Obras completas de Fígaro, Tomo 1

Part 7

Chapter 73,763 wordsPublic domain

«Á Dios, y no falte usted á la noche», dijo misteriosamente una voz penetrante y agitada. «Descuide usted; dentro de media hora enviaré á Pepe», respondió una voz ronca y mal segura. Bajó los ojos la belleza, compuso sus blondos cabellos, arregló su mantilla, y salió precipitadamente.

Á poco salió mi sobrino, que después de darme las gracias, se empeñó tercamente en hacerme admitir un billete para el baile de la señora H... y. Sonreime, nada dije á mi sobrino, ya que nada había oído, y asistí al baile. Los músicos tocaron, las luces ardieron. ¡Oh utilidad de los usureros!

No quisiera acabar mi artículo sin advertir que reconocí en el baile al famoso prestamista, y en los hombros de su mujer el chal magnífico que llevaba tres carnavales en el cautiverio; y dejó de asombrarme desde entonces el lujo que en ella tantas veces no había comprendido.

Retiréme temprano, que no le sientan bien á mis canas ver entrar á Febo en los bailes; acompañóme mi sobrino, que iba á otra concurrencia. Bajé del coche, y nos despedimos. Parecióme no encontrar en su voz aquel mismo calor afectuoso, aquel interés con que por la mañana me dirigía la palabra. Un _á Dios_ bastante indiferente me recordó que aquel día había hecho un favor, y que el tal favor ya había pasado. Acaso había sido yo tan necio como loco mi sobrino. No era mucho, decía yo, que un joven los pidiera; ¡pero que los diera un viejo!

Para distraer estas melancólicas imaginaciones, que tan triste idea dan de la humanidad, abrí un libro de poesía, y acertó á ser en aquel punto en que dice Bartolomé de Argensola:

De estos niños Madrid vive logrado, Y de viejos tan frágiles como ellos, Porque en la misma escuela se han criado.

NOTAS:

[3] Carnaval del año 1832.

SÁTIRA CONTRA LOS MALOS VERSOS DE CIRCUNSTANCIAS

...El corazón entero y generoso Al caso adverso inclinará la frente Antes que la rodilla al poderoso.

_Rioja_

No hay cosa, Andrés, como nacer poeta. No hay plaga que al alumno de las nueve, No hay mal que al infeliz no le acometa.

¿Creerás que huyendo de la turba aleve De los necios, sin fin, siempre he buscado Un rincón en el mundo oscuro y breve,

Donde esconderme de ellos resguardado? ¿Y presumes que en balde lo pretendo Desde que la razón su luz me ha dado?

Donde quiera que voy, vanme siguiendo; Agárranse de mí, como la yedra Del árbol que la vive sosteniendo.

Entre los pies me nacen, como medra Entre cepas la grama; que parece Que aquí produce un necio cada piedra.

Ni me sirve correr, que también crece Su paso con el mío, ni el embozo En los ojos llevar aunque tropiece.

Me ven, y danme gritos sin rebozo. ¿No es el fatuo don Blas aquel que alarga El paso allá detrás con tanto gozo?

¡Ay del que sufra su infernal descarga! ¿Es él, mi Andrés? Pues en mi busca viene, Que tengo de eso mi experiencia larga.

No hay escapar, que hablarme se previene. Ayúdame á salir de tanto aprieto, Y dejémosle aquí si nos conviene.

«¡Don Juan!--¡Don Blas!--Os busco.--¿Sí?--Un soneto Os tengo que pedir.--Andrés, ¿no digo?-- No os le perdono por ningún respeto:

Que sobre ser poeta sois mi amigo.-- Pues ¿qué ocurrió, don Blas? Vuestra honda saña ¿Qué vestigio mató, qué alto enemigo?

¿Otra América hallasteis para España? ¿Qué bienes á la patria le produce Vuestro insigne valor ó vuestra hazaña?--

¿Qué patria? ¿Qué valor? ¿Á qué conduce Todo eso que mentasteis tan prolijo? Causa mayor mi gozo reproduce.

