Los Ladrones de Londres

Part 3

Chapter 33,878 wordsPublic domain

Oliverio Se estremeció al sonido de esta voz. En ello tenia escusa; estas palabras eran dictadas por la benevolencia, y ordinariamente los sonidos estraños nos espantan. Tembló de pies á cabeza y rompió en copioso llanto.

--Hijo mio! --prosignió el magistrado --estais pálido y pareceis espantado!

Decid; que teneis?

Oliverio cayó de rodillas, juntó sus manos y esolamó con tono suplioante:

--Volvedme a la prision, al aposento negro! Dejad que me muera de hambre . . . azotadme, matadme si quereis; pero por piedad, no me envieis con ese hombre espantoso!

--No esperaba menos! --dijo Mr, Bumble elevando los ojos y las manos con el aire mas mistico ―Entre los espósitos falsos é hipócritas que conozco, tu Oliverio te llevas la palma.

--Callaos pertiguero! --esclamó el segundo magistrado despues que aquel hubo desembuchado este doble epíteto.

--Perdon señor magistrado. --dijo Mr. Bumble creyendo haber oido mal. --Acaso me habeis dlrijido la palabra?

--Si; Sin duda. Os he dicho que os calleis.

Mr. Bumble quedó estupefacto. Imponer silencio á un pertiguero! Que revolucion moral!!!!

El magistrado de los anteojos de concha miró á su colega, é hizo un movimiento de cabeza significativo.

--Rehusamos sancionar esta acta! --dijo rechazando la hoja de pergamino.

--Espero Señores Magistrados --balbuceó Mr. Limhkins --que el simple testimonio de un niño no inducirá á creer que las autoridades de la casa de Caridad se han portado mal en esta ocasion.

--Los Magistrados no son llamados para dar su dictámen sobre este asunto --repuso el segundo magistrado. --Volved este niño á la casa y tratadlo con dulzura, pues parece tiene de ella mucha necesidad.

Aquella tarde misma el hombre del chaleco blanco afirmó con mas conviccion que nunca, que no solo Oliverio seria ahorcado, si que tambien descuartizado por añadidura. Mr. Bumhle sacudió la cabeza con aire sombrío y misterioso y dijo deseaba que el muchacho _tuviera buen fin_, á lo que Mr. Gamlield añadió que desearia fuera _en sus manos_, deseo que pareció de naturaleza muy diferente aunque en muchos puntos el limpia chimeneas estuviera acorde con el pertiguero.

A la mañana siguiente se hizo saber de nuevo al público que Oliverio Twist estaba aun para alquilar, y que se le contarian 5 libras esterlinas al que quisiera encargarse de él.

CAPÍTULO IV.

HABIÉNDOSE OFREGIDO Á OLIVERIO OTRA COLOCACION EFECTUA SU ENTRADA EN EL MUNDO.

EN las familias numerosas de Inglaterra cuando no hay esperanza de lograr un empleo ventajoso para un jóven que empieza á entrar en edad sea por derecho de sucesion ó de futura, es costumbre comun el hacerlo marino. Los Administradores estimulados por una conducta tan razonable y ejemplar, se reunieron en consejo á fin de obviar los medios para embarcar á Oliverio Twist en un buque mercante de poco porte que estuviera á la carga para un puerto mal sano y adaptaron este partido como el mas conveniente para el muchacho. De este modo era probable que el dia menos pensado el patron del buque, con el fin de distraerse despues de comer ó con el objeto de proporcionarse un ejercicio favorable á la digestion, le haria saltar los cesos con una barra de hierro. (Pasatiempo á que como sabe mos son muy aficionados los señores marinos.)

Mr. Bumble encargado de hacer algunas diligencias preliminares para lograr el encuentro de cualquiera capitan que necesitara á bordo de su buque un grumete sin parientes ni amigos, volvia á la casa para dar cuenta de su comision, cuando en el lindar de la puerta se encontró cara á cara con un personage que era nada menos que Mr. Sowerberry empresario _parroquial_ de los entierros.

--Ola Mr. Bumble! Vengo de tomar la medida de dos mugeres muertas ayer noche. --dijo el empresario.

--Hareis fortuna Señor Sowerberry. --dijo el pertiguero introduciendo con destreza el pulgar y el index en la caja de polvo que le presentó el empresario y que era un hermoso y diminuto modelo de ataud. --Os digo que hareis fortuna. --continuó dando un golpecillo de baston en muestra de amistad sobre la espalda de este último.

