Los Indios, su Historia y su Civilización
Part 22
Los indios de los Altos, de esa parte tan rica de Guatemala, son trabajadores, industriosos y pacíficos. Hay poblaciones como _San Pedro Sacatepéquez_, con cinco mil indígenas, en una ventajosa posición topográfica, á una milla de San Marcos, con buenos edificios públicos, con muchas fuentes de uso común, con calles rectas y con floreciente agricultura. Sus pobladores cultivan los cereales y fabrican bellos cortes de enaguas, _huepiles_ y fajas de hilo y seda. No faltan carpinteros, sastres, herreros y ladrilleros. _Santo Tomás Chichicastenango_, á cinco leguas de Santa Cruz Quiché, tiene veinte mil habitantes indígenas, que cultivan maíz, trigo y papas, hacen buenos tejidos de algodón, crían ganados y llevan una vida sobria y laboriosa. En esta ciudad se contemplan ruinas rodeadas de grandes fosos. _Joyabaj_ con cinco mil pobladores, que pastorean ganados y siembran granos y frutas. _Sacapulas_, fundada por Fray Bartolomé de las Casas, cuenta con cinco mil habitantes, que elaboran sal, fabrican telas y siembran caña de azúcar, cacahuate (_manillas_), yuca, frijol y maíz. _Nevaj_, de cinco mil vecinos, que pasan la vida fabricando canastas de caña, objetos de jarcia, y sembrando cereales. _San Miguel Uspantán_, que tendrá tres mil habitantes, cuya industria principal consiste en fabricar sombreros de palma, esteras (_petates_), paraguas (_suyacales_) y escobas. _Totonicapam_, cabecera del departamento de este nombre, y ciudad de veintiséis mil habitantes, casi todos indios, se encuentra al pié de una elevada montaña, con clima benigno. Allí están todavía los descendientes de los tlascaltecas que trajo D. Pedro de Alvarado, y que tienen buenas fábricas de tejidos y alfarería. Es población industriosa y rica, á ocho mil setecientos piés sobre el nivel del mar, con casas buenas, provistas de agua potable. _Momostenango_, á unas siete leguas de dicha cabecera, es pueblo importante de agricultores, que emplean variados cultivos por la diversidad de climas. Los indios _momostecos_ tienen particular veneración á un retrato de Diego Vicente, aborigen que construyó por su cuenta la iglesia parroquial. _Santa María Chiquimula_, con tres mil indígenas, que son comerciantes y peones agrícolas. _San Cristóbal_, compuesto de seis mil almas, con una antiquísima iglesia. Los indios de allí son tejedores, herreros, carpinteros, talabarteros, fabricantes de trastos de barro, marimbas y cohetes. Siembran trigo, maíz, habas, frijoles, arbejas, duraznos, manzanas, nueces y ciruelas. _Panajachel_, á orillas del pintoresco lago de ese nombre, produce arenas de plata, caparrosa, ocre y tiza. Se cultiva el frijol, el maíz y ricas legumbres. Esos indios son dados á la pesca y al tejido de telas de algodón. Tendrá ese precioso pueblo dos mil almas. _Santiago Atitlán_, con siete mil habitantes, que siembran cacao, café, maíz, frijol, chile y hortalizas. La industria se reduce á cuidar ganados y á pescar.--_Santa Lucía Utatlán_, en donde se hacen jabones, y se cultiva el trigo, el maíz, la linaza, la cebada y la avena. _Nahualá_, con veinte mil indígenas, en clima frío, que crían ganado lanar y siembran maíz y trigo. Los terrenos son quebrados, y la industria consiste en fabricar ropa de lana y curtir cueros. _Santa Catarina Ixtahuacán_, á ocho leguas de Sololá, con veinticinco mil habitantes, todos de raza primitiva americana, se dedican á criar obejas y carneros, á tejer sus ropas y á cultivar maíz, frijol, trigo y frutas. No admiten ladinos en su pueblo; no consienten estanquillos de aguardiente ni chicha; son bravos y crueles cuando se sublevan, pero respetuosos para con las autoridades y sumisos cuando los tratan con justicia. Es uno de los pueblos en que mejor se pueden estudiar las costumbres aborígenes.
