Part 4
Hora, Salicio, escucha lo que digo; y vos, oh ninfas deste bosque umbroso, a doquiera que estáis, estad conmigo. Ya te conté el estado tan dichoso a do me puso amor, si en él yo firme 420 pudiera sostenerme con reposo; mas, como de callar y de encubrirme de aquella por quien vivo me encendía,[108] llegué ya casi al punto de morirme, mil veces ella preguntó qué había, 425 y me rogó que el mal le descubriese, que mi rostro y color lo descubría. Mas no acabó con cuanto me dijese, que de mí a su pregunta otra respuesta que un sospiro con lágrimas hubiese. 430 Aconteció que en una ardiente siesta, viniendo de la caza fatigados, en el mejor lugar desta floresta, que es este donde estamos asentados, a la sombra de un árbol aflojamos 435 las cuerdas a los arcos trabajados. En aquel prado allí nos reclinamos, y del céfiro fresco recogiendo el agradable espirtu, respiramos. Las flores, a los ojos ofreciendo 440 diversidad estraña de pintura, diversamente así estaban oliendo. Y en medio aquesta fuente clara y pura, que como de cristal resplandecía, mostrando abiertamente su hondura, 445 el arena, que de oro parecía, de blancas pedrezuelas variada, por do manaba el agua, se bullía. En derredor ni sola una pisada de fiera o de pastor o de ganado 450 a la sazón estaba señalada. Después que con el agua resfriado hubimos el calor, y juntamente la sed de todo punto mitigado, ella, que con cuidado diligente 455 a conocer mi mal tenía el intento, y a escudriñar el ánimo doliente, con nuevo ruego y firme juramento me conjuró y rogó que le contase la causa de mi grave pensamiento; 460 y si era amor, que no me recelase de hacelle mi caso manifiesto, y demostralle aquella que yo amase, que me juraba que también en esto el verdadero amor que me tenía 465 con pura voluntad estaba presto. Yo, que tanto callar ya no podía, y claro descubrir menos osaba lo que en el alma triste se sentía, le dije que en aquella fuente clara 470 vería de aquella que yo tanto amaba abiertamente la hermosa cara. Ella, que ver aquesta deseaba, con menos diligencia discurriendo de aquella con que el paso apresuraba, 475 a la pura fontana fue corriendo, y en viendo el agua, toda fue alterada, en ella su figura sola viendo.[109] Y no de otra manera, arrebatada, del agua rehuyó, que si estuviera 480 de la rabiosa enfermedad tocada. Y sin mirarme, desdeñosa y fiera, no sé qué allá entre dientes murmurando, me dejó aquí, y aquí quiere que muera. Quedé yo triste y solo allí, culpando 485 mi temerario osar, mi desvarío, la pérdida del bien considerando. Creció de tal manera el dolor mío, y de mi loco error el desconsuelo, que hice de mis lágrimas un río. 490 Fijos los ojos en el alto cielo, estuve boca arriba una gran pieza tendido, sin mudarme en este suelo.[110] Y como de un dolor otro se empieza,[111] el largo llanto, el desvanecimiento, 495 el vano imaginar de la cabeza, de mi gran culpa aquel remordimiento, verme del todo al fin sin esperanza, me trastornaron casi el sentimiento. Cómo deste lugar hice mudanza 500 no sé, ni quién de aquí me condujese al triste albergo y a mi pobre estanza. Sé que tornando en mí, como estuviese sin comer y dormir bien cuatro días, y sin que el cuerpo de un lugar moviese, 505 las ya desamparadas vacas mías por otro tanto tiempo no gustaron las verdes hierbas ni las aguas frías. Los pequeños hijuelos, que hallaron las tetas secas ya de las hambrientas 510 madres, bramando al cielo se quejaron. Las selvas, a su voz también atentas, bramando pareció que respondían, condolidas del daño y descontentas. Aquestas cosas nada me movían, 515 antes con mi llorar hacía espantados todos cuantos a verme allí venían. Vinieron los pastores de ganados, vinieron de los sotos los vaqueros, para ser de mi mal de mí informados. 