Nuestra Pampa; libro de lectura

Part 29

Chapter 292,027 wordsPublic domain

Observamos que a medida que se difunde la apicultura con los nuevos procedimientos científicos y con tendencias exclusivamente usufructuarias, se dejan de mano enseñanzas populares sancionadas por la experiencia secular y que han debido tener su influencia decisiva en el perfume y sabor de este delicioso producto de bosques y vergeles. Desde los huertos paganos a los huertos frutales de la Normandía, la ciencia popular ha venido trasmitiendo de generación en generación, la necesidad de obviar y embellecer la vida de la abeja facilitando y seleccionando sus fuentes de alimentación, civilizando su vida tan doméstica, tan útil, con elementos de solaz y de higiene. La miel de nuestros abejares no puede ser nunca la deliciosa de las granjas itálicas de “illo tempore”, ni menos la de los tiempos de la Grecia eglógica. Aquellos pueblos, realmente sabios, por que eran paneístas y geófilos, dominaban la ciencia de los cultivos como nosotros hoy dominamos las fuerzas mecánicas. Basta leer cualquier tratado de “re rústica"--no ya los poetas bucólicos del ciclo comprendido entre Anacreonte y Teócrito--para darse cuenta del amor trascendental que los huertanos ponían en sus cultivos. Se explica uno, a través del tiempo, la delicadeza de los vinos de Corinto o de Falerno y la razón por qué la hidromiel fué licor de los dioses, puesto “que las mieles no eran solo dulces si no también puras y a templar llamadas el áspero sabor al don de Baco...”

En nuestras incursiones por las comarcas regadas del país, empeñosamente hemos tratado de descubrir en los apicultores algo que no fuera la vocación adocenada puesta al servicio de sus abejares. Por lo común, no hemos encontrado más que el interés industrial--comercial, mejor dicho--cuando no el interés simplemente deportivo, hogareño y a la buena de Dios. En este valle suelen poner en práctica los industriales, el sistema de establecer “apiarios sucursales” en zonas de alfalfar, sin adelantarse con los cultivos aromáticos y las comodidades de higiene excreta reclamados por las ciudades alígeras, inteligentes y copiosas.

Nosotros nos permitimos concitar a los apicultores argentinos a que nos digan con franqueza, si hay algún industrial que, aparte de las prácticas modernas usadas en sus cultivos, ha tomado en consideración alguna vez, el clásico consejo de los viejos libros agrícolas. Nos conformaríamos con solo saber que alguien ha puesto en práctica en el país, los consejos de Virgilio, fragmentados de una de sus “Geórgicas”, relacionados con la ubicación y alimentación de las abejas.

“El asiento, ante todo y la morada que a las abejas oficioso eliges al abrigo de vientos estén, que con sus soplos importunos acarrear impiden materiales; allí, donde ni ovejas, ni traviesos cabritos, a las flores hagan daño; allí, do la becerra que por el campo yerra, no sacuda el prolífico rocío nacientes hierbas con el pie tronchando. De la miel y sus ricos almacenes lejos demore el de escabrosa espalda dibujado lagarto; lejos anden el impío abejarruco y los dañinos pájaros sus cognados; sobre todo procne fugaz, la que manchado ostenta el pecho con la sangre de sus manos; que ellos, en largo espacio a la redonda hacen tala implacable y de revuelo se llevan en el pico a las abejas, sabrosas presas a inclementes nidos. Haya, eso sí, líquidas fuentes; haya remansos con tapiz de verde musgo, y un arroyuelo puro corra lerdo y sutil entre la grama, y alguna palma o acebuche ingente del colmenar la frente con la sombra proteja de su rama. En medio al agua, ora apacible duerma, ora inquieta circule, atravesados leños de sauce pon y piedras grandes, do puedan fatigadas las abejas con sus contínuos puentes parar el vuelo, u a orear aborden al sol estivo las abiertas alas, si con soplo importuno el Euro las dispersa rezagadas, o en los senos las hunde de Neptuno. Verde romero y sérpol oloroso en torno abunden y fragancia esparza floreciente ajedrea y de sedientas violas el plantío de larga fuente humedecer se vea.”

