Obras

Part 12

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[7] Los del linaje de la Cueva se oponían a aquel desposorio en su interés de que D.ª Isabel, única sucesora de Alburquerque, casara de modo que no se perdiera el nombre de la casa; tuvieron de su parte al Emperador, el cual despachó una cédula desde Bruselas a 4 de setiembre de 1531, prohibiendo que aquel matrimonio siguiera adelante; no obstante parece ser que los novios fueron desposados, en secreto, en una iglesia de Ávila, siendo testigo Garcilaso; noticioso de lo cual el Emperador le impuso dicho destierro, como castigo, en ocasión en que fue a servirle contra los turcos que asediaban a Viena. (V. Navarrete, _Vida_, 35 y siguientes.)

[8] Véase la carta de creencia otorgada a Garcilaso por D. Juan Ribera, Capitán General de Toledo, en 12 de mayo de 1522. (Navarrete, _Vida_, pág. 203.)

[9] V. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 38.

[10] Cuenta D. Luis Zapata en su _Carlo Famoso_ que yendo Garcilaso a Roma a reunirse con el Emperador, después de cierta aventura galante, saliole al paso una dama que le anunció el peligro que le amenazaba por los facinerosos, hacia cuyas guaridas inconscientemente caminaba; agradeciendo el aviso, resolvió el caballero seguir adelante, y al internarse en un bosque, oyó resonar de silvos, cuernos y bocinas, con que se convocaban los salteadores; más de trescientos, bien armados, le rodearon; lanza en ristre, y firme en su caballo, les acometió; y matando a unos, hiriendo a otros y haciendo huir a los restantes, logró llegar, salvo y con honra, a su destino. Es evidente que en el fondo de este fantástico relato hay, por lo menos, de cierto la opinión de valiente en que el poeta vivió.

[11] Navarrete, _Vida_, pág. 85.

[12] Dejó Garcilaso tres hijos: Garcilaso, D. Pedro y D.ª Sancha, y otro, además, D. Lorenzo, que se sospecha fuese natural; murió el primero a los veinticinco años en la defensa de Ulpiano contra los franceses; profesó el segundo en la Orden de Santo Domingo; casó D.ª Sancha con D. Antonio Puertocarrero, y D. Lorenzo, espíritu cáustico, desterrado a Orán, como autor de una aguda sátira, dícese que murió en el camino.

[13] Un epigrama latino se hallará en el Apéndice de este volumen.

[14] Los sonetos, por hallazgos posteriores, montan hoy a 38, algunos de dudosa autenticidad, según se advertirá en su lugar; figuran, además, en la presente edición, varias composiciones que el autor escribió en versos cortos, la carta-prólogo escrita para la traducción de _El Cortesano_ de Boscán, y otra breve carta del poeta al Emperador.

[15] _Las obras de Boscán y algunas de Garcilasso de la Vega, repartidas en cuatro libros._ -- Escudo del Emperador con el _Plus Ultra_. -- _Cvm Privilegio Imperiali. Carles Amorós._ -- Colofón: «Acabaronse de imprimir las obras de Boscán y Garcilasso de la Vega: en Barcelona, en la Officina de Carles Amoros, a los XX del mes de Março: Año de M.D.XLIII.» 4.º, 8 hojas preliminares, más 242 de texto.

[16] El mismo Boscán en su carta a la Duquesa de Soma, prólogo del segundo libro de sus poesías, declara la parte que tomó Garcilaso en la reforma: «Comencé a tentar este género de verso, en el cual al principio hallé alguna dificultad, por ser muy dificultoso y tener muchas particularidades diferentes del nuestro; pero después pareciéndome, quizá con el amor de las cosas propias, que esto comenzaba a sucederme bien, fui paso a paso metiéndome con calor en ello; mas esto no bastara a hacerme pasar muy adelante, si Garcilaso con su juicio, el cual, no solamente en mi opinión, mas en la de todo el mundo, ha sido tenido por regla cierta, no me confirmara en esta mi demanda, y así alabándome muchas veces este mi propósito y acabándomele de aprobar con su ejemplo, porque quiso él también llevar este camino, al cabo me hizo ocupar mis ratos ociosos en esto más particularmente.»

[17] F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, página 282.

[18] Versos 37 y 40 de su égloga III.

[19] Prólogo de Francisco de Medina a las _Anotaciones_ de Herrera, pág. 8.

[20] Elegía II, verso 24.

[21] Elegía II, verso 145 y siguientes.

