Los Indios, su Historia y su Civilización
Part 10
Diversas especies de fiestas hay entre los indios moscos y de Chiriquí, pero no mencionaré sino una de las principales. La más importante es la de la _Balsa_; fiesta que se efectúa generalmente al comienzo de la estación seca, y á la cual se dirigen en multitud los convidados. Cuando una familia ó un pueblo han determinado dar una _balsería_ y se ha señalado la época de ella, van á avisarlo á las casas distantes los mensajeros que á ese efecto se despachan, los cuales llevan bejucos que tienen hechos tantos nudos cuantos días deban transcurrir antes de comenzar la fiesta. Convídase á todos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos. Según las distancias que hayan de recorrerse, se ponen en camino de modo de llegar al lugar de la cita dos días antes de los festejos; lleva cada cual las provisiones necesarias, porque los organizadores apenas proveen de _chicha_. Por el camino, van soplando los convidados en unas grandes conchas, cuyo tañido da á conocer su paso. El lugar elegido para el caso es por lo regular una sabana cerca de un río. Amanece al fin el anhelado día: todos se ponen en pié desde los primeros albores, y se encaminan al río á bañarse. Acabado el baño, se pintan todo el cuerpo de igual color, azul ó colorado, pero en la cara se dibujan figuras muy complicadas de hombres, animales y arabescos como se suelen encontrar en los vasos sacados de las _guacas_. Las mujeres hacen de artistas. Este trabajo ocupa un buen espacio de tiempo, y cuando el convidado se halla listo, ya el sol está casi en mitad del cielo. Por la cintura se cruza un pedazo de tela fabricada de la corteza de un árbol (nuni), y luego se cubren la cabeza con una piel de animal, de modo que cuelgue sobre las espaldas la parte que corresponde á la cola y á las piernas. Los animales cuya piel se emplea más á menudo para este objeto son el tigre, el oso hormiguero y el oso melero. Si es demasiado grande la piel, no hacen uso sino de la cabeza, y de ella cuelgan la cola y las patas. Cada cual se dirige entonces al lugar designado; y los grupos se van formando en silencio. Poco á poco el tambor y los cantos se dejan oír y se comienza á beber la _chicha_; en esto las mujeres, que también se han pintado para la diversión, vienen á juntarse á los grupos, y beben con sobriedad, sostienen el canto ó platican unas con otras en corros animados. Al cabo de dos ó tres horas, la _chicha_ hace su efecto: uno tras otro se levanta, después de desafiar á una de las personas del mismo grupo. A una señal de las personas más ancianas principia el jaleo. A esta sazón, sigue el grupo á los bailarines, y en breve se cubre de gente todo el llano. Las mujeres se juntan al grupo en que ven á sus maridos. Ya los dos bailarines están frente á frente á cosa de veinticinco pasos uno de otro. El que ha lanzado el reto lleva en la mano un bastón liviano y esponjoso de palo _balso_ (especie de caña); bastón que tiene cerca de dos metros de largo con una bola en un extremo, y que va disminuyendo en grosor hacia el puño.[87]
[87] Chiriquí, por A. L. Pinart. Traducido para "El Repertorio Colombiano", página 116, número 8.º, año 7.º vol. 13.
El célebre Padre Tomás Gage, que estuvo en Guatemala, por el año 1625, y que sirvió varios curatos de indios, decía[88] que aunque estos infelices vivían bajo el yugo y la servidumbre, no dejaban por eso de ser de muy buen humor y de divertirse á su modo en festines, juegos y danzas; y principalmente el día de la fiesta del santo patrón de su pueblo.
[88] Viajes de Tomás Gage, capítulo XVII, tomo II.
No hay en las Indias un pueblo, grande ó chico, aunque no sea más que de veinte casas, que no esté dedicado á la Virgen ó algún santo.
Dos ó tres meses antes de la fiesta se reúnen los indios todas las noches para prepararse á las danzas acostumbradas en aquellos días, y en estas asambleas beben gran cantidad de chocolate y chicha.
