Los Indios, su Historia y su Civilización

Part 15

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A mediados del siglo XVI mudóse la naturaleza de las encomiendas, que se convirtieron en tributo. Por los empadronamientos que se hicieron, notóse bien que la población indígena disminuía de modo pasmoso, debido á los malos tratamientos de que era víctima, según puede verse por la Real Cédula de 27 de Mayo de 1582, que muestra el empeño real en extirpar abusos y exhibe al propio tiempo crueldades sumas. He ahí ese importante documento histórico que dice así: "Presidente y Oidores de nuestra Audiencia que reside en la ciudad de Santiago de la provincia de Guatemala: nos hemos informado que en esa provincia se van acabando los indios naturales de ella, por los malos tratamientos que sus encomenderos les hacen, y que habiéndose disminuído tanto los dichos indios, que en algunas tierras faltan más de la tercia parte, les llevan las tasas por entero, que es de tres partes las dos más de lo que son obligados á pagar, y los tratan peor que esclavos, y que como tales se hallan muchos vendidos y comprados de unos encomenderos á otros, y algunos muertos á azotes, y mujeres que mueren y revientan con las pesadas cargas, y á otras y á sus hijos los hacen servir en sus granjerías, y duermen en los campos y ahí paren y crían mordidos de sabandijas ponzoñosas, y muchas se ahorcan, y otras toman yerbas venenosas, y que hay madres que matan á sus hijos en pariéndolos, diciendo que lo hacen para librarlos de trabajos que ellas padecen".

Con anterioridad á esa real cédula, ya Carlos V y sus sucesores habían expedido muchas leyes favorables á los aborígenes; leyes que se llamaron _nuevas_ y que fueron muy mal recibidas en Guatemala, provocando la cólera de los conquistadores y del Ayuntamiento contra el filántropo Las Casas, que como todo redentor fué calumniado y perseguido. No faltan escritores extranjeros, como Washington Irving, que califican de exageradas las descripciones del virtuoso defensor de los indios, cuando narra sus padecimientos y triste situación á que se les había sujetado; pero hay que considerar que un norteamericano nunca podía mostrarse muy compasivo hacia una pobre raza que la anglosajona destruyó del modo más inhumano y despiadado. Lo que sí llama la atención es que nuestro distinguido compratriota, Don José Milla, califique de exageradas y declamatorias las aseveraciones del célebre misionero, en su Brevísima Relación de la destrucción de las Indias Occidentales", una vez que, á pesar de las "Reflexiones _imparciales_ sobre la humanidad de los españoles en las Indias", del abate Juan Nuix, publicadas en 1782, es bien sabido que en menos de trescientos años se redujo la población indígena de América à la décima parte, según queda demostrado en otro lugar de la presente obra. Enhorabuena que el espíritu de conquista, la sed de oro, el férreo carácter de los conquistadores, las ideas erróneas de aquellos tiempos, sirvan de excusa á la saña cruel de que fueron víctimas los infelices indios; pero que no por eso se deje de encomiar al Padre Las Casas, que ha merecido grandes elogios de Quintana y de otros muchos notables escritores españoles, ni se desconozca, como lo hace nuestro compatriota historiador[159], que la población de América, en las regiones que España conquistó, se redujo á fines del siglo último á la décima parte en cuanto á la raza aborigen. En el Perú había unos seis millones de indios, y según el censo hecho por orden del virrey Gil Gamos, en 1796, quedaban seiscientos ocho mil ochocientos noventa y nueve. En Méjico era quizá mayor la población que entre los ìncas, y se minoró en extremo, como lo demuestra el eruditísimo Larráinzar.[160] En el Ecuador y en todas las demás regiones sojuzgadas por soldados hispanos, si no acababan del todo con los indios, diezmaron su número y los redujeron á dura servidumbre[161]. En los populosos reinos de Guatemala había más de tres millones de pobladores, en un extenso territorio, antes del siglo XVI, y quedaban sólo seiscientos cuarenta y seis mil sesenta y seis, según el censo del año 1810, relativo á todo el istmo Centro-Americano, contando únicamente la población indígena de raza primitiva americana. En Cuba, Santo Domingo y Honduras, decía el mismo Carlos V, con datos ciertos, que se habían destruído más de dos millones y seiscientos mil indios.

[159] Histª. de la América Central, t.º II., Cap. I. por Don José Milla.

