Los miserables - Tomo 2 (de 2)
Part 25
Al otro historiador le pertenece el interior, el fondo, el pueblo que trabaja, que sufre y espera; la mujer abatida, el niño que agoniza, las guerras sordas de hombre á hombre, las ferocidades obscuras, las preocupaciones, las iniquidades convenidas, los rechazos y repercusiones subterráneas de la ley, las evoluciones secretas de las almas, los estremecimientos indistintos de las multitudes; los hambrientos, los descalzos, los rotos, los desheredados, los huérfanos, los desgraciados y los infames, todas las larvas que vagan en la sombra.
Le es preciso descender, con el corazón lleno de caridad y de severidad á un mismo tiempo, como hermano y como juez, hasta esas casamatas impenetrables donde se arrastran confundidos los que se desangran y los que hieren, los que lloran y los que maldicen, los que ayunan y los que devoran, los que sufren el mal y los que lo causan.
¿Tienen por ventura estos historiadores de los corazones y de las almas, deberes menos positivos que los analistas de los hechos exteriores? ¿Puede creerse que Alighieri tenga menos que decir que Maquiavelo?
Lo inferior de la civilización, más profundo quizá y más sombrío, ¿es acaso menos importante que lo superior? ¿Se conoce bien la montaña cuando se desconoce la caverna?
Empero, como de algunas palabras de lo que precede podría inferirse una separación manifiesta entre ambas clases de historiadores, debemos advertir al pasar que semejante separación no existe en nuestro espíritu.
Nadie es buen historiador de la vida patente, visible, ostentosa y pública de los pueblos, si al propio tiempo no es, hasta cierto punto, historiador de su vida profunda y oculta; y nadie es buen historiador de lo interno, si no sabe ser, siempre que fuere preciso, historiador de lo externo.
La historia de las costumbres y de las ideas penetra la historia de los sucesos, y recíprocamente. Son dos órdenes de hechos diferentes que se corresponden, que se encadenan siempre y se engendran mutuamente con frecuencia.
Todos los lineamientos que la Providencia traza en la superficie de una nación, tienen en el fondo sus paralelos sombríos, pero distintos, y todas las convulsiones del fondo producen levantamientos en la superficie.
Estando la verdadera historia mezclada en todo, en todo se mezcla el historiador verdadero.
El hombre no es un círculo con un solo centro, sino que es una eclipse con dos focos. Los hechos son el uno, las ideas el otro.
La germanía no es otra cosa sino un vestuario donde el lenguaje, teniendo que cometer alguna mala acción, se desfigura. Allí se reviste de frases enmascaradas, metáforas de andrajos.
Así es que aparece horrible.
Apenas puede reconocérsela. ¡Y es ella la lengua francesa, la gran lengua humana!
Y ahí está pronta á salir á la escena y á replicar al crimen, y dispuesta para desempeñar todos los papeles del repertorio del mal.
Y ya no anda, sino que cojea, y cojea con las muletas del Patio de los Milagros, muleta que se metamorfosea en maza.
Esa lengua se llama truhanería. Todos los espectros, sus ayudas de cámara, la han acicalado para la farsa: y se arrastra y se empina con la cualidad del reptil.
Ya está dispuesta para representar todos los personajes; el falsario la ha hecho tortuosa, el envenenador le ha dado color de verde-gris, el incendiario la ha tiznado de hollín, y el asesino le presta su tinte rojo.
Cuando se oye ese lenguaje, por el lado de las gentes honradas, á la puerta de la sociedad, se sorprende el diálogo de los que en él hablan por defuera. Distínguense las preguntas y las respuestas; percíbese, sin comprenderle, un murmullo repugnante, que suena casi como el acento humano, pero más semejante al alarido que á la palabra. Tal es la germanía.
Las palabras son deformes y están impregnadas de cierta bestialidad fantástica. Parece que oye uno hablar á las hidras.
Es lo ininteligible en lo tenebroso. Es una jerigonza que rechina y cuchichea, completando el crepúsculo con el enigma.
Resulta obscuro en la desgracia, pero aún más obscuro resulta en el crimen; estas dos obscuridades amalgamadas componen la germanía. Sombría en la atmósfera, sombría en sus actos y sombría en sus voces.
