Los Ladrones de Londres

Part 14

Chapter 144,008 wordsPublic domain

--Me volveré á acostarme viva! --gritó la enferma forcejando. --Quiero que _ella_ sepa . . . Venid acá! mas cerca . . . que os lo diga muy bajo al oido.

Cojió á la matrona por el brazo y atrayéndola hácia una silla que estaba á su cabecera la hizo sentar en ella.

Iba á hablar, cuando al arrojar una mirada á su alrededor, vió á las dos viejas que con el cuello tendido y el cuerpo adelantado, prestaban atento oido á lo que iba á decir.

--Mandad que salgan! continuó con vos letárgica --Pronto! pronto!

Las dos viejas gritando á duo se quejaron amargamente de verse desconocidas por su antigua camarada y protestaron contra la injusticia que habria en separarlas de ella en sus últimos momentos; pero la matrona las empujó fuera del aposento, les echó la puerta encima y volvió á sentarse á la cabecera de la enferma.

--Ahora escuchad con atencion! --dijo la moribunda con voz mas fuerte como para exitar en ella una última chispa de energia. --Eneste aposento en este lecho, asistí en otro tiempo á una jóven y hermosa criatura que habian llevado á esta casa. Sus piés magullados y rasgados por la marcha estaban cubiertos de sangre y polvo. Dió á luz un niño y murió! Esperad . . . esperad! En que año fué?

--Poco importa el año! --dijo la impaciente matrona --Y bien que . . . qué hay respecto á esa muger?

--Ah! --murmuró la enferma, recayendo á su primer amodorramiento --Respecto á la jóven no es esto? Respecto á . . . a . . . ella? Ah! si! (rompió en llanto, arrojó un grito penetrante y saltó sobre el lecho con ademan furioso; su rostro se volvió purpúreo y sus ojos le salian de la cabeza.) --La robé! Si! De toda verdad . . . La robé! Aun no estaba fria! Si . . . lo repito . . . estaba aun tibia cuando la robé!

--Qué le robaste? Por el amor de Dios hablad! --esclamó la matrona con un movimiento como para pedir socorro.

--Voy á decirlo! --replicó la moribunda, poniendo la mano en la boca de la otra. La única prenda que poseia . . . Carecia de todo . . . de vestidos para cubrirse y de pan para subsistir . . . pero habia conservado preciosamente sobre su seno . . . Era oro . . . yo lo digo . . . oro magnífico que hubiera podido salvarle la vida!

--Oro! --repitió la matrona abalanzando su cuerpo sobre el lecho de la moribunda, á medida que esta volvia á caer sobre la almohada --Continuad! y despues? Quién era la madre? En qué tiempo? En qué época? Hablad! hablad!

--Me habia suplicado que la guardara --prosigió la otra dando un suspiro profundo --Me la habia confiado, por ser la única persona que estaba á su lado en la hora de la agonía . . . Yo la codicié, en el fondo de mi corazon . . . la robé de pensamiento cuando se la ví por primera vez al rededor de su cuello! --Y lo peor, es que sin duda tengo que reprocharme la muerte del niño! Ciertamente lo hubieran tratado mejor si hubieran sabido todo esto!

--Sabido qué? --preguntó la matrona --Hablad!

--El pequeñuelo se parecia tanto á su madre, á medida que se hacia grande (continuó la otra, sin hacer caso de la pregunta.) que cada vez que la veia, no podia librarme de pensar en ella . . . Pobre jóven! Pobre muchacha! Era tambien tan tierna . . . Un hermoso corderito! Esperad! Es verdad que no os lo he dicho todo? Me parece que aun me queda algo que deciros!

--Sí! sí! --replicó la comadre pegando su oreja á los labios de la moribunda para cojer las palabras que salian ya lentamente de su boca --Decid pronto . . . ó ya no habrá tiempo!

La madre. --dijo aquella haciendo un último esfuerzo para elevar la voz --La madre sintiendo acercarse el momento de su muerte me dijo al oido que: _si su hijo venia al mundo vivo y llegaba á poder recibir educacion, vendria un dia en que podria pronunciar el nombre de su pobre madre sin ruborizarse --Y vos oh Dios mio!_ añadió juntando sus manos flacas y delicadas --_Sea un niño ó una niña proporcionadle amigos en esta tierra de dolor y de destierro y apiadaos de un pobre huerfanito abandonado á la merced de estraños!_

--El nombre del niño? --preguntó la comadre.

