Los nueve libros de la Historia (1 de 2)

Part 30

Chapter 304,295 wordsPublic domain

XXXIII. Pero los que hablan más largamente de ellos son los delios, quienes dicen que ciertas ofrendas de trigo venidas de los hiperbóreos atadas en hacecillos, o bien unos manojos de espigas como primicias de la cosecha[349] llegaron a los escitas, y tomadas sucesivamente por los pueblos vecinos y pasadas de mano en mano, corrieron hacia poniente hasta el Adria, y de allí destinadas al mediodía los primeros griegos que las recibieron fueron los dodoneos, desde cuyas manos fueron bajando al golfo Melieo y pasaron a Eubea, donde de ciudad en ciudad las enviaron hasta la de Caristo, dejando de enviarlas a Andros, porque los de Caristo las llevaron a Tenos, y los de Tenos a Delos: con este círculo inmenso vinieron a parar a Delos las ofrendas sagradas. Añaden los delios, que antes de esto los hiperbóreos enviaron una vez con aquellas sacras ofrendas a dos doncellas llamadas, según dicen, Hipéroque la una y Laódice la otra, y juntamente con ellas a cinco de sus más principales ciudadanos para que les sirviesen de escolta, a quienes dan ahora el nombre de _Perfereos_, conductores, y son tenidos en Delos en grande estima y veneración. Pero viendo los hiperbóreos que no volvían a casa sus enviados, y pareciéndoles cosa dura tener que perder cada vez a sus anuos diputados, pensaron con esta mira llevar sus ofrendas en aquellos manojos de trigo hasta sus fronteras, y entregándolas a sus vecinos, pedirles que las pasasen a otra nación, y así corriendo de pueblo en pueblo dicen que llegaron en Delos a su destino. Por mi parte, puedo afirmar que las mujeres de la Tracia y de la Peonia cuando sacrifican en honor de Artemisa Reina hacen una ceremonia muy semejante a las mencionadas ofrendas, empleando siempre en sus sacrificios los mismos hacecillos de trigo, lo que yo mismo he visto hacer.

XXXIV. Voviendo a las doncellas de los hiperbóreos, desde que murieron en Delos suelen, así los mancebos como las jóvenes, antes de la boda cortarse los rizos, y envueltos alrededor de un huso, los deponen sobre el sepulcro de las dos doncellas, que está dentro del Artemisio, a mano izquierda del que entra, y por más señas en él ha nacido un olivo. Los mozos de Delos envuelven también sus cabellos con cierta hierba y los depositan sobre aquella sepultura. Tal es la veneración que los habitantes de Delos muestran con esta ofrenda a las doncellas hiperbóreas.

XXXV. Cuentan los delios asimismo que por aquella misma época en que vinieron dichos conductores, y un poco antes que las dos doncellas Hipéroque y Laódice, llegaron también a Delos otras dos vírgenes hiperbóreas, que fueron Arge y Opis,[350] aunque con diferente destino, pues dicen que Hipéroque y Laódice vinieron encargadas de traer a Ilitía o Artemisa Lucina el tributo que allá se habían impuesto por el feliz alumbramiento de las mujeres; pero que Arge y Opis vinieron en compañía de sus mismos dioses, Apolo y Artemisa, y a estas se les tributan en Delos otros honores, pues en su obsequio las mujeres forman asambleas y celebran su nombre cantándolas un himno, composición que deben al licio Olén,[351] el cual aprendieron de ellas los demás isleños, y también los jonios, que reunidos en sus fiestas celebran asimismo el nombre y memoria de Opis y de Arge. Añaden que Olén, habiendo venido de la Licia, compuso otros himnos antiguos, que son los que en Delos suelen cantarse. Cuentan igualmente que las cenizas de los muslos de las víctimas quemados encima del ara se echan y se consumen sobre el sepulcro de Arge y Opis que está detrás del Artemisio, vuelto hacia oriente o inmediato a la hospedería que allí tienen los naturales de Ceos.