¡Espantoso idioma reptil que va, viene, brinca, se arrastra, babea y se mueve monstruosamente en esa inmensa bruma plomiza, compuesta de lluvia, de noche, de hambre, de vicio, de mentira, de injusticia, de desnudez, de asfixia y de invierno, pleno día de los miserables!
¡Tengamos lástima de los castigados! ¡Ay! Y en verdad, ¿qué somos nosotros mismos? ¿Qué soy yo que os hablo? ¿Qué sois vosotros que me ois? ¿De dónde venimos? ¿Estamos bien seguros de no haber hecho nada antes de nacer?
La tierra no deja de tener su parecido como una cárcel. ¡Quién sabe si es el hombre un sentenciado de la Justicia divina!
Mirad de cerca la vida. Está hecha de manera que por todas partes sentimos el castigo.
¿Sois acaso de los que llaman felices? Pues bien. Estáis tristes todos los días. Todos los días tenéis un gran pesar ó un pequeño cuidado.
Ayer temblabais por una salud que os es querida, hoy teméis por la vuestra; mañana será una inquietud de dinero, pasado mañana la diatriba de un calumniador, al otro la desgracia de un amigo; después los tiempos que corren, luego algún objeto roto ó pérdida, más tarde un placer que la conciencia y la columna vertebral os reprochan; otra vez, la marcha de los negocios públicos. Sin contar las penas del corazón. Y así sucesivamente.
Disípase una nube, fórmase otra. Un día apenas, entre ciento, de plena alegría y completo sol. ¡Y eso que pertenecéis al corto número de los felices!
En cuanto á los demás hombres, pesa sobre ellos la noche eterna.
Los espíritus reflexivos hacen poco uso de esta locución: los dichosos y los desgraciados. En este mundo, vestíbulo evidente de otro mundo, no hay felices.
La verdadera división humana es esta: los luminosos y los tenebrosos.
Disminuir el número de los tenebrosos, aumentar el de los luminosos: he ahí el objeto. He ahí porque gritamos: ¡enseñanza, ciencia! Aprender á leer, es encender el fuego: cada sílaba deletreada es una chispa.
Por lo demás, quien dice luz no dice necesariamente alegría. Se sufre en la luz; el exceso abrasa. La llama es enemiga del ala. Arder sin cesar de volar; ese es el prodigio del genio.
Cuando ya sepáis y cuando améis, sufriréis todavía. El día nace entre lágrimas.
Los luminosos lloran, aunque no sea más que por los tenebrosos.
II =Raíces=
La germanía es la lengua de los tenebrosos.
El pensamiento se conmueve en sus más sombrías profundidades; la filosofía social se ve solicitada hacia sus meditaciones más dolorosas, en presencia de ese dialecto enigmático, á la vez marchitado y rebelde.
Aquí sí que hay castigo visible. En cada sílaba se manifiesta su sello.
Las palabras de la lengua vulgar aparecen en esa jerga como contraídas y arrugadas por el hierro candente del verdugo; algunas parece que humean todavía.
Tales frases hacen el efecto del hombro marcado de un ladrón, puesto bruscamente al desnudo.
La idea se niega casi á dejarse expresar por esos sustantivos vigilados por la justicia.
La metáfora es algunas veces tan descarada, que se conoce que ha estado expuesta á la vergüenza de la argolla.
Por lo demás, á pesar de todo esto y á causa también de todo esto, esa jerigonza extraña tiene de derecho su casilla en la gran estantería imparcial, donde hay sitio para el ochavo oxidado como para la medalla de oro, llamado literatura.
La germanía, quiérase ó no se quiera, tiene su sintaxis y su poesía. Es un idioma.
Sí; por lo deforme de ciertos vocablos, se reconoce que ha andado en la boca de Mandrin, y por lo espléndido de ciertas metonimias se advierte que ha pasado por los labios de Villon.
Este verso tan delicado y tan célebre:
¿Dó están las nieves de _antan_?
es un verso de germanía. Antan, antaño, _ante annum_, es una palabra de la germanía de Thunas, que significaba el _año pasado_, y por extensión, _en otro tiempo_.