Hay una casa ordenada expresamente para cada manera de danza, donde está un maestro que va á enseñar á los otros, á fin de que la sepan perfectamente, antes que llegue el día de la fiesta del santo.
En todo aquel tiempo no se oye otra cosa, todas las noches, más que gentes que cantan, que ahullan, que dan golpes sobre conchas y que tocan fagotes y flautas. Mas cuando llega la fiesta, por espacio de ocho días, se les ve bailar en público y poner en práctica todo lo que han aprendido, en los tres meses, en aquellas casas.
Aquel día se visten muy bien de seda y tela fina con una gran cantidad de listones y plumas, según la naturaleza de la danza, que ellos comienzan en la iglesia, delante de la imagen del santo patrón de su pueblo, ó bien en el cementerio; y durante la octava, van á bailar de casa en casa donde les dan de beber chocolate, chicha ó cualquier otro brevaje, de suerte que por ocho días no se ve otra cosa que borrachos en el pueblo, y si se les reprenden sus excesos, responden que ellos se regocijan con su santo que está en el cielo, y que quieren beber á su salud, para que se acuerde de sus devotos.
La danza principal que se practica entre ellos se llama _Toncontín_, que algunos españoles, que han vivido entre los indios, han bailado delante del rey de España, en Madrid, para hacerle ver algunas de las costumbres de aquellos pueblos, y se dice que su Majestad católica quedó muy satisfecha.
Ved aquí como lo bailan ordinariamente; los indios que deben bailarla son lo menos treinta ó cuarenta, según el tamaño del pueblo: todos están vestidos de blanco, tanto los jubones como los calzones y ayates, que de un lado llegan á tocar la tierra: los calzones y los ayates están bordados de seda ó de pluma ó adornados con algún buen galón. Algunos también alquilan jubones, calzones y ayates de tafetán, hechos para el caso; llevan sobre la espalda grandes ramilletes de plumas de todos colores, pegadas á un cierto aparejo dorado que hacen expresamente para ésto, y atado á sus espaldas con cintas, á fin de que no caiga al tiempo del baile. Además llevan sobre la cabeza otro ramillete de pluma, pero más pequeño que el otro, atándolo á sus sombreros, ó bien una especie de casco pintado ó dorado, que se acomodan en la cabeza.
Tienen además en la mano un abanico de plumas y la mayor parte lo llevan también en los piés, en forma de unas pequeñas alas; algunos usan zapatos, otros no; pero están casi todos cubiertos de hermosas plumas desde los talones hasta la cabeza.
El instrumento de que se valen para marcar la cadencia está hecho de un tronco de árbol hueco, que es bien redondo y alisado por dentro, y por fuera muy suave y reluciente, el cual es cuatro veces más grueso que nuestras violas, con dos ó tres grandes hendiduras del lado de arriba y algunos agujeros en la extremidad. A este instrumento lo llaman _Tepanabad_.
Lo colocan sobre dos sillas ó sobre un banco, en medio de los indios, y el maestro del baile pega en él con dos palos guarnecidos de lana en la estremidad, y cubiertos de un cuero, dado con pez para contener la lana.
Aunque tal instrumento produzca un sonido sordo y pesado, sin embargo el que lo toca no deja de sacar diversos tonos según el modo de dar los golpes, y por el cambio de este tono, hace oír á los que bailan los movimientos que deben hacer, bien sea alargándose, bien encorvándose, ó bien cuando es necesario que canten ó eleven la voz.
Además de estas danzas, bailan también nuestras zarabandas y las de los negros, con castañuelas; pero el baile que atrae más al pueblo y lo atolondra, es una tragedia que representan bailando, que consiste muchas veces en la muerte de San Pedro ó en la de San Juan Bautista.
Allí se representa al emperador Nerón, al rey Herodes con sus mujeres, vestidas magníficamente; y otro personaje con un vestido talar, que hace papel de San Pedro ó San Juan Bautista, el cual, mientras que los otros bailan se pasea en medio de ellos, con un libro en las manos como si leyese oraciones: todos los que danzan están vestidos de capitanes y soldados con espadas, puñales y alabardas en las manos.
