Los monfíes de las Alpujarras: novela original

Part 61

Chapter 613,992 wordsPublic domain

--Farax-aben-Farax, es el valiente de los valientes de Granada, y contentaremos su ambicion, y daremos entretenimiento á su valor, haciéndole la segunda persona despues del rey; Farax será alguacil mayor del reino[18]. Aben-Aboo es nuestro pariente, y como tal, infante de Granada. Mi autoridad nos responde de su lealtad. Nada temas, pues, y puesto que ya has cambiado de ropas, sígueme.

Yaye, y Aben-Humeya salieron, y precedidos por el moro blanco que los esperaba fuera, y alumbrados por su linterna, atravesaron algunas habitaciones, llegaron á otra mina y al fin de ella Yaye despidió al moro, y asiendo una mano al jóven le condujo á oscuras á una habitacion en la que entraba una escasísima luz, por los claros de la celosía de una ventana árabe que parecía corresponder al interior de una habitacion iluminada.

Yaye condujo á Aben-Humeya á la celosía.

--Espera aquí le dijo: mira y escucha.

Aben-Humeya apoyó su trémula mano en la columnilla de la ventana y miró á la habitacion que se veia desde ella.

Era extensa y magnífica; al fondo, bajo un arco labrado y dorado, se veia un dosel real, con el escudo de las armas de los reyes de Granada; bajo el dosel sobre dos gradas cubiertas con una magnífica alfombra, un divan; á cada uno de los ángulos de las gradas sobre la alfombra del pavimento general almohadones, destinados á los katibs ó secretarios: alrededor de la estancia corría una galería de arcos, entre los cuales pendían ricos tapices; á lo largo de estos arcos corría un divan, y mas hácia el centro, paralelos á los divanes de los costados otros dos: entre estos dos divanes, en el centro de la cámara, habia cuatro almohadones superpuestos de riquísimo brocado, y sobre estos almohadones vestiduras régias y una bandeja de oro, con una corona, y una espada desnuda.

Una lámpara de seda pendiente del techo iluminaba la cámara.

Cuando Aben-Humeya se puso á observar tras la celosía, la cámara estaba llena de moros, viejos y venerables los unos, hombres maduros los otros, muy pocos jóvenes; hablaban con calor en corrillos y se notaba que estaban impacientes; al fin poco despues de haberse puesto junto á la celosía Aben-Humeya, se levantó el tapiz de uno de los arcos situados junto al dosel y una voz sonora dijo:

--¡El poderoso emir de los monfíes, Muley Yaye-ebn-Al-Hhamar!

Inmediatamente, un profundo silencio sucedió á la agitación anterior, los moros se colocaron en órden junto á los asientos, los secretarios ocuparon su lugar á los piés del dosel, y Yaye entró precedido y seguido, de guardias wazires y walíes y ocupó el dosel: todos estaban de pié é inclinados.

A la derecha del dosel junto á los guardias se veian dos hombres que ya conocemos: eran don Fernando de Válor el Zaquer, tio de Aben-Humeya, y el faquí Abul-Hassam.

Un poco mas allá fijando en los anteriores una mirada profunda y recelosa se veia otro hombre como de cuarenta años, de semblante enérgico y brabío. Aquel hombre era Farax-aben-Farax.

Yaye estaba de pié sobre el trono. Todos los asistentes como hemos dicho estaban de pié é inclinados.

Reinaba un silencio profundo, en medio del cual se escuchó reposada magestuosa y grave la voz de Yaye.

--Buenos muslimes, dijo, creyentes del reino de Granada, héme entre vosotros, en el momento necesario. Me habeis llamado y acudo á vuestro llamamiento. Sentaos y escuchadme.

Todos se sentaron; Yaye se sentó pero en una actitud valiente inclinado hácia el concurso á quien dominaba desde su alto asiento.

