La venganza de Don Mendo

Part 3

Chapter 33,880 wordsPublic domain

Vamos al ara preclara, pues sólo el ara remedia la inquietud que me acibara.

MENDO

(¡Esto, ay Dios, cuán me apesara, quedar yo con mi tragedia mientras ellos van al ara!...)

NUÑO

(_A uno de los frailes, el que oculta más el rostro._)

Quedad con él y exhortalle, fray Luis de Jerusalén; confesalle y preparalle para bien morir, amén. ¿Vamos todos?

ABAD

Vamos, sí.

(_Van haciendo mutis._)

MENDO

(Lo que prometí, cumplí.)

MAGDALENA

(¡Lo que prometió, cumplió!)

RAMÍREZ

(¡Jamás tal lealtad se vió!)

MENDO

(¡Jamás tal perjurio vi! ¡No sé si oí lo que oí o si mi mente lo urdió!)

MAGDALENA

(Con tal de ser feliz yo, ¿qué puede importarme a mí que lo empareden o no?)

(_Vase._)

MENDO

(¡Monstruo de maldad, quimera con forma de ángel divino!...)

RAMÍREZ

(Y el pobre Duque en la higuera... ¡Los hay que tienen un sino!...)

(_Vase. Quedan en escena DON MENDO y los dos frailes, es decir, MONCADA y SIGÜENZA y los dos verdugos._)

MENDO

Basta ya de sufrimientos; acabemos de una vez y con altivez ¡pardiez! esta vida de tormentos.

(_A los frailes, sacando el puñal._)

Se empareda a los villanos, no a los hombres de raigambre. Sed testigos, cistercianos, de que muero por mis manos y emparedan a un fiambre.

(_Intenta clavarse el puñal; pero MONCADA y SIGÜENZA echan atrás sus capuchas respectivas y le sujetan._)

MONCADA

¡Quieto!

MENDO

¡Moncada!... ¡Sigüenza!

SIGÜENZA

¿Qué es eso? ¿Qué vais a hacer?

MENDO

¡Matarme!

MONCADA

¿Cuando comienza vuestra vida a renacer?

MENDO

No comprendo.

MONCADA

(_Llamando._)

¡Pronto! ¡Alenza... Gorostizaga... León!... El cadáver y al avío.

(_Se quitan MARCIAL y LEÓN las caperuzas rojas._)

MENDO

(_Boquiabierto._)

¿Pero qué esto, Dios mío? ¡El Vizconde y el Barón!... ¡Oh virtud de la amistad!

MONCADA

¡Presto, Vizconde, avisad; no hay que perder un instante!

MARCIAL

(_Asomándose al lateral izquierda._)

Vamos, señores, pasad con vuestra carga adelante.

(_Entran cuatro gachós con unas parihuelas en las que traen un cadáver tapado con una manta._)

MENDO

¿Ese cadáver?... No acierto...

MONCADA

En ocasión a que está, don Mendo, el castillo abierto, hemos embriagado a vuestros verdugos.

MENDO

¿Es cierto?

MONCADA

Y en lugar de vos se hará emparedar a este muerto. Ponga el anillo en su mano, y aprovechando la fiesta y el bullicio cortesano, huya de la torre aquesta vestido de cisterciano.

(_Se quita el hábito._)

MENDO

Huiré, sí; pero yo juro que nadie sabrá de mí; que don Mendo queda aquí sepultado en ese muro. Yo ya no soy el que era; he muerto, y el que ha nacido ni es don Mendo ni lo ha sido, ni volverlo a ser quisiera. Soy un ente, una quimera; soy un jirón, una sombra; alguien sin patria y sin nombre... una aberración... un hombre que de ser hombre se asombra. Cual una nota perdida con la ceniza en la frente, naufragaré en el torrente proceloso de la vida. ¿De qué viviré?... ¿Qué haré?... ¿Dónde al cabo moriré?... ¿Aquí o allá?... ¿Qué más da?... ¿Seré malo?... No lo sé. ¿Seré bueno?... ¡Qui lo sa! Malo o bueno, para vos será mi postrimer hálito. Acabemos. Venga el hábito.

