Los Indios, su Historia y su Civilización

Part 11

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Tenían los indios de Guatemala importantes remedios para muchas enfermedades que conocían y curaban. "El bálsamo (_Myroxilon Sonnatense_) impropiamente llamado del Perú, que se recoje entre Acajutla y río Comalapa (costa del Bálsamo) se usaba mucho por los aborígenes, quienes lo vendían á los españoles al precio de doscientos cuarenta reales una botija _perulera_." La raíz del _mechoacán_, que los farmacéuticos denominan con el nombre de _jalapa_, la empleaban los indios, y hoy se usa generalmente como purgante. El ruibarbo, específico contra la bilis, se conoció también desde remotos tiempos. "En 1535 se introdujo en la materia médica europea el uso de la zarzaparría (_mecacpactli_) de la que dice el inca Garcilaso de la Vega[100] "no tiene necesidad de que nadie la loe, pues basta para su loor las azañas que en el mundo viejo y nuevo ha hecho y hace contra las Bubas y otras graves enfermedades". Lo mismo asegura este autor de la _coca_, ó cura que empleaban en lociones par las úlceras venéreas.

[100] Comentarios reales, t.º I, pág. 284.

Sahagun nos transmite[101] el modo que los antiguos mejicanos tenían para curar las _Bubas_, é indica los medios para combatirlas. Recomienda el uso interno de la yerba llamada por aquellos _Tletlemoitl_, de la _Tletlequetzal_, y las limaduras de cobre sobre las úlceras y pústulas venéreas.

[101] Historia Gen. de las cosas de Nueva España, t.º III, pág. 100 § V.--Edición de Bustamante 1830.

En Guatemala usaban también remedios tan sencillos como eficaces para la curación de las _Bubas_, á las que, como se ha dicho, daban nombres particulares, según su estado y tamaño.

Desgraciadamente aquí, como en toda la América española,[102] y aún en Europa, por motivos particulares y altamente interesados, se propagó por los primitivos conquistadores y sus inmediatos descendientes, la absurda idea de que los indígenas eran poco más ó menos que unas bestias. En consecuencia se holló su raza, se despreció y aniquiló su primitiva civilización..... Se pisotearon, quemaron y echaron al viento las pabezas de sus secretos preciosos antes de darles una sola mirada. Los quichés y los cakchiqueles, los inmediatos descendientes de la ilustre raza tolteca[103] fundadora de la primitiva civilización mejicana, fueron vistos en Guatemala, en esta parte de la América, con el mayor desprecio, con la más alta altanería. Hasta estos últimos tiempos, por una inconsecuencia de que apenas el entendimiento puede darse razón, la clase que llamamos ilustrada, usa aún con misterio de aquellos medicamentos _nagualísticos_ de los indios, que á los principios había desechado, dándoles después un valor supersticioso. También es cierto que en todo el mundo pasa esto mismo, y el vulgo siempre gusta de medicinas raras y caprichosas para las enfermedades que menos conoce, y en ésto está fundado el imperio del charlatanismo.

[102] "Muchas yerbas hay en el Perú, de tanta virtud para las cosas medicinales, que si las conocieran todas, no hubiera necesidad de llevarlas de España, ni de otras partes; mas los médicos españoles se dan tan poco por ellas, que aún de las que antes conocían los indios, se ha perdido la noticia de la mayor parte de ellas". Comentarios reales del inca Garcilaso de la Vega. Tomo I, pág. 284.

