Nuestra Pampa; libro de lectura
Part 28
--Esto, sin duda, es trébol--dijo el técnico, después de un minucioso análisis al magnífico ejemplar trifolio;--pero, le mentiría a usted si dijera a qué variedad pertenece. No conozco este trébol...
Era, sin embargo, el “trefle rouge”, vulgarizado en las praderas de Francia. ¡Tal era la diferencia de la leguminosa!
No participamos del todo con el optimismo del agrónomo, convencidos de que ningún forraje puede superar a la alfalfa, pero aceptamos, como razón de peso, el excedente cuantitativo de aquella apreciable planta, ya que no la calidad nutritiva de la alfalfa.
En lo que estamos muy de acuerdo con el agrónomo es en la necesidad de dedicar una atención preferente al cultivo de la remolacha azucarera. El suelo de la región y el clima se prestan admirablemente para dar carácter de industria a sus cultivos. Las tierras de aluvión profundas, la facilidad de riegos metódicos y la intensa radiación solar, son factores eficacísimos para la prosperidad de esta hortaliza. La experiencia de algunos ensayadores comarcanos, ha probado este aserto. La compañía de tierras del sur, por intermedio de su agrónomo arribó a interesantes comprobaciones. Ensayaron asimismo X. y X.... No conocemos la suerte que corrieron los cultivos de estos últimos afincados.
Calcula nuestro informante que la remolacha azucarera puede rendir en la región, por hectárea, hasta 30.000 kilogramos, cantidad que industrializada podría dar un resultado de 4.000 kilos de azúcar. Cree, además, ateniéndose a las facilidades del cultivo y razones agrológicas muy atendibles, que se podría realizar dos cultivos en el año, resultado desconocido en las regiones remolacheras de Europa. Sin duda esta sola circunstancia vendría a ser el mayor incentivo para tentar la propagación de esta salsolácea, con rumbo hacia la industria azucarera. Se aseguraría con ello, los cultivadores permanentes, lo que no ocurre en Europa, con una sola cosecha debido a la rotación de los braceros.
En compañía de nuestro informante, visitamos la chacra de experimentación, iniciada en diciembre de 1918. Todo es incipiente, en consecuencia. El terreno, un tanto quebrado, se presta admirablemente para la experimentación disciplinada de riegos y desagües. Conocidos con precisión sus niveles, se ha comenzado a desbrozar el terreno salvaje y a preparar convenientemente la tierra ya laborada, para desarrollar de inmediato el plan general de cultivos. Nos asegura el director que piensa tener hechos los edificios e instalaciones y practicadas las siembras de otoño e invierno para el mes de julio del corriente año. Esta chacra, adquirida por el Ferrocarril a la Compañía de Tierras del Sud tiene excelentes condiciones, no sólo por su ubicación sino por su aspecto, por la calidad de su suelo, con muy pequeños manchones de salitre que desaparecerán con los primeros lavajes y el emparejamiento; y hasta por la perspectiva panorámica que presentará en el futuro, de acuerdo con el plan resuelto de distribución de sembríos y arborización general.
El edificio de la administración, que será construído en seguida, mientras se dociliza el predio y se ejecutan las diversas suertes de cultivos y plantaciones, será de corte sencillo y elegante. Afirmado en el alto borde de una vieja arroyada--que se utilizará como desagüe, civilizada convenientemente--dominará el conjunto de la finca. Según el plan del agrónomo director, quien tiene amplias facultades de la empresa para disponer la ordenación general de la chacra, se buscará unir al aspecto educativo y experimental del predio, la nota cultural exigida por la estética, combinando los factores utilidad y belleza. Prima facie, el agrónomo nos supone el técnico reflexivo y el hábil proyectista. La práctica afianzará, sin duda, nuestro juicio, pues no se trata de un novicio en la región, sino de un experimentado cultivador con el éxito franco de su finca vecina, una de las más bien organizadas de la colonia.
