Part 15
--Cómo? --esclamó el judío con asombro.
--Es la verdad. --repuso la jóven mirándole á su vez fijamente --Estaria muy contenta de no verle ya mas ante mis ojos y saber que se halla libre de todo lo que le podia suceder de peor . . . El verle á mi alrededor era un peso insoportable; su solo aspecto era una reconvencion contra mi y contra vosotros todos.
--Ba! --hizo el judío con acento de desprecio. --Hija tu estás beoda.
--Ah! sin duda! y no seria culpa vuestra sino lo estuviera . . . No os sabe mal que esté así, con tal que obre á vuestro gusto . . . acepto cuando no os conviene --no es así?
--No! Ahora no me conviene! --replicó el judío furioso.
--Pues es preciso que os convenga! --repuso ella soltando una carcajada.
--Qué me convenga? --esclamó el judío sumamente irritado por la tenacidad de la jóven y por las contrariedades del dia --Qué me convenga! Atiende tu bien, necia; atiéndeme bien á mi que con seis palabras puedo estrangular á Sikes tan de seguro como si tuviera ahora su cabeza de toro entre mis manos. Si vuelve sin ese niño . . . si tiene la audacia de no traérmelo vivo ó muerto, asesínale tu misma sino quieres que Jacobo Ketch (el verdugo) haga con él su negocio . . . _dale pasaporte_ al momento que ponga los piés en este aposento, de lo contrario tal vez seria tarde.
--Qué significa todo esto? --esclamó la jóven involuntariamente.
--Qué significa todo esto? --prosiguió el judío ciego de cólera. Escucha! cuando ese niño forma para mi el valor de muchas centenas de libras, debo perderlo acaso por culpa de un acto de borrachos de quienes podria deshacerme á satisfaccion? Deberé yo someterme á un pillo á quien no le falta mas que la voluntad y que tiene el poder de . . .
El viejo, sumamente sofocado no pudo concluir su pensamiento y reprimiendo de pronto su coraje se manifestó otro hombre.
Despues de un silencio de algunos minutos aventuró una mirada sobre su compañera y se tranquilizó en seguida viendo que estaba en el mismo estado de insensibilidad de que la habia sacado poco antes.
--Nancy! Querida mia! --dijo con su voz de cuervo. --Has parado la atencion en lo que te he dicho?
--No me atormenteis Fagin! --respondió la jóven levantando perezosamente la cabeza --Lo que Guillermo no ha hecho esta vez, lo hará otra. Ya sabeis que ha hecho muchas cosas por vos y que hará muchas otras cuando podrá . . . Y cuando no lo hace es porque no puede . . . con que no hablemos mas de ello.
--Si; pero y respecto á ese niño? --dijo el judío frotándose las manos fuertemente.
--El niño debe correr los mismos percances que los otros. --Repuso Nancy con tono brusco --Y lo repito confio que está muerto y de consiguiente á salvo de todo peligro, sobre todo de aquel á que estaba expuesto á vuestro lado.
--Queridita y respecto á lo que dije hace un instante? --dijo el judío, fijando en ella su ojo de lince.
--No teneis mas que repetirlo. Y si es algo que deseais haga por vos, mejor hariais en esperar á mañana. Os escucho con atencion cuando me hablais; pero un instante despues ya no se lo que me habeis dicho.
El judío la hizo aun algunas preguntas, para asegurarse de que no habia retenido sus palabras indiscretas; pero ella respondió con tanto aplomo y sostuvo tan bien la mirada escuadriñadora del viejo que éste volvió á su idea primitiva de que la jóven _estaba en las viñas del Señor_.
Efectivamente Nancy no estaba exenta de una falta demasiado comun por desgracia entre los pupilos (hembras) del judío y á la que desde sus mas tiernos años habian sido escitadas mas bien que contenidas.
Tranquilizado por este descubrimiento y satisfecho su doble objeto, de comunicar á Nancy, lo que aquella misma noche habia oido de Tobias y de asegurarse por sus propios ojos de que Sikes no habia vuelto, se fué, dejando á su jóven amiga dormida sobre la mesa.
Era cerca la una de la madrugada y como hacia obscuridad y mucho frio no tuvo ninguna intencion de recrearse paseando.