520 Y todos con los gestos lastimeros me preguntaban cuáles habían sido los acidentes de mi mal primeros. A los cuales, en tierra yo tendido, ninguna otra respuesta dar sabía, 525 rompiendo con sollozos mi gemido, sino de rato en rato les decía: «Vosotros, los de Tajo en su ribera, cantaréis la mi muerte cada día.[112] »Este descanso llevaré aunque muera, 530 que cada día cantaréis mi muerte vosotros, los de Tajo, en su ribera.»[113] La quinta noche, en fin, mi cruda suerte, queriéndome llevar do se rompiese aquesta tela de la vida fuerte, 535 hizo que de mi choza me saliese por el silencio de la noche escura a buscar un lugar donde muriese. Y caminando por do mi ventura y mis enfermos pies me condujeron, 540 llegué a un barranco de muy gran altura. Luego mis ojos lo reconocieron, que pende sobre el agua, y su cimiento las ondas poco a poco le comieron. Al pie de un olmo hice allí mi asiento, 545 y acordeme que ya con ella estuve pasando allí la siesta al fresco viento. En aquesta memoria me detuve, como si aquesta fuera medicina de mi furor y cuanto mal sostuve. 550 Denunciaba el aurora ya vecina la venida del sol resplandeciente, a quien la tierra, a quien la mar se inclina. Entonces, como cuando el cisne siente el ansia postrimera que le aqueja, 555 y tienta el cuerpo mísero y doliente, con triste y lamentable son se queja, y se despide con funesto canto del espirtu vital que dél se aleja;[114] así, aquejado yo de dolor tanto, 560 que el alma abandonaba ya la humana carne, solté la rienda al triste llanto. «¡Oh fiera, dije, más que tigre hircana, y más sorda a mis quejas que el ruído embravecido de la mar insana! 565 »Heme entregado, heme aquí rendido, he aquí vences; toma los despojos de un cuerpo miserable y afligido. »Yo pondré fin del todo a tus enojos, ya no te ofenderá mi rostro triste, 570 mi temerosa voz y húmidos ojos. »Quizá tú, que en mi vida no moviste el paso a consolarme en tal estado, ni tu dureza cruda enterneciste, »viendo mi cuerpo aquí desamparado, 575 vendrás a arrepentirte y lastimarte; mas tu socorro tarde habrá llegado. »¿Cómo pudiste tan presto olvidarte de aquel tan luengo amor, y de sus ciegos nudos en sola un hora desligarte? 580 »¿No se te acuerda de los dulces juegos ya de nuestra niñez, que fueron leña destos dañosos y encendidos fuegos, »cuando la encina desta espesa breña de sus bellotas dulces despojaba, 585 que íbamos a comer sobre esta peña? »¿Quién las castañas tiernas derrocaba del árbol al subir dificultoso? ¿Quién en su limpia falda las llevaba? »¿Cuándo en valle florido, espeso, umbroso 590 metí jamás el pie, que dél no fuese cargado a ti de flores y oloroso? »Jurábasme, si ausente yo estuviese, que ni el agua sabor, ni olor la rosa, ni el prado hierba para ti tuviese. 595 »¿A quién me quejo, que no escucha cosa de cuantas digo, quien debría escucharme? Eco sola me muestra ser piadosa; »respondiéndome prueba conhortarme,[115] como quien probó mal tan importuno;[116] 600 mas no quiere mostrarse y consolarme.