[103] Las famosas monarquías de los quichés y cakchiqueles fueron fundadas por los toltecas. Esta palabra significa arquitecto, ó bien oficial curioso y primero. A toda obra curiosa y acabada, se le llamaba obra tolteca. Los toltecas eran los sabios, los mágicos, los sacerdotes, los astrónomos (ellos arreglaban el tiempo é hicieron el calendario mejicano), los generales, los legisladores, los médicos, los botánicos, (oxomoco cipactonatl), los poetas, los estatuarios, los pintores, los plateros, lapidarios, tejedores, fabricantes de tejidos de plumería y algodón, comerciantes agricultores, etc. Eran, en fin, el nucleo de la civilización primitiva, de todo lo que en la sociedad civil representa al gobierno, la inteligencia y las fuerzas morales y materiales de que tiene necesidad para su sostén y engrandecimiento.--Véase á Fuentes y Guzmán, M. S. Historia de Guatemala, Tomo II, págs. 222, 225 y 273.--Juarros, Tomo II, cap. I pág. 5.--Sahagún, Tomo III pág. 109.--Fernaux Compans, Voyages, Relations et Mémoires. Tomo VIII. Apendice, pág. 297, etce.

La América, después de su descubrimiento, suministró á la materia médica europea medicamentos preciosos, y con especialidad una multitud de drogas de que tanto necesitaban los conquistadores para la curación de la _sífilis_; que según se ha visto, era la enfermedad en su época.

Los indios de Méjico y de Guatemala[104] además del guayacán, de la zarzaparrilla, etc., tenían y aún tienen recursos secretos para la curación de aquella y otras muchas enfermedades. Es cierto que ellos son en general los que menos molestan á los médicos españoles por aquellas razones, y porque son generalmente más sanos, infinitamente más sufridos, de una sensibilidad más obtusa, de un carácter más concentrado, de un modo de vivir más simple y natural, y por consiguiente mucho menos propensos á las enfermedades. Si no se les hubiese perjudicado por tantos años consecutivos, si no se les hubiese tratado tan mal como se ha dicho, poseeríamos hoy sus secretos preciosos, los de su primitiva civilización, casi aniquilada, y las razas no hubieran menguado, tanto por el mal tratamiento, que es lo que más desmoraliza, y los vicios á que dá lugar, como por la incuria gubernativa. La embriaguez en que el despecho los sumergió[105] y después los vicios, hijos suyos, han puesto esta raza al borde de su ruina, ruina común para las otras castas europeas, que se lamentan extemporáneamente de la falta de población, que con nada puede aquí suplirse, para todas las empresas agrícolas é industriales.

[104] El Padre Sahagún dice: "Que los toltecas tenían mucha experiencia y conocimiento de las plantas y yerbas, y sabían perfectamente las que eran útiles ó nocivas, y ellos fueron los que dejaron señaladas y conocidas las que ahora se usan para curar, porque también eran médicos. Fueron tan hábiles en el conocimiento de las plantas, que ellos fueron los primeros inventores de la medicina y los primeros médicos herbolarios." Historia de las cosas de Nueva España, Tomo III, pág. 109.

[105] Leyes represivas y muy rigurosas dicen los historiadores regnícolas que había contra la ebriedad, y en algunas partes se castigaba hasta con la pena de muerte. Fuentes y Guzmán. M. S. Tomo II. Ximénez, M. S.--En Zurita se lee: "_Celui qui s' enivre jusqu' a perdre la raison, ne mérite pas d' avoir une maison dans une ville et d' étre compté au nombre des citoyens_."

Tomaban en otro tiempo los indios, según refieren sus antiguas tradiciones y manuscritos, píldoras hechas con la carne palpitante de las lagartijas, que ellos llaman Cuetzpalin (Lacerta terrestris), á las que reputaban como un específico para la curación del cáncer, la lepra y el mal venéreo,[106] así como en otras épocas lo hacían los europeos con las víboras, á las que reputaban también como un antivenéreo.[107]

[106] "_Instrucción sobre el remedio de las lagartijas_," por don Antonio de León y Gama, dedicada al Ayuntamiento de Méjico, año de 1782. Discurso crítico sobre el uso de las lagartijas, por don Vicente García de la Vega.

[107] .......D'autres marques au visage et contraint user et manger toutes les paliatives, demeurant le fond et racines empoisonnés et infeutes qui est languir et mourir á petit feu ..."--Contes et discours d' Eutrapel.--Estos fueron impresos por la primera vez en Rennes, Casa de Noel Gilamet, en 1586, y después en Paris, en 1842; cap. 28, pag. 520. Véase desde cuando ya se curaba la sífilis en Europa.

