Novelas ejemplares

Part 27

Chapter 274,129 wordsPublic domain

--Pero no puede ser así, añadió Tomas, pues no será razon que yo deje á mi amigo y camarada en la cárcel y en tanto peligro: mi amo me podrá perdonar por ahora, cuanto mas que él es tan bueno y honrado, que dará por bien cualquier falta que le hiciere, á trueco que no la haga á mi camarada: vuesa merced, señor amo, me la haga de tomar este dinero, y acudir á este negocio; y en tanto que este se gasta, yo escribiré á mi señor lo que pasa, y sé que me enviará dineros que basten á sacarnos de cualquier peligro.

Abrió los ojos de un palmo el huésped, alegre de ver que en parte iba saneando la pérdida de su asno: tomó el dinero y consoló á Tomas, diciéndole que él tenia personas en Toledo de tal calidad, que valian mucho con la justicia, especialmente una señora monja, parienta del corregidor, que le mandaba con el pié, y que una lavandera del monasterio de la tal monja tenia una hija que era grandísima amiga de una hermana de un fraile muy familiar y conocido del confesor de la dicha monja: la cual lavandera lavaba la ropa en casa.

--Y como esta pida á su hija, que sí pedirá, hable á la hermana del fraile, que hable á su hermano que hable al confesor, y el confesor á la monja, y la monja guste de dar un billete (que será cosa fácil) para el corregidor, donde le pida encarecidamente mire por el negocio de Tomas, sin duda alguna se podrá esperar buen suceso: y esto ha de ser con tal que el aguador no muera, y con que no falte ungüento para untar á todos los ministros de la justicia, porque si no están untados, gruñen mas que carretas de bueyes.

En gracia le cayó á Tomas los ofrecimientos del favor que su amo le habia hecho, y los infinitos y revueltos arcaduces por donde le habia derivado; y aunque conoció que ántes lo habia dicho de socarron, que de inocente, con todo eso le agradeció su buen ánimo, y le entregó el dinero con promesa que no faltaria mucho mas, segun él tenia la confianza en su señor, como ya le habia dicho.

La Argüello, que vió atraillado á su nuevo cuyo, acudió luego á la cárcel á llevarle de comer; mas no se le dejaron ver, de que ella volvió muy sentida y mal contenta, pero no por esto desistió de su buen propósito.

En resolucion, dentro de quince dias estuvo fuera de peligro el herido, y á los veinte declaró el cirujano que estaba del todo sano: y ya en este tiempo habia dado traza Tomas como le viniesen cincuenta escudos de Sevilla, y sacándolos él de su seno, se los entregó al huésped con cartas y cédula fingida de su amo; y como al huésped le iba poco en averiguar la verdad de aquella correspondencia, cogia el dinero, que por ser en escudos de oro le alegraba mucho.

Por seis ducados se apartó de la querella el herido; en diez y en el asno y las costas sentenciaron al asturiano. Salió de la cárcel, pero no quiso volver á estar con su compañero, dándole por disculpa que en los dias que habia estado preso le habia visitado la Argüello y requerídole de amores, cosa para él de tanta molestia y enfado, que ántes se dejara ahorcar que corresponder con el deseo de tan mala hembra; que lo que pensaba hacer era, ya que él estaba determinado de seguir y pasar adelante con su propósito, comprar un asno y usar el oficio de aguador en tanto que estuviesen en Toledo, que con aquella cubierta no seria juzgado ni preso por vagamundo, y sin eso era oficio que con mucho descanso y comodidad suya podia usar, pues que con sola una carga de agua se podia andar todo el dia por la ciudad á sus anchuras mirando bobas.

--Antes mirarás hermosas que bobas en esta ciudad, que tiene fama de tener las mas discretas mujeres de España, y que andan á una su discrecion con su hermosura; y si no, míralo por Costancica, de cuyas sobras de belleza puede enriquecer no solo á las hermosas desta ciudad, sino á las de todo el mundo.

--Paso, señor Tomas, replicó Lope, vamos poquito á poquito en esto de las alabanzas de la señora fregona, si no quiere que como le tengo por loco, le tenga por hereje.

