Part 3
La moral de Hostos carece de sanción ultraterrena. ¿Por qué? Porque Hostos imagina: «ni la razón ni la conciencia necesitan para la práctica del deber y para la busca reflexiva del bien, de otros estímulos que la excelsa dignidad del bien y del deber». Debemos esclavizarnos á la Moral, no por el menguado utilitarismo de Franklin, sino por una superior y desinteresada conveniencia. En su _Tratado de Sociología_ indica el maestro que las muchedumbres son incapaces de comprender que los fines religiosos y morales son fines de bien social y que, por tanto, «son dependientes, estrictamente dependientes, de la Moral y de los fines morales de la vida humana».
Carece también la moral de Hostos de fundamento metafísico: es de orden natural. «La Moral—dice—no se funda más que en realidades naturales, y no se nos impone ni gobierna la conciencia sino en cuanto sus preceptos se fundan en realidades naturales.»
Para comprender esto bien es necesario descubrir la esencia íntima de la moral hostosiana, que se basa en una armónica relación preexistente entre el hombre y la Naturaleza, de la que aquél es parte integrante.
Descubrimos un orden en la Naturaleza, euritmia ú orden natural, que la conciencia humana es capaz de comprender y comprende. Ahora bien: «la Sociedad es un aspecto de la Naturaleza», luego es de orden natural, y como el hombre es componente de la Sociedad, no puede salirse tampoco de ese orden: existe, pues, una relación de la Sociedad con el hombre y del hombre con la Naturaleza.
Esas relaciones se rigen: una por la moral individual; otra por la moral social. Pero el universo moral, como conexo con el hombre, que es producto de la Naturaleza, resulta de orden natural y obedece á leyes naturales. «Estamos ligados por nuestro organismo corporal—dice Hostos— con la Naturaleza de que es parte, y de ese vínculo natural entre todo y parte se derivan las relaciones de la moral natural. Nos relaciona de un modo más inmaterial con nuestros organismos intelectivo, volitivo y afectivo la que llamamos naturaleza moral ó humana, y en todas las relaciones de ese orden se funda la moral individual...»
De una serie de relaciones con la naturaleza social nace la moral social.
Pero social, individual ó natural, esta moral humana es un acorde del concierto cósmico.
La Moral, es decir, la armonía, el orden del sér consciente, está dentro de la Naturaleza y obedece á leyes naturales como la armonía del cosmos, de la que es correlativa.
El cumplimiento del deber le parece al moralista americano una nota estética, y por ello grata en sí y de delicioso cumplimiento. Considera el deber como una deducción espontánea de cuantas relaciones nos ligan con el mundo externo, con el mundo interno y con el mundo social. Existe para el hombre un deber máximo: el deber de los deberes, que “consiste en cumplirlos todos, cualquiera que sea su carácter, cualquiera el momento en que se presente á activar nuestros impulsos ó á despertar nuestra pereza, ó á convencer nuestra razón, ó á pedir su fallo á la conciencia”.
Tan alto y tan noble resplandece el apóstol de esta doctrina, tan desligado del polvo se cierne en los espacios abiertos su generoso espíritu, que esa misma nobleza inigualable y esa misma altitud inalcanzable son el mayor reparo que pudiera oponerse á la ética hostosiana.
Esta ética, en efecto, parece concebida para un mundo mejor; para un mundo de humanidad más fácilmente perfectible. Pero el hombre que conocemos, desde el cavernícola hasta Platón, ha necesitado siempre para la busca del bien y el cumplimiento del deber, de estímulos más eficaces que la exclusiva dignidad del deber y del bien.
El hombre no es bueno ni acaso lo sea nunca; lo confirma la Historia.
