado, ni es inconcebible que así se exprese, y tanto en boca de Helena como de Hécuba, siendo distinto el carácter de ambas, es una frase propia.
[37] Algunos eruditos rechazan la palabra πόλις, y ponen en su lugar κόσμος o πόθος, porque, en su concepto, es extraño que Hécuba compare a Políxena con una ciudad. Bien mirado, sin embargo, no lo es, porque su sentido es el más natural y comprensible. Hécuba solo quiere decir que Políxena es para ella un objeto tan amado como lo era Troya antes de perecer. Adviértase además que los griegos profesaban a la ciudad en que nacían el mayor cariño, y que no eran, ni con mucho, tan humanitarios ni cosmopolitas como nosotros.
[38] Todo este discurso de Odiseo replicando a Hécuba es un tejido de sofismas, entre los cuales domina la razón de Estado como supremo móvil de tan inhumano sacrificio. Por lo demás, caracteriza bien al astuto hijo de Laertes y al orador popular, despiadado y duro que, por congraciarse el favor del ejército, no retrocede ni aun ante los crímenes. Obsérvase, sin embargo, que el Odiseo que aquí vemos no es el de la _Odisea_ de Homero.
[39] El Ida, hoy Kaz-dag, es un monte del Asia Menor a cuya falda estaba situada Troya, célebre por el juicio de Paris y porque de él nacían los ríos Escamandro, Rheno y Gránico.
[40] Leemos en Plinio, _Hist. Nat._, l. III, c. 43: «Antiquis Græciæ in supplicando mentum attingere mos erat». Abrazaban también las rodillas, o tocaban la mano, todo lo cual estaba consagrado a Zeus ἰκέσιος. Para no pecar contra Zeus, aquel a quien suplicaban se oponía a que le tocasen, como hace aquí Odiseo.
[41] La Frigia, una de las regiones del Asia Menor, se extendía en un principio desde la desembocadura del Meandro hasta cerca de Partenio, y bañábanla los mares Egeo, la Propóntide y el Ponto Euxino. Limitábanla al este el Halis, y al sur los montes de la Pisidia y de Licaonia. Con el tiempo variaron mucho estos límites. En ella estaba edificada Troya.
[42] En esta parte seguimos el texto griego de Hartung. En vez de ὀμμάτων ἐλευθέρων, se lee en muchas ediciones ἐλεύθερον, concertándolo con φέγγος, no con ὀμμάτων; pero es indudable, no solo que la luz no es cautiva de los ojos ni se liberta de su prisión al cerrarlos, sino que el poeta alude a la calidad de mujer libre de Políxena, pues aún no tenía dueño. Confirman nuestra opinión los versos 984 de la _Ifig. en A._, 219 del _Hérc. Fur._ y 868 de la _Elect._, en todos los cuales ἐλεύθερος va con ὄμμα.
[43] Juvenal va más allá, y dice: _Nobilitas sola est atque unica virtus_. (Sát. VIII contra la nobleza, v. 20).
[44] Entiéndese por _peplo_ una especie de túnica ligera que cubría a la interior, sin mangas, bordada a veces de oro o de púrpura, que se sujetaba con broches, ya en el hombro, ya en el pecho. Hacía las veces de las túnicas de brocado con que vestimos a las efigies de las vírgenes, y engalanaba las estatuas de los dioses, y principalmente de las diosas. Los más famosos fueron el de Afrodita, obra de las Gracias, y el de Atenea. Unas veces llegaba hasta el suelo, y otras no. En las estatuas de la antigüedad se ve levantado o ceñido con un cinturón, y ordinariamente deja descubierta parte del cuerpo.
[45] El nombre de _Dóride_ se daba a un reducido territorio entre la Fócide, la Lócride y la Tesalia, al ángulo SO de la Caria, en el Asia Menor, por las colonias dóricas fundadas en él y el Peloponeso, en donde se fijó esa raza helénica. Eurípides alude a esta última región, porque habla de riberas, y porque de allí eran Menelao y muchos guerreros griegos.
[46] _Ftía_, capital de la Ftiótide, que comprendía toda la parte meridional de la Tesalia.
[47] _Apídano_, río de la Tesalia, hoy _Epideno_, que nacía en el monte Otris, pasaba cerca de Farsalia y desembocaba en el Peneo.
[48] «Un día en Delos (dice Odiseo, _Odisea_, VI, v. 163), cerca del altar de Apolo, yo vi, esbelto como tú, un tronco nuevo de palmera». — Ovidio en sus _Metam._, VI, 335, alude también a ella en estos versos: _Illic incumbens cum Palladis arbore palmae — Edidit invita geminos Latona noverca_. — Este tronco, según se deduce de las palabras de Homero y de Plin., _H. N._, XVI, c. 89, se guardaba en Delos como una sagrada reliquia.
[49] Alusión a la fiesta de las grandes Panateneas, en la cual se ofrecía a la diosa Atenea un peplo suntuoso, labrado primorosamente por las matronas y doncellas atenienses con ayuda de sus esclavas. Estas labores representaban de ordinario las hazañas de la diosa.
[50] Cuando dice el coro que trueca el tálamo por el Orco, no debe entenderse que va a morir, sino que el nuevo estado que le aguarda es comparable al infierno, sobre todo recordando los placeres de que hubiese disfrutado en Troya, a no haber sido tomada. Este, en nuestro concepto, es el sentido más natural.
[51] Esta larga narración del heraldo Taltibio es tan bella y tan helénica, ya por su sencillez y falta de artificio, ya por las costumbres que nos revela, ya por el patético que en ella reina, que no nos cansamos de leerla. Bárbaro es, en verdad, el sacrificio; pero recuérdese que los héroes del sitio de Troya nada tenían de cultos, y que por eso mismo, en concepto de Hegel, eran más poéticos, puesto que con su sencillez y rudeza primitiva disfrutaban de más libertad e independencia en las acciones que los hombres de nuestros días, siempre cercados por la ley. Hablamos poética, no socialmente.
[52] Literalmente, «hasta el ombligo».
[53] Poco valen, en verdad, dramáticamente consideradas, estas palabras de Hécuba. En vez de consolarse porque su hija murió con dignidad, otra madre la hubiera sentido más. Tampoco es esta ocasión oportuna de filosofar, sino solo de sentir, y así lo conoce el poeta, que vacila entre sus tendencias sofísticas y su buen gusto literario, y que acaba, después de dejarse llevar de las primeras, por rendir su tributo al segundo. Defecto es este de Eurípides que observamos en otras tragedias, y que nos pinta la sociedad de aquella época, algo semejante a la de Roma desde los emperadores, y a la de Europa en el pasado siglo.
[54] Hécuba alude al himeneo de Políxena, la prometida de Aquiles, que se hubiera celebrado a no ser por la traición de Paris, que hirió en el talón vulnerable al hijo de Peleo. Por eso la llama esposa y no esposa, virgen y no virgen.