--Le llamaban Oliverio --respondió la moribunda con voz débil --El oro que he robado era . . .

--Oh! sí, sí . . . que era? --esclamó vivamente la matrona.

En el momento en que se encorvaba con ansiedad para recibir la respuesta de la agonizante, esta volvió lentamente y con tirantez á su primera posicion y empuñando con ambas manos el cobertor de la cama barbulló con voz gutural, algunas palabras ininteligibles y cayó sin vida sobre la almohada.

--Muerta ya! --dijo una de las dos viejas entrando precipitadamente luego que la puerta fué abierla . . .

--Y sin haberle sacado una palabra! --añadió la comadre yéndose.

CAPÍTULO XXVI.

AUN FAGIN Y COMPAÑIA.

MIENTRAS estos acontecimientos tenian lugar en la casa de Caridad, en cuestion. Mr. Fagin se hallaba en su vieja guarida (la misma que Oliverio habia dejado en compañia de Nancy.) sentado ante la chimenea y teniendo sobre sus rodillas un fuelle con el que sin duda habia procurado avivar el fuego, cuyo humo se esparcia por todo el aposento, con tufo sofocante. Sus codos sobre el fuelle y su cara apoyada sobre sus muñecas, miraba el hogar con aire distraido y parecia sumergido en profunda reflecsion.

En una mesa detrás de él, Cárlos Bates, Monsieur Chitling y el Camastron hacian una partida de _wist_, el último solo contra los otros dos. Su fisonomía expresiva siempre, se hizo todavia mas chocante por la seriedad con que estudiaba la partida y los vistazos que lanzaba de cuando en cuando, segun se presentaba la ocasion sobre las cartas de Monsieur Chitling, arreglando sábiamente su juego al tenor de las observaciones que habia hecho sobre el de este último. Como hacia frio, (segun su costumbre) tenia puesto su sombrero. Apretaba entre los dientes una pipa de barro que no dejaba sino cuando juzgaba necesario recurrir á una medida de cobre colocada sobre la mesa y que de ante mano habia sido llenada de _grog_ para el bien de la compañia.

Maese Bates prestaba tambien mucha atencion á su juego; pero siendo de un carácter mucho mas jocoso que su incomparable amigo, recurrió mas á menudo á la medida de cobre y de consiguiente se permitió ciertas graciosidades y ciertas observaciones, del todo intempestivas, que de ningun modo convienen á un buen jugador, especialmente en el juego, de _wist_, que ecsije silencio y atencion. En vano el Camastron usando del derecho que le daba su intimidad para con él, le reprochó mas de una vez la inconveniencia de su conducta; Maese Bates se rió de él (y para servirme de su espresion) lo _envió á paseo_ y por sus reincidencias tan vivas como espirituales, exitó en el mas alto grado la admiracion de Mr. Chitling.

Lo mas asombroso es que este último y su pareja perdian siempre y que esta circunstancia lejos de enfadar á maese Bates parecia divertirle infinito pues que reia á carcajadas al fin de cada partida asegurando que _en su vida ni en sus dias_, se habia divertido tanto.

Al diablo las cartas! --dijo Chitling, con acento irritado sacando del bolsillo de su chaleco una _media corona_ --Vaya una suerte insolente la que tienes Jac. Nos ganarias hasta el último sueldo . . . Por bueno que tengamos el juego Cárlos y yo, siempre perdemos!

A tal observacion hecha con tono lamentable, Bates soltó una carcajada que sacó al judío de sus reflecsiones y preguntó que sucedia.

--Señor Fagin! --esclamó Cárlos --Quisiera, que hubiereis podido ver el juego . . . Tomás Chitling no ha hecho un solo punto y yo era su pareja contra el Camastron.

--Ah! ah! --dijo el judío sonriendo de un modo que daba á comprender que no ignoraba la causa --Toma tu revancha Tom . . toma tu revancha!

--No Fagin; gracias. No quiero mas juego . . . El Camastron tiene una ventaja que no se puede resistir.

--Ah! ah! querido! --repuso el judío . . . Es preciso levantarse muy de mañana para poder ganar al Camastron.

