Nuestra Pampa; libro de lectura
Part 27
=Ramblizos.= El sitio, por donde corren las aguas de los turbiones y avenidas.
=Ribereños.= De la orilla.
=Turbión.= Aguacero corto y muy violento, acompañado de viento fuerte.
=Rescoldo.= Ceniza caliente que conserva alguna brasa.
=Proveeduría.= Oficina militar que provee los víveres y efectos comunes a la tropa.
=Preliminares.= Primeros pasos.
=Docilizar.= Volver dócil, dominar, regularizar.
=Interín.= Mientras tanto.
=Turbulencias.= Alborotos, perturbaciones. En sentido figurado: desbordes.
=Adjudicatario.= Aquel a quien se atribuye la propiedad de una cosa.
=Menoscabo.= Daño, detrimento.
=Irrefragable.= Lo que no se puede contrarrestar.
=Platónicos.= Puramente idealistas, sin finalidad práctica.
=Pletórico.= Repleto, rebosante.
=Resacas.= Depósitos que dejan las crecidas avenidas de mareas.
=Centurias.= Siglos.
=Aluviones.= Terrenos formados por los depósitos que dejan las aguas.
=Ubérrimos.= Los más productivos, los más fértiles.
=Textil.= Dícese de lo que da material para hacer tejidos.
=Mimbreras.= Hileras de mimbres.
=Valladares.= Cercos, barreras.
=Parangón.= Comparación.
=Interlocución.= Conversación.
=Montículo.= Monte pequeño, montón.
=Compenetran.= De “compenetrarse”: darse cuenta.
=Asiduidad.= Frecuencia continuada.
=Escrutar.= Observar, conocer.
=Odisea.= En sentido figurado: destino.
=Apesadumbrados.= Doloridos, apenados.
LOS SAUCES PATAGONICOS
Cuando las tropas nacionales que batieron el desierto, llegaron, después de penosa travesía, a las márgenes del Colorado, el saucedal silvestre les brindó su amable abrigo. Sobre la copa del sauce más viejo y más alto, la gratitud nacional que ya comenzaba a tejer la corona a sus muertos ilustres, puso un nombre: Alsina. “Paso Alsina” se denominó aquel vado del río. Por allí cruzó el ejército, rumbo a Choele Choel. El sauce patagónico fué el primer amigo que recibió cariñosamente, campechanamente, a nuestras armas victoriosas y fatigadas. A su sombra, sentimental y alegre--supervivencia aborigen del territorio conquistado, que reclamaba ranchos criollos para perpetuarse en su aspecto familiar--debía sentar sus bases la colonia.
Y fué así nomás. Los sables mellados de nuestra caballería, volvieron al arsenal. La tierra reclamaba el brazo de los héroes para abrirse en su estupenda maternidad. Y mientras se trocaban las carabinas por las palas, y las cureñas por las carretillas de mano, en la empeñosa tarea de sangrar al río por canales fecundizadores, con las ramas de los sauces patagónicos se levantaban las viviendas de los labriegos--soldados de ayer--y se construían las estevas de los arados.
¡Qué árbol más expresivo, más lleno de dolor y de amor, más hospitalario y más humilde, más generoso y más eterno! El caldén pampeano es la fortaleza; el sauce patagónico, la bondad. Se complementan los dos en el simbolismo autóctono y en la leyenda salvaje. Aquél tiene la braveza indomable del indio, hosco, retorcido, huraño; éste tiene la generosidad de la tierra virgen. Si fueran pájaros, serían el carpintero y el chingolo; si fueran bestias, serían el puma y el guanaco; si fueran hombres, serían el soldado y el labrador...
Vosotros, los porteños burócratas, no lo conocéis. Cuando los hayáis trasportado a vuestros jardines; cuando exornéis vuestros parques con sus bosquecillos elocuentes y sentimentales; cuando le cobréis el amor que reclama, veréis que ningún árbol como el sauce patagónico más digno de dar el gajo que pide el bronce para plasmar la corona a los héroes de la Pampa, Río Negro y Nahuel Huapí...