Todavía podía leerse hace treinta y cinco años, cuando salió la gran cadena de presidiarios en 1827, en uno de los calabozos de Bicetre, esta máxima, grabada con un clavo en la pared por un rey de Thunas condenado á presidio: _Los dabs d'antan trimaient siempre pour la pièrre du Coësre_.
Esto quiere decir: _Los reyes de antaño iban siempre á hacerse consagrar_.
En la mente de aquel rey del crimen, la consagración era el presidio.
La palabra _decarade_, que expresa el arranque de un carruaje pesado al galope, se atribuye á Villon, y es digna de él. Es la palabra que echa chispas por las cuatro patas, resume en una onomatopea magistral todo este verso admirable de La Fontaine:
Tiraban de un coche seis fuertes caballos.
Bajo el punto de vista puramente literario, pocos estudios habrá más curiosos y fecundos que el de la germanía. Es todo un idioma dentro del idioma, una especie de excrecencia enfermiza, un injerto malsano que ha producido una vegetación, una parásita que tiene sus raíces en el viejo tronco galo, y cuyo follaje siniestro se arrastra por una gran parte de la lengua. Esto es en cuanto á lo que podría llamarse el primer aspecto, el aspecto vulgar de la germanía.
Pero para aquellos que estudian la lengua como debe estudiarse; es decir, como los geólogos estudian la tierra, la germanía aparece como un verdadero aluvión.
Conforme que se profundiza más ó menos hondamente, se encuentra en la germanía, por bajo del antiguo francés popular, el provenzal, el castellano, el italiano, el levantino, lengua de los puertos del Mediterráneo, el inglés y el alemán, el romance en sus tres variedades; romance francés, romance italiano, romance propiamente tal, el latín; en fin, el vasco, y el celta.
Formación profunda y extraña; edificio subterráneo fabricado en común por todos los miserables.
Cada raza maldita ha depositado su capa; cada sufrimiento ha dejado caer una piedra; cada corazón ha dado un guijarro.
Una multitud de almas perversas, bajas ó irritadas, que han atravesado la vida y han ido á desvanecerse en la eternidad, están allí casi enteras y en cierto modo visibles todavía bajo la forma de una palabra monstruosa.
¿Se quieren voces castellanas? La antigua germanía gótica las tiene en abundancia. Ahí está _boffette_, que viene de bofetón; _vantane_, después _vanterne_, que viene de ventana; _gat_, que viene de gato; _acite_, que viene de aceite.
¿Se quieren voces italianas? Ahí está _spade_, que viene de _spada_; _carvel_, que viene de _caravella_ (barco).
¿Se quieren inglesas? Ahí está _bischot_, obispo, que viene de _bishop_; _raille_, espía, que viene de _rascal_, _rascalión_, bribón; _pilche_, estuche, que viene de _pilcher_, vaina.
¿Se quieren alemanas? Ahí está _caleur_, mozo, de _kellner_; _hers_, señor, de _herzog_, duque.
¿Se quieren latinas? Ahí está _frangir_, romper, de _frangere_; _affurer_, robar, de _fur_; _cadene_, cadena, de _catena_.
Hay una palabra que reaparece en todas las lenguas del continente con una especie de poderío y autoridad misteriosa; es la palabra _magnus_. Escocia ha hecho de ella su _mac_, que designa el jefe de la tribu, Mac Farlane, Mac Callumore; el gran Farlane, el gran Callumore. (Obsérvese, sin embargo, que _mac_, en celta, significa hijo). La germanía ha sacado el _meck_, y luego el _meg_, es decir, Dios.
¿Se quieren voces del vascuence? Ahí está _gahisto_, el diablo, que viene de _gaiztoa_, malo; _sorgabon_, buenas noches, que viene de _gabon_.
¿Se quieren del celta? Ahí está _blavin_, pañuelo, que viene de _blavet_, agua que salta; _menesse_, mujer (en mal sentido), que viene de _meinec_, lleno de piedras; _barant_, arroyo, de _baranton_, fuente; _goffeur_, cerrajero, de _goff_, herrero; la _guedouze_, la muerte, que viene de _guenn du_, blanca negra.
¿Se quiere historia, en fin? La germanía llama _malteses_ á los escudos, su recuerdo de la moneda que corría en las galeras de Malta.