Habia doblado la esquina de su calle y buscaba en la faltriquera la llave, cuando un personaje salió de un vestíbulo, á la sombra del cual estaba oculto y atravesando el arroyo, se deslizó á su lado sin haberlo reparado.
--Fagin! --dijo una voz muy cerca de su oido.
--Ah! --hizo el judío volviéndose vivamente --Sois vos?
--Si; --respondió el desconocido con tono acre. --Van ya dos horas que me teneis allí de planton! ¿En dónde diablos habeis estado?
--A asuntos vuestros querido. --dijo el judío moderando el paso y mirando al desconocido con aire de embarazo. --He galopado por vos toda la noche!
--Oh! No lo dudo! --repuso el desconocido con tono burlon. Y bien! ¿Qué hay de nuevo?
--Nada bueno!
--Nada malo quereis decir! --esclamó el otro parándose en seco y mirando á su compañero con sorpresa.
Fagin que deseaba dispensarse de recibir visita en hora tan intempestiva, se escusó diciendo que no habia fuego en su casa; pero habiendo su compañero reiterando su pregunta con tono de autoridad abrió la puerta y le suplicó que la cerrára suavemente mientras que él iba por luz.
Esto está negro como boca de lobo. --dijo el desconocido dando algunos pasos á tientas. --Despachad pronto! No hay nada que deteste tanto como el estar á obscuras.
--Cerrad la puerta! --murmuró Fagin desde el estremo del pasadizo.
Al mismo tiempo ella se cerró con grande estrépito.
--No he sido yo quien ha hecho esto! --dijo el hombre buscando el camino. El viento la ha empujado ó se ha cerrado por si misma . . . Despachad en llevar la luz antes que me rompa el bautismo contra alguna cosa de este maldito barracon!
Fagin bajó á hurtadillas á la cocina y volvió luego con una vela encendida, despues de haberse asegurado de que Tobias Crachit dormia en la pieza subterránea de detrás y sus dignos discípulos hacian otro tanto en la de delante. Hecha señal á su compañero de que le siguiera subió la escalera marchando delante.
--Querido mio, podemos decir aquí las pocas palabras que tenemos que comunicarnos. --dijo el judío abriendo una puerta en el primer piso --y como hay agujeros en los postigos y nosotros no mostramos jamás la luz á nuestros vecinos dejarémos la vela en la escalera . . . Aquí!
Esto diciendo el judío dejó la vela sobre la meseta frente por frente del aposento en que entraron y en el que habia por todo mueblaje un sillon roto y un viejo sofá sin forro colocado detrás de la puerta.
Veian un poco porque la puerta estaba entreabierta y la vela derramaba un resplandor débil en la pared de enfrente de ellos.
Duranté algunos minutos hablaron en voz baja y á pesar de que esceptuando algunas palabras inconexas, fuese imposible oir su conversacion, un tercero que los hubiese escuchado fácilmente hubiera podido adivinar que Fagin se defendia contra las inculpaciones del incógnito y que este estaba sumamente irritado.
Habia un cuarto de hora ó cerca veinte minutos que hablaban en esta forma, cuando Monks (bajo cuyo nombre Fagin designó muchas veces al estranjero durante su coloquio) dijo elevando un poco la voz:
--Os repito de nuevo que esto ha sido mal combinado! ¿Por qué no lo habeis guardado aquí con los otros procurando que fuera pronto un Ladron?
--No hay que incomodarse por ello! --esclamó el judío encojiéndose de hombros.
--Acaso quereis hacerme creer que no hubierais logrado el intento por mucha que fuera vuestra voluntad? --preguntó Monks irritado --No lo habeis hecho muchas centenas de veces con otros niños? Si hubieseis tenido la paciencia de esperar aun un año lo mas, acaso os hubieran faltado medios para hacerlo juzgar y condenar á la deportacion por toda la vida?
--Querido mio! ¿y á quién esto hubiera aprovechado? --preguntó el judío humildemente.
--Vaya! A mi! --replicó Monks.
--Pero no á mi. --dijo el judío con aire sumiso . . . Cuando hay en un negocio dos partes interesadas, es muy justo que el interés comun sea consultado. No es cierto querido?
--Qué quereis decir con esto? preguntó Monks con tono huraño.
--He visto que no era fácil formarle para nuestro _género de comercio_ . . . No poseia las mismas circunstancias que los demás muchachos.