Todavía hay en los Altos muchas otras poblaciones indígenas, aunque de menor importancia, que guardan reliquias de los tiempos precolombinos. Sería prolijo el enumerarlas todas.
En los departamentos del centro, existen también pueblos de indios, como _Chinautla_, con mil ochocientos habitantes, que se ocupan en alfarería y siembras de maíz; _San Antonio La Paz_, con mil, que siembran café y caña de azúcar; _San Pedro las Huertas_, á orillas de la capital de Guatemala, tiene unos quinientos habitantes _aladinados_, que cortan leña y siembran café, pasturas y hortalizas; _San Juan Sacatepéquez_, con quince mil pobladores, que labran madera, fabrican trastos de loza, siembran maíz y frijol, cuidan ganados y tejen jarcia; _San José Nacahuil_, con quinientos habitantes, de los cuales las mujeres tejen y los hombres cultivan la tierra; _Mixco_, á tres leguas y media de la capital, con ocho mil indios, que son agricultores por lo general, y fabrican utensilios y juguetes de barro. Las mujeres muelen maíz y hacen tortillas, ocupándose también de nodrizas en las casas de las personas acomodadas de la capital. _San Raymundo_, es otro pueblo de indios que está en el departamento de Guatemala, y tiene unos mil quinientos habitantes, que son agricultores, comerciantes, y algunos de ellos beneficiadores de cerdos; _Palín_, del departamento de Amatitlán, tiene como cuatro mil indios que cultivan frijol y frutas, y siembran caña de azúcar; _San Vicente Pacaya_, que tendrá mil habitantes que trabajan en siembras de café. Allí se encuentra una grandísima piedra tradicional llamada _Doña María_; flores grandes de madera muy curiosas y carbón mineral que arde perfectamente; _Dueñas_, en el departamento de Sacatepéquez, fué erigido por Alvarado, en el sitio en que había él dispuesto sembrar _una milpa_ (maizal) para las viudas de los conquistadores. Está muy cerca de la Antigua ese bonito pueblo, al cual le asignan mil cuatrocientos indígenas. Los terrenos producen maíz, frijol, café y cochinilla. _Alotenango_, con mil quinientos habitantes, da buenas maderas, zarzaparrilla, granos y legumbres. _Santa María_, en las faldas del volcán, cuenta unos dos mil quinientos naturales, que se ocupan en faenas agrícolas, en tejer sus vestidos y en elaborar carbón. _San Juan del Obispo_, fundado por un virtuoso diocesano, apenas tiene ochocientos pobladores, y produce cochinilla, café, maíz y frijol. _San Antonio_, da maíz, café, frijol y garbanzos, y tiene unos mil indios, que no sólo trabajan la tierra sino que fabrican _petates_ (esteras) y hacen _ceñidores, fajas y huepiles_. _Santa Catarina_, que fué fundado por Ignacio Bobadilla, y que hoy cuenta como mil habitantes, cuya industria principal consiste en tejer cotones y ceñidores. _San Andrés_, _San Lorenzo_, _Santiago_, _Magdalena_, _Santo Tomás_, _San Miguelito_, _San Mateo_, _San Lucas_, _Sumpango_, _San Bartolomé_, _Xenacó_, _Jocotenango_, _Pastores_, son otros tantos pueblos que rodean la antigua capital del histórico reino de Guatemala, y que á fuerza del contacto con gente civilizada, se van aladinando poco á poco. En Chimaltenango está _Tecpán Guatemala_, que tendrá fuera de los _ladinos_, unos cinco mil indios, que fabrican telas y crían ganados; _Patzún_, con buenas minas y plantaciones de café, produce también trigo, maíz y frijol; _Comalapa_, de unos tres mil pobladores, da también trigo y cereales, siendo su industria de tejidos de _huepiles y zutes_ (paños).
En el oriente de la república de Guatemala hay uno que otro pueblo de indios; pero ya hoy están casi todos _aladinados_.