--Levantarse muy de mañana? --esclamó Cárlos Bates. --No basta el levantarse de mañana! Es preciso que os pongais las botas en la víspera, tener un doble telescopio y unos anteojos entre vuestras dos espaldas si quereis lograr tal cosa.

Mr. Dawkins recibió este elogio lisongero con la mayor modestia y prometió decir al primer venido por la sencilla retribucion de un _Sheling_ cada vez, la carta que éste hubiere pensado. Como nadie aceptó el desafio y su pipa estaba ya apagada, se divirtió en trazar el plano de la prision de Newgate con el lapiz que le habia servido para apuntar el juego silvando entre tanto de una manera muy particular.

--Parece que no tienes humor de divertirte Tom! --dijo el Camastron, rompiendo el silencio que duraba desde mas de cinco minutos --Apuesto Fagin que no adivinais lo que le preocupa.

--Cómo quieres que lo adivine querido mio? --contestó el judío levantando la cabeza y volviendo el fuelle á su puesto. --Tal vez piensa en su dinero ó mejor en el _asueto_ que acaba de hacer en la _granja del tio negro_. Ah! ah! ¿no es esto Tom?

--No dais en el _quid_. --replicó el Camastron en el momento que Chitling iba á responder --Qué dices tu de ello Cárlos?

--Yo! --respondió este --Yo pienso que se muere por Betsy --No lo dije! Mirad como le suben los colores! He ahí un mortal dichoso! Oh! Dios! Es posible! Tomás Chitling enamorado! Oh! Fagin, Fagin! que bella farsa!

--No hagas caso de ello Tom! --dijo el judío haciendo una señal de inteligencia á Dawkins y dando á Cárlos un golpecillo con el tubo del fuelle --Va . . . no les escuches! Betsy os amable . . es una muy buena muchacha! Tom adhiérate á ella! Sigue tus dulces impulsos!

--Y aun qué asi fuera! --replicó Chitling todavia mas colorado --Y aun que así fuera . . . es cosa que á nadie le imperta . . .

El judío viendo que le picaba la mosca á Chitling se apresuró á asegurarte de que nadie se burlaba y para prueba de lo que decia llamó á maese Bates el principal ofensor. Desgraciadamente al ir á decir este que en su vida habia estado mas serio, se le escapó tal carcajada que Chitling viéndose mistificada, se abalanzó de improviso sobre el zumbon y le descargó un puñetazo, que éste evitó felizmente, el cual cayendo pesadamente sobre el pecho del _viejo chulo_, lo envió al otro estremo del aposento contra la pared en donde abria toda su boca para respirar mientras que le miraba cas aire consternado.

--Escuchad! --esclamó el Camastron en este momento --dijo la _bachillera_.

Esto diciendo tomó la luz y subió cautelosamente la escalera.

Mientras que la compañia estaba á obscuras, sonó otra vez la campanilla con violencia. Un instante despues, volvió el Camastron y habió misteriosamente á Fagin al oido.

--Viene solo? --esclamó éste.

El Camastron hizo un movimiento de cabeza afirmativo y poniendo su mano ante la luz indicó á Cárlos que haria muy bien en detener su loca alegria por un cuarto de hora; luego fijó la vista en el judío como para esperar sus órdenes.

El viejo llevó sus dedos violados á la boca y reflecsionó un momento. Los músculos de su rostro parecian rudamente contraidos todo este tiempo como si sospechára alguna desgracia y temiera saberla. Al fin levantó la cabeza.

--Dónde se halla? --preguntó al Camastron.

--Este señaló con el dedo el piso superior y se disponia á dejar el aposento.

--Sí! --dijo el judío adivinando la pregunta --Díle que baje. Silencio! Cállete tu Cárlos! Poco á poco Tom! Amigos mios pasad á vuestro cuarto! Dejadnos solos!

Cárlos y Chitling se retiraron sin hacer el menor ruido. Un profundo silencio reinaba en el aposento cuando el Camastron bajó la escalera llevando la luz y seguido de un hombre vestido de blusa, quien despues de haber lanzado una rápida ojeada á su alrededor desató una red de lana que le envolvia toda la parte inferior del rostro y dejó ver la fisonomia del _flamante_ Tobias Crachit pálido hosco y horriblemente fatigado.