Un chico me nació. ¿Nadie os lo dijo?-- ¡Jesús! ¡sea en hora buena! ¡Os juro, hermano, Que es caso singular! ¿Hay tal? ¿Un hijo?

Dios os le haga, don Blas, muy buen cristiano.-- ¿Os vais?--Estoy de prisa.--¡Oíd! Mohíno Quedo, don Juan.--Don Blas, bésoos la mano.--»

¡Voto á tal, que el asunto es peregrino! ¿Lo oiste, Andrés? ¿No exige el majadero Que las gracias le cante del mezquino?

Pues esto á cada punto más certero Que un destino se encuentra el pobre vate, Ó que un bolsón henchido de dinero.

Pídenos versos otro, más orate, Porque se casa. ¡Pícara demencia! ¡Mala mujer le hostigue y le maltrate!

¿Y versos va á buscar? Busque paciencia, Pues bien la ha menester aquel bolonio Que se pone en tan dura penitencia.

Pues otro que andará por esos trigos Envuelto en paño negro, solitario, No pedirá consuelo á sus amigos;

Vendrá á pedirme un canto funerario Porque ha enviudado de su casta esposa. De elegías se deje el perdulario.

«¡Ay, que me fué tan buena, tan virtuosa!». ¡Embustero! Ponzoña tan nociva Guarde encerrada la inclemente losa.

Vaya; entiérrela presto, no reviva, Y descanse del susto el maridazo. Mas si tanto la quiso cuando viva,

Calle y llore en silencio su porrazo; Que más dice una lágrima abrasada, Que no el yerto poema de un pelmazo.

¿Yo á todo he de hacer versos? ¡Qué! ¿Templada Habrá de estar mi musa á todas horas, Y á todo como cera preparada?

Pues deja, que ya atruenan las sonoras Campanas y cañones. ¿Por ventura Públicas fiestas hay? ¡Bien! Las canoras

Liras se templen, porque el tiempo apura. Versos haya en las próximas funciones. Versos vomite el vate con premura[4].

Ya el resplandor de innúmeros hachones, Que confunden la noche con el día, Nos deslumbra en ventanas y balcones.

Y no es nada la pública alegría, Ni es la función magnífica y completa Si el vate no aumentó la algarabía.

Fulmine la _Tertulia_ á la _Luneta_ En papeles azules y encarnados Las lisonjas del mísero poeta;

Como suelen llover santos pintados, Concluida la cuaresma, en aleluyas, Que arrebatan los chicos á puñados.

Ni te excuses, Andrés, ni le arguyas, Ni al viento vuelvas para huir la proa; No han de valerte las razones tuyas;

Que habrá quien luego la opinión te roa, Si no haces de la noche á la mañana Un himno por lo menos, ó una loa.

Salga el Pirene con figura humana, Y la España, en el diálogo terciando La coronada villa mantuana,

Y aparezca el Olimpo relumbrando, Y hablen Mercurio, Júpiter, Minerva, Que es cosa nunca vista; y todo el bando

De la usada alegórica caterva, Mas que á todos nos tenga bien molidos Esa canalla idólatra y proterva.

Mas oye, que ya zumba en mis oídos El rumor de los versos que á millares Por las troneras bajan impelidos.

_Atruena el bronce los inmensos mares_, El vate empezará de circunstancias, _Y leventa su frente Manzanares_.

Y acaso entre metáforas más rancias, _Salve_ ó _salud_, continuará diciendo, Y una oda embutirá de extravagancias.

Á Febo en ella invocará, fingiendo Modestia y miedo, porque su _arpa de oro Templada nunca estuvo al son tremendo_.

Sin olvidar aquello de _decoro_, _Y de la Iberia sol, luciente estrella, Y puebla en viento y su cantar sonoro_;

Tal confusión atarugando en ella, _De contento, de gloria, de esperanza, De aurora, de horizonte y de centella,_

_De dicha y de ventura y bienandanza, Del Iris de la paz, de corazones, De discordia apagada y de venganza_;

Que no habrá quien entienda dos renglones, Si antes, para espantar al diablo oscuro, Diez conjuros no le echa y bendiciones.

