Nuestra Pampa; libro de lectura

Part 8

Chapter 83,844 wordsPublic domain

A nuestro paso por Rivera, en viaje a Macachin, visitamos el local de esta cooperativa, teniendo oportunidad de departir con su presidente don Aaron B., hombre de cultura general, colono fundador y muy versado en temas de mutualismo y cooperación.

VOCABULARIO

=Cooperativa.= Calificación del sistema de comunidad de producción o de consumo.

=Tendencioso.= De “tendencia”: propensión a alguna cosa.

=Punitivo.= De “punir”: castigar.

=Rescinde.= De “rescindir”: deshacer, anular, declarar sin efecto alguna cosa.

=Ambulatorio.= De “ambular”: andar de una parte a otra; no tener residencia fija.

=Incremento.= Aumento, expansión.

=Versado.= Práctico, experto, perito, ejercitado.

LOS BOSQUES DE CALDEN

“Nobis placeant ante omnia sylve"--había dicho Virgilio en uno de sus grandes poemas.--“Nada nos guste tanto como el bosque".--Brisas del Helicón, patria de las musas, soplaban todavía por el Mediterráneo, y la Europa toda, sostenía aun el culto legendario de las florestas. Bien pudo la loa del bucoliasta, ser anatematizante reivindicación para el bosque que acababa de talar Julio César--según Lucano--camino de Marsella.

De este atentado, arrancó la odisea de los bosques de Europa. Pero es que el dictador vitalicio no iba, hacha en mano, contra las selvas, por molestar a Ceres, como lo hiciera Eriticson, a estar a lo que cuentan “Las Metamorfosis” de Ovidio. Julio César quería cortar de cuajo contra las supersticiones druídicas. Y blandió su herramienta mortal contra los robles sagrados. Fué la hora trágica de las selvas. ¡Para él, el primer tajo sobre el árbol secular! El verso de “La Farsalia”, pinta en boca del héroe su brava decisión, para instigar a sus legionarios al doloroso desgarramiento de la floresta primitiva y gloriosa:

“Ya será el hecho imitación no intento; Proseguid, no abonéis la acción que elijo, Que si emprendió profanidad mi mano No es vuestro el crimen, yo seré el profano".

Tal ocurre a los bosques pampeanos. El hacha de César ha declarado su guerra cruel a los caldenes. Pero es la necesidad, la apremiosa necesidad, no el fanatismo, la que abre el tajo y allana la floresta. Caen los árboles corpulentos, milenarios tal vez, reclamados por las usinas, por las fábricas, por el ferrocarril. El sentimiento nacional pone una nota de angustia sobre la agonía de sus bosques, mientras la avidez agraria se apodera del viejo patrimonio, regado aun por la savia roja de sus árboles, y donde la colonia ha de espolvorear el oro de las mieses...

Y bien: explotemos nuestros montes, pero con prudencia, con talento, con amor. No hagamos lo que Estados Unidos, que después de arrasar sus grandes florestas, en una extensión tan amplia como Europa, ha tenido que castigar su irreflexiva sordidez, con la “fiesta del árbol”, la más bella advocación a Flora y una de las mejores conquistas de la civilización. Explotemos nuestros bosques; pero llevando siempre en el corazón el verso de Virgilio: “Nobis placeant ante omnia sylve"...

La explotación leñatera está en todo su apogeo en la Pampa. El encarecimiento del carbón mineral ha operado el florecimiento de una industria que venía desarrollándose paulatinamente y sin el incentivo de las grandes empresas. La necesidad y el usufructo, han despejado el horizonte para la explotación. El calden, leña del hogar, ha pasado al fogón de la locomotora a suplir al Cardiff. Y de muy buena calidad debe ser este combustible, cuando las empresas ferroviarias se apresuran a formalizar, con los beneficiadores de bosques, contratos de consideración y a largos términos. Esta enseñanza, que viene a sacudir la indolencia del país, es una de las buenas cosas que nos deja el prontuario de la guerra universal.