El sauce llorón tiene un aspecto único. Parece el dolor de una vidalita. Llora sobre la huesa de sus muertos, sobre la acequia que corre a su pie, sobre el rebaño que ramonea su follaje, sobre el rancho que cobija. El cielo le da el rocío para la fuente de sus lágrimas. El sauce patagónico, tiene otra expresión y otro lenguaje. Hay en su aspecto un seducente panteísmo que llama al contemplamiento, a la silenciosa invocación. Tal el efecto que nos hizo un grupo de sauces, vecino a la ribera del río, en la isla de Choele Choel. Cada planta adoptaba una actitud diferente. Aquel sauce, después de levantarse cuatro metros, se inclinaba hacia el suelo, en una gran comba, como un misterioso signo de interrogación. Aquel otro, parecía retar al cielo, empinado y sombrío a la vez, como un Prometeo avasallador. El de más allá era un eremita achacoso y beatífico encapuchado en su mustio jergón. Otro parecía hincado en el suelo, levantaba el tronco central, decapitado en su copa, y se abría desde abajo en dos ramas inmensas, como dos brazos de piedad. Y todos así: adoloridos, quejumbrosos, extraños...
Y hemos pensado en el drama silencioso de estas plantas y en la burla cruel del río que dejó la amistad de sus sauces ribereños para escurrirse por un nuevo canal. ¡Y así está de angustiada la fronda!...
Pero, dejemos el ensueño. La industria reclama su prosa vil en el aprovechamiento de las plantas, así sea el laurel de Apolo, los árboles hespéridos o el olivo augural. Estos sauces que bordean los ríos de la Alta Patagonia, constituyen sin duda, una de las riquezas naturales más firmes de la zona. Los bosques de ñire, de lenga, de araucarias, de coihué, de cipreses y de raulí, que comprenden sin desperdicios la inmensa zona cordillerana, desde el río Agrio hasta la Tierra del Fuego, representan un valioso tesoro. Pero su industria es mediata, cuando se pueble, cuando se lleve el ferrocarril hasta aquel gran país de las montañas, casi desconocido para el resto de la República. Y no sólo es mediato el aprovechamiento industrial de las florestas--salvo ensayos de poca trascendencia--sino que la repoblación de aquellos bosques, de nobles maderas, es gravosa en dinero y eterna en tiempo.
El sauce patagónico, es la carne de perro puesta al margen de los pueblos valletanos, corriendo en interminable cenefa, junto al Negro y al Colorado, a la vera del ferrocarril del Sud. No tiene el sauce el problema de la repoblación que tienen las maderas duras de las demás especies patagónicas. Una explotación sobre determinada superficie, que posea ejemplares maderables para trabajar de cinco a ocho años, puede formalizar una labor ininterrumpida sin solución de continuidad, debido al crecimiento rápido de los árboles jóvenes. El ingeniero forestal Max Rothkugel, ha publicado recientemente, bajo el patrocinio de la oficina de bosques y yerbales del ministerio de agricultura, un interesante volumen titulado “Los bosques patagónicos”, con numerosos cuadros, mapas y fotografías. Sin embargo, en esta labor, que debe ser dispendiosa para el gobierno, no dice una palabra sobre el sauce patagónico, a pesar de la importancia industrial que representa, tal vez el primer renglón en el aprovechamiento eficaz e inmediato de nuestras florestas australes.
No es nuestro propósito desvirtuar la obra de referencia que para nosotros tiene, a pesar de esta omisión, un ponderable significado como aporte científico al estudio de nuestra flora. Queremos, simplemente, justificar nuestra aseveración con el concreto. Y el concreto más eficiente nos presenta el aserradero de sauce patagónico que acabamos de visitar en Choele Choel.
Este establecimiento explota los sauzales ribereños de la margen del Río Negro--brazo norte--desde Paso Lescano, a 6 leguas de Choele Choel, hasta Paso Peñalva, en la confluencia de los dos brazos del río. Calcula la empresa que sobre el bosque en pie, de plantas adultas, puede trabajar sin descanso, por espacio de seis años. Interín se harán replantes y se pondrán en condiciones maderables los arbustos.