[160] Larráinzar, Apuntamientos para la Histª. de Méjico.--Hubo muchos que, como Nuño de Guzmán, fueron Atilas de Nueva España. Véase "Méjico al través de los siglos". Tomo II, pág. 203.

[161] F. G. Suárez. Histª. del Ecuador. Quito, 1890. Carrera de Chile, n.º 14.--Informe de Ulloa y Jorge Juan al rey de España, noticias secretas de América.--Histª. Antigua del Perú, por D. Sebastián Llorente.

En el informe estadístico del partido de Suchitepéquez, que emitió el alcalde mayor don Juan Antonio López, con fecha 26 de mayo de 1814, se lee lo siguiente: "Tenía en principios del siglo XVIII, veintiocho pueblos florescientes y bien poblados. En el día, apenas cuenta diezisiete, de los cuales sólo cinco están medianamente poblados, que son Santo Domingo, Mazatenango, Cuyutenango, San Sebastián, Quezaltenango y San Antonio Retalhuleu. Los once perdidos se aniquilaron en menos de setenta años, y de los demás ni vestigios se hallan en el día. Las causales de este deterioro las hizo ver, en un informe que dió á la Real Audiencia, el alcalde mayor que fué en este partido, Don José Rosi y Rubí".[162]

[162] El informe citado del alcalde mayor don Juan Antonio López lo tiene original y manuscrito el autor de la presente obra.

No hay, pues, hipérbole en decir que la población indígena de América quedó diezmada durante los tres siglos de régimen colonial.

En aquellos tiempos no se había comprendido que, como dice el publicista Alberdi, _gobernar es poblar_.

Después de la grande epopeya de la conquista, después de las hazañas homéricas y de los horrendos crímenes de Cortés, Pizarro y Alvarado, las posesiones españolas casi se quedan sin historia. Durante ese largo período los indios desaparecieron por tribus y por naciones; pero ni aun se oía su queja. Sin el oro del Perú, la plata de Méjico y los cortos productos que el monopolio dejaba penetrar en Europa, la América española habría llegado á ser un mito, habría podido ser sumergida en el mar, como otra Atlántida.[163]

[163] Ignácio Gómez--La poesía y los poetas de la América española, artículo I.

El Gobierno español pensó que el establecimiento de las _Misiones_ sería fecundo en grandes beneficios para América, dice un político observador: acaso creyó también que los misioneros serían la compensación de los encomenderos, y que, á falta de escuelas, colegios, buenos caminos, comercio y demás ventajas de la civilización rehusadas á los criollos, se alcanzaría á lo menos el gran bien de atraer el mayor número posible de indios salvajes á una semibarbarie reducida al bautismo y la vida común de los caseríos ó pueblos. Si el gobierno procedió de buena fe en este asunto, como lo creemos, su cálculo fué muy equivocado. Los hechos probaron que las _Misiones_ nada hicieron ganar á la civilización, pues sólo sirvieron para dar opulencia á los jesuitas, opulencia que fué peligrosísima para el gobierno, funesta para la sociedad, y para mantener á los indígenas reducidos á la vida civil, en la más triste abyección. Las _Misiones_ hicieron degenerar á las razas indígenas en dondequiera; y si la historia de esos establecimientos no estuviera probando la plena exactitud de nuestra aserción, los ejemplos que ofrece Colombia no dejarían lugar á duda alguna. De todos los pueblos de Hispano-Colombia el más hondamente atrasado--á pesar de sus excelentes elementos de prosperidad--es el Paraguay, que fué patrimonio de los jesuitas, dignamente representados más tarde por el doctor Francia. En Nueva Granada, como en Venezuela y Buenos Aires, los jesuitas tuvieron sus más valiosas _haciendas_ ó _Misiones_ en los llanos ó en las pampas. Allí poseyeron inmensos rebaños y crías y tierras superiores é ilimitadas, que les dieron opulencia. I bien, ¿cuáles fueron los resultados? Por una parte, las poblaciones más belicosas, ásperas y temibles de Colombia y de las repúblicas del Plata han surgido precisamente de esas _Misiones_; por otra, el llanero y el gaucho, semibárbaros en todo y crueles y devastadores en la guerra, no aprendieron sino á guardar resentimientos por la dura explotación que sufrieron; y el día en que se hizo general la lucha por la independencia, fué de los Llanos y las Pampas de donde salieron los más formidables enemigos de España.[164]

[164] J. M. Samper--Ensayo sobre las revoluciones políticas ó la condición social de las repúblicas colombianas. Cap. III, París, 1861.

