Los Indios, su Historia y su Civilización
Part 17
Podrán continuar los repartimientos de hilazas de algodón en aquellas provincias donde estuvieren en práctica, pues siendo esta ocupación propia de las mujeres, en nada debe embarazar la de los indios en su agricultura.
17.º
También deben introducirse las hilazas en todas las provincias donde se cultive el algodón, así para dar ocupación á las indias, como para abaratar los hilos con el ahorro de los transportes de algodón en rama con pepita, que los recarga en las tres cuartas partes de su peso.
18.º
Como el más inmediato objeto de este plan es el insinuado de fomentar la agricultura entre los indios, y sacarlos de la miseria en que por lo general están al presente, será el primer cargo de residencia de los Alcaldes mayores el de los adelantamientos de ambos puntos, y observancia de estos artículos en lo que les respecta en el tiempo de su gobierno.
19.º
En ella se presentarán los libros que haya llevado, la cuenta y razón de las compras y repartimientos que hubiese hecho, y de los frutos en que haya cobrado, todo con sus precios, á que se acompañarán las notas que haya dado á los Curas y Justicias de los respectivos pueblos, pasadas á la Junta protectora.
20.º
Si se hallase exceso y omisión culpable, se le impondrá una pena pecuniaria correspondiente, que se distribuirá entre los mismos indios ó sus herederos, con proporción al negocio que haya hecho con cada uno, y además pagará el costo de formar esta liquidación.
21.º
Como no es fácil que ningún ladino pueda engañar al indio vendiéndole al contado ó fiado los utensilios y efectos que necesita para el cultivo de su tierra, dándoselos á exorbitantes precios y haciéndoles recibir los que les son inútiles, entendiendo el indio como entiende muy bien en esta parte, lo que le trae cuenta, y regatea y examina, como suspicaz, las cosas á la luz de su propio interés, de modo que sólo el respeto, la sumisión, y acaso la violencia de los alcaldes mayores en tiempo de los repartimientos arbitrarios, les obligaba á cerrar los ojos y recibir lo que dichos jefes querían, y á los precios que les señalaban por altos que fuesen, podrá cualquier mercader de la capital ó de las provincias proveer á los indios de lo que necesiten, con tal que intervengan en la compra las justicias naturales, con sólo el fin de evitar toda sombra de mala fe y engaño entre el vendedor y comprador, observándose para el pagamento lo prescrito en los artículos 7, 10 y 14.
He aquí la constitución política, que nos parece deberse estatuir para hacer al indio verdadero agricultor, y fomentar la agricultura del reino, pues además de ser análoga á su carácter y costumbres, concilía perfectamente los extremos de las dos opiniones contrarias acerca de los repartimientos, que les hacían los Alcaldes mayores, y que hoy se hallan suspensos por superior resolución.
A la verdad, eran repartimientos violentos y tiránicos, propios sólo para enriquecerse dichos jefes, y abismar más y más en la miseria á los indios, porque les hacían tomar violentamente artículos que ellos para nada necesitan, y á precios exorbitantes, poniendo trabas á cualquiera otro individuo español, de poderlos habilitar con utilidad del indio, exenta de vejaciones abominables, en cuyo supuesto estriba la opinión de la negativa. La afirmativa rueda sobre que si al indio no se le obliga con rigor al trabajo, nada hace de provecho por su indolencia natural y pocas necesidades para subsistir á su modo, y que mediante este principio, los Alcaldes mayores por su interés propio y codicia, los apremiaban á que trabajasen para pagarles, siendo el resultado, que á pesar de esta tiranía clásica, trabajaban, algo les quedaba, y los hilados y frutos que se vendían en la capital por cuenta de los repartidores, beneficiaban al público.
Abusos en las cofradías.