¿Yo he de hacer un soneto, estruendo puro? ¿Yo he de alabar en versos de hojarasca Al soberano, Andrés? No; te lo Juro.

No haya función, si quieren, sin tarasca; Mas sé alabar yo poco: soy sincero. La lisonja en las fauces se me estaca.

No porque al rey ¡pardiez! no amo y venero; Me estimo ¡vive Dios! tan buen vasallo Como cualquier poeta chapucero.

Mas no mis fuerzas suficientes hallo, Y para no aturdirle con sandeces, Le amo en silencio, le respeto y callo.

Pero si alguna, en fin, de tantas veces Le hubiere de ensalzar, echando afuera Sesquipedales voces y vejeces,

Ya que indigna y humilde no creyera De tan excelso honor el _arpa_ mía, «Buen rey, en versos claros le dijera;

Ese aplauso que escuchas y alegría, De gratitud son muestras generosas, Que hasta el trono, Señor, tu pueblo envía;

Tu pueblo, que con lágrimas copiosas De antiguas glorias los recuerdos tristes Llora, y por cuyo bien nunca reposas.

Tú á la España benéfico infundistes Nuevo aliento, Señor; tú á glorias nuevas Con tu noble tesón la dispusistes.

Y acaso tornarán. Ilustres pruebas Responden de tu amor por todas partes; Tú con las ciencias hasta el cielo elevas

El esplendor hermoso de las artes; Dasles hogar[5], y premios y laureles Á sus alumnos tímidos repartes.

Tú un santuario sublime á los Apeles[6], Á los Zeuxis de España consagrando, Y á sus Fidias también y Praxiteles[7],

Para la patria en él irás formando Canos, Murillos, cuya falta llora, Émulos dignos del romúleo bando;

Tú á la dulce armonía halagadora Digna escuela ofreciste[8]. Tú levantas Con tu pródiga mano bienhechora

Nuevo templo á las musas[9]. ¡Oh! de cuántas Naciones envidiado, que descuella Mayor grandeza entre grandezas tantas.

Tú al Terencio español la honra más bella, La recompensa das más esplendente, Que nunca pudo ambicionar su estrella[10].

Tú eternos monumentos, reverente Y justo, á Temis erigiste[11]. El oro Tú al seno de la patria nuevamente

Le arrancas[12]; que la América el tesoro No rinde á la metrópoli en tributo, Triste ocasión de nuestra afrenta y lloro.

En llanto apenas del colono enjuto, Pueblos enteros á tu impulso nacen, Que en gozo truecan el dolor y el luto[13].

La honra perdida y crédito renacen[14]; No hay para ti costoso sacrificio, Que á tu voz los estorbos se deshacen.

Para siempre aniquilas el suplicio Que holló la noble dignidad del hombre[15]. Cada aurora un reciente beneficio

Viene en los pechos á grabar tu nombre. ¿Quién los dirá?... ¡En sus páginas la historia Quizá á tus hijos con su cuento asombre!

Esto es mejor, buen rey, que una victoria. ¡Plegue al cielo, Señor, de tu reinado Hacer eterna la naciente gloria!».

Esto entre tanto vate adocenado Ni uno jamás le dijo. Así le hablara, Si mi numen á tanto fuera osado.

Que es mi alabanza, cuanto justa, clara, Sin enturbiar las ondas del Pactolo, Ni el curso blando de la fuente avara,

Sin llamar en mi auxilio al rubio Apolo, Ni andarme por los cielos tras las musas, Para decir verdades basto solo.

Que eso de echarse, Andrés, en mil confusas Y altisonantes voces sin sentido Á buscar por las nubes garatusas,

Y amontonar á tientas de seguido Sin salir del eterno formulario, Que ni es del ensalzado apetecido,

Encomio sobre encomio mercenario, Más que incensar á un hombre generoso Es tirarle á la cara el incensario.

Mejor como el de Aguino vigoroso, En levantar diviértome una ampolla Con cada verso al necio y al vicioso;

El estruendo dejando y la bambolla Del estro metafórico afectado Al que ha de echar sus versos en la olla.

