Luces de Bohemia: Esperpento

Part 3

Chapter 33,924 wordsPublic domain

Amigo Dorio, tengo alguna costumbre de estas cañas y lanzas del ingenio. Son las justas del periodismo. No me refiero al periodismo de ahora. Con Silvela he discreteado en un banquete, cuando me premiaron en los Juegos Florales de Málaga la Bella. Narciso Díaz, aún recordaba poco hace aquel torneo en una crónica de _El Heraldo_. Una crónica deliciosa, como todas las suyas, y reconocía que no había yo llevado la peor parte. Citaba mi definición del periodismo. ¿Ustedes la conocen? Se la diré, sin embargo. El periodista es el plumífero parlamentario. El Congreso es una gran redacción, y cada redacción un pequeño Congreso. El periodismo es travesura, lo mismo que la política. Son el mismo círculo en diferentes espacios. Teosóficamente podría explicárselo a ustedes, si estuviesen ustedes iniciados en la noble Doctrina del Karma.

DORIO DE GÁDEX

Nosotros no estamos iniciados, pero quien chanela algo es Don Latino.

DON LATINO

¡Más que algo, niño, más que algo! Ustedes no conocen la cabalatrina de mi seudónimo: Soy Latino por las aguas del bautismo: Soy Latino por mi nacimiento en la bética Hispalis, y Latino por dar mis murgas en el Barrio Latino de París. Latino, en lectura cabalística, se resuelve en una de las palabras mágicas: Onital. Usted, Don Filiberto, también toca algo en el magismo y la cábala.

DON FILIBERTO

No confundamos. Eso es muy serio, Don Latino. ¡Yo soy teósofo!

DON LATINO

¡Yo no sé lo que soy!

DON FILIBERTO

Lo creo.

DORIO DE GÁDEX

Un golfo madrileño.

DON LATINO

Dorio, no malgastes el ingenio, que todo se acaba. Entre amigos basta con sacar la petaca, se queda mejor. ¡Vaya, dame un pito!

DORIO DE GÁDEX

No fumo.

DON FILIBERTO

¡Otro vicio tendrá usted!

DORIO DE GÁDEX

Estupro criadas.

DON FILIBERTO

¿Es agradable?

DORIO DE GÁDEX

Tiene sus encantos, Don Filiberto.

DON FILIBERTO

¿Será usted padre innúmero?

DORIO DE GÁDEX

Las hago abortar.

DON FILIBERTO

¡También infanticida!

PÉREZ

Un cajón de sastre.

DORIO DE GÁDEX

¡Pérez, no metas la pata! Don Filiberto, un servidor es neo-maltusiano.

DON FILIBERTO

¿Lo pone usted en las tarjetas?

DORIO DE GÁDEX

Y tengo un anuncio luminoso en casa.

DON LATINO

Y así, revertiéndonos la olla vacía, los españoles nos consolamos del hambre y de los malos gobernantes.

DORIO DE GÁDEX

Y de los malos cómicos, y de las malas comedias, y del servicio de tranvías, y del adoquinado.

PÉREZ

¡Eres un iconoclasta!

DORIO DE GÁDEX

Pérez, escucha respetuosamente y calla.

DON FILIBERTO

En España podrá faltar el pan, pero el ingenio y el buen humor no se acaban.

DORIO DE GÁDEX

¿Sabe usted quién es nuestro primer humorista, Don Filiberto?

DON FILIBERTO

Ustedes los iconoclastas dirán, quizá, que Don Miguel de Unamuno.

DORIO DE GÁDEX

¡No, señor! El primer humorista es Don Alfonso XIII.

DON FILIBERTO

Tiene la viveza madrileña y borbónica.

DORIO DE GÁDEX

El primer humorista, Don Filiberto. ¡El primero! Don Alfonso ha batido el récord haciendo presidente del Consejo a García Prieto.

DON FILIBERTO

Aquí, joven amigo, no se pueden proferir esas blasfemias. Nuestro periódico sale inspirado por Don Manuel García Prieto. Reconozco que no es un hombre brillante, que no es un orador, pero es un político serio. En fin, volvamos al caso de nuestro amigo Mala Estrella. Yo podría telefonear a la secretaría particular del Ministro: Está en ella un muchacho que hizo aquí tribunales. Voy a pedir comunicación. ¡Válgame un santo de palo! Mala Estrella es uno de los maestros, y merece alguna consideración. ¿Qué dejan esos caballeros para los chulos y los guapos? ¡La gentuza de navaja! ¿Mala Estrella se hallaría como de costumbre?...