(_Lo toma._)

Ahí va mi anillo... y adiós.

MONCADA

(_Conmovido._)

¡Don Mendo!

MENDO

¿Qué estáis diciendo? ¿Don Mendo yo? ¿Estáis seguro?

(_Por el cadáver._)

Ese, Moncada, es don Mendo, el que sin pompas ni estruendo vais a enterrar en el muro. Despedidme de otra suerte, porque yo no tengo nombre.

MONCADA

¿Y cómo os diré que acierte?

MENDO

Decidme sólo: ¡Adiós, hombre!

MONCADA

¡Adiós, hombre!... ¡Buena suerte!

(_Telón._)

FIN DE LA JORNADA SEGUNDA

JORNADA TERCERA

Perspectiva de un campamento en el siglo XII. En el telón de fondo habrá pintadas aquí y allá, entre macizos de árboles y sorteando los accidentes del terreno, varias tiendas de campaña. Lejos se verá una ciudad circundada por espesas murallas y enhiestos torreones. En el lateral derecha frondoso arbolado. En el lateral izquierda una lujosa tienda de campaña que se pierde en el lateral. Es de día.

Al levantarse el telón están en escena FROILÁN y MANFREDO, nobles y apuestos guerreros. Dentro suena, cerca, un redoble de tambor, luego otro redoble más lejano, y así un rato hasta perderse el sonido lejísimos.

FROILÁN

Ya los roncos atambores dan al aire las noticias.

(_A GIRONA, que entra por la derecha primer término._)

¡Albricias, Girona!

MANFREDO

¡Albricias!

GIRONA

Muy buenas tardes, señores. ¿Es cierto lo que pregona ese parche que resuena?

MANFREDO

Es cierto; de enhorabuena estamos todos, Girona.

FROILÁN

(_Mirando hacia la derecha último término._)

Pero, ¡vive Dios! ¿Qué vedo? ¡Aquel aire, aquella espada!... ¿Es que deliro, Manfredo, o es el Marqués de Moncada?

MANFREDO

El Marqués es, en efeto, que ni en Burgos ni en León hay jubón cual su jubón ni peto como su peto.

MONCADA

(_Entrando en escena por el término indicado._)

¿Redoblan? ¡Por San Dionís! ¿A quién tal ruido precede?

FROILÁN

Capitán, ¿de do salís que ignoráis lo que sucede?

MONCADA

Pues, ¿qué sucede Froilán? ¿Anuncian alguna ley?

FROILÁN

Anuncian al Rey.

MONCADA

¿Al Rey? ¿No me engañáis?

FROILÁN

¡Capitán!

MONCADA

Perdonad. Herido fuí cuando Baños fué asaltado, y de Burgos he llegado recientemente.

FROILÁN

Pues sí; don Alonso hace un momento salió de la ciudadela, y con doña Berenguela va a llegar al campamento. Viene a ver a su privado, y no es extraño el honor, que muerto el Cid Campeador no hay otro más esforzado; pues con su arresto y su hueste, es sabido que el de Toro supo contener al moro al Este, al Sur y al Oeste. El fuerte de Olivo fué su principal objetivo, y sabéis, Moncada, que don Pero tomó el Olivo. En la villa de Al-coló bien demostró sus redaños, y después al tomar Baños, su mayor triunfo alcanzó. Ayer juró ante la tropa y ante toda la nobleza que hasta no entrar en Baeza no ha de mudarse de ropa; y siendo ayer once, infiero que en entrar tendrá interés, pues él se muda el primero y el quince de cada mes. ¿No valen estos trabajos que el propio Rey le visite y le abrace y felicite y le colme de agasajos?

MONCADA

¿Y no será otro el motivo que obliga al Rey a venir?...

FROILÁN

No sé, Marqués, qué decir. Aquí no hay otro atractivo...

MONCADA

Hailo.

FROILÁN

¡Cielo! ¿Hailo? ¿Y eso?...

MONCADA

Yo no soy ningún Licurgo, mas ni aquí, Froilán, ni en Burgo me la da nadie con queso. No hay que emular a la ardilla para saber, ¡vive Dios!, cómo es el Rey de Castilla.

