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Part 6

Chapter 64,419 wordsPublic domain

Escucha, pues, un rato, y diré cosas estrañas y espantosas poco a poco. 1155 Ninfas, a vos invoco; verdes faunos, sátiros y silvanos, soltad todos mi lengua en dulces modos y sutiles; que ni los pastoriles ni la avena[152] ni la zampoña suena como quiero. 1160 Este nuestro Severo pudo tanto con el suave canto y dulce lira, que, revueltos en ira y torbellino, en medio del camino se pararon los vientos, y escucharon muy atentos 1165 la voz y los acentos, muy bastantes a que los repunantes y contrarios hiciesen voluntarios y conformes. A aqueste el viejo Tormes como a hijo lo metió al escondrijo de su fuente, 1170 de do va su corriente comenzada. Mostrole una labrada y cristalina urna, donde él reclina el diestro lado; y en ella vio entallado y esculpido lo que antes de haber sido, el sacro viejo 1175 por divino consejo puso en arte, labrado a cada parte, las estrañas virtudes y hazañas de los hombres que con sus claros nombres ilustraron cuanto señorearon de aquel río. 1180 Estaba con un brío desdeñoso, con pecho corajoso, aquel valiente que contra un rey potente y de gran seso, que el viejo padre preso le tenía,[153] cruda guerra movía, despertando 1185 su ilustre y claro bando al ejercicio de aquel piadoso oficio. A aqueste junto la gran labor al punto señalaba al hijo, que mostraba acá en la tierra ser otro Marte en guerra, en corte Febo.[154] 1190 Mostrábase mancebo en las señales del rostro, que eran tales, que esperanza y cierta confianza claro daban a cuantos le miraban, que él sería en quien se informaría un ser divino. 1195 Al campo sarracino en tiernos años daba con graves daños a sentillo;[155] que, como fue caudillo del cristiano, ejercitó la mano y el maduro seso y aquel seguro y firme pecho. 1200 En otra parte, hecho ya más hombre, con más ilustre nombre los arneses de los fieros franceses abollaba.[156] Junto tras esto estaba figurado con el arnés manchado de otra sangre, 1205 sosteniendo la hambre en el asedio, siendo él solo remedio del combate, que con fiero rebate y con ruído por el muro batido le ofrecían. Tantos, al fin, morían por su espada, 1210 a tantos la jornada puso espanto, que no hay labor que tanto notifique cuánto el fiero Fadrique de Toledo puso terror y miedo al enemigo. Tras aqueste que digo se veía 1215 el hijo don García, que en el mundo[157] sin par y sin segundo solo fuera, si hijo no tuviera. ¿Quién mirara de su hermosa cara el rayo ardiente, quién su resplandeciente y clara vista, 1220 que no diera por vista su grandeza? Estaban de crueza fiera armadas las tres inicas hadas, cruda guerra[158] haciendo allí a la tierra con quitalle a este, que en alcanzalle fue dichosa. 1225 ¡Oh patria lagrimosa, y cómo vuelves los ojos a los Gelves, sospirando![159] Él está ejercitando el duro oficio, y con tal artificio la pintura mostraba su figura, que dijeras, 1230 si pintado le vieras, que hablaba. El arena quemaba, el sol ardía, la gente se caía medio muerta; él solo con despierta vigilanza dañaba la tardanza floja, inerte, 1235 y alababa la muerte gloriosa. Luego la polvorosa muchedumbre gritando a su costumbre le cercaba; mas el que se llegaba al fiero mozo, llevaba con destrozo y con tormento 1240 del loco atrevimiento el justo pago. Unos en bruto lago de su sangre, cortado ya el estambre de la vida, la cabeza partida revolcaban; otros claro mostraban espirando, 1245 de fuera palpitando las entrañas, por las fieras y estrañas cuchilladas de aquella mano dadas. Mas el hado acerbo, triste, airado, fue venido; y al fin él, confundido de alboroto, 1250 atravesado y roto de mil hierros, pidiendo de sus yerros venia al cielo, puso en el duro suelo la hermosa cara, como la rosa matutina,[160] cuando ya el sol declina al mediodía, 1255 que pierde su alegría, y marchitando va la color mudando; o en el campo cual queda el lirio blanco, que el arado crudamente cortado al pasar deja, del cual aún no se aleja presuroso 1260 aquel color hermoso, o se destierra; mas ya la madre tierra, descuidada, no le administra nada de su aliento, que era el sustentamiento y vigor suyo; ¡Tal está el rostro tuyo en la arena, 1265 fresca rosa, azucena blanca y pura! Tras esto una pintura estraña tira los ojos de quien mira, y los detiene tanto, que no conviene mirar cosa estraña ni hermosa, sino aquella. 