Obras dramáticas de Eurípides (1 de 3)
Part 19
Concédeme de plazo este solo día, y pensaré en dónde he de refugiarme con mis hijos, ya que su padre no se cuida de ellos; compadécete de su suerte, que tú también los tienes; míralos con agrado. Poco me curo de mí y de mi destierro, pero deploro su mala fortuna.
CREONTE
No es tiránica mi natural índole, y muchas veces me ha perdido mi bondad. Y veo que no obro bien ahora, ¡oh mujer!, y sin embargo, lograrás lo que deseas; pero advierto que morirás si te llega a alumbrar aquí o a tus hijos la antorcha del sol que ha de lucir mañana: lo dicho dicho está, y no me volveré atrás. Ahora, si te conviene quedarte aquí, quédate por un solo día, que no podrás cometer ningún crimen de los que temo.
EL CORO
¡Infeliz mujer! ¡Ay, ay, cuántos son tus dolores! ¿Adónde te encaminarás al fin? ¿Quién te dará hospitalidad, qué techo te cobijará, qué tierra podrás encontrar que te libre de males? ¡En peligrosa borrasca, ¡oh Medea!, te han lanzado los dioses![400]
MEDEA
Rodéanme solo desdichas: ¿quién podrá contradecirlo? Pero no será como pensáis, no. Nuevas luchas aguardan a los esposos y no pocos trabajos a los suegros. ¿Crees, acaso, que yo le habría hablado nunca con tanta dulzura sino por ganar tiempo y vengarme? Me hubiera callado, absteniéndome de tocar sus manos. Tan grande es su insensatez que, pudiendo desbaratar mis proyectos, desterrándome de aquí ahora, me ha concedido el plazo de un día, que bastará para dar muerte a tres enemigos míos: al padre, a la hija y a mi esposo. Aunque tengo muchos medios de hacerlos morir, no sé, ¡oh amigas!, cuál emplearé primero: si incendiaré el palacio nupcial, o si los atravesaré con el afilado acero, entrando ocultamente en el aposento en que está preparado el nupcial lecho. Solo un obstáculo me detiene: si al cumplir mi propósito me prenden, se regocijarán con mi muerte. Lo mejor es matarlos con veneno, en cuyo arte soy maestra.
Sea así; supongamos que ya han perecido: ¿qué ciudad me acogerá? ¿Quién me dará hospitalidad, y me dejará libre, y me ofrecerá un país seguro y un albergue que me inspire confianza? No es fácil. Como me queda tan poco tiempo, si encuentro algún refugio que me tranquilice, cometeré mi crimen dolosa y ocultamente; si la inevitable fortuna trastorna mi plan, los mataré con mi espada, aunque después muera yo; ellos verán hasta dónde llega mi audacia. No, por Hécate,[401] deidad a quien rindo especial culto, y cuya protección he implorado en este trance en el secreto santuario de mi palacio; nadie se reirá de mis dolores. Amargas y tristes serán las nupcias, amargo el nuevo parentesco, amargo mi destierro de este país. Ea, pues, Medea; apela a todos tus artificios, delibera y medita, no vaciles en cometer tu atroz delito; veremos quién es más fuerte. ¿No consideras tu estado? ¿Has nacido de noble padre y desciendes del Sol,[402] y servirás de ludibrio en las bodas de Jasón y de los hijos de Sísifo?[403] Tú eres sagaz; por naturaleza somos las mujeres las más incapaces de hacer el bien, pero artífices los más ingeniosos de todo linaje de males.[404] (_Mientras canta el coro, Medea no abandona el teatro, aunque quede en segundo término_).
EL CORO
_Estrofa 1.ª_ — Hacia atrás corren las ondas de las sagradas fuentes, y la justicia y todas las cosas hacia atrás se revuelven. El dolo preside en los consejos de los hombres y no hay fe en los dioses. Para que mi vida sea alabada ha de cambiar mi fama: sea honrado mi sexo, y las mujeres no gozarán de infausto renombre.
_Antístrofa 1.ª_ — Las Musas, madres de las antiguas canciones, no publicarán ya mi perfidia; Febo, dios de la poesía, no nos ha concedido componer cantos divinos, acompañados de la lira,[405] porque entonces yo hubiese entonado un himno contrario a los hombres, ya que la larga edad pasada aduce tantas pruebas contra nosotras y contra ellos.
_Estrofa 2.ª_ — Mas tú abandonaste el hogar paterno, navegando airada; atravesaste los dos peñascos del mar,[406] habitas en tierra extranjera, y viuda solitaria yaces en el lecho, ¡oh desdichada!, y te destierran de este país con ignominia.
