Part 7
Por lo que nos dijo, el 18 se reunió por la noche toda la gente disponible que había en Bayona, y Mina la hizo formar fuera de la puerta de España y la pasó revista. Se contaron escasamente 350 hombres, incluídos los 51 de la Compañía Sagrada, compuesta por oficiales algunos ya muy viejos que van como soldados.
A la luz de las hachas se saludaron todos como amigos y juraron fidelidad.
A Mina le acompañaban el jefe de Estado Mayor, O'Donnell, los generales Butrón y López Baños y el coronel Iriarte.
Don Gaspar de Jáuregui, el Pastor, dió la voz de marcha a sus voluntarios que iban de vanguardia, y comenzó la columna a alejarse de Bayona.
Mina iba acompañado por Sanz de Mendiondo y por el capellán D. Agustín de Apezteguía.
Después de caminar toda la noche del 18, al amanecer del día 19 hizo alto con sus tropas en el bosque de Saint Pee; allí permanecieron durante el día y al hacerse de noche rompieron la marcha amaneciendo cerca de Vera.
Estuvieron en las alturas de Vera dando descanso a la tropa y repartieron varias proclamas en los caseríos próximos.
Al amanecer del día 21, Mina con la columna en orden de combate entró en el pueblo. Al acercarse al convento de capuchinos de Eztegara envió como parlamentario al comandante D. Felipe Tolosana; pero los carabineros que lo ocupaban y su jefe D. Claudio Ichazo al oir la corneta de parlamento se retiraron, saltando la tapia que da al arroyo Convetucoerreca y abandonaron el pueblo.
Mina parece que acusa a Leguía de falta de diplomacia con los carabineros en nuestra expedición anterior.
Creo que le han informado mal.
_Vera, 24 Octubre: mañana._
De Errota-sarreco-borda he vuelto a Zugarramurdi. Hemos quedado reducidos a unos ciento cincuenta hombres. La gente se va a la desbandada, sobre todo los aventureros extranjeros que venían principalmente en espera de botín. El Cuerpo que manda Leguía es el que no ha disminuído; los de Campillo y Malpica se han quedado en cuadro, y a Mancha no le resta más que el Inglesito, el tío Juan, Alí y otros tres o cuatro.
Nuestra pequeña fuerza está formada por oficiales. El viejo coronel Malpica se desespera pensando en las deserciones; de rabia quisiera fusilar a medio mundo.
Anteayer se recibió un oficio de Mina dirigido a Valdés. En él Mina nombra a Valdés gobernador del fuerte de Vera, y le dice que se traslade a este pueblo.
Valdés ha creído ver en tal nombramiento una humillación, y me ha dictado un oficio lleno de violencia, afirmando que no reconoce en Mina mando alguno. Pasado algún rato me ha dicho:
--¿Qué le parece a usted?
--En estos momentos sería conveniente que olvidasen ustedes toda cuestión de amor propio.
--Bueno. Rompa usted ese oficio, y escriba usted otro diciendo que me trasladaré a Vera.
Salimos el mismo día de recibir el oficio, por la noche, y llegamos ayer por la mañana. El gobernador del fuerte de Vera nombrado por Mina es D. Joaquín Sanz de Mendiondo. Envía parte de nuestra tropa al viejo cuartel (la Casherna), parte al pequeño fortín derruído que está debajo, y parte al campamento del Bidasoa instalado por Mina en la otra orilla del río en el término de Lesaca.
Al entrar nosotros Mina ha dejado Vera, y siguiendo el curso del río ha llegado a Irún y ha ocupado el alto de San Marcial con dos compañías de guipuzcoanos, doce lanceros y veinte hombres de la Compañía Sagrada al mando del Pastor. Los voluntarios realistas de Irún han huído a Francia.
_Vera, 24 Octubre: noche._
Por lo que parece, Mina ha tenido el temor de que nos ataquen en Vera con fuerzas superiores, y ha dispuesto que Butrón, López Baños y O'Donnell, que iban siguiéndole, vuelvan a ocupar el campamento del Bidasoa en término de Lesaca con sus fuerzas. Hoy por la tarde han llegado, según nos han dicho.
El tiempo está muy malo. El invierno se nos echa encima.