Bailan al són de un tamborcillo y varias flautas; algunas veces al rededor y otras adelante, hablando muchas ocasiones al emperador ó al rey, y después entre ellos, con el objeto de coger y hacer morir al santo.
El rey y la reina se sientan frecuentemente, para oírlos hablar contra el santo, y para oir también sus defensas; después bailan con los otros.
El fin del baile es crucificar á San Pedro, con la cabeza abajo, y cortar la de San Juan Bautista, teniendo dispuesta al intento una cabeza pintada en una fuente, que presentan al rey y á la reina, quienes de júbilo bailan después todos juntos, concluyendo por quitar de la cruz al que representaba la persona de San Pedro.
La mayor parte de los indios tienen una especie de superstición y de apego á lo que hacen en este baile, como si hubiese allí alguna realidad ó algo más que la representación de la historia.
Cuando yo me hallaba entre ellos, el que había representado á San Pedro ó San Juan Bautista, tenía siempre costumbre de venir á confesarse el primero, diciendo que debían estar puros y santos como el santo que acababan de representar, y que se debían preparar para morir.
De la misma manera, el que había hecho el papel de Herodes ó de Herodías y los soldados que durante el baile habían acusado ó hablado contra los santos, venían también á confesar su crimen y á pedir la absolución."
Es de presumirse que los indios excitados por el licor, y apegados siempre á sus antiguas creencias y tradiciones, representarían con mucha fruición esa farsa que refiere el P. Gage, imaginándose ellos, en su loca danza, que estaban vengándose de San Pedro ó San Juan, á quien le cortaban la cabeza; pero después, para no hacerse sospechosos ante los conquistadores, á quienes tanto temían, iban á confesar sus pecados hipócritamente arrepentidos de la irreligiosa bulla que acababan de armar. El curioso baile que queda descrito revela bien el carácter de la subyugada raza americana.
CAPITULO SEPTIMO
=Estudio histórico-crítico acerca de la civilización y estado de cultura en que se hallaban los indios de Centro-América, al ser descubierto el Nuevo Mundo por Cristóbal Colón=
SUMARIO
Numerosas y grandes ciudades que hallaron los conquistadores en América.--Ocupaciones á que se entregaban los indios.--Cómo se encontraba la propiedad rural en los pueblos aborígenes.--Tierras realengas, comunes y del culto.--El _Calpullec_, que velaba por los intereses generales.--Los rebaños eran del rey.--En que consistía el tributo real.--Los indios estaban regidos militarmente.--Debían dar uno de sus hijos, por cada tres que tuvieran, para sacrificios ó como esclavos.--Población de Centro-América, antes de la venida de los españoles.--Opulencia del reino del Quiché.--Peste asoladora en el año 1520.--La sífilis en América y en Europa.--Industrias de los indios de Guatemala.--Las joyas, obras de oro y plata, tisúes finísimos y mosaicos de plumas.--La medicina entre los indios.--Remedios para curar diversas enfermedades.--Como curaban la enfermedad venérea.--Aplicación de la carne de lagartijas.--Memoria del Protomédico de Guatemala Dr. don José Flores, sobre ese remedio.--Empleo del achiote.--Reducción de lujaciones.--Sangrías.--Embalsamamiento de cadáveres.--Vestidos que usaban los indios de Guatemala.--Utensilios y costumbres domésticas.--Sacrificios y usos bárbaros.--Baile libidinoso llamado _Oxtún_.--Castigo impuesto á los indios de Alotenango, por haber pretendido bailarlo.--Los pipiles del Salvador.--Los chontales de Honduras.--Los talamancas, guaimíes y chorotegas de Costa-Rica.--Informe del Oidor de la Real Audiencia de Guatemala don Diego García del Palacio, al rey de España.--Eran independientes de Moctezuma los reinos del Quiché, Guatemala y Atitlán.--Célebres ciudades de esos reinos.--Cómo fueron subyugadas por los españoles.--Violación de la célebre princesa Xuchil.
