Nuestra Pampa; libro de lectura

Part 24

Chapter 243,673 wordsPublic domain

="Bureau".= Palabra francesa: escritorio, oficina. Pronúnciase: buró.

=Bicoca.= Pequeñez.

=Higrométrica.= De “higrometría”: medida de la cantidad de vapor de agua que hay en la atmósfera o en el terreno.

=Aporcar.= Cubrir las plantas con tierra.

=Anómalo.= Fuera de lo común, lo que es natural.

=Trueque (A).= A cambio.

=Cizaña.= Las plantas inútiles y perjudiciales que crecen en los jardines y sembrados.

="Snobs".= Palabra inglesa sin equivalencia exacta en español. “Snob” se dice del hombre presuntuoso, esclavo de la moda, que pretende sin fundamento estar al tanto de toda novedad, petulante y tonto.

POR TIERRAS SEMI-ARIDAS

La más notable comprobación sobre el éxito del “dry farming”, en el transcurso de nuestra gira, la encontramos en la Pampa del Tigre, sobre la línea del Pacífico, plena región pampásica del oeste.

Tienen estas tierras alguna similitud con la región del Pencoso, que motejamos de Palestina, sobre todo en la exigüidad de sus lluvias, ya que no en su constitución agrológica. Aquí el suelo es arenoso y uniforme, en una profundidad que varía entre 5 y 7 metros de espesor, últimas manifestaciones, hacia el occidente, del inmenso guadal que arranca desde el norte pampeano.

La primer impresión cultural la recogemos desde el tren. El verde profundo de un sembrío, recostado junto a la estación, hacia el sur, nos anticipa el valiente ensayo en aquella angustiosa travesía. Cabe la iniciativa, al propietario del campo, doctor P. S., secundado por su paciente experimentador, un muchacho porteño, connaturalizado con fe a la agreste región y hecho “farmer” en el amplio sentido.

De entrada, nos parece demasiado arriesgada la tentativa de maternizar el suelo reseco de la zona, habilitándolo para los cultivos cerealeros. Pero el optimismo franco borra el prejuicio, al hacer memoria sobre la acción colónica del propietario de este campo, en la región del Río Negro, sobre tierras de condición agrológica inferior y con el mínimo de lluvias aceptado por el “dry farming". En efecto, a este propietario corresponde la iniciativa de las prácticas del secano en Río Negro, en 1914, con lluvias de 200 milímetros y con resultados alentadores. En esta sistematización cultural que fué, por cierto, de grandes enseñanzas--ya que las teorizaciones agrícolas sobre el aprovechamiento de nuestras tierras semi-áridas, pasaban por primera vez al campo experimental--afianza el éxito de sus nuevos cultivos en la Pampa del Tigre, donde las condiciones meteóricas y la calidad del suelo, ofrecen las perspectivas de una auspiciosa maternidad.

Este cultivo, que tonaliza con el verde matiz, la llanura grísea por donde corre el tren, se nos antoja un labrantío de Utah, entre la aridez apenadora del desierto, en cuyas hazas florecientes, un labrador sagaz ha venido a poner en práctica la demostración de Alway, que comprobó el valor del almacenamiento de la humedad, como pudiera hacer un comerciante previsor con las reservas de su ganancia anual. El administrador, colaborador eficiente en aquella tarea de domeñar el predio bruto, nos habla con entusiasmo sobre el “stock” de humedad, capital confiado a la tierra, merced a los rastreos oportunos, como a una caja de ahorros, que devolverá, con réditos, centavo sobre centavo.

--A mediados del año anterior--nos dice--se puso en condiciones de cultivo, un cuadro de veinte hectáreas, comenzando a almacenar el agua de las lluvias caídas, por medio de rastreos con rastra de dientes. Llegada la época oportuna, se procedió a la siembra de maíces y sorgos, operación un tanto retrasada, debido a las huelgas y otros factores de fuerza mayor. La operación de sembrar la practicamos a fines de octubre con sembradora sistema “Lister”, maquinaria que llena todas las necesidades y hace una labor perfecta.