Ni pido, ni ambiciono: bien hallado Me estoy con esa honesta medianía, En que es independiente el hombre honrado.

Ni he menester para atacar un día, Como es feudo, á mi rey, que el oro suyo Descienda á desatar la lengua mía.

Mas reniego de ti, si el numen tuyo, Andrés, á todo viento se menea, Y que eres torpe adulador concluyo.

¿Versos al que en la cuna bambonea? ¿Y al que vive más versos y al que muere?... ¡Mal haya quien los haga y quien los lea!

Yo quiero por mi parte, si acudiere Á importunar al Dios que nos inspira, Para versos que un necio me pidiere,

Que airado el numen de la torpe lira Rompa las cuerdas que mi indigna vena Vendiere á la lisonja ó la mentira.

Y contento seré si en justa pena De la verdad hollada que desdeño, Á que nunca la diga me condena.

Consiento en que, mirándome con ceño La musa airada, que mi fuego aviva, Mis versos den, á quien los viere, sueño.

Quiero, en fin, que por pena me prescriba Un moderno Calígula, en mi mengua, Que aquellos versos que adulando escriba, Borre yo mismo con mi propia lengua.

[Ilustración]

NOTAS:

[4] Nada hay más justo ni más plausible que un ayuntamiento que en nombre de la población que representa, agradecida, festeja dignamente á su monarca; nada más laudable que un poeta que pulsa dignamente la lira en honor de su soberano; pero nada más impertinente tampoco que el graznido desapacible de mil aves importunas que se atraviesan á perturbar el contento público con sus desconcertados chirridos. Á un soberano sólo se deben rendir homenajes dignos de su majestad. Así, pues, sólo son objeto de nuestra sátira los _malos versos de circunstancias_. Quien quiera ver en ella otra cosa, traspasará nuestra idea. Sabemos que de todo se puede hacer mal uso: el espadero hace la espada para defensa de los derechos de la sociedad, y el asesino la convierte en daño de esa misma sociedad. El mal no está en el artífice ni en la espada, sino en el asesino. Así la malicia nunca estaría en nosotros, sino en el malicioso. El que ciertas cosas quiera volver en mal capaz será de envenenar el aire que respiramos. ¡Gloria, pues, al soberano! ¡Gloria á la corporación ilustre que sabe festejarle dignamente cuando la ocasión se presenta! ¡Odio eterno á los malos versos que vienen á deslucir tan justos sentimientos!

[5] Conservatorio de Artes.

[6] Museo de Pinturas.

[7] Museo de Escultura.

[8] Conservatorio de Música.

[9] Teatro de la plaza de Oriente.

[10] La excelente edición de las obras del señor Moratín, hecha á costa de S.M.

[11] El Código de comercio ya planteado, y el criminal mandado hacer por S.M.

[12] La dirección de minas y protección á este ramo.

[13] La reedificación casi entera de varios pueblos arruinados por los terremotos, ejecutada durante el reinado de S.M.

[14] El crédito restablecido en el interior y en el extranjero.

[15] La derogación de la pena de horca. Mucho nos dejamos por decir en esta materia; pero ni este género de poesía lo consiente, ni somos historiadores. Basta esta corta muestra para que nunca se nos pueda atribuir una mala intención que no tenemos, y para que se vea hasta qué punto llevamos el rigor de la verdad.

TEATROS ¿QUIÉN ES POR ACÁ EL AUTOR DE UNA COMEDIA?

ARTÍCULO SEGUNDO EL DERECHO DE PROPIEDAD

«Veo que ya no es tenido por sabio sino aquel que sabe arte lucrativa de pecunia... Veo los ladrones muy honrados... todo lleno de fe rompida y traiciones, todo lleno de amor de dinero».

_Luis Mejía_

¿Qué cosa es el derecho de propiedad? Si nosotros no lo decimos, ¿quién lo dirá? Y si ninguno lo dice, ¿quién lo sabrá? Y si ninguno lo sabe, ¿quién lo remediará?