Valdés quiere que me cuide, y me ha enviado de alojado al pueblo, al barrio de Alzate. Estoy en casa de una hermana de Leguía, una señora ya anciana, que vive sola, con pobreza, y tiene una tiendecita.
La hermana de D. Fermín me ha recibido muy amablemente. Es alta, fuerte, muy guapa. A mí me mira con lástima por verme demacrado y débil.
--_¡Gashúa!_--me dice a cada momento. Esto parece que quiere decir en vascuence: Pobrecillo. Desdichado.
Por la tarde ha venido D. Fermín a visitar a su hermana y han hablado largamente. En el curso de la conversación se han ocupado de mí; ella le preguntaba al guerrillero:
--¿Para qué traeis chicos como éste? No os puede servir para nada. ¡Tan pequeño! ¡Tan _charrico_!
Leguía contestaba:
--No, no. Este muchacho tiene nervio.
Yo estoy un poco febril. Este constante llover, esta constante humedad me ponen muy triste. Desde la ventana de la cocina de la casa veo el paisaje nebuloso y la niebla amarilla y triste que forma como un telón en el aire. Todo está convertido en un charco.
De noche, la hermana de Leguía ha encendido una gran fogata en la cocina y hemos estado al calor de la lumbre charlando. El Inglesito ha venido a visitarme. La gente dice que es muy raro que en Octubre haga tan mal tiempo.
Sin duda tenemos poca suerte. Seremos unos _gashúas_, como dice la hermana de Leguía.
VII.
EN EL FORTÍN DE VERA
_25 Octubre: mañana._
ME han dejado en el fortín de Vera con quince hombres, mientras los jefes hacen reconocimientos. Tengo como asesor a Antula; él sabe el vascuence y conoce el terreno. Han supuesto que el leñador y yo nos completamos.
Me pongo a escribir en este cuaderno para entretenerme. La noche pasada ha nevado y hay todavía nieve en las cumbres. Son las doce del día. Hace un momento de buen tiempo. Ha salido un poco el sol. Hay grandes espacios de cielo azul del que tratan de apoderarse las nubes plomizas.
Pasan bandadas de palomas y cruzan pájaros de todas clases, que sin duda vienen del Norte huyendo hacia los países del sol.
Voy a describir el sitio en donde me encuentro.
Hay frente a Vera, hacia el sudoeste, un monte de unos mil pies de alto que se llama Santa Bárbara. Este monte tiene en la cumbre una ermita y restos de trincheras y de otras obras de fortificación que hicieron los españoles cuando la guerra con la República francesa en 1794 y en tiempo de la Independencia.
Este monte, en su falda que mira al pueblo tiene una loma que se llama Casherna-gaña (Alto de Casherna). La razón de tal nombre es que hay en la cumbre de la loma un viejo edificio que sirvió durante las dos invasiones francesas de cuartel, al que los franceses llamaban, naturalmente, la Caserne, y los naturales del pueblo castellanizando y vasconizando la palabra francesa, lo llamaron la _Casherna_.
La _Casherna_ está en medio de campos fértiles y su fachada mira hacia el pueblo. A su lado izquierdo y abajo, como avanzando a dominar el camino próximo al río, hay un fortín construído por cuatro paredes ruinosas y una tejavana provisional. A este fortín, en donde me encuentro yo, se sube por la estrada que comunica el barrio de Alzate con Vera, por una escalera tortuosa que pasa hundida por entre dos muros de piedra.
Desde el fortín, donde estamos de guardia, se ve enfrente el pueblo, la iglesia con su torre cuadrada por una de cuyas aristas va trepando una hiedra y su escalera exterior. Detrás del pueblo cierran el horizonte dos montes puntiagudos, uno de ellos con una fila de cruces que sube hasta lo alto, que es el Calvario, el otro con varios caseríos.
A mi izquierda hay un valle por donde pasa el Bidasoa. Desde mi observatorio no se le ve. Se divisa únicamente el puente y sobre él una barriada de casas: Alcayaga, y un poco más abajo otra barriada que se llama Zalain. Por encima de los montes próximos se ve una cresta nevada como una sierra. Antula me dice que es de la Peña de Aya, del lado de Oyarzun.
Hacia mi derecha se destaca el monte Larrun con grandes manchas de nieve.