_Antístrofa 2.ª_ — El aire se llevó los juramentos y desapareció el pudor de la Grecia, siendo tan vasta. Tú, desventurada, no tienes palacio paterno al cual recurras en tus miserias, y en el tuyo y en tu esposo domina otra reina más poderosa que tú.
JASÓN
No solo ahora, sino muchas veces he observado que la rabiosa cólera es mal irreparable. Cuando podías quedarte en tu casa y en este país, si obedecieras resignada las órdenes de los que mandan, los obligas, profiriendo vanas palabras, a que te lancen de aquí. Para mí no hay en esto la menor molestia; no dejes nunca de decir que Jasón es el peor de los hombres; pero en cuanto a tus injurias contra los príncipes, debes convenir conmigo en que no ganas poco siendo solo desterrada. Siempre me esforcé en aplacar la ira de los reyes, enfurecidos contra ti, y deseaba que te quedases; pero tú, siempre insensata, prosigues maldiciendo a los que reinan, y así no habrá otro remedio que desterrarte. Sin embargo, ni aun por esto falto a los que amo; tal es la razón que me ha obligado a venir aquí, ¡oh mujer!, para mirar por ti, para que no salgas pobre con tus hijos, si algo necesitas. Muchos males trae consigo el destierro, y aunque me aborrezcas, nunca podré quererte mal.
MEDEA
¡Oh tú, el mayor de los malvados! (que, débil mujer, solo mi lengua debe ofenderte), ¿has venido a vernos, has venido a vernos cuando te odio más que a nadie? (y los dioses conmigo y todo el linaje humano).[407] No es confianza ni fortaleza mirar frente a frente a los amigos a quienes injurias, sino desvergüenza, la más grave de las debilidades humanas. No obstante, has hecho bien en venir, porque me consolaré maldiciéndote, y tú sufrirás oyéndome. Comenzaré, pues, tu apología. Te salvé, como saben todos los griegos que se embarcaron contigo en la nave _Argo_, cuando guiaste los toros uncidos al yugo, que aspiraban llamas, para sembrar el mortífero campo; y después que maté al vigilante dragón que guardaba el vellocino de oro envuelto en sus monstruosos pliegues, visto por mí la luz saludable.[408] Yo misma, abandonando traidoramente a mi padre y a mi familia, te acompañé a Yolco el del Pelión con más ligereza que prudencia, y maté a Pelias (cuando la muerte es el peor de los males) valiéndome de sus mismas hijas, y te liberté de todo temor. Y por estos beneficios, ¡oh tú, el más infame de los hombres!, me has vendido y buscado un nuevo tálamo para que no se acabe tu linaje. Si no tuviera hijos, podría perdonarte tus nuevas nupcias. No has hecho caso de tus juramentos, ni es fácil saber si crees que todavía reinan los dioses que antes reinaron, o si los hombres han recibido otras leyes, aun cuando estés bien seguro de que no me has sido lo fiel que debieras. ¡Ay de mi diestra, que tanto estrechaste! ¡Ay de mis rodillas, que en vano tocó un hombre malvado! Perdimos toda esperanza. Ea, pues, hablaré contigo como si fueras amigo, y aunque no eres capaz de hacerme bien alguno, te hablaré, sin embargo, para que cuando te reconvenga, sea mayor tu oprobio. ¿Adónde me dirigiré ahora? ¿Al palacio de mi padre y a mi patria, abandonada antes por venir aquí? ¿Buscaré las míseras hijas de Pelias? Bien me recibirán, sin duda, en su palacio, después de haber dado muerte a su padre. Tal es mi desesperada situación, que me aborrecen los amigos a quienes no debí nacer mal, y tengo por enemigos a quienes solo dispensé beneficios, como sucede a ti. Soy por tu causa la esposa más feliz y envidiable de la Grecia, y tú un portentoso y fidelísimo marido: tú eres el autor de mis desventuras, tú me obligas a huir de aquí desterrada, sin amigos, sola con mis hijos, también solos. ¡Preclara gloria para el nuevo esposo reducir a sus hijos y a su salvadora a la condición de errantes mendigos! ¿Por qué, ¡oh Zeus!, has permitido que los hombres distingan el oro verdadero del falso, y no has impreso una señal en el cuerpo para que no se confundan los malos con los buenos?
EL CORO
Grave mal es la ira, y se cura con trabajo si los amigos luchan con amigos.