1270 De vestidura bella allí vestidas las Gracias esculpidas se veían; solamente traían un delgado velo, que el delicado cuerpo viste; mas tal, que no resiste a nuestra vista. 1275 Su diligencia en vista demostraban;[161] todas tres ayudaban en un hora a una muy gran señora que paría.[162] Un infante se vía ya nacido,[163] tal, cual jamás salido de otro parto, 1280 del primer siglo al cuarto vio la luna.[164] En la pequeña cuna se leía un nombre que decía: _Don Fernando_. Bajaban, dél hablando, de dos cumbres[165] aquellas nueve lumbres de la vida;[166] 1285 con ligera corrida iba con ellas, cual luna con estrellas, el mancebo intonso y rubio Febo; y en llegando,[167] por orden abrazando todas fueron al niño, que tuvieron luengamente 1290 visto como presente. De otra parte[168] Mercurio estaba, y Marte cauto y fiero, viendo el gran caballero que encogido en el recién nacido cuerpo estaba. Entonces lugar daba mesurado 1295 a Venus, que a su lado estaba puesta. Ella con mano presta y abundante nétar sobre el infante desparcía;[169] mas Febo la desvía de aquel tierno niño, y daba el gobierno a sus hermanas. 1300 Del cargo están ufanas todas nueve. El tiempo el paso mueve, el niño crece, y en tierna edad florece, y se levanta como felice planta en buen terreno. Ya sin preceto ajeno daba tales 1305 de su ingenio señales, que espantaban a los que lo criaban. Luego estaba cómo una lo entregaba a un gran maestro, que con ingenio diestro y vida honesta hiciese manifiesta al mundo y clara 1310 aquella ánima rara que allí vía. Al niño recebía con respeto un viejo, en cuyo aspeto se vía junto severidad a un punto con dulzura. Quedó desta figura como helado 1315 Severo, y espantado viendo al viejo, que, como si en espejo se mirara, en cuerpo, edad y cara eran conformes. En esto, el rostro a Tormes revolviendo, vio que estaba riendo de su espanto. 1320 «¿De qué te espantas tanto? --dijo el río-- ¿No basta el saber mío a que primero que naciese Severo, yo supiese que había de ser quien diese la dotrina al ánima divina deste mozo?» 1325 Él, lleno de alborozo y de alegría, sus ojos mantenía de pintura. Miraba otra figura de un mancebo, el cual venía con Febo mano a mano, al modo cortesano. En su manera,[170] 1330 lo juzgara cualquiera, viendo el gesto lleno de un sabio, honesto y dulce afeto, por un hombre perfeto en la alta parte de la difícil arte cortesana, maestra de la humana y dulce vida. 1335 Luego fue conocida de Severo la imagen por entero fácilmente deste que allí presente era pintado. Vio que era el que había dado a don Fernando, su ánimo formando en luenga usanza, 1340 el trato, la crianza y gentileza, la dulzura y llaneza acomodada, la virtud apartada y generosa, y en fin, cualquiera cosa que se vía en la cortesanía, de que lleno 1345 Fernando tuvo el seno y bastecido. Después de conocido, leyó el nombre Severo de aqueste hombre que se llama Boscán, de cuya llama clara y pura sale el fuego que apura sus escritos, 1350 que en siglos infinitos tendrán vida. De algo más crecida edad miraba al niño que escuchaba sus consejos, luego los aparejos ya de Marte, estotro puesto aparte, le traía. 1355 Así les convenía a todos ellos, que no pudiera dellos dar noticia a otro la milicia en muchos años. Obraba los engaños de la lucha; la maña y fuerza mucha y ejercicio 1360 con el robusto oficio está mesclando.[171] Allí con rostro blando y amoroso Venus aquel hermoso mozo mira, y luego lo retira por un rato de aquel áspero trato y son de hierro. 1365 Mostrábale ser yerro y ser mal hecho armar contino el pecho de dureza, no dando a la terneza alguna puerta. Entrada en una huerta, con él siendo, una ninfa durmiendo le mostraba. 