El remedio de las lagartijas de los indios de Amatitlán, ensayado y acogido por el Doctor Flores, tuvo mucho crédito en Guatemala y en Méjico.[108] En Italia hizo tanto eco, que llegó á llamar la atención de la Europa[109] á fines del siglo pasado, en términos de consignarse en obras clásicas.[110]

[108] Memoria del Protomédico de Guatemala. Dr. Dn. José Flores, sobre el uso de las lagartijas, Méjico, 1782.--En la obra de Dicterich, "_Nuevo tratado sobre las enfermedades venéreas_," traducido por el Dr. Palacios y Villalba, pág. 80, se dice: "_Un clérigo español llamado José Flores, cuenta varias curas hechas en América con lagartos_"--El Dr. Flores no fué clérigo, ni español europeo, sino americano, tampoco empleó _lagartos_ (Alligator) sino _lagartijas_ (Lacerta agilis) que usaban los indios de Amatitlán.

[109] En efecto, se publicaron varios opúsculos y tratados de los cuales haremos conocer algunos: "Dello specifico delle lucertolle ó ramarro per la radical cura del cancro, della lebbra, é lue venerea, por Toscanelli, Turín, 1784.--Meo Saggio in torno al nuovo specifico delle lucertolle, Palermo, 1784.--Racolta di vari oposculi publicati sin ora in torno al uso delle lucertolle per la curaggioni de cancri et altri mali. Nápoles, 1785. Es largo el catálogo de las memorias y otros escritos que se publicaron sobre el particular.

[110] Dicctionnaire des sciences medicales, en 60 vlo.--Dictionnaire universel de matiére medicale et de Therapeutique generale, por F. V. Merat, et A. J. Delsus, etc., etc.

Con el maíz, cuyos granos son de diferente consistencia, color y tamaño, preparaban distintas bebidas, y aún el día de hoy, usan nuestras gentes muchas de ellas y las tienen en gran estima. Tuestan los granos de maíz colorado, lo pulverizan después, y en seguida le mezclan agua y azúcar, y forman una bebida agradable á la que llaman _Chilate_, (_Chilatl_) muy recomendada para la gonorrea. La harina de maíz negro echada á fermentar en un cocimiento de zarzaparrilla, guacayán, etc., y después cocido para detener la fermentación, forma una especie de atole[111] que por ser una mezcla de otras cosas, ha recibido de los indios el nombre de _Xoco-atulli_.[112]

[111] Atole. Así se encuentra esta palabra en los diccionarios de la lengua española. Es una corrupción de la palabra mexicana atulli. Se compone de _at_ que significa agua, y de _ulli_, goma, ó sea goma disuelta en el agua, ¿qué razón tendrían para corromperla?

[112] Xoco-atulli.--Hoy se dice, siguiendo la alteración de sus palabras radicales, Xuco-atole. Quiere decir atulli mezclado con algún otro fruto.--_Xoco_, la x debe pronunciarse como la _ch_ inglesa, y entonces da un sonido perfectamente imitativo al de los indios.

Con el mismo cocimiento de zarzaparrilla, guacayán, cebada y azúcar sin purificar (_rapadura_), hacen una cerveza agradable (_chicha_), que reputan como antisifilítico y tiene un uso común en el país. Así mismo confeccionan con aquellas sustancias distintos jarabes.

El agua de achiote (Bixa Orellana) tiene mucha reputación para la cura de la gonorrea. Es de creer que los antiguos indígenas considerando esta sustancia como un remedio apropiado para la sífilis, lo aplicarían á título de cosmético, para precaverse de ella con la mira de simularla, según el Doctor Esparragosa, ó con los dos fines á la vez. En Haití, los médicos á quienes llamaban _Bohuitihú ó Bohuitis_, antes de salir de su casa para ir á ver al enfermo, se ponen negra toda la cara con hollín y carbón. Las grasas unidas á otros cuerpos inertes como el achiote, algunas tierras, el polvo de carbón, etc., ponen una barrera entre la piel y lo que toca con ella; por este motivo ¿no reputarían aquellos arbitrios, además de los otros usos que les daban, como medios profilácticos contra la lepra, por cuya causa siempre se presentaban los indios untados de diferentes colores?[113]

[113] _Ensayo Histórico sobre la enfermedad venérea_, por el Sr. Dr. Don Mariano Padilla.