FROILÁN

¿Sabéis vos?...

MONCADA

¡Mejor que vos! Que en mi infancia, allá en Sagley, y en Pozal, y hasta en Bordallo, hemos corrido el caballo juntamente yo y el Rey. Más de cien noches de oculto, él portando un anafil y yo llevando el candil, hemos escurrido el bulto en busca de galanteos con damas de baja estofa, y hasta con la vil gallofa hubo lances y escarceos. El es, Froilán, muy osado al par que afable y cortés, ¡si sabré yo cómo es después de haberle alumbrado!

MANFREDO

¿Y opináis vos?...

MONCADA

¡Claro está!

GIRONA

¿Que aquí viene?...

MONCADA

Es muy creíble.

MANFREDO

¿Alguna mujer?

MONCADA

¡Quizá!

GIRONA

¿Algún amor?

MONCADA

Es posible.

MANFREDO

Entonces, ¿vos suponéis que viene por la...?

(_Señala la tienda de la izquierda._)

MONCADA

¡Manfredo, en la llaga vuestro dedo con gran tino puesto habéis!

(_Confidencial._)

El privado se casó con la Manso de Jarama, y tanto gustó la dama al propio Rey, que exclamó al conocella: ¡Por Cristo, que en mi vida logré ver una tan linda mujer como la que agora he visto! A su conquista me lanzo, que esa Manso es un tesoro; y sabiendo que el de Toro al par que Toro era Manso, rápido como un cohete puso cerco a la señora, y al cabo de media hora era ya de Alfonso siete. Y pues que agora la bella mora en aqueste vergel, viene el Rey, no a verle a él, el Rey viene a verla a ella.

[Ilustración: El marqués de Moncada]

FROILÁN

(_Enfáticamente, dando un paso atrás._)

Pues pierde su tiempo el Rey, señor Marqués de Moncada, que la esposa de don Pero no está ya del Rey prendada, sino de un bardo errabundo que la dejó fascinada una mañana en Fuenfría al pie de Navacerrada.

MONCADA

¿De un bardo? ¿De un trovador la Duquesa enamorada? ¿Estáis seguro?

FROILÁN

Lo estoy, señor Marqués de Moncada; de un trovador, que no lleva ni crestón, ni barberada, ni casco, ni cruz, ni peto, ni porta en el cinto espada; sino un puñal toledano de hoja fina y bien templada con rubíes que parecen robados a la alborada y en su puño, vuestro cuño, señor Marqués de Moncada.

MONCADA

¿Mi cuño?... (¡Cielos! ¿Acaso es la joya regalada por mí a don Mendo, o la otra que en Burgos dejé empeñada en el Mesón de Paredes?) Vive el cielo, que me agrada lo que me contáis del bardo que hizo empresa tan osada. ¿Podréis, Froilán, describille?

FROILÁN

Puedo, que su faz grabada quedó en mis ojos al vello, al pie de Navacerrada. Tiene la color oscura, tiene la su voz velada, la su cabeza es pequeña y algo braquicefalada. Tiene rubios los cabellos, tiene la barba afeitada, breve el naso, noble el belfo, la su frente despejada, y una mirada tan dulce, tan triste, tan apenada, que hay que preguntalle al velle: ¿qué tienes en la mirada?

MONCADA

¿Sabéis su nombre?

FROILÁN

Renato.

MONCADA

Le va bien.

FROILÁN

¿Cómo?

MONCADA

No, nada. ¿Y se apellida?

FROILÁN

Lo ignoro, señor Marqués de Moncada.

MONCADA

(Es él; don Mendo, sin duda.)

FROILÁN

Va de mesnada en mesnada en unión de tres judías y dos moras de Granada, que bailan, mientras que él recita alguna balada. Y diz que una de las moras, la que Azofaifa es llamada, sabe de augurios y hechizos y fabrica una pomada que aunque al verla se os antoja vaselina boricada, es pomada milagrosa, pues con una pincelada torna al anciano en adulto y a la nieve en llamarada.