--Veo reunidos aquí, dijo paseando sus miradas por la sala, lo mas notable del reino: el anciano y sabio Abul Ben-Eden, xeque del Albaicin, el prudente Aben-Coraixí, la familia entera de los Homaiditas, el fiel Hardon, los buenos y leales xeques de la Vega, y permitidme que lo diga, el cedro del Islam, el leon de la ley, la espada de exterminio, el valiente entre los valientes, Farax-aben-Farax el último que queda de la generosa tribu de los Ben-Serajis[19], entre vosotros hay hombres que han nacido conmigo, y de los cuales conoceis muy pocos: el valiente Harum el Geniz, mi wazir, el Partal y alguno otro: los demás son mis walíes, mis brabos walíes, los que acaudillan mis monfíes, y tienen siempre teñidas en sangre fresca sus espadas. Veo ademas prestándonos su ayuda el noble Aben-Jahuar-el-Zaquer, y asiste entre nosotros para iluminarnos con su ciencia el sabio faquí Abul-Hassam.

Detúvose un punto Yaye y luego continuó.

--El lugar que ocupo sobre vosotros, nada significa sino que el emir de los monfíes, que ha nacido sobre un trono, ocupa el trono que ha sustentado con su espada: pero este no es el trono del reino, sino el trono de las Alpujarras. El que vosotros elijais por rey, ocupará un asiento en este trono á mi derecha, será mi hermano, y como nos habremos sentado en un mismo divan, combatiremos juntos por la libertad de la patria, y por el restablecimiento de la ley. Esto tenia que deciros y ya os lo he dicho, me habeis llamado y he venido; necesitais para levantaros mi ejército, y ya está aparejado y pronto para la pelea. Ahora, vosotros, xeques y caballeros, tratad de lo que os pareciere conveniente para la salud de la patria y para la eleccion del rey que ha de gobernaros.

Guardó silencio Yaye, y seguidamente se levantó el xeque mas anciano del Albaicin, y apoyado en un baston dijo con la voz mas segura y robusta que lo que se podia esperar de sus años.

--El momento de probar si somos dignos de vivir como hombres, ó de gemir y llorar nuestra ignominia como esclavos, ha llegado, poderoso emir, nobles hermanos. Los capítulos que hace tanto tiempo estamos evitando que se cumplan, van á ser al fin llevados á cabo, ¿qué digo que van á ser llevados? ¿Acaso los alguaciles y las guardas que nos hace pagar el presidente Deza no se atreven á entrar en nuestras casas? ¿no obligan á nuestras mujeres á que lleven el rostro descubierto? ¿no nos vedan nuestros baños? ¿no nos obligan á tener las puertas abiertas el dia de viernes y los domingos? ¿Ya cuando nace entre nosotros un desventurado, podemos celebrar la fiesta de las buenas hadas, ni ya nuestras doncellas pueden regozijarse con las leilas y las zambras? Vienen casa por casa, regístranlas, nos cuentan como cabezas de ganado y nos empadronan. Llevan nuestros pequeñuelos á las iglesias y los bautizan: oblígannos á ir á misa, cada dia, y despues de hacernos adorar figuras: despues de predicarnos abominaciones, sacan un papel y allí nombran desde el mas pequeño hasta el mas grande y al que falta le buscan y le prenden. ¿Pero á qué he de repetiros lo que todos sabeis y no es necesario recordaros, ni aun para excitar vuestra cólera que harto sublevada está contra tantas infamias? Ya ha pasado el tiempo de las lamentaciones y llegado es el de la venganza. Y puesto que el valiente emir de los monfíes nos ayuda, abreviemos de pláticas y elijamos rey que nos gobierne.

Sentóse Abul-Ben-Eden, y aprovechando su silencio Aben-Jahuar el Zaquer, tio de Aben-Humeya, dijo con voz robusta adelantando hácia el centro.

[imagen: Farax-aben-Farax.]