Sabían bien nuestros indios reducir una lujación, sangrar con _chayes_ (obsidiana), soldar un hueso roto, curar sus heridas con aguas y yerbas medicinales, extirpar tumores,[114] embalsamar los cadáveres etc. Los baños fríos, templados y calientes, eran muy usados para ciertas dolencias. El baño de _temaxcal_ que es á manera de baño turco muy rudimentario, dentro de una especie de horno, lleno de vapor de agua, lo han usado los indígenas desde los tiempos primitivos.

[114] Olivares--Historia Civil, Lib. I, Cap. 14.

Los vestidos, entre los indios, no obedecían, ni obedecen, al capricho inconstante de la moda. Siempre han sido los mismos, como entre los orientales, y sólo se diferencian de un pueblo á otro. Los nobles llevaban un vestuario de camisa y calzones blancos con flecos, y sobre ellos otros calzones labrados que les daban á la rodilla: traían las piernas desnudas y su calzado era una sandalia de cabulla, asegurada con unas correas sobre el tobillo y por el talón: las mangas de la camisa las arregazaban hasta el codo, con una cinta azul ó encarnada: traían el pelo largo y cogido hacia atrás, trenzado con un cordón de los referidos colores, que remataba en borla, insignia concedida á grandes capitanes: ceñíanse la cintura con una toalla de colores, que terminaba en una lazada por delante: sobre los hombros llevaban una tilma de hilo blanco, labrada con figuras de pájaros y leones, del mismo color, perfilada de torzales y flecos: traían taladradas las orejas y el labio inferior, y pendientes en una y otra parte unas estrellas de oro ó plata, y en la mano la insignia de su oficio ó dignidad. Los indios del día sólo se diferencian de los antiguos en que traen el pelo cortado, las mangas de la camisa sueltas y no usan pendientes ni en las orejas, ni en el labio.

Las indias visten con grande honestidad: cubren el medio cuerpo con unas enaguas, que les llegan hasta el tobillo y un _güipil_, que puesto sobre los hombros las cubre hasta las rodillas: éste era todo labrado de hilo de colores, y en el día lo bordan con seda. El cabello lo usan trenzado con cintas de hilo de varios colores; y también traían zarcillos en las orejas y en el labio inferior.

El traje de los indios mazeguales ó plebeyos era muy simple y pobre: no se les permitía el uso de mantas de algodón, sino de unas telas de pita; y éste se reducía á una camisa larga, cuya falda delantera la entraban por entre las piernas hacia atrás, y la de las espaldas la traían hacia adelante, ciñéndose con una tohallita y abrigando con otra la cabeza. Este traje lo usan todavía algunos indios de las costas; aunque lo más común es que los indios de tierras cálidas anden casi desnudos, sin más que el _maztlate_, que es un paño con que en parte se cubren.

Los indios bárbaros del reino de Guatemala, á distinción de los de Sinaloa, que andan enteramente desnudos, traían una tohalla larga en la cintura, que entrando por la horcajadura, les cubría siquiera algún tanto. Los nobles usaban esta tohalla de algodón muy blanco; mas los plebeyos la hacían de cierta corteza que puesta á la corriente del río por algunos días y después bien batanada, parecía una finísima gamuza de color anteado. Andaban siempre pintados de negro, lo cual no era sólo por gala, sino por preservarse de los mosquitos: ceñíanse las cabezas con una cinta de algodón blanca ó de otros colores, y en ella prendían algunas plumas rojas, que los capitanes ó señores las usaban verdes. Traían el pelo suelto hacia la espalda, y pinjantes en los labios y narices. Llevaban el arco y la flecha en la mano y el carcax colgado al hombro.[115]

[115] _Juarros_, Historia de Guatemala. Tít. II, pág. 32.