MANFREDO

(_Mirando hacia la derecha._)

Ved, Froilán, ya se columbra el tropel por la cañada.

MONCADA

Es verdad. El Rey se acerca, se ve su enseña morada junto a los verdes pendones del Privado y la Privada. ¿Vamos, señores?

FROILÁN

Sí; vamos, señor Marqués de Moncada.

(_Se van por la derecha último término._)

(_Por el primer término de la izquierda, entran en escena DON MENDO, AZOFAIFA, REZAIDA, ALJALAMITA, RAQUEL y ESTER. Las dos primeras son moras; las tres últimas judías, DON MENDO viene afeitado y vestido de juglar._)

MENDO

(_Por la tienda de la izquierda._)

Aquí ha de hospedarse el Rey. Hagamos alto aquí mesmo, que si en su honor se hacen fiestas como dicen, y yo espero, vamos a sacar tajada y bien gorda, vive el cielo. Ester y tú, Aljalamita, por ese camino estrecho avanzad, y dadme aviso de cuando el Rey y su séquito se avecinen.

(_Hacen mutis por la derecha ESTER y ALJALAMITA._)

Tú, Rezaida, acércate al arroyuelo y lávate barba y boca, porque después del almuerzo no lo hiciste y tienes manchas de chorizamen y huevo.

(_Vase REZAIDA por la izquierda._)

Raquel, haz tú una tomiza y remienda el roto velo, que para danzar la rumba puede hacer falta.

RAQUEL

Al momento.

(_Mutis por la derecha._)

MENDO

Y tú, Azofaifa, averigua si al Barón de Vasconcello plació la silva que ayer dediqué a sus mesnaderos.

(_AZOFAIFA no se mueve._)

¿No escuchastes, Azofaifa? ¿No obedeces?

AZOFAIFA

(_Resuelta._)

¡No obedezco!

MENDO

¡Cielos, qué fué lo que oí! ¡Azofaifa!... ¿Qué es aquesto?

AZOFAIFA

Aquesto, es Renato, que muero de amores; aquesto, es Renato, que muero de celos. Aquesto es que anhelas restar aquí solo para hablar con ella... ¡No niegues aquesto! Que yo sé, Renato, que aquesa es la tienda del noble Privado, del Duque don Pero, y sé que a su esposa, tú adoras, Renato.

MENDO

¡Mientes, Azofaifa!... ¡Mientes, sí!...

AZOFAIFA

No miento. La quieres, la adoras, suspiras por ella, la nombras dormido, la buscas despierto. Magdalena, dices, al abrir los ojos, Magdalena, dices, al rendirte al sueño. Y hasta hace unas horas, cuando en la hostería te desayunabas, pediste al hostero en vez de ensaimada, una magdalena, y eso fué una daga que horadó mi pecho.

MENDO

(_Mirándola con profundísima pena._)

¡Pobre morabita, nieta de Mahoma, fuego de mi nieve, nieve de mi fuego, luminar lejano de mi eterna noche, rosa que perfumas en mi campo yermo!... ¿Qué traidora mano vertió en tus entrañas la negra semilla de los tristes celos?

AZOFAIFA

Mis ojos, Renato, que vieron los tuyos y vieron los suyos y en ambos leyeron. ¡Ella te idolatra!

MENDO

¿Qué dices?

AZOFAIFA

¡Te adora! ¡Lo he visto en sus ojos!

MENDO

(Si tal fuera cierto, qué hermosa venganza matalla de amores.)

AZOFAIFA

Y tú...

MENDO

Calla, calla, ¿qué sabes de eso?

AZOFAIFA

¿Por qué me engañaste? ¿Por qué me dijiste que en ti los amores y la fe habían muerto? ¿Por qué me dijiste que esos labios rojos que me vuelven loca, no darían más besos? ¿Por qué me dijiste que tus ojos claros nunca mirarían con loco deseo? ¿Por qué me dijiste que no me abrazabas porque las traiciones tanto mal te hicieron, que en huelga tranquila de brazos caídos tus brazos nervudos por siempre cayeron? ¿Por qué me engañaste, Renato? Responde. Ya ves que, llorando, mis penas te cuento.