[22] Hizo lugar honroso en sus escritos al nombre de D. Fernando de Toledo, gran Duque de Alba, Eg. II; D. Pedro de Toledo, Virrey de Nápoles, Eg. I; fray Severo, ayo del gran Duque, Eg. II; D.ª María de la Cueva, Condesa de Osuna, Eg. III; D. Bernardino de Toledo, Eleg. I; D.ª Catalina Sanseverino, la Flor de Gnido, Canc. V; Mario Galeota, soneto XXXIII; D. Fernando de Guzmán, hermano del poeta, soneto XVI; Julio César, poeta napolitano, soneto XIX; D. Alonso de Ávalos, Marqués del Vasto, soneto XXI; D.ª María de Cardona, Marquesa de la Padula, soneto XXIV, y particularmente a su amigo Boscán, Eg. II, Eleg. II, epíst., sonetos XXVIII y XXXV, y versos cortos VII.

[23] Véanse las notas a los versos 2 y 258 de la Eg. I, y al 20 de la Eg. II.

[24] V. M. Menéndez y Pelayo, _Juan Boscán_, páginas 132-138.

[25] Égloga I:

El dulce lamentar de dos pastores Cristo y el pecador triste y lloroso He de cantar sus quejas imitando, etc.

[26] Se halla noticia de tal sistema ortográfico y de sus pormenores en el libro del Conde de la Viñaza, _Biblioteca histórica de la Filología Castellana_, Madrid, 1893, número 544.

[27] Dedicó Garcilaso esta égloga a D. Pedro de Toledo, el _gran justador_, primer Marqués de Villafranca y Virrey de Nápoles desde 1532 a 1553; fue hijo segundo de don Fadrique de Toledo y tío carnal del gran Duque de Alba D. Fernando. Hombre de carácter y talento, recibió del César el virreinato de Nápoles en momentos de peligro; al encargarse de él, llevó consigo desde Alemania a Garcilaso, consiguiendo que el Emperador le sacase de su destierro del Danubio. Fue su más constante protector. (Navarrete, págs. 44 a 49.)

[28] _Salicio_ laméntase de celos; _Nemoroso_ llora la muerte de su pastora _Elisa_. _Salicio_ es Garcilaso, y _Elisa_, según todos los comentadores, es D.ª Isabel Freyre, dama portuguesa, esposa de D. Antonio de Fonseca. Muchos, desde Herrera, han creído que este D. Antonio es el _Nemoroso_ de la égloga; muchos más, desde el Brocense, han dicho que _Nemoroso_ no es sino Boscán, «porque _nemus_ es bosque», y D. Luis Zapata, autor del _Carlo Famoso_, asegura, en efecto, que Boscán conoció a _Elisa_ en la Corte, como dama que era de la Emperatriz D.ª Isabel de Portugal, y «fue su servidor antes que casase»; pero ambas opiniones en lucha han dado sus razones contrarias y se han destruido mutuamente. Y dice D. Manuel de Faria y Sousa: «Lo cierto es que no fue Boscán ni otro alguno, sino que Garcilaso se representa con ambos nombres, y esto es ordinario en los escritores de églogas... El introducir nombres sirve solo al diálogo; pero la persona es una sola. Así en la égloga de Garcilaso, lo mismo es _Salicio_ que _Nemoroso_.» El enamorado de D.ª Isabel Freyre, según el mismo Faria, no fue Boscán, sino Garcilaso «que de sus amores fue muy derretido estando ella en Palacio, y a ella son los más de sus versos... como quien la galanteó antes de casar». Sa de Miranda llama siempre _Nemoroso_ a Garcilaso. D.ª Carolina Michaëlis de Vasconcellos defiende la opinión de Faria y Sousa, y el maestro Menéndez y Pelayo dice: «Prefiero la tradición de Faria a la de Zapata, porque no es verosímil, ni posible siquiera, que la divina lamentación de _Nemoroso_, que es lo más tierno y apasionado que brotó de la pluma de Garcilaso, sea el eco o el reflejo de una pasión ajena, de la cual, por otra parte, no hay rastro en los versos de Boscán. Garcilaso ha puesto en aquellas estancias todo su corazón, y habla allí en nombre propio, no en el de su amigo, ni mucho menos en nombre del marido de su dama.» Todo esto con más extensión y con la documentación necesaria puede verse en el tomo XIII de la _Antología_ de Menéndez y Pelayo, págs. 55 a 60.