Si el famoso Torquemada (2ª parte, cap. 28) no exagera, hase de creer que los indios del reino de Guatemala ponían muy particular cuidado en la educación de sus hijos, pues había seminarios para niños y niñas nobles. Los mazeguales vivieron en ruda dependencia, y las infelices mujeres llevaron siempre á sus niños colgados á las espaldas y sostenidos por un paño, que todavía se atan sobre el pecho. Así trabajan y andan grandes jornadas. No los abrigan ni los mecen en cunas, sino que los echan al suelo ó los duermen en rústicas hamacas. Comen sin mantel ninguno, y duermen en toscos _tapexcos_, formados de cañas ó de troncos de árboles. Tuvieron en otro tiempo, los magnates y grandes muchas más comodidades y una cultura que hoy ya no se revela en ninguno de esos pueblos.

En medio de esa civilización relativa en que se encontraban los indios de Guatemala, al tiempo de la conquista, había sacrificios humanos y otras bárbaras costumbres, que reseñadas quedan en los capítulos anteriores. Nada extraño es que, así como en la culta Roma, iban las vestales mismas y las nobles doncellas á deleitarse al anfiteatro con escenas horribles, de sangre y de dolor, fuesen las indias americanas y los niños á presenciar, con unción, las impías farsas y cruentos holocaustos de sus idolátricos ritos.[116]

[116] Brasseur de Bourbourg, p. 678, tít. IV: Histoire du Mexique et de l' Amérique Centrale.

Eran muy dados nuestros indios, según se ha visto en el capítulo anterior, á los _mitotes_ ó bailes de diversos géneros, siendo digno de mencionarse el que llamaban _oxtum_, y que lo hacían al són de los más ruidosos instrumentos de música, preparándose antes por algunos días, sin tocar mujeres, y tomando afrodisiacos. Durante el baile, érales lícito apoderarse de las hembras que les pluguiese escoger, para usos torpes y deshonestos.[117]

[117] Recordación Florida de Fuentes y Guzmán, t.º I, p. 41, Madrid 1882. Los indios de Alatenango, mandaron á ofrecer mil pesos al Capitán General Dn. Martín Carlos de Mencos, á fin de que les diera licencia para bailar un _Oxtum_. No se les concedió tal permiso, ni se les recibió el dinero, sino que se les impuso un castigo.

Los pipiles, en el Salvador, se contaban entre las naciones semicivilizadas, en el siglo XVI, cuando los españoles llegaron á estas tierras; pero nunca tuvieron rey, sino dos capitanes, electos por los sacerdotes, á quienes todos obedecían[118]. En realidad, esos pequeños jefes, dice Squier, más bien eran aliados, para fomentar y proteger los intereses generales[119].

[118] García. Origen de los indios, pág. 329.

[119] Squier, Central América, pág. 331.-4.--

Cuando los españoles llegaron á Nicaragua, se hallaba aquel territorio dividido en provincias, habitadas por tribus de distintas lenguas, acerca de las cuales habla Oviedo, refiriendo que eran gobernadas por ancianos electos por el pueblo.

Los chontales de Nicaragua eran muy incultos, y no les iban en zaga los talamancas, guaimies, chorotegas, y otros de la parte de Costa Rica, que casi han desaparecido.