Ya la fama esparció de provincia en provincia, de pueblo en pueblo, la gloria del nuevo alumno de las _nueve_, ya el importante y anhelado voto del ilustrado público coronó sus sienes con la hoja inmarcesible, resonaron los aplausos, vertió el _ingenio_ lágrimas de alegría, y ya va á gozar del premio de sus tareas.

Piénsalo así á lo menos el desdichado; pero no sabe que ha escogido mala palestra para triunfar y que en este juego, como en el ganapierde, el que gana es el que da más á comer. Si su modestia y su mala ventura quiso que retardase acaso la publicación de su obra, levantarase una mañana y le dará en los ojos el anuncio de ella, ya impresa y puesta en venta, que andará bizmando las esquinas de la capital. Algún librero de... de dónde no es justo decir, le ha hecho el obsequio de imprimírsela en muy mal papel, con pésimo carácter de letra, estropeado el texto original y sin pedirle licencia. Así corren impresas muchas de ellas, y esto se hace pública y libremente.

No comprendemos en realidad por qué ha de ser un autor dueño de su comedia; verdad es que en la sociedad parece á primera vista que cada cual debe ser dueño de lo suyo; pero esto no se entiende de ninguna manera con los poetas. Éste es un animal que ha nacido como la mona para divertir gratuitamente á los demás, y sus cosas no son suyas, sino del primero que topa con ellas y se las adjudica. ¡Buena razón es que el pobre hombre haya hecho su comedia para que sea suya! ¡Lindo donaire! Dios crió al poeta para el librero, como el ratón para el gato, y caminando sobre este supuesto, que nadie nos podrá negar, es cosa clara que el impresor que tal hace cumple con su instinto, desempeña una obra meritoria, y si no gana el cielo, gana el dinero, que para ciertas conciencias todo es ganar.

Así que, asombrados estamos de la bondad y largueza de aquellos impresores honrados (que también los hay) que se dignan favorecer al autor con pedirle su permiso y su comedia, pagarle el precio convenido, y darla después lícitamente al público; estos deben entender poco ó nada de achaque de conciencias, porque, ¡cuánto más sencillo y natural es salirse á caza de comedias, como quien sale á caza de calandrias, tirar á la bandada, y caiga la que caiga... y rechine con ella la prensa y rechine el autor!

Nosotros, á fe de poetas, si es que se deja á los poetas que tengan siquiera fe, ya que tan poca esperanza tienen, les juramos no acudir á ponerles pleito, porque nunca hemos gustado de cuestiones de nombre, y tanto se nos da de que sea la divina Astrea la que saque el fruto de nuestras comedias, como de que sea el librero; con la ventaja para éste de que siquiera nos da gloria, al paso que la otra sólo nos podría dar cuidados y las conchas vacías de la ostra que se hubiese engullido. Hágales pues muy buen provecho á los señores tratantes en libros que esto hacen, nuestro ingenio, que mientras estemos nosotros aquí no les ha de faltar modo de vivir á los _murcianos_ de nuestra literatura; y aun quizá nos demos por muy honrados y contentos.

¡Ojalá tuviesen fin aquí las lacerías del pobre autor! Pero dejando aparte el vil interés, y entrándonos por los campos de la gloria, ¿qué elocuente hablador podrá enumerar las tropelías que le quedan por sufrir al desventurado ingenio en su propia patria? Ved cómo corre su comedia de teatro en teatro; en todas partes gusta, pero acerquémonos un poco más. Aquí el corifeo de la compañía la despojó de su título, y le puso otro, hijo de su capricho, porque, ¿qué entienden los poetas de poner títulos á sus comedias? Allí otro cacique de aquellos indios de la _lengua_ le _atajó_ un _parlamento_ ó le suprimió una escena, porque, ¿qué actor, por mal que represente, no ha de saber mejor que el mejor poeta dónde han de estar las escenas, y cuán largos han de ser los parlamentos y los diálogos, y todas estas frioleras del arte, particularmente si en su vida ha visto un libro, ni estudiado una palabra? Porque es de advertir que en materia de poesía, el que más lee y más estudia es el que menos entiende. Y gracias si la cuchilla de aquel bárbaro victimario no la suprimió entero el papel de un personaje, aunque fuera el del protagonista, que era el que menos falta hacía y más fuera estaba de su lugar.