[117] »¡Oh dioses! si allá juntos de consuno de los amantes el cuidado os toca; ¡oh tú solo! si toca a solo uno, »recebid las palabras que la boca 605 echa con la doliente ánima fuera, antes que el cuerpo torne en tierra poca. »¡Oh náyades, de aquesta mi ribera[118] corriente moradoras! ¡Oh napeas, guarda del verde bosque verdadera![119] 610 »Alce una de vosotras, blancas deas, del agua su cabeza rubia un poco, así, ninfa, jamás en tal se vea. »Podré decir que con mis quejas toco las divinas orejas, no pudiendo[120] 615 las humanas tocar, cuerdo ni loco. »¡Oh hermosas oréades, que teniendo el gobierno de selvas y montañas, a caza andáis por ellas discurriendo! »Dejad de perseguir las alimañas; 620 venid a ver un hombre perseguido, a quien ni valen fuerzas ya ni mañas. »¡Oh dríades, de amor hermoso nido,[121] dulces y graciosísimas doncellas, que a la tarde salís de lo escondido, 625 »con los cabellos rubios, que las bellas espaldas dejan de oro cobijadas, parad mientes un rato a mis querellas! »Y si con mi ventura conjuradas no estáis, haced que sean las ocasiones 630 de mi muerte aquí siempre celebradas. »¡Oh lobos, oh osos, que, por los rincones destas fieras cavernas escondidos, estáis oyendo agora mis razones! »Quedaos adiós, que ya vuestros oídos 635 de mi zampoña fueron halagados, y alguna vez de amor enternecidos. »Adiós, montañas; adiós, verdes prados; adiós, corrientes ríos espumosos; vivid sin mí con siglos prolongados; 640 »y mientras en el curso presurosos iréis al mar a dalle su tributo, corriendo por los valles pedregosos, »haced que aquí se muestre triste luto por quien, viviendo alegre, os alegraba 645 con agradable son y viso enjuto.[122] »Por quien aquí sus vacas abrevaba, por quien, ramos de lauro entretejiendo, aquí sus fuertes toros coronaba.» Estas palabras tales en diciendo, 650 en pie me alcé por dar ya fin al duro dolor que en vida estaba padeciendo. Y por el paso en que me ves te juro[123] que ya me iba a arrojar de do te cuento, con paso largo y corazón seguro,[124] 655 cuando una fuerza súbita de viento vino con tal furor, que de una sierra pudiera remover el firme asiento. De espaldas, como atónito, en la tierra desde ha gran rato me hallé tendido;[125] 660 que así se halla siempre aquel que yerra.[126] Con más sano discurso en mi sentido, comencé de culpar el presupuesto[127] y temerario error que había seguido, en querer dar con triste muerte al resto 665 de aquesta breve vida fin amargo, no siendo por los hados aún dispuesto. De allí me fui con corazón más largo para esperar la muerte, cuando venga a relevarme deste grave cargo. 670 Bien has ya visto cuánto me convenga, que pues buscalla a mí no se consiente, ella en buscarme a mí no se detenga. Contado te he la causa, el acidente, el daño y el proceso todo entero; 675 cúmpleme tu promesa prestamente. Y si mi amigo cierto y verdadero eres, como yo pienso, vete agora; no estorbes un dolor acerbo y fiero al afligido y triste cuando llora. 680
SALICIO
Tratara de una parte que agora solo siento, si no pensaras que era dar consuelo. Quisiera preguntarte cómo tu pensamiento 685 se derribó tan presto en ese suelo, o se cubrió de un velo, para que no mirase que quien tan luengamente amó, no se consiente 690 que tan presto del todo te olvidase. ¿Qué sabes si ella agora juntamente su mal y el tuyo llora?
ALBANIO
Cese ya el artificio de la maestra mano; 695 no me hagas pasar tan grave pena. Harásme tú, Salicio, ir do nunca pie humano estampó su pisada en el arena. Ella está tan ajena 700 de estar desa manera como tú de pensallo, aunque quieres mostrallo con razón aparente a verdadera. Ejercita aquí el arte 705 a solas, que yo voyme en otra parte.