--¿Qué clase de maíz sembró?--interrogamos.

--Las variedades conocidas por Golden Beauty, o sea “amarillo grande” y “colorado de polenta".

--¿Y cuáles fueron los resultados?

--En cuanto a calidad, inmejorables. El peligro que nos amenazó con insistencia, fué la sequía de diciembre y enero pasados, tan cruel para las zonas agrícolas de la República. Los fuertes vientos también se dejaron sentir sin interrupción en la comarca. Felizmente cuando creíamos malograr todas las sementeras totalmente, una lluvia de febrero, oportuna, como una bendición, puso a salvo las cosechas.

--¿Y en sorgos?

--Se ha sembrado todas las variedades convenientes: kafir, milo, feterita y pasto ruso. De estos cultivos hemos recogido semillas muy superiores a las traídas a la región. Vea usted si estos no son sementales de primer orden.

Y nos alcanzó unas panojas dignas de ser expuestas en cualquier exposición agrícola de Buenos Aires, por la profusión, calidad y limpieza de sus granos, blancos y grandes, de feterita; copiosos y pequeños, de kafir; frondosos y ligeramente anaranjados, de milo.

--Con esta aclimatación regional--nos asegura el administrador--hemos salvado uno de los más grandes escollos: conseguir semillas nativas.

--¿Y sobre cereales, qué experiencias se han hecho?

--Con intención de ensayar cereales, se resolvió destinar una parcela, practicando el barbecho con excelentes resultados, habiendo almacenado, aproximadamente, dos metros de humedad. Las semillas germinaron y crecieron las plantas, sin haber recibido una sola gota de agua, mientras que en algunas zonas húmedas y subhúmedas, los agricultores no podían arar porque la tierra estaba seca. Es posible que no se pueda arribar a una comprobación más eficaz sobre los resultados del “dry farming".

“A fines de abril de este año, dispuso el dueño del campo que se sembrara varias semillas importadas de Norte América: trigo turco, centeno, cebada y avena. Los cultivos salvo las avenas y cebadas que se perdieron, se encuentran en estado muy próspero, prometiendo rindes muy remuneradores, pues se ha desarrollado un sistema radicular admirable. En estos días--fines de septiembre--se han repetido los cultivos de maíces, sorgos, papas y porotos.”

--¿Y qué cantidad de lluvia cae en la región?

--Muy poca, pero la suficiente para que la tierra produzca, siempre que se ponga cuidado en la labor.

“Tengo fe--termina su información--en que estas campiñas hoy incultas, han de caer bajo la redención de los cultivos, por el procedimiento del “dry farming". Las tierras de esta vecindad, labradas convenientemente, han de producir cosechas de primer orden, tanto en forrajeras de ensilaje como en cereales y hortalizas.”

Es sano y tonificante el optimismo de este agricultor, que valientemente viene a secundar la bella iniciativa del doctor P. S., iniciativa que--tenemos fe--provocará la transformación del desierto. Con el esfuerzo y en labores consecutivas, podrá arribarse en estos campos a la comprobación verificada en las estaciones experimentales de Utah, de que cuando se remueve la tierra virgen para dedicarla al “dry farming” y se cultiva con esmero, la lluvia penetra más y más, después de cada año de cultivo, como si la naturaleza próvida quisiera vincularse amorosamente al esfuerzo del hombre.

Widtsoe, atribuye un cuidado mayor al distrito de Great Plains para conservar la humedad del suelo, que al de Great Basin, precisamente porque aquel se caracteriza por las lluvias de estío, en la época de los vientos cálidos y la mayor evaporación. Algo de esto tiene la Pampa del Tigre. Pero tenemos confianza en que todo se ha de dominar con la energía y la labor.

Después de esta comprobación objetiva sobre los cultivos de la Pampa del Tigre, departimos en Buenos Aires con el doctor P. S., gestor de tan valioso procedimiento cultural y, posiblemente, el primer ensayador técnico del secano, en cereales, en la República.

Queríamos cerrar nuestro capítulo sobre la Pampa del Tigre con algunas apuntaciones marginadas en el producto de su observación y su experiencia.