--Así lo creeis? ―dijo el otro con un acento que parecía admitir y rechazar á la vez la probabilidad del hecho. --Señor Bumble; los precios que me abona la Administracion de la casa de caridad son muy pequeños!

--Así son vuestros ataudes! --replicó el pertiguero con aire zumbon; pero sin traspasar los límites de la gravedad anexa á un hombre de posicion.

--Esta respuesta tan á propósito de Mr. Bumble, exitó como quien dice la hilaridad de Mr. Sowerberry. No era menester otra cosa para provocar su buen humor, así es que soltó una carcajada que parecía de nunca acabar. --Vaya! En honor de la verdad Señor Bumhle ―dijo despues de recohrada su serenidad ―confieso francamente, que despues del sistema de alimentacion nuevamente adoptado en esta casa las cajas son un poco mas estrechas y menos profundas que antes. Pero ya se vé, es preciso una miaja de beneficio Señor Bumble. No ignorais que la madera tal como la empleamos es algo cara, y los manojos de hierro tienen que venir de Birmingham por el canal.

--Si, sin duda --replicó Mr. Bumble. --Cada oficio tiene su buen y mal lado y un beneficio modesto no es para desdeñarse.

--Pues ya! --dijo el otro --Y si no gano gran cosa en tal ó cual artículo . . . Caramba! siempre hay recompensa en la bondad del hecho ¿no es cierto? he! he! he!

--Justamente. --profirió Mr. Bumble.

--Sin embargo, podria qnejarme de la lucha desigual que sostengo pues que siempre son las personas fomidas las que se _largan_ primero despues de haber probado el régimen de esta casa. --prosiguió el empresario reanudando el hilo de las reflecsiones que el pertiguero había interrnmpido --Si Señor Bumble; acá internos, tres ó cuatro pulgadas de mas en la cuenta de un individuo, abren una famosa brecha en sus beneficios, sobre todo cuando tiene una familia que mantener.

Como Mr. Sowerberry decia esto con el aire de indignacion propia del contratista engañado y Mr. Bumble conoció que insistiendo sobre este punto podía acarrear alguna observacíon desagradable respecto el honor de la parroquia, consideró prudente el mudar de conversacion y Oliverio le proporcionó el medio.

--Conoceriais casualmente alguno ―dijo ―que necesitara un aprendiz? Hay en la parroquia un niño, que actualmente es una carga monstruosa para ella ó mejor una rueda do molino suspendida de su cuello. Señor Sowerberry buenas condiciones! Una verdadera ganga! --Así hablando dió con sn baston tres golpecitos muy marcados sobre las palabras: _cinco libras esterlinas_ impresas en el anúncio en mayúsculas romanas de una talla gigantesca.

--Por vida de . . . ―esclamó el empresario cogiendo á Bamble por el faldon de su levita de uniforme --justamente quería hablaros de esto. No ignorais . . . Diantre! Que hermoso escudo llevais Señor Bumble! Paréceme que no os lo habia visto an teriormente?

--Si; hace bastante buen efecto. ―dijo el pertiguero envane­cido de la observacion. --El asunto es identíco al del sello parroquial: (_el buen Samaritano curando las llagas de un pobre enfermo_) Señor Sowerberry; es un regalo que me hizo la Administracion el primer dia del año. Lo llevé por primera vez si no me engaño el dia que asistí á la vista del proceso formado con motivo de aquel comerciante arruinado que murió al pié de una puerta cochera en medio de la noche.

--Ah! ya recuerdo. --dijo el otro. --El jurado espresó su veredicto en estos términos: _Muerto de hambre y de frio_, no es cierto?

Mr. Bumble hizo una señal afirmativa.

--Y añadió de un modo enérgico que si el oficial de vigilancia hubiese . . .

--Ta . . . ta . . . ta . . . ta! --hizo el pertiguero con tono acre --Si la Administracion tuviese que prestar oídos á toda la ojarazca que esparcen esos _jurados ignorantes_ ¿donde iria á parar?

―Es cierto. --dijo Sowerberry.