Aunque ya se ha hablado detenidamente, en el capítulo III, de los sacerdotes, de los altares, y de los sacrificios que hacían á sus dioses, creo muy oportuno transcribir aquí lo que acerca de esos puntos, pudo observar el oidor de la Real Audiencia de Guatemala, D. Diego García del Palacio, á raíz de la conquista española, quien en su informe al rey, le dijo: "Allende del cacique y señor natural, tenían un Papa que llamaban _Tecti_, el cual se vestía de una ropa larga azul, y traía en la cabeza una diadema y á veces mitra, labrada de diferentes colores, y en los cabos de ella, un manojo de plumas muy buenas, de unos pájaros que hay en esta tierra, que llaman _quetzales_[120]; traía de ordinario un báculo en la mano, á manera de obispo, y á éste obedecían todos en lo que tocaba á las cosas espirituales. Después de éste, tenía el segundo lugar en el sacerdocio otro que llamaban el _Tehua-Matlini_, que era el mayor hechicero y letrado en sus libros y artes, y el que declaraba los agüeros y hacía sus pronósticos. Había, allende de estos, cuatro sacerdotes que llamaban _Teupixqui_, vestidos de diferentes colores y de ropas hasta los piés, y eran negros, colorados, verdes y amarillos, y éstos eran los del consejo de las cosas de sus ceremonias, y los que asistían á todas las supersticiones y boberías de su gentilidad. Había también un mayordomo, que tenía cuidado de guardar las joyas y preseas de sus sacrificios, y el que abría y sacaba los corazones á los sacrificados, y hacía las demás cosas personales que eran necesarias. Sin los dichos había otros, que tenían trompetas é instrumentos de su gentilidad, para conocer y llamar la gente á los sacrificios que habían de hacer."

[120] Aún hoy lleva el mismo nombre este pájaro en todo Centro-América; y es sin duda alguna el de más hermoso plumaje de toda la América. Es el quetzal (_Trogon resplendens_ Gould, _Pharomacrus Mocinno_, de La Llave) del tamaño de una paloma, su plumaje de un color tornasol verde-dorado, el pecho es de un color cinabrio brillante, y el macho, al tiempo de empollar, luce generalmente dos hermosísimas plumas de tornasol, verde dorado que á menudo tienen la dimensión de un metro. El adorno de la cabeza del sacerdote mayor, mencionado arriba, debe de haber consistido en un penacho de estas plumas de quetzal.

No hubo, según afirma Bernal Díez del Castillo (cap. 172) al tiempo de la conquista, ningún camino de Méjico para estos pueblos de Centro América, sino estrechísimas veredas, que en muchos lugares se cerraban. Eran independientes de Moctezuma los poderosos monarcas del Quiché, Guatemala y Atitlán. La corte de los mames, ó sea Huehuetenango, hallóse desierta y asolada, á la sazón que Gonzalo de Alvarado llegó á conquistarlos y á batir la espléndida fortaleza de Socaleo, en la cual murieron mil ochocientos indios. Era aquella ciudad muy rica y populosa; pero la más grande, opulenta y digna de atención fué la historica Utatlán, que ha sido ya descrita en el capítulo II. _Xelahú_, que hoy es Quezaltenango, estaba gobernada por diez capitanes, y tenía más de trescientos mil habitantes. Además, era famosa la ciudad de _Chemequeñá_, que quiere decir _sobre el agua caliente_, y hoy es el pueblo de Totonicapam, perteneciente al señorío quiché, que pudo poner á disposición de Tecum-Umán noventa mil combatientes. La ciudad de Quiriguá es monumental, y de ella hizo una descripción muy notable Mr. Maudslay, viajero inglés, que visitó nuestro suelo[121]. Estando en Guatemala aquel anticuario, supo por mi amigo Don Eduardo Rockstroh, haber otra ciudad inexplorada, que muy á la ligera había visto en sus excursiones. Situada en un recodo del río Usumacinta, en un paraje en que los violentos raudales impiden la navegación y donde vienen á coincidir los límites de Tabasco, Chiapas, Petén, y Huehuetenango, pasada la Sierra Madre, se encuentra apartada de todo tránsito, aunque próxima al pueblo de Tenosique y á las ruinas de Palenque. Llamaban al referido lugar _Manché_, ó ciudad del Usumacinta, contándose maravillas de los monumentos.

[121] Explorations in Guatemala, and examinations of the newly discovered Indian ruins of Quiriguá, and the Usumacinta. 1833.