Después de haber estudiado, con algún detenimiento, en los precedentes capítulos, el origen, manera de ser, desarrollo intelectual, creencias religiosas, instituciones políticas, leyes civiles y penales, usos y costumbres, diversiones, poesía, teatro, música y baile de los antiguos indios, y en particular de los de Guatemala; es oportuno exponer cómo se hallaban al tiempo de la conquista del Istmo Centro-Americano.
Sin el estudio que queda hecho anteriormente, no era posible resumir la condición social, política y económica de los poderosos reinos y numerosas tribus que habitaban nuestro suelo, á la sazón que el desdichado hechicero cakchiquel anunció al orgulloso rey quiché Vahxaki-Caam que pronto vendrían los hombres blancos, vestidos y armados de piés á cabeza á convertir los palacios y los templos en habitaciones de lechuzas y gatos de monte.[89]
[89] Ximénez refiere detalladamente la tradición de esa profesía de la conquista de América.
Refiere el soldado historiador Bernal Díaz del Castillo[90] que los conquistadores encontraron en nuestro suelo "numerosísimas y grandes ciudades, al punto que hablando con don Pedro de Alvarado, decíanle alegres y satisfechos que no era el caso de echar de menos á México, con lo que acababan de descubrir."
[90] Folio 164 del borrador original de la historia de Bernal Díaz del Castillo, que existe en la Municipalidad de esta capital de Guatemala.
Casi todos los indios eran agricultores, aunque no pocos se dedicaban al comercio y otros trabajaban muchas minas en varios puntos; pero la extracción de los metales no tenía por objeto ni la utilidad privada, ni la utilidad común, sino el lujo de los soberanos y el esplendor del culto religioso. Los terrenos eran de los reyes, quienes no solo tenían en su territorio el sumo imperio, sino que, en nombre y por autoridad de ellos, se señalaba á cada padre de familia una extensión de tierra, para sus sementeras. También la nobleza tenía sus tierras; la comunidad de las tribus las suyas, y, por último los templos ó sacerdotes eran dueños de otras. En la distribución que los régulos y los del _calpul_ hacían á los particulares, tocaba mayor extensión al que tenía más hijos, y ellos distribuían las semillas y vijilaban los cultivos. Desde que comenzaba á tener el niño algunas fuerzas, ya no estaba ocioso; hasta el anciano trabajaba, salvo que se hallase inválido ó enfermo. La moralizadora ley del trabajo se imponía por la fuerza á los indios inclinados de suyo á la inacción y á la holganza; pero los pobres no eran dueños de las tierras, dado que ejerciendo los nobles y régulos un poder tiránico, disponían como querían de ellas. No eran propiamente los indios, más que colonos, trabajadores ó siervos de la gleba ó de sus amos.[91]
[91] Simancas. Zurita. Carbajal, Espinosa.
La propiedad particular del suelo, tan civilizadora, tan estimulante, tan necesaria para el desarrollo de los pueblos, cuando se ajusta á las prescripciones económico-políticas en cuanto á su distribución, no la conocieron los aborígenes, ni en Guatemala, ni en Méjico, ni el Perú, ni en ninguna parte del Continente. El sistema de la propiedad territorial de los indios se asemejaba mucho al de los señores y pecheros de la edad media en Europa[92]. Los feudos, las cartas pueblas, el derecho de pernada y otros bárbaros que tenían aquellos magnates de horca y cuchillo, los tuvieron también análogos, los indios del Anáhuac y del territorio de la América Central. Los mayores de una tribu formaban el _calpul_, que elegía un principal, llamado _calpullec_, para que velase por los intereses de la comunidad. Cada ciudad tenía tierras separadas, en los suburbios para llenar las necesidades del ejército en tiempo de guerra. Las aguas pertenecían también al monarca, el cual mandaba amojonar los límites de las tierras de las comunidades y pueblos por los _güegües_ (ancianos).
[92] Torquemada.--Monarquía Indiana, tomo II, pág. 545.