(_Cae de rodillas, llorando._)

MENDO

(_Conmovido, poniéndole una mano sobre la cabeza._)

¡Mora de la morería!... ¡Mora que a mi lado moras!... ¡Mora que ligó sus horas a la triste suerte mía!... ¡Mora que a mis plantas lloras porque a tu pecho desgarro!... ¡Alma de temple bizarro! ¡Corazón de cimitarra!... ¡Flor la más bella del Darro y orgullo de la Alpujarra!... ¡Mora en otro tiempo atlética y hoy enfermiza y escuálida, a quien la pasión frenética trocó de hermosa crisálida en mariposa sintética!... ¡Mora digna de mi amor, pero a quien no puedo amar porque un hálito traidor heló en mi pecho la flor aun antes de perfumar!...

(_Levantándola._)

Deja de estar en hinojos. Cese tu amarga congoja, seca tus rasgados ojos y déjame que te acoja en mis brazos, sin enojos.

(_La abraza._)

No celes, que no es razón celar, del que por su suerte en una triste ocasión por escapar de la muerte dejó en prenda el corazón. No celes del desgraciado que sin merecer reproche fué vilmente traicionado y cambióse en media noche por no ser emparedado. Ni a ti ni a nadie he de amar. Déjame a solas pensar sentado en aqueste ripio, sin querer participar del dolor que participio. Déjame con mi revés: si quieres besarme, bésame, consiento por esta vez, pero déjame después. Déjame, Azofaifa, déjame.

AZOFAIFA

(_Arrodillándose ante él y besándole la mano._)

Adiós, mi amor, mi destino, asesino peregrino de mi paz y mi sosiego. Adiós, Renato divino.

MENDO

Adiós, adiós. Hasta luego.

AZOFAIFA

(_Haciendo mutis por la izquierda primer término._)

(De quien causó su quebranto y le fizo llorar tanto, he de vengarme colérica.)

(_Vase._)

MENDO

(_Viéndola ir, con cierta lástima._)

(La infeliz es una histérica que no sé cómo la aguanto.)

(_Sentándose._)

¿Pero lo que me indicó de Magdalena, será una ilusión suya o no? Si eso fuera cierto... ¡oh! Si se confirmara... ¡ah! Que de estar enamorada mi venganza tendría efeto, pues que podría, discreto, herirla de una balada y matalla de un soneto. Y debe ser cierto, sí, porque siempre que me ve me mira de un modo que parece como que se face pedazos por mí. ¡Ironías de la suerte: la que condenóte a muerte y te arrojó de sus brazos agora sin conocerte se muere por tus pedazos!

(_Queda pensativo, con la frente apoyada en el índice de la mano diestra._)

(_Por la derecha, último término, entran en escena MAGDALENA y DOÑA RAMÍREZ._)

MAGDALENA

¿Es él?

RAMÍREZ

Él es.

MAGDALENA

¡Ya era hora!

RAMÍREZ

Sin duda alguna os acecha...

MAGDALENA

Doña Ramírez.

RAMÍREZ

Señora.

MAGDALENA

Dejadme con él agora.

RAMÍREZ

Pues buena mano derecha.

(_Haciendo mutis._)

(Hoy quien priva es el poeta de las baladas divinas, y ayer privaba un atleta... ¡Infeliz! Es más coqueta que las clásicas gallinas.)

(_Entra en la tienda._)

MAGDALENA

(_A DON MENDO._)

Trovador, soñador, un favor.

MENDO

¿Es a mí?

MAGDALENA

Sí, señor. Al pasar por aquí a la luz del albor, he perdido una flor.

MENDO

¿Una flor de rubí?

MAGDALENA

Aún mejor: un clavel carmesí, trovador. ¿No lo vió?

MENDO

No le vi.

MAGDALENA

¡Qué dolor! No hay desdicha mayor para mí que la flor que perdí, era signo de amor. Búsquela, y si al cabo la ve démela.

MENDO

Buscaré, mas no sé si sabré cuál será.