--¿Cómo vamos Fagin? --dijo el jóven elegante, haciendo una señal de cabeza al judío. --Tu Camastron mete esta red dentro mi castor para que lo encuentre cuando me iré . . . Aquí . . . esto es! Serás algun dia un famoso _hurraca_ y valdrás algo mas que los antiguos.

Esto diciendo levantó su blusa y la arrolló en su cintura; luego acercó una silla al fuego y puso sus piés sobre el guarda cenizas.

--Mirad Fagin! --dijo con tono lastimero, señalando con el dedo sus botas llenas de barro. Ni una sola gota de lustre desde que sabeis! Vaya no me mireis así! Cada cosa á su tiempo. Me es imposible hablar de negocios antes de comer un bocado. Con que poned el _rancho_ sobre la mesa. --Van ya tres dias que no me ha pasado nada por el _gaznate_.

El judío hizo señal al _Camastron_ de que llevára lo que hubiera de comestibles y sentándose frente del bandido esperó que le diera la gana de hablar.

A juzgar por las apariencias Tobias no llevaba ninguna prisa de entablar conversacion. Por de pronto el judío se contentó con observar su fisonomía, para procurar adivinar en ella, la noticia que traia; pero fué trabajo inútil.

--Fagin pues espiaba con una ansiedad indefinible cada tajada que Tobias llevaba á la boca, paseando arriba y abajo del aposento para matar el tiempo que le parecia tan largo; nada adelantó por eso. Este continuó engullendo hasta que no pudo mas y entonces despues de haber dicho al Camastron que se largára al objeto de quedar solo con el judío y despues de haberle cerrado él mismo la puerta, se llenó un vaso de _grog_ y se dispuso á hablar.

--En primer lugar Fagin . . . dijo.

--Ah! sí, sí! --replicó el otro acercando su silla á la mesa.

El Señor Crachit se paró para tragar su vaso de _grog_ y para declarar que la ginebra era escelente; luego estirando sus piernas sobre el suelo del hogar, para contemplar con mas satisfaccion sus botas continuó tranquilamente.

--En primer lugar Fagin ¿cómo vá Guillermo?

--Qué! --esclamó el judío levantándose bruscamente de la silla.

--Cómo? --dijo Tobias palideciendo . . . ¿No queréis decir?

--No quiero decir! --gritó el judío pateando el suelo con furor --¿Dónde están Sikes y el niño? Dónde están? Dónde han estado? Dónde se ocultan? Por qué no han venido aquí?

--El golpe ha fracasado! --dijo Tobias con acento triste.

--Lo sé! --contestó el judío sacando un periódico de su faltriquera y señalándole con el dedo al artículo que hablaba de ello --¿Y luego?

--Han disparado y herido al _nene_. Hemos jugado las piernas por entre las Layas y las zanjas llevándole entre los dos. Corriamos mas que el viento. Nos han dado la caza. Condenacion! todo el pais estaba en pié y los perros nos tenian la pista!

--El niño? --dijo el judío con tono azorado.

--Guillermo lo habia puesto sobre sus espaldas y brincaba con él; nos hemos detenido para llevarlo entre los dos; su cabeza pendia sobre su pecho y estaba frio como el mármol. Ya nos pisaban los talones . . . entonces cada uno para si y sálvese quien pueda! Cada uno ha tirado por su lado despues de haber dejado al chiquillo dentro una zanja muerto ó vivo. Esto es todo lo que sé.

--Sin dar tiempo á Tobias para reponerse el judío lanzó un grito agudo arrancándose los cabellos y se precipitó del aposento á la escalera y de la escalera á la calle.

CAPÍTULO XXVII.

SE PRESENTA EN LA ESCENA UN NUEVO PERSONAGE. --PARTICULARIDADES INSEPARABLES DE ESTA HISTORIA.

EL viejo habia doblado la esquina de la calle y aun no se habia repuesto de la impresion que le causára el relato de Crachit. Contra su costumbre andaba á prisa sin apariencia de saber donde iba, cuando el roce, violento de un coche que por poco lo derriba y el grito de las personas que vieron el peligro que acababa de correr, le volvieron á la acera. Evitando todo lo posible las calles concurridas y no buscando al contrario mas que los callejones y los pasadizos, llegó al fin á Snow-Hill. Allí aceleró todavía mas el paso y no lo aflojó hasta que hubo entrado en una callejuela, donde como si estuviera convencido de que se hallaba en su propio elemento, emprendió su andar ordinario y pareció respirar mas libremente.