--En diciembre de 1917 pedí a Estados Unidos--nos dice--semillas de cereales procedentes de la región de Great Plains, que, como usted sabe, es análoga, en calidad agrológica y en fenómenos atmosféricos, a nuestra zona semi-árida del interior. Mi propósito tendía a la fácil aclimatación de la simiente, con el fin de conseguir semilla nativa. Las avenas y cebadas se han perdido totalmente. No así los trigos que se desarrollan con toda lozanía y el centeno norteamericano, cuya parcela es la más destacada de las sementeras.

“El “dry farming”, como procedimiento agrícola--continúa nuestro interlocutor--es absolutamente eficaz y seguro, siempre que se ponga en práctica de acuerdo con las características del suelo y los factores meteorológicos. Un agricultor experto, no puede fracasar jamás, salvo por contingencias imprevistas, puesto que al iniciar sus cultivos, debe conocer perfectamente la cantidad de humedad de que dispone.”

--¿Y en lo que respecta a prácticas culturales, cree usted que se debe introducir algunas modificaciones que difieran de los procedimientos aconsejados por los experimentadores de Estados Unidos?

--Sí, señor. La experiencia me está dando material para aconsejar algunas reformas en la preparación y cultivo del suelo. Por ejemplo, yo creo que en nuestras tierras arenosas de secano, la rastra de discos debe ser suplantada por la rastra de dientes, después de sembradas las semillas.

Es esta, sin duda, una interesante observación relacionada con la operación más trascendental en tierras semi-áridas. Macdonald--tan conocido por los técnicos--asegura que la escardadora es más a propósito para gradar el trigo u otros granos pequeños, que la grada común de dientes rectos u oblícuos. Pero si el terreno es medianamente firme--dice--la grada ligera ordinaria hará buen trabajo. Según este profesor, todo labriego deberá poseer una grada de palanca para poder graduar con ella la inclinación de los dientes. Sin embargo, su consejo categórico es el siguiente: “la grada de discos es absolutamente indispensable para los cultivos de secano".

El doctor P. S., compenetrado de la constitución de nuestros suelos en estudio, contraviene el consejo de Macdonald, dando prioridad a la rastra de dientes, afianzado sin duda, en la flojedad de las tierras arenosas. De todas maneras, su gran consejo se circunscribe a usar consecutivamente este instrumento. Coincide en esto con aquel gran cultivador de Valle Cache, en Utah--G. L. Farrel--a quien, en cierta ocasión, le interrogó un grupo de agricultores:

--¿Qué haría usted con un cultivo que estuviese demasiado ralo?

--Gradarlo--respondió.

--¿Y si estuviese demasiado espeso?

--Gradarlo también.

En Utah se grada de tres a cinco veces, durante el crecimiento, para evitar la consolidación del terreno y la expansión de yerbas adventicias. El doctor P. S. opina que se debe rastrear cinco, seis, ocho veces, si es necesario, teniendo en cuenta, además, que esta operación, aparte de ser utilísima, es poco costosa. El éxito de esta tarea está en dejar las tierras en sazón (tempero), produciendo el mayor acopio de humedad.

Los norteamericanos tienen por norma de conducta en los cultivos de secano, este precepto: “el arado debe seguir a la segadora". En nuestras tierras, según nuestro interlocutor, debe esperarse para dar comienzo a la roturación hasta los primeros días de enero.

--El problema--nos dice--está en tener vegetación sobre rastrojo durante los meses de noviembre y diciembre, estado que trae como consecuencia, la supresión de las atadoras y el uso de las espigadoras para mantener una sementera alta.

--¿Y en cuanto a los gastos de labranza y demás faenas agrícolas, ha hecho usted alguna observación de importancia?

--La práctica me ha llevado al convencimiento que en nuestras tierras, el cultivo de secano cuesta menos que en Estados Unidos. En los Estados de “dry farming”, de la América del Norte, el procedimiento agrícola cuesta un 50 por ciento más que en las zonas subhúmedas y que la labor por otros métodos. Aquí cuesta menos. Se debe esto a la facilidad de arar. Además no hay que poner como gasto adicional las rastreadas, porque, además de que cuestan poco, cada rastreada supone una lluvia vital.