MAGDALENA

Lo sabrá, porque al ver la color de la flor pensará: ¿seré yo el clavel carmesí que la dama perdió?

MENDO

¿Yo, decís?

MAGDALENA

Lo que oís, que en aqueste vergel cual no hay dos, no hay joyel ni clavel como vos.

MENDO

Quedad, señora, con Dios.

MAGDALENA

¿Por mi desdicha os molesto, os importuno y agravo?

[Ilustración: D.ª Berenguela]

MENDO

No, señora, no es aquesto: es que, cual flor, soy modesto y me estáis subiendo el pavo.

MAGDALENA

¿Es que tan mal expreséme, doncel, que no comprendióme? ¿No miróme? ¿No escuchóme? ¿Tan poco afable mostréme que apenas vióme ya odióme?

MENDO

Escuchéla y contempléla, vila, señora, y oíla; pero cuanto más miréla y cuanto más escuchéla, menos, señora, entendíla. ¿Quién sois que venís a mí, a un errante trovador, y me comparáis así con un clavel carmesí que es signo de vuestro amor?

MAGDALENA

Trovador a quien adoro: soy la Duquesa de Toro, la más rica de Alcover. Tengo en mi casa un tesoro: para amarme, ¿queréis oro?

MENDO

¿Para qué lo he de querer si el oro no da el placer?

MAGDALENA

Trovador de baja grey, soy yo la amante del Rey, la que reina por amor. Mi capricho es siempre ley. ¿Quieres ser Duque o Virrey?

MENDO

Honor que otorga el favor, ¿para qué si no es honor?

MAGDALENA

(_Cada vez más loca._)

Trovador, soy muy hermosa, mi piel es pulida rosa que goce y perfume da. Soy volcánica y mimosa, tómame y hazme dichosa.

MENDO

¿Quién habla de goces ya si el goce la muerte da?

MAGDALENA

Hombre de hielo, que así responde a mi frenesí, ¿dónde tu acento escuché? ¿En dónde tus ojos vi? ¿Dónde la tu voz oí?

MENDO

No sé, señora, no sé, ni do os vi, ni do os hablé.

(_Adoptando una postura gallarda._)

Algún fantasma está viendo vuestro cerebro exaltado.

MAGDALENA

(_Retrocediendo horrorizada._)

¡No, sí, no, sí, no!... ¡¡Don Mendo!!

(_Reponiéndose._)

(¿Pero qué estoy yo diciendo? ¡Don Mendo está emparedado!) Perdonad. Tuve un repente, mas ya pasó, por ventura. Sin duda la calentura trajo de pronto a mi mente el recuerdo, la figura de un ladrón, de un perdulario, de un Marqués estrafalario, que, aunque noble y de Sigüenza, por robar como un corsario, murió como un sinvergüenza.

MENDO

Si me quisierais contar esa historia, gran señora, pudiérala yo glosar.

MAGDALENA

Luego, que no hay tiempo ahora. Si la queréis escuchar, ¡bellísimo trovador!... en la cueva de Algodor aguardadme al dar la una; que hay allí sombra y frescor y una fuente que oportuna, saciará, sin duda alguna, mi sed ardiente de amor. ¿Faltarás?

MENDO

No faltaré.

MAGDALENA

Gracias, mi tesoro, adiós. Con mi dueña acudiré, y tan en punto estaré, que, al sentirnos, diréis vos: «es la una y son las dos.» ¡Adiós, mi vida, mi fe!... ¡Adiós, mi tesoro, adiós!...

(_Le tira un beso y entra en la tienda de la izquierda._)

MENDO

(_Horrorizado._)

¿Qué es eso? ¿Tiróme un beso?

(_Limpiándose._)

¿Dónde, ¡ay, Dios!, el beso dióme, y dónde quedóme impreso? ¡Pardiez! ¿Por qué fizo aqueso y por qué me lo tiróme? ¡Trapalona! ¡Lagartona! ¡Furia, catapulta, aborto... que de perjurio blasona! Has de ver cómo me porto; pues esta tarde en la cueva adonde el hado te lleva, juro por quien fuí y no soy que he de vengarme y que voy a dejarte como nueva. Porque al hacer explosión todo el odio que hay en mí, seré para tu expiación, no ya un clavel carmesí, sino un clavel reventón.