Estas congregaciones (dice), según el verdadero espíritu de su primitiva invención, son excelentes y útiles, tanto en razón de moral cuanto en línea de política. Reunir al pueblo por turnos al pié de los altares, suministrarle ideas y vínculos de dependencia bajo el aspecto más agradable y sagrado, divertirlo y complacerlo en el seno mismo de la piedad, hacerle gastar en cosas honestas y de gusto, enseñarle á tener fondos públicos, á aumentarlos, á socorrerse con sus productos, son objetos muy finos, muy dignos de que agradezcamos á los primeros conquistadores la atención que ponían en extender, consolidar y cubrir de flores el imperio de su nueva dominación.
Pero en esta provincia se han alterado infinito las circunstancias y método de las cofradías, y éstas han llegado á ponerse en un pié el más ruinoso para su población y agricultura. Por decontado, ninguna de estas cofradías tiene fondos, y todos los gastos generales é individuales, deben salir de la contribución, de la derrama, de la limosna, del sacrificio del cofrade. En segundo lugar, su número no es proporcional al vecindario de los pueblos. Cuando éstos tenían triple cantidad de familias contaban v. g. diez cofradías cada uno: las mismas diez se han conservado, aunque la gente ha disminuído en razón de tres á uno. Por consiguiente, el artículo de cofradías se ha hecho más pesado, en razón de uno á tres. En esta cabecera, que apenas tiene trescientos tributarios, hay diez cofradías y noventa y seis individuos en ellas. (San Antonio Suchitepéquez).
Los gastos de un cofrade regularmente sobrepujan al alcance de sus fuerzas. Una pobre india molendera ó mujer de un jornalero infeliz, tiene que gastar cuando menos ochenta y un pesos al año. Ahora, pues, una molendera gana doce pesos al año ó á lo sumo diez y ocho. Un machetero gana cincuenta pesos, y es menester para ello que sea buen trabajador, ¿con qué comen, con qué visten estos miserables en el discurso del año de la cofradía? Es verdad que algunos salen de este ahogo vendiendo ó empeñando su cacaoatal, pero pocos y pocas tienen este recurso y sólo les queda el de robar y prostituirse, después de haberse agotado todos los demás, de vender y venderse.... Estos inconvenientes y otros análogos, que omito, resultan de las cofradías en el pié en que están de no tener fondos productivos y propios, de ser demasiado numerosas, y ocasionar gastos excesivos.
No obstante, todo ello sería llevadero si los pobres contribuyentes pudiesen trabajar mientras les dura esta obligación. Siquiera ganarían parte de lo que han de gastar; pero lo peor es, que desde que entran en cofradía hasta que salen, quedan vinculados exclusivamente en la sacristía............
Abuso en el servicio de sacristías.
Una iglesia parroquial en España está perfectamente aseada y servida por un sacristán y un par de monacillos, y en la de los anexos no hay más que un sacristán. Por consiguiente, las seis parroquias, los diez anexos de esta provincia, no ocuparían en Europa más de veintiocho hombres. Aquí ocupan, además de las cofradías, doscientos cuarenta y ocho indios. Todo este número de indios no se desprende de los balcones y corredor de la sacristía, y allí vegetan silenciosos y miserablemente á la sombra del campanario, olvidados de sus trabajos, y esperando que sus mujeres les lleven allí mismo la comida diaria, gánenla donde la ganaren.