Anticipamos el florecimiento de la chacra puesta al servicio de esta zona tan nueva y tan promisoria. Campo de experimentación y escuela, granja y laboratorio, mentoría de inexpertos y estímulo de labradores eficaces, mientras satisface la misión didáctica y experimental para que ha sido creada, enriquecerá con nuevos cultivos sus parcelas, comprobará la razón de industrias proficuas, regimentará el aprovechamiento sistemado y eficaz del riego y pondrá en su belleza conjuntiva el tono amable de los arbolados, con ejemplares exóticos y de la región. Será chacra y viñedo, cortijo y huerta, con mucho de parque y mucho de jardín.
VOCABULARIO
=Marginar.= Apuntar, indicar, iniciar.
=Enunciados.= Condiciones, datos o puntos esenciales de una cuestión.
=Revenición.= Hundimiento.
=Supeditado.= Sujeto, dependiente.
=Aguzado.= De “aguzar”: despertar el ingenio.
=Ecuánime.= Equitativo.
=Arborícolo.= De los árboles.
=Filoxera.= Insecto perjudicial para la viña.
=Flagelo.= Azote, plaga.
=Orientación cardinal.= Propósito principal.
=Vinificación.= Elaboración del vino.
=Sistema foliáceo.= Conjunto de las hojas de una planta.
=Inextricable.= Que no se puede desenredar.
=Desmedro.= Perjuicio.
=Trifolio.= De tres hojas.
="Trefle rouge".= En francés: trébol rojo. Pronúnciase: trefl ruch.
=Leguminosa.= Familia de plantas cuyo fruto va encerrado en vainillas.
¿EL NILO ARGENTINO?
El Alto Valle del Río Negro es una de las zonas del país destinadas al más grandioso porvenir. Se ha dado en motejarla de “Nilo argentino”, aludiendo, sin duda, a las crecidas periódicas del Río Negro, pero sin tener en cuenta la diferencia agrológica con las tierras del Egipto. El parangón puede relacionarse con el régimen de las aguas, no con la influencia fecundizante que puedan ejercer los propios desbordes. El Nilo limifica las tierras, las enriquece, las adiciona. El Negro las depura, las corrige, las salubrifica. Aquél, da con su limo la materia tonificante reclamada por las tierras pobres de su cuenca. Este, obra en sentido contrario: elimina de las tierras gordas, los salitres y las sustancias nocivas que pudieran trabar, a flor de suelo, los cultivos. De manera, que si para los campos egipcios las crecidas del gran río africano, son de una necesidad imprescindible, para nuestro valle conviene, en cambio, la disciplina de los canales para metodizar el aprovechamiento de las tierras aptas y corregir, con la eliminación de los lavajes, las materias que puedan entorpecer los cultivos. Con la civilización hidráulica de las grandes arterias fluviales que surcan y enriquecen este valle, habrá desaparecido por completo tan paradógica comparación.
Este valle no es el Nilo ni por la condición de sus ríos ni por la calidad de sus tierras, ni por su clima, ni por su ventajosa situación. Es único en el caudal de sus riquezas y será único en su futura potencialidad. Lo han reconocido tal, los estadistas, los geógrafos y los viajeros ilustres. Después de su visita a la Argentina, pudo suscribir este concepto sir Charles E. Smith, director en Londres del Ferrocarril del Sud: “Aseguro que los valles del río Negro son maravillosos, estupendos. Llevo de mi viaje la impresión de una cosa colosal.” Se explica entonces, que quien era capaz de propalar una impresión tan franca y categórica sobre las tierras valletanas, tuviera influencia para reflejar en la gran empresa de su Directorio, la necesidad de poner todo el empeño posible en beneficio de la zona, estimulando la colonización, amplificando la superficie de cultivos, nucleando, en fin, los centros urbanos y propendiendo en forma directa, al mayor aprovechamiento cultural del agua.