Cuando vinieron los españoles, encontraron en Méjico y en los valles nordoccidentales del continente Sur, una variedad de abejas muy melíferas, clasificadas después con el nombre de “melipondios". Es de suponer que los pueblos autóctonos de América, de la época precolombiana, cultivaron estos himenópteros, a título de alimentación o tal vez, para sus ofrendarios religiosos. Y si los cultivaron, es seguro que supieron favorecer su convivencia con la difusión en flora perfumada. La hipótesis desaparecerá como tal, para ser una verdad inconcusa, el día que investiguemos la razón por qué los príncipes incásicos importaron a las tierras altas del Titicaca la flora odorífera de los valles profundos y calientes del Sorata. Cuando visitamos aquella región lacustre, hace cinco años, fué para nosotros sorpresa evocativa en la isla de la Luna o de las Ñustas, la cantidad de yerbas y arbustos aromáticos difundidos en todas partes, como la prolongación de una botánica montaraz seleccionada por los viejos pobladores. Notamos, entonces, que junto a los acebos espinosos y la esparceta silvestre, se confundían con su efluvio suave, gramas medicinales y aromados hisopos; que la menta piperita, buscando su poco de humedad, se enseñoreaba por todas partes; que la malva y el hinojo se confundían en copiosos matorrales; que cada planta, cada arbusto, cada yerba rastrera, emanaba su perfume intenso o sutil; que de cuando en cuando un bálsamo suave, como de vainillas, como de genciana, sobresalía, dominador, del concierto polifloro en aquel viejo huerto abandonado... Y hemos pensado, que así como estos incas supieron cosechar de aquellas islas zumos medicinales y esencias balsámicas para sus oficios religiosos y galantes, bien pudieron perfeccionar la vida de sus silvestres abejares, con las nobles flores de sus plantas de importación con que supieron embellecer la aridez de la comarca...

Viene de lejos el ejemplo. Y no creemos que los apicultores de hoy se desdoren en su competencia industrial con poner en juego un poco del sentimiento clásico tan vecino a la grande y sabia naturaleza, fuente de vida y de verdad. Remocemos nuestras viejas lecturas; y aun cuando la mecanización de las industrias modernas, nos aparte cada día más del sentimentalismo bucólico de antaño, pensemos que en las especulaciones rústicas del campo y de la huerta, ningún factor más eficiente para el bienestar colectivo, que el amor a la naturaleza y el amor a las cosas. Sigamos pensando que la miel de las abejas, más que el azúcar que fabrican los humanos con máquinas no tan perfectas como la geometría de sus alveolos, sigue siendo manjar de dioses a través de los tiempos. Y recordemos--también recurriendo al gastado patrón helénico, a Teócrito y su VII idilio--aquel magnífico episodio de las fiestas talisias, mientras caen las últimas frutas en la mano del hombre. A Comatas, cabrero siciliano, poeta rústico que sabe ofrendar a las musas sus blancos cabritillos, el granjero su amo, le encierra en su estrecho cofre, en castigo a sus poéticos sacrificios que van diezmando su hacienda. Dos meses después, al levantar la tapa de aquel ataud, los campesinos encontraron vivo a Comatas. Por un resquicio del cofre habían penetrado las musas a tejer sus panales. Las musas con las alas sutiles de las abejas...

Este valle del Alto Río Negro, será geórgico para engrandecimiento de nuestra tierra. Será geórgico por que se subdividirá, se socializará, se cubrirá de huertos, de granjas y praderías a lo largo de su río providencial. Será geórgico, por que en el anticipo de su vida futura ya han venido a rumorear las abejas entre los saucedales, como si fueran las musas del pastor siciliano...

VOCABULARIO

=Geórgico.= Alusión a las Geórgicas, celebrado poema del gran poeta latino Virgilio.

=Ensamblar.= Unir, juntar.

=Regadío.= El terreno que se puede regar; las obras para regar un terreno.

=Saucedal.= Por sauzal; monte o grupo de sauces.

=Conexión.= Unión.

=Yugada.= Pequeño terreno.

=Proletariado.= La clase de los trabajadores.

=Antófilos.= Amante de las flores.

=Partenogénesis.= Reproducción de la especie sin necesidad de que intervengan los dos sexos.

=Solaz.= Diversión, entretenimiento.

=Correntía.= El agua que corre.

=Apícola.= Perteneciente o relativo a las abejas.

=Apiario.= Criadero de abejas para el aprovechamiento de la miel.

=Glosador.= Repetidor.

=Románticas.= Poéticas, novelescas.

=Musas.= Fabulosas deidades greco-romanas, a las que se atribuía un especial influjo en la poesía, las ciencias y las artes.

="Illo témpore".= Expresión latina: en aquel tiempo.

=Eglógica.= Campestre.

=Geófilos.= Amantes de la tierra.