Complacidos recorremos el establecimiento. Nos seduce, en verdad, esta industria que ha venido a abrir un nuevo horizonte a la comarca, mientras se tecnifica el cultivo de las vides, se regimenta el regadío y se formaliza la industria frutal. Es una empresa netamente criolla, por la nacionalidad de sus sostenedores y el carácter de su explotación. El monte indígena ha sentido en su entraña el golpe del hacha invasora. Pero el jugo vital de sus heridas alimentará nuevos retoños que eternizarán la floresta alegre, marginando por siempre los ríos patagónicos. Es una transfusión que se opera en su generosidad sin reatos. Ya no dará sus ramas al rancho ni a la hoguera, entregado en cuerpo a la evolución civilizadora. Con su aserrín se fabricarán adobes con destino a las construcciones modernas que reclama el progreso del valle; con sus tablas se fabricarán los cajones para arrastrar hasta los mercados del Plata, las deliciosas frutas de las huertas ribereñas. Y la poesía perdurará en la fronda, junto a los ríos pletóricos, remozando la añoranza de la vieja heredad...
VOCABULARIO
=Vado.= Paso.
=Supervivencia.= Acción y efecto de sobrevivir.
=Huesa.= Sepultura.
=Ramonea.= De “ramonear”: pacer los animales las hojas de las plantas y la punta de las ramas.
=Seducente.= Que seduce.
=Eremita.= Ermitaño.
=Avasallador.= Dominador.
=Beatífico.= Santo.
=Encapuchado.= Que lleva capucha; fraile.
=Jergón.= Tela burda con que se hace el hábito de los frailes.
=Ñire.= Arbol patagónico de la región de los lagos.
=Lenga.= Id., íd.
=Araucaria.= Id., íd.
=Coihué.= Id., íd.
=Ciprés.= Id., íd.
=Rauli.= Id., íd.
=Repoblación.= De “repoblador”: poblar de nuevo.
=Desvirtuar.= Negar, rectificar.
=Aseveración.= Afirmación.
=Eficiente.= Eficaz, probatorio.
=Replante.= Nueva plantación.
=Netamente.= Completamente; visiblemente.
=Invasora.= En sentido figurado: destructora.
=Transfusión.= Operación que tiene por objeto hacer pasar cierta cantidad de sangre de un hombre a otro o de un animal a un hombre. Está en sentido figurado.
=Añoranza.= Aflicción o pena por la ausencia o pérdida de persona o cosa muy querida.
UNA FINCA DEL LIMAY
La finca Los Canales, a tres leguas largas de la capital del Neuquen frente a la estación Plottier, enmarcada entre la ferrovía y el Limay, nos da una idea clara de las tierras ribereñas y su feracidad.
Data de nueve años la iniciación agrícola de este establecimiento.
El macizo de cultivos, con la casa familiar, la administración y demás dependencias del establecimiento, se levanta al lado de un lago pequeño y transparente, antiguo remanso del río, separado del cauce por los terrenos de aluvión. Cuando los hermanos P. iniciaron la finca, sólo un sauce patagón empenachaba el barranco. Hoy el árbol genitor oculta sus achaques entre el copioso alamedal de importación que bordea y embellece el lago y entre cuyas abaras se refugia algún alfalfarcito de experimentación o algún liño de vid alza sus sarmientos en procura de un rayito de sol...
--A este cultivito le llaman en la casa “la viña del doctor"--nos dice uno de los propietarios.--Lo he plantado entre los árboles para retrasar su vendimia y comer uva fresca en los comienzos del invierno...
Felizmente, el pecado de mezquinar el sol a las plantas, se reduce a este plantel minúsculo, lo que no autoriza para advertir en su poseedor, un rasgo de sibaritismo, sino una manifestación de buen tono en los halagos de la mesa.
Actualmente los viñedos de esta finca cubren una extensión de veinte hectáreas, correspondiendo las principales plantaciones a las clases francesas cabernet, malbec y semillón, sin olvidar la criolla y moscatel. El doctor P. nos informa que cultiva más de sesenta variedades a título de comprobación, sobre la prosperidad y adaptación climatérica de las especies y la conveniencia de expandir los tipos más vinificables. Esta diversidad en los cultivos vitícolas es un achaque de la región, no siempre de resultados eficaces para el manipuleo industrial.