JASÓN
Preciso es, según parece, que yo no sea imperito en hablar, sino como prudente piloto que pliega las velas de la nave, ¡oh mujer!, para escapar a tu locuacidad desenfrenada. He de decirte, pues, ya que tanto ponderas tus beneficios, que Afrodita sola, no otro dios ni hombre, me salvó en mi navegación. Sutil es tu ingenio, y te será enojoso que yo cuente cómo te forzó el Amor con sus inevitables saetas a libertarme. Pero no insistiré en esto. No puedo negar que me ayudaste; pero probaré que tú has ganado en ello más de lo que hubieras perdido haciendo lo contrario. En primer lugar, vives en la Grecia y no en país bárbaro, y has conocido en ella lo que valen el derecho y las leyes, no la arbitrariedad y la violencia; todos los griegos alaban tu ingenio, y has alcanzado gloria, y si habitases en los últimos confines del orbe, nadie hablaría de ti. Aunque en mi palacio no tenga riquezas, aunque no pueda componer versos superiores a los de Orfeo, que la fama, en cambio, celebre mis hazañas. He aquí mis obras, ya que tú has suscitado esta disputa. Por lo que hace a mis nupcias, que has escarnecido, probaré primero mi prudencia, después mi moderación, y, por último, que todo ello es la consecuencia del afecto que profeso a ti y a mis hijos. Tranquilízate, pues. Cuando llegué aquí desde Yolco, presa de intolerables sufrimientos, ¿qué mayor ventura para mí que casarme con la hija del rey, no siendo más que un mísero desterrado? No, como tú dices con sarcasmo, porque te aborrezca, ni por los incentivos que me ofrece una nueva esposa, ni por tener muchos hijos (que me bastan los tuyos, y no me quejo de ello), sino lo que es más importante, por vivir vida pacífica y no sufrir la miseria, sabiendo que los amigos huyen del pobre, y para educar a mis hijos como a su cuna corresponde, y si engendrare otros, hermanos de los tuyos, para que todos sean iguales, y verlos juntos, y disfrutar así de ventura. ¿Para qué necesitas a los tuyos? A mí me interesa servir con los que tenga a los que ya viven. ¿He pensado mal acaso? No lo dirías tú si no te amargara mi matrimonio. Vosotras las mujeres creéis poseerlo todo cuando vuestro lecho nupcial queda a salvo; pero si sufrís algo en esta parte, miráis como lo más adverso lo mejor y más útil. Convendría que los mortales procreasen hijos por otros medios, y que no hubiese mujeres, y así se verían libres de todo mal.
EL CORO
Elegante discurso has pronunciado, ¡oh Jasón!, y sin embargo me parece, aunque de tu opinión disienta, que no has obrado en justicia faltando a tu esposa.
ΜEDEA
No hay duda que en muchos puntos no pienso como los demás mortales. En mi juicio, el que es sagaz hablando, cuando huella el derecho merece el mayor castigo; confiando en que podrá paliar sus defectos con la palabra, se atreve a obrar mal, y así no es bastante sabio. No pronuncies, pues, contra mí frases especiosas, ni te jactes de tu pericia en hablar, que una sola palabra mía bastará para confundirte. Si no obrabas con mala intención, debiste convencerme primero de ello antes de casarte, y no hacerlo sin conocimiento de tus amigos.
JASÓN
Seguramente hubieras aprobado mi propósito si te hubiese dicho que pensaba casarme, cuando ahora refrenas tu ira con trabajo.[409]
ΜEDEA
No te afligía ese cuidado; al contrario, era para ti humillante tener esposa extranjera acercándose tu vejez.
JASÓN
Te aseguro, ya que ha llegado la ocasión oportuna, que no por esa mujer he deseado y conseguido ese regio matrimonio, sino, como te dije antes, por tu bien y el de tus hijos, y porque tengan otros hermanos de sangre real, columnas de mi familia.
ΜEDEA
Que no me toque en suerte dicha mezclada con dolor, ni riquezas que atormenten mi ánimo.
JASÓN
¿Quieres hacer votos contrarios, y parecerás más prudente? No pienses jamás que los bienes son molestos, ni te tengas por infeliz cuando eres afortunada.
ΜEDEA
Insúltame, que aquí tienes un refugio, y yo huiré abandonada.
JASÓN
Tú misma lo has elegido; no acuses a nadie.
ΜEDEA
¿Y qué recurso me queda? ¿Casarme con otro y hacerte traición?
