Part 5
Yo podré poco, o hallaré testigo de quién hurtó mi cuerpo; aunque esté ausente, yo lo perseguiré como enemigo. ¿Sabrásme decir dél, mi clara fuente? 910 Dímelo, si lo sabes; así Febo nunca tus frescas ondas escaliente. Allá dentro en lo fondo está un mancebo de laurel coronado, y en la mano un palo propio, como yo, de acebo. 915 Hola, ¿quién está allá? Responde, hermano. ¡Válgame Dios! O tú eres sordo o mudo, o enemigo mortal del trato humano. Espirtu soy, de carne ya desnudo, que busco el cuerpo mío, que me ha hurtado 920 algún ladrón malvado, injusto y crudo. Callar que callarás. ¿Hasme escuchado? ¡Oh santo Dios! Mi cuerpo mismo veo, o yo tengo el sentido trastornado. ¡Oh cuerpo! Hete hallado, y no lo creo; 925 tanto sin ti me hallo descontento. Pon fin ya a tu destierro y mi deseo.
NEMOROSO
Sospecho que el contino pensamiento que tuvo de morir antes de agora le representa aqueste apartamiento. 930
SALICIO
Como del que velando siempre llora, quedan durmiendo las especies llenas del dolor que en el alma triste mora.
ALBANIO
Si no estás en cadenas, sal ya fuera a darme verdadera forma de hombre, 935 que agora solo el nombre me ha quedado. Y si no estás forzado en ese suelo, dímelo; que si al cielo que me oyere, con quejas no moviere y llanto tierno, convocaré el infierno y reino escuro, 940 y romperé su muro de diamante, como hizo el amante blandamente[137] por la consorte ausente, que cantando estuvo halagando las culebras de las hermanas negras mal peinadas.[138] 945
NEMOROSO
¡De cuán desvariadas opiniones saca buenas razones el cuitado!
SALICIO
El curso acostumbrado del ingenio, aunque le falte el genio que lo mueva, con la fuga que lleva, corre un poco; 950 y aunque este está hora loco, no por eso ha de dar al travieso su sentido en todo, habiendo sido cual tú sabes.
NEMOROSO
No más, no me le alabes, que por cierto, de vello como muerto estoy llorando. 955
ALBANIO
Estaba contemplando qué tormento es este apartamiento. A lo que pienso no nos aparta inmenso mar airado, no torres de fosado rodeadas,[139] no montañas cerradas y sin vía, 960 no ajena compañía, dulce y cara; un poco de agua clara nos detiene; por ella no conviene lo que entramos[140] con ansia deseamos; porque al punto que a ti me acerco y junto, no te apartas; 965 antes nunca te hartas de mirarme, y de sinificarme en tu meneo que tienes gran deseo de juntarte con esta media parte. Daca, hermano, échame acá esa mano, y como buenos 970 amigos a lo menos nos juntemos, y aquí nos abracemos. Ah ¿burlaste? ¿Así te me escapaste? Yo te digo que no es obra de amigo hacer eso. ¿Quedo yo, don Travieso, remojado, 975 y tú estás enojado? ¡Cuán apriesa mueves ¿qué cosa es esa? tu figura! ¿Aún esa desventura me quedaba? Ya yo me consolaba en ver serena tu imagen, y tan buena y amorosa.[141] 980 No hay bien ni alegre cosa ya que dure.
NEMOROSO
A lo menos, que cure tu cabeza.
SALICIO
Salgamos, que ya empieza un furor nuevo.
ALBANIO
¡Oh Dios! ¿Por qué no pruebo a echarme dentro hasta llegar al centro de la fuente? 985
SALICIO
¿Qué es esto, Albanio? Tente.
ALBANIO
¡Oh manifiesto ladrón! Mas ¿qué es aquesto? Y ¿es muy bueno vestiros de lo ajeno, y ante el dueño, como si fuese un leño sin sentido, venir muy revestido de mi carne? 990 Yo haré que descarne esa alma osada aquesta mano airada.
SALICIO
Está quedo. Llega tú, que no puedo detenelle.
NEMOROSO
Pues ¿qué quieres hacelle?
SALICIO
¿Yo? dejalle, si desenclavijalle yo acabase 995 la mano, a que escapase mi garganta.
NEMOROSO
No tiene fuerza tanta; solo puedes[142] hacer lo que tú debes a quien eres.
SALICIO
¡Qué tiempo de placeres y de burlas! ¿Con la vida te burlas, Nemoroso? 1000 Ven ya, no estés donoso.
NEMOROSO
Luego vengo, en cuanto me detengo yo aquí un poco. Veré cómo de un loco te desatas.
SALICIO
¡Ay! paso, que me matas.
ALBANIO
Aunque mueras...
NEMOROSO
Ya aquello va de veras. Suelta, loco. 1005
ALBANIO
Déjame estar un poco, que ya acabo.
NEMOROSO
Suelta ya.
ALBANIO
¿Qué te hago?
NEMOROSO
¿A mí? No, nada.
ALBANIO
Pues vete tu jornada, y nunca entiendas en ajenas contiendas.
SALICIO
¡Ah, furioso! Afierra, Nemoroso; tenle fuerte.[143] 1010 Yo te daré la muerte, don Perdido. Ténmele tú tendido mientras lo ato; probemos así un rato a castigallo. Quizá con espantallo habrá algún miedo.
ALBANIO
Señores, si estoy quedo ¿dejareisme? 1015
SALICIO
No.
ALBANIO
¡Pues qué! ¿matareisme?
SALICIO
Sí.
ALBANIO
¿Sin falta? Mira cuánto más alta aquella sierra está que la otra tierra.
NEMOROSO
Bueno es esto. Él olvidará presto la braveza.