Cuando se inició esta finca, no había pasado el tren para Zapala. El campo virgen reclamó para su desfloramiento, una pujante energía apuntalada por el capital. Era menester primero asegurar la fecundación del predio con el riego, antes de iniciar las plantaciones. Mientras se proyectaba el plantel del establecimiento, se traía, en carros, la maquinaria hidráulica. Los primeros trabajos de elevación mecánica de las aguas del Limay, se realizaron a bomba. Solucionado el problema del riego, con una red de canales y acequias que debía amplificarse después con las obras definitivas, se da cuerpo a los primeros cultivos. Mientras se inician los potreros de alfalfa, se ensaya la convivencia de los frutales, el jardín de hortalizas y los primeros barbechos de vid, oriundos de Mendoza y el valle del Río Negro. Conjuntamente se levantan las poblaciones. Estos prolegómenos duran dos años. A partir de 1912, comienzan a producir los prados de alfalfa y la huerta. La primera cosecha vitícola se verifica en 1915. Y a raíz de esta producción, pasan las uvas primigenias al lagar para producir la primer bordelesa de vino.
Es así como se inicia la bodeguita que ha venido ensayando y seleccionando sus mostos hasta acreditar con discreción y en plena juventud, algunos tipos de sauternes, bordeaux y jérez. Esta bodega es la más austral de la zona andina.
Recorremos la propiedad, gratamente impresionados de la buena distribución de los cultivos y el estado floreciente de las plantaciones. La laguna, de riberas peladas diez años atrás, como un retazo que volcó el río sobre las arenas sedientas, es hoy una maravilla, enguirnaldada por el saucedal. A su vera se alza la casa familiar, de ligera elegancia, construída en firme al fondo del jardín estilizado, amplio, tipo francés.
Dentro de la investigación práctica que exige nuestra visita a “Los Canales”, nos interesamos especialmente sobre la producción forrajera y frutal. Aquellos alfalfares resisten cuatro cortes anuales, a conciencia. Estas prácticas de siega obedecen, por lo común a la condición de tener personal disponible para la faena, sobre todo en los predios grandes. La hectárea de viña rinde alrededor de 10.000 kilos de uva para vinos comunes. Las clases de mesa dan rendimientos más apreciables. En lo que se refiere a fruticultura, la producción, cuando no se malogra por fenómenos meteóricos, suele ser excepcional. La cosecha de ciruelas y duraznos fué enorme el año anterior, no así este año, debido a la fuerte helada del 7 de octubre, con una temperatura de siete y medio grados bajo cero. Los manzanos y perales resisten con mayor firmeza a los fríos intensos. No hay granizo. Ninguna enfermedad criptogámica ha atacado aun las plantaciones. No hay filoxera, ni antracnosis en las vides. Es una admirable salubridad la de todo el huerto. La tierra, trabajada convenientemente, desleídas sus sales y regadas con equidad, se materniza sin reatos, produciendo alamedas sombreadas, frutales vigorosos y tupidos alfalfares. La sequedad de la atmósfera contribuye a esta intensa vida vegetal, lozana y fresca, no obstante los rigores de la temperatura en los períodos culminantes de las estaciones. Sólo la cuncuna merodea por los alfalfares. Pero la cuncuna es plaga universal.
El suelo pedregoso de la finca contribuye a que el drenaje de las aguas sea perfecto. El agua del subsuelo, perfectamente potable, corre entre tres y medio y cuatro metros de profundidad, entre una capa de pedregullo y arena. Se explica así que convivan un alfalfar y un pequeño cuadro de vid, sin riego, cultivados en las proximidades de la laguna y a título de experimentación.
Hemos gastado con sumo placer la mañana en la amable incursión. El edificio de la úsina, construído con toda solidez, junto a un remanso del río, con sus maquinarias en acción, con el juego poderoso de sus motores, con sus compuertas de acero, con su armazón de mampostería, enclavado en el suelo como una inmensa garra, nos da idea del poder económico de la heredad y su gran porvenir. Allí está el alma mater de la finca, traducido en el caudal de agua hurtado al río. De allí arranca el canal matriz que se bifurca en la raigambre de acequias, que llevan frescura y vigor a las huertas y al prado.