Encomiamos sin reservas la labor que se ha impuesto el doctor P. S. y cuyos resultados han de ser altamente benéficos para la zona sometida a nuestro estudio. Su entusiasmo sobre el “dry farming”, es sobre la base racional de los cultivos y el estudio de los métodos más eficaces, con aplicación a las necesidades de nuestro suelo. Con entusiasmo, nos habla de la necesidad de una institución de propaganda del secano y de carácter nacional. Será, indudablemente, una hermosa iniciativa capaz de abrir un ciclo nuevo a la agricultura nacional.

VOCABULARIO

=Similitud.= Semejanza.

=Motejamos.= Calificamos, llamamos.

=Sembrío.= Sembrado.

="Farmer".= Palabra inglesa: chacarero, colono, granjero.

=Secano.= Cultivo de la tierra sin aprovechar otro riego que el de las lluvias.

=Hazas.= Porción de tierra de labranza.

=Panojos.= Conjunto de espigas.

=Barbecho.= Tierra arada.

=Radicular.= Perteneciente a la raíz.

="Great Plains".= En inglés: Llanuras grandes. Pronúnciase: grit plens.

="Great Basin".= En inglés: Gran Hoya. Pronúnciase: grit besn.

=Vital.= Que da vida.

EL LLANO DE LAS LAGUNAS

Para el litoral argentino, que tiene en mucho su vitalidad representativa, como zona de producción ha de parecer paradógico este vaticinio: San Luis será, dentro de pocos años, un emporio pesquero.

Sin duda, los que ignoran--y son muchos en la República--que en la zona que hemos dado en definir con el nombre de “terralfar puntano”, hay trescientas lagunas, recibirán con sonrisa irónica el aserto. Con geografías hechas a tirones por burócratas y no por geógrafos; con mapas deficientes; nada de extraño que la planicie de las lagunas, lo más mediterráneo del país, muy poco interés hubiese despertado hasta hoy en el sentido de crear y explotar la industria piscícola. El estudio cartográfico de Lallemant, pudo haber influído en la difusión ventajosa de la comarca; pero, desgraciadamente, intereses particulares han retenido--quizá hasta las calendas griegas--la edición de esta obra que tan ingente labor costó al espíritu meditativo del sabio y a la disciplina profesional del ingeniero.

Estas lagunas, de agua dulce y permanente, que tachonan como las Pléyades del cielo, la gran pradera, son hijas de los vientos. Los “huaicos” o erosiones, han formado, a través de los siglos, estas hoyadas alrededor de los manantiales. Y prueba de ello es que los bordes de las lagunas son médanos empastados, propicios a las isletas de piquillines, de molles morados y talas, de quebracho blanco y cedrón, con suave bajada al naciente y bordes altos en la ribera opuesta. Las lagunas Capelen, Soven, Tastú y Los Leones, son las Cabrillas del grupo, por su tamaño y profundidad. Las demás, en todo lo que abarca la zona comprendida entre Villa Mercedes y Buena Esperanza, Paunero y Villa Valeria de Córdoba, tienen, por lo común, extensiones que no exceden de diez y siete hectáreas, como término general, y se encajonan entre barrancas sobre lechos profundos, arenosos y firmes. Muchas son de agua ligeramente salobre y todas abundantes de totoras y aneas donde se prodigan los crustáceos, alimento nutritivo de los peces.

De esta constelación de lagunas, cuarenta, por lo menos, están pobladas de pejerreyes, dando lugar a una nueva industria con perspectivas remuneradoras. Arranca esta civilización lacustre de 1902, época en que el vecino don Carlos G., persuadido de que podía ser factible la crianza de peces, llevó agua de estas lagunas al ministerio de agricultura, deseoso de conocer los resultados de un análisis prolijo, requisitoria que--a estar a informes oficiosos--no despertó mayor interés en el gobierno nacional. Dos años más tarde--en junio de 1904--los señores Roberto y Edmundo W., se dirigían a la misma autoridad insistiendo sobre la necesidad de iniciar la piscicultura regional con especies apropiadas.