--¿Fregona has llamado á Costanza, hermano Lope? respondió Tomas: Dios te lo perdone y te traiga á verdadero conocimiento de tu yerro.

--Pues ¿no es fregona? replicó el asturiano.

--Hasta ahora la tengo por ver fregar el primer plato.

--No importa, dijo Lope, no haberle visto fregar el primer plato, si le has visto fregar el segundo, y aun el centésimo.

--Yo te digo, hermano, replicó Tomas, que ella no friega ni entiende en otra cosa que en su labor, y en ser guarda de la plata labrada que hay en casa, que es mucha.

--Pues ¿cómo la llaman por toda la ciudad, dijo Lope, la Fregona ilustre, si es que no friega? mas sin duda debe de ser que como friega plata y no loza, le dan nombre de ilustre. Pero dejando esto aparte, díme, Tomas, ¿en qué estado están tus esperanzas?

--En el de perdicion, respondió Tomas, porque en todos estos dias que has estado preso, nunca la he podido hablar una palabra, y á muchas que los huéspedes le dicen, con ninguna otra cosa responde que con bajar los ojos y no desplegar los labios; tal es su honestidad y su recato, que no ménos enamora con su recogimiento que con su hermosura: lo que me trae alcanzado de paciencia, es saber que el hijo del corregidor, que es mozo brioso y algo atrevido, muere por ella, y la solicita con músicas, que pocas noches se pasan sin dársela, y tan al descubierto, que en lo que cantan la nombran, la alaban y la solenizan; pero ella no las oye, ni desde que anochece hasta la mañana no sale del aposento de su ama, escudo que no deja que me pase el corazon la dura saeta de los celos.

--Pues ¿qué piensas hacer con el imposible que se te ofrece en la conquista desta Porcia, desta Minerva y desta nueva Penélope, que en figura de doncella y de fregona te enamora, te acobarda y te desvanece?

--Haz la burla que de mí quisieres, amigo Lope, que yo sé que estoy enamorado del mas hermoso rostro que pudo formar naturaleza, y de la mas incomparable honestidad que ahora se puede usar en el mundo. Costanza se llama, y no Porcia, Minerva ó Penélope: en un meson sirve, que no lo puedo negar; pero ¿qué puedo yo hacer, si me parece que el destino con oculta fuerza me inclina, y la eleccion con claro discurso me mueve á que la adore? Mira, amigo, no sé como te diga, prosiguió Tomas, de la manera con que amor el bajo sugeto desta fregona (que tú llamas) me le encumbra y levanta tan alto, que viéndole no le vea, y conociéndole le desconozca: no es posible que, aunque lo procuro, pueda un breve término contemplar, si así se puede decir, en la bajeza de su estado, porque luego acuden á borrarme este pensamiento su belleza, su donaire, su sosiego, su honestidad y recogimiento, y me dan á entender que debajo de aquella rústica corteza debe de estar encerrada y escondida alguna mina de gran valor y de merecimiento grande: finalmente, sea lo que se fuere, yo la quiero bien, y no con aquel amor vulgar con que á otras he querido, sino con amor tan limpio, que no se estiende á mas que á servir y á procurar que ella me quiera, pagándome con honesta voluntad lo que á la mia tambien honesta se debe.

Á este punto dió una gran voz el asturiano, y como esclamando dijo:

--¡Oh amor platónico! ¡Oh fregona ilustre! ¡Oh felicísimos tiempos los nuestros, donde vemos que la belleza enamora sin malicia, la honestidad enciende sin que abrase, el donaire da gusto sin que incite, y la bajeza del estado humilde obliga y fuerza á que le suban sobre la rueda de la que llaman fortuna! ¡Oh pobres atunes mios, que os pasais este año sin ser visitados deste tan enamorado y aficionado vuestro! Pero el que viene, yo haré la enmienda de manera que no se quejen de mí los mayorales de las mis deseadas almadrabas.

Á esto dijo Tomas:

--Ya veo, asturiano, cuán al descubierto te burlas de mí; lo que podias hacer es irte norabuena á tu pesquería, que yo me quedaré en mi casa, y aquí me hallarás á la vuelta; si quisieres llevarte contigo el dinero que te toca, luego te lo daré, y vé en paz, y cada uno siga la senda por donde su destino le guiare.