Véase también "La América, por J. V. Lastarría."

CAPITULO QUINTO

=Situación de los indios en Guatemala á principios del presente siglo. Abusos de cofradías, sacristías y servicio parroquial. Medios propuestos á las Cortes Españolas para mejorar la condición de los aborígenes, el año de 1810.=

SUMARIO

Estado de la América española, en los comienzos de la centuria actual.--Conmociones y movimientos en Chile, el Perú, Nueva Granada, Guatemala y Méjico.--Situación agrícola y económica del reino de Guatemala.--Su extensión territorial.--Su población.--Había un millón de habitantes, de los cuales eran indios seiscientos cuarenta y seis mil seiscientos sesenta y seis.--Cómo se hallaban gobernados.--Su industria y agricultura.--Trabajos que se les imponían.--Los pardos.--Los blancos.--El comercio de todo el reino de Guatemala.--La agricultura con respecto á los indios.--Junta protectora de los aborígenes.--Medios propuestos por el real Consulado de Comercio de Guatemala á fin de mejorar la condición de los indios.--Abusos en las cofradías.--Abuso en el servicio de sacristías.--Abuso en el servicio parroquial.--Sólo en la provincia de Suchitepéquez se empleaban doce mil setecientos setenta y cinco indios en las raciones para los curas.--Sólo los indios componían de balde los caminos, puentes y calzadas.--Se perdían más de cuatrocientos mil jornales en Suchitepéquez, por el sistema abusivo que prevalecía contra los indios.--Causas que influyeron en la pérdida de los cacaotales.--Hubo tiempo en que del reino de Guatemala salían doce mil cargas de cacao.--Jueces de provincia.--Cómo debieran haber sido.--Cuadro estadístico de las quince provincias que formaban el antiguo reino de Guatemala.--Tributo que se pagaba.--Renta de alcabalas.--Derechos de importación.--Renta del tabaco.--Derecho del Real Consulado.--Número de habitantes.--Población indígena.

Para concluir el presente libro, es oportuno examinar el estado en que se hallaban los aborígenes de Guatemala en los albores de la centuria actual, cuando comenzó á escucharse en Hispano-América el sordo rumor de la revolución de independencia, que se iba preparando, como se prepara la tempestad por el acrecentamiento paulatino de electricidades contrarias, que en un momento chocan, y despiden luz y hacen conmoverse los espacios etéreos. Turgot dijo que las colonias eran como las frutas que permanecen en el árbol hasta que maduran; y la época de la madurez estaba próxima para las colonias hispano-americanas.

Después de tres siglos de régimen absoluto; después de doce generaciones de indios que habían sufrido cruda servidumbre, se redujo su número á la décima parte de los que encontraron los conquistadores castellanos. Cuando los españoles, en vez de aprovecharse de la enseñanza que les daban los levantamientos del Perú, en tiempo del virrey Jáuregui; la revolución del Socorro en Nueva Granada, bajo el gobierno de don Manuel Antonio Flores; la prematura intentona de Chile; los movimientos de Méjico, la asonada de Belén en Guatemala, y los demás síntomas que se dejaban ver en el resto de la América española;--cuando los castellanos, digo, en vez de aprovecharse de la lección elocuente que los sucesos les suministraban, sólo fueron duros é inhumanos con los vencidos, fomentaban ellos mismos, con la represión violenta, los varios elementos de la guerra de independencia, prevista por el político conde de Aranda, que anunció la emancipación de las colonias americanas, y reconoció que sus grandes desórdenes eran tan añejos, arraigados y universales, que no podían evitarse ni en un siglo de buen gobierno; sin que por otra parte, la distancia permitiera jamás el remedio radical del sistema monstruoso que se había implantado.

Y así fué en realidad, pues poco ó nada se consiguió con los esfuerzos tardíos que, en los comienzos de este siglo, se hicieron en pro de la tranquilidad de las colonias y por el mejoramiento de la triste suerte de los indios.[165] Cuando á las Cortes extraordinarias del año de 1810, fué electo diputado el Sr. Dr. D. Antonio Larrazábal, la Junta de Gobierno del Real Consulado formó unos interesantes "_Apuntamientos sobre la agricultura y comercio del Reyno de Guatemala_," que dan á conocer perfectamente el malestar en que se hallaban los aborígenes y los abusos de que eran víctimas. Aunque bien pudiera hacer un extracto de ese documento histórico, me he decidido á transcribirlo íntegro, en lo que con los aborígenes se relaciona, tanto porque es en extremo raro y curioso, como porque así pintaré más fielmente la manera de ser de nuestros indios, en vísperas ya de la independencia de Centro-América.