En el Petén cuéntanse varias poblaciones indígenas y existen los _lacandones_, que no tienen por cierto la ferocidad que se les atribuye. Son unos doscientos aborígenes, en la parte del territorio de Guatemala, que se conservan independientes sobre las márgenes del Usumacinta. Los indios de Izabal se encuentran por Cahabón, Chajal y otros puntos.
Con vista de esta breve reseña, se comprende que existen aún muchas poblaciones de indígenas; pero se hace preciso advertir que entre ellas las hay de pura raza, como Santa Catarina Ixtahuacán; mientras que otras se hallan mezcladas de ladinos é indios. En unas, soló se hablan las antiguas lenguas quiché, cackchiquel, zutujil etc.; en otras, prevalece el español adulterado.
De todos modos, para poder establecer cuáles sean los medios más eficaces á fin de lograr el mayor avance en la civilización de los indios, se hace necesario inquirir qué causas son las que se han opuesto á que se desarrollen y progresen. De la misma historia de esa desgraciada raza, resultan las siguientes.
I
La falta de estímulos que han tenido y la abyección en que de antaño han estado. Desde el primer día de la conquista, fueron reputados, ora por irracionales; ora por hombres nacidos como siervos _á natura_; ora por instrumentos de hacer riquezas; ora por _personas miserables_, en tutela perpetua; ora por seres inferiores, en todo y por todo, al _español_. El indio, á su vez, al cabo de tres siglos de opresión y abusos, volvióse suspicaz, taciturno y triste. Hoy mismo, decirle á uno _¡indio!_ es una injuria ó expresión despectiva, que significa rudo, montaraz, bestia de carga.
El indio carece del estímulo de mejorar su propia condición, estímulo que impele á otras razas á emprender obras que requieren atención y fuerza de voluntad: habituado durante siglos á no ejercitar su inteligencia, ni á concentrar su atención, los trabajos en que se emplea consisten en cargar grandes pesos, andar largas distancias, abrir zanjas en la tierra, ó cultivarla de una manera primitiva; alguna vez se dedica á alguna industria tosca, pero sin cambiar la forma, el gusto ó el material de los artefactos, continuando la rutina que siguieron sus antepasados; así fabrica tinajas, redes, _petates_, instrumentos músicos, exactamente iguales á los que fabricarían los antiguos aztecas, quichés y cackchiqueles. No parece que en su trabajo tomara parte la inteligencia, sino que obrara impelido por un mecanismo ó instinto semejante al pájaro, que contruye su nido igual á los nidos que millares de años antes formaron los pájaros de su especie. Convendría, pues, tratar de mejorar sus industrias, proporcionándoles modelos, elementos, utensilios etc. y premiando sus esfuerzos, en _Concursos Regionales_.
La separación de la gente de otra raza mantiene al indio en los hábitos que heredara de sus mayores: no conoce de la civilización sino sus defectos y sus vicios, y las violencias é injusticias que se le hacen sufrir, y por esto se reconcentra en sí mismo y se asocia únicamente con sus compañeros. Sacarlo, pues, de este aislamiento es un punto esencial para ponerlo en el camino de la mejora de sus hábitos: que tenga á la vista otras costumbres y otra manera de vivir más fácil y cómoda: que éntre en contacto con personas de miras más elevadas que las suyas, para que la imitación, que es natural en la especie humana, opere insensiblemente un cambio en su existencia. Mas por desgracia las personas que hoy tratan á los indios lo hacen con tal dureza y desprecio, que los alejan de sí y mantienen en ellos la desconfianza y el temor que concibieran por los conquistadores; si queremos pues, reformar á los indios, debemos comenzar por reformar nuestra conducta hacia ellos; nada importa que en la Constitución se les declare iguales á los demás guatemaltecos, si en la práctica se les considera poco menos que brutos.[196] Debe, por lo tanto, emitirse una _Ley Protectora de Aborígenes_.
[196] Sociedad Económica--Tomo VI nº 17, página 2.ª, A. B.
El Gobierno, además, por medio de sus subordinados, debe emprender la cruzada de hacer que se trate bien á los indios, que se les estimule y levante. El periodismo, que es palanca poderosa, puede también popularizar las ideas redentoras de esa raza; y en los clubs y en la tribuna y en el púlpito, es dable hacer que la opinión se enderece en pro de los aborígenes, estableciéndose además _Sociedades para su protección y fomento_.[197]
[197] En cada municipalidad debiera nombrarse á uno de los concejales _Protector de Indígenas_.