La barbarie desencadenada en Europa con motivo de la guerra de 1914, los asesinatos en masa, la destrucción de catedrales, el incendio de bibliotecas, el empeño de unos pueblos en destruir naciones enteras y aniquilar razas íntegras, porque estas razas y estas naciones demoran más allá del Danubio ó los Vosgos, todas las crueldades inútiles y sistemáticas que han quitado á Europa el derecho de llamar bárbaro á ningún pueblo contemporáneo, prueban que ni la Filosofía, ni la Ciencia, ni el Arte, ni largos paréntesis de cultura pacífica logran desterrar por completo la parte de bestia que hay en el hombre. Á la primera ocasión propicia la bestia resurge triunfante y feroz.
El hombre no es bueno ni acaso lo sea nunca: lo confirma la Ciencia. El biólogo Ramón y Cajal, apoyándose en Weisman, expone recientemente que “ninguna de las adaptaciones culturales y sociales del hombre se ha transmitido todavía á las células germinales ni ha adquirido, por tanto, carácter hereditario”. El célebre biólogo arriba á muy pesimista conclusión: “por imposición fatal de la inercia nerviosa, nuestros descendientes serán tan perversos como nosotros... Nadie ha logrado suprimir ó corregir nada de esas células nerviosas, portadoras de instintos crueles, legado de la más remota animalidad y creados durante períodos geológicos de rudo batallar contra la vida ajena”...
VIII
HOSTOS, SOCIÓLOGO
Como sociólogo es también Hostos un pensador original. No olvidemos, sin embargo, al decir original, la diferencia que existe entre la originalidad creadora en Arte y la originalidad compatible con la Ciencia.
El arte, que es todo emoción y traduce por medio de la hermosura concreta las vibraciones de un temperamento ante el espectáculo de la Naturaleza y en el roce con la vida, puede alcanzar en la expresión un grado máximo de originalidad, aunque dentro de ciertos límites. Todo artista de raza tiende á ser original, personal, inconfundible. La uniformidad es obra del hombre que sabe imitar siempre y pocas veces crea. La Naturaleza no obra así: ella es varia, multiforme, creadora, original por excelencia. Aun dentro de lo genérico pone sello especial: dos rostros, dos ríos, dos hojas no se asemejan casi nunca; son originales.
El campo de la originalidad científica es estrecho. Siendo la Ciencia una acumulación de experiencia, la originalidad del científico sólo consiste en arrojar nuevas luces sobre un punto conocido y estudiado, ó bien en realizar experiencias nuevas y nuevos descubrimientos. Galileo, Newton, son hombres de ciencia originales, porque descubrieron verdades científicas desconocidas hasta ellos. Colón también lo es. Y si entramos en el terreno de las especulaciones filosóficas, encontramos que Kant, por ejemplo, no es menos original que Colón, que Newton y que Galileo. Su originalidad consiste en la potencia cerebral, en la fuerza razonadora, en que arroja nuevas luces sobre viejos problemas, en que desde su observatorio se divisa un campo más vasto que desde el observatorio de otros pensadores que lo precedieron.
La originalidad de Hostos como sociólogo consiste en que, no contento con repetir á sus antecesores, aunque valiéndose del depósito de experiencias legado, estudió por sí las sociedades que tuvo á la vista, estudió las sociedades históricas, y de su estudio sacó en limpio verdades generales nuevas. Por lo menos sus verdades tienen mucho de la verdad. Por ello Hostos pertenece, aunque hasta ahora no se le haya reconocido así, á la egregia minoría de pensadores primarios.
Desde que los antiguos estudios morales y políticos empezaron á ser clasificados, según las palabras de Comte, “como las ciencias positivas”, procedióse á establecer sus bases y á darles, por consiguiente, carácter científico. Es decir: se principió á convertir aquellos estudios morales y políticos, de carácter metafísico, ó, si se quiere, filosófico, en estudios experimentales, en ciencia social, en Sociología.