SALICIO
No es tiempo de curalle, hasta que menos tema la cura del maestro y su crueza. Solo quiero dejalle; 710 que aún está el apostema intratable, a mi ver, por su dureza. Quebrante la braveza del pecho empedernido con largo y tierno llanto; 715 ireme yo entre tanto a requerir de un ruiseñor el nido, que está en un alta encina, y estará presto en manos de Gravina.[128]
CAMILA
Si desta tierra no he perdido el tino, 720 por aquí el corzo vino que ha traído, después que fue herido, atrás el viento. ¿Qué recio movimiento en la corrida lleva, de tal herida lastimado? En el siniestro lado soterrada 725 la flecha enherbolada va mostrando, las plumas blanqueando solas fuera. Y háceme que muera con buscalle. No pasó deste valle; aquí está cierto,[129] y por ventura muerto. ¡Quién me diese 730 alguno que siguiese el rastro agora, mientras la ardiente hora de la siesta en aquesta floresta yo descanso! ¡Ay viento fresco y manso y amoroso, almo, dulce, sabroso! Esfuerza, esfuerza 735 tu soplo, y esta fuerza tan caliente del alto sol ardiente hora quebranta; que ya la tierna planta del pie mío anda a buscar el frío desta hierba. A los hombres reserva tú, Diana, 740 en esta siesta insana tu ejercicio; por agora tu oficio desamparo, que me ha costado caro en este día. ¡Ay dulce fuente mía, y de cuán alto con solo un sobresalto me arrojaste! 745 ¿Sabes qué me quitaste, fuente clara? Los ojos de la cara, que no quiero menos un compañero que yo amaba; mas no como él pensaba. Dios ya quiera que antes Camila muera que padesca 750 culpa por do meresca ser echada de la selva sagrada de Diana.[130] ¡Oh cuán de mala gana mi memoria renueva aquesta historia! Mas la culpa ajena me desculpa; que si fuera 755 yo la causa primera desta ausencia, yo diera la sentencia en mi contrario. Él fue muy voluntario y sin respeto. Mas ¿para qué me meto en esta cuenta? Quiero vivir contenta y olvidallo, 760 y aquí donde me hallo recrearme. Aquí quiero acostarme, y en cayendo la siesta iré siguiendo mi corcillo, que yo me maravillo ya y me espanto cómo con tal herida huyó tanto. 765
ALBANIO
Si mi turbada vista no me miente, paréceme que vi entre rama y rama una ninfa llegar a aquella fuente. Quiero llegar allá; quizá, si ella ama, me dirá alguna cosa con que engañe 770 con algún falso alivio aquesta llama. Y no se me da nada que desbañe[131] mi alma, si es contrario lo que creo; que a quien no espera bien no hay mal que dañe. ¡Oh santos dioses! ¿Qué es esto que veo? 775 ¿Es error de fantasma convertida en forma de mi amor y mi deseo? Camila es esta que está aquí dormida; no puede de otra ser su hermosura; la razón está clara y conocida: 780 una obra sola quiso la natura[132] hacer como esta, y rompió luego apriesa la estampa do fue hecha tal figura.[133] ¿Quién podrá luego de su forma espresa el traslado sacar, si la maestra 785 misma no basta, y ella lo confiesa? Mas ya que es cierto el bien que a mí se muestra ¿cómo podré llegar a despertalla, temiendo yo la luz que a ella me adiestra?[134] ¿Si solamente de poder tocalla 790 perdiese el miedo yo? Mas ¿si despierta?... Si despierta, tenella y no soltalla. Esta osadía temo que no es cierta. Mas ¿qué me puede hacer? Quiero llegarme. En fin, ella está agora como muerta. 795 Cabe ella por lo menos asentarme bien puedo; mas no ya como solía. ¡Oh mano poderosa de matarme! ¿Viste cuánto tu fuerza en mí podía? ¿Por qué para sanarme no la pruebas? 800 Que tu poder a todo bastaría.
CAMILA
Socórreme, Diana.
ALBANIO
No te muevas, que no te he de soltar; escucha un poco.
CAMILA
¿Quién me dijera, Albanio, tales nuevas? Ninfas del verde bosque a vos invoco, 805 a vos pido socorro desta fuerza. ¿Qué es esto, Albanio? Dime si estás loco.
ALBANIO
Locura debe ser la que me fuerza a querer más que el alma y que la vida a la que a aborrecerme así se esfuerza. 810
CAMILA
Yo debo ser de ti la aborrecida, pues me quieres tratar de tal manera, siendo tuya la culpa conocida.
ALBANIO
¿Yo culpa contra ti? Si la primera no está por cometer, Camila mía, 815 en tu desgracia y disfavor yo muera.
CAMILA
¿Tú no violaste nuestra compañía, queriéndola torcer por el camino que de la vida honesta se desvía?
ALBANIO
¿Cómo de sola un hora el desatino 820 ha de perder mil años de servicio, si el arrepentimiento tras él vino?