XXXVI. Creo que bastará lo dicho acerca de los hiperbóreos, pues no quiero detenerme en la fábula de Abaris, quien dicen era de aquel pueblo, contando aquí cómo dio vuelta a la tierra entera sin comer bocado, cabalgando sobre una saeta. Yo deduzco que si hay hombres hiperbóreos, es decir, más allá del Bóreas, los habrá también más allá del Noto o hipernotios.[352] No puedo menos de reír en este punto viendo cuántos describen hoy día sus globos terrestres, sin hacer reflexión alguna en lo que nos exponen: píntannos la tierra redonda, ni más ni menos que una bola sacada del torno; hácennos igual el Asia con la Europa. Voy, pues, ahora a declarar en breve cuál es la magnitud de cada una de las partes del mundo y cuál viene a ser su mapa particular o su descripción.

XXXVII. Primeramente, los persas en el Asia habitan cerca del mar Noto o del sur, que llamamos Eritreo. Al norte de ellos hacia el viento Bóreas están los medos; sobre los medos viven los saspires,[353] y sobre estos los colcos, que confinan con el mar del norte o ponto Euxino, donde desagua el río Fasis; así que estas cuatro naciones ocupan el trecho que hay de mar a mar.

XXXVIII. Desde allí, tomando hacia poniente, del centro de aquellos países salen dos penínsulas o zonas de tierra extendidas hasta el mar, las que voy a describir. La una por la parte que corresponde al Bóreas, empezando desde el Fasis, se extiende por la costa del mar, siguiendo el ponto Euxino y el Helesponto hasta llegar al Sigeo, que es un promontorio de Troya: la misma comenzando por la parte del Noto desde el golfo Miriándico,[354] que está en la costa de Fenicia, corre por la orilla del mar hasta el promontorio Triopio. Treinta son las naciones que viven en el distrito de dicha comarca.

XXXIX. Esta es la primera de las dos zonas de tierra; pasando hablar de la otra, empieza desde los persas y llega hasta el mar Eritreo. En ella está la Persia, a la cual sigue la Asiria,[355] y después de esta la Arabia, que termina en el golfo Arábigo o mar Rojo, al cual condujo Darío un canal tomado desde el Nilo, si bien no concluye allí sino porque así lo han querido. Hay, pues, un continente ancho y muy grande desde los persas hasta la Fenicia, desde la cual sigue aquella zona por la costa del mar Mediterráneo, pasando por la Siria Palestina y por el Egipto, en donde remata, no conteniendo en su extensión más que tres naciones. Estas son las regiones contenidas desde la Persia hasta llegar a la parte occidental del Asia.

XL. Las regiones que caen sobre los persas, medos, saspires y colcos, tirando hacia levante, son bañadas de un lado por el mar Eritreo, y del lado del Bóreas lo son por el mar Caspio y por el río Araxes, que corre hacia el oriente. El Asia es un país poblado hasta la región de la India, pero desde allí todo lo que cae al oriente es una región desierta de que nadie sabe dar seguros indicios.

XLI. Tales son los límites y magnitud del Asia: pasando ya a la Libia o África, sigue allí la segunda zona, pues la Libia empieza desde el Egipto, y formando allá en su principio una península estrecha, pues no hay desde nuestro mar Mediterráneo hasta el Eritreo[356] más de cien mil orgias, que vienen a componer mil estadios, desde aquel paraje se va ensanchando por extremo aquel continente que se llama Libia o África.

XLII. Y siendo esto así, mucho me maravillo de aquellos que así dividieron el orbe, alindándolo en estas tres partes, Libia, Asia y Europa, siendo no corta la desigualdad y diferencia entre ellas; pues la Europa, en longitud, hace ventaja a las dos juntas, pero en latitud no me parece que merezca ser comparada con ninguna de ellas. La Libia se presenta a los ojos en verdad como rodeada de mar, menos por aquel trecho por donde linda con el Asia. Este descubrimiento se debe a Neco, rey del Egipto, que fue el primero, a lo que yo sepa, en mandar hacer la averiguación, pues habiendo alzado mano de aquel canal que empezó a abrir desde el Nilo hasta el seno arábigo, despachó en unas naves a ciertos fenicios, dándoles orden que volviesen por las columnas de Heracles al mar Boreal o Mediterráneo hasta llegar al Egipto. Saliendo, pues, los fenicios del mar Eritreo, iban navegando por el mar del Noto: durante el tiempo de su navegación, así que venía el otoño salían a tierra en cualquier costa de Libia que les cogiese, y allí hacían sus sementeras y esperaban hasta la siega.[357] Recogida su cosecha, navegaban otra vez; de suerte que, pasados así dos años, al tercero, doblando por las columnas de Heracles, llegaron al Egipto, y referían lo que a mí no se me hará creíble, aunque acaso lo sea para algún otro, a saber, que navegando alrededor de la Libia tenían el sol a mano derecha. Este fue el modo como la primera vez se hizo tal descubrimiento.