De entonces acá muchos pensadores potentes han contribuído con luces personales y personales observaciones á fundar, desarrollar—no quiero decir fijar—la Sociología. Se ha caminado poco á poco; pero adelantando. Cada pensador ha contribuído con su piedra al edificio. Muchas de estas piedras han rodado por tierra, faltas de adaptación ó difíciles de asentar, ó por deleznables se desmigajaron con la presión. Pero otros pensadores vinieron después y la obra continúa sin interrumpirse.
Quetelet ve desmoronarse sus piedras estadísticas; Lilienfeld, sus piedras biológicas; Stein, Carey, sus piedras de economistas. Todos por exclusivismo y unilateralismo de ideas. Pero ellos y cien otros han contribuído, con más ó menos felicidad, á la fabricación del edificio. Y los más eficaces arquitectos son aquellos que, como Spencer, gracias á una mentalidad superior y á un objetivismo riguroso, carentes de prejuicios, ú olvidándolos, sistematizan y concretan en leyes generales observaciones directas, confirmadas una y cien veces, pasadas por todos los crisoles.
Hostos, juntando lo aprendido en los libros con lo aprendido en la experiencia, las teorías ajenas y las observaciones personales, los conocimientos adquiridos y las ideas propias, lo que heredó de sus antecesores y lo que obtuvo por sí mismo, llega á establecer una sociología con caracteres novedosos, interesantes y fundamentos sólidos.
Desde 1880, más ó menos, es decir, antes que la mayor parte de los sociólogos de nombradía en Europa y Estados Unidos, antes que el alemán Bastian, antes que el inglés Summer Maine, antes que el francés Le Bon, antes que el italiano Asturaro, antes que el yanqui Ward, Eugenio María de Hostos, en nuestra distante América, ya había formulado todo un sistema que, andando el tiempo, reafirmó con observaciones propias y ajenas[3].
Footnote 3:
Algunas obras de Bastian son anteriores á 1880; otras no. De este número son _Die Vorgeschichte der Ethnologie_ (1880), _Grundzüge der Ethnologie_, 1884, etc. Los demás autores han publicado sus principales obras después. La fijación de fechas es, como todos sabemos, capital para el estudio de los autores, ya sean hombres de letras, ya hombres de ciencia; lo mismo que para el estudio de sus obras.
La esencia de la filosofía social de Hostos surge tan majestuosa como la audacia del edificio de ideas que erige este pensador.
Por los fenómenos generales de la vida social se advierte un orden á que obedecen las sociedades. Este orden no puede existir sin leyes que lo fundamenten: esas leyes son las leyes naturales de la sociedad.
Como ha observado y comprendido Hostos la actividad funcional del sér social en cinco géneros de fenómenos, las leyes naturales de la sociedad deben de corresponder á esas cinco actividades genéricas de la clasificación hostosiana.
Así es, en efecto.
Estas leyes funcionales se denominan: Ley de Trabajo, Ley de Libertad, Ley de Progreso, Ley de Civilización ó de Ideal y Ley de Conservación. Pero además de esas cinco leyes funcionales existen las dos leyes generales que él nombra: Ley de la Sociabilidad y Ley de los Medios.
Veamos en qué consiste la ley de Sociabilidad.
Producto de la asociación de dos seres, el hombre en ninguna época de su vida puede desarrollarse y prosperar sino en asociación de otros seres. Lo que ocurre al individuo ocurre también al grupo, desde el primer grupo constituído á causa de las necesidades y debilidades individuales, la Familia, pasando por el Municipio y la Provincia, hasta la Nación. Al través de todas las escalas evolutivas—desde la tribu hasta el Estado internacional—, la Sociabilidad “es una ley natural á que obedecen todos los seres de razón”. Hostos la define como “la constitución natural de las sociedades humanas”.