--No por desgracia! --murmuró el otro entre dientes --De otro modo largo tiempo ha que seria _ladron_.
--No habia camino de hacerle _peor_ --repuso el judío observando la fisonomía de su compañero. --De ningun modo se prestaba á ello . . . No pude aterrorizarle con ninguno de esos medios de que usamos al principio y sin los cuales nuestros esfuerzos serian inútiles . . . Qué podia hacer? Enviarle con el Camastron y Cárlos? Querido mio hemos tenido bastante en la primera vez que tal hicimos. He temblado por todos nosotros!
--Yo nada podia en ello! --observó Monks.
--No, sin duda. --replicó el judío --Por esto no os hago cargo alguno, porque si esto no hubiera sucedido, jamás hubierais podido encontrarle y de consiguiente hubierais perdido la esperanza de descubrir que era _él_ el que buscabais. Como sabeis; yo lo he recobrado para vos con la ayuda de Nancy: pero he aquí que _ella_ ahora le protege!
--Estrangulad á esa jóven! --dijo Monks con impaciencia.
--Querido por ahora no podemos hacer tal cosa! --repuso el judío sonriendo --Además estos asuntos no son de nuestra incumbencia, de otro modo dias ha que lo hubiera hecho con gran placer . . . Caramba! Sé demasiado lo que son estas chicas mi querido Monks. No bien el muchacho habrá empezado ha endurecerse, cuando _ella_ hará tanto caso de él como lo haria de un pedazo de madera. ¿Vos queréis que sea ladron? Si es vivo, puedo hacerle tal á contar desde el dia de hoy. Y si . . . si . . . lo que no es probable --dijo el judío acercándose al otro. --pero pensando lo peor . . . si estuviera muerto?
--Para nada estoy en ello si es así! Entendeis? Para nada! --repuso Monks herido de terror y apretando tembloroso el brazo del judío --Tenedlo bien en cuenta Fagin! Yo me lavo de ello las manos. Ya os lo previne desde el principio: _Todo lo que querais escepto su muerte_. No quiero verter sangre! Esto se descubre siempre! Además vuestro crímen os persigue por todas partes . . . Si lo han muerto no soy yo de ello la causa lo entendeis Fagin? Que el diablo se lleve esta infernal casucha! Quién anda ahí?
--Qué? --esclamó el judío cojiendo con toda su fuerza el sillon, en el momento que aquel se levantó bruscamente del sofá --Dónde?
--Allí! --dijo Monks señalando la pared con el dedo --Una sombra! una sombra! He visto la sombra de una muger, con chal y sombrero, pasar á lo largo de la pared con la rapidez del rayo!
El judío se soltó de su compañero y ambos se lanzaron fuera del aposento.
La vela, casi del todo consumida por la corriente del aire, estaba en el mismo sitio y les mostró la soledad profunda de la escalera así como tambien la horrible palidez de sus semblantes. Pusieron el oido atento; pero reinaba en toda la casa el mayor silencio.
--Ha sido una ilusion querido! Os habeis engañado sin duda alguna! --dijo el judío tomando la vela y volviéndose á su compañero.
--Juraria que la he visto! --contestó Monks temblando de piés á cabeza --Estaba inclinada cuando la he visto y luego que he tablado ha desaparecido.
El judío lanzó una mirada de desprecio sobre el rostro lívido de su compañero y habiéndole dicho que podia seguirle si era de su gusto, subieron hasta el cabo de la escalera. Registraron todos los aposentos: ellos estaban helados y vacíos. Bajaron al pasadizo y de allí á los subterráneos: pero todo permanecia tranquilo como la muerte.
--Estais ya convencido? --dijo el judío cuando volvieron al pasadizo. Escepto nosotros, no hay alma viviente en la casa á no ser Tobias y los muchachos . . . y estos están en seguridad . . . como veis!
Y para prueba de lo que decia el judío sacó de su faltriquera, las llaves y esplicó como al bajar por la primera vez á la cocina, habia encerrado á sus jóvenes pupilos para impedir que no perturbasen su conversacion.
Esta nueva prueba destruyó enteramente la conviccion en el alma de Monks; sus protestas habian ido perdiendo insensiblemente su energía á medida que sus pesquisas, se iban haciendo del todo infructuosas y acabó por reirse de sí mismo y por convenir en que ello no podia haber sido otra cosa que un delirio de su imaginacion.