―Los jurados ―prosiguió Mr. Bumble oprimiendo fuertemente con su mano el baston, costumbre que tenia cuando estaba colérico. --Los jurados son unos seres _viles, bajos y rastreros_ hasta la quinta escencia.

--Tambien es cierto. --dijo el otro.

--Todos ellos no saben lo que es filosofía, ni _economía política_. --añadió el pertiguero haciendo castañear sus dedos en señal de desprecio.

--Sin duda. --repuso el otro.

--Yo los desprecio! --prosiguió el pertiguero con el rostro encendido por el coraje.

--Y yo lo mismo! --añadió Sowerberry.

--Quisiera ver á uno de esos jurados _tan presuntuosos_ solo por quince dias en nuestro establecimiento; el régimen y los estatutos de la Administracion domarian pronto su espíritu de independencia.

--Es preciso dejarlos por lo que son Señor Bumble. --dijo Sowerberry sonriéndose con aire de aprobacion para calmar el enojo creciente del funcionario indignado.

--Mr. Bumble quítándose el sombrero sacó de él su pañuelo, enjugó su frente que la irritacion habia inundado de sudor, colocó de nuevo sobre su cabeza el tricornio, y volviéndose á Mr. Sowerberry dijo con tono mas calmado:

--Y bien, que querias decirme respecto á ese muchacho?

--Nada Señor Bumble. Ya sabeis que pago una fuerte contribucion por causa de los pobres.

--Hem! --hizo el pertiguero --¿y que?

―Creo, --repuso Sowerberry --que puesto que pago tanto por ellos, es muy justo saque de ello todo el provecho posible. He aquí porque bien refleccionado, no seria malo tomar ese niño para mi.

Mr. Bumble cojíó el _zampa―muertos_ por el brazo y lo hizo entrar en la casa. Mr. Sowerberry estuvo encerrado con los Administradores por espacio de cinco minutos durante los cuales se convino en que tomaria á Oliverio por vía de prueba y que á este efecto este último iria aquella noche misma á su casa.

Cuando al comparecer Oliverío en la propia tarde ante aquellos señores, supo que iba á entrar de aprendiz en casa un fabricante de ataudes y que si se quejaba de su condicion ó bien volvia otra vez á cargo de la parroquia, se le embarcaria con peligro de ser machucado ó anegado, demostró tan poca emocion que todos á una esclamaron que era un pilluelo de corazon endurecido y Mr. Bumble recibió la órden de llevarlo al momento.

Este acatándola sin demora, condujo al pobre Oliverío á casa su nuevo patron, administrándole por vía de despido algunos bastonazos y algunos consejos propios de un digno pertiguero. El niño lloraba y se consideraba tan solo y abandonado que no pudo menos de hacerlo notar á Mr. Bumble. Cualquier otro mortal se hubiera tal vez enternecido al ver el dolor candoroso del infortunado. Pero un pertiguero! Mr. Bumhle creia á la sensibilidad indigna de su dignidad parroquial.

El empresario acababa de cerrar las puertas de su tienda y se preparaba para inscribir algunas entradas en su gran libro á favor de una vela cuya claridad sombría se adaptaba muy bien con la tristeza del sitio, cuando entró Mr. Bumble.

--Ah! ah! --dijo alzando la vista de sobre su libro y parándose á la mitad de una palabra --Sois vos Mr. Bumble?

--Yo mismo Señor Sowerberry. --contestó este --Aquí teneis el muchacho. (Oliverio saludó.)

--Ah! Bien venido; --dijo el otro levantando el candelero sobre su cabeza para inspeccionar mejor á Oliverio --Señora Sowerberry. ¿Podeis llegaros por un momento querida?

La Señora Sowerberry salió de la trastienda y presentó la forma de una muger baja, delgadita y de talante ceñudo y regañon.

--Querida! --dijo su marido con deferencia --Este es el muchacho de la casa de caridad de quien os he hablado. (Oliverio saludó de nuevo.)

--Buen Dios! y que pequeño! --dijo esta.

--Un poco es verdad! --replicó Mr. Bumble mirando á Oliverio con aire de reconvencion, como si hubiera sido culpa del niño el no ser mas grande --Es algo pequeño sí, Señora Sowerberry; pero el crecerá no lo dudeis.

--Ah! sin duda que crecerá -- repuso secamente la señora --con nuestra bebida y nuestra comida.