1370 El mozo la miraba, y juntamente de súbito acidente acometido, estaba embebecido, y a la diosa, que a la ninfa hermosa se allegase mostraba que rogase, y parecía 1375 que la diosa temía de llegarse. Él no podía hartarse de miralla, eternamente amalla proponiendo. Luego venía corriendo Marte airado, mostrándose alterado en la persona, 1380 y daba la corona a don Fernando. Estábale mostrando un caballero que con semblante fiero amenazaba al mozo que quitaba el nombre a todos. Con atentados modos se movía 1385 contra el que le atendía en una puente.[172] Mostraba claramente la pintura que acaso noche escura entonces era. De la batalla fiera era testigo Marte, que al enemigo condenaba 1390 y al mozo coronaba en el fin della; el cual como la estrella relumbrante que el sol envía delante, resplandece. De allí su nombre crece, y se derrama su valerosa fama a todas partes. 1395 Luego con nuevas artes se convierte a hurtar a la muerte y a su abismo gran parte de sí mismo y quedar vivo cuando el vulgo cautivo lo llorare, y muerto lo llamare con deseo. 1400 Estaba el Himeneo allí pintado, el diestro pie calzado en lazos de oro.[173] De vírgenes un coro está cantando, partidas altercando y respondiendo, y en un lecho poniendo una doncella,[174] 1405 que quien atento aquella bien mirase, y bien la cotejase en su sentido con la que el mozo vido allá en la huerta, verá que la despierta y la dormida por una es conocida de presente. 1410 Mostraba juntamente ser señora dina y merecedora de tal hombre. El almohada el nombre contenía, el cual doña María Enriques era.[175] Apenas tienen fuera a don Fernando, 1415 ardiendo y deseando estar ya echado.[176] Al fin era dejado con su esposa, dulce, pura, hermosa, sabia, honesta. En un pie estaba puesta la fortuna, nunca estable ni una, que llamaba 1420 a Fernando, que estaba en vida ociosa, que por dificultosa y ardua vía quisiera ser su guía y ser primera; mas él por compañera toma aquella, siguiendo a la que es bella descubierta, 1425 y juzgada cubierta por disforme; el nombre era conforme a aquesta fama: virtud esta se llama, al mundo rara.[177] ¿Quién tras ella guiara igual en curso, sino este, que el discurso de su lumbre 1430 forzaba la costumbre de sus años, no recibiendo engaños sus deseos? Los montes Pirineos (que se estima[178] de abajo que la cima está en el cielo, y desde arriba el suelo en el infierno) 1435 por medio del invierno atravesaba. La nieve blanqueaba, y las corrientes por debajo de puentes cristalinas y por heladas minas van calladas. El aire las cargadas ramas mueve, 1440 que el peso de la nieve las desgaja. Por aquí se trabaja el Duque osado, del tiempo contrastado y de la vía, con clara compañía de ir delante. El trabajo constante y tan loable 1445 por la Francia mudable, en fin, le lleva,[179] la fama en él renueva la presteza; la cual con ligereza iba volando, y con el gran Fernando se paraba, y le sinificaba en modo y gesto 1450 que el caminar muy presto convenía. De todos escogía el Duque uno,[180] y entrambos de consuno cabalgaban; los caballos mudaban fatigados; mas a la fin llegados a los muros 1455 del gran París seguros, la dolencia, con su débil presencia y amarilla,[181] bajaba de la silla al Duque sano, y con la pesada mano le tocaba. El luego comenzaba a demudarse, 1460 y amarillo pararse y a dolerse. Luego pudiera verse de travieso venir por un espeso bosque ameno, de buenas hierbas lleno y medicina, Esculapio, y camina, no parando,[182] 1465 hasta donde Fernando está en el lecho. Entró con pie derecho, y parecía que le restituía en tanta fuerza, que a proseguir se esfuerza su viaje, que le llevó al pasaje del gran Reno.[183] 1470 Tomábale en su seno el caudaloso y claro río, gozoso de tal gloria, trayendo a la memoria cuándo vino el vencedor latino al mismo paso.[184] No se mostraba escaso de sus ondas; 1475 antes con aguas hondas que engendraba, los bajos igualaba y al liviano barco daba de mano, el cual, volando, atrás iba dejando muros, torres. Con tanta priesa corres, navecilla, 1480 que llegas do amancilla una doncella, y once mil más con ella, y mancha el suelo de sangre, que en el cielo está esmaltada:[185] Úrsula, desposada y virgen pura, mostraba su figura, en una pieza 1485 pintada su cabeza. Allí se vía que los ojos volvía ya espirando; y estábate mirando aquel tirano[186] que con acerba mano llevó a hecho de tierno en tierno pecho tu compaña. 