Cuando un indio de éstos acaba su año de sacristía ó de cofradía, además de quedar arruinado, y lleno de deudas, ya no vuelve con el amor de antes á su antiguo trabajo del monte. Un año entero de retiro, de sueño y de inmovilidad, entorpeció el juego de sus músculos, y le inspiró un gusto que no tenía para residir en el pueblo, y abandonarse en él á todos los resultados de una vida sedentaria é inactiva.[169]
[169] Demuestra el observador, en dos estados, uno de las cofradías y otro del servicio de sacristía, el número de individuos que en ellas se emplean, con los nombres de sus respectivos oficios. Hace ascender el total de las cofradías, en los diez y seis pueblos de la provincia, á ciento setenta y ocho, que constando cada una de seis individuos, suman mil sesenta y ocho personas, de las que quinientas treinta y cuatro son hombres, que se deben contar por perdidos anualmente en cuanto á los trabajos de agricultura, y quinientas treinta y cuatro mujeres, que corren parejas con los hombres en su ramo de trabajos caseros. Sobre cuyo dato, y el de los trescientos sesenta y cinco días del año, que dejan libres trescientos uno á los indios para poder trabajar, saca ciento sesenta mil setecientos treinta y cuatro jornales de pérdida al año correspondientes á los hombres, y otros tantos á las mujeres. El del servicio de sacristías en los mismos pueblos, lo hace subir á doscientos cuarenta y ocho, entre fiscales, maestro de coro, maestro doctrinero, cantores, mayordomos de sacristía, de fábrica, sacristanes, tambores, clarineros, pitos, criados de los mayordomos de sacristía, etc. etc. y deduce la pérdida de jornales contra la agricultura, por el mismo principio que el de las cofradías, á _setenta y cuatro mil seiscientas cuarenta y ocho_.
Abuso en el servicio parroquial.
Los mismos fatalísimos productos saca un indio del tiempo que invierte en el servicio parroquial. Si en este objeto se emplearan solamente dos ó tres indios, tendrían ocupación suficiente; pero su número es excesivo. ¿Será creíble que para el servicio individual de los dos Padres Curas y dos coadjutores, que tiene esta provincia, se dediquen diaria y exclusivamente ciento treinta y cuatro hombres, sin contar las mujeres? Ello es dificultoso de creerse; pero por desgracia es matemáticamente cierto y verdadero. El servicio de la Casa Real ocupaba doce, y quedó reducido á tres, por el autor de estas reflexiones.
Ninguno de estos empleados gana un cuartillo, y en llegando la hora de comer van á buscarlo á sus casas. No sé adivinar qué coman ni de dónde les venga, estando de fuerza con los brazos cruzados: si sé que uno solo de estos curas manda dar tortillas.
Como antiguamente estos pueblos eran tan populosos y administrados por conventos de religiosos, no es extraño se adjudicase tanto número de indios á su servicio personal y doméstico. Con el discurso del tiempo, los pueblos han ido perdiendo su vecindario, un solo sacerdote secular ha entrado á desempeñar las veces de una comunidad regular; no obstante, ha quedado en la trena el mismo número de sirvientes, y ha quedado en el mismo pié de ociosidad y de hambre. Iguales causas han influído para que las raciones diarias de víveres que estos indios dan á sus P.P. Curas sean sumamente crecidas. Mi antecesor D. José de Alvarado, hizo de orden superior, una cuenta de lo que importaban en los seis curatos de la provincia. Estas raciones reducidas á valores numerarios, y aun calculando su importe por términos bajísimos, halló que pasaban de diez y siete mil pesos anuales, cuya cuenta debe existir original en los Archivos de la Real Audiencia.
Yo no hablaré nada sobre el particular de raciones, porque mi objeto no es averiguar cuánto dinero pierden los indios en este ó en otro punto, sino cuántos indios dejan de trabajar en el cultivo de la tierra, por esta ó aquella distracción inútil á la agricultura.
En el planito siguiente, trazo la cuenta de cuántos indios se ocupan en las noventa raciones de _zacate_[170] y en las cincuenta de leña que los indios dan diariamente á sus P. P. Curas; y me asombro al ver que este pequeño y único ramo tiene embarazados doce mil setecientos setenta y cinco jornales.
[170] Yerba ó forraje para caballerías.