La otra ley general, la de los Medios, no resulta menos constante y eficiente. He aquí cómo la enuncia: “toda fuerza social, al pasar de un medio á otro, se quebranta”. Esta alteración de fuerza social puede producirse en sentido de más ó en sentido de menos: en sentido de más, cuando la traslación se efectúa en ciertas condiciones favorables; en sentido de menos, cuando ocurre lo contrario. En resumen: “el cambio de los medios modifica la efectividad de los agentes”; y, por tanto, no se puede esperar que se produzca el mismo fenómeno social en distintas latitudes, en distintos tiempos de la Historia, ni en distintos estados de la sociedad, ni aun en el mismo tiempo en distinto estado ni aun en el mismo estado en distinto tiempo.
En cuanto á las cinco leyes funcionales ú orgánicas, no habría funciones sociales sin leyes sociales que preestablecieran el método necesario á la finalidad de esas funciones de orden colectivo.
Por lo demás, las siete leyes naturales que él ha descubierto servirán á futuros exploradores para dar un nuevo fundamento científico á las indagaciones de carácter sociológico.
Parece, á primera vista, que Hostos incurriera en contradicción entre su doctrina de sociólogo y su doctrina de moralista. Como sociólogo, en efecto, descubre leyes fatales, contra las que no puede el hombre insurgirse; mientras que como filósofo moralista predica la exaltación de la conciencia para la dignificación de la vida humana.
Tenemos, pues, de un lado al hombre considerado como juguete de leyes fatales, cogido en un engranaje potente de que no puede librarse, y de otro lado tenemos que se preconiza la eficacia de la educación, el acrecentamiento de la inteligencia y la exaltación de la conciencia para que (el hombre) cumpla mejor su finalidad en el mundo. Pero la contradicción resulta aparente si se recuerda que, según la ideología hostosiana, el hombre, supeditado siempre á la sociedad, tiende fatalmente hacia el bien, como la sociedad, supeditada á la euritmia del Universo, tiende fatalmente hacia el orden.
Así, pues, el hombre puede cumplir mejor su destino comprendiendo, gracias á un grado superior de inteligencia y de conciencia, el determinismo á que obedece.
Hay una parte de la sociología de Hostos interesantísima de por sí, é interesantísima principalmente para los hispano-americanos, por cuanto las sociedades americanas sirven allí de materia de estudio y como ejemplo ilustrativo. Se trata de la sociopatía hostosiana ó tratado de enfermedades sociales.
Siguiendo el concepto de que la sociedad es un organismo, apunta que todo sér tiene, desde su nacimiento, que morir ó desarrollarse y vivir. Pero en la vida social, como en la vida animal, suelen ocurrir enfermedades. Estas enfermedades sociales pueden algunas ser congénitas y hereditarias; otras proceden de inadecuación del medio. El desconcierto económico, el desorden jurídico, el raquitismo moral, que ya por sí son males, engendran perturbaciones de linaje diverso.
Hostos disocia y estudia con su innata sagacidad filosófica múltiples desequilibrios sociales, desde los de carácter económico, carácter jurídico y carácter intelectual, hasta los de origen moral y los de índole mesológica. Expositor de innúmeras perturbaciones que aquejan al organismo colectivo, Hostos formula preceptos de higiene y promulga nociones de terapéutica social.
Así, pues, Hostos resulta el primer pensador que ha descubierto y divulga la posible eficacia de una terapéutica social.
Observa y estudia en las sociedades modernas enfermedades económicas, enfermedades jurídicas y enfermedades morales. Especifica la exacerbación del sentimiento religioso, el neurosismo social, las pasiones políticas, el anarquismo, y apunta cómo pueden prevenirse y aun curarse esas y otras dolencias.
Pero circunscribiendo aquí las observaciones del sabio á lo que más inmediatamente atañe á los pueblos de Hispano-América, advertimos que Hostos encuentra en ellos, mayormente en algunos de la región intertropical, caracteres patogénicos, como la anemia fisiológica y el sensualismo satiríaco; y en todos, “porque entre tantas sociedades infantiles ni una sola nació con salud”, el espíritu de imitación, la ineficacia del derecho, el politiqueo, el militareo y el revolucionismo.