Todos los montes de alrededor se ven ahora en las alturas blancos, en las faldas rojizos por los helechos que se han agostado. Las heredades de los valles están cubiertas por las cañas blanquecinas de los maíces secos; los tejados brillan por la humedad. Los chopos, los álamos, los castaños, tienen el follaje amarillo; los robles todavía están hojosos, aunque empiezan a enrojecer. En medio de esta superficie amarilla y cobriza que presentan los montes, se ven algunas manchas rectangulares de un verdor profundo de los prados.
_25 Octubre: al medio día._
La posición que defendemos en este momento, la Casherna, con su fortín, sería buena si contáramos con gente; pero la gente nos falta.
Desde la _Casherna_ se pueden vigilar las veredas y caminos de Echalar y de Zugarramurdi; desde el fortín avanzado se divisa si viene alguien por el lado de Navarra, por Lesaca; por el lado de Guipúzcoa, por Endarlaza, o cruzando el Bidasoa, por el puente de San Miguel...
Estoy mirando el pueblo iluminado por este pálido sol; a pesar de ser pálido y sin brillo me parece muy hermoso. Es el sol de mi patria.
_25 Octubre: tarde._
He tenido una larga conversación con Antula, que me ha hablado de sus hombres. ¿Qué hacen estos vascos, a los cuales no entiendo? ¿Qué piensan? ¿Qué proyectan?
Antula me ha hablado de ellos y de sus deseos y aspiraciones. Hay dos de cara alegre que siempre están hablando.
Por lo que me ha dicho Antula, se entretienen en pensar proyectos de comidas.
El uno hace un _menú_ y el otro le pone objeciones, y al contrario. Discuten si empezarán su supuesto banquete con sopa de fideos o con sopa de pan, si son mejor las judías blancas o las rojas, y si un cochinillo asado es más propio para tercer plato que un cordero. Cada salsa, cada vino merece una discusión. Los demás les escuchan con gran interés y se ríen.
Otros hablan de brujas constantemente y se ponen a mirarse con los ojos alucinados, y hay uno de los nuestros que canta y sobre todo silba admirablemente. Le llaman _Sosua_ (el mirlo). Sosua suele estar asomado a la muralla. Generalmente canta la primera voz y luego canta el acompañamiento; y no se contenta con cantar una vez, sino que canta muchas veces hasta aburrirse. Hoy le ha dado por una tonada triste.
--¿Qué dice, qué significa lo que canta?--le he preguntado a Antula.
--Es una canción del país del Sul que se llama Uso churia--me ha dicho el leñador.
--¿Qué significa?
--Esto que ha cantado dice: "¿Paloma blanca, adónde vas? Los montes de España están blancos de nieve. Si esta noche necesitas albergue, lo tienes en mi casa."
Ahora que sé el significado de la canción me parece más triste aún. Los montes están blancos y aparecen como bloques de hielo en el horizonte gris.
Sosua sigue con la canción. ¡Qué tristeza! Me parece que me van a enterrar.
He aprendido yo la canción de Sosua, y la repito también hasta aburrirme.
_25 Octubre: noche._
Al oscurecer me han mandado un aviso para subir a la Casherna. Estaban reunidos allí Valdés, Leguía, Campillo, Malpica y Mancha.
No se saben los proyectos del enemigo.
Leguía es partidario de dejar la Casherna y el fortín y ocupar el convento de Eztegara, proveerse de víveres para un mes y defenderse allí. Valdés no acepta el plan; teme que el pueblo se ponga contra nosotros, y supone que Leguía quiere vengarse de los frailes.
Veremos mañana si mejora o empeora nuestra situación.
VIII.
LOS REALISTAS
_Fortín de Vera, día 26._
HEMOS pasado una malísima noche en el fortín sin poder dormir. Se nos ha echado encima un temporal de agua y nieve que parece que va a durar.
Las tropas del campamento del Bidasoa, próximo a Lesaca, han tenido que trasladarse a Vera. Son unos doscientos cincuenta hombres. Vienen mandados por el general Butrón y López Baños, y marchan como oficiales el brigadier Sancho y los coroneles O'Donnell, Iriarte, D. Agustín Jáuregui y D. Epifanio Mancha.