CAPÍTULO XXVIII.
ENMIENDA HONROSA DE UNA DESCORTESÍA HECHA Á UNA SEÑORA, QUE HEMOS DEJADO DE LA MANERA MAS IMPOLITICA EN EL CAPITULO XXV.
COMO no seria muy conveniente á un humilde autor, el hacer esperar, de espaldas al fuego y con las manos metidas bajo los faldones de su leviton, á un personaje tan distinguido como lo es un pertiguero y que seria además muy poca galanteria de su parte el comprender en este olvido de las atenciones debidas, á una señora sobre quien el dicho pertiguero habia echado una mirada de ternura y cariño y á la que habia dirijido, dulces palabras que procediendo de tal personage, hubieran podido conmover el corazon de toda jóven ó de toda muger cualquiera que fuera su rango, el historiador fiel cuya pluma traza esta historia, sabiendo á lo que su deber la obliga y poseido de la mayor veneracion por las personas elevadas á altas dignidades, se apresura á tributarles los honores que les son debidos y á tratarles con todas las consideraciones que su rango en el mundo y como consecuencia de sus _sublimes virtudes_ reclaman de él.
Mr. Bumble habia recontado las cucharas para thé, pesado de nuevo las tenazillas para lomar el azúcar, examinado con mas atencion el jarro de la leche y hecho el inventario exacto del moviliario hasta asegurarse de la calidad de la crin, que formaba el asiento de las sillas y habia repetido esta tarea hasta cinco ó seis veces, antes de pensar que era ya tiempo de que la Señora Corney volviese. Un pensamiento lleva otro y como no se oia el menor ruido que anunciase el regreso de la Señora Corney, vino á las mientes de Mr. Bumble, que bien podria sin escrúpulo y solo para pasar el tiempo satisfacer plenamente su curiosidad echando una ojeada rápida en la cómoda de la matrona.
Despues de haber aplicado el oido al ojo de la llave para escuchar si alguien se acercaba, Mr. Bumble empezando por la parte inferior se enteró de los objetos contenidos en tres grandes cajones llenos de ropa blanca y de vestidos á la última moda envueltos entre dos cubiertas de periódicos sembrados de flor de _espliego_ seco, los que parecieron causarle una viva satisfaccion.
Llegado al cajoncito á la derecha de arriba, en el que estaba la llave y habiendo visto una caja pequeña cerrada con cadenillas, la sacudió y sintiendo salir de su interior un sonido grato, como de plata acuñada Mr. Bumble volvió gravemente cerca el fuego y habiendo tomado su primera posicion se dijo á sí mismo con tono resuelto: --Vamos! está hecho! Me declararé.
En este momento la Señora Corney entró precipitadamente en el aposento, se dejó caer en una silla cerca el fuego y manifestó respirar con pena.
--Ah! Me siento ya mejor ahora --dijo ésta reclinándose en el respaldo de su silla despues de haber vaciado la taza en una mitad.
--Es menta! --añadió --con voz lánguida y sonriendo afectuosamente al pertiguero --Gustadla! No hay solo menta, sino tambien otra cosa muy buena.
Mr. Bumble gustó el brebaje con aire indeciso hizo castañear sus labios, lo llevó otra vez á la boca y vació enteramente la taza.
--Esto es muy confortante. --dijo la señora Corney.
--A fé mia es muy bueno! (Esto diciendo el pertiguero se sentó al lado de la matrona y le preguntó con acento de interés que era lo que le habia sucedido.)
--Menos que nada --respondió la Señora Corney --Soy una _simple_ y débil criatura!
--No sois _débil_ señora. --repusó el pertiguero acercando su silla á la de la matrona. --Por ventura seriais vos una _débil criatura_ señora Corney?
--Segun nuestra naturaleza todos somos _débiles criaturas_! dijo la Señora Corney aventurando una máxima general.
--Es verdad. --contestó el pertiguero.
A esta respuesta siguió un silencio de algunos minutos durante los cuales Mr. Bumble habia dado una prueba de la _debilidad humana_ retirando su brazo izquierdo que descansaba sobre el respaldo de la silla de la señora Corney.