Ya calienta el sol de mediodía, cuando nos ponemos en marcha, de regreso a la capital. Una suave quietud, un silencioso amodorramiento, ponen en nuestro espíritu su nota de laxidad, mientras cruzamos los caminos umbrosos bordeados de álamos que acortan las vides. Se acentúa, con el sol, el olor persistente y melífero de las flores de alfalfa y se insinúa el olor de los rosales confinados en la sombra. En el borde de un cuadro, donde pintan ya las primeras uvas, nuestro amable cicerone nos presenta las cepas de Corinto, cargadas de incipiente producción y en donde el grano genitriz de cada racimo, se destaca con su poderosa fecundidad, anheloso de salvar la progenie con la denuncia de su semilla vital. Y el pensamiento vuela al pasado ante esta perpetuidad cordillerana, de un gajo de la Grecia milenar, trasunto de las vides helénicas que elogiaron los ditirambos de Areón, cuando las doncellas corintianas tejían, en versos trocaicos, las aventuras de Dionisos...
VOCABULARIO
=Limay.= (Voz araucana). Significa: liso, plano, parejo.
=Enmarcada.= Comprendida.
=Ribereñas.= Propias de la ribera, de la orilla del río.
=Remanso.= El sitio en que se detiene una corriente de agua.
=Sibaritismo.= Vida regalada y sensual, como la de los antiguos sibaritas. Sibaris fué una colonia griega del sud de Italia, fundada ocho siglos antes de la era cristiana, y que habiendo alcanzado gran poderío y esplendor, se hizo famosa por la molicie y afeminamiento de sus ciudadanos.
=Manipuleo.= Manejo de un negocio o de los útiles y materiales de una industria.
=Desfloramiento.= En sentido figurado: dar a un campo la primera labor.
=Primigenias.= Las primeras de todas.
=Mostos.= Zumo exprimido de la uva, antes de hacerse el vino. Por extensión, se llama mosto al vino.
=Siega.= El corte de las mieses.
=Criptogámica.= Enfermedades criptogámicas, son las producidas por las plantas criptógamas.
=Mampostería.= Obra hecha de piedra y cemento.
=Bifurca.= De bifurcarse: repartirse, dividirse un río o camino en varios menores.
=Laxidad.= Flojedad, laxitud.
=Acotan.= Limitan.
=Melífero.= Propio de la miel, que lleva miel.
=Cepas de Corinto.= Corinto es una ciudad de Grecia, célebre en la antigüedad. Está rodeada de collados en que se cosechaban uvas famosas por el vino que con ellas se fabricaba.
ACCION AGRICOLA PRIVADA
En la vecindad de Cinco Saltos--Colonia La Picaza--acaba de iniciar la empresa del Ferrocarril del Sud, una chacra experimental bajo la dirección de un competente agrónomo.
Se propone la empresa al organizar esta estación agronómica, cumplir dos misiones reclamadas por el incremento agrícola e industrial que va tomando la comarca: la una, de experimentación; de enseñanza la otra. Los numerosos problemas del alto valle, que reclaman un estudio inmediato para, por lo menos, marginar soluciones definitivas, pueden englobarse en estas dos expresiones: riegos y cultivos. Finca en tales enunciados la razón fundamental de esta chacra.
En materia de aprovechamiento de las aguas fluviales, falta en la zona del Alto Río Negro estudios para su sistematización agrícola. Abunda el agua hasta ser un peligro la revenición de los terrenos. El temor de las sequías, que suelen ser angustiosas para los regantes del Limay, supeditados a la elevación mecánica de las aguas del río, ha aguzado en los colonos de la zona el espíritu de conservación y fomentado el riego excesivo. Pero es elemental que no todos los cultivos reclaman la misma dosis de agua ni en todas las épocas del año tiene el agua la misma provechosa oportunidad. A disciplinar los beneficios del riego tenderán los ensayos experimentales de la estación, estableciendo medidores de agua que fijarán, con la distribución en las diversas parcelas, la necesidad de cada cultivo. Estos resultados podrán servir de norma a los colonos para ordenar sus riegos, sobre bases ecuánimes, en procura siempre de los mayores rendimientos y la mejor calidad de los productos.