De tres años a esta parte, se ha venido intensificando la industria. Las ferrovías del sur, que cruzaban hasta hace poco, el monte salvaje, cortan ahora predios civilizados por la colonia. ¡Es de muerte la guerra emprendida por el hacha talar! Pero, sobre los bosques de la Pampa sería difícil, hoy por hoy, imponer una legislación previsora que perpetúe la floresta primitiva. El servicio de guardería forestal debe ser obra del interés privado, de acuerdo con las ventajas que reporta una explotación sistemada; que no destruya, que civilice; que no arrase, que usufructe y combine. Los bosques purifican la atmósfera, atemperan la impetuosidad de los vientos, suavizan el rigor del clima y regularizan las lluvias. Se explica la legislación inglesa sobre sus bosques. Pero no es éste el precedente que conviene a la Pampa argentina. El gobierno británico bien hizo en permitir el descuajamiento de sus florestas. Las corrientes submarinas que bañan las costas de aquellas islas con el calor del trópico, y la humedad que traen los vientos del Este, bastan, como elementos naturales, para hacer productivas aquellas regiones geográficamente frías. El arrasamiento de sus bosques fué para Inglaterra una solución, pues no sólo abrió campo a sus cultivos agrícolas, si no que desecó el suelo y disminuyó la humedad de la atmósfera.

El desiderátum de nuestra explotación forestal en tierras pampeanas, será la chacra-monte, combinación nueva, en vísperas de crearse en los bosques vecinos al Colorado. Será éste un modelo de colonización, de orientaciones nuevas en el país, que tenderá al usufructo mixto de la selva montaraz y el cultivo agrícola, sobre la base de la estabilización de los hachadores. Es decir: llevar a la acción, en una palabra, el aforismo alemán, tan eficiente y civilizador: “ni cultivo sin monte, ni monte sin cultivo". Por lo pronto, derribar los caldenes comporta, en la actualidad, rescatar los campos para el dominio del arado. Si fuera posible la repoblación de estos bosques en el tiempo breve en que se desarrollan los árboles del trópico, se impondría de inmediato la ley precaucional que tutelara su explotación. Pero estos tremendos ejemplares parece que no han tenido infancia. Los viejos vecinos de la Pampa, que saben conservar, por cariño, algún calden familiar, a cuya sombra retozaron sus hijos y sus nietos, suelen decirnos, orgullosos de aquella longevidad indescifrable:

--Es el mismo siempre. No ha echado ni una rama más desde que lo conozco...

La botánica se estrella ante el enigma de esta vitalidad montaraz tan digna de estudio. La fito-biología falla, inevitablemente, ante los círculos concéntricos que rodean la médula de los troncos. Y como es cómodo dar rienda suelta a la imaginación y buscar una procedencia legendaria a los viejos amigos que se van, no faltan bondadosos informantes que remontan el origen de algunos ejemplares, a los tiempos de Noé...

--Yo creo que hay árboles que se mantienen en pie desde el diluvio--nos dice un formidable anciano, fundador de Santa Rosa, que no ha leído a Chateaubriand, sin duda, pero que rescataría para nuestros caldenes la expresión grandilocuente del escritor francés sobre los bosques: “son los primeros templos de la divinidad".

Los propietarios previsores, al desmontar el bosque para entregar la tierra a los cultivos, dejan árboles en pie de trecho en trecho, no sólo como un adorno para el campo, sino como elemento de sombra para los ganados, que aprovecharán el rastrojo después de las cosechas. Entre los caldenes suele medrar, en ejemplares aislados, algún tupido “sombra de toro”, de forma elipsoidal y hoja perenne, tan uniforme, tan umbroso, tan bello, en fin, que lo reclamaría sin desdoro el parque más exigente y estilizado de Buenos Aires.

VOCABULARIO

=Helicón.= Montaña de Grecia consagrada a las musas, deidades de la antigua mitología griega, protectoras de las letras, las artes las ciencias. Por extensión, se da el mismo nombre al lugar a donde se va a buscar inspiración poética.

=Legendario.= Perteneciente o relativo a las leyendas.

=Loa.= Elogio.

=Bucoliasta.= Autor de composiciones pastoriles o poesías camperas.