--Por mas discreto te tenia, replicó Lope; y ¿tú no ves que lo que digo es burlando? pero ya que sé que tú hablas de veras, de veras te serviré en todo aquello que fuere de tu gusto: una cosa sola te pido en recompensa de las muchas que pienso hacer en tu servicio, y es que no me pongas en ocasion de que la Argüello me requiebre ni solicite, porque ántes romperé con tu amistad, que ponerme á peligro de tener la suya: vive Dios, amigo, que habla mas que un relator, y que le huele el aliento á rasuras desde una legua: todos los dientes de arriba son postizos, y tengo para mí que los cabellos son cabellera, y para adobar y suplir estas faltas, despues que me descubrió su mal pensamiento, ha dado en afeitarse con albayalde, y así se jalbega el rostro, que no parece sino mascaron de yeso puro.

--Todo eso es verdad, replicó Tomas, y no es tan mala la gallega que á mí me martiriza: lo que se podrá hacer es, que esta noche sola estés en la posada, y mañana comprarás el asno que dices y buscarás dónde estar, y así huirás los encuentros de la Argüello, y yo quedaré sujeto á los de la gallega y á los irreparables de los rayos de la vista de mi Costanza.

En esto se convinieron los dos amigos, y se fueron á la posada, adonde de la Argüello fué con muestra de mucho amor recebido el asturiano. Aquella noche hubo un baile á la puerta de la posada de muchos mozos de mulas, que en ella y en las convecinas habia. El que tocó la guitarra fué el asturiano: las bailadoras, amen de las dos gallegas y de la Argüello, fueron otras tres mozas de otra posada: juntáronse muchos embozados con mas deseo de ver á Costanza que el baile; pero ella no pareció ni salió á verle, con que dejó burlados muchos deseos.

De tal manera tocaba la guitarra Lope, que decian que la hacia hablar. Pidiéronle las mozas, y con mas ahinco la Argüello, que cantase algun romance: él dijo que como ellas le bailasen al modo como se canta y baila en las comedias, que le cantaria, y que para que no lo errasen, que hiciesen todo aquello que él dijese cantando, y no otra cosa.

Habia entre los mozos de mulas bailarines, y entre las mozas ni mas ni ménos. Mondó el pecho Lope escupiendo dos veces, en el cual tiempo pensó lo que diria, y como era de presto, fácil y lindo ingenio, con una felicísima corriente, de improviso comenzó á cantar desta manera.

Salga la hermosa Argüello Moza, una vez y no mas, Y haciendo una reverencia Dé dos pasos hácia atras.

De la mano la arrebate El que llaman Barrabas, Andaluz, mozo de mulas, Canónigo del compas.

De las dos mozas gallegas Que en esta posada están, Salga la mas carigorda, En cuerpo y sin devantal.

Engarráfela Torote, Y todos cuatro á la par Con mudanzas y meneos Den principio á un contrapas.

Todo lo que iba cantando el asturiano hicieron al pié de la letra ellos y ellas; mas cuando llegó á decir que diesen principio á un contrapas, respondió Barrabas, que así le llamaban por mal nombre al bailarin mozo de mulas:

--Hermano músico, mire lo que canta, y no moteje á nadie de mal vestido, porque aquí no hay nadie con trapos, y cada uno se viste como Dios le ayuda.

El huésped que oyó la ignorancia del mozo, le dijo:

--Hermano mozo, contrapas es un baile estranjero, y no motejo de mal vestidos.

--Si eso es, replicó el mozo, no hay para qué nos metan en dibujos: toquen sus zarabandas, chaconas y folías al uso, y escudillen como quisieren, que aquí hay personas que le sabrán llenar las medidas hasta el gollete.

El asturiano sin replicar palabra prosiguió su canto, diciendo:

Entren pues todas las ninfas Y los ninfos que han de entrar, Que el baile de la Chacona Es mas ancho que la mar.

Requieran las castañetas, Y bájense á refregar Las manos por esa arena, Ó tierra del muladar.

Todos lo han hecho muy bien, No tengo que les retar: Santígüense, y den al diablo Dos higas de su higueral.