Cerca del punto en que Snow-Hill y Holborn-Hill se unen, se vé á la derecha viniendo de la _Cité_, una calle sombría y estrecha que conduce á Saffron-Hill y en las tiendas sucias de la misma están espuestas para la venta enormes paquetes de pañuelos de todos tamaños y colores; porque allí residen los mercaderes que los compran á los rateros.

En este sitio acababa de entrar el judío. Era muy conocido de los pálidos habitantes del pasaje; pues algunos de entre ellos que estaban en el lindar de la puerta para atisbar á los chalanes le hicieron una señal de cabeza amistoso á la cual respondia del mismo modo sin pararse. Siguió hasta el estremo del pasage y allí dirijió la palabra á un tripero, hombre de baja talle, sentado en una silla de niño y fumando su pipa á la puerta de su tienda.

--Ola Señor Fagin! Os haceis tan raro, que vuestra presencia bastaria para curar de la ophthalmia! --dijo el respetable negociante respondiendo á la pregunta del judío sobre su salud.

--Hacia demasiado calor en vuestro barrio Sively. --contestó el judío levantando los ojos y cruzando sus manos sobre sus espaldas.

--Eso es lo que me he cansado de decir, pero ello se aplacará! No sois de mi opinion?

Fagin hizo un movimiento de cabeza afirmativo y señalando con el dedo á Saffron-Hill, se informó de si habia alquien allí en esta noche.

--A la muestra de _Los tres cojos_? --preguntó el negociante.

El judío hizo señal de sí.

--Esperad! --prosiguió el mercader procurando recordar en su memoria --Si; si mal no recuerdo hay algunos. Vuestro amigo si que creo no está.

--Sikes no ha ido hé?

--_Non es ventús_, como dicen los hombres de la ley! --contestó el hombre pequeño con ademan jactancioso --Teneis algo que pueda convenirme?

--No; hoy no traigo nada. --dijo el judío marchándose.

--Decid Fagin; os vais á la muestra de _los tres cojos_? --gritó el hombrecillo --No me dejaria tirar de la oreja para venir si estuvierais dispuesto á pagar algo.

Pero como el judío volviéndose le hizo con la mano señal de que queria estar solo en la posada de _los tres cojos_, se vió esta vez privada del honor de poseer á Mr. Sively.

La posada de _los tres cojos_, ó simplemente llamada de _Los cojos_, por sus parroquianos era cabalmente la misma en que Sikes y su perro han figurado ya. Fagin subió la escalera haciendo únicamente una seña al hombre que estaba sentado en el mostrador, abrió la puerta de un aposento se introdujo en él con cautela y miró con ademan inquieto á su alrededor, poniendo la mano frente sus ojos como si buscara á alguien.

Este aposento estaba alumbrado por dos mecheros de gas cuya luz resplandeciente era interceptada al exterior, por postigos, sujetos con una barra de hierro y por espesos cortinajes de un encarnado deslucido. El sitio estaba tan lleno de un humo espeso de tabaco, que casi nada se distinguia. Sin embargo habiéndose disipado poco á poco, al través de la puerta que habia quedado entreabierta, permitió ver una reunion de cabezas tan confusa como el ruido de las voces, y á medida que el ojo se acostumbraba á la escena, el espectador hubiera podido tambien descubrir una sociedad numerosa de hombres y mujeres sentados al rededor de una mesa larga, al estremo de la cual estaba el presidente, con su martillo de órden en la mano, mientras que un artista de nariz azulada y llevando el rostro envuelto en un pañuelo, por causa de un dolor de muelas, permanecia ante un mal piano colocado en el rincon mas retirado del aposento.

Fagin poco susceptible á las emociones fuertes, pasó revista uno despues de otro á todos aquellos rostros sin encontrar al que buscaba. Habiendo al fin logrado atraerse la mirada del hombre que ocupaba el estremo de la mesa le hizo una ligera señal de cabeza y se retiró con la misma cautela con que habia entrado.

--Señor Fagin en que podemos serviros? --preguntó el hombre que lo habia seguido hasta la meseta --No quereis ser de los nuestros? Estarán muy gozosos de veros.

El judío sacudió la cabeza con ademan de impaciencia y preguntó en voz baja: --Está aquí?

--No. --respondió el hombre.