Es obra de justicia demostrar la gran influencia del Ferrocarril del Sud en toda la zona cultivada y cultivable de este valle. Sin el ferrocarril, que tiende sus líneas desde Bahía Blanca hasta los contrafuertes andinos, recorriendo valientemente cerca de 1.500 kilómetros por campos de ganadería criolla y de agricultura rudimental, no se habría jamás operado el prodigio de la transformación. Con sus rieles fué la población y el capital; sus estaciones provocaron la colonia y el centro urbano. Valorizó las tierras y obligó al parcelamiento y al cultivo. Con la facilidad del transporte, ennobleció los productos del suelo en calidad y en valer, fomentó las explotaciones agropecuarias facilitando los mercados del litoral bahiense y creó--ésta es la palabra--las industrias del forraje y la elaboración del vino. Y como todos estos nuevos exponentes de progreso que vitalizaban la gran zona, debían necesitar, como elementos básicos, de los beneficios del agua, complementa su obra cultural la gran compañía, construyendo bajo su dirección y por cuenta del Estado, el gran canal de riego que arranca en Cordero y terminará en Chichinales, arteria central que unificará más tarde el aprovechamiento de las aguas y que constituye, con el dique del Neuquen, la obra hidráulica más importante y trascendental que se ha realizado en el país.
He ahí en dos palabras la influencia decisiva del Ferrocarril del Sud en el progreso de los valles del Río Negro. Uno de los factores más eficientes en esta acción civilizadora--don Fernando G., presidente del Ferrocarril del Sud y gran argentino--nos trasmite, a nuestro requerimiento, su juicio sobre las orientaciones cardinales que tomará la comarca. Esta opinión, que nos merece confianza por la autoridad que la sustenta, tiene, en suma, puntos de contacto con la síntesis de nuestra observación. Tiene una clara visión del futuro el señor G., cuando atribuye al porvenir definitivo de la zona un carácter eminentemente industrial dentro de la producción agrícola y sus especulaciones derivadas. Para llegar a este desiderátum, cerrando el ciclo cultural de las tierras del valle, tiene que desaparecer paulatinamente el acaparamiento de las tierras, a menos que sus tenedores ejerciten la policultura en forma intensiva. La alfalfa constituye, sin duda, un apreciable cultivo de rendimientos inmediatos. Bien está cubriendo extendidas parcelas; pero mientras no se formalice definitivamente el aspecto industrial de la zona. En efecto: en nuestra gira hemos encontrado fincas de consideración, no muy prósperas debido a su empecinamiento monocultor, con la fiebre de la alfalfa por única orientación productora. La abundancia de lluvias en el litoral, propicias a los cultivos forrajeros, suelen provocar ligeras crisis en los alfalfares del valle, cuando no se ha dispuesto con previsión de su aprovechamiento. Esta ligera consideración, nos hace converger con el juicio del señor G., encauzado hacia el desarrollo de las industrias granjeras y la diversificación agrícola.
En lo que respecta al riego de la región colónica del Neuquen (río Limay), opina nuestro destacado interlocutor que se solucionaría airosamente las dificultades en el aprovechamiento del agua, entregando a los vecinos regantes la administración de este servicio. Se organizaría, en consecuencia, las juntas de riego, evitando así los pleitos y desavenencias con la autoridad. La región valenciana nos da idea de la bondad de este sistema. Con tal procedimiento se extendería la superficie cultivada hasta desaparecer el baldío que no tiene justificación posible en las zonas de riego.
Una observación de carácter social muy digna de tomarse en cuenta, es la que nos trasmite el señor G., sobre los caracteres generales de la población del valle. El fenómeno--que tal puede llamarse al desarrollo demográfico de la zona--merece una atención especial. “Por lo común--opina el señor G.--las zonas de regadío, no atraen de inmediato a los pobladores. Todo suelo que necesita riego artificial, es conceptuado pobre, de primera intención. Habiendo tierras fértiles y fáciles,--piensan los agricultores--¿para qué aventurarnos a estas regiones con la incertidumbre del favor o la adversidad de la suerte? Aquí, en el alto valle del Río Negro, ocurre una evidente concentración. Todo el mundo se arraiga, y no bien se ha puesto en disposición de productividad una tierra, ya tiene compradores o locatarios. Si se realizara un censo en la zona, o sea en el Departamento General Roca, sus guarismos serían una revelación. Nada de difícil sería que en población, nomás, se alcanzara a un total de 30.000 habitantes. En toda época del año, tanto durante la preparación de las tierras, como durante los cultivos y cosechas, nunca faltan brazos, lo que comporta la facilidad de convivir que encuentra el proletariado.”