DON LATINO

Iluminado.

DON FILIBERTO

¡Es deplorable!

DON LATINO

Hoy no pasaba de lo justo. Yo le acompañaba. ¡Cuente usted! ¡Amigos desde París! ¿Usted conoce París? Yo fui a París con la Reina Doña Isabel. Escribí entonces en defensa de la Señora. Traduje algunos libros para la Casa Garnier. Fui redactor financiero de _La Lira Hispano-Americana_: ¡Una gran revista! Y siempre mi seudónimo Latino de Hispalis.

_Suena el timbre del teléfono. Don Filiberto, el periodista calvo y catarroso, el hombre lógico y mítico de todas las redacciones, pide comunicación con el Ministerio de Gobernación, Secretaría Particular. Hay un silencio. Luego murmullos, leves risas, algún chiste en voz baja. Dorio de Gádex se sienta en el sillón del Director, pone sobre la mesa sus botas rotas y lanza un suspiro._

DORIO DE GÁDEX

Voy a escribir el artículo de fondo, glosando el discurso de nuestro jefe: «¡Todas las fuerzas vivas del país están muertas!», exclamaba aun ayer en un magnífico arranque oratorio nuestro amigo el ilustre Marqués de Alhucemas. Y la Cámara, completamente subyugada, aplaudía la profundidad del concepto, no más profundo que aquel otro: «Ya se van alejando los escollos». Todos los cuales se resumen en el supremo apostrofe: «Santiago y abre España, a la libertad y al progreso».

_Don Filiberto suelta la trompetilla del teléfono, y viene al centro de la sala, cubriéndose la calva con las manos amarillas y entintadas: ¡Manos de esqueleto memorialista en el día bíblico del Juicio Final!_

DON FILIBERTO

¡Esa broma es intolerable! ¡Baje usted los pies! ¡Dónde se ha visto igual grosería!

DORIO DE GÁDEX

En el Senado Yanqui.

DON FILIBERTO

¡Me ha llenado usted la carpeta de tierra!

DORIO DE GÁDEX

Es mi lección de filosofía. ¡Polvo eres, y en polvo te convertirás!

DON FILIBERTO

¡Ni siquiera sabe usted decirlo en latín! ¡Son ustedes unos niños procaces!...

CLARINITO

Don Filiberto, nosotros no hemos faltado.

DON FILIBERTO

Ustedes han celebrado la gracia, y la risa en este caso es otra procacidad. ¡La risa de lo que está muy por encima de ustedes! Para ustedes no hay nada respetable: ¡Maura es un charlatán!

DORIO DE GÁDEX

¡El Rey del Camelo!

DON FILIBERTO

¡Benlliure un santi boni barati!

DORIO DE GÁDEX

Dicho en valenciano.

DON FILIBERTO

Cavestany, el gran poeta, un coplero.

DORIO DE GÁDEX

Profesor de guitarra por cifra.

DON FILIBERTO

¡Qué de extraño tiene que mi ilustre jefe les parezca un mamarracho!

DORIO DE GÁDEX

Un yerno más.

DON FILIBERTO

Para ustedes en nuestra tierra no hay nada grande, nada digno de admiración. ¡Les compadezco! ¡Son ustedes bien desgraciados! ¡Ustedes no sienten la Patria!

DORIO DE GÁDEX

Es un lujo que no podemos permitirnos. Espere usted que tengamos automóvil, Don Filiberto.

DON FILIBERTO

¡Ni siquiera pueden ustedes hablar en serio! Hay alguno de ustedes, de los que ustedes llaman maestros, que se atreve a gritar viva la bagatela. ¡Y eso no en el café, no en la tertulia de amigos, sino en la tribuna de la Docta Casa! ¡Y eso no puede ser, caballeros! Ustedes no creen en nada: Son iconoclastas y son cínicos. Afortunadamente hay una juventud que no son ustedes, una juventud estudiosa, una juventud preocupada, una juventud llena de civismo.