=Odisea.= Las aventuras de Ulises en la guerra de Troya, según el poema de Homero. Se usa por extensión, refiriéndose a percances y vicisitudes de la vida.

=Supersticiones.= De “superstición”: creencia ridícula y llevada al fanatismo.

=Vitalicio.= Lo que dura por toda la vida de una persona.

=Druídicas.= De “druída”: sacerdote de los antiguos galos o celtas.

=Avidez.= Inmoderada ansia, codicia, voracidad.

=Sordidez.= Mezquindad, miserable tacañería.

=Advocación.= De “advocar”: consagrar una imagen, un templo, etc.

=Guardería.= El trabajo o la ocupación del guarda.

=Aforismo.= Regla, principio, axioma.

=Longevidad.= Larga vida, existencia prolongada.

=Fito-biología.= Ciencia de la vida vegetal.

VISITA AL OBRAJE LEÑATERO

El movimiento ferroviario del sur y del oeste de la Pampa, no se da tregua en el arrastre de convoyes leñateros, rumbo a los puertos de Bahía Blanca y Buenos Aires. Junto a los desvíos de cada estación, enormes parvas de calden esperan turno para el transporte, consignadas a las grandes empresas, fábricas y frigoríficos del litoral.

En Guatraché hemos visitado detenidamente la “hachada” más importante del territorio, industria del señor don Fortunato A., uno de los hombres jóvenes más progresistas y emprendedores del territorio. En compañía del administrador del establecimiento, nos internamos en el corazón del monte, siguiendo el sendero tortuoso, ahondado por el trajín incesante de los carros cargadores. Toda la superficie circunvecina a la vieja estancia, está desbrozada ya. Los hachadores, distribuídos en pequeñas cuadrillas, van derribando el bosque, sin dejar rastros de la floresta secular. Abatido el calden, se descuaja el recio tronco, se queman las raíces y luego se ciega el hoyo, allanando la tierra que bien pronto ha de confundir y emparejar el arado con su tajo atrevido. ¡Y qué pocos meses de vida tiene este bosque! Setecientos hachadores fornidos han iniciado la obra del desmonte. Y mientras las rajas van apilándose en verdaderas montañas--hay 50.000 toneladas de leña lista ya para embarque--el ferrocarril se apresura a terminar su línea industrial para dar salida a la cuantiosa producción.

Un compromiso celebrado entre el señor A. y el ferrocarril del Sur ha ocasionado esta vertiginosa explotación que reclama sin medida, jornaleros y celeridad. El contrato, cuyos términos generales han trascendido, de acuerdo con la importancia del negocio, atribuye a las partes la obligación de entregar y recibir leña por 20.000.000 de pesos, enorme suma que se hará efectiva en el transcurso de cinco años y mediante la explotación de diversas matas. Esta transacción, la más importante que se ha celebrado hasta ahora en el país, ha venido a dar a este obraje el contorno de un verdadero emporio de riqueza. Respetamos, porque así lo exige la reserva comercial, el precio estipulado por tonelaje y otros detalles de la operación. Baste saber, como dato ilustrativo, que el ferrocarril del Sur tendrá, para muy en breve, listo su ramal que empalma con el Pacífico. Esta línea tiene una longitud de 14 kilómetros y combina entre Remecó y Guatraché. La reciente huelga ferroviaria ha venido a dilatar la inauguración de esta línea. El señor Fortunato A. se dispone a entregar, a partir del primero de año, 1.000 toneladas diarias, como base, tratando de exceder de 600.000 al año, si es posible, cantidad única, hasta ahora, en esta clase de operaciones, entregada al arrastre del ferrocarril. En la actualidad el monte de A. industrializa diariamente más de 600 toneladas, siendo probable que la producción se duplique con el acrecentamiento de hachadores que se producirá a renglón seguido de las cosechas.

El peón en este obraje gana un jornal de 2.50 a 3.00 pesos, según la calidad del monte, intensidad o rarefacción de ejemplares nobles. En medio de la maraña, suelen aparecer limpiones de monte sucio que es necesario extirpar también. En esta operación cabe el aumento de salario.

En la proveduría, contigua a la estancia, hemos departido con algunos peones, quienes nos informan sobre las condiciones de labor.