II
La segunda causa que ha opuesto una barrera á la cultura indiana, son los idiomas primitivos, que mantienen á gran parte de los indios como sordo mudos respecto á la porción civilizada de la sociedad. Esas lenguas de los aborígenes impiden el contacto de la gente _ladina_ con aquellas masas inertes y estacionarias, que se concentran en pueblos orientales; que ven con miedo y odio á los de otras razas que tantos males les han hecho. Sin hablar castellano los indios, no comprenden los beneficios de la civilización, y sí miran recelosos á los que consideran sus enemigos natos. El sabio Valle decía que esas lenguas aborígenes son el mayor obstáculo para que entren los indios á formar parte de la república. Desde el tiempo de la colonia, creyeron muchos que los idiomas primitivos debían sustituirse por el castellano, á efecto de que no permanecieran los pobladores de este suelo aislados de los españoles que venían del otro hemisferio. En el Supremo Consejo de las Indias, se discutió si sería mejor obligar á los aborígenes á hablar sólo castellano, de tal suerte que olvidasen sus lenguas, ó por el contrario, si debían los misioneros y catequistas aprenderlas, para hacerse entender de ellos. El Concilio Limense III, mandó que se les enseñasen las oraciones en sus idiomas y dialectos, sin obligarlos á aprender el castellano. Algunas cédulas é instrucciones recopiladas[198] dispusieron lo mismo, de acuerdo con la opinión de Acosta y Garcilaso. El célebre autor de la Política Indiana, Don Juan Solórzano y Pereira, distinguido catedrático de Salamanca, profundo legista, experto en letras sagradas y profanas, que había estado dieziocho años en Lima, de cuya Audiencia fué Oidor, y después miembro del Consejo de Indias; ese famoso doctor en leyes y cánones, dijo siempre la última palabra en la dirección de los asuntos coloniales, y opinaba que desde un principio se debió haber enseñado el español á los indios. He aquí las palabras del famoso autor de la obra "De Indiarum Jure, sive de Juxta Indiarum Occidentalium Inquisitione, Acquisitione et Retentione": "Pero, sin embargo de lo referido, dice, yo siempre me he inclinado más á la opinión contraria, y tengo para mí, que en los principios de las poblaciones de estas provincias de Indias, hubiera sido fácil y conveniente, haber obligado á todos los indios, que iban entrando en la Corona de España, á que aprendieran la lengua de ella, y que hoy aún será esto mucho más fácil y conveniente; porque, cuando en los viejos se diera alguna dificultad, no dejarán de aprender lo que bastara para entendernos: y en los muchachos y en los que después fuesen naciendo, no podía haber alguna, pues toman y aprenden con tanta facilidad, cuantas les quisieran enseñar, como lo dice Erasmo[199].
[198] L. 30, tº VI, Libro I de la Recopilación.
[199] Erasm. In adag. fenis mutare linguam. Cicer. I offic. Sermone o uti debemus, qui notus est nobis.
"Y así, en breve tiempo, estuviera corriente y entablado nuestro idioma ó lenguaje, y se olvidara de suerte el suyo, que ya no supiéramos cuál había sido; como lo experimentamos hoy en los indios que han quedado en la isla Española y sus adyacentes, aun sin haberse puesto cuidado en ello por nuestra parte, como lo advierte Bernardo de Aldrete[200].
[200] Aldret. de orig. Ling. Hisp., lib. I, cap. 22.
"Añadiendo luego el ejemplo de nosotros los españoles, que en siendo juzgados y gobernados por los romanos, comenzamos, ya voluntaria, ya forzosamente á hablar su lengua, de suerte que dejamos y olvidamos la propia, y antigua nuestra, en tanto grado, que no ha habido quien con certeza pueda averiguar ni decir cuál era la que teníamos, aunque han trabajado mucho en inquirirlo doctos varones[201]"
[201] Poza, in alio simili argum. Gregorio López Madera, in lib. de Monte Santo Granat. cap. 18, Covarr. in Thesaur. Ling. Hispan.