DON LATINO

Protesto, si se refiere usted a los niños de la Acción Ciudadana. Siquiera estos modernistas, llamémosles golfos distinguidos, no han llegado a ser policías honorarios. A cada cual lo suyo. ¿Y parece ser que esta tarde mataron a uno de esos pollos de gabardina? ¿Usted tendrá noticias?

DON FILIBERTO

Era un pollo relativo. Sesenta años.

DON LATINO

Bueno, pues que lo entierren. ¡Que haya un cadáver más, solo importa a la funeraria!

_Rompe a sonar el timbre del teléfono. Don Filiberto toma la trompetilla y comienza una pantomima de cabeceos, apartes y gritos. Mientras escucha con el cuello torcido y la trompetilla en la oreja, esparce la mirada por la sala, vigilando a los jóvenes modernistas. Al colgar la trompetilla tiene una expresión candorosa de conciencia honrada. Reaparece el teósofo, en su sonrisa plácida, en el marfil de sus sienes, en toda la ancha redondez de su calva._

DON FILIBERTO

Ya está transmitida la orden de poner en libertad a nuestro amigo Estrella. Aconséjenle ustedes que no beba. Tiene talento. Puede hacer mucho más de lo que hace. Y ahora váyanse y déjenme trabajar. Tengo que hacerme solo todo el periódico.

ESCENA OCTAVA

_SECRETARÍA PARTICULAR DE SU EXCELENCIA. Olor de brevas habanas, malos cuadros, lujo aparente y provinciano. La estancia tiene un recuerdo partido por medio de oficina y sala de círculo con timba. De repente el grillo del teléfono se orina en el gran regazo burocrático. Y Dieguito García --Don Diego del Corral, en la Revista de Tribunales y Estrados-- pega tres brincos y se planta la trompetilla en la oreja._

DIEGUITO

¿Con quién hablo?

· · · · · · · · · · · · ·

Ya he transmitido la orden para que se le ponga en libertad.

· · · · · · · · · · · · ·

¡De nada! ¡De nada!

· · · · · · · · · · · · ·

¡Un alcohólico!

· · · · · · · · · · · · ·

Sí... Conozco su obra.

· · · · · · · · · · · · ·

¡Una desgracia!

· · · · · · · · · · · · ·

No podrá ser. ¡Aquí estamos sin un cuarto!

· · · · · · · · · · · · ·

Se lo diré. Tomo nota.

· · · · · · · · · · · · ·

¡De nada! ¡De nada!

_Max Estrella aparece en la puerta, pálido, arañado, la corbata torcida, la expresión altanera y alocada. Detrás, abotonándose los calzones, aparece el ujier._

EL UJIER

Deténgase usted, caballero.

MAX

No me ponga usted la mano encima.

EL UJIER

Salga usted sin hacer desacato.

MAX

Anúncieme usted al Ministro.

EL UJIER

No está visible.

MAX

¡Ah! Es usted un gran lógico. Pero estará audible.

EL UJIER

Retírese, caballero. Estas no son horas de audiencia.

MAX

Anúncieme usted.

EL UJIER

Es la orden... Y no vale ponerse pelmazo, caballero.

DIEGUITO

Fernández, deje usted a ese caballero que pase.

MAX

¡Al fin doy con un indígena civilizado!

DIEGUITO

Amigo Mala Estrella, usted perdonará que solo un momento me ponga a sus órdenes. Me habló por usted la Redacción de _El Popular_. Allí le quieren a usted. A usted le quieren y le admiran en todas partes. Usted me deja mandado aquí y donde sea. No me olvide... ¡Quién sabe!... Yo tengo la nostalgia del periodismo... Pienso hacer algo... Hace tiempo acaricio la idea de una hoja volandera, un periódico ligero, festivo, espuma de champaña, fuego de virutas. Cuento con usted. Adiós, maestro. ¡Deploro que la ocasión de conocernos haya venido de suceso tan desagradable!

MAX

De eso vengo a protestar. ¡Tienen ustedes una policía reclutada entre la canalla más canalla!

DIEGUITO

Hay de todo, maestro.

MAX

No discutamos. Quiero que el Ministro me oiga, y al mismo tiempo darle las gracias por mi libertad.