[165] Por real cédula publicada en Guatemala, á 18 de marzo de 1802, se ordenó que los indios no pagaran diezmos. El auto acordado el 22 de abril de 1782, mandó que á los indios no se exigiesen costas, ni carcelaje, y que se les nombrara intérpretes, sin costarles nada. Las tardías medidas en pro de los naturales, no podían contener el alud preparado antes, en muchos años de opresión.

"Desde luego--dicen aquellas apuntaciones--damos á la área de todo el reyno sesenta y cuatro mil leguas cuadradas, pues sobre poco más ó menos tiene de largo seiscientas leguas comunes de E. á O. y de N. S., en partes ciento cincuenta, en otras ciento, y en la más angosta como sesenta.

Esta extensión de tierra goza incesantemente y á un mismo tiempo, la influencia de las cuatro estaciones del año periódicas en Europa; porque lo que se denomina la costa, esto es, la tierra contigua á los dos mares del N. y S., y lo que también vulgarmente se llaman las provincias, experimentan rigurosamente el calor del estío. Las demás provincias conocidas por "_los altos_", el frío del invierno. Otras, los temperamentos del otoño y primavera, cuya variación es muy poco sensible en todas; y generalmente, disfrutan seis meses de copiosas lluvias, y otros seis de seca. Las cosechas de granos, frutas y demás productos de la naturaleza, que son en Europa resultados del tiempo favorable para su respectiva procreación, en este reyno provienen del terreno adecuado á la especie, de modo que los esquilmos europeos de otoño, invierno, primavera y verano, se producen en todos los meses del año en el reyno de Guatemala, los unos en las tierras frías, y los otros en las templadas y cálidas, formando la enunciada extensión un conjunto de montañas y volcanes asombrosos por sus elevaciones, y espesas selvas abundantes de todas maderas exquisitas: de barrancos profundísimos, no menos vestidos de cedros y útiles vegetales que las serranías; y de llanos inmensos ó sabanas de terreno feraz y adecuado para siembras y plantíos, con muchos y caudalosos ríos, que se descargan en los mares del N. y S.

Nuestra madre España tiene sobre poco más ó menos cuarenta y cuatro mil leguas cuadradas, y según los censos modernos de diez y medio á once millones de almas. En tiempo de los reyes D. Fernando y Doña Isabel, tenía veinte millones, y en el de Augusto de cuarenta á cincuenta, según atestiguan autores clásicos.

Esto quiere decir, que la área del reyno de Guatemala, que excede á la de España en veinte mil leguas cuadradas de terreno feraz, de temperamento frío, templado y caluroso en todo el discurso del año, podría ser ocupada holgadamente, á lo menos con igual población, y esto supuesto ¡qué reino tan pujante no sería! ¡Qué rico y que apetecible para las comodidades de la vida.!!

Pero hallándose tan inmenso espacio de país ocupado por un millón escaso de habitantes derramados en todo él, á distancias enormes interpoladas de desiertos y montañas, y en que no ha penetrado su centro la huella humana, y de costumbres diametralmente opuestas á todo lo que verdaderamente podría constituirlos felices en sus respectivas condiciones: ¡qué probabilidad ha de haber de que con estos datos, se eleve repentinamente á un grado de opulencia que compita con los mejores reinos del mundo! Ilustremos más la proposición, y digamos que el millón propuesto de habitantes se compone de....

646.666 indios de todos sexos y edades. 313.334 pardos y algunos negros. 40.000 blancos. --------- 1,000.000

Los primeros, que son, hablando con propiedad, los indígenas ó naturales, gobernados inmediatamente por sus Gobernadores y Justicias de la propia casta, bajo el dominio español, en lo político; de un Intendente Alcalde Mayor ó Corregidor, y en lo espiritual, de los curas seculares ó regulares, se mantienen hasta el presente tan adictos á sus costumbres y usos antiguos, que verdaderamente su vida es la misma que la de los primeros pobladores de la tierra. Al igual que aquéllos, ciñen sus necesidades á un alimento parco y rústico para el día, y á cubrir sencillamente sus carnes, sin aspirar á otra cosa, porque desconocen aquellas otras necesidades, que la vanidad y refinamiento de las naciones que se llaman cultas, han constituído aunque superfluas en su esencia, precisas al orgullo humano.