--Maliciosa! --Ya lo sabeis; ninguna ganancia hay en los muchachos de la parroquia, ellos siempre cuestan mas caros de lo que valen.

--A pesar de esto los hombres se imaginan que siempre tienen mas razon que sus mugeres. Adelántate tu pequeño esqueleto!

Al mismo tiempo abrió una puertecita y empujó á Oliverio hacia una escalera rápida que conducía á una pequeña habitacion sombría y húmeda adherida al lañero que se llamaba la _cocina_, y en la que estaba sentada una jóven haraposa calzando zapatos destalonados y llevando unas medias de estambre azules todas horadadas.

--Carlota! --dijo la Señora Sowerberry que habia seguido á Oliverio -- Dad á ese muchacho algunos de los pedazos de fiambre que habeis apartado esa mañana para Frip: pues que no ha vuelto á casa en todo el dia se pasará sin ellos. Creo que no te sabrá mal el comerlos, no es verdad?

Oliverio, cuyos ojos chispearon al oir hablar de fiambre, y que anticipadamente se estremecia con el deseo de devorarlos, respondió inmediatamente que no y fué colocado ante él un plato de fiambre compuesto de los pedazos mas groseros y heterogéneos.

En un minuto Oliverío engulló todo lo que habia en el plato sin darse la pena de mascarlo. La Señora Sowerberry le contemplaba con horroso silencio considerando este apetito como de siniestro augurio para el porvenir. Luego le condujo en medio de los ataudes y con su agasajo ordinario le encajó debajo el mostrador que era el dormitorio destinado al novel aprendiz.

CAPÍTULO V.

OLIVERIO ADQUIERE RELACIONES CON NUEVOS PERSONAGES.

OLIVERIO solo y entregado á si mismo en la tienda del empresario de entierros, colocó su lámpara sobre el _banco de obra_ y poseído del miedo arrojó una mirada timída en torno suyo. Un ataud recien acabado y puesto en medio de la tienda sobre dos caballetes negros se parecía tanto á la imágen de la muerte que el pobre jóven sentia recorrer por todos sus miembros un frio glacial acompañado de un temblor convulsivo, cada vez que su vista se fijaba involuntariamente sobre este horrible objeto esperando á cada momento ver un espectro espantoso levantar de el su cabeza repugnante hasta volverle loco de terror.

A la mañana siguiente le despertó un ruido redoblado de punta piés dados á la parte exterior de la puerta de la tienda. Estos se renovaron por cerca veinte y cinco ó treinta veces mientras se vestía á tientas; pero cuando empezaba á descorrer los cerrojos los piés cesaron de golpear oyendose una voz.

--Abrirás esta puerta? --dijo la voz perteneciente á los piés que habian golpeado.

--Al instante señor. --respondió Oliverio descorriendo los cerrojos y volviendo la llave.

--Sin duda serás el aprendiz que se esperaba? --repuso la voz á travez del agujero de la cerradura.

--Si señor. --replicó Oliverio.

--Que edad tienes?

--Diez años señor.

--Siendo así voy á estrangularte en cuanto entre. --prosiguió la voz --Ya lo verás aborto de la inclusa!

Despues de una promesa tan galante la voz se puso á silvar.

Oliverio estaba harto acostumbrado á la realizacion de tales amenazas para tenor ninguna duda de que el dueño de la voz fuera qnien fuera cumpliese en palabra. Dcscorrió los cerrojos con mano trémula y abrió la puerta. Miro por algun tiempo al frente á derecha y á izquierda persuadido de que el incógnito que acababa de hablarle por el ojo de la llave, habia dado algunos pasos de mas para calentarse; porque no vió á nadie mas que un gordo muchacho de la escuela de la caridad, sentado sobre un guarda canton frente la tienda y ocupado en comer una rebanada de pan con manteca que cortaba en pedazos de la medida de su boca con una mala navaja y que tragaba en seguida con mucha voracidad.

―Perdon caballero. --dijo al cabo Oliverio no viendo parecer á nadie mas ―Sois vos el que habeis llamado?

--He dado punta piés. --respondió el otro.

--Necesitais un ataud? --repuso Oliverio con ingenuidad.

A esta pregunta el muchacho de la caridad se puso furioso en grado superlativo y juró que Oliverio antes de poco necesitaria uno si se permitia bromear así con sus _superiores_.