DIEGUITO

El Señor Ministro no sabe nada.

MAX

Lo sabrá por mí.

DIEGUITO

El Señor Ministro ahora trabaja. Sin embargo, voy a entrar.

MAX

Y yo con usted.

DIEGUITO

¡Imposible!

MAX

¡Daré un escándalo!

DIEGUITO

¡Está usted loco!

MAX

Loco de verme desconocido y negado. El Ministro es amigo mío, amigo de los tiempos heroicos. ¡Quiero oírle decir que no me conoce! ¡Paco! ¡Paco!

DIEGUITO

Le anunciaré a usted.

MAX

Yo me basto. ¡Paco! ¡Paco! ¡Soy un espectro del pasado!

_Su Excelencia abre la puerta de su despacho y asoma en mangas de camisa, la bragueta desabrochada, el chaleco suelto, y los quevedos pendientes de un cordón, como dos ojos absurdos bailándole sobre la panza._

EL MINISTRO

¿Qué escándalo es este, Dieguito?

DIEGUITO

Señor Ministro, no he podido evitarlo.

EL MINISTRO

¿Y ese hombre quién es?

MAX

¡Un amigo de los tiempos heroicos! ¡No me reconoces, Paco! ¡Tanto me ha cambiado la vida! ¡No me reconoces! ¡Soy Máximo Estrella!

EL MINISTRO

¡Claro! ¡Claro! ¡Claro! ¿Pero estás ciego?

MAX

Como Homero y como Belisario.

EL MINISTRO

Una ceguera accidental, supongo...

MAX

Definitiva e irrevocable. Es el regalo de Venus.

EL MINISTRO

Válgate Dios. ¿Y cómo no te has acordado de venir a verme antes de ahora? Apenas leo tu firma en los periódicos.

MAX

¡Vivo olvidado! Tú has sido un vidente dejando las letras por hacernos felices gobernando. Paco, las letras no dan para comer. ¡Las letras son colorín, pingajo y hambre!

EL MINISTRO

Las letras, ciertamente, no tienen la consideración que debieran, pero son ya un valor que se cotiza. Amigo Max, yo voy a continuar trabajando. A este pollo le dejas una nota de lo que deseas... Llegas ya un poco tarde.

MAX

Llego en mi hora. No vengo a pedir nada. Vengo a exigir una satisfacción y un castigo. Soy ciego, me llaman poeta, vivo de hacer versos y vivo miserable. Estás pensando que soy un borracho. ¡Afortunadamente! Si no fuese un borracho ya me hubiera pegado un tiro. ¡Paco, tus sicarios no tienen derecho a escupirme y abofetearme, y vengo a pedir un castigo para esa turba de miserables, y un desagravio a la Diosa Minerva!

EL MINISTRO

Amigo Max, yo no estoy enterado de nada. ¿Qué ha pasado, Dieguito?

DIEGUITO

Como hay un poco de tumulto callejero, y no se consienten grupos, y estaba algo excitado el maestro...

MAX

He sido injustamente detenido, inquisitorialmente torturado. En las muñecas tengo las señales.

EL MINISTRO

¿Qué parte han dado los guardias, Dieguito?

DIEGUITO

En puridad, lo que acabo de resumir al Señor Ministro.

MAX

¡Pues es mentira! He sido detenido por la arbitrariedad de un legionario, a quien pregunté ingenuo, si sabía los cuatro dialectos griegos.

EL MINISTRO

Real y verdaderamente la pregunta es arbitraria. ¡Suponerle a un guardia tan altas Humanidades!

MAX

Era un teniente.

EL MINISTRO

Como si fuese un Capitán General. ¡No estás sin ninguna culpa! ¡Eres siempre el mismo calvatrueno! ¡Para ti no pasan los años! ¡Ay, cómo envidio tu eterno buen humor!

MAX

¡Para mí, siempre es de noche! Hace un año que estoy ciego. Dicto y mi mujer escribe, pero no es posible.

EL MINISTRO

¿Tu mujer es francesa?