JASÓN
Proferir impías maldiciones contra los reyes.
ΜEDEA
Y a mí me maldicen también en tu palacio.
JASÓN
No pasaré más adelante. Si para ti o para tus hijos quieres aceptar algún socorro mío, dilo; pronto estoy a darte con generosidad lo que desees y encargar a los que te den hospitalidad[410] que te traten bien. Y si lo rehúsas, ¡oh mujer!, obrarás neciamente; si aplacas tu ira, ganarás mucho más.
MEDEA
Ni me hospedarán tus amigos, ni recibiré nada, ni nada me darás, que los dones de hombre malvado nunca aprovechan.
JASÓN
Pues yo pongo a los dioses por testigos de que soy capaz de hacer todo linaje de sacrificios por ti y por tus hijos; pero sin duda no te agradan los bienes, sino que, contumaz, rechazas a los que te aman, de lo cual has de arrepentirte.
MEDEA
Vete, que ya no puedes vivir separado de tu nueva esposa, ni estar tanto tiempo lejos de su palacio. Cásate con ella; quizás, si los dioses lo permiten, celebrarás un himeneo que rechazarías más adelante.
EL CORO
_Estrofa 1.ª_ — Cuando el Amor domina a los hombres, ni es buena su fama, ni tampoco merecen alabanza; al contrario, cuando Afrodita se acerca a nosotros con modestia, no hay diosa tan grata. Nunca, ¡oh señora!, vibres contra mí tu arco de oro, ni me hiera con tus deseos tu inevitable saeta.
_Antístrofa 1.ª_ — Sea mi galardón la continencia, el más hermoso presente de los dioses; que jamás me obligue la poderosa Afrodita a tomar parte en luchas de éxito dudoso, ni en insaciables combates que trastornen el alma con envidia de ajeno lecho, sino que me conceda vivir en pacífico consorcio y distinguir con claridad los tálamos de las demás esposas.
_Estrofa 2.ª_ — ¡Oh patria y familia mía!; que jamás sea desterrada, teniendo que pasar la vida en la indigencia, víctima de los más miserables trabajos. Que la muerte, que la muerte me arrebate antes que llegue ese día. No hay mayor mal que habitar lejos de la patria.
_Antístrofa 2.ª_ — Lo vemos con nuestros ojos; no hablamos por lo que otros nos dijeron. Ni tu ciudad ni ninguno de tus amigos se ha compadecido de tus gravísimos infortunios. Perezca el miserable, sea el que fuere, que no honre a sus amigos y no les entregue la llave de su puro corazón. Nunca lo será para mí.
EGEO[411]
Salve, Medea; no hay más bello exordio para hablar a los que amamos.
MEDEA
Salve tú también, Egeo, hijo del prudente Pandión; ¿de dónde vienes?
EGEO
De visitar el antiguo oráculo de Febo.
MEDEA
¿A qué has ido al fatídico centro de la tierra?
EGEO
Llevado de mi deseo de tener hijos.
MEDEA
Por los dioses, ¿todavía arrastras sin ellos la vida?
EGEO
Sin hijos seguimos por decreto de algún dios.
MEDEA
¿Y estando casado vives sin tu esposa?
EGEO
No carecemos de tálamo conyugal.
MEDEA
¿Y qué te ha dicho Febo?
EGEO
Palabras demasiado sublimes para que un hombre las entienda.
MEDEA
¿Podría yo conocer el oráculo del dios?
EGEO
Sin duda, y con tanta más razón cuanto que se necesita para comprenderlo ingenio sagaz.
MEDEA
¿Qué respondió, pues? Dilo, si es que puedo oírlo.
EGEO
Que no saque mi pie de los odres.[412]
MEDEA
¿Antes que hicieres alguna otra cosa, o que llegues a algún país?
EGEO
Antes de volver al hogar patrio.
MEDEA
¿Y por qué causa has navegado a este país?
EGEO
Hay aquí un cierto Piteo, rey de Trecén.[413]
MEDEA
Según dicen, el más piadoso de los hijos de Pélope.
EGEO
Quiero comunicarle el oráculo del dios.
MEDEA
Es un varón sabio, y muy perito en tales interpretaciones.
EGEO
Y el más amado de todos mis huéspedes.
MEDEA
Que seas feliz, y que consigas lo que deseas.
EGEO
¿Qué ha nublado tus ojos y consumido tu cuerpo?
MEDEA
¡Oh Egeo, mi esposo es el más malvado de todos los hombres!