--Mal espósito! Ignoras acaso quien soy yo? --dijo levantándose de guarda canton y adelantándose manos en la faltriquera y con insigne gravedad.

--No señor. --respondió Oliverio.

--Soy el _Señor_ Noé Claypole. --prosiguió el otro --y tu estás bajo mi dependencia. Al avío! abre la tienda y saca las muestras. --Al mismo tiempo el _señor_ Claypole administró un punta pié á Oliverio, entró en la tienda con un ademan magestuoso que le dió mucha importancia y se dirijió á la cocina para almorzar.

--Noé, acercaos á la lumbre. --dijo Carlota --He apartado para vos este pedacito de tocino que he eliminado del almuerzo del amo. Tu Oliverio --dijo á este que acababa de entrar despues de haber cumplido la comision de Noé --cierra esta puerta y coje esos mendrugos de pan que son para tí. Toma tu thé sobre ese cofre que está en aquel rincon y despacha pronto pues tienes que ir á guardar la tienda; ¿lo entiendes?

--Oyes espósito? --dijo Noé Claypole.

--Noé, sois muy terco. --repuso Carlota --Vaya! Dejareis tranquilo á ese niño?

--Que lo deje tranquilo? Pues ya escampa! No hay peligro de que su padre ni su madre vengan á limpiarle los mocos . . . Todos sus parientes le han dado carta blanca para gobernarse á su modo . . . he! he! he!

--Sois un truhan! --replicó Carlota soltando una carcajada imitada por Noé y ambos á dos arrojaron una mirada de desden al pobre Oliverio que sentado sobre un cofre en el rincon mas frio de la cocina comia titiritando los mendrugos de pan que se habian señalado especialmente para él.

Noé era un niño de la escuela de la caridad; pero no un espósito de la casa de caridad. Tampoco era el niño del _acaso_; porque podia trazar su genealogía subiendo hasta sus padres que vivían cerca de aquel sitio. Su madre era lavandera ysu padre un soldado veterano, viejo, borracho, con una pierna de palo y una pension diaria de cinco sueldos seis dineros. Los aprendices de las tiendas de la vecindad habian tenido por largo tiempo la costumbre de insultar á Noé en medio de la calle motejándole de lo lindo y él lo había sufrido con la mayor paciencia del mundo; pero ahora que la fortuna habia arrojado en su camino á un pobre huérfano sin nombre á quien el ser mas abyecto podia señalar con el dedo é insultar impunemente; le hizo expiar con usura las faltas de que los otros se habian hecho culpables para con él.

CAPÍTULO VI.

OLIVEIRO PUESTO FUERA DE QUICIO POR LAS BURLAS AMARGAS DE NOÉ SB ENFURECE Y SORPRENDE Á ESTE POR SU AUDACIA.

TRASCUBRIDO el mes de _prueba_ se firmó el acta de aprendizaje con todos los requisitos convenientes. Cabalmente habia llegado una estacion favorable á las defunciones y para servirme de una espresion comercial la venta de ataudes estaba _á la alza_; de modo que en poco tiempo Oliverio adquirió muchos conocimientos en el arte. El éxito de la industria ingeniosa de Mr. Sowerberry traspasaba los límites de sus pretenciones. Desde tiempo inmemorial no se habia visto al serampion ejercer con tanta violencia sus estragos funestos sobre los muchachos. Así es, que se velan montones de cortejos mortuorios llevando á su frente al pequeño Oliverio, cubierto con un sombrero adorado con un largo crespon que le llegaba hasta los jarretes, todo con grande estupefaccion de las madres con movidos por la novedad del espectáculo.

Como Oliverio acompañaba tambien á su maestro en la mayor parte de sus espediciones de cuerpos mayores para adquirir esa _firmeza_ de carácter y ese ascendiente sobre la sensibilidad que distingue al enterrador de las demás clases de la sociedad, mas de una vez tuvo ocasion de observar con que _resignacion_ y con que _noble_ valor ciertos _espíritus animosos_ suportaban sus pruebas y sus pérdidas.

Era digno de notarse que las personas de uno y otro sexo que mientras tenia efecto el entierro se entregaban á la mas violenta desesperacion, eran las que al regresar á la casa mortuoria se en contraban mucho mejor presentándose ya perfectamente tranquilas despues de la comida acostumbrada. Oliverio contemplaba con grande asombro todos estos hechos á la vez satisfactorios é instructivos.