--Señora Corney! --dijo Bumble, inclinándose sobre la espalda de la matrona. --Qué teneis Señora? Os ha sucedido algo Señora? respondedme os lo suplico! Estoy sobre . . . sobre . . . --y como en su turbacion no pudo encontrar al momento la palabra _espinas_ . . . sobre _botellas rotas_. --añadió.
--Oh! Señor Bumble! esclamó la dama; --he sido horriblemente desconcertada!
--Desconcertada Señora! esclamó á su vez Mr. Bumble. --Y . . . quién ha sido tan audaz para? No me cabe duda --dijo interrumpiéndose con dignidad . . . Habrán sido esas _atrevidas_! _pordioseras_!
--Da horror solo el pensarlo --continuó la dama temblando . . . de todo su cuerpo.
--Entonces no lo penseis! repuso Mr. Bumble.
--Me es imposible! replicó esta con voz entrecortada por los sollozos.
--Tomad algo! --dijo el pertiguero habiendo arrumacos . . . un poco de vino!
--Por todo el oro del mundo no tomaria una gota! O Dios! Dios! --en el estante de arriba . . . en el rincon de la derecha --O Dios! (Al mismo tiempo la buena señora señalando con el dedo el armario, parecia presa de convulsiones internas.)
Mr. Bumble corrió al armario; cojiendo de sobre el estante en cuestion la botella que se le habia señalado llenó una taza del thé del licor que ella contenia y la llevó á los labios de la matrona.
--Este aposento señora es muy _confortante_. --dijo Mr. Bumble lanzando una mirada á su alrededor. --_Una sola pieza añadida_ á esta constituiria una pequeña y hermosa habitacion!
--Seria demasiado grande para una sola persona.
--Si; pero para dos --repuso tiernamente Mr. Bumble --he? Señora Corney?
A estas palabras del pertiguero, la Señora Corney inclinó la cabeza y Mr. Bumble hizo otro tanto para ver su rostro. Esta volviendo con rubor, alargó su mano para cojer su pañuelo y la colocó insensiblemente en la del pertiguero.
--La administracion os abona el carbon no es esto Señora Corney? --preguntó Mr. Bumble apretando afectuosamente aquella mano.
--Como la luz. --contestó la Señora Corney, volviendo ligeramente el apreton.
--El carbon, la luz y el alquiler además? --añadió Mr. Bumble --Oh! señora Corney sois un ángel!
Esta no pudo resistir un transporte tan dulce; se dejó caer en los brazos del pertiguero, quien en su agitacion imprimió un casto beso en la nariz de la matrona.
--Una perfeccion tan _parroquial_! esclamó Mr. Bumble con arrobamiento. Sabeis bella encantadora, que Mr. Lloret, está mas malo esta noche?
--Lo sé. --respondió la señora con aire tímido.
--El médico asegura que no pasará esta semana --prosiguió Mr. Bumble . . . Es el director de este establecimiento . . . Su muerte vá á dejar su plaza vacante . . . Esta plaza debe ser llenada! Oh! Señora Corney! Qué perspectiva tan brillante! Qué favorable ocasion para unir dos corazones que se aman y desean fundar una familia.
La señora Corney sollozó.
--Vaya la palabrita! --dijo Mr. Bumble inclinando su cabeza sobre la de la púdica beldad . . . La dulce palabrita mi divina Corney!
--S . . . s . . . si. --dijo la matrona suspirando.
--Aun otra palabra! --prosiguió el pertiguero --Reponeos de vuestras cándidas emociones por una sola palabra mas ¿Cuándo será el matrimonio?
La Señora Corney intentó por dos veces hablar y por dos veces la palabra espiró en sus lábios. Al fin armándose de valor arrojó sus brazos al rededor del cuello de Mr. Bumble y dijo que eso seria cuando él quisiera y que era un _ser irresistible_.
Asi arregladas las cosas amistosamente y con satisfaccion de ambas partes, el convento fué rectificado solemnemente, con otra taza de menta que la agitacion de la señora habia hecho necesaria. Durante este tiempo ésta participó á Mr. Bumble la muerte de la vieja.
--Muy bien! --dijo el pertiguero saboreando su licor. --Voy á pasar á mi regreso por casa Lowerberry y le diré que mañana por la mañana se llegue acá --Es esto lo que os ha espantado hermosa mia?