Esta columna llegó ayer al medio día a ocupar la posición que dejaron los nuestros en la orilla del Bidasoa y se encontraron a campo raso, sin techo, sin comida y sin ropa; pasaron la noche a la intemperie resistiendo a pie firme la lluvia y la nieve y por la mañana entraron en el pueblo.
Hemos fraternizado los unos y los otros, y les hemos dado lo que teníamos.
_27 Octubre: al amanecer._
Esta noche he dormido un poco en el barrio de Alzate, en casa de la hermana de Leguía. Le he indicado que me despierte a las cuatro, y a esta hora me he vestido y he marchado al fortín.
Hay calma absoluta.
No se ha recibido durante toda la noche ningún aviso de los confidentes acerca de los movimientos del enemigo, lo cual hace suponer que no se ha presentado todavía.
A las cinco de la mañana han tenido una conferencia Butrón y López Baños con Valdés. Butrón ha dicho que en vista de que no hay peligro de ataque en Vera, saldrá cuando se haga de día hacia las alturas de Oyarzun, para reunirse a Mina que debe estar en los caseríos de Arichulegui.
_27, seis de la mañana._
A las cinco de la mañana se hallaban listos y formados los hombres de Butrón y López Baños.
Estaba completamente a oscuras. Butrón no ha querido salir mientras no amaneciese, porque, a pesar de que no había noticias de aproximación de fuerzas enemigas, no tenía confianza.
A las cinco y media comienza a clarear y aparece el pueblo chorreando agua por entre la bruma, en un cielo de nubes de plomo. La campana de la iglesia anuncia la primera misa. Siento una profunda tristeza. Me gustaría ser el último de los campesinos y vivir esa vida oscura del campo...
_27, ocho de la mañana._
Iba Butrón a dar la orden de marcha, cuando viene corriendo un centinela que estaba en el puente de San Miguel, sobre el Bidasoa, a decir que un campesino al pasar por el puente le ha dicho que por los altos del término de Lesaca: Baldrun, Pompollegui y Escolamendi, por donde pensaba marchar Butrón camino de Oyarzun, hay apostada mucha tropa.
Inmediatamente se han dado órdenes de defender el puente de San Miguel, y Campillo, Peman y Malpica han salido con tropas y se han colocado en el extremo del puente. Valdés distribuye sus hombres por la orilla del río.
López Baños y Butrón marchan al pueblo para asegurar la retirada a Francia. Leguía va a Santa Bárbara por si por la espalda aparece el enemigo. Yo me quedo en el fortín con mis quince hombres.
El día está frío, húmedo y triste. Comienzan a verse grupos de tropas realistas en los altos y en una barriada próxima al río que se llama Alcayaga.
Hemos tenido aviso de la distribución de las fuerzas enemigas.
Las columnas realistas han maniobrado de noche sin que lo hayan advertido nuestros centinelas.
Viene contra nosotros el general Llauder, con más de cuatro mil infantes, ochocientos caballos y dos piezas de artillería.
La dirección de estas tropas es la siguiente:
El ala derecha, al mando del brigadier Villanueva, con mil quinientos soldados de tropa y quinientos voluntarios navarros, avanza hacia Yanci y Echalar; el ala izquierda, dirigida por el general González Villalobos, con mil hombres entre Cazadores, Guardia Real y Provincial de Burgos, más cien caballos, viene hacia Oyarzun; el centro, con dos mil hombres va a las órdenes del capitán general Llauder. Lleva éste el regimiento de Mallorca, los Cazadores, el 13 de línea y Voluntarios realistas. Van además con él el primer batallón de Milicias bilbaínas, al mando de D. Ignacio Unceta; el 4.º de Vizcaya y la 1.ª columna alavesa mandada por Verástegui.
Llauder lleva de segundo al coronel Benedicto.
Entre nosotros se dice que algunas compañías del 13 de línea se pasarán a nuestro campo.
Antula me pregunta si se nos reunirá Mina.
Creo que no. Mina debe estar acampado en este momento en los altos de Pago-gaña y de Erlaiz, altos que dominan la orilla española del Bidasoa y están frente al monte de Biriatu.
Antula cree que si Mina viniera sería otra cosa. Yo dudo que venga; probablemente él estará en disposición de pedir ayuda, porque será atacado por las tropas de Villalobos o por las milicias de Sáinz de Pedro.