SALICIO
Calla, que así se aveza a tener seso. 1020
ALBANIO
¿Cómo? ¡Azotado y preso!
SALICIO
Calla, escucha.
ALBANIO
Negra fue aquella lucha que contigo hice, que tal castigo dan tus manos. ¿No éramos como hermanos de primero?
NEMOROSO
Albanio, compañero, calla agora, 1025 y duerme aquí algún hora, y no te muevas.
ALBANIO
¿Sabes algunas nuevas de mí?
SALICIO
Loco.
ALBANIO
Paso, que duermo un poco.
SALICIO
¿Duermes, cierto?
ALBANIO
¿No me ves como un muerto? Pues ¿qué hago?
SALICIO
Este te dará el pago, si despiertas, 1030 en esas carnes muertas, te prometo.
NEMOROSO
Algo está más quieto y reposado que hasta aquí. ¿Qué dices tú, Salicio? ¿Parécete que puede ser curado?
SALICIO
En procurar cualquiera beneficio 1035 a la vida y salud de un tal amigo haremos el debido y justo oficio.
NEMOROSO
Escucha, pues, un poco lo que digo, y contaré una estraña y nueva cosa, de que yo fui la parte y el testigo. 1040 En la ribera verde y deleitosa[144] del sacro Tormes, dulce y claro río, hay una vega grande y espaciosa, verde en el medio del invierno frío, en el otoño verde y primavera, 1045 verde en la fuerza del ardiente estío. Levántase al fin della una ladera con proporción graciosa en el altura, que sojuzga la vega y la ribera. Allí está sobrepuesta la espesura 1050 de las hermosas torres, levantadas al cielo con estraña hermosura.[145] No tanto por la fábrica estimadas, aunque estraña labor allí se vea, cuanto de sus señores ensalzadas. 1055 Allí se halla lo que se desea: virtud, linaje, haber y todo cuanto bien de natura o de fortuna sea. Un hombre mora allí de ingenio tanto,[146] que toda la ribera adonde él vino 1060 nunca se harta de escuchar su canto. Nacido fue en el campo placentino,[147] que con estrago y destruición romana en el antiguo tiempo fue sanguino;[148] y en este, con la propia, la inhumana 1065 furia infernal, por otro nombre guerra, lo tiñe, lo arruína y lo profana. Él, viendo aquesto, abandonó su tierra, por ser más del reposo compañero, que de la patria que el furor atierra.[149] 1070 Llevole a aquella parte el buen agüero, de aquella tierra de Alba tan nombrada, que este es el nombre della, y dél Severo. A aqueste Febo no le escondió nada; antes de piedras, hierbas y animales 1075 diz que le fue noticia entera dada. Este, cuando le place, a los caudales ríos el curso presuroso enfrena con fuerza de palabras y señales. La negra tempestad en muy serena 1080 y clara luz convierte, y aquel día, si quiere revolvello, el mundo atruena. La luna de allá arriba bajaría si al son de las palabras no impidiese el son del carro que la mueve y guía. 1085 Temo que si decirte presumiese de su saber la fuerza con loores, que en lugar de alaballo, lo ofendiese. Mas no te callaré que los amores con un tan eficaz remedio cura, 1090 cuanto conviene a tristes amadores. En un punto remueve la tristura, convierte en odio aquel amor insano, y restituye el alma a su natura.[150] No te sabré decir, Salicio hermano, 1095 la orden de mi cura y la manera; mas sé que me partí dél libre y sano. Acuérdaseme bien que en la ribera de Tormes lo hallé solo cantando, tan dulce, que a una piedra enterneciera. 1100 Como cerca me vido, adivinando la causa y la razón de mi venida, suspenso un rato estuvo allí callando; y luego con voz clara y espedida soltó la rienda al verso numeroso 1105 en alabanzas de la libre vida. Yo estaba embebecido y vergonzoso; atento al son, y viéndome del todo fuera de libertad y de reposo, no sé decir sino que, en fin, de modo 1110 aplicó a mi dolor la medicina, que el mal desarraigó de todo en todo. Quedé yo entonces como quien camina de noche por caminos enriscados, sin ver dónde la senda o paso inclina, 1115 mas venida la luz, y contemplados, del peligro pasado nace un miedo, que deja los cabellos erizados. Así estaba mirando atento y quedo aquel peligro yo que atrás dejaba, 1120 que nunca sin temor pensado puedo. Tras esto luego se me presentaba, sin antojos delante, la vileza de lo que antes ardiendo deseaba. Así curó mi mal con tal destreza 1125 el sabio viejo, como te he contado, que volvió el alma a su naturaleza, y soltó el corazón aherrojado.
SALICIO
¡Oh gran saber! ¡Oh viejo frutuoso! que el perdido reposo al alma vuelve, 1130 y lo que la revuelve y lleva a tierra del corazón destierra encontinente. Con esto solamente que contaste, así lo reputaste acá comigo, que sin otro testigo, a desealle 1135 ver presente y hablalle me levantas.
NEMOROSO
¿Desto poco te espantas tú, Salicio? De más te daré indicio manifiesto, si no te soy molesto y enojoso.
SALICIO
¿Qué es esto, Nemoroso, y qué cosa 1140 puede ser tan sabrosa en otra parte a mí, como escucharte? No la siento, cuanto más este cuento de Severo; dímelo por entero, por tu vida, pues no hay quien nos impida ni embarace. 1145 Nuestro ganado pace, el viento espira, Filomena sospira en dulce canto, y en amoroso llanto se amancilla;[151] gime la tortolilla sobre el olmo, preséntanos a colmo el prado flores, 1150 y esmalta en mil colores su verdura; la fuente clara y pura murmurando nos está convidando a dulce trato.
NEMOROSO