MAX

Una santa del Cielo, que escribe el español con una ortografía del Infierno. Tengo que dictarle letra por letra. Las ideas se me desvanecen. ¡Un tormento! Si hubiera pan en mi casa, maldito si me apenaba la ceguera. El ciego se entera mejor de las cosas del mundo, los ojos son unos ilusionados embusteros. ¡Adiós, Paco! Conste que no he venido a pedirte ningún favor. Max Estrella no es el pobrete molesto.

EL MINISTRO

Espera, no te vayas, Máximo. Ya que has venido, hablemos. Tú resucitas toda una época de mi vida, acaso la mejor. ¡Qué lejana! Estudiábamos juntos. Vivíais en la calle del Recuerdo. Tenías una hermana. De tu hermana anduve yo enamorado. ¡Por ella hice versos!

MAX

¡Calle del Recuerdo, Ventana de Helena, La niña morena Que asomada vi! ¡Calle del Recuerdo Rondalla de tuna, Y escala de luna Que en ella prendí!

EL MINISTRO

¡Qué memoria la tuya! ¡Me dejas maravillado! ¿Qué fue de tu hermana?

MAX

Entró en un convento.

EL MINISTRO

¿Y tu hermano Alex?

MAX

¡Murió!

EL MINISTRO

¿Y los otros? ¡Érais muchos!

MAX

¡Creo que todos han muerto!

EL MINISTRO

¡No has cambiado!... Max, yo no quiero herir tu delicadeza, pero en tanto dure aquí, puedo darte un sueldo.

MAX

¡Gracias!

EL MINISTRO

¿Aceptas?

MAX

¡Qué remedio!

EL MINISTRO

Tome usted nota, Dieguito. ¿Dónde vives, Max?

MAX

Dispóngase usted a escribir largo, joven maestro: Bastardillos, veintitrés, duplicado, Escalera interior, Guardilla B. Nota: Si en este laberinto hiciese falta un hilo para guiarse, no se le pida a la portera, porque muerde.

EL MINISTRO

¡Cómo te envidio el humor!

MAX

El mundo es mío, todo me sonríe, soy un hombre sin penas.

EL MINISTRO

¡Te envidio!

MAX

¡Paco, no seas majadero!

EL MINISTRO

Max, todos los meses te llevarán el haber a tu casa. ¡Ahora, adiós! ¡Dame un abrazo!

MAX

Toma un dedo, y no te enternezcas.

EL MINISTRO

¡Adiós, Genio y Desorden!

MAX

Conste que he venido a pedir un desagravio para mi dignidad, y un castigo para unos canallas. Conste que no alcanzo ninguna de las dos cosas, y que me das dinero, y que lo acepto porque soy un canalla. No me estaba permitido irme del mundo, sin haber tocado alguna vez el fondo de los Reptiles. ¡Me he ganado los brazos de Su Excelencia!

_Máximo Estrella con los brazos abiertos en cruz, la cabeza erguida, los ojos parados, trágicos en su ciega quietud, avanza como un fantasma. Su Excelencia, tripudo, repintado, mantecoso, responde con un arranque de cómico viejo, en el buen melodrama francés. Se abrazan los dos. Su Excelencia al separarse, tiene una lágrima detenida en los párpados. Estrecha la mano del bohemio, y deja en ella algunos billetes._

EL MINISTRO

¡Adiós! ¡Adiós! Créeme que no olvidaré este momento.

MAX

¡Adiós, Paco! ¡Gracias en nombre de dos pobres mujeres!

_Su Excelencia toca un timbre. El ujier acude soñoliento. Máximo Estrella tanteando con el palo, va derecho hacia el fondo de la estancia, donde hay un balcón._

EL MINISTRO

Fernández, acompañe usted a ese caballero, y déjele en un coche.

MAX

Seguramente que me espera en la puerta mi perro.

EL UJIER

Quien le espera a usted es un sujeto de edad, en la antesala.

MAX

Don Latino de Hispalis: Mi perro.

_El ujier toma de la manga al bohemio: Con aire torpón le saca del despacho, y guipa al soslayo el gesto de Su Excelencia. Aquel gesto manido de actor de carácter en la gran escena del reconocimiento._

EL MINISTRO

¡Querido Dieguito, ahí tiene usted un hombre a quien le ha faltado el resorte de la voluntad! Lo tuvo todo, figura, palabra, gracejo. Su charla cambiaba de colores como las llamas de un ponche.