(_Jura y se va por la derecha último término._)

AZOFAIFA

(_Surgiendo por la izquierda._)

¡Ah! ¡No, miserable, no!... A esa cita que te dió no irás solo con la bella. Habrá otra mujer en ella, y esa mujer seré yo.

(_Se va tras de DON MENDO. Por la derecha, primer término, entran en escena sigilosamente DON LOPE y DON LUPO._)

LUPO

¡Válame el cielo, don Lope! ¡Válanme todos los santos!

LOPE

¿Qué ha sucedido, don Lupo?

LUPO

Que don Nuño y el privado hacia la tienda venían a fin de tomar descanso, cuando al llegar a la orilla de ese chaparral cercano vió don Pero que su esposa con un hombre estaba hablando. Celoso, pretendió oilla: detuvo a don Nuño el paso y hoy han sabido los dos lo que nunca sospecharon: que la privada es capaz de pegársela al privado, no ya con el propio Rey, que tal pegamento, es caso de honor para la familia, sino con cualquier bellaco que la recite una trova junto a la trompa de eustaquio.

LOPE

¡Pobre Toro! Tan boyante que venía, tan ufano con los honores que el Rey ha un instante le ha otorgado.

LUPO

¿Honores?

LOPE

¿No lo sabíais?

LUPO

No por cierto.

LOPE

¡Qué milagro! Pues sí; por su loca audacia y su arrojo al tomar Baños, hale otorgado el honor de poner en lo más alto de su escudo, donde ostenta una cruz de luengos brazos, cinco banderillas blancas con ribetes encarnados.

LUPO

¡Cinco banderillas!

LOPE

Cinco: a bandera por asalto. Y por tomar Al-coló y el Olivo, le ha donado para su escudo también aqueste lema preclaro: «No hay barreras para mí, pues si hay barreras, las salto.»

LUPO

Aquí llegan. Reparad cuán tristes y cabizbajos se acercan ambos, don Lope.

LOPE

Y con razón, qué diablos. Yo en el pellejo de Toro embistiera sin reparo desde el rey al trovador.

NUÑO

(_Con DON PERO por la derecha, primer término._)

¡Valor, don Pero!...

PERO

(_A DON LUPO y DON LOPE._)

¡Dejadnos!

(_Se deja caer en una piedra y oculta el rostro entre las manos._)

LUPO

(_Haciendo mutis con DON LOPE por la derecha, último término._)

Parte el alma ver a un Toro tan noble y tan castigado.

(_Vanse._)

PERO

(_Incorporándose, desalentado, tras una pausa._)

¡Qué fué, don Nuño amigo, lo que escuché desde la vil maleza!... ¡Qué horóscopo infernal nació conmigo! ¿Por qué cayó este peso, este castigo sobre mi corazón y mi cabeza?... ¡Ella; la blanca flor que yo estimaba pura como el albor de primavera, aprovechando mi fatal ceguera, con este y con el otro se enredaba, y más que blanca flor que perfumaba, era torpe y maldita enredadera!... ¡Con lo que yo la amaba, que ella era mi norte, mi pendón y mi bandera!... ¡Triste suerte la mía! ¿A quién sale con tal coquetería? ¿Lo imagináis tal vez?

NUÑO

(_Tristemente._)

Sale a una tía: A mi hermana menor doña Mencía, que dos veces casóse y con los dos esposos divirtióse.

PERO

Yo fuí siempre un marido comedido que en tal comedimiento está mi flaco. Jamás oyó de mí nada atrevido, que cuando algún bellaco mi calma exasperaba y distraído soltaba en su presencia cualquier taco, procuraba al instante disimular la frase mal sonante y usaba de vocablos que eran sustitutivos de venablos. ¡Cuántas veces he dicho centellante: «Córcholi», que es un taco italiano en lugar del venablo castellano!...

NUÑO

¿Y qué piensas hacer?

PERO

¡Matalla!

NUÑO