Si Oliverio Twist adquirió la resignacion por el ejemplo de esas _buenas gentes_ es cosa que no puedo afirmar con confianza; á pesar de ser su biógrafo. Solo puedo decir que por espacio de muchos meses continuó sometiéndose con dulzura á la tiranía y á los malos tratos de Noé Claypole quien hacia de ellos un uso mas continuado que antes, celoso como estaba al ver el recien llegado promovido al basten negro y al sombrero con crespon, cuando el _primer_ venido se habia quedado con la gorra redonda y calzon de piel. Carlota por su parte lo maltrataba porque así lo hacia Noé y la Señora Sowerberry era su enemiga declarada, porque Mr. Sowerberry le demostraba proteccion. De modo que Oliverio viéndose obligado á luchar por un lado contra esos tres individuos y por otro contra la repugnancia á los entierros estaba muy lejos de encontrarse a su gusto.

Pero héme aquí llegado á un pasaje importante de su historia; debo citar un hecho que si bien fué de poca importancia, no dejó de producir un cambio total en su porvenir.

Un dia que Oliverio y Noé habian bajado á la cocina á la hora acostumbrada de comer para tomar cada uno su parte de una libra y media de mala comida, encontrándose Carlota ausente en aquel entonces tuvieron que esperar un momento durante el cual Noé Claypole que era la vez famélico y vicioso creyó pasar mejor el tiempo hostigando y atormentando al jóven Twist. En efecto, empezó por poner los piés sobre los manteles, tiró los cabellos de Oliverio, le pellizcó las orejas, le insinuó que era un maulon y llegó hasta á manifestar el placer que tendria en verlo colgar un dia de la horca. En suma, no hubo maldades que no pusiera en ejercicio contra ese pobre muchacho haciendo con ello honor á su natural perverso de niño de la caridad que era. Pero viendo que todo esto no producía el efecto que esperaba, que era hacer llorar á Oliverio, cambió sus baterías y para hacerse aun mas gracioso hizo lo que hacen muchas almas de cieno personas mas _encopetadas_ que Noé cuando quieren hacerse el _mono_; lo atacó personalmente.

--Expósito! dijo --¿cómo se encuentra tu mamá?

--Ha muerto. --respondió Oliverio. --Os ruego no me hableis de ella!

Al decir esto un vivo encarnado apareció en el rostro del niño, su respiracion se hizo dificultosa, hubo en sus labios y en sus narices un juego estraño que el _Señor_ Claypole tomó por el preludio de unas fuertes ansias de llorar. Poseido de esta idea, volvió á la carga.

--Y de que ha muerto expósito? --preguntó.

--De pesar! Esto al menos es lo que me han dicho algunas viejas de la casa de caridad --repuso Oliverio mas bien dirijiéndose a sí mismo que respondiendo a Noé --Adivino azás lo que es morir de pesar.

--La titiridon, la titirindaina! --gorgeó Noé viendo rodar una lágrima en la megilla del niño. --Vaya . . . que es lo que te hace lloriquear ahora?

--No _vos_ al menos! --replicó Oliverio pasando su mano con rapidez sobre su mejilla para enjugar una lágrima prócsima á caer. --No penseis que seais _vos_!

--Nunca jamás he pensado ni pensaré tal cosa! --repuso Noé con aire chocarrero.

--Entonces hasta sobre este punto! --replicó vivamente Oliverio --Guardaos de hablarme mas de ella; es lo mejor que podeis hacer.

--Lo mejor que puedo hacer! --esclamó Noé. --Mil perdones! Lo mejor que podré hacer! Largaos que allá viene mata muertos! ah! ah! ah! Paquete de contrabando! no te insolentes ó me enojo! Tú respetable mamá era un buen pedazo de moza, he?

Esto diciendo Noé sacudió la cabeza con malicia y frunció su pequeña nariz roja todo lo que sus músculos le permitieron en esta ocasion.

--Te consta positivamente. --continuo envalentonado por el silencio de Oliverio y afectando un aire de piedad maligno. --Sabes bien que ya no hay remedio ahora: tu mismo nada podrias lo que siento y te aseguro que te compadezco de todo corazon al igual de todos los que te conocen; con todo es preciso confesar que tu madre era una verdadera mugerzuela.