--Querido mio, en ello no ha habido nada de extraordinario! --dijo la señora con tono evasivo.
--Sin embargo es indispensable que haya habido algo --replicó el pertiguero. --No quereis decirlo á _vuestro_ Bumble?
--Ahora no; --repuso la señora. --uno de estos dias . . . cuando estarémos casados.
--Cuando estarémos casados! --esclamó Mr. Bumble --Acaso seria una imprudencia de esos _audaces_ pobres?
--No, no, querido mio! --contestó súbitamente la matrona.
--Si creyera tal! --prosiguió Mr. Bumble --si creyera que uno de esos _atrevidos hubiese_ osado levantar sus ojos _vulgares_ sobre este _noble rostro_.
--No se hubieran atrevido perrillo mio! --replicó la Señora.
--Obrarán santamente --dijo Mr. Bumble cerrando los puños. --Que vea yo á un hombre, cualquiera que el sea _parroquial ó extra-parroquial_, ser _presuntuoso_ para ello y puedo muy bien asegurarle que no lo intentára por segunda vez.
Sin gesticulacion ni sin vehemencia, esta amenaza tal vez hubiera producido pésimo efecto en el ánimo de la señora Corney; pero, como las palabras del pertiguero fueron acompañadas de gestos _guerreros_ esta Señora quedó profundamente afectada de tal prueba de afeccion y altamente admirada esclamó que era un verdadero _tortolillo_.
Entonces el _tortolillo_ levantó el cuello de su leviton y habiendo enviado con su futura mitad, un robusto beso desafió de nuevo el viento y el frio, no sin, detenerse antes algunos instantes en el patio de los pobres (el de los hombres bien entendido.) para brutalizarles un poco con el solo fin, de ensayar si podria llenar con toda la severidad debida la plaza de director de la casa de la Caridad.
Adquirida la certidumbre de que poseia para ello todas las cualidades requeridas dejó el establecimiento con el corazon alegre y lleno de esperanza y la brillante perspectiva de su futuro ascenso ocupó su alma hasta que hubo llegado ante la tienda del empresario de los entierros.
Como el Señor y la Señora Sowerberry habian ido á pasar la velada en alguna parte, Noé Claypole que jamás se hallaba dispuesto para hacer mas ejercicio que el que se necesita para beber y comer, no habia aun cerrado la tienda á pesar de que la hora de cerrarla ordinariamente, hacia largo tiempo que habia sonado. Mr. Bumble golpeó con su baston sobre el mostrador repetidas veces; pero no obteniendo respuesta y viendo luz á través de la ventana de la trastienda, se tomó la libertad de mirar, para ver lo que aeontecia y cuando hubo visto lo que _acontecía_, no quedó poco sorprendido.
Los manteles estaban puestos para cenar y la mesa se hallaba cubierta de pan, manteca, platos, vasos, un jarro lleno de _porten_ y una botella de vino. Al cabo de la mesa Noé Claypole se pavoneaba en un sillon. A su lado estaba Carlota tomando de un pequeño tonel, ostras que abria y que el susodicho jóven tragaba con una avidez notable. Un encarnado, algo mas subido que de lo ordinario en la punta de su nariz y cierto pestañeo en su ojo derecho anunciaban bastante claro, que estaba un si es ó no es _calamucano_.
--Hé ahí una de bien gorda y que parece muy deliciosa --dijo Carlota --Gustadla Noé! Vamos no mas que esta!
--Qué cosa tan deliciosa es una ostra! dijo maese Claypole despues de haberla engullido. --Lástima, que el comer demasiado de esto, pueda hacer daño! ¿no es cierto Carlota?
--Es una cosa _inaudita_! dijo esta.
--Sin duda; es una _verdadera crueldad_ --repuso Claypole-- No os gustan á vos las ostras Carlota?
--No las tengo demasiada aficion que digamos. --Me gusta mas véroslas comer Noé, que comerlas yo misma.
--Qué barbaridad! --esclamó Noé con aire pensativo.
--Vaya; otra continuó Carlota --Esta tiene una hermosa barba!
--No comeré ni una mas! Aun que quisiera seria imposible . . . dijo Noé. --Estoy ya harto de ellas --Venid Carlota, venid que os abraze!
--Muy bien! --esclamó Mr. Bumble entrando bruscamente en la sala --Repetid esto caballero!