[29] _Estado Albano_: el Reino de Nápoles, llamado así, acaso, por la vieja y famosa _Alba-Longa_, o por _Alba_, ciudad también famosa, donde los romanos hospedaban a los reyes bárbaros, sus cautivos. Se ha creído que _Albano_ es nombre propio (Bello-Cuervo, _Gram._, París, 1907, § 1171), y se ha dicho que representa al mismo Virrey (Mérimée, _Litt. Esp._, París, 1908, pág. 156); no advirtieron tal cosa los comentadores antiguos; ni D. Pedro era hombre para juegos pastoriles, ni Albano figura para nada en las églogas de Garcilaso, y si llama la atención encontrar en las ediciones antiguas _estado-Albano_, no siendo entonces obligada la mayúscula inicial de verso, téngase presente que también se imprimía _tigre Hircana_, _campo Placentino_, _campo Sarracino_, _arte Cortesana_, _sangre Turca_, etc., sin tratarse de nombres propios. Son ejemplos del texto de Tamayo, Eg. II.

[30] _Marte_, para los griegos era el más odioso de los inmortales; los romanos le tenían por dios favorable y bienhechor; este rasgo, en pequeño, retrata a ambos pueblos.

[31] _sobras_ = _superas_. _Sobrar_ tiene la misma etimología que _superar_, y en este caso tiene también la misma significación, que es la del latín _superare_. Repítese en la Eg. II, versos 1529 y 1540. El poeta juega aquí del vocablo entre _faltar_ y _sobrar_, este último en sus acepciones culta y corriente.

[32] _dino_ = _digno_, como _maníficas_, Eg. II, v. 395. Demuestra que en aquel tiempo se pronunciaba _dino_, aun en lenguaje culto, el hecho de encontrar en buenos poetas rimas como _contino_, _dino_, etc. (F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, pág. 402.)

[33] Perífrasis del laurel con que se coronaban los guerreros triunfantes y los poetas heroicos, los eróticos se coronaban de mirto, y de hiedra los poetas menores. (Herrera, pág. 411.) Apolo dijo al laurel-Dafne--: «Tu follaje adornará mi cabellera y mis armas, y servirás de atavío a los guerreros del Lacio al resonar los alborozados gritos de la victoria y al desplegar el Capitolio sus triunfales pompas.» Ovidio, _Metamórfosis_, lib. I, fáb. X; véase adelante el soneto XIII.

[34] La hiedra simboliza afecto y humildad; repítese esta imagen adelante, versos 135 y 243 de esta misma égloga: «Fue Ciso --la hiedra-- un mancebo que servía a Baco de danzante... y ejercitándose una vez delante él en aquel oficio, cayó en el suelo y se mató del golpe; y la tierra por honra de Baco crió... una planta, que luego que salió por la tierra, comenzó a abrazar la vid de la mesma suerte que solía en las danzas y bailes abrazar y rodear Ciso a Baco.» (Herrera, pág. 411.)

[35] _el altura_. En tiempo de Garcilaso era lícita esta construcción: _el alegría_, Eleg. I, v. 261; _el ausencia_, Eleg. II, versos 72 y 80; _el aspereza_, canc. IV, v. 1; _el amarga memoria_, soneto XIX, v. 11, etc.; pero luego se admitió _el_ con femenino, tan solo en el caso en que siguiese _a_ acentuada, _el alma_, etc. (R. Menéndez Pidal, _Gram. Hist._, § 100,2.)

[36] Herrera escribió aquí _un’ alta haya_; en el verso siguiente, _un’ agua_; en el 69, _un’ hora_, y así en muchos casos análogos, Eg. I, v. 217, 218, 257, etc.; Eg. II, 580, 718, etc.; yo he prescindido del apóstrofo y de la vocal _a_, huyendo de la contradicción de otros editores que, en iguales circunstancias, y sin motivo razonable, han escrito unas veces _un alta, un agua, un hora_, etc., y otras, _una alta, una agua, una hora_; comp., por ejemplo, en la edición de Castro, Eg. I, v. 46, 47, 218, y 69, 259; Eg. II, 182, 718, etc.

[37] Galatea, Elisa, Camila, Gravina, Flérida y Filis son los nombres de las pastoras de Garcilaso, pero la historia recuerda preferentemente a la primera unida al nombre del poeta: «Aquella cuyo nombre entronizado -- por vos ha sido más que de Catulo -- el nombre de su Lesbia celebrado... -- Más que del claro Castillejo, Ana, -- Más que de Garcilaso, Galatea...» (F. Rodríguez Marín, _Barahona_, pág. 29.)