--Sí, llegada es la hora de la venganza, pero aun no es ocioso representar nuestras miserias á algunos que creen que aun pueden esperarse treguas de nuestros verdugos, y ¿por qué no hemos de justificar la causa que nos impulsa á levantarnos armados con toda nuestra indignacion? ¿por qué no hemos de recordar la opresion en que estamos, sujetos á letrados y legos y no menos esclavos que si lo fuésemos? ¿Las mujeres, los hijos, las haciendas y nuestras propias personas al arbitrio de nuestros enemigos, sin esperanza en muchos siglos de vernos fuera de tal servidumbre, sufriendo tiranías y tributos, y privados del asilo en los lugares de señorío y en las iglesias, haciéndonos con esto de peor condicion que los castellanos, pero obligados bajo pena de dinero á ir á rezar á las iglesias? Los clérigos se enriquecen á costa nuestra, no tenemos acogida ni en Dios ni en los hombres, los cristianos nos desprecian llamándonos moros, y los moros nos niegan su ayuda creyéndonos cristianos: mándasenos que no hablemos nuestra lengua cuando no sabemos la castellana, y no sabemos en qué lengua nos hemos de expresar, ni cómo pedir las cosas; como sino se pudiese ser cristiano hablando en arábigo, y moro hablando la lengua castellana. Llevan á nuestros hijos á sus congregaciones y á sus escuelas, y les enseñan artes prohibidas por nuestra ley: á cada momento nos amenazan con arrebatarlos del pecho de sus madres y de la enseñanza de sus padres, y llevarlos á extrañas tierras, donde olviden nuestras costumbres y aprendan á ser enemigos de los padres que los engendraron y de las madres que los parieron. Nos mandan dejar nuestro trage y vestir el castellano, como si trajéramos la ley en el vestido y no en el corazon; nuestras haciendas no bastan (tan pobres nos han dejado ya) para comprar los nuevos trages para nosotros y nuestras familias: de las ropas que tenemos no nos podemos valer, porque nadie compra lo que no ha de vestir: para llevado es prohibido; para vendido inútil. Si mendigamos, nadie nos socorre como á pobres, porque somos pelados como ricos. Nuestros pasados quedaron tan pobres en las guerras contra Castilla, que, cuando casó su hija el famoso Alí-Athar, alcaide de Loja, pariente de algunos de los que aquí nos hallamos, se vió en la necesidad de buscar prestados vestidos para la boda. Nos privan del servicio de los esclavos negros y no nos permiten los blancos. Los habiamos comprado criado y mantenido, y nos vemos sujetos á otra nueva pérdida. ¿Quién nos servirá? ¿qué haremos, cuando á nuestras hijas y á nuestras mujeres que van con los rostros cubiertos á servirnos y á proveer de lo necesario sus casas se las manda descubrir los rostros? Son vistas y codiciadas y requeridas, y la deshonra penetra entre nosotros, y no se sabe cuál es la que da ocasion á la avilantez de los codiciosos. Nos obligan á tener las casas abiertas, para que pueda entrar á todas horas el ladron, el impuro, el adúltero. Nos quitan la alegría de nuestras fiestas y nos prohiben los baños, que son la salud y la limpieza de nuestras mujeres: las veremos en nuestras casas, tristes, sucias, enfermas, donde tenian la limpieza por contentamiento y por vestido[20]. ¿Y queréis que no recordemos tales injurias? ¿quereis que no digamos á cuanto somos obligados por nuestra patria y por nosotros mismos?

[imagen: Reunion de los moriscos para elegir rey.]

--Lo que queremos, dijo Farax-aben-Farax con arranque, no es que se nos diga, lo que todos sabemos, lo que todos sentimos, por que lo tenemos delante de los ojos. Lo que queremos son menos palabras y mas obras: veinte años y mas llevamos de hablar, y de gemir, y de rescatar con oro nuestra servidumbre: ¿será que ahora tambien ha de quedarse todo en palabras?

--¡Acuérdate Farax! dijo con voz grave Yaye: ¡acuérdate! hace veinte y dos años, subieron al Albaicin, el capitan general con sus banderas, la Chancilleria con sus oidores, el ayuntamiento con sus veinticuatros, la Inquisicion con sus frailes: la ciudad estaba llena de soldados y de piezas de artillería; un pregonero nos leyó su edicto, cuyos capítulos nos llenaron y nos llenan de indignacion: hasta entonces, aunque aquel edicto era ya antiguo, no se habia cumplido. Tú y yo, y muchos de los que aquí estan, y muchos que han pasado ya de esta vida, oimos en silencio, transportados de cólera aquel pregon infame: entonces... ¡acuérdate! yo, apenas habian salido de la Plaza Larga, los tiranos, llamé al pueblo á la insurreccion: entonces ¡acuérdate, Farax! entonces, dijiste tú: ¡no tenemos armas! entonces un noble anciano, el padre de los moriscos del reino, el noble Abd-el-Gewar, que ya no existe, dijo: ¡Tenemos oro! los jóvenes tenian miedo; los viejos apelaban al dinero, para entretener con la codicia de los cristianos el cumplimiento del edicto. Yo comprendia demasiado aunque jóven, que no haciamos mas que dar largas á la tiranía, que el oro acabaria por concluirse y que seria tarde cuando apelaramos al hierro. Mis temores de entonces se han cumplido: nuestros hermanos, nuestras mujeres, nuestros hijos, han sufrido veinte y dos años de martirio inútil, durante los cuales el vencedor ha aprendido la manera de aterrarnos y el modo de combatirnos. Solo yo, solo los valientes que han vivido conmigo en la montaña, no podemos acusarnos de haber contribuido á las desgracias de la patria con nuestro apocamiento, con nuestra cobardia.