XLIII. La segunda vez que se repitió la tentativa, según dicen los cartagineses, fue cuando Sataspes, hijo de Teaspes, uno de los aqueménidas, no acabó de dar vuelta a la Libia, habiendo sido enviado a este efecto, sino que espantado así de lo largo del viaje como de la soledad de la costa, volvió atrás por el mismo camino, sin llevar a cabo la empresa que su misma madre le había impuesto y negociado para su enmienda; he aquí lo que sucedió: Había Sataspes forzado una doncella principal, hija de Zópiro, y como en pena del estupro hubiese de morir empalado por sentencia del rey Jerjes, su madre, que era hermana de Darío, le libró del suplicio con su mediación, asegurando que ella le daría un castigo mayor que el mismo Jerjes, pues le obligaría a dar una vuelta a la Libia, hasta tanto que costeada toda ella volviese al seno arábigo. Habiéndole Jerjes perdonado la vida bajo esta condición, fue Sataspes al Egipto, y tomando allí una nave con sus marineros, navegó hacia las columnas de Heracles; pasadas las cuales y doblado el promontorio de la Libia que llaman Soloente, iba navegando hacia mediodía. Pero como después de pasado mucho mar en muchos meses de navegación viese que siempre le restaba más que pasar, volvió, por fin, la proa y restituyose otra vez al Egipto. De allí, habiendo ido a presentarse al rey Jerjes, díjole cómo había llegado muy lejos y aportado a las costas de cierta región en que los hombres eran muy pequeños y vestían de colorado, quienes apenas él arribara con su navío, abandonando sus ciudades se retiraban al monte; aunque él y su comitiva no les habían hecho otro daño al desembarcar que quitarles algunas ovejas de sus rebaños. Añadía que el motivo de no haber dado a la Libia una entera vuelta por mar, había sido no poder su navío seguir adelante, quedándose allí como si hubiese varado. Jerjes, que no tuvo por verdadera aquella relación, mandó que empalado pagase la pena a que primero le condenó, puesto que no había dado salida a la empresa en que aquella se le había conmutado. En efecto, un eunuco esclavo de Sataspes, apenas oyó la muerte de su amo, huyó a Samos cargado de grandes tesoros, los cuales bien sé quién fue el samio que se los apropió, aunque de propósito quiero olvidarme de ello.

XLIV. Respecto al Asia, gran parte de ella fue descubierta por orden de Darío, quien, con deseo de averiguar en qué parte del mar desaguase el río Indo, que es el segundo de los ríos en criar cocodrilos, entre otros hombres de satisfacción que envió en unos navíos esperando saber de ellos la verdad, uno fue Escílax el cariandense. Empezando estos su viaje desde la ciudad de Caspatiro,[358] en la provincia Páctica, navegaron río abajo tirando a levante hasta que llegaron al mar. Allí, torciendo el rumbo hacia poniente, continuaron su navegación, hasta que después de treinta meses aportaron al mismo sitio de donde el rey del Egipto había antes hecho salir aquellos fenicios que, como dije, dieron vuelta por mar alrededor de la Libia. Después que hubieron hecho su viaje por aquellas costas, Darío conquistó la India e hizo frecuente la navegación de aquellos mares. De este modo se vino a descubrir que si se exceptúa la parte oriental de Asia, lo demás es muy semejante a la Libia. De aquí nació también señalar por límites del Asia al Nilo, río del Egipto, y al Fasis, río de la Cólquide, si bien algunos ponen su término en el Tanais, en la laguna Mayátide, y en los Portumeios cimerios.