--El trabajo es rudo, señor--nos dice un joven español.--Menos mal, cuando uno es del oficio y tiene callo formado en la labor... Que no todos pueden rendir su tonelada diaria.

--No se puede--arguye un criollo--por que en descuajar, cerrar el pozo y quemar los raigones, que es trabajo aventado, se echa un cuarto de día, por lo menos.

--¿Y en qué condiciones trabajan ustedes?

--Nosotros nos organizamos en cuadrillas de a cinco--continúa el español ladino.--Tenemos que comprar los elementos de trabajo, esos cuatro fierros que ve usted: un martillo grande, dos cuñas y el hacha. Este lote para cada trabajador; además de la sierra grande, el pasaportodo, que corresponde al grupo y es la herramienta de más valor.

--¿Y cómo adquieren estos elementos?

--Los fía la casa. Un total de cerca de 70 pesos en conjunto. De manera que uno al iniciarse, entra en deuda con el patrón. Y créame que los artículos de consumo no dejan de ser un poco pesados...

--¿A cómo?

--La carne, a 55 centavos; la galleta, a 40; el azúcar, a 75... ¿No le parece caro?

Tenemos siempre el espíritu bien dispuesto en favor del trabajador; pero, en este caso, no encontramos razonable la protesta. 40 centavos se paga por la galleta en Santa Rosa; y el azúcar, posiblemente, no se consigue a menor precio en ningún pueblo de la Pampa. En la cooperativa de los colonos de Rivera--la Jewish Colonization Association--que hemos visitado, se cobra a los asociados 84 centavos por el kilo de azúcar, a pesar del mutualismo que proclaman.

De primera intención, parecería esquilmadora la medida de cobrar medio centavo por el litro de agua entre los hachadores, mayormente teniendo en cuenta que el agua abunda en este campo, en donde los surgentes han sido una revelación.... Pero hay que convenir que la distribución del agua a las numerosas cuadrillas diseminadas en el monte, importa establecer servicios auxiliares y carros aguateros cuya circulación irroga gastos.

En Naicó, por ejemplo, como asimismo en diversos beneficios leñateros, en la zona del sur, los obreros trabajan en condiciones inferiores. Ganan de 2.00 pesos a 2.20 por tonelada, o 50 centavos por metro cúbico. Se paga 80 centavos por metro, de acarreo, hasta tres leguas--un carro carga de 15 hasta 22 metros.--Hay que tener en cuenta que en acarreos de tres leguas de distancia, se puede realizar un viaje cada día por medio.

El campo Los Surgentes, donde están estos montes destinados a desaparecer en breve, será uno de los mejores de la comarca, una vez entregado a los cultivos. Nada de difícil prever que el ramal eventual, construído a los fines de esta explotación pasajera, sea un desahogo para la futura colonia o estire sus rieles hasta Bernasconi, civilizando nuevas tierras. Por lo pronto, el gran porvenir de este campo, ganado al monte, está asegurado ya con los surgentes de agua riquísima--uno de los cuales da más de 150 litros por minuto--y que serán manantiales de vida para las futuras poblaciones. En la actualidad son diez los surgentes de una profundidad de 120 a 150 metros, distribuídos con inteligencia y previsión en todo el campo. Estos pozos, rinden constantemente, de 60 a 150 litros por minuto y cuestan cada uno alrededor de 500 pesos. Sobre esta base del agua, se ha de afianzar la labor futura del gran establecimiento agropecuario que se iniciará con la caída de los últimos caldenes y sobre una extensión de 15.000 hectáreas.

Se dirá que en esta guerra sin cuartel contra la naturaleza salvaje del terreno, no volverán los árboles magníficos y llenos de sombra a tonalizar el valle y empenachar los collados, pensando, con dolor, en la expresión de Tehuriet de que el monte es la poesía y el perfume de la tierra; pero sobre el salvaje orgullo, nadie negará que se ha puesto una nota de poesía, civilizando la heredad con la colonia y con el tren...

VOCABULARIO

=Parvas.= Cúmulo, montón considerable de alguna cosa.