1490 Por la fiera Alemaña de aquí parte el Duque, a aquella parte enderezado donde el cristiano estado estaba en dubio.[187] En fin al gran Danubio se encomienda; por él suelta la rienda a su navío,[188] 1495 que con poco desvío de la tierra, entre una y otra sierra el agua hiende. El remo, que deciende en fuerza suma, mueve la blanca espuma como argento. El veloz movimiento parecía 1500 que pintado se vía ante los ojos. Con amorosos ojos adelante Carlo, César triunfante, le abrazaba cuando desembarcaba en Ratisbona.[189] Allí por la corona del imperio 1505 estaba el magisterio de la tierra convocado a la guerra que esperaban. Todos ellos estaban enclavando los ojos en Fernando, y en el punto que así le vieron junto, se prometen 1510 de cuanto allí acometen la vitoria. Con falsa y vana gloria y arrogancia, con bárbara jatancia allí se vía a los fines de Hungría el campo puesto de aquel que fue molesto en tanto grado 1515 al húngaro cuitado y afligido;[190] las armas y el vestido a su costumbre, era la muchedumbre tan estraña, que apenas la campaña la abrazaba, ni a dar pasto bastaba, ni agua el río. 1520 César con celo pío y con valiente ánimo aquella gente despreciaba; la suya convocaba, y en un punto vieras un campo junto de naciones diversas y razones, mas de un celo.[191] 1525 No ocupaban el suelo en tanto grado con número sobrado y infinito como el campo maldito; mas mostraban virtud, con que sobraban su contrario,[192] ánimo voluntario, industria y maña; 1530 con generosa saña y viva fuerza Fernando los esfuerza y los recoge, y a sueldo suyo coge muchos dellos. De un arte usaba entre ellos admirable; con el disciplinable alemán fiero 1535 a su manera y fuero conversaba; a todos se aplicaba de manera, que el flamenco dijera que nacido en Flandes había sido, y el osado español y sobrado, imaginando[193] 1540 ser suyo don Fernando y de su suelo, demanda sin recelo la batalla. Quien más cerca se halla del gran hombre piensa que crece el nombre por su mano. El cauto italiano nota y mira,[194] 1545 los ojos nunca tira del guerrero,[195] y aquel valor primero de su gente[196] junto en este y presente considera. En él ve la manera misma y maña del que pasó en España sin tardanza, 1550 siendo solo esperanza de su tierra, y acabó aquella guerra peligrosa con mano poderosa y con estrago de la fiera Cartago y de su muro, y del terrible y duro su caudillo, 1555 cuyo agudo cuchillo a las gargantas Italia tuvo tantas veces puesto.[197] Mostrábase tras esto allí esculpida la envidia carcomida, así molesta;[198] contra Fernando puesta frente a frente, 1560 la desvalida gente convocaba, y contra aquel la armaba, y con sus artes busca por todas partes daño y mengua. Él con su mansa lengua y largas manos los tumultos livianos asentando, 1565 poco a poco iba alzando tanto el vuelo, que la envidia en el cielo lo miraba; y como no bastaba a la conquista, vencida ya su vista de tal lumbre, forzaba su costumbre, y parecía 1570 que perdón le pedía, en tierra echada. Él, después de pisada, descansado quedaba y aliviado de este enojo; y lleno del despojo desta fiera, hallaba en la ribera del gran río, 1575 de noche, al puro frío del sereno, a César, que en su seno está pensoso, del suceso dudoso desta guerra; que, aunque de sí destierra la tristeza, del caso la grandeza trae consigo 1580 el pensamiento amigo del remedio.[199] Entrambos buscan medio convenible para que aquel terrible furor loco les empeciese poco, y recibiese tal estrago, que fuese destrozado. 1585 Después de haber hablado, ya cansados, en la hierba acostados se dormían; el gran Danubio oían ir sonando, casi como aprobando aquel consejo. En esto el claro viejo río se vía 1590 que del agua salía muy callado, de sauces coronado y de un vestido de las ovas tejido mal cubierto, y en aquel sueño incierto les mostraba todo cuanto tocaba al gran negocio. 