En lo que respecta a los cultivos, estudiará la estación agronómica, sobre bases de comparación, todas las variedades que “a priori” se adaptan al valle del Río Negro. De acuerdo con los resultados de esta investigación experimental, distribuirá entre los chacareros, las semillas aptas para su divulgación en la zona. Lo propio ocurrirá con los cultivos arborícolas, disponiendo, al efecto, de un vivero. Ensayará variedades forestales y frutales, dedicando especial atención a las pomáceas, en procura de una selección conveniente, inmune al pulgón lanígero y otras plagas que pueden difundirse en la región si no se evitan con medidas previsoras.
En cuanto al cultivo de la vid, ensayará las variedades más propias del clima. Sobre este particular, aboga el agrónomo por los planteles de cepa americana. No existe la filoxera en el valle; pero es conveniente precaverse con tiempo. Para evitar este terrible flagelo, es indispensable plantar sobre pie americano, rompiendo con la incuria de muchos colonos y el sistema inveterado de cultivar las vides a la buena de Dios. La estación agronómica, una vez en funciones, facilitará a los colonos los tipos de cepa apropiados para vino y para exportación.
La misión didáctica la llenará este establecimiento por medio de una intensa labor de propaganda, por conferencias y clases prácticas, visitas a las chacras de la región, distribución de monografías sobre cultivos, variedades de plantas y semillas, sistemas agrícolas y pequeñas industrias.
--Puedo garantirle--nos dice el agrónomo--que, en términos generales, se desconoce en la zona los métodos de poda de los frutales. En las viñas, las deficiencias de esta labor fundamental son menos notorias. La estación agronómica ha traído un arboricultor francés muy competente, quien durante la época de la poda va a recorrer chacra por chacra para enseñar prácticamente los mejores procedimientos a seguir.
“Como resolución básica--nos dice--para poner en práctica un plan de experimentación y enseñanza, se ha dispuesto la confección de una estadística de las colonias Picasa y Lucinda, detallando minuciosamente cada cultivo, de manera de capacitarse sobre las deficiencias anotadas para aconsejar los reactivos de oportunidad.”
Tal es, en síntesis, la orientación cardinal de este campo de experiencia que, ageno a todo propósito de lucro, acaba de iniciar la empresa del Ferrocarril del Sud en una extensión de 24 hectáreas.
En el terreno de la práctica y a medida que lo reclamen las exigencias de la región, ampliará sus experiencias en el campo de la industria. Establecerá su pequeña bodega con el único fin de enseñar a los colonos vecinos, los procedimientos de la vinificación. Incorporará, además, la industria lechera con tendencias a estabilizar el tipo de queso que convenga a la zona, atendiendo a los planteles de lecheras convenientes, a su cultura industrial y la calidad de los forrajes. Es probable que la implantación de este tambo experimental se inicie dentro de un año.
--Soy un acérrimo partidario--nos dice el agrónomo--de la propagación en el valle, del trébol violeta, como planta forrajera. Mis ensayos me han dado rendimientos excepcionales. El trébol violeta en esta zona tiene un sistema foliáceo admirable. Una sola de sus hojas, equivale, en tamaño, a tres del trébol violeta cultivado en Europa. Se tupe en forma inextricable y resiste, sin desmedro, hasta siete cortes anuales. Conceptúo a este forraje en mejores condiciones que la alfalfa para la región.--Y nuestro interlocutor robustece su entusiasta panegírico, mostrándonos un cuadro donde ha ordenado, secos ya, algunos ejemplares de hojas y de flores de “su trébol". Y pone, al propio tiempo, en nuestras manos, un tratado agrícola francés, donde la tricromía del trébol violeta, de tamaño natural, nos permite la comparación con la forrajera auténtica, marcando una enorme superioridad para la planta de nuestro valle.
En cierta ocasión nuestro interlocutor enseñó las hojas frescas del trébol a un experimentado agrónomo francés que visitaba la zona del Río Negro, interrogándole sobre su clasificación.