Como para darnos esperanza, los realistas han estado en los altos y en la otra orilla del río, en observación, sin atacarnos. En esto, entre los nuestros suena un tiro. (¿Será el sino de los liberales la torpeza?) Y comienza el ataque. Ya no se puede retroceder.
IX.
EN EL PUEBLO
_Desde la torre de la iglesia._
ESCRIBO estas notas desde la torre de la iglesia de Vera en un momento de tregua. Llevamos cuatro horas de fuego.
La primera embestida de los realistas ha sido para ellos infructuosa. Al querer pasar el puente, nuestros tiradores, escondidos entre los maizales, han hecho un fuego nutrido sobre ellos y han tenido que retirarse.
En un recodo del Bidasoa, enfrente de un molino, los realistas han querido utilizar una lancha para cruzar el río; pero el fuego de un grupo de soldados de Butrón se lo ha impedido.
Estando en el fuerte de Casherna, uno de la partida de Leguía ha venido a decirme, de parte de su jefe, que ha aparecido un grueso núcleo de fuerzas por el lado de Santa Bárbara. La han visto avanzar por encima de un caserío que llaman Premosa.
Estas fuerzas son, indudablemente, de las que manda Juanito y vienen de Echalar, adonde han debido ir desde Zugarramurdi en persecución de Valdés.
Leguía marcha hacia Premosa para contenerlas y dar tiempo a la retirada.
He enviado uno de mis soldados a comunicar la noticia a Valdés. Este ha contestado que se le avise en seguida a Leguía para que vuelva y se reuna al grueso de las fuerzas. He mandado a uno de los guerrilleros a caballo con el aviso.
Como las tropas realistas son mucho más numerosas de lo que se figuraban los nuestros, han conferenciado Butrón, López Baños y Valdés, y han decidido que se desaloje la Casherna y el fortín y que toda nuestra fuerza se refugie en el pueblo.
Antula dice que de retirarse sería mejor marchar por el barrio de Alzate a coger el camino de Inzola; pero los jefes tienen dos conocedores del terreno de la partida de Leguía y saben lo que hacen.
Se ha decidido la retirada hacia el pueblo; primero han marchado los soldados de Butrón, que han ido ocupando las casas; después los de Valdés, que quedaron un momento escalonados en el camino, y por último Campillo, Malpica y Leguía.
Los tres marchaban con sus hombres a cual más valientes. Malpica y Campillo iban atentos a la perfección de la maniobra. Llevaban a sus órdenes veteranos, entre ellos los dos franceses Alí y el tío Juan.
Malpica, con el bastón en la mano, descubriéndose siempre, parecía querer demostrar su invulnerabilidad; Leguía, por el contrario, llevaba un fusil, disparaba, gritaba e insultaba.
El Inglesito ha estado magnífico de serenidad y de elegancia.
Antula y yo, con nuestra gente, bajamos desde el fortín a unas heredades que llaman de Aguerra y contribuímos a detener al enemigo.
Al mismo tiempo engrosaban los tiradores realistas en el puente y en el barrio de Alcayaga, y cuando vieron que no había obstáculos en el camino comenzaron a pasar.
Mi pelotón ha sido el último que ha entrado en el pueblo.
El gran peligro para nosotros era que mientras nos defendíamos de los que llegaban por el río, nos cogieran la delantera los del monte y nos cerraran el paso al pueblo.
Afortunadamente no ha sido así y hemos podido llegar sin dificultad hasta la plaza de la iglesia, que se encuentra en un alto.
Ahora nuestros hombres se están parapetando en las casas próximas. Tenemos ocupado el casco del pueblo. Los realistas se han apoderado de la Casherna y el fortín. Esperamos el nuevo ataque.
X.
POR LA TARDE
_Caserío Achulecheco-borda._
ESTOY en este caserío descansando un momento. Por ahora, para la pequeñez de nuestra fuerza se va verificando la retirada con algún orden.
A las diez en punto de la mañana ha comenzado el ataque a Vera. El primer empuje ha sido violento, tanto que nos ha hecho creer que los realistas tomaban el pueblo al asalto.
Ha habido que batirse a la bayoneta, a la entrada de las dos calles en cuesta que suben a la plaza.