1595 Y parecía que el ocio sin provecho les sacaba del pecho; porque luego, como si en vivo fuego se quemara alguna cosa cara, se levantan del gran sueño y se espantan, alegrando 1600 el ánimo y alzando la esperanza. El río sin tardanza parecía que el agua disponía al gran viaje; allanaba el pasaje y la corriente, para que fácilmente aquella armada[200] 1605 que había de ser guiada por su mano, en el remar liviano y dulce viese cuánto el Danubio fuese favorable. Con presteza admirable vieras junto un ejército a punto denodado; 1610 y después de embarcado, el remo lento, el duro movimiento de los brazos, los pocos embarazos de las ondas llevaban por las hondas aguas presta el armada, molesta al gran tirano.[201] 1615 El artificio humano no hiciera pintura que esprimiera vivamente, el armada, la gente, el curso, el agua; apenas en la fragua, donde sudan los cíclopes y mudan fatigados[202] 1620 los brazos, ya cansados del martillo, pudiera así esprimillo el gran maestro. Quien viera el curso diestro por la clara corriente, bien jurara a aquellas horas[203] que las agudas proras dividían 1625 el agua y la hendían con sonido, y el rastro iba seguido. Luego vieras al viento las banderas tremolando, las ondas imitando en el moverse. Pudiera también verse casi viva 1630 la otra gente esquiva y descreída, que, de ensoberbecida y arrogante, pensaban que delante no hallaran hombres que se pararan, a su furia. Los nuestros, tal injuria no sufriendo, 1635 remos iban metiendo con tal gana, que iba de espuma cana el agua llena. El temor enajena al otro bando; el sentido, volando de uno en uno, entrábase importuno por la puerta 1640 de la opinión incierta, y siendo dentro, en el íntimo centro allá del pecho les dejaba deshecho un hielo frío, el cual, como un gran río en flujos gruesos, por médulas y huesos discurría. 1645 Todo el campo se vía conturbado y con arrebatado movimiento; solo del salvamento platicaban.[204] Luego se levantaban con desorden, confusos y sin orden caminando, 1650 atrás iban dejando con recelo, tendida por el suelo, su riqueza. Las tiendas do pereza y do fornicio, con todo bruto vicio obrar solían, sin ellas se partían. Así armadas, 1655 eran desamparadas de sus dueños. A grandes y pequeños juntamente era el temor presente por testigo, y el áspero enemigo a las espaldas, que les iba las faldas ya mordiendo. 1660 César estar teniendo allí se vía a Fernando, que ardía sin tardanza por colorar su lanza en turca sangre. Con animosa hambre y con denuedo forcejea con quien quedo estar le manda. 1665 Como lebrel de Irlanda generoso que el jabalí cerdoso y fiero mira, rebátese, sospira, fuerza y riñe, y apenas le constriñe el atadura, que el dueño con cordura más aprieta;[205] 1670 así estaba perfeta y bien labrada la imagen figurada de Fernando, que quien allí mirándola estuviera, que era desta manera bien juzgara. Resplandeciente y clara de su gloria 1675 pintada la vitoria se mostraba; a César abrazaba, y no parando, los brazos a Fernando echaba al cuello. Él mostraba de aquello sentimiento, por ser el vencimiento tan holgado. 1680 Estaba figurado un carro estraño con el despojo y daño de la gente bárbara, y juntamente allí pintados cautivos amarrados a las ruedas, con hábitos y sedas variadas; 1685 lanzas rotas, celadas y banderas, armaduras ligeras de los brazos, escudos en pedazos divididos, vieras allí cogidos en trofeo, con que el común deseo y voluntades 1690 de tierras y ciudades se alegraba. Tras esto blanqueaba falda y seno con velas al Tirreno de la armada sublime y ensalzada y gloriosa. Con la prora espumosa las galeras, 1695 como nadantes fieras, el mar cortan, hasta que en fin aportan con corona de lauro a Barcelona, do cumplidos[206] los votos ofrecidos y deseos, y los grandes trofeos ya repuestos, 1700 con movimientos prestos de allí luego, en amoroso fuego todo ardiendo, el Duque iba corriendo, y no paraba. Cataluña pasaba, atrás la deja; ya de Aragón se aleja, y en Castilla, 1705 sin bajar de la silla, los pies pone. El corazón dispone a la alegría que vecina tenía, y reserena su rostro, y enajena de sus ojos muerte, daños, enojos, sangre y guerra. 