Escupan al hideputa, Porque nos deje holgar, Puesto que de la Chacona Nunca se suele apartar.

Cambio el son, divina Argüello, Mas bella que un hospital, Pues eres mi nueva musa, Tu favor me quieras dar. _El baile de la Chacona_ _Encierra la vida bona._

Hállase allí el ejercicio Que la salud acomoda, Sacudiendo de los miembros Á la pereza poltrona.

Bulle la risa en el pecho De quien baila y de quien toca, Del que mira y del que escucha Baile y música sonora.

Vierten azogue los piés, Derrítese la persona, Y con gusto de sus dueños Las mulillas se descorchan.

El brio y la lijereza En los viejos se remoza, Y en los mancebos se ensalza Y sobre modo se entona. _El baile de la Chacona_ _Encierra la vida bona._

¡Qué de veces ha intentado Aquesta noble señora Con la alegre zarabanda, El pésame, y perra mora,

Entrarse por los resquicios De las casas religiosas, Á inquietar la honestidad Que en las santas celdas mora!

¡Cuántas fué vituperada De los mismos que la adoran! Porque imagina el lascivo, Y al que es necio se le antoja _Que el baile de la Chacona_ _Encierra la vida bona_.

Esta indiana amulatada, De quien la fama pregona Que ha hecho mas sacrilegios É insultos, que hizo Aroba:

Ésta, á quien es tributaria La turba de las fregonas, La caterva de los pajes, Y de lacayos las tropas,

Dice, jura, y no revienta, Que á pesar de la persona Del soberbio zambapalo, Ella es la flor de la olla;

Y que sola la Chacona _Encierra la vida bona_.

En tanto que Lope cantaba, se hacian rajas bailando la turbamulta de los mulantes y fregatrices del baile, que llegaban á doce; y en tanto que Lope se acomodaba á pasar adelante cantando otras cosas de mas tomo, sustancia y consideracion de las cantadas, uno de los muchos embozados que el baile miraban, dijo sin quitarse el embozo:

--Calla, borracho, calla cuero, calla odrina, poeta de viejo, músico falso.

Tras esto acudieron otros diciéndole tantas injurias y muecas, que Lope tuvo por bien de callar; pero los mozos de mulas lo tuvieron tan á mal, que si no fuera por el huésped que con buenas razones los sosegó, allí fuera la de Mazagatos, y aun con todo eso no dejaran de menear las manos, si á aquel instante no llegara la justicia y los hiciera recoger á todos.

Apénas se habian retirado, cuando llegó á los oidos de todos los que en el barrio despiertos estaban, una voz de un hombre que sentado sobre una piedra frontero de la posada del Sevillano, cantaba con tan maravillosa y suave armonía, que los dejó suspensos, y les obligó á que le escuchasen hasta el fin. Pero el que mas atento estuvo fué Tomas Pedro, como aquel á quien mas le tocaba, no solo el oir la música, sino entender la letra, que para él no fué oir canciones, sino cartas de escomunion que le congojaban el alma, porque lo que el músico cantó, fué este romance.

¿Dónde estás que no pareces, Esfera de la hermosura, Belleza á la vida humana De divina compostura?

Cielo impíreo, donde amor Tiene su estancia segura; Primer moble que arrebata Tras sí todas las venturas:

Lugar cristalino, donde Transparentes aguas puras Enfrian de amor las llamas, Las acrecientan y apuran:

Nuevo hermoso firmamento, Donde dos estrellas juntas Sin tomar la luz prestada Al cielo y al suelo alumbran:

Alegría, que se opone Á las tristezas confusas Del padre que da á sus hijos En su vientre sepultura.

Humildad, que se resiste De la alteza con que encumbran El gran Jove, á quien influye Su benignidad, que es mucha:

Red invisible y sutil, Que pone en prisiones duras Al adúltero guerrero Que de las batallas triunfa:

Cuarto cielo y sol segundo, Que el primero deja á escuras Cuando acaso deja verse, Que el verle es caso y ventura:

Grave embajador, que hablas Con tan estraña cordura, Que persuades callando Aun mas de lo que procuras:

Del segundo cielo tienes No mas que la hermosura, Y del primero no mas Que el resplandor de la luna:

Esta esfera sois, Costanza, Puesta por corta fortuna En lugar que por indigno Vuestras venturas deslumbra.