CAMILA
Aqueste es de los hombres el oficio: tentar el mal, y si es malo el suceso, pedir con humildad perdón del vicio. 825
ALBANIO
¿Qué tenté yo, Camila?
CAMILA
Bueno es eso. Esta fuente lo diga, que ha quedado por un testigo de tu mal proceso.
ALBANIO
Si puede ser mi yerro castigado con muerte, con deshonra o con tormento, 830 vesme aquí, estoy a todo aparejado.
CAMILA
Suéltame ya la mano, que el aliento me falta de congoja.
ALBANIO
He muy gran miedo que te me irás, que corres más que el viento.
CAMILA
No estoy como solía, que no puedo 835 moverme ya, de mal ejercitada. Suelta, que casi me has quebrado un dedo.
ALBANIO
¿Estarás, si te suelto, sosegada, mientras con razón clara yo te muestro que fuiste sin razón de mí enojada? 840
CAMILA
Eres tú de razones gran maestro. Suelta, que sí estaré.
ALBANIO
Primero jura por la primera fe del amor nuestro.
CAMILA
Yo juro por la ley sincera y pura de la amistad pasada, de sentarme, 845 y de escuchar tus quejas muy segura. ¡Cuál me tienes la mano, de apretarme con esa dura mano, descreído!
ALBANIO
¡Cuál me tienes el alma de dejarme!
CAMILA
Mi prendedero de oro ¡si es perdido!...[135] 850 ¡Oh cuitada de mí! Mi prendedero desde aquel valle aquí se me ha caído.
ALBANIO
Mira no se cayese allá primero, antes de aqueste al Val de la Hortiga.
CAMILA
Doquier que se perdió, buscallo quiero. 855
ALBANIO
Yo iré a buscado, escusa esa fatiga; que no puedo sufrir que aquesta arena abrase el blanco pie de mi enemiga.
CAMILA
Pues que quieres tomar por mí esta pena, derecho ve primero a aquellas hayas; 860 que allí estuve yo echada un hora buena.
ALBANIO
Ya voy; mas entre tanto no te vayas.
CAMILA
Seguro ve, que antes verás mi muerte que tú me cobres ni a tus manos hayas.
ALBANIO
¡Ah, ninfa desleal! Y ¿desa suerte 865 se guarda el juramento que me diste? ¡Ah condición de vida dura y fuerte! ¡Oh falso amor, de nuevo me heciste revivir con un poco de esperanza! ¡Oh modo de matar penoso y triste! 870 ¡Oh muerte llena de mortal tardanza! Podré por ti llamar injusto el cielo, injusta su medida y su balanza. Recibe tú, terreno y duro suelo, este rebelde cuerpo, que detiene 875 del alma el espedido y leve vuelo. Yo me daré la muerte, y aun si viene alguno a resistirme... ¿A resistirme? Él verá que a su vida no conviene. ¿No puedo yo morir, no puedo irme 880 por aquí, por allí, por do quisiere, desnudo espirtu o carne y hueso firme?
SALICIO
Escucha, que algún mal hacerse quiere, o cierto tiene trastornado el seso.
ALBANIO
Aquí tuviese yo quien mal me quiere. 885 Descargado me siento de un gran peso; paréceme que vuelo, despreciando monte, choza, ganado, leche y queso. ¿No son aquestos pies? Con ellos ando. Ya caigo en ello, el cuerpo se me ha ido; 890 solo el espirtu es este que hora mando. ¿Hale hurtado alguno o escondido mientras mirando estaba yo otra cosa? ¿O si quedó por caso allí dormido? Una figura de color de rosa 895 estaba allí durmiendo; ¿si es aquella mi cuerpo? No, que aquella es muy hermosa
NEMOROSO
Gentil cabeza; no daría por ella yo para mi traer solo un cornado.[136]
ALBANIO
¿A quién iré del hurto a dar querella? 900
SALICIO
Estraño ejemplo es ver en qué ha parado este gentil mancebo, Nemoroso; ¡Y a nosotros que le hemos más tratado, manso, cuerdo, agradable, virtuoso, sufrido, conversable, buen amigo, 905 y con un alto ingenio, gran reposo!
ALBANIO