Part 2
Nadie iguala mi destreza en el trepar para una torre invadir. Excusaos de preguntar: yo la eché para bajar, no la usé para subir. Por las grietas del torreón trepé cual una raposa, que eso en mí, Conde, no es cosa que llame ya la atención; pero como en el descenso suele más peligro haber, y yo, cuando subo, pienso que tengo que descender, llevo siempre a previsión una escala de garduño y esa es la escala, don Nuño, que pende del torreón.
NUÑO
¿Y a qué subisteis?
MENDO
Señor...
NUÑO
No acabo de imaginar. ¿Fué el amor?...
MENDO
No fué el amor.
NUÑO
Entonces...
MENDO
Subí a robar.
(_Asombro en todos