Fabricad vos vuestra suerte, Consintiendo se reduzca La entereza á trato al uso, La esquividad á blandura.

Con esto veréis, señora, Que envidian vuestra fortuna Las soberbias por linaje, Las grandes por hermosura.

Si quereis ahorrar camino, La mas rica y la mas pura Voluntad en mí os ofrezco, Que vió amor en alma alguna.

El acabar estos últimos versos y el llegar volando dos medios ladrillos, fué todo uno, que si como dieron junto á los piés del músico, le dieran en mitad de la cabeza, con facilidad le sacaran de los cascos la música y la poesía. Asombróse el pobre, y dió á correr por aquella cuesta arriba con tanta priesa, que no alcanzara un galgo: ¡infelice estado de los músicos, murciélagos y lechuzos, siempre sujetos á semejantes lluvias y desmanes! Á todos los que escuchado habian la voz del apedreado, les pareció bien; pero á quien mejor, fué á Tomas Pedro, que admiró la voz y el romance: mas quisiera él que de otra que Costanza naciera la ocasion de tantas músicas, puesto que á sus oidos jamas llegó ninguna.

Contrario deste parecer fué Barrabas, el mozo de mulas, que tambien estuvo atento á la música, porque así como vió huir al músico, dijo:

--Allá irás, mentecato, trovador de Júdas, que pulgas te coman los ojos; y ¿quién diablos te enseñó á cantar á una fregona cosas de esferas y de cielos, llamándola lúnes, mártes y ruedas de fortuna? Dijérasla, noramala para tí y para quien le hubiera parecido bien tu trova, que es tiesa como un espárrago, entonada como un plumaje, blanca como una leche, honesta como un fraile novicio, melindrosa y zahareña como una mula de alquiler, y mas dura que un pedazo de argamasa; que como esto le dijeras, ella lo entendiera, y se holgara; pero llamarla embajador, y red, y moble, y alteza, y bajeza, mas es para decirlo á un niño de la doctrina, que á una fregona: verdaderamente que hay poetas en el mundo, que escriben trovas que no hay diablo que las entienda; yo á lo ménos aunque soy Barrabas, estas que ha cantado este músico, de ninguna manera las entiendo: miren qué hará Costancica; pero ella lo hace mejor, que se está en su cama haciendo burla del mismo Preste Juan de las Indias: este músico á lo ménos no es de los del hijo del corregidor, que aquellos son muchos, y una vez que otra se dejan entender; pero este, voto á tal, que me deja mohino.

Todos los que escucharon á Barrabas recibieron gran gusto, y tuvieron su censura y parecer por muy acertado.

Con esto se acostaron todos, y apénas estaba sosegada la gente, cuando sintió Lope que llamaban á la puerta de su aposento muy paso; y preguntando quién llama, fuéle respondido con voz baja:

--La Argüello y la gallega somos, ábranos, que nos morimos de frio.

--Pues en verdad, respondió Lope, que estamos en la mitad de los caniculares.

--Déjate de gracias, Lope, replicó la gallega, levántate y abre, que venimos hechas unas archiduquesas.

--¿Archiduquesas, y á tal hora? respondió Lope: no creo en ellas, ántes entiendo que sois brujas, ó unas grandísimas bellacas: idos de ahí luego, si no, por vida de... hago juramento, que si me levanto, que con los hierros de mi pretina os tengo de poner las posaderas como unas amapolas.

Ellas que se vieron responder tan acerbamente y tan fuera de aquello que primero se imaginaron, temieron la furia del asturiano, y defraudadas sus esperanzas y borrados sus designios se volvieron tristes y malaventuradas á sus lechos: aunque ántes de apartarse de la puerta, dijo la Argüello, poniendo los hocicos por el agujero de la llave:

--No es la miel para la boca del asno.

Y con esto, como si hubiera dicho una gran sentencia, y tomado una justa venganza, se volvió como se ha dicho á su triste cama.