_Tercios_. _de leña_. _De zacate_. _Total_
Al Cura de Mazatenango 4 16 20 Al de Cuyotenango 8 20 28 Al de Zambo 4 8 12 Al de Rctalhuleu 6 12 18 Al de Samayac 4 10 14 Al de San Antonio Suchitepéquez 6 6 12 Al Coadjutor de San Sebastián 12 14 24 Al de Santo Domingo 6 6 12 ================================= Total de raciones 50 90 140
Según esta cuenta, en la que no se incluyen las contribuciones extraordinarias, ni las que sufragan los semaneros, resultan ciento cuarenta raciones al día, y cincuenta y un mil ciento al año. Supóngase que un indio puede desempeñar la tarea de buscar, hacer y traer cuatro tercios al día, (que no es suponer demasiado) y reduciendo este número de raciones á jornales efectivos, sale demostrado que el zacate y leña de las raciones, invierten un trabajo equivalente al de doce mil setecientos setenta y cinco jornales. Por toda esta faena no ganan los indios más que tal cual piquete de culebra, mojarse, embarrancarse, darse algún hachazo, ú otra semejante adeala, pues como van al monte muy precisados en todo tiempo, y en toda hora, no pueden proceder con todas las precauciones ordinarias, para libertarse de los encuentros de los reptiles venenosos, ni de las intemperies de la estación, ni de todos los demás productos de la prisa y del miedo.
En estos mismos tiempos de infelicidad, y con las mismas causas que acabo de insinuar, se han establecido otras costumbres onerosas á los pobres indios. Una de ellas es que en todos los curatos se destinan unas cuadrillas numerosas, con el nombre de pescadores, los cuales salen de sus pueblos precisamente el domingo de quincuagésima, van á establecerse á orillas de los ríos caudalosos, en los parajes más solitarios, y allí se mantienen pescando hasta el sábado santo, á su costa, sin ganar un medio, con la pensión de enviar diariamente al P. Cura cuanto pescado vayan cogiendo, y con la otra pensión, más terrible, de deberlo llevar fresco, y para esto tienen unos corredores, que van y vienen continuamente. Ello es para las raciones de toda la cuaresma, que para todos los viernes del año hay otros pescadores que se ejercitan en lo mismo, dos días cada semana, y después se aumentan, cuando ocurren vigilias ó témporas. Parecerá esto frívolo, pero véase en el planecito número cinco, que esta bagatela hace perder á la agricultura de la provincia nueve mil quinientos ochenta y cuatro jornales al año. Los cinco mil ochocientos cuarenta de ellos son los más preciosos para la subsistencia del país, porque la estación cuadragesimal en que se pierden, es cabalmente la de las rozas y siembras. El miserable indio, que en este tiempo va á pescar, se queda sin _milpa_,[171] que quiere decir, sin el recurso de su primera necesidad.
[171] Siembra de maíz.
Otra de estas costumbres injustas, es la de enviar de balde á los indios á llevar los tributos á la capital. Es verdad que este dinero es del rey; pero el rey paga á quien le sirve. Con los mil trescientos veinte jornales que se pierden en esto, según el plan número 6, había para mantener limpio anualmente un cacaotal de seiscientas sesenta cuerdas.
Un poco peor es la otra costumbre de que sólo los indios vayan á limpiar y componer de balde los caminos, puentes y calzadas. No hay motivo para que los ladinos se eximan de este trabajo tan útil como necesario. Si los ladinos llevasen siquiera por mitad el peso de esta costumbre, no cargaría sólo sobre los indios la pérdida de los tres mil trescientos ochenta jornales que se invierten en estas operaciones según el plano número 7. A este total, debe agregarse los días que pierden las indias, ya en preparar el bastimento que deben llevar á sus maridos, y en llevarlo ellas mísmas.
Por el plano número 8 se verá que otros mil ochenta jornales son los que pierden gratuitamente en composturas y refacciones de casas parroquiales, iglesias y cabildos. También de esta costumbre están libres los ladinos, así como lo están de todas las demás que dejo expuestas.