En efecto: hemos hablado con todos los afincados pobres y ricos. Nadie está descontento del solar. Y si vienen los años malos, nunca son tan fatales como para que los siniestros sean aplastadores y agoten las fuerzas económicas de la región. Numerosos son los concretos que podríamos citar, de agricultores locatarios--no ya afincados--que nos hacen notar el triunfo de su esfuerzo, traducido en bienestar económico y en salud familiar.
Tiene una esperanza bien fundada el señor G. en el emporio azucarero que será la zona, no bien se formalicen los cultivos de remolacha sobre la base de empresas industriales bien montadas.
“Es posible--nos dice--que ninguna región del mundo pueda llenar más cumplidamente las exigencias reclamadas por la industria del azúcar. Aquí están reunidos los cuatro factores esenciales, sobre la base de la mayor economía: tierra apta, agua, combustible y cal. No necesito hacer notar la importancia hidráulica de los saltos producidos por el canal grande. Ahí está la hulla blanca, que suple con ventaja a todo combustible en baratura y en oportunidad. No necesito tampoco demostrar la enorme existencia de cal en diversos puntos de la zona y especialmente en la vecindad de Roca. Con tales elementos, además de las ventajas agrológicas del terreno, queda demostrado que ninguna industria derivada de la agricultura puede estar más capacitada que la azucarera para formalizar en esta zona su gran centro de producción.” Tales opiniones nos dan la oportunidad para manifestar que los recursos hidráulicos de los canales, anticipan a las industrias una fuerza propulsora superior a 20.000 caballos, sin contar los accidentes propicios de los ríos. ¡Ya hay dinamismo para vitalizar la comarca!
VOCABULARIO
=Limifica.= De limificar: arrojar, depositar el limo sobre la tierra.
=Adiciona.= Agrega.
=Nucleando.= Formando núcleos.
=Básicos.= Fundamentales.
=Tenedores.= Ocupantes.
=Policultura.= Diversidad de cultivos.
=Monocultor.= El que sólo cultiva una sola especie de vegetales, una sola clase de cereal, etc.
=Hidráulica.= Parte de la hidrodinámica que trata del modo de elevar y conducir las aguas.
=Hulla blanca.= Se aplica esta denominación al agua considerada como fuerza empleada para la producción de energía eléctrica.
=Dinamismo.= Fuerza activa.
EL VALLE GEÓRGICO
Se nos ocurre pensar que la amplia zona cultivada del Río Negro superior, puede llamarse, algún día el “valle geórgico". De primera intención el calificativo ha de parecer una paradoja. El poema virgiliano no puede ensamblar en una comarca donde la vida rural, orientada hacia la industria, aspira a rendir los nobles frutos reclamados por sus dispendiosas obras de regadío. La tecnificación agrícola, las fuerzas mecánicas y el procedimiento cultural en las rústicas labores, han sometido científicamente los predios salvajes, pero a trueque del sentimiento afectivo a la heredad. No se conocen términos medios en la transformación agropecuaria de este largo valle circunscripto entre el saucedal ribereño y la meseta pampásica. La gran lonja de tierra, parcelada en amplios lotes, después de la llegada del ejército, y a raíz, más tarde, de la colonización oficial, no muy austera, ha realizado una evolución trascendental, pero inconsulta y agena a los principios más elementales de la economía rural. Entre el baldío selvático y el sometimiento del río Neuquen, a base de la obra hidrográfica más perfecta del mundo, se ha interpuesto el gran predio, la chacra fundadora, solariega e indivisa, perpetuada en detrimento de la densidad colónica y la fuerza intensiva de las industrias. A este valle pintoresco y umbroso, le ha faltado, en el transcurso de su proceso rural, la pequeña finca, la chacrita combinada, el labrantío modesto con especulaciones policulturales, a manera de granja o de clásico cortijo español. Le ha faltado, entrando francamente en el terreno sociológico, esa infancia propia de todos los valles de riego artificial, donde cada acequia es un tesoro y un vivero cada estadal de tierra. Le ha faltado, en suma, esa convivencia intensiva del pequeño hogar rústico que no solo es base de bienestar económico, si no que forma el fundamento sentimental del amor a la tierra.