Su agricultura se reduce á sus _milpas_, trigales, frijolares y hortalizas, en terrenos para ellos precarios aunque propios, lo que luego explicaremos, con que subsisten del modo indicado, pagan su tributo, ocurren á los capitales de sus cofradías religiosas y cajas de comunidades. Proveen con dichos esquilmos y frutas la plaza de la capital y cabeceras de partido, donde se compran por las otras clases para su sustento y regalo.

Su industria artesana está vinculada desde tiempo inmemorial en ciertos y determinados pueblos. Una carpintería de escaños y sillas mal forjadas, toscas y prolijas en su labor, por no emplear en ellos instrumentos adecuados, sino un cuchillo viejo ó un pedazo de machete, y sobre todo baratísima en demasía, es peculiar por ejemplo, del pueblo de Comalapa. En Cobán ejercen este mismo oficio con más finura, pues trabajan papeleras y otros muebles embutidos de madera blanca con figuras primorosas y prolijas en su ejecución. En la misma ciudad, capital de la provincia de Verapaz, en Cahabón, Rabinal y otros pueblos de ella, todos habitados de indios, se ocupan las indias en la hilaza de algodón, con que se proveen los tejedores de ropas llamadas _de la tierra_, que existen en la capital, en la Antigua Guatemala y otros parajes.

En la provincia de Totonicapam se emplean también en el ramo de hilaza y tejidos. Hay pueblos que sólo se entretienen en hacer medias y calcetas de algodón, como en Sumpango. Otros, loza ordinaria: otros, esteras ó _petates_, redes, sombreros de palma, hamacas &.

Lo referido, y los trabajos á que se les obliga enviándolos los alcaldes mayores en partidas con nombres de repartimientos á las haciendas de los que los piden para sus labores, y á los que deben dárseles con arreglo á las leyes: la conducción sobre sus espaldas, de cargas pertenecientes á los mismos alcaldes mayores, curas y particulares de la clase de blancos, de unos parajes á otros: la composición de caminos, la construcción de los edificios, templos y casas, bajo la dirección de los maestros arquitectos ó albañiles, y en fin, todo lo que es servicio penoso y molesto, está reservado para esta gente en todo el reino de Guatemala. Ellos son el descanso de las demás clases sin exclusión: ellos son los que nos alimentan surtiéndonos de lo necesario y de regalo, al paso que ellos son tan parcos y frugales que casi nada comen de sustancia. I si los indios trabajan como queda insinuado, las indias hacen lo propio al tanto y talvez más: hasta los indizuelos trabajan, pues apenas tienen alguna solidez en sus piernecitas, cuando van con sus madres al monte á recoger palitos para el fuego, y á renglón seguido caminan ya con sus padres jornadas largas con sus carguitas proporcionadas á cuestas.[166]

[166] R. C. del Señor Don Felipe III al virrey del Perú, Marqués de Montes Claros.

"Marqués de Montes Claros &. Cosa sabida es la mucha gente española que hay en esas provincias, así de la que de acá va de ordinario, como de criollos nacidos allá, y también se tiene entendido, que con ser mucha de esta gente humilde y pobre, no se inclina á trabajar en las labores del campo, minas ni otras granjerías, ní á servir á otros españoles, y los tienen por menos valer: de que resulta haber tanta gente perdida y cargar sobre los indios el peso de todo el trabajo y servicio de los españoles. Y en consentir y dejar pasar por esto á los españoles los ministros míos, que han gobernado, y las demás justicias, se ha introducido esta ociosidad á que en ninguna de las repúblicas se da lugar. Y como quiera que en el Despacho sobre los servicios personales de los indios que ahora se os envía, se os ordena que encaminéis al trabajo de todas las dichas labores á los españoles de condición servil, mestizos, mulatos, y zambaigos, como cosa que tanto deseo, é importa dar principio á esta reformación tan necesaria para el buen gobierno y conservación de esas provincias, alivios y libertad de los indios, os lo he querido volver á encargar aparte, como lo encargo y mando." (Solorz. P. V.)