=Rajas.= Astilla de leña.

=Matas.= Pedazo de terreno cubierto de árboles de una misma especie.

=Aventado.= De “aventar”: echar al aire alguna cosa; echar, expeler, ahuyentar.

=Esquilmadora.= De “esquilmar”: arrebatar a alguno el fruto de sus trabajos, sudores o privaciones.

LA EXPLOTACION FORESTAL

Una de las regiones de la Pampa donde la explotación forestal ha realizado su ciclo completo, desde el monte primitivo hasta la colonia, ha sido la comarca tributaria de Naicó, junto a la línea del Pacífico. Hasta estos montes solitarios, llevó hace ocho años su acción valiente y juvenil don Fortunato A. De aquella violación decisiva a la selva intocada, debía nacer el centro futuro, la colonia próvida y la pradera boyal. Fué una brava aventura la de este argonauta joven, que se lanzaba a la conquista del monte vigoroso y desconocido, a civilizar heredades sin deslindes, sin aguadas, sin caminos, sin perspectivas de utilización agrícola. Rudos fueron los prolegómenos de esta atrevida iniciación. Sobre extensas tierras de la sucesión de Ataliva Roca, pobló A., colonizó, dividió, alfalfó, mientras sus hachadores talaban la selva en tres leguas a la redonda, sobre la estación del ferrocarril. El emporio de labor que venía a sacudir la armonía salvaje de aquella agreste virginidad, reclamó, bien luego, el núcleo vecinal. Y A. fundó el centro urbano a la vera de la estación, en donde se congregaron las primeras familias rusas que tentaron su bienestar en la colonia. Es así cómo se inició el pueblo Ministro Lobos, a base de un prudente loteo de chacras, quintas y solares.

Mientras tanto, los primeros cultivos, diseminados a título de comprobación sobre la aptitud agrológica de aquella tierra, comenzaban a tomar incremento. El maíz rindió en forma excepcional, habiéndose aprovechado en una de sus cosechas más de 5.000 bolsas. La alfalfa verdeó parejo en 1.200 hectáreas, a manera de ensayo, y el trigo, la avena y el centeno, comenzaron a prodigarse, con buenos augurios, en predios de consideración. Actualmente en estas colonias se ha cultivado una superficie de 12.500 hectáreas de trigo y más de 3.000 de maíz.

El pueblo Ministro Lobos, que creció, al propio tiempo que se urbanizaba con nuevos edificios los terrenos contiguos a la estación, acrecentó su importancia con el reflejo tributario de las setenta familias colonizadoras que fueron en pos de la vitalidad productora de aquellos campos brutos, que resultaron tierras de pan llevar. Interín el ferrocarril seguía evacuando, con rumbo a Bahía Blanca, el tributo del bosque que llegó a significarse, en números redondos, con 300.00 toneladas.

Fué una lucha tenaz aquel comienzo--nos dice el señor Fortunato A.--Pero no pudo el pesimismo ambiente contra la visión clara que se había apoderado de mi espíritu. Sin defecciones, sin desmayos, con fe sincera en el porvenir, emprendí la labor. Los cultivos primeros fueron de prueba y por administración. Bien pronto me dí cuenta del valer productivo de toda la zona. Y fué una comprobación muy grata para mí poder apreciar que el éxito de la agricultura en esta comarca, está basado, más que en la cantidad, en la oportunidad de las lluvias, 400 milímetros que es el promedio anual, bien distribuídos y a su tiempo, bastan para levantar buenas cosechas.

Esta obra tuvo, como era de esperarse, su grata repercusión vecina. Pasado el Rubicón con tan buen éxito, se arremangaron los vecinos a tentar fortuna en la colonización. Campos de Esturizar, de Ataliva Roca, Roca de Bollini, Madero, García, etc., que no habían intentado aventar, siquiera un grano, al erial, roturaron francamente el baldío, seguros que la tierra no sería esquiva a sus afanes. Ocho años han bastado para transformar la fisonomía comarcana. El pueblo, la colonia, el campo pastoril, el molino, el alambrado divisor, el camino insinuante, han operado la transformación vertiginosa de la selva huraña. Y si para el sentimentalismo nativo, cabe la melancólica añoranza de los árboles criollos que se fueron en la lenta agonía de las cosas, con su sombra, con sus aves, con sus nidos, con su fragancia, arrastrados por el torbellino de la conquista, signos de progreso definitivo, ponen su nota augural en la maquinaria moderna que surca, que siembra, que engavilla, que arrastra; en el seleccionamiento de los cultivos y los ganados; en el bienestar invalorable de la campiña, tecnificada ya, y hasta en el canto de los labradores, calandrias de la civilización...