XLV. Pero respecto de la Europa, nadie todavía ha podido averiguar si está o no rodeada de mar por el Levante, si lo está o no por el norte;[359] sábese de ella que tiene por sí sola tanta longitud como las otras dos juntas. No puedo alcanzar con mis conjeturas por qué motivo, si es que la tierra sea un mismo continente, se le dieron en su división tres nombres diferentes derivados de nombres de mujeres, ni menos sé cómo se llamaban los autores de tal división, ni dónde sacaron los nombres que impusieron a las partes divididas. Verdad es que al presente muchos griegos pretenden que la Libia se llame así del nombre de una mujer nacida en aquella tierra, y que el Asia lleve el nombre de otra mujer esposa de Prometeo. Pero los lidios se apropian el origen del último nombre, diciendo que lo tomó de Asies, hijo de Cotis y nieto de Manes, no de Asia la de Prometeo; añadiendo que de Asies tomó también el nombre una de las tribus de Sardes que llaman la Asiada. Mas de la Europa nadie sabe si está rodeada de mar ni de dónde le vino el nombre, ni quién se lo impuso; a no decir que lo tomase de aquella Europa natural de Tiro, habiendo antes sido anónima como debieron también de serlo las otras dos.[360] La dificultad está en que se sabe que Europa no era natural del Asia, ni pasó a esta parte del mundo que ahora los griegos llaman Europa, sino que solamente fue de Fenicia a Creta y de Creta a Licia. Pero basta ya de investigaciones, y sin buscar usanzas nuevas, valgámonos de los nombres establecidos.

XLVI. La región del Ponto Euxino, contra la que Darío preparaba su expedición, se aventaja a las restantes del mundo en criar pueblos rudos y tardos, en cuyo número no quiero incluir a los escitas, en tanto grado, que de las naciones que moran cerca del Ponto, ninguna podemos presentar que sea algo hábil y ladina, ni tampoco nombrar de entre todas un sabio, a no ser la nación de los escitas y el célebre Anacarsis; porque es menester confesar que la nación escítica ha hallado cierto secreto o arbitrio en que ninguna otra de las que yo sepa ha sabido dar hasta ahora, arbitrio verdaderamente el más acertado, si bien por lo demás no tiene cosa que me dé mucho que admirar. Y consiste su grande invención en hacer que nadie de cuantos vayan contra ellos se les pueda escapar, y que si ellos evitaren el encuentro no puedan ser sorprendidos. Unos hombres, en efecto, que ni tienen ciudades fundadas ni muros levantados, todos sin casa ni habitación fija, que son ballesteros de a caballo, que no viven de sus sementeras y del arado, sino de sus ganados y rebaños, que llevan en su carro todo el hato y familia, ¿cómo han de poder ser vencidos en batalla, u obligados por fuerza a venir a las manos con el enemigo?

XLVII. Dos cosas han contribuido para este arbitrio y sistema: una es la misma condición del país apropiada para esto; otra la abundancia de los ríos, que les ayuda a lo mismo, porque por una parte su país es una llanura llena de pastos y abundante de agua, y además corren por ella tantos ríos que no son menos en número que las acequias y canales en Egipto. Quiero únicamente apuntar aquí los ríos más famosos y navegables que desde el mar allí se encuentran, los cuales son el Istro, río de siete bocas, el Tiras, el Hípanis, el Borístenes, el Panticapes, el Hipaciris, el Gerro y el Tanais,[361] cuyas corrientes voy a describir.

XLVIII. El Danubio o Istro, río el mayor de cuantos conocemos, es siempre el mismo, así en verano como en invierno, sin disminuir nunca su corriente. La razón de su abundancia es, porque siendo el primero entre los ríos de la Escitia que llevan su curso desde poniente, entran en él otros ríos que lo aumentan, y son los siguientes: cinco que tienen su corriente dentro de la misma Escitia van a desaguar en el Istro: uno es el que los naturales llaman el Pórata y el Píreto; los otros son el Tiaranto, el Áraro, el Náparis y el Odreso.[362] El primero que he nombrado de estos ríos es caudaloso, y corriendo hacia oriente desagua al cabo en el Istro: menor que este es el segundo de los dichos, el Tiaranto, que corre inclinándose algo hacia poniente: los otros tres, el Áraro, el Náparis y el Odreso, tienen sus corrientes en el espacio intermedio de los otros dos, y van a dar en el mismo Istro, y estos son, como dije, los ríos propios y nacidos de la Escitia que lo acrecientan.