--¡Nos llamas cobardes! exclamó cerrando los puños y lívido de cólera Farax-aben-Fraax.

--En una sola ocasion, continuó Yaye, sin dar muestras de haber notado el furor de Farax, pretendisteis alzaros: yo era el capitan del alzamiento: mi padre venia en socorro de Granada por los desfiladeros de la sierra; vendidos por una traicion miserable los monfíes, mi padre murió peleando por vosotros, y vosotros al saber que quedábais solos, temblásteis de espanto y corrísteis, arrojando las armas, á esconderos en vuestras casas.

Levantóse un murmullo de disgusto.

--Por mas que os pese, digo la verdad, continuó con energía Yaye levantándose del divan; y testifican esa verdad los veintidos años de ignominia que han pasado para vosotros. Yo lo he sacrificado todo por la patria; yo he herido en el corazon al rey de España, y para herirle me he herido á mí mismo: yo os he incitado contínuamente al levantamiento, y vosotros habeis contestado siempre á mis excitadores: ¡tenemos oro! ¡os habeis arrastrado humildes ante el Presidente, ante el Capitan general! ¡os habeis llamado fieles vasallos del rey de España, habeis confesado la religion de los cristianos, habeis poblado sus iglesias, y no habeis preferido á tanta humillacion, á tanta deshonra, el ir á vivir entre las breñas donde viven mis monfíes, cambiando con el cristiano, como ellos, hierro por hierro, sangre por sangre!

Callaban todos dominados por la voz tonante de Yaye.

--Al fin me habeis llamado, continuó este despues de un momento de silencio: al fin habeis recurrido al último extremo: á la guerra, cuando ya no teneis oro, cuando los ministros del rey de España os despedazan despues de haberos chupado: no teneis oro, ni armas...

--Pero tenemos sangre, emir, contestó levantándose con una energía superior á sus años el viejo Abul-ben-Eden.

--Me habeis llamado y he venido, continuó Yaye; no teneis oro ni armas: pero acaba de decirlo el noble Abul-ben-Eden: teneis sangre. Yo tengo tesoros y soldados: tesoros inagotables, soldados fuertes como robles y bravos como leones. He sacrificado mucho por la patria, mi corazon está desgarrado, muerta mi esperanza, pero me queda aun mas que sacrificaros y os lo sacrificaré. Yo bien pudiera deciros: soy vuestro rey: sé que me elegiriais sin dudar, pero no quiero que se crea mi ayuda interesada: os prevengo que sera inutil que me elijais por que no habrá poder humano que me haga aceptar: muchos de vosotros me conoceis y sabeis que mi voluntad es firme como una roca. Elegid, pues, á otro. Pero antes, y como sé que hay algunos que aspiran á la corona de un reino que aun existe, que es necesario conquistar, quiero deciros el estado en que se encuentra España en estos momentos, las fuerzas con que contamos y lo funesta que seria para la patria una division entre nosotros. España esta amenazada por todas partes: recela de Inglaterra, es enemiga de Francia, combate en Flandes y en Italia. El rey no tiene ni dineros, ni galeras: sus ejércitos no bastan para sus cuidados; la gente es valdia y floja por mal pagada, las galeras estan mal armadas, y los capitanes y cabos del ejército disgustados: Europa entera se conmueve bajo una terrible lucha religiosa, en que combaten los católicos con los sectarios de Lutero: por otra parte crece el poder del gran Selim II, que nos ayudará con todas sus fuerzas, y los corsarios de Africa llenaran el mar delante de nuestras costas: si nos unimos, si marchamos todos como hermanos contra los ejércitos del rey de España, las Alpujarras seran para nosotros, lo que fueron en otro tiempo las montañas de Asturias para los cristianos: si unidos desplegamos todas nuestras fuerzas, si obedecemos á una sola voz, si caemos sobre Granada y la entramos (que no es difícil), al ver nuestros pendones clavados en el alcazar de la Alhambra, al contemplarnos honrados por el triunfo, nuestros hermanos de Africa y de Constantinopla se prestaran á ayudarnos, y formidables ejércitos inundaran la España, é innumerables galeras cubriran los mares: pero si les damos la muestra con nuestras divisiones de una guerra oscura, sin triunfos, llevada de breña en breña, y de valle en valle, nos abandonaran á nosotros mismos, que no podremos resistir á los ejércitos de España: sino hemos de luchar como debemos, mas vale que nada hagamos: si hemos de ser esclavos, seámoslo sin irritar con la resistencia á nuestros enemigos. Es cuanto tenia que deciros. Elegid rey.