Los rebaños de ganado lanar, como llamas, alpacas y vicuñas, eran también del rey, quien hacía distribuir las lanas, sin el menor desperdicio, ya que sabían cuanto necesitaban cada uno para los vestidos que no cambiaban ni de color, ni de clase, ni de tela, ni de forma.
El indio estaba obligado á trabajar una parte del tiempo para el soberano, dándole una porción de su cosecha, en forma de tributo, una vez que aquél, como padre de todo el pueblo, tenía trojes con granos reservados para el pobre, el desvalido, ó el de mala fortuna. Rara vez, el hambre era una plaga; porque la nación poseía sus depósitos de comunidad, reservados al tiempo de escasez. El oficio de hilar era de las mujeres, y el de tejer los lienzos y urdir las mantas, estaba reservado á los varones. La construcción de las casas, la hechura de las armas, la pesca, la labranza de la tierra y los demás oficios fuertes, eran de los hombres, mientras que las mujeres preparaban el alimento y cuidaban de la prole menuda. La alfarería, la hechura de los ídolos, el adorno de los palacios, la construcción de acequias y caminos, el laboreo de metales, estaban á cargo de compañías más ó menos numerosas de indios de todas las provincias, quienes se renovaban, según el tiempo que debía durar el trabajo de cada parcialidad.
Al indio no era dado viajar por su propia voluntad, ni salir fuera del pueblo, sin permiso del cacique, el cual podía hacerlo que mudase de domicilio y aún trasladarlo perpetuamente á otra provincia remota.
Fué tan severa é íntima la dependencia en que estaban los descendientes de Quicab y Tecum, de sus respectivos régulos, que divididos los indios en porciones de á diez individuos, los mandaba un decurión, y así sucesivamente tenían jefes de á cincuenta, ciento, mil y diez mil pobladores. El jefe inferior informaba al superior, hasta llegar á noticia del cacique ó monarca, la más insignificante circunstancia de su estado, regido se puede decir militarmente. Entre los indios, el individuo era inmolado á las exijencias ó necesidades del imperio. El _salus populi suprema lex esto_, de los romanos, constituía la más sabia máxima de política de los cakchiqueles, quichés y demás imperios del suelo americano. Era el principio reconocido en el mundo entero, antes de la revolución francesa, que rescató la personalidad humana de la absorción social en que había vivido.
Si se da crédito á Oviedo y Torquemada, debe estimarse el tributo que pagaban los indios en la tercera parte de sus productos, debiendo entregar además uno de sus hijos, por cada tres que tuviesen, para sacrificios ó como esclavos, pena de la vida, para el que no obedeciera ley tan bárbara como tiránica[93].
[93] Oviedo. Historia General, tomo III, pág. 502. Herrera. Historia Gen. Déc. III, lib. 3.º cap. X.
Si al régulo ó al monarca veníales en mientes apoderarse de la hija ó de la mujer de cualquiera de sus súbditos, se las entregaban, para que satisficiesen sus torpes apetitos.
Acerca del número de pobladores que tendrían los reinos que ocupaban estas comarcas centro-americanas, no es fácil encontrar un dato cierto[94]. Sábese, sin embargo, que sólo el del Quiché podía poner sobre las armas doscientos mil combatientes; de donde puede deducirse que acaso tendría más de dos millones de hombres, sin contar los cakchiqueles y tzutojiles, que eran también muy numerosos. Además había varias tribus y pueblos que aumentarían probablemente aquella cifra hasta cuatro millones de almas.
[94] Calculan generalmente que antes del descubrimiento de América, había en ella una población de _cién millones_ de habitantes indígenas. Hoy en toda la América existen ciento veitiséis millones, de los cuales ocho, serán aborígenes puros. Véase "Population of América, before and after its discobery by Christopher Columbus".