EGEO
¿Qué dices? Cuéntame con franqueza tus penas.
MEDEA
Jasón me ha cubierto de oprobio sin sufrir de mí mal alguno.
EGEO
¿Cuál es su crimen? Dímelo más claramente.
MEDEA
Ha tomado otra esposa para que gobierne su casa.
EGEO
¿Y cómo se ha atrevido a cometer tan vergonzosa maldad?
MEDEA
Pero no deja de ser cierta: llena estoy de ignominia, cuando antes me amaba.
EGEO
¿Enamorado de ella, o harto ya de tu lecho?
MEDEA
Cediendo a su amor vehemente: no era leal con sus amigos.
EGEO
Váyale, pues, bien si, como dices, es un malvado.
MEDEA
Quiso casarse con hijas de reyes.
EGEO
¿Quién se la da en matrimonio? Acaba de decírmelo.
MEDEA
Creonte, que reina en Corinto.
EGEO
Disculpable era sin duda tu dolor, ¡oh mujer!
MEDEA
No puedo sufrirlo, y además me destierran de este país.
EGEO
¿Quién? Ese es otro nuevo mal.
MEDEA
Creonte me destierra de Corinto.
EGEO
¿Y Jasón lo consiente? No alabo su conducta.
MEDEA
Si le oyes, no es así; pero en su corazón lo desea. Imploro, pues, tu ayuda; por estas barbas y por estas rodillas te suplico; compadécete, compadécete de mi desventura, no me veas desterrada y sin amigos; dame un asilo en tu reino y hospitalidad en tu palacio. Que los dioses te concedan descendencia, como se lo has pedido, y que feliz mueras. No sabes lo que puedes ganar conmigo; no solo no carecerás de hijos, sino que tendrás muchos; tales remedios conozco.
EGEO
Por muchas razones, ¡oh mujer!, estoy dispuesto a otorgarte ese favor, ya por honrar a los dioses, ya por tener los hijos que me prometes, perdida ya por completo la esperanza de engendrarlos. Siendo este mi mayor anhelo, si vas a mi reino te hospedaré, porque soy justo. Solo te advierto, ¡oh mujer!, que no quiero llevarte de aquí; pero si te refugias en mi palacio estarás allí segura, y a nadie te entregaré. Sal de este territorio, que no quiero faltar a los que me dan hospitalidad.
MEDEA
Así lo haré; jura cumplir lo que has prometido y me colmarás de júbilo.
EGEO
¿No tienes en mi palabra confianza? ¿Qué temes?
MEDEA
No desconfío de ella; pero la familia de Pelias y Creonte son mis enemigas. No consentirás, pues, si te obligas con juramento, que estos, cuando quieran, me arranquen de tu reino: pero si solo me das tu palabra y no me lo juras por los dioses, podrás hacerte amigo de los que me odian, y acaso cedas a los ruegos de sus heraldos; yo tengo poco, ellos riquezas y reales palacios.
EGEO
Gran previsión revelan tus palabras, ¡oh mujer!; así no rehusaré complacerte. Será para mí lo más seguro que pueda dar alguna excusa a tus enemigos, y nada tendrás que temer. ¿Por qué dioses he de jurar?
MEDEA
Jura por la Tierra, que pisamos, y por el Sol, padre de mi padre, y al mismo tiempo por todos los dioses.
EGEO
¿Qué he de hacer o no he de hacer? Dilo.
MEDEA
Que nunca me expulsarás de tu territorio, y que si alguno de mis enemigos quiere arrancarme de él, tú, mientras vivas, no lo consentirás.
EGEO
Juro por la Tierra, por la brillante luz del Sol y por todos los dioses que haré lo que dices.
MEDEA
Basta; ¿qué males sufrirás si no cumplieres tu juramento?
EGEO
Los que merecen los mortales impíos.
MEDEA
Vete contento; todo va bien; pronto iré a tu ciudad, así que ejecute lo que medito y consiga lo que deseo.
EL CORO
Que te acompañe a tu palacio el hijo de Maya,[414] regio guía, y logres lo que ahora te preocupa, porque tú, Egeo, eres conmigo generoso.