¿Y aun de esta manera mutilada gustó la comedia? Pues en ese caso no habrá farsa mezquina, ni torpe drama, ni traducción mercenaria á la cual no se le ponga el nombre del autor una vez aplaudido. Tal es la despreocupación de los actores de provincia; para ellos todos los hombres y todos los autores son iguales, y desde el ápice de sus ficticios tronos ven á todos los mayores ingenios tamaños como menudas avellanas, y hacen justicia de unos y de otros, y una masa común de todas sus obras, fundados en que si tal autor no hizo tal obra, bien pudiera haberla hecho; y en el supremo tribunal de estos nuevos dispensadores de la fama lo mismo vale un Juan Pérez que un Pedro Fernández.

Concluyamos pues que el poeta es el único que no es hijo ni padre tampoco de sus obras. Dedicaos, compañeros, dedicaos á las letras aprisa; ese es el premio que os espera. Y quejaos siquiera, infelices. Luego oiréis la turba de gritadores que á la primera queja os ataja. «¡Qué insolencia! dicen: ¿pues no tiene valor de quejarse? ¿Y esto se permite? ¡Qué escándalo! ¡Un hombre que reclama lo que es suyo; un loco que no quiere guardar consideraciones con los necios; un desvergonzado que dice la verdad en el siglo de la buena educación; un insolente que se atreve á tener razón! Eso no se dice así, sino de modo que nadie lo entienda; encerrad á ese hombre que pretende que el talento sea algo entre nosotros, que no tiene respeto á la injusticia, que... encerradle, y siga todo como está, y calle el hablador».

Sí, callaremos, gritadores, que gritáis de miedo; callaremos; pero sólo callaremos _espontáneamente_ cuando _hayamos_ hablado.

* * * * *

FILOLOGÍA

Supuesto que por la lengua pecamos, y que por ella hemos de morir, no será mucho que dediquemos á este ramo de literatura algunas de nuestras tareas. Bien se deja conocer que la lengua es para un hablador lo que el fusil para el soldado; con ella se defiende y con ella mata. Tengamos pues prevenidas y en el mejor estado posible nuestras armas, y démosle á este fin un limpioncito de cuando en cuando.

Vayan pues por hoy para los aficionados á discurrir un par de acertijos:

¿Qué entendemos cuando vemos impreso: «El embajador ó ministro tal cerca de la corte de cual», etc.?

¿Quiere decir que anda al rededor de aquella corte, sin poder nunca llegar á ella, como andaban las almas de los paganos, cuyas exequias no se habían celebrado, en torno de la barca del viejo Caronte? ¿ó padecen los pobres señores el tormento de la garrucha, que, como el lector sabe mejor que nosotros, consistía en colgar al paciente por los brazos de suerte que tocasen las puntas de sus pies en el suelo al estirar, pero sin poder nunca descansarlos en él, precisamente en la misma forma que dejó suspendido la pundonorosa Maritornes al hidalgo manchego del agujereado pajar? Nosotros no entendemos de otra manera aquello de andar _cerca_, y cierto que nos da verdadera lástima y dolor que unos señores de tal categoría se hallen en tan dificultosa posición. Líbreseles cuanto antes de aquel tormento, si es que somos cristianos, y lleguen ya por fin á sus cortes respectivas, y vivan en ellas como en tiempos de nuestros antepasados, que decían: «El embajador de Francia en la corte de España», etc. Porque si del que se halla en una corte se puede decir que está _cerca_ de ella, ¿qué inconveniente habrá en que digamos que tenemos los ojos cerca de la cara y no en la cara?

No hace mucho tiempo que vimos en la representación de una comedia titulada _No más mostrador_ la frase siguiente: «Si el _ridículo que nos hemos echado encima_ no nos hace morir», etc. Y en muchas partes vemos continuamente repetido este galicismo.