Los nuestros no cejaban, y los jefes iban de aquí para allá, a los sitios de peligro, animando a la gente. Leguía no era un hombre, sino un terremoto; se agitaba, vociferaba, salía a las ventanas a insultar al enemigo. Hace un momento les gritaba:
--Yo soy D. Fermín Leguía, hijo de este pueblo.
Y los realistas le decían:
--Te conocemos. ¡Vendido! ¡Judío! ¡Traidor!
--¡Sois unas canallas!--vociferaba él, y disparaba su fusil.
En vista del número de enemigos y de su empuje, Butrón, López Baños y Valdés deciden la retirada.
Algunos oficiales han recorrido el camino que va a Francia, por encima del pueblo, y salen grupos a guardarlo.
Los oficiales, como los soldados, sabemos que no hay cuartel y que nuestro único recurso es la retirada, y la retirada lenta con serenidad y orden.
Los tres jefes principales son, además de valientes y de serenos, hombres de arranque.
Valdés tiene ante el enemigo una actitud soberbia y orgullosa; Butrón es animador y tranquilo; López Baños, pequeño, calvo, con una cara arrugada y agria, de vieja, parece que quiere demostrar que no es más peligroso recibir las balas que la lluvia.
Mientras se pelea en las calles de Vera, Valdés con las fuerzas que más han luchado en el puente sube a los altos que dominan el pueblo y toma posiciones con Peman, Campillo y Malpica.
Los soldados de Butrón y de López Baños siguen ocupando las casas, las salidas de la plaza a la carretera y la torre de la iglesia.
Antula me dice que hay varios senderos para llegar al camino que va a Francia: uno que termina en el Calvario, el otro que serpentea por un robledal y sale a un caserío llamado Lasamborda, y el tercero que parte por cerca del caserío Cigastea. Todavía hay otro que va escalando la altura desde la calle de Alzate.
El capitán D. Pedro Vidarte, de la columna de Butrón, se sitúa en los bordes del camino al Calvario entre los árboles y los peñascos.
Una de las compañías guipuzcoanas compuesta de veintiséis hombres a las órdenes del capitán D. Juan Croward, se coloca en el sendero del robledal que pasa por el caserío Lasamborda.
Don Agustín Jáuregui con otros quince o veinte hombres se dispone a defender el camino de Cigastea, y a mí me envían al que baja a la calle de Alzate.
El fuego se generaliza con violencia por todas partes. El enemigo tantea los sitios más débiles de la defensa para atacar allí. Los tres o cuatro mil realistas van avanzando contra nosotros.
En esto vemos que una columna baja de Santa Bárbara y cruza el barrio de Alzate.
Leguía se acerca a mí.
--¿Ve usted aquella tropa?--me pregunta.
--Sí.
--Si pasan nos cortan la retirada y nos cogen a todos. Voy con mi gente a detenerlos. Cuando no podamos más nos dispersaremos. Conocemos el país. Encontraremos sitio donde escondernos. Tienen ustedes que apresurar la retirada. Dígaselo usted a Valdés.
No tengo yo autoridad para hacer desistir a Leguía de su intento. Don Fermín reune su gente, y uno detrás de otro, a la deshilada, corriendo por entre maizales secos, marchan de prisa hacia donde vienen los realistas y comienzan el fuego.
Yo recibo la orden de dejar el camino y subir adonde está Valdés.
En las fuerzas que mandan Butrón y López Baños hay más de treinta bajas entre muertos y heridos.
Comunico a Valdés lo dicho por Leguía.
No dice nada y da órdenes para que se apresure la retirada.
Los realistas no se dan cuenta del abandono completo del pueblo hasta media hora después de hecho. Han supuesto, quizás, que queríamos ahorrar las municiones.
La partida de Leguía sigue sosteniendo el fuego y cerrando el paso a los realistas. Su objeto es apoderarse de las primeras casas del barrio de Alzate y defenderse allí.
Al ver los realistas que hemos desalojado la villa entran en la plaza, y se apoderan de las casas y de la torre de la iglesia. Viendo que estamos en los altos marchan a nuestro encuentro.
Un pelotón de Cazadores entra por el sendero de Lasamborda a forzar el paso defendido por los guipuzcoanos mandados por Croward; pero éstos a tiros y a bayonetazos les impiden avanzar, y tienen los Cazadores que retirarse y dispersarse en el robledal.