Además de los orígenes filológicos que acaban de indicarse, la germanía tiene otras raíces más naturales aún, y que salen, por así decirlo, del espíritu mismo del hombre.
Primeramente, la creación directa de las palabras, que es donde está el misterio de las lenguas.
Pintar con palabras que tienen, sin saber cómo ni por qué, figuras; he ahí el fondo primitivo de todo lenguaje humano, y que podría llamarse el granito de su construcción.
La germanía abunda en palabras de este género; palabras inmediatas, creadas de un golpe, no se sabe dónde ni por quién, sin etimologías, sin analogías, sin derivados; palabras sueltas, bárbaras, alguna vez repugnantes, que tienen una fuerza singular de expresión, y que por ello viven.
El verdugo, _taule_; la selva, _sabri_; el miedo, la fuga, _taf_; el lacayo, _larbin_; el general, el prefecto, el ministro, _phoros_; el diablo, _rabouin_.
Nada tan extraño como esas palabras que enmascaran y evidencian. Algunas, como _rabouin_, por ejemplo, son al mismo tiempo grotescas y terribles, y producen el efecto de una mueca ciclópea.
En segundo lugar, la metáfora. La cualidad de una lengua que quiere decirlo todo ocultándolo todo, es una abundancia de figuras. La metáfora es un enigma donde se refugia el ladrón que medita un golpe y el preso que combina una evasión.
Ningún idioma es más metafórico que la germanía. _Devisser le coco_, torcer el cuello; _tortiller_, comer; _être gerbé_, ser juzgado; un _rat_, un ladrón de pan; _il lansquine_, llueve, antigua figura notable, que en cierto modo lleva su fecha con ella, que asimila las largas líneas oblicuas de la lluvia á las picas espesas é inclinadas de los lansquenetes ó sacanates, y que contiene en una sola palabra la metonimia popular: _il pleut des hallebardes (llueven chuzos)_.
Algunas veces, á medida que la germanía va de la primera época á la segunda, las palabras pasan del estado salvaje y primitivo al sentido metafórico. El diablo deja de ser el _rabouin_ y se convierte en _el panadero_, el que mete en el horno. Es más ingenioso, pero menos grande. Algo como Racine después de Corneille, como Eurípides después de Esquilo.
Hay ciertas frases de germanía que participan de las dos épocas, y tienen á un tiempo el carácter bárbaro y el carácter metafórico, las cuales parecen fantasmagorías. _Les sorgueurs vont sollicer des gails á la lune_ (los vagos van á robar caballos por la noche); esto pasa ante la mente como un grupo de espectros. No se sabe lo que se ve.
En tercer lugar, los expedientes. La germanía vive de los mismos recursos que le presta el lenguaje. Usa de éste á su antojo, le toma al azar y se limita con frecuencia, cuando urge la necesidad, á desnaturalizarlo sumaria y groseramente.
Á veces con las palabras usuales así deformadas y complicadas con palabras de germanía pura, se componen locuciones pintorescas, en las que se advierte la mezcla de los dos elementos precedentes, la creación directa y la metáfora: «Le dab jaspine, je marronne que la roulotte de Pantin trime dans le sobri»: ladra el perro, es de creer que la diligencia de París pasa por el bosque.
«Le dab est sinve, la dabuge est merloussière, la fée est bative»: el señor es bestia, la señora es astuta, la hija es linda.
Lo más frecuente, á fin de desorientar á los que escuchan, es añadir única é indistintamente á todas las palabras de la lengua una especie de colilla ignoble, una terminación en gue, en lla, en orgue ó en uche. ¿Le_gue_ parace_lla_ buen_orgue_ este_lla_ frito_uche_? Frase que dirigió Cartouche á un llavero á fin de saber si la suma ofrecida para la evasión le convenía.
La terminación en _mar_ es una de las que se han usado más modernamente.
Siendo la germanía el idioma de la corrupción, se corrompe presto.
Además, como trata siempre de esconderse, en cuanto es comprendida se transforma.
Al revés de otra vegetación; en ella todo rayo de luz mata cuanto toca.
Por eso la germanía va descomponiéndose y recomponiéndose sin cesar; trabajo obscuro y rápido que no se detiene jamás.
Así es que recorre más camino en diez años que la lengua en diez siglos.