DIEGUITO

¡Qué imagen soberbia!

EL MINISTRO

¡Sin duda, era el que más valía entre los de mi tiempo!

DIEGUITO

Pues véalo usted ahora en medio del arroyo, oliendo a aguardiente, y saludando en francés a las proxenetas.

EL MINISTRO

¡Veinte años! ¡Una vida! ¡E inopinadamente, reaparece ese espectro de la bohemia! Yo me salvé del desastre renunciando al goce de hacer versos. Dieguito, usted de esto no sabe nada, porque usted no ha nacido poeta.

DIEGUITO

¡Lagarto! ¡Lagarto!

EL MINISTRO

¡Ay, Dieguito, usted no alcanzará nunca lo que son ilusión y bohemia! Usted ha nacido institucionista, usted no es un renegado del mundo del ensueño. ¡Yo sí!

DIEGUITO

¿Lo lamenta usted, Don Francisco?

EL MINISTRO

Creo que lo lamento.

DIEGUITO

¿El Excelentísimo Señor Ministro de la Gobernación, se cambiaría por el poeta Mala Estrella?

EL MINISTRO

¡Ya se ha puesto la toga y los vuelillos el Señor Licenciado Don Diego del Corral! Suspenda un momento el interrogatorio su señoría, y vaya pensando cómo se justifican las pesetas que hemos de darle a Máximo Estrella.

DIEGUITO

Las tomaremos de los fondos de Policía.

EL MINISTRO

¡Eironeia!

_Su Excelencia se hunde en una poltrona, ante la chimenea que aventa sobre la alfombra una claridad trémula. Enciende un cigarro con sortija, y pide La Gaceta. Cabálgase los lentes, le pasa la vista, se hace un gorro, y se duerme._

ESCENA NOVENA

_UN CAFÉ que prolongan empañados espejos. Mesas de mármol. Divanes rojos. El mostrador en el fondo, y detrás un vejete rubiales, destacado el busto sobre la diversa botillería. El Café tiene piano y violín. Las sombras y la música flotan en el vaho de humo, y en el lívido temblor de los arcos voltaicos. Los espejos multiplicadores están llenos de un interés folletinesco, en su fondo, con una geometría absurda extravaga el Café. El compás canalla de la música, las luces en el fondo de los espejos, el vaho de humo penetrado del temblor de los arcos voltaicos, cifran su diversidad en una sola expresión. Entran extraños, y son de repente transfigurados en aquel triple ritmo, Mala Estrella y Don Latino._

MAX

¿Qué tierra pisamos?

DON LATINO

El Café Colón.

MAX

Mira si está Rubén. Suele ponerse enfrente de los músicos.

DON LATINO

Allá está como un cerdo triste.

MAX

Vamos a su lado, Latino. Muerto yo, el cetro de la poesía pasa a ese negro.

DON LATINO

No me encargues de ser tu testamentario.

MAX

¡Es un gran poeta!

DON LATINO

Yo no lo entiendo.

MAX

¡Merecías ser el barbero de Maura!

_Por entre sillas y mármoles llegan al rincón donde está sentado y silencioso Rubén Darío. Ante aquella aparición, el poeta siente la amargura de la vida, y con gesto egoísta de niño enfadado, cierra los ojos, y bebe un sorbo de su copa de ajenjo. Finalmente, su máscara de ídolo se anima con una sonrisa cargada de humedad. El ciego se detiene ante la mesa y levanta su brazo, con magno ademán de estatua cesárea._

MAX

¡Salud hermano, si menor en años, mayor en prez!

RUBÉN

¡Admirable! ¡Cuánto tiempo sin vernos, Max! ¿Qué haces?

MAX

¡Nada!

RUBÉN

¡Admirable! ¿Nunca vienes por aquí?

MAX

El café es un lujo muy caro, y me dedico a la taberna, mientras llega la muerte.

RUBÉN

Max, amemos la vida, y mientras podamos, olvidemos a la Dama de Luto.

MAX

¿Por qué?

RUBÉN

¡No hablemos de Ella!