Juan de Solórzano y Pereira, Política Indiana, Tom. II., p. 193.
¿Qué sería de los indios, en la época presente, si desde el principio de la conquista, ó por el tiempo en que escribía Solórzano Pereira, en el año 1629, se les hubiera enseñado á hablar español? Fácil es comprender que actualmente se hallarían confundidos con el resto del pueblo, vestidos del mismo modo, y no formando esas agrupaciones como galvanizadas, y hoy tan incultas como hace trescientos años.
Cumple, pues, poner todo empeño, y emplear cuantos medios sean posibles, para hacer que los indios hablen español y se rocen con los ladinos.[202] Oblíguese á los indios á asistir á las escuelas en donde se les enseñe el español, y establézcase que los municipales y todos los que ejerzan cargos deban saber el castellano, exonerándose á los que lo hablen y vistan como ladinos, del tributo moderado que deben pagar, para invertirse en su propia educación y mejora.
[202] El Congreso Constituyente del Estado de Guatemala expidió un decreto, que lleva el número 14, de 29 de Octubre de 1824, dictando providencias para que hubiese _un idioma nacional_, y se extinguieran las lenguas de los aborígenes.
III
La tercera causa del estancamiento en que se encuentran los indios es que no tienen necesidades que los impulsen á progresar, ni á salir de esa vida de atonía, semiprimitiva y semibárbara. Con un pobre rancho, sin tener ni cama, ni mueblaje, sino una hamaca ó un _tapexco_, y una piedra de moler, vive el aborigen una vida improductiva y monótona, que no puede entrar en el carril del movimiento progresivo. La idea de la Sociedad Económica, expuesta y demostrada por Fr. Matías Córdoba y el P. Muro, de procurar que los indios calcen y vistan como los ladinos contribuiría á crearles necesidades, que son aguijón para el trabajo, y que acrecentarían la riqueza nacional.[203] Dice Buffon que se deben considerar los vestidos como parte de nuestro sér, y que hasta los trajes influyen en las costumbres de los hombres. Se hace preciso también que los indios paguen una contribución equitativa para los gastos que, en pro de ellos mismos, hará el Estado. En vez de tanta exacción en cofradías, servicios parroquiales y otros tequios, bien pudiera hacerse que de un modo prudente contribuyeran en algo los indios, salvo los que comprobasen que trabajan como colonos ó jornaleros contratados en las fincas, para estimular á la vez la agricultura.
[203] Si los indios no tuvieran en cada pueblo trajes diversos y peculiares, habría más roce entre ellos, y no vivirían tan aislados de los ladinos.
IV
La ignorancia en que perpetuamente ha estado sumida la pobre raza indiana, es la cuarta causa de ese estado de salvajez en que vegeta. Si la civilización significa adelanto, luz, progreso; ¿qué progreso, ni qué luz, ni qué adelanto, caben en esos pueblos estacionarios, que nada comprenden de su pasado, ni se preocupan por su porvenir? El hombre que no lee, ni escribe, no puede ponerse en contacto con el mundo culto. Nace y muere en breves años, sin ver más que lo que abarcan sus ojos, sin otro horizonte que el de una existencia material y tosca, sin otra aspiración que la de vegetar, sin ningún ideal generoso y expansivo.
Si en Europa y Estados Unidos el pueblo es civilizado, débelo á las escuelas primarias, que bajo métodos propios esparcen y siembran los conocimientos necesarios para que la inteligencia se desarrolle y el espíritu se cultive. Las escuelas, son la base de la prosperidad y de la república en Norte América. Si en pocos años han conseguido en la patria de Wáshington el estado de grandeza y libertad, que al mundo asombra, es á causa del sistema de pública enseñanza, gratuita, obligatoria y esencialmente práctica.
El mundo antiguo se civilizó por medio de castas privilegiadas. El mundo moderno se ha civilizado, merced á la instrucción popular, que funde en un solo pensamiento á la colectividad, esparciendo á la vez el bienestar general. La difusión de los medios de desenvolver las aptitudes particulares, hace que una colectividad pueda aprovecharse de los recursos acumulados de la civilización. Leibnitz decía: refórmese la educación y se reformará el mundo.