Por aquel entonces, el gobierno había contratado al ictiólogo norteamericano Titcomb, con la misión de introducir peces exóticos en nuestros ríos y lagunas, y al afamado piscicultor don Eugenio Tulliam, norteamericano también. Estos experimentadores quedaron asombrados al conocer la excelencia del pejerrey argentino, superior, en mucho, a cualquiera de las especies que pululan en ríos y lagos del continente septentrional. Sin embargo, tuvo la opinión de los técnicos sus tropiezos, frente al juicio pesimista de la repartición ministerial. Y sin duda, hubieran fracasado aquellos preliminares, a no mediar la actitud resuelta del general Roca, asesorado por Ronaldo Tidblom, director entonces de ganadería y agricultura.

Sobre esta seguridad alentadora, Tulliam verifica el primer ensayo de fecundación artificial de pejerreyes en la laguna Chascomús. Los primeros huevos, genitores de los copiosos cardúmenes que hoy prosperan en las lagunas puntanas, fueron depositados el 6 de noviembre de 1904 por el mismo piscicultor. Venía Tulliam, el piscicultor, a sancionar en la práctica la expresión gráfica que el anecdotario atribuía a Titcomb, el ictiólogo:

--Francamente, no sé para qué me han llamado ustedes... ¡Ojalá Estados Unidos tuviera el pejerrey de las lagunas argentinas!

Pasó el tiempo. Comprobado, más tarde, que aquellas gestas artificiadas por la ciencia, habían caído en aguas piadosas y fecundas, lleva don Edmundo W. los primeros ejemplares de pejerrey puntano a la dirección de piscicultura del ministerio. Estaba tan arraigado el prejuicio que negaba éxito a la fecundación artificial, que poco faltó a los técnicos para proclamar la impostura del señor W. De lo que estamos seguros es que alguien dijo, con sospechosa ironía, mirando los pescados:

--¡Qué hermosos... y qué fresquitos!... Cualquiera diría que vienen del Mercado del Plata...

Pero triunfó la buena fé del propagandista. Y fué una comisión técnica a la laguna Los Barriles, en Lavaisse. El 2 de octubre de 1907, en tres tiradas de red, se obró el milagro de los peces. Sesenta y cuatro pejerreyes cayeron en las mallas arteras. Y entre los incautos, representantes de más de tres generaciones, se dejaron coger ejemplares de 27 centímetros de largo.

Pero, ni aun sobre la comprobación indubitable, se encontró el apoyo oficial reclamado. Entonces los hermanos W., creyéndose moralmente obligados a no cejar en tan empeñosa gestión, comenzaron a poblar las lagunas de la zona, usando el sistema de trasladar en toneles y de una a otra laguna, los peces vivos. En esta forma se logró un transporte eficaz hasta a distancias de doce leguas y en lo más riguroso del verano. Es así como se han poblado cuarenta lagunas del terralfar puntano y frontera de Córdoba. Con la población del semillero de lagunas hondas y perdurables, que vitalizan y alegran la comarca, vendrá, sin duda, la gran empresa con mercado franco en las capitales y centros del interior y hasta en el mismo Buenos Aires.

En nuestra reciente jira por la línea de Beazley hemos visitado la laguna Los Barriles, que será célebre en su auspiciosa hospitalidad, hemos presenciado las pintorescas escenas de su pesquería y, sobre todo, hemos gustado, en mesa de franca camaradería, en la estancia “Don Roberto”, de sus pejerreyes, que no por ser adoptivos dejan de ser menos sabrosos...

VOCABULARIO

=Paradójico.= De paradoja. Ficción que parece verdad.

=Tachonan.= Están esparcidas.

=Pléyades.= Una de las más notables constelaciones de estrellas.

="Huaicos".= Hoyadas hechas por los vientos en los terrenos guadalosos o arenosos de la zona pampásica.

=Empastado.= Con pastos.

=Isleta.= Bosquecillos.