1710 Con solo amor se encierra sin respeto, y el amoroso afeto y celo ardiente figurado y presente está en la cara; y la consorte cara, presurosa, de un tal placer dudosa, aunque lo vía, 1715 el cuello le ceñía en nudo estrecho,[207] de aquellos brazos hecho delicados; de lágrimas preñados relumbraban los ojos que sobraban al sol claro. Con su Fernando caro y señor pío 1720 la tierra, el campo, el río, el monte, el llano, alegres a una mano estaban todos, mas con diversos modos lo decían. Los muros parecían de otra altura; el campo en hermosura de otras flores 1725 pintaba mil colores disconformes; estaba el mismo Tormes figurado, en torno rodeado de sus ninfas, vertiendo claras linfas con instancia, en mayor abundancia que solía; 1730 del monte se veía el verde seno de ciervos todo lleno, corzos, gamos, que de los tiernos ramos van rumiando; el llano está mostrando su verdura, tendiendo su llanura así espaciosa, 1735 que a la vida curiosa nada empece, ni deja en qué tropiece el ojo vago. Bañados en un lago, no de olvido, mas de un embebecido gozo, estaban cuantos consideraban la presencia 1740 deste, cuya ecelencia el mundo canta, cuyo valor quebranta al turco fiero. Aquesto vio Severo por sus ojos, y no fueron antojos ni ficiones; si oyeras sus razones, yo te digo 1745 que como a buen testigo lo creyeras. Contaba muy de veras que, mirando atento y contemplando las pinturas, hallaba en las figuras tal destreza, que con mayor viveza no pudieran 1750 estar si ser les dieran vivo y puro. Lo que dellas escuro allí hallaba, y el ojo no bastaba a recogello, el río le daba dello gran noticia. --Este de la milicia --dijo el río-- 1755 la cumbre y señorío tendrá solo del uno al otro polo, y porque espantes a todos cuantos cantes los famosos hechos tan gloriosos, tan ilustres,[208] sabe que en cinco lustres de sus años[209] 1760 hará tantos engaños a la muerte, que con ánimo fuerte habrá pasado por cuanto aquí pintado della has visto. Ya todo lo has previsto, vamos fuera, dejarte he en la ribera do estar sueles. 1765 --Quiero que me reveles tú primero, --le replicó Severo--, qué es aquello, que de mirar en ello se me ofusca la vista; así corusca y resplandece,[210] y tan claro parece allí en la urna, 1770 como en hora noturna la cometa. --Amigo, no se meta --dijo el viejo-- ninguno, le aconsejo, en este suelo en saber más que el cielo le otorgare; y si no te mostrare lo que pides, 1775 tú mismo me lo impides, porque en tanto que el mortal velo y manto el alma cubren, mil cosas se te encubren, que no bastan tus ojos, que contrastan, a mirallas. No pude yo pintallas con menores 1780 luces y resplandores, porque sabe, y aquesto en ti bien cabe, que esto todo que en ecesivo modo resplandece tanto, que no parece ni se muestra, es lo que aquella diestra mano osada 1785 y virtud sublimada de Fernando acabarán entrando más los días. Lo cual, con lo que vías comparado, es como con nublado muy escuro el sol ardiente, puro, relumbrante. 1790 Tu vista no es bastante a tanta lumbre, hasta que la costumbre de miralla tu ver al contemplalla no confunda. Como en cárcel profunda el encerrado, que, súbito sacado, le atormenta 1795 el sol que se presenta a sus tinieblas; así tú, que las nieblas y hondura, metido en estrechura, contemplabas que era cuanto mirabas otra gente, viendo tan diferente suerte de hombre, 1800 no es mucho que te asombre luz tamaña; pero vete, que baña el sol hermoso su carro presuroso ya en las ondas, y antes que me respondas será puesto.-- Diciendo así, con gesto muy humano 1805 tomole por la mano. ¡Oh admirable caso, y, cierto, espantable! Que en saliendo, se fueron estriñendo de una parte y de otra de tal arte aquellas ondas, que las aguas, que hondas ser solían, 1810 el suelo descubrían, y dejaban seca por do pasaban la carrera, hasta que en la ribera se hallaron; y como se pararon en un alto, el viejo de allí un salto dio con brío, 1815 y levantó del río espuma al cielo, y comovió del suelo negra arena. Severo, ya de ajena ciencia instruto, fuese a coger el fruto sin tardanza de futura esperanza; y escribiendo, 1820 las cosas fue esprimiendo muy conformes a las que había de Tormes aprendido; y aunque de mi sentido él bien juzgase que no las alcanzase, no por eso este largo proceso sin pereza 1825 dejó, por su nobleza, de mostrarme. Yo no podía hartarme allí leyendo, y tú de estarme oyendo estás cansado.