La mayor parte de sus observaciones son directas; hechas por él, concienzudamente, en pueblos americanos que conoce y estudia. En vano se buscarían páginas extranjeras que reemplacen, desde el punto de vista científico americano, á las del sociólogo de Puerto-Rico. “Los Estados de origen español—asienta—siguen siendo casos de sociopatía.”
El politiqueo, que es la única, por desgracia, de las enfermedades de la sociedad americana á que dedica análisis de alguna extensión, lo define así: «El politiqueo es simple y sencillamente la costumbre de chismear llevada á los asuntos de carácter público.» Y como esas sociedades americanas se han desarrollado tradicionalmente desde los días de Colón, fuera del Derecho, agrega: “Para arraigar esa mala costumbre (_de politiquear en vez de establecer y seguir una política_) en los negocios del Estado, no tenían que hacer ningún esfuerzo de voluntad ni de razón, y de la noche á la mañana aparecieron las gentes políticas de estos países como maestros consumados en el arte de la falsía, del embrollo y de la intriga.” “La ignorancia de todos sirve perfectamente al encumbramiento de los pocos que se dedican á embrollarlo todo, con el objeto de ser ellos los árbitros de la vida general.” Y termina su exposición de patología política hispano-americana con estas terribles palabras: “La función del Derecho (en tales pueblos) no puede en ninguna manera ser regular. Esta irregularidad constituye la más peligrosa de las enfermedades jurídicas que pueden sufrir las sociedades humanas.”
Otra de las excelencias de la concepción hostosiana de la Sociología consiste en que equidista de la teoría “individualista”, que pospone la sociedad al hombre, y de la teoría “socialista”, que anula el factor hombre en provecho de la sociedad. Hostos, en efecto, armoniza ambos extremos en una teoría sociocrática como la de Comte, reconociendo la doble influencia de la sociedad sobre el individuo y del individuo sobre la sociedad.
Esta teoría, que él llama orgánica, piensa Hostos que va mucho más lejos que la de Comte en reconocer la influencia social del elemento individual. Según esta teoría de Hostos, “la Sociedad es una ley á que el hombre nace sometido por la Naturaleza, á cuyos preceptos está obligado á vivir sometido; en tal modo, que mejorando á cada paso su existencia, contribuye á desarrollar y mejorar la de la Sociedad”. Sin el individuo no existe la sociedad; sin la sociedad no existe el individuo. La dependencia es mutua. Sin embargo, este balance no existe sino en apariencia; la reciprocidad no es de idéntica entidad: el hombre, en la teoría de Hostos y á pesar de lo que Hostos piensa, queda supeditado á la sociedad.
La esencia de la sociología hostosiana se interna, lo propio que la esencia de la ética del mismo sabio, en regiones superiores del pensamiento desde las cuales descubre—lo hemos dicho y repetido—una armonía preexistente entre los fenómenos cósmicos y los fenómenos sociales, como obedientes unos y otros á indefectibles leyes de la Naturaleza.
Las ideas de Hostos, en este punto básico de su sistema sociológico no son, como se supondrá, mera divagación inútil ni desvarío de idealista.
Cree—repitámoslo por centésima vez—que existe una estrecha y armónica relación entre los hechos socióticos y los cósmicos; cree que la Sociedad es un aspecto particular de la naturaleza, un fenómeno de orden natural, y que estando la Naturaleza sometida á leyes, la Sociedad no puede no estarlo. Esas leyes á que obedecen las sociedades, leyes que el genio de Hostos descubre y fija, sirven de hilo conductor á buena parte de la sociología hostosiana. Ya las conocemos.
Al pensador colombiano Carlos Arturo Torres toca el honor de haber insinuado, aunque dubitativamente, que los estudios de Derecho, de Educación, de Moral, de Historia á los cuales dedicó Eugenio María de Hostos su actividad pueden considerarse—como las obras varias que precedieron á la Sociología de Spencer—partes componentes de la hermosa construcción sociológica á que el pequeño y magnífico _Tratado de Sociología_ sirve de remate.