Creemos conocer como nadie, esta portentosa región de la alta Patagonia; y en estos largos andares, ha sido una de nuestras firmes preocupaciones estudiar el alma de este núcleo rural, sedimentado por todas las razas. Falta aquí la conexión social de los valles regados de Cuyo, en donde las industrias han culminado con un arraigo admirable, merced a ese proceso paulatino de la pequeña propiedad, sistematizada en vinculación familiar desde los tiempos del dominio español. Este valle, a semejanza de los pueblos del Far West, levantados de la noche a la mañana por la especulación de un terrateniente o la urgencia de un ferrocarril poblador--hacinamiento de casas, no exponente de cuerpo social--es todavía un conglomerado de chacras adheridas a un rosario de pequeñas poblaciones que ha enhebrado el ferrocarril, en su afán de conquistar el desierto. El “valle geórgico” sospechado, es una ensoñación del futuro. Vendrá, sin duda, pero cuando se intensifique el predio; cuando se entreveren las razas pobladoras; cuando se ame fuertemente la tierra; cuando se ponga en práctica el consejo del poeta mantuano--“admira la gran propiedad, pero cultiva la pequeña"--clásico aforismo que ha formado el cimiento de la moderna economía rural.
Las primeras manifestaciones de la transformación valletana podemos admirarlas ya en aquel horticultor helvético cuya finquita de cinco hectáreas hemos semblanteado ya.
Nuestro diligente cultivador helvético, bien pudo ser el Coricio del “rubio y espigoso llano del Tarento”, héroe rústico en el IV libro de las “Geórgicas”, disciplinando las pocas yugadas de un campo antes reacio a vides y sementeras, y en donde, acotada la propiedad por cercas espinosas, ordenaba sus camellones de hortalizas, cultivaba sus rosales, sus jacintos y sus verbenas. Tal le suponemos en el retorno a la casuca, rendido por la diaria labor, aderezando su mesa “con manjares no comprados” o segando en primavera la primera rosa y en el otoño la primera fruta.
“Coricio era el primero en ver multiplicarse las abejas en precoces enjambres; el primero en coger, de panales quebrantados miel espumosa...”
Y he aquí, que sin pensarlo, la recordación de Virgilio nos ha traído al maravilloso mundo de las abejas, modelo eterno de socialización y de virtudes domésticas. Ya hemos tenido oportunidad de decirlo otra vez: es raro encontrar una finca en el Alto Valle del Río Negro, donde no se cultive un colmenar, aunque sea en forma rudimentaria. Poco importa que en la finca haya elementos de alimentación para los enjambres. Se prospera con la flora común, con el alfalfar de los vecinos y las flores de cualquier huerto. Lo importante para la incrementación de esta industria, es que hay néctares todo el año en las praderas artificiales, en las plantas y en el campo silvestre. La primavera ofrece su flora copiosa en los perales, los manzanos, los durazneros y el jardín. Luego viene el manto violeta de los alfalfares, extendido en leguas de superficie. Y cuando cuajan su semilla los prados y se insinúa el invierno ventoso y gris, el “jume”, extendido sin solución de continuidad en los campos salitrosos, se encarga de brindar sus alimentos a aquel simpático proletariado, aquel mundo de los antófilos, según la calificación poética de Latreille. Con este incentivo de la alimentación silvestre, sin erogaciones ni trastornos en la economía doméstica, se explica que en toda chacra del valle exista un abejar, sin rumbosos cuadros tipo Standard ni cajas de apareamiento Benton--tan cómodas para favorecer la producción melífera y simplificar la cosecha--si no bajo el abrigo elemental de la barrica y el cajón de kerosene...