=Cabrillas.= Las “cabrillas” son las siete estrellas más brillantes de la constelación de las Pléyades.

=Totora.= Matas de paja que crece en las lagunas.

=Anea.= Especie de líquenes o plantas acuáticas.

=Constelación.= Grupo de estrellas. Está en sentido por extensión, de otras cosas.

=Piscicultura.= Cría o cultivo de los peces.

=Ictiólogo.= El entendido en ictiología, o ciencia de los peces.

=Pululan.= De “pulular”: abundar extraordinariamente.

=Genitores.= Padres.

=Cardúmenes.= Enjambres de peces.

=Anecdotario.= Colección de anécdotas.

=Gestas.= Hechos.

=Indubitable.= Sin dudas.

MILICIA Y COLONIZACIÓN

El valle del Río Negro

Con la conquista del desierto y la llegada de las armas de la Nación a los grandes ríos patagónicos, se inician en el valle del Alto Negro las primeras labores agrícolas. Venía el ejército jalonando de pueblos la pampa. Por el norte se echaban las bases de Victorica, con Racedo, de jefe, y los soldados de la caballería por población. Era menester afianzar los dominios del sur, con una nota civilizadora y pacífica que clausurara dignamente el epílogo de Choele-Choel. Fué así, que a renglón seguido de la jornada militar, vienen al valle los primeros agricultores, militares también.

Iniciada la colonización que fué, conviene decirlo, ensayo cultural y premio a la fatigosa labor de las tropas, se tira el primer canal de regadío, hecho a ojo de buen cubero, sin bases planimétricas ni fundamentos de nivelación. Pero, aún estos estudios preliminares, que no admitiría hoy, en nuestro progreso, la más insignificante obra hidrológica, llenó el canal las necesidades para que había sido trazado, sirviendo, veinticinco años después, de base al sistema de riego que beneficia, bajo el carácter de cooperativismo, las tierras de Allen y General Roca. El viejo canal, cavado por presos y “milicos”, arrancaba seis kilómetros arriba del puente del F. C. S. sobre el Neuquen (margen izquierda) y venía a morir en el pueblo viejo de General Roca, después de un recorrido de más de 50 kilómetros.

Por largos años, el canal del ejército, acequiado previsoramente, cubrió las exigencias de aquella agricultura cuasi aborígen, tan abandonada por el calor oficial. Pero debían por fin el desarrollo de la región y la conquista del riel, orientado desde Bahía Blanca a las Cordilleras, sacudir la molicie de los poderes públicos y abrir un nuevo horizonte para estas tierras feraces. Por decreto de 27 de septiembre de 1907, el Poder Ejecutivo de la Nación reglamenta la concesión de chacras en la Colonia General Roca, iniciando con ello el verdadero ciclo cultural de la zona.

Se afianza esta disposición gubernativa en la conveniencia pública de establecer condiciones especiales de población para esta colonia. Considera, pensando con simpática tolerancia, que las sinuosidades del terreno exigen erogaciones pesadas en las labores de nivelación, antes de ser entregadas a la agricultura. Esta circunstancia y la característica arborescente del suelo, constituyen factores negativos que se oponen al arraigo de los colonos sin capital.

Observa el ejecutivo, que debido a estas circunstancias, han permanecido baldías muchas tierras de la colonia, a pesar del buen propósito de sus propietarios de someterlas a la labor. En cambio, las chacras de los colonos pudientes denuncian una sintomática prosperidad. Conviene entonces, a juicio del decreto, limpiar y perfeccionar el viejo canal de riego, aumentando su caudal y prolongándolo de manera que pueda permitir el riego de numerosas chacras que no gozaban de sus beneficios. Estas obras, según el gobierno, debían ser ejecutadas por los mismos propietarios, ya que el Estado no estaba, momentáneamente, en aptitud para su realización.

En el decreto, al propio tiempo que se encarrilaba la acción oficial tendiente a incrementar la Colonia General Roca, tan injustamente olvidada hasta entonces, se anticipaban los fundamentos de una cooperativa de riego, dando calce a la sociedad que debía organizarse incontinenti.