XLIX. De los agatirsos baja el río Maris[363] y va a confundir sus aguas con las del Istro. Desde las cumbres del Hemo corren hacia el norte tres grandes ríos, que son el Atlas, el Auras y el Tibisis, y van a parar en el Istro. Por la Tracia y por el país de los crobizos, pueblos tracios, pasan tres ríos, que son el Atris, el Noes, el Artanes, y desaguan también en el Istro. En el mismo va a dar el Escío, el cual corriendo desde los peones y del monte Ródope pasa por medio del Hemo. El río Angro, que desde los ilirios corre hacia el viento Bóreas y pasa por la llanura Tribálica, va a desaguar en el río Brongo; mas el Brongo mismo desemboca después en el Istro, el cual recibe así en su lecho aquellos dos grandes ríos. A más de estos, paran también en el Istro el Carpis y otro río llamado Alpis, que salen de la región que está sobre el país de los Ómbricos, encaminando su corriente hacia el Bóreas. En suma, el gran Istro va recorriendo toda la Europa, empezando desde los celtas, que exceptuados los cinetas,[364] son los últimos europeos que viven hacia poniente, y atravesada toda aquella parte del mundo, viene a morir en los confines y extremidad de la Escitia.

L. Así que, contribuyendo al Istro con sus corrientes los mencionados ríos y otros muchos más, llega aquel a formarse el mayor de todos; si bien por otra parte el Nilo le hace ventaja, si se comparan las aguas propias del uno con las propias del otro, sin contar la advenediza, pues que ni río ni fuente alguna desagua en el Nilo para ayudarle a crecer. La razón de que el Istro lleve siempre la misma agua en verano e invierno paréceme que puede ser la siguiente. En el invierno se halla en su propio punto de abundancia, y apenas sube un poco más de lo regular, por razón de ser muy poca la lluvia que cae en aquellas regiones y por hallarse todas cubiertas de nieve caída antes en invierno, y entonces deshecha corre de todas partes hacia el Istro: de suerte que no solo lleva en su corriente el agua de la nieve deshelada que va escurriéndose hacia el río, sino también las muchas lluvias y temporales de la estación, lloviendo allí tanto en el verano. Y cuanto mayor es la copia de agua que el sol atrae y chupa en verano que no en invierno, tanto mayor es a proporción la abundancia de la que acude al Istro en aquella estación que no es esta. Por lo que balanceada entonces la salida del agua como la entrada, vienen a quedar las aguas del Istro igualadas en verano con las de invierno.

LI. Además de este gran río poseen los escitas el Tiras, que bajando del lado del Bóreas tiene su nacimiento en una gran laguna que separa la región de la Escitia de la tierra de los neuros. En la embocadura del mismo río habitan los griegos que se llaman los tiritas.[365]

LII. El tercer río que corre por la Escitia es el Hípanis, salido de una gran laguna,[366] alrededor de la cual pacen ciertos caballos salvajes y blancos, laguna que se llama con mucha razón la madre del Hípanis, que naciendo de ella corre cinco días de navegación, conservándose humilde y dulce, pero después acercándose al mar es extremadamente amarga por el espacio de cuatro jornadas. Causa de este daño es una fuente que le rinde su agua, en tal grado amarga, aunque por sí nada copiosa, que basta para inficionar con su sabor todo el Hípanis, río bastante grande entre los secundarios. Hállase dicha fuente en la frontera que separa la tierra de los escitas labradores de la de los alazones; su nombre y el de la comarca donde brota es en lengua de los escitas _Exampeo_, que en griego corresponde a _Irai Odoi_, vías sacras. En el país de los alazones poco trecho dejan intermedio el Tiras y el Hípanis, pero salidos de allí van en su curso apartándose uno del otro y dejando más espacio entre sí.