[38] _mesquina_, como _entristesco_, Eg. I, v. 254; _mesclado_, Eg. II, v. 252, etc.; estas formas con _sc_ tienen en castellano más abolengo y más historia que las modernas con _zc_. (R. Menéndez Pidal, _Gram. Hist._, § 112,3.)

[39] Tal pensamiento encontró Herrera (pág. 406) en Dante, Ariosto y Jorge de Resende; este último dijo así: «Senhora, pois me matais --Por vos dar meu coraçãm. -- Peço vos que me digais -- De que manera tratais -- A os que vossos nam sãm...» Aun cuando en lengua extraña, entiendo que estos versos pueden aquí servir para comprender mejor los de Garcilaso.

[40] «Injustamente, en mi humilde opinión, censuró Hermosilla, como ociosamente pleonástico, este verso, que tan sentidamente exprime el dolor de Salicio por la inconstancia de Galatea. Dudo que a nadie parezcan más expresivos aquellos acumulados pleonasmos de Homero que el mismo escritor llama bellísimos: “Pero Aquiles pretende _sobre todos_ -- _Los otros ser, a todos dominarlos_, -- _Sobre todos mandar, y como jefe_, -- _Dictar leyes a todos_.”» Bello-Cuervo, _Gramática_, París, 1907, § 411, nota.

[41] No ha desaparecido aún la creencia vulgar en los agüeros de las aves. Dicen de la lechuza, ave nocturna, que cuando grazna sobre la chimenea de alguna casa es anuncio de una gran desgracia para la familia que allí viva (La Mancha). Sobre la antigüedad de estas supersticiones y lo arraigadas que estuvieron en España y en el mediodía de Francia, véase Amador de los Ríos, _Hist. de la Lit._, IV, 520, etc.; _Rev. de España_, tomo 17 y 18; Fauriel, _Histoire de la poésie provenç._, III, 305, etc.; Restori, _La Gesta del Cid_, pág. 208; sobre los agüeros de las aves en nuestra literatura medioeval, véase R. Menéndez Pidal, _La Leyenda de los Infantes de Lara_, pág. 8.

[42] Garcilaso recuerda en muchas de sus poesías el patrio, celebrado y rico Tajo, felice y claro río de su tierra natal, Eg. III, v. 106, 197, 214, 246 y 300; Eg. II, v. 528, 532; Son. XXIV, v. 12, etc.; lo cual llenaba de satisfacción al insigne toledano D. Tomás Tamayo de Vargas; en cambio, el nombre de la ciudad de Toledo no aparece nunca en estos versos, aun cuando el poeta habla de ella en la Eg. III, a no ser como apellido de la casa de Alba.

[43] Dice el Brocense: «Alegoría es, como si dijera: De la suerte que el agua se huía por camino desusado, ansí imaginaba que me habías de dejar por otro.»

[44] El uso de _cúyo_, interrogativo, ha desaparecido de nuestro idioma. «No creo que sean aceptables en el día las construcciones: _¿Cúyo buque ha naufragado?_ _¿Cúya casa habitas?_ _¿A cúya protección te acoges?_, sin embargo de recomendarlas su precisión y sencillez y la autoridad de nuestros clásicos.» (Bello-Cuervo, _Gramática_, París, 1907, § 336.)

[45] «La parra se casa con el olmo y es su amiga, porque crece en él, que, según Virgilio, se maridaban las parras a los olmos, y hoy se usa junto a Barcelona. La que estaba sola se decía viuda, y así la llama Catulo; y al olmo nombra el mesmo, marido de la vid...» (Herrera, 423.)

[46] Hay que leer: _Y-de-ha-cer_...para que el verso resulte cabal. La _f_ del latín se conservó en el castellano escrito hasta fines del siglo XV: _fablar_, _fazer_, _folgar_, _foja_, _fijo_, etc., y después fue sustituida por la _h_, que era verdadera aspirada en los siglos XV y XVI. No he encontrado ningún caso en que Garcilaso prescindiese de la aspiración de la _h_: véase más abajo, versos 162, 209; Eg. II, v. 462, 472, 490, 509, 535, 545, etc; cuando a la _h_ precede una consonante, el verso no sirve para dar idea de la aspiración: Eg. II, 500, 510, 516, 536, 623, 630, etc.; a fines del siglo XVI los escritores empiezan a vacilar, y unas veces aspiran la _h_ y otras no. (R. Menéndez Pidal, _Gramática Hist._, § 38,2; F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, págs. 399-402.) Extraño es que Boscán elidiese ya la _h_ en muchos casos al uso moderno. (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 215.)