Pero no para ahí la obra eficiente y porfiada de este hombre emprendedor, de esta “garra”, en el sentido generoso del vocablo. Fortunato A., Júpiter de los caldenes,--si cabe el teogonismo pagano atribuído a las florestas pampeanas, donde puede el caldén, como el roble, ser símbolo de suprema fuerza forestal--lleva sus hachadores al sur, a las márgenes del río Colorado. Pero, hombre de empresa y civilizador a la vez, ha de buscar, como lo indicamos en nuestro capítulo anterior, una combinación novísima, capaz de dar la nota más alta, completa y educativa en nuestras especulaciones agrícolo-ganadero-forestales: la “chacra-monte".

No conocemos en la economía forestal el precedente que se haya anticipado a esta explotación “sui-géneris". Alemania, cuya política arbórea culmina en sabias legislaciones sobre bosques, pudiera tal vez, darnos entre sus disposiciones algún ejemplo análogo. Inglaterra no nos lo da. Ni Francia. Ni España mismo, que posee una de las codificaciones más avanzadas sobre bosques, y que a partir del Fuero Juzgo, que dejaron los godos--¡hijos de las selvas, al fin!--y las pragmáticas de los reyes Católicos, supo distribuir con mesura el patrimonio de las florestas. Ni Estados Unidos, que comenzó su conquista agraria con el incendio de sus selvas, y que, pueblo arrebatado y nuevo, no tenía noción de aquel sabio código de Castilla, que decía en su libro 8.º, título 2.º: “si algún onme enciende monte asieno o árboles de cual manera quier, préndalo el iuez, e fagal dar C azotes e faga enmienda de lo que quemó, cuemo asmaren onmes buenos"... Felizmente, para la gran nación del Norte, su fiero empuje arrasador buscó el correctivo en el culto a las plantas, extremoso y sentimental.

¿Cuál es el plan de Fortunato A.? En síntesis, crear un tipo montaraz, el hachador-labriego, que se arraigue a la tierra, que deje de ser el saltamontes, el gandul, el obrero paria, hecho a la herramienta devastadora como una prolongación cruel. El leñador, en esta nueva escuela del trabajo, sabrá bien que si desbroza la maraña, sobre el suelo domado, para él germinará la espiga que fecundará su sudor. Y con esta perspectiva, educadora y franca, ha de ser piadoso con la selva, respetando los árboles de sombra, que diseminados por el campo, abierto a los sembríos, abrigarán al ganado de sus dehesas, como preveía la pragmática de Carlos V. sobre la prudencia en las explotaciones, por que “hay mucho desorden en los disipar; de que resulta que no hay abrigo para los ganados en tiempo de fortuna y gran falta de leña".

Mucho y bueno debemos esperar de esta iniciativa que abrirá nuevos horizontes al leñador, mientras se pueblan comarcas nuevas y se fecunda la virginidad de aquellas tierras del Colorado, que son un misterio todavía para el espíritu descreído de Buenos Aires.

De cien leguas es la superficie que acaba de arrendar A. a don Dalmiro M., sobre la margen izquierda de aquel río. ¡Imagináos las sorpresas que puede guardar este feudo al empuje civilizador! Selvas impolutas, aguardan en la misteriosa soledad, la hora en que la mano del hombre vaya a adueñarse de aquel “summum munus homini datum”, que atribuía Cicerón a los bosques; praderas cerriles, que esperan la caricia sensual del arado, para abrirse en estupenda maternidad; salinas riquísimas, como lagos árticos, sólo conocidos por las aves; poéticas cuchillas y hondonadas feraces...