="De re rústica".= En latín: de cosas (asuntos) rurales. Es el título de una obra de agricultura escrita por Columela, el más sabio agrónomo de la antigüedad, hace unos 19 siglos.

="El don de Baco".= Frase poética: el vino. Baco en la mitología greco-romana, era el dios de las vendimias y del vino.

=Hidromiel.= Aguamiel; bebida ligeramente alcohólica, compuesta con agua y miel.

=Adocenado.= Vulgar, de poco mérito, ramplón.

=Hogareño.= Relativo al hogar.

=Excreta.= La higiene pública, colectiva.

=Alígeras.= Con alas. Ciudades alígeras, se dice en el texto, aludiendo a que las colmenas son habitadas por las abejas, seres dotados de alas.

=Abejarruco.= Pájaro que persigue a las abejas.

=Cognados.= Parientes por la sangre.

=Ingente.= Grande, pesado.

=Euro.= El viento del este.

=Neptuno.= Dios del mar en la mitología greco-romana.

="Los senos de Neptuno".= Frase poética: el mar.

=Sérpol=, =ajedrea=, =viola.= Plantas olorosas.

=Autóctonos.= Los más antiguos habitantes de un país.

=Himenópteros.= Orden del la clase de los insectos.

=Ñustas.= Palabra quéchua, que significa “doncellas".

=Remocemos.= De remozar: rejuvenecer, renovar.

=Alvéolos.= Las celdillas de los panales.

=Patrón helénico.= Es decir: según el modelo griego.

=Fiestas talisias.= Fiestas griegas, en honor de Ceres, diosa de la Agricultura.

ÍNDICE

La lectura moderna 5

Preliminares de la conquista del desierto 13

La Pampa de ayer y la de hoy 21

A la Pampa 31

Un tren madrugador 33

Santa Rosa 38

Pueblo y campaña 42

El valle frutícola 46

Una estancia señorial 54

Naturaleza y arte 60

Una famosa cacería 62

Una colonia judía 65

Detalles de la colonia 68

El arraigo del colono 74

Un plan de economía rural 78

La chacra experimental 81

Colonos rusos 86

Los vascos de “La Cornelia” 90

Cooperativismo hebreo 96

Los bosques de caldén 100

Visita al obraje leñatero 104

La explotación forestal 108

Minería pampeana 113

Las lagunas de sal 116

Winifreda y las colonias vecinas 123

La cadena de pueblos 128

El pueblo de General Pico 133

Florecimiento urbano 138

Un día de agitación electoral 142

La zona rural 147

Una estancia moderna 149

Trebolares 154

Las grandes cabañas 158

Una visita a “Santa Aurelia” 162

Una invernada perfecta 166

Por los prados de alfalfa 171

Las estancias modernas 173

Las grandes colonias 178

Los campos colonizados de Trenel 182

Silueta de un “pioneer” pampeano 187

Un plan de colonización 192

El porvenir de Trenel 199

Un plan previsor de economía rural 202

Por los pueblos del norte 208

Hacia Victorica 214

Perfiles de un pueblo simpático 219

La heroica jornada de Cochicó 224

Un error judicial 230

Las huertas providentes 234

Ganaderos criollos 237

En “La Morocha” 239

Un poblador de garra 243

El Oeste lejano 247

Los ferrocarriles pampeanos 250

La fiesta del grano 254

La justicia pampeana y el problema agrario 258

Los agrónomos 264

Niños y escuelas 272

La Pampa moderna 279

Hacia la provincialización 284

El terralfar puntano 290

Boceto de un “ranchman” 296

Por tierras semi-áridas 305

El llano de las lagunas 312

Milicia y colonización 316

El gran dique del Neuquen 320

Una bodega en Río Negro 324

Las bodeguitas del Alto Valle 328

Las fincas humildes 332

La isla de Choele Choel 337

Los sauces patagónicos 344

Una finca del Limay 349

Acción agrícola privada 353

¿El Nilo argentino? 359

El valle geórgico 364

NOTAS:

[A] _Completando la fisonomía de nuestra pampa, geográficamente considerada, cerramos el libro con varios capítulos sobre la zona sur de San Luís que fué dominio ranquelino, y sobre el alto valle del Río Negro, donde las armas de la Nación remataron con brillo la gran cruzada conquistadora del desierto._

[B] Especialmente se recomienda a los profesores de lectura, que si emplean esta poesía como elemento de declamación prefieran como intérprete a una niña, por la suave sentimentalidad que se ha tratado de imprimir al verso.

End of Project Gutenberg's Nuestra Pampa; libro de lectura, by Jaime Molins