[47] Herrera puntúa aquí de esta manera: ..._abundo en mi majada; -- La manteca y el queso está sobrado_. El sentido es el mismo, pero la frase parece mejor con la variante seguida en el texto.

[48] _Títiro_: divinidad campestre de la alegre corte de Baco. Los poetas bucólicos usaban este nombre como sinónimo de _pastor_. _El mantuano títiro_, llamado más comúnmente _el cisne de Mantua_, es el poeta latino Virgilio.

[49] «Esto de mirarse en el mar --dice el Brocense--, primero lo dijo Teócrito, y de allí lo tomó Virgilio, y luego los demás. Y con todo eso dicen que es yerro decirlo, porque en el mar ni en aguas corrientes no se puede ver la figura.» Salicio no mentía; Herrera lo defiende con ejemplos clásicos; pero mejor testimonio es el de la experiencia: puede verse la figura en cualquier remanso de agua corriente.

[50] _cierto_, con valor adverbial, por _ciertamente_, como _dulce_ por _dulcemente_, Eg. II, v. 1100; _inmenso_ por _inmensamente_: «Las grandes virtudes _inmenso_ le aplacen.» (Juan de Mena, _Las Trescientas_, copla CCXIII.)

[51] Esta ingenua declaración de Salicio no estaba mal vista en los pastores de églogas; pruébanlo los ejemplos de Herrera, pág. 246; no obstante, el ingenioso Lope, que en multitud de ocasiones recordó a Garcilaso, parodió este pasaje en su _Gatomaquia_: «Pues no soy yo tan feo, -- Que ayer me vi, mas no como veo, -- En un caldero de agua, que de un pozo -- Sacó para regar mi casa un mozo, -- Y dije: “¿Esto desprecia Zapaquilda? -- Oh celos, oh impiedad, oh amor, reñilda.”»

[52] _Estremo_ es la Extremadura, así dicha, según Mariana, por haber sido mucho tiempo frontera, y lo extremo y postrero que por aquella parte poseían los cristianos.

[53] «Las tristes lágrimas mías -- En piedras hacen señal -- Y en vos nunca por mi mal.» Canción antigua de la cual no cita Herrera, pág. 428, más que estos versos.

[54] _No volviendo siguiera los ojos a los desgraciados a quienes tú hiciste derramar lágrimas._ Esto se lee de una manera muy diferente en los textos de Tamayo, Azara y Castro.

[55] _un espesura._ La elisión de la a ha sido lícita ante vocal, aun fuera de los casos indicados en la nota al verso 46; escritores en prosa, poco anteriores a Garcilaso, usaban también, con los poetas, de esta licencia; Micer Gonzalo de Santa María en _Evangelios e Epistolas_ (1485), reedición de Upsala, 1908, escribía _un statua_, 78-3; _un estrella_, 281-12.

[56] He enmendado el verso de Herrera que, sin duda, por error de imprenta dice así: _Al que todo mi bien quitarme me puede_.

[57] _Filomena_ es el ruiseñor; tiene una trágica leyenda. Un viejo rey de Atenas, Pandión, tenía dos hijas bellísimas, y Tereo, rey de Tracia, casó con una de ellas, con Procné. Cierto día Procné quiso ver a su hermana Filomena, y el rey Tereo marchó a Atenas para traer a sus palacios a la princesa, su cuñada. A la vista de la joven ardió Tereo en ciega pasión; durante el viaje le descubrió sus torpes deseos, y al llegar a una selva triunfó de su virginidad. Vuelta en sí Filomena, juró al cielo venganza. «Yo misma --dijo a Tereo-- he de arrostrar la vergüenza para publicar tu delito: he de descubrirlo al universo entero.» El feroz tirano, en su ira, para que no le delatase, le cortó la lengua y la dejó presa en cárcel de rocas. Filomena bordó en una tela la historia de su desgracia, y con una criada la envió a su hermana Procné, que la lloraba creyéndola muerta. Procné, secretamente, la sacó de su cárcel; sintió hacia su marido un odio mortal; ¿qué venganza podía ser la más cruel?... Sacrificó en sí misma su amor de madre; mató a Itis, su propio hijo; puso a hervir una parte de él en vasijas de cobre, y, en la comida, sirvió a su esposo aquel manjar. Pregunta el padre: «¿Dónde está Itis?» Procné contesta: «Está contigo.» Y entonces Filomena se adelanta y arroja la lívida cabeza del niño al rostro de Tereo. Prorrumpe este en horrorosos lamentos; desnudando la espada corre tras de las hijas de Pandión; pero ellas, como si tuvieran alas, huyeron. Y en efecto, alas tenían: Filomena, transformada en ruiseñor, desapareció en una arboleda inmediata; Procné, hecha golondrina, aún tiene en su plumaje, como vestigios de su cruel asesinato, manchas de sangre. Tereo, sediento de venganza, fue convertido en abubilla, la de vistoso penacho y pico de dardo; hay quien dice que se transformó en gavilán; Itis, quedó en jilguero. (Ovidio, _Metamórfosis_, lib. VI, fáb. VI.) Ahora bien: el ruiseñor no es blanco, _la blanca Filomena_, por lo cual al Brocense le pareció mejor _la blanda Filomena_, y esta enmienda siguieron Azara, Castro y otros; también la defiende Tamayo (fol. 41-43), porque aquel ruiseñor blanco que presentaron, según dicen, a Agripina, mujer de Claudio, túvolo Plinio ya por maravilla; pero dice Herrera (pág. 429): «con licencia de ellos no hizo mal Garcilaso en dalle tal apuesto, porque el color blanco es purísimo y el más perfeto de los colores, y por traslación al ánimo se toma por sincero, y así _blanca_ significa simple, sencilla, pura y piadosa...»