Digámoslo de una vez. Instrucción primaria, práctica y educativa, es la que se necesita para esas masas de indios rezagados, que constituyen una verdadera rémora para el adelanto del país. Sí se han hecho esfuerzos en favor de la instrucción, entre nosotros, pero no se ha hecho lo bastante. Antes de ahora, multiplicábanse las escuelas, sin verdaderos maestros y sin elementos. Un pobre hombre que ganaba veinte pesos mensuales, como preceptor, teniendo familia, y á quien se solía adeudar seis meses de sueldo ¿qué podía hacer?
Que haya escuelas para los indios, á las cuales se les atraiga, y se verá cuán presto se siembran las semillas de la cultura y del adelanto entre ellos. Las generaciones venideras recogerán el fruto de lo que se plante, por una mano liberal y benéfica, en ese sentido.
Los asilos de maternidad, en los que al propio tiempo que se establezcan _enseñanzas adecuadas para párvulos_, se alivie á las madres, siquiera durante las horas del trabajo material, del cuidado de sus hijos; los hospitales para enfermos desvalidos, regentados por Hermanas de la Caridad, no sólo mitigarían en esos pueblos de aborígenes incultos, las necesidades impuestas por la desgracia y la pobreza, sino que á la vez serían medios eficaces de suavizar las costumbres y morigerar á aquellos desgraciados.
¡Hágase un esfuerzo en pro de los indios, y se mejorará su condición. Querer es poder!
La instrucción primaria debe ser obligatoria entre los indios; pero cuidando de que no pasen de tres las horas de escuela, á fin de que no impidan á los indizuelos dedicarse á ayudar á sus padres en el campo ó en las faenas de la casa. No hay que contrariar al indio, que quiere que sus hijos se acostumbren desde niños al trabajo material, para que después no se les haga insoportable, ni deben sobrecargarse los ramos de enseñanza, sino limitarse á lo más necesario.
Se puede obligar á los indios á mandar á sus hijos á las escuelas, imponiendo penas á los que no lo hagan, y exonerando además, de la contribución, al que compruebe que va durante dos horas á la escuela nocturna de primeras letras, ó tiene dos hijos por lo menos en las escuelas diurnas. Las nocturnas serán para adultos.
Es indispensable crear una _Escuela Normal para maestros indígenas_, en donde aprendan bien castellano y los ramos de la enseñanza que deben impartir á los de su raza. Con elementos asimilables es como mejor se hace cundir la civilización. Sería muy conveniente establecer _Escuelas Rurales de primeras letras_ en los caseríos aislados, y _Escuelas de Agricultura_ en los principales departamentos.
V
El vicio más dominante entre la raza indígena es el de la embriaguez. Este vicio embrutecedor es la quinta causa que influye muy particularmente en el abandono y estulticia en que se hallan los descendientes de los primitivos pobladores del suelo americano. Basta visitar, por modo rápido, algunos pueblos de indios para persuadirse de que la _chicha_ y el aguardiente son elementos de destrucción, de pobreza y abatimiento para los desgraciados aborígenes. Desde el tiempo en que el famoso Solórzano y Pereira escribió la Política Indiana[204] notábase que la borrachera érales á los indios tan dañosa, que podía asegurarse que más habían muerto del abuso de los licores que de las guerras y las pestes. Acosta, Herrera y Garcilaso refieren las clases de bebidas que usaban, y explican también lo propensos que son los indios á embriagarse.[205] El Concilio Limense II y muchas cédulas reales, prescribieron que cuidasen las autoridades de impedir las borracheras de los indios, dejando que, durante los días de fiesta se recreasen en diversiones honestas; pero todo eso se quedaba escrito, porque lo mismo entonces que después, esos infelices han consumido el fruto de su trabajo y sus enervadas fuerzas en la _chicha_ y el aguardiente.[206].
[204] Libro II, cap. 25, núm. 27.
[205] Acosta, Déc. 20.--Herrera, Déc. I, Libro V, cap. 12.