Todas ellas se impusieron, como se ha indicado, cuando los pueblos eran muy numerosos, y se hallaban en un estado pujante de cacaotales y demás ramos de agricultura. Luego quedó la carga de los mismos entables, aun faltando sus causales y justificantes, sólo en fuerza del hábito y de la costumbre. Bien sé que esto hace ley, pero como dice oportunamente el P. Terreros en la definición de dicha voz "esta se debe entender cuando es buena en orden á seguirla y cuando mala en orden á huirla por su tiranía y dominio"....
Es verdad que los indios están muy pegados á lo que ellos llaman _costumbres_; porque como siempre temen empeorar de situación, prefieren un mal conocido á todo bien que no alcanzan á ver y no creen posible. Aman sus costumbres, como aquella vieja de Siracusa rogaba al cielo por su Dionisio. Pero este apego de los indios, sólo se exprimenta cuando se trata de establecer algún nuevo orden de cosas: mientras se está tratando, mientras se habla, se proyecta, se amaga para lo futuro, mientras el negocio no pasa de la hipótesis á la realidad y de la teórica á la verificación. Hágaseles conocer experimentalmente, que con motivo de quitarles una mala costumbre, no se les pone otra peor como les está sucediendo casi siempre, y se verá con que gusto y prontitud abrazan la exoneración de cuantas tienen. Todo hombre, y muchísimo más el hombre infeliz, ama la bondad por sí misma, y porque en ella cree verdaderamente existente cuanto cabe en las ilusiones de su esperanza y deseo. Y el indio será insensible ó resistente á esta inclinación, que es una de las más generales de la naturaleza!"....
Habiendo expuesto el observador sus reflexiones sobre las costumbres, comprendiendo en esta denominación todo lo antedicho de cofradías, sacristías, servicio y demás tequios[172] de los indios, pasa á vituperar _los abusos_ (no el establecimiento) de las escuelas de los indizuelos, milpas de comunidad etc. produciendo á más de los tres estados, de que se ha hecho mención, otros once individuales, que evidencian matemáticamente la enorme pérdida de jornales, que pierden forzosamente al año los indios de la provincia de Suchitepéquez, sin ganar nada para sí, ni para la agricultura, cuya recapitulación de dichos estados es como sigue:
[172] Vejámenes.
_Jornales Perdidos_.
1 Por la institución y servicio de cofradías 160,734. 2 Por la asistencia, y servidumbre de la sacristía 74,648. 3 Por el servicio personal de conventos 40,334. 4 Por la ración de leña y zacate de los mismos 12,775. 5 Por el ramo de pescadores parroquiales 9,584. 6 Por la conducción de tributos á la capital 1,320. 7 Por las limpias y composturas de caminos públicos 3,380. 8 Por composturas y refacciones de conventos etc. etc. 1,080. 9 Por los empleados de Cabildos y Justicias 77,959. 10 Por el desperdicio que hay en las milpas de Comunidad 17,036. 11 Por el orden de escuelas 9,030. -------- Total 407,880.
En esta suma, tan espantosa como infalible, no se incluyen los ciento sesenta mil setecientos treinta y cuatro jornales de las indias de cofradía de que habla el _Estado número 1.º_, ni los trece mil quinientos cinco de las molenderas, especificadas en otro estado, cuyas dos cantidades componen la de ciento setenta y cuatro mil doscientos treinta jornales de mujer, que aunque no se reputen más que á medio real de valor cada uno, forman la suma de diez mil ochocientos ochenta y nueve pesos, siete y medio reales anuales, que equivale talvez á la que podían necesitar las mismas indias para vestirse todo el año.
La pérdida de los cuatrocientos siete mil ochocientos ochenta jornales de los indios á razón de real y medio cada uno, valen en numerario setenta y seis mil cuatrocientos setenta y siete pesos, cuya cantidad produce menos ventajas que si se echasen al río año con año. Con dichos cuatrocientos siete mil, ochocientos ocho jornales que se pierden tan míseramente, había para cultivar casi doble número de cacaotales de los que hay en la provincia.