MEDEA
¡Oh Zeus, oh Justicia, hija de Zeus y del Sol! Ahora, ¡oh amigas!, venceremos con gloria a nuestros adversarios y entraremos en el camino recto; ahora espero que mis enemigos serán castigados. Egeo se nos ha aparecido en medio de nuestros trabajos como puerto en donde podremos realizar nuestros proyectos; en él ataré los cables de mí nave cuando vaya a la ciudad y al alcázar de Atenea. Ahora ya te descubriré mi propósito: oye, pues, mis palabras, no ordenadas para deleitar. Rogaré a Jasón, enviando uno de mis siervos, que venga a verme, y cuando llegue, le recibiré con frases halagüeñas y le diré que me agrada cuanto ha hecho (su regio enlace y vil traición), y que es útil y está bien pensado; y le suplicaré que me deje aquí con mis hijos, no con objeto de abandonarlos en este campamento enemigo y que sirvan en él de ludibrio, sino para matar dolosamente a la hija del rey. Llevarán presentes a la esposa, le pedirán que no los expulse de aquí, y le ofrecerán un finísimo vestido y una corona de oro. Y cuando se ponga estas galas, perecerá miserablemente y todos los que la tocaren: tan poderoso y eficaz será el veneno que ha de bañarla. Nada aquí me obliga ahora a disfrazar mis pensamientos; pero gimo cuando reflexiono en la atroz maldad que he de cometer: mataré a mis hijos, nadie me los arrebatará, y después que arruine el palacio de Jasón, me iré de aquí y expiaré en el destierro la muerte de seres tan queridos, ya que he de atreverme a consumar el más impío de los crímenes. No es tolerable, ¡oh amigas!, servir de escarnio a nuestros enemigos. Sea, pues, así; ¿qué gano yo con vivir? Ni tengo patria ni hogar, ni refugio alguno en mis males. Falté en abandonar el hogar paterno dejándome seducir de un griego, que nos pagará lo que nos debe si los dioses lo permiten. Jamás verá vivos después a los hijos que en mí ha procreado, ni los tendrá de su nueva esposa, porque es menester que esa infame perezca antes envenenada por mí. Nadie pensará entonces que yo soy débil o impotente, ni que sufro mi daño tranquila, sino, al contrario, que soy terrible contra mis enemigos y benévola con los que me aman. Solo de esta manera se adquiere mayor gloria.
EL CORO
Ya que nos has participado tus proyectos, queremos servirte y defender las leyes a que obedecen los mortales, y te exhortamos, por tanto, a que no los realices.
MEDEA
No es posible hacer otra cosa; pero te perdono tus palabras, ya que no padeces mis males.
EL CORO
¿Pero te atreverás a matar tus hijos?
MEDEA
Así atormentaré horriblemente a mi esposo.
EL CORO
Y tú serás al mismo tiempo la madre más desventurada.
MEDEA
Así sea; superfluo es cuanto hablemos. (_A una enclava suya_). Ve, pues, tú, y haz venir a Jasón, que me sirves en todo fielmente. No le dirás nada de lo que he pensado, si es cierto que amas a tu señora y que eres mujer.
EL CORO
_Estrofa 1.ª_ — Desde las edades pasadas son afortunados los descendientes de Erecteo, hijos de los bienaventurados dioses; nútrelos preclara sabiduría en país inexpugnable, y discurren con pompa en lucidísima atmósfera,[415] en donde dicen que un tiempo la blonda Harmonía[416] dio a luz a las castas Musas, a las nueve Piérides.
_Antístrofa 1.ª_ — Allí dicen también que Afrodita, con las ondas del Cefiso,[417] de cristalina corriente, refrescó las dulces y suaves auras, y visitó esa región, entretejiendo su cabellera con guirnaldas de fragantes rosas, y envió los Amores,[418] que forman el consejo de la Sabiduría, y que son origen de todo linaje de alabanzas.
_Estrofa 2.ª_ — ¿Cómo, pues, la ciudad de los sagrados arroyos,[419] cómo la región que tanto favorece a sus amigos,[420] podrá acogerte como a los demás si matas impíamente a tus hijos? Piensa en su muerte, considera el castigo que mereces. No; todas te suplicamos, abrazadas a tus rodillas y con toda nuestra alma, que no mates a tus hijos.
_Antístrofa 2.ª_ — ¿Cómo tu ánimo o tu mano serán tan audaces, cómo tu corazón podrá resolverse a hacer daño a tus hijos y cometer tan horrible maldad? ¿Cómo podrás mirarlos y presenciar sin lágrimas su martirio? No será posible, cuando caigan ante ti suplicantes, matarlos sin piedad, y manchar en su sangre tu mortífera mano.
JASÓN
A ruego tuyo vengo, aunque seas mi enemiga; no te faltaré en esto: te oiré, ¡oh mujer!, si tienes algo nuevo que decirme.
MEDEA