--En otros tiempos, dijo Aben-Jahuar el Zaquer, cuando era necesaria una eleccion, nuestros abuelos consultaban á los sabios, á los alimes de Dios, y el Altísimo por medio de ellos, expresaba su voluntad: ¿por qué no hemos de hacer ahora lo mismo?

--¿Y quién es el sabio, que nos ha de decir la sentencia de las estrellas, dijo con sarcasmo Farax-aben-Farax?

--Entre nosotros hay un hombre de Dios, dijo uno de los parciales de Aben-Jahuar.

--¿Y quién es ese hombre? dijo Farax.

--El sabio Abul-Hassam, el faquí.

Al escuchar este nombre, que era muy respetado por el fanatismo de los moriscos, se escuchó un murmullo de respeto.

Farax conoció que estaba vencido y calló.

Abul-Hassam comprendió que estaba ayudado por la situacion y adelantó grave y mesurado, cruzados los brazos, ocultas las manos en las anchas mangas de su caftan, y con la cabeza inclinada.

--Yo veo tres gigantes, á quienes siguen otros mas pequeños: dijo despues de algunos segundos de silencio: el primero es el rey de España: el segundo, representa á las gentes de iglesia; el tercero á las gentes de justicia; los restantes á las gentes de guerra, rapaces y aventureras. Estos demonios, castigaran al mundo con sus crueldades y tiranías, hasta que el Altísimo permita que se levante en frente de ellos, armado de armas resplandecientes, un rey poderoso, que seguirá la ley del enviado Profeta de Dios: y este rey será el que está contenido en esta profecia escrita en metros por el sabio Tauca el Hamema, cuyo nombre significa _pecho de la paloma_, comparando su hermosura y elegancia, con la hermosura de los colores del pecho de esta ave.

Y Abul-Hassam, sacó un largo pergamino que desenrolló, en el cual leyó lo siguiente:

«En el nombre de Dios piadoso y misericordioso.

»Las alabanzas sean á Dios solo, que no hay otro sino él.

»Oid lo que dijo el Altísimo á su escogido:

»Cuando viéres las mujeres correr tras los hombres, sin empacho ni vergüenza,

»Y creciere el logro y lo mal ganado en los hombres,

»Y tomaren por ley la injuria y los homicidios,

»Y se multiplicase la inobediencia de hijos á padres;

»Cuando vieres abatido al buen creyente, y ser los sabios perseguidos hasta servir á los malos;

»Cuando viéres poblados todos los encuentros de tu casa de lo ilícito y mal ganado,

»Y desamparares á tu hermano y obedecieres á tu amigo;

»Cuando viéres la madre caduca ganar con sus hijas entre los hombres,

»Y salir el hijo de la obediencia de su padre y obedecer á su mujer en todo negocio;

»Cuando viéres las pinturas prohibidas en los templos,

»Y las mujeres entregadas á todo linage de licencias,

»Y los hombres de religion vivir en ricos y suntuosos edificios,

»Y los temerosos de Dios solos como huérfanos,

»Y los malos con las cabezas mas altas y duras que las aplomadas tierras;

»Cuando viéres las colas preceder á las cabezas, y el amigo muy allegado negar al amigo, y no osarse fiar el hombre de aquel con quien se junta;

»Cuando viéres empobrecer la gente liberal, y enriquecer y subir los avarientos,

»Y las manos liberales hacerse duras y crecer el número de los mendigantes;

»Cuando viéres la ley desamparada y sus secuaces tan pocos como lunares blancos en cabellos prietos,

»Y los hombres hechos lobos, cubiertos con vestiduras de hombres,

»Y que el que fuese lobo, comerá con los lobos, y que el que no fuere lobo será comido por los lobos;

»Y cuando viéres crecer las discordias entre hermanos, y ser las lluvias sobre la tierra pocas;

»En este tiempo será el fin del imperio puesto entre los dos mares.