MAX

¡Tú la temes, y yo la cortejo! Rubén, te llevaré el mensaje que te plazca darme para la otra ribera de la Estigia. Vengo aquí para estrecharte por última vez la mano, guiado por el ilustre camello Don Latino de Hispalis. ¡Un hombre que desprecia tu poesía, como si fuese Académico!

DON LATINO

¡Querido Max, no te pongas estupendo!

RUBÉN

¿El señor es Don Latino de Hispalis?

DON LATINO

¡Si nos conocemos de antiguo, maestro! ¡Han pasado muchos años! Hemos hecho juntos periodismo en _La Lira Hispano-Americana_.

RUBÉN

Tengo poca memoria, Don Latino.

DON LATINO

Yo era el redactor financiero. En París nos tuteábamos, Rubén.

RUBÉN

Lo había olvidado.

MAX

¡Si no has estado nunca en París!

DON LATINO

Querido Max, vuelvo a decirte que no te pongas estupendo. Siéntate e invítanos a cenar. ¡Rubén, hoy este gran poeta nuestro amigo, se llama Estrella Resplandeciente!

RUBÉN

¡Admirable! ¡Max, es preciso huir de la bohemia!

DON LATINO

¡Está opulento! ¡Guarda dos pápiros de piel de contribuyente!

MAX

¡Esta tarde tuve que empeñar la capa, y esta noche te convido a cenar! ¡A cenar con el rubio Champaña, Rubén!

RUBÉN

¡Admirable! Como Martín de Tours, partes conmigo la capa, transmudada en cena. ¡Admirable!

DON LATINO

¡Mozo, la carta! Me parece un poco exagerado pedir vinos franceses. ¡Hay que pensar en el mañana, caballeros!

MAX

¡No pensemos!

DON LATINO

Compartiría tu opinión, si con el café, la copa y el puro nos tomásemos un veneno.

MAX

¡Miserable burgués!

DON LATINO

Querido Max, hagamos un trato. Yo me bebo, modestamente, una chica de cerveza, y tú me apoquinas en pasta, lo que me había de costar la bebecua.

RUBÉN

No te apartes de los buenos ejemplos, Don Latino.

DON LATINO

Servidor no es un poeta. Yo me gano la vida con más trabajo que haciendo versos.

RUBÉN

Yo también estudio las matemáticas celestes.

DON LATINO

¡Perdón entonces! Pues sí, señor, aun cuando me veo reducido al extremo de vender entregas, soy un adepto de la Gnosis y la Magia.

RUBÉN

¡Yo lo mismo!

DON LATINO

Recuerdo que alguna cosa alcanzabas.

RUBÉN

Yo he sentido que los Elementales son Conciencias.

DON LATINO

¡Indudable! ¡Indudable! ¡Indudable! ¡Conciencias, Voluntades y Potestades!

RUBÉN

Mar y Tierra, Fuego y Viento, divinos monstruos. ¡Posiblemente! Divinos porque son Eternidades.

MAX

Eterna la Nada.

DON LATINO

Y el fruto de la Nada: Los cuatro Elementales, simbolizados en los cuatro Evangelistas. La Creación, que es pluralidad, solamente comienza en el Cuatrivio. Pero de la Trina Unidad, se desprende el Número. ¡Por eso el Número es Sagrado!

MAX

¡Calla, Pitágoras! Todo eso lo has aprendido en tus intimidades con la vieja Blavastky.

DON LATINO

¡Max, esas bromas no son tolerables! ¡Eres un espíritu profundamente irreligioso y volteriano! Madame Blavastky ha sido una mujer extraordinaria, y no debes profanar con burlas el culto de su memoria. Pudieras verte castigado por alguna camarrupa de su karma. ¡Y no sería el primer caso!

RUBÉN

¡Se obran prodigios! Afortunadamente no los vemos ni los entendemos. Sin esta ignorancia, la vida sería un enorme sobrecogimiento.

MAX

¿Tú eres creyente, Rubén?

RUBÉN

¡Yo creo!

MAX

¿En Dios?

RUBÉN

¡Y en el Cristo!

MAX

¿Y en las llamas del Infierno?

RUBÉN

¡Y más todavía en las músicas del Cielo!

MAX

¡Eres un farsante, Rubén!

RUBÉN

¡Seré un ingenuo!

MAX

¿No estás posando?

RUBÉN

¡No!

MAX