Es decir, que mientras las abejas, por la especulación humana y la obra misteriosa de la partenogénesis, se difunden por toda la inmensa hoyada de este río, anticipan los rumbos cardinales del valle geórgico, con sus hábitos de labor intensiva, de orden y de sociedad, la explotación industrial no pone ningún esfuerzo en facilitar la vida de estos maravillosos insectos, ni en seleccionar y difundir sus plantas preferidas, cuajadas de néctares, ni en higienizar sus viviendas, ni en cobijarlos bajo la sombra protectora de los árboles y darles solaz con verdes remansos y a la vera del agua transparente y correncia... Expliquémosnos, entonces, que libradas las abejas del valle, al esfuerzo instintivo, simplemente, en la búsqueda de sus alimentos, emigren de la zona cultivada, impelidas por los vientos y al amor de los crespos sauces, que bordean el gran río hasta el mar. No por otra razón han arraigado enjambres extraviados la mayor parte de los vecinos ribereños del bajo valle hasta Viedma y Patagones y cuyo origen arranca en los dispersos colmenares de “apis ligustica” (italiana), llevados hace tiempo por un prestigioso vecino a la isla de Choele-Choel. Falta, en suma, para la consagración de la industria apícola, un factor subjetivo que debe ponerse en juego, por que así lo reclama la inteligencia de los insectos; falta el amor a las abejas, siquiera sea por su utilidad, por su generosidad, por su convivencia casera; el amor que se tiene a los animales domésticos, al caballo de labor, al perro guardián, a las gallinas o al gato; amor, que en el precepto rural del Mantuano, es el árbol que saliendo al paso de la novel colmena que gira ociosa fuera del panal nativo, con frondoso hospedaje la detiene en su tentativa de incierto peregrinar...
Muchas, pero muchas veces, ávido de conocer cosas nuevas de las abejas, nos hemos detenido en las fincas del valle para interrogar a los colonos apicultores. Se ha progresado en procedimientos técnicos, en utilería, en manualidad. Pero nadie adelanta una información nueva que delate observaciones juiciosas en el régimen de vida de este minúsculo gran pueblo. Un industrial italiano, que cosecha de su apiario, anualmente, algo así como treinta mil kilogramos de miel, que ha montado su ingenio con los materiales más modernos, que clarifica, que envasa a la perfección, que es técnico y experimentador a la vez, nos responde entre sorprendido y confuso y en su medialengua ítalo-criolla, cuando le pedimos alguna observación nueva sobre sus admirables pensionistas: “Ma... que quiere que le diga?... que dan miel... e ya’stá...”
Decididamente, desde Huber no se ha escrito nada nuevo sobre la vida de las abejas. Ni Reamur, ni Labtock, ni De Buen, ni Bates han podido destruir las teorías de aquel honrado y sagaz observador. Maeterlink, tan dilecto de los aficionados a la apicultura, no es más que un glosador con rasgos de naturalista a lo Michelet. Sus observaciones, románticas las más--como la de sostener la falsedad que en las antenas del insecto está el sentido de orientación--ya las hizo Virgilio, dos mil años atrás, en profundas y sabias páginas llenas de verdad y poesía. Y en sus “Geórgicas”, recordando la comarca del Cánopo--ciudad del delta del Nilo y de origen macedón--“toda aquella región que abejas cría y que ha cifrado en este arte su esperanza”, al hablar de los usos antiguos para la curación de las abejas enfermas, termina así:
“¿Cuál Dios de los mortales esta traza enseñó por vez primera? ¿Cuándo ellos a aplicarla principiaron? Vosotras lo decid, divinas musas.”