»Y gentes soberbias y duras, correran como el fuego sobre aquel imperio,

»Y no dejaran campo que no talen, ni aldea que no abrasen, ni ciudad que no derroquen;

»Y los que con sus pecados habran dado causa á la cólera del Altísimo,

»Desamparados por él, pararan en servidumbre, y en envilecimiento y en angustia.

»Cadenas oprimiran sus cuellos, y veránse despojados de cuanto tuvieren,

»Y vilipendiados en sus mujeres, y abandonados de sus hijas y azotados en el rostro de sus padres.

»Quitarles habran sus templos, y mudaránles las leyes, y enmudeceran sus lenguas que no podran pronunciar el habla de sus padres.

»Resistiran y seran vencidos; se quejaran y seran apretados.

»Sus hijos seran llevados lejos de ellos y criados en otros dioses;

»Sus dias seran de sombra, y sus noches de quebranto.

»Y durará esta miseria muchos años.

»Y mandará Dios salir en el Poniente un rey tirano, que lo atajará y lo sujetará todo;

»Y su vista no tendrá señal de vista humana, y maltratará y juzgará con toda maldad á las gentes,

»Y entre sus manos pereceran los moros del Poniente con todos sus bienes.

»Y el Andalucía quedará huérfana negra y oscura, hasta que aparezca un rey en quien no habrá falta.

»Rey hijo de rey será, y vendrá á Granada, la cándida y la clara, donde le diran:

»Vos sois nuestro rey y nuestro gobernador forzoso.

»El cual subirá con sus ejércitos y estandartes á los alcázares de la Alhambra, y allí estará algunos dias encubierto:

»Y desde allí conquistará muchas y muy grandes fortalezas, climas y provincias,

»Y vereis pujante el cetro y la corona de los moros.

»Poseerá este rey á Sevilla, y tomará noventa ciudades á los herejes;

»Y todas las ciudades del Poniente seran dichosas bajo la corona de este rey.

»Siete años durará esta guerra victoriosa;

»Y el rey de los creyentes alcanzará al cabo de este tiempo al rey de los infieles,

»Y le combatirá y le matará.

»Y sobre la frente de este rey maldito se leerá: _tiranizó y pecó_.

»Y el valiente rey que cumplirá todas estas maravillas, pasará sus primeros años encubierto bajo un humilde nombre.

»Y será bautizado y hereje de su ley;

»Y para que podais conocerle mejor, este mozo será descendiente de la santa familia del Profeta;

»Y sus abuelos habran sido califas de Damasco y de Córdoba:

»Y el astro esplendoroso de los Omeyas lucirá sobre su frente y le dará victoria.

»Y en el tiempo en que este mancebo sea reconocido y encumbrado, los árboles llevaran abundantes frutos,

»Y los agostos del pan seran mas ricos en los montes frios y en las costas;

»Y las abejas llenaran sus colmenas de miel en este año bendito;

»Y la entrada de este año será en sábado;

»Y el ángel Miguel y el ángel Gabriel bajaran sobre el Andalucia con la espada de la justicia de Dios.

»Glorifiquemos y alabemos al Señor Altísimo y Unico.

»El levanta y abate los imperios: él da la vida y da la muerte; él es la luz y él la sombra.

»Glorifiquémosle y confesémosle: no hay otro Dios sino Dios.

»Roguemos á su escogido Mahoma y por el amor que Dios le tiene, el enviará sobre los tiranos su castigo en todo extremo y su rigor.»

Calló Abul-Hassam y extendiendo el pergamino y mostrándolo á los circunstantes que guardaban el mas profundo silencio, dijo:

--Esta es la profecía de Tauca-el-Hamema, el sábio y el justo: vedlo: aquí está escrito lo que os he leido.

--¿No dice esa profecía, exclamó Yaye, que el rey que ha de libertarnos, rey hijo de rey, será descendiente de la santa familia del Profeta, nieto de los califas de Damasco y de Córdoba, y que vivirá entre nosotros encubierto y hereje de su ley?