Si se pregunta, porqué los cacaotales se han perdido y enmontado? porqué se han esterilizado los que parecen limpios? porqué se han abandonado la siembra y beneficio del jiquilite, y de la grana, que antes se cultivaban en estos pueblos? Por qué en ellos no hay ya cosechas ni cuidado del ramo de vainillas, en otro tiempo tan pujante? ¿porqué no hay haciendas ni _milpas_, ni algodonares correspondientes á la extensión y feracidad de su terreno? ¿porqué se han ido arruinando las poblaciones, los caminos, las iglesias, y lo demás que se divisa de estos objetos, el número de indios, el comercio, la piedad y la moral popular? A todo se debe responder: porque se hace perder á los indios más de medio millón de jornales al año. Si se reproduce: ¿porqué los jueces de provincia no remedian este espantoso y necio desperdicio? Se responde: no lo hacen, porque algunos no saben, porque otros no se atreven, porque otros no quieren, y porque no pueden.
Y si se insta de nuevo: ¿porqué los jefes supremos no ponen este remedio, ya que en ellos no concurren las faltas insinuadas de poder, de voluntad, de valor y sabiduría? También se responde: no lo remedian, porque ignoran el verdadero origen del mal: lo buscan en los objetos de mayor magnitud, en los hechos de bulto, en las combinaciones más generales de la legislación: á estos puntos dirigen sus providencias, y todas caen en vago porque el mal no reside en ellos.
Los subalternos que informan y proyectan, contribuyen por su parte á perpetuar este descamino, por adulación, por orgullo, y por ignorancia. Se avergüenzan de contraerse á cosas pequeñas, de seguir el hilo y últimos resultados de una friolera, de calcular sobre partes mínimas, de dar el debido valor á las cosas obscuras: quieren informar en cosas grandes, proyectarlas lo mismo: así todos pierden el tiempo y los medios, pues el bien ó el mal de una provincia consiste elementalmente en la agregación de una infinidad de poquedades.
Es bien público y notorio que en estas cuatro provincias de la costa, á saber: Soconusco, Suchitepéquez, Escuintla y Sonsonate, el fruto del cacao se ha ido perdiendo progresiva y sensiblemente. Todavía existen monumentos de cuando los barcos del Perú y Panamá frecuentaban el puerto de Sonsonate, y extraían anualmente los diez y los _doce mil zurrones_. Como cuatro á cinco mil salían por tierra, en atajos para Oaxaca y otras partes de América y Europa, y otros tantos salían, en cabezas de indios, para el resto de este reino, y toda esta extracción en el día se halla reducida á cero.
El número de pueblos y vecinos ha decaído igualmente. Ahora setenta y seis años, por no hablar de más atras, tenía esta provincia de San Antonio treinta y tres pueblos, los veinte de ellos muy pujantes: ahora sólo tiene diez y seis, cinco de ellos regulares, y cinco pequeños y los seis restantes son puras ruinas.
Y supuesto que las leyes, el rey nuestro Señor, y la Real Audiencia, á nombre de S. M., mandan y ordenan en favor de los indios y de la agricultura cuanto se expresa en el _rescripto_, que se copia al fin de este cuaderno, se debe guardar y cumplir lo siguiente:
1º que no haya más cofradías que las que están fundadas con Real licencia, y aprobadas sus ordenanzas y estatutos por el Real y Supremo Consejo de las Indias.
2º Que no se repartan indios de servicio en los conventos, ni en las Casas Reales, ni indias molenderas, ni _zacateros_, ni leñateros, ni _chajales_, ni pescadores ni otro alguno, por ser esto contrario á la razón y justicia, pues S. M. los da por libres de cualquiera obligación que tengan, y en caso de servirse de los indios sea _pagándoles su trabajo y ocupación sin apremiarles_.