--Y no teneis noticias de Barney.

--Ningunas --replicó el amo de la taberna de los _tres cojos_ porque el era. --No se meneará que todo no esté tranquilo. Estad seguro de que la policía, sigue su pista allá abajo y que si tuviera la desgracia de menearse se haria _pinchar_ al primer golpe. Barney está sin duda seguro donde se halla pues de otro modo hubiera oido hablar de él. Apostaria cualquier cosa, que, se hará una buena _retirada_. oh! podeis contar con ello yo salgo garante!

--Vendrá aquí esta noche? --preguntó el judío, cargando la pronunciacion en el pronombre, con el mismo enfasis que antes.

--Monks, quereis decir?

--Chito! --hizo el judío --Si!

--Ciertamente! --contestó, el amo de la taberna, sacando de su bolsillo un reló de oro. Deberia ya haber llegado. Si quereis esperar solo diez minutos, vais á verle.

--No; no! --dijo el judío de un modo que si bien dejaba pensar que deseaba ver la persona en cuestion, no le sabia mal con todo de no encontrarla.

--Decidle que he venido para verle y que lo espero en casa esta noche --No; mejor mañana. Puesto que no está aquí, siempre será tiempo mañana.

--Está bien! --dijo el hombre --Nada mas hay que decirle?

--No --contestó el otro bajando la escalera.

--Escuchad! --hizo el tabernero inclinándose sobre la baranda! --No os parece este magnífico momento para una _venta_! Si quereis tenemos ahí á Felipe Barker . . . Está tan borracho que un niño podria prenderle.

--Ah! ah! --hizo el judío levantando la cabeza! --Pero no es aun la hora de Felipe Barker; tiene aun algo que hacer antes que nos separamos de él. Volved á reuniros con vuestros amigos querido mio y decidles que _se diviertan mucho mientras son de este mundo_ . . . ah! ah! ah!

El patron de la taberna, rió grandemente al oir la reflecsion del viejo y fué á reunirse con sus convidados. No bien el judío estuvo en el lindar de la puerta cuando su fisonomía volvió á tomar la expresion de la inquietud y del temor. Despues de haber reflecsionado un momento, subió en un coche de alquiler y dijo al cochero que se dirijiera hácia Bethnal-Green. Se apeó á un cuarto de milla de la habitacion de Sikes y andó el resto del camino á pié.

--Ahora, --balbuceó entre dientes mientras llamaba á la puerta --si hay alguna anguila, bajo la roca, lo sabré muy pronto de vos jovencita mia á pesar de ser muy maligna!

--Habiéndole dicho la muger que le abrió que Nancy estaba en su habitacion, subió cautelosamente la escalera y abrió la puerta del aposento sin ninguna ceremonia.

La jóven estaba sola con la cabeza, apoyada, encima de la mesa y los cabellos esparcidos sobre la espalda.

--O ha bebido, ó está triste. --dijo el judío para sí.

En esto retrocedió para cerrar la puerta y dispertando Nancy al ruido fijó su mirada en el viejo mientras este le contaba la relacion de Tobias Crachit. Luego que hubo concluido, volvió á tomar su actitud primera sin hablar una palabra mas. Nancy la quitaba el candelero con impaciencia, rozaba sus piés sobre el piso cada vez que cambiaba de posicion . . . pero no pasaba de aquí.

Durante todo este tiempo el judío miraba en torno suyo, con ademan inquieto como si hubiese querido asegurarse de que Sikes no habia regresado.

Despues de satisfecha su curiosidad sobre este punto, tosió dos ó tres veces é hizo todo lo posible para entablar la conversacion; pera la jóven no hizo mayor caso de él ni se movió mas que una estátua de piedra.

Al fin hizo el último esfuerzo y frotándose las manos dijo con el tono mas afable:

--Y dónde crees tu que puede estar ahora Sikes he?

Nancy respondió de un modo inteligible y como si llorase que no lo sabia.

--Y el niño? --replicó el judío mirando á la jóven de reojo para ver la espresion de su fisonomía. --Pobrecito! Abandonado en una zanja! No atiendes Nancy?

--El niño! --dijo esta levantando la cabeza --Está mejor donde se halla que no con nosotros! Y con tal que Sikes salga bien librado, anhelo que esté muerto en la zanja y que sus huesos se pudran en ella.