Torquemada afirma que la opulencia de los tultecas en el Quiché, podía competir con la de los incas del Cuzco y de los Moctezumas en México. El cronista Fuentes, que pasó en persona por el mismo reino del Quiché, confirma esas relaciones, que aunque se estimaran algún tanto hiperbólicas, ofrecerían siempre una base para formarse idea, siquiera aproximada, de aquella rica y populosa monarquía[95]. No obstante es preciso apuntar que tan opulentas y pobladas regiones, sufrieron en el año 1520, una peste asoladora de cólera morbus, acompañado de una terrible afección á la sangre, al extremo de que en pocas semanas desapareció buena parte de la población. Atacó más rudamente á los nobles que eran los que padecían, por lo común, del mal venéreo.
[95] Memorial de Tecpán Altitlán. Isagoge Histórico Apologético. Edición mandada imprimir por el Gob.º de Guatemala. Año 1892, pág. 311.
Ximénez asegura "que era una señal de grandeza el sufrir de esa dolencia, en razón de ser un signo inequívoco de más poder para la unión sexsual con muchas mujeres, de donde se suele contraer, cosa que la gente vulgar y ordinaria no podia conseguir, ya por falta de medios, ya por prohibirlo la legislación de estos países, que sólo permitía poseer lícitamente á las mujeres que cómodamente se podiera mantener." Ello sucedió que más de veinte reyezuelos murieron de aquella plaga, que comenzó primero en Ixinché (hoy Tecpán Guatemala) y después se propagó por otras partes.
Sabido es que en el siglo XV hizo la sífilis tales estragos en Europa, que desbastó á Roma y á muchas otras ciudades importantes, creyéndose después, por unos, que de allá había venido á América, y sosteniendo otros que de aquí se había llevado al Viejo Mundo. La verdad está hoy demostrada, en el sentido de que tan fatal azote es común al género humano, desde tiempos remotísimos[96]. La peste del año 1520 y las viruelas en 1521, acabaron con una parte de los indios de este suelo centro-americano, que sufrieron terriblemente en aquella época, cuatro años antes de la conquista española. Así y todo, estaban tales países cuando vino á ellos Alvarado, atravesando el Soconusco, muy ricos y bastante civilizados.
[96] "Ensayo histórico sobre el origen de la enfermedad venérea," por el Dr. D. Mariano Padilla. Véase también el Compendio de la Historia de Yucatán, por D. Crescencio Carrillo, pág. 94.
Es por extremo curioso contemplar el adelanto de los indios en algunos ramos. Esmaltaban admirablemente los metales y tallaban, con arte sin igual, las piedras preciosas. Eran magníficas las joyas que Hernán Cortés llevó de estas regiones á su segunda esposa, consistentes en esmeraldas, amatistes, carolinas, turquesas y ópalos. No conocían los aborígenes el hierro, y se servían de utensilios de piedra dura ó de una mezcla de cobre y estaño, que templaban tan bien, como hoy se templa el acero. Lucían en los palacios, sacrificatorios y edificios públicos, el jaspe, el mármol, el pórfido, el alabastro y la obisidiana. De esta última, hacían espejos pulidos, con marcos de oro, y fabricaban también cuchillos, semejantes en el filo á una navaja de barba[97]. Las obras de oro y plata que Carlos V recibió de Cortés llenaron de admiración á los artístas de España, Francia é Italia, que las declararon inimitables[98]. Fabricaban los indios quichés y cakchiqueles unos tisues finísimos. No conocían ni la lana, ni la seda ordinaria. Tejían con algodón y hacían preciosísimas telas de plumas y de pelo de liebre ó de conejo. Para los géneros fuertes usaban plantas textiles diversas[99]. Entre los trabajos en que sobresalían los indios, no deben olvidarse los mosaicos de plumas bellas y lucientes, que tanto ruido hicieron entre los monarcas de Europa, que se los disputaron. Pintaban grotescas figuras, con colores que extraían de las plantas, árboles, conchas, flores y minerales. Su arquitectura era sólida, pesada y baja casi siempre, como para contrarrestar los temblores de tierra.
[97] Betancourt, Teatro Mexicano, t.º I, trat. 11, cap. 4.º
[98] Gómara, Crónica de Nueva España, ap. Barcia cap. 79.
[99] Torquemana, Monarq. Ind. Lib. XIII, cap. 34, et lib. 14, cap. 14.