[58] Este nombre, _Nemoroso_, ha servido también de adjetivo poético aplicado a cosas propias de bosques; Castro cita ejemplos de Cairasco de Figueroa en su _Templo militante_, y de Lope de Vega en su _Arcadia_; San Juan de la Cruz en la _Canción entre el alma y su esposo_, dice: «Mi amado, las montañas, -- Los valles solitarios _nemorosos_, -- Las ínsulas extrañas, -- Los ríos sonorosos, -- El silbo de los aires amorosos...»

[59] _Piérides_, las Musas. Piero, rey de Macedonia, tenía nueve hijas que creían cantar mejor y ser más sabias que las nueve Musas, tanto que, audaces, como poetas vanidosos, se disputaron con ellas el triunfo de las artes, y en castigo de su temeridad fueron convertidas en urracas. (Ovidio, _Metamórfosis_, lib. V, fáb. IV.) No obstante la poesía suele llamar también _Piérides_ a las Musas verdaderas, sin duda, porque, según Hesiodo, nacieron en la Piérida, provincia de Macedonia.

[60] Si _Nemoroso_ y _Salicio_ son Garcilaso (nota al verso 2), _Elisa_ y _Galatea_ deben ser D.ª Isabel Freyre; las quejas de ambos pastores son, en efecto, compatibles como episodios de un mismo amor. El afortunado rival a quien alude _Salicio_ en los versos 127-137 y en el 180, acaso fue D. Antonio de Fonseca, marido de D.ª Isabel; esto parece confirmar el epígrafe de la _Canción primera en versos cortos_, según el manuscrito de Iriarte: «A D.ª Isabel Freyra, porque se casó con un hombre fuera de su condición.»

[61] Según la estructura de las demás estrofas, este verso debiera ser endecasílabo; el Brocense lo enmendó de este modo: _Más convenible fuera aquesta suerte_; pero Herrera, aunque advirtió el defecto, tuvo a bien respetarlo.

[62] _coluna._ Evolución tardía del cultismo _columna_. El grupo de consonante _mn_ dio _ñ_ en su primitiva evolución: _damnu_, _daño_; _somnu_, _sueño_. (V. R. Menéndez Pidal, _Gram. Hist._, § 47,2,a.)

[63] Esta estancia tiene 15 versos en vez de los 14 que le corresponden, y Tamayo (notas, fol. 43), por indicación de Luis Tribaldos de Toledo, propone una enmienda en que se suprime un verso «y se quita la superfluidad, y aquel _blanco pecho_, que tiene algo de lascivo, y se refiere la gloria a los cabellos, _el dorado techo_, sobre el cuello, _la coluna_, con mayor encarecimiento». En cuanto a Herrera, lo que quisiera corregir es lo de _blando pecho_, y decir en su lugar _blanco_. Muchas ediciones han aceptado esta corrección, entre ellas la de Tamayo. Por lo demás, el mismo Herrera, pág. 436, dijo: «¿quién ha de poner mano en obras de un escritor tan alabado y recebido de la opinión pública? Basta apuntar este error, y quede así solamente notado.»