Lope, que sintió que se habian vuelto, dijo á Tomas Pedro que estaba despierto:

--Mirad, Tomas, ponedme vos á pelear con dos gigantes, y en ocasion que me sea forzoso desquijarar por vuestro servicio media docena ó una de leones, que yo lo haré con mas facilidad que beber una taza de vino; pero que me pongais en necesidad, que me tome á brazo partido con la Argüello, no lo consentiré si me asaetean: mirad qué doncellas de Dinamarca nos habia ofrecido la suerte esta noche. Ahora bien, amanecerá Dios, y medraremos.

--Ya te he dicho, amigo, respondió Tomas, que puedes hacer tu gusto, ó ya en irte á tu romería, ó ya en comprar el asno, y hacerte aguador como tienes determinado.

--En lo de ser aguador me afirmo, respondió Lope, y durmamos lo poco que queda hasta venir el dia, que tengo esta cabeza mayor que una cuba, y no estoy para ponerme ahora á departir contigo.

Durmiéronse, vino el dia, levantáronse, y acudió Tomas á dar cebada, y Lope se fué al mercado de las bestias, que es allí junto, á comprar un asno que fuese tal como bueno.

Sucedió pues que Tomas, llevado de sus pensamientos, y de la comodidad que le daba la soledad de las fiestas, habia compuesto en algunas unos versos amorosos, y escrítolos en el mismo libro do tenia la cuenta de la cebada, con intencion de sacarlos aparte en limpio, y romper ó borrar aquellas hojas; pero ántes que esto hiciese, estando él fuera de casa, habiéndose dejado el libro sobre el cajon de la cebada, le tomó su amo, y abriéndole para ver cómo estaba la cuenta, dió con los versos, que leidos le turbaron y sobresaltaron.

Fuése con ellos á su mujer, y ántes que se los leyese, llamó á Costanza, y con grandes encarecimientos mezclados con amenazas, le dijo le dijese si Tomas Pedro el mozo de la cebada le habia dicho algun requiebro, ó alguna palabra descompuesta ó que diese indicio de tenerla aficion. Costanza juró que la primera palabra en aquella ó en otra materia alguna estaba aun por hablarla, y que jamas ni aun con los ojos le habia dado muestras de pensamiento malo alguno.

Creyéronla sus amos por estar acostumbrados á oirla siempre decir verdad en todo cuanto le preguntaban. Dijéronla que se fuese de allí, y el huésped dijo á su mujer:

--No sé qué me diga desto; habréis de saber, señora, que Tomas tiene escritas en este libro de la cebada unas coplas, que me ponen mala espina que está enamorado de Costancica.

--Veamos las coplas, respondió la mujer, que yo os diré lo que en eso debe de haber.

--Así será, sin duda alguna, replicó su marido, que como sois poeta, luego daréis en su sentido.

--No soy poeta, respondió la mujer, pero ya sabeis vos que tengo buen entendimiento, y que sé rezar en latin las cuatro oraciones.

--Mejor haríades de rezallas en romance, que ya os dijo vuestro tio el clérigo que decíades mil gazafatones cuando rezábades en latin, y que no rezábades nada.

--Esa flecha, de la aljaba de su sobrina ha salido, que está envidiosa de verme tomar las horas de latin en la mano, y irme por ellas como por viña vendimiada.

--Sea como vos quisiéredes, respondió el huésped, estad atenta, que las coplas son estas.

¿Quién de amor venturas halla? El que calla. ¿Quién triunfa de su aspereza? La firmeza. ¿Quién da alcance á su alegría? La porfía. Dese modo bien podria Esperar dichosa palma, Si en esta empresa mi alma Calla, está firme, y porfía.

¿Con qué se sustenta amor? Con favor. ¿Y con qué mengua su furia? Con la injuria. ¿Antes con desdenes crece? Desfallece. Claro en esto se parece Que mi amor será inmortal; Pues la causa de mi mal Ni injuria ni favorece.

Quien desespera ¿qué espera? Muerte entera. Pues ¿qué muerte el mal remedia? La que es media. Luego ¿bien será morir? Mejor sufrir; Porque se suele decir, (Y esta verdad se reciba): Que tras la tormenta esquiva Suele la calma venir.