LIII. El cuarto de dichos ríos y el mayor de todos después del Istro es el Borístenes, río a mi ver el más provechoso, no solo entre los de Escitia,[367] pero aun entre todos los del mundo, salvo siempre el Nilo del Egipto, con quien no hay alguno que en esto se le pueda comparar. Pero de los demás es sin duda el Borístenes el más feraz y fructuoso; produce los más bellos y saludables pastos para el ganado; lleva muchísima y muy singular y escogida pesca; trae un agua muy delicada al gusto y muy limpia, a pesar de los vecinos ríos que corren turbios. Las campiñas por donde pasa dan las mejores mieses, y allí donde no siembran crían los prados una altísima hierba. En su embocadura hay mucha sal, que el agua va cuajando por sí misma: críanse en él unos grandes pescados sin espina que llaman _antáceos_, a propósito para salarlos; son mil, en suma, las maravillas que el Borístenes produce. Navégase por el espacio de 40 días hasta un lugar llamado Gerro, y se tiene sabido que corre desde el Bóreas; pero de allí arriba nadie sabe por qué lugares pasa; solo parece que corriendo por sitios despoblados baja a la tierra de los escitas georgos o _labradores_, quienes habitan en sus riberas el espacio de 10 días de navegación. Las fuentes de este río, lo mismo que las del Nilo, ni yo las sé, ni creo que las sepa griego alguno. Al llegar el Borístenes cerca ya del mar, júntasele allí el Hípanis, entrando los dos en un mismo lago. El espacio entre estos dos ríos, que es una punta avanzada hacia el mar, se llama el promontorio de Hipolao, donde está edificado un templo de la Madre,[368] y más allá de él, vecinos al Hípanis, habitan los boristenitas.

LIV. A estos ríos, de los que bastante hemos dicho, sigue el quinto, llamado Panticapes,[369] que baja del norte saliendo de una laguna; y en medio de este y del Borístenes viven los escitas georgos. Entra en la Hilea, y habiéndola atravesado, desagua en el Borístenes, con el cual se confunde.

LV. El sexto es el Hipaciris, que saliendo también de una laguna y corriendo por medio de los escitas nómadas, desagua en el mar cerca de la ciudad de Carcinitis,[370] dejando a su derecha la Hilea y el lugar que llaman el Dromo de Aquiles.

LVI. El séptimo río, el Gerro,[371] empieza a separarse del Borístenes en aquel sitio, desde el cual este último se halla descubierto y conocido, sitio que se llama también Gerro, trasmitiendo su nombre al río. Encaminándose hacia el mar, separa con su corriente la región de los escitas nómadas de la de los escitas regios, y por último entra en el Hipaciris.

LVII. El Tanais es el octavo río, que saliendo de una gran laguna[372] en las regiones superiores, va a entrar en otra mayor llamada la Mayátide, que separa los escitas regios de los saurómatas. En este mismo río entra otro, suyo nombre es el Hirgis.

LVIII. Estos son los ríos de que los escitas están bien provistos y abastecidos. La hierba que nace en la Escitia para pasto de los ganados es la más amarga de cuantas se conocen, como puede hacerse la prueba en las reses abriéndolas después de muertas.

LIX. Los escitas, pues, abundan en las cosas principales o de primera necesidad; por lo tocante a las leyes y costumbres, se rigen en la siguiente forma. He aquí los únicos dioses que reconocen y veneran: en primer lugar y con más particularidad, a la diosa Hestia;[373] luego a Zeus y a Gea, a quien miran como esposa de aquel; después a Apolo, Afrodita Urania, Heracles y Ares; y estos son los dioses que todos los escitas reconocen por tales; pero los regios hacen también sacrificios a Poseidón. Los nombres escíticos que les dan son los siguientes: a Hestia la llaman _Tabiti_; a Zeus le dan un nombre el más propio y justo a mi entender, llamándole _Papeo_; a Gea la llaman _Apia_; a Apolo _Etosiro_; a Afrodita Urania _Artimpasa_; a Poseidón _Tamimasadas_. No acostumbran erigir estatuas, altares ni templos sino a Ares únicamente.