Descubriendo y comprendiendo la unidad de esa obra y la unidad de esa vida resultan ambas más grandes; resultan del tamaño que son.
IX
HOSTOS, TRATADISTA DE DERECHO CONSTITUCIONAL
Tratadista de Derecho constitucional, Hostos, que siempre abrió por donde anduvo su propia vía, sepárase en muchos puntos de sus antecesores y expone maneras de ver personales y novísimas respecto á las funciones del poder, la distribución de la soberanía, la organización de la función electoral, etc., etc.
Vincula la soberanía en la sociedad.
La sociedad es un organismo natural, compuesto de órganos que realizan funciones indispensables á la vida del todo.
Esto no es tan rigurosamente cierto como Hostos imagina, pues los órganos secundarios pueden ser necesarios para el mejor funcionamiento del cuerpo social, pero no todos igualmente indispensables para la existencia de éste. La idea de confundir una sociedad con un organismo es además demasiado simplista. Tal idea encuéntrase difundida por eso, por simplista, no por exacta.
Pero limitémonos, en vez de criticar, á exponer las teorías del maestro. «Ningún obstáculo presenta la razón á que reservemos el nombre de soberanía al poder social, y á que demos á la capacidad del municipio y la provincia el nombre de poder. Entonces tendremos poder municipal, poder provincial y poder nacional, para designar la suma de capacidades de cada uno de esos órganos sociales; y soberanía social para indicar la suma expresión de poder, de fuerza dispositiva de la sociedad en sus actos como actividad completa que abarca todos las demás actividades.»
La organización de la función electoral lo preocupa. Analiza y critica la actual organización.
La primera función efectiva del poder de la sociedad es el sufragio. Hostos pregona que no debe prescindirse de las minorías, como hasta ahora, porque «el menor número, no por ser menor deja de ser un componente efectivo de todo soberano». El menor número puede ser el derecho y la razón. Del sistema representativo deriva Hostos lógicamente el derecho de las minorías. «Todo lo dicho—agrega—en contra del sufragio femenino está dicho en contra de la razón y la equidad. Desgraciadamente, todo lo dicho en pro, dicho ha sido en pro de la sinrazón y la discordia.»
La función electoral «es igual, en cuanto á su fin, á las demás funciones del poder; pero superior en jerarquía, en cuanto es anterior á toda otra y necesaria para toda otra». Esa función es para el individuo un derecho y un deber. Acogiendo la idea boliviana del Poder Electoral, Hostos instituye un Electorado, órgano de la función electoral. Preceptúa con detenimiento el principio del Poder Electoral, ó Electorado, á fin de que se ponga por obra con éxito; y aplaude, como un rasgo de genio del Libertador, la creación de ese poder ó la idea de crearlo.
«Bolívar—dice—, á quien para ser más brillante que todos los hombres de espada, antiguos y modernos, sólo faltó escenario más conocido; y á quien para ser un organizador sólo faltó una sociedad más coherente, concibió una noción del poder público más completa y más exacta que todas las practicadas por los anglo-sajones de ambos mundos, ó propuestas por tratadistas latinos ó germánicos. En su acariciado proyecto de Constitución para Bolivia dividió el Poder en cuatro ramas: las tres ya conocidas por el Derecho público, y la _electoral_. En realidad, fué el único que completó á Montesquieu, pues agregó á la noción del filósofo político de Francia lo que efectivamente le faltaba.»
El Electorado de Hostos sería electivo y alternativo. Habría un Electorado municipal, un Electorado provincial y un Electorado nacional. Su nombre indica su objeto. Señala Hostos la manera de ser elegidos estos cuerpos, su duración, sus atribuciones, sus responsabilidades.
Es un proyecto audaz expuesto en páginas nervudas.