Así _larton_ (pan), se convierte en _lartif_; _gail_ (caballo), se convierte en _gaye_; _fertanche_ (paja), en _fertille_; _momignard_ (muñeco), en _momacque_; _figues_ (ropas), en _frusques_; _chique_ (iglesia), en _egrugoir_; _colabre_ (cuello), en _colas_.
El diablo es primeramente _gahisto_, después _rabouin_, luego _panadero_.
El clérigo es el _ratichón_, después el _jabalí_.
El puñal es el _veintidós_, después _surin_, luego _lingre_.
Los agentes de policía son los _railles_, luego los _roussins_, después _rousses_, después mercaderes de agujetas, galladores, cascantes.
El verdugo es el _taule_, después _charlot_, luego _l'atigeur_, luego _becquillard_.
En el siglo XVII, batirse, era _darse tabaco_; en el XIX, es _mascarse el gaznate_. Veinte locuciones diferentes han pasado entre esos dos extremos.
Cartouche hablaría en hebreo para Lacenaire.
Todas las palabras de esa jerigonza están en perpetua fuga, como los hombres que las pronuncian.
Sin embargo, de cuando en cuando, y á causa de ese mismo movimiento, la antigua germanía reaparece y vuelve á hacerse nueva. Hay puntos principales en que se mantiene.
El Temple, en París, conservaba la germanía del siglo XVII; Bicetre, cuando era cárcel, conservaba la germanía de Thunas. Allí se oía la terminación en _anche_ de los tunos antiguos: ¿_Bebanches tú_ (bebes tú)? _Así creanche_ (así cree).
Mas no por eso deja de ser una ley el movimiento perpetuo.
Si por un momento llega á fijarse el filósofo en esa lengua para observarla, se ve desvanecerse sin cesar, y cae en dolorosas y útiles meditaciones.
No hay estudio más eficaz y fecundo en enseñanzas. Ni una metáfora; no existe una etimología de germanía que no contenga una lección.
Entre esos hombres, _batir_ es _fingir_; se bate una enfermedad; la astucia es su fuerza.
Para ellos la idea del hombre no se separa de la idea de la sombra. La noche se dice _la sorgue_, el hombre _l'orgue_. El hombre es un derivado de la noche.
Se han acostumbrado á considerar á la sociedad como una atmósfera que les mata, como una fuerza fatal, y hablan de su libertad, como pudieran hablar de su salud. Un hombre preso es un _enfermo_; un hombre sentenciado, es un _muerto_.
Lo más terrible para el prisionero, dentro de las cuatro paredes de piedra que le sepultan, es una especie de castidad glacial; así es que llama al calabozo el _castus_.
En ese fúnebre lugar, siempre aparece la vida exterior bajo su aspecto más risueño.
El encarcelado tiene grillos en los pies; ¿creéis acaso que piensa que los pies son para andar? No, piensa que con ellos se baila.
Así es que cuando llega á romper sus hierros, su primera idea es que ya puede bailar, y llama por lo mismo á la sierra _bastringue_ (sala de baile).
Un _nombre_ es un _centro_; profunda asimilación.
El bandido tiene dos cabezas, una que razona sus acciones y le guía durante su vida entera, otra que tiene sobre sus hombros el día de su muerte; á la cabeza que le aconseja el crimen la llama la _sorbona_, y á la que le expía, el _troncho_.
Cuando ha llegado el hombre á no llevar más que andrajos sobre el cuerpo y vicios en el corazón; cuando se halla al final de esa doble degradación material y moral que caracteriza en sus dos acepciones la palabra _andrajoso_, está ya preparado para el crimen; por eso la germanía no dice «un andrajoso», sino un _aderezado_.
¿Qué es el presidio? Un brasero de condenación, un infierno. El presidiario se llama _un leño_.
En fin, ¿qué nombre dan los malhechores á la prisión? _El colegio._ Todo un sistema penitenciario puede salir de esta palabra.
¿Se quiere saber dónde han nacido la mayor parte de las canciones de presidio, esos refranes llamados _lirlonfa_ en su vocabulario especial?
Pues atended:
Había en el Châtelet de París un subterráneo muy grande que estaba á ocho pies bajo el nivel del Sena. No tenía ni ventanas ni respiraderos; la única abertura era la puerta; los hombres podían entrar allí, el aire no.
Este subterráneo tenía por techo una bóveda de piedra, y por suelo diez pulgadas de fango.
Había estado embaldosado; pero las baldosas se habían podrido y agrietado con el rezumo de las aguas.
Á ocho pies del suelo atravesaba de parte á parte aquel subterráneo una larga viga maciza, de la cual pendían, de trecho en trecho, cadenas de tres pies de largo, en cuyo extremo había una argolla.
Encerrábase en aquella cueva á los condenados á presidio hasta el día que salían para Tolón.
Los empujaban hasta debajo de aquella viga, donde á cada cual le esperaba su herramienta oscilando en las tinieblas.
Las cadenas, esos brazos pendientes y las argollas, esas manos abiertas, cogían aquellos miserables por el cuello.
Remachábanse los hierros y se les dejaba allí.
La cadena resultaba corta y no podían echarse. Permanecían inmóviles dentro de aquella cueva, en aquella noche, bajo aquella viga, casi colgados, obligados á hacer esfuerzos inauditos para alcanzar el pan ó el cántaro, con la bóveda sobre la cabeza, el cieno á media pierna, corriéndoles el excremento por las corvas, destrozados de fatiga, doblándose por las caderas y rodillas, agarrándose con las manos á la cadena para reposar, no pudiendo dormir sino de pie y despertándose á cada instante por el rozamiento de la argolla. Algunos de ellos ni siquiera llegaban á despertar.
Para comer, subían con el talón á lo largo de la tibia hasta la mano el pan que les arrojaban en el lodo.
¿Cuánto tiempo permanecían así?
Un mes, dos meses, á veces hasta seis; hombre hubo que se pasó allí un año.
Tal era la antesala de los presidios donde se entraba á veces por haber robado una liebre al rey.
En ese sepulcro-infierno ¿qué hacían?
Lo que se puede hacer en un sepulcro, agonizar, y lo que se puede hacer en un infierno, cantar, porque donde no hay esperanza, queda el canto.
En las aguas de Malta, cuando se acercaba una galera, oíanse los cantos antes que el ruido de los remos.
El pobre cazador furtivo Survincent, que había pasado por la prisión subterránea del Châtelet, decía: «Las rimas son las que me han sostenido».
Inutilidad de la poesía. ¿Para qué sirve la rima?
En aquel subterráneo es donde nacieron casi todas las canciones de germanía. Del calabozo del Gran Châtelet de París viene aquel melancólico mote de la galera de Montgomery: _Tímaloumisaine, timaloumison_.
La mayor parte de estas canciones son lúgubres; algunas son alegres; una hay tierna:
Aquí está el teatro Del niño dardero
Hágase lo que se quiera, nunca se podrá arrancar ese eterno residuo del corazón del hombre, el amor.
En ese mundo de acciones sombrías, cada cual guarda su secreto. El secreto es propiedad de todos.
El secreto, para esos miserables, es la unidad que sirve de base á la unión.
Romper el secreto, es arrancar á cada miembro de esa comunidad feroz algo de sí mismo.
Delatar, en la lengua enérgica de germanía, se dice: «Comer el bocado», como si el delator sacase para sí un poco de la substancia de todos y se alimentase con un bocado de la carne de cada uno.
¿Qué es recibir un bofetón? La metáfora vulgar responde: «Ver treinta y seis candelas».[6]
Aquí interviene la germanía y dice á su vez: «Candela, humo». Con lo que el lenguaje usual ha hecho «humazo», sinónimo de bofetón.
Así, por una especie de penetración de abajo hacia arriba, ayudando la metáfora, esa conductora incalculable, la germanía sube de la caverna á la Academia; y diciendo Pulallier: «Yo enciendo mi humo» (candela), le hace escribir á Voltaire: «Langleviel de la Beaumelle merece cien humazos» (bofetones).
Una investigación en la germanía trae un descubrimiento á cada paso. El estudio profundo de ese extraño idioma conduce al misterioso punto de intersección de la sociedad regular con la sociedad maldita.
El ladrón tiene también su carne de cañón, la materia robable: vosotros, yo, cualquiera que pasa; el «pantre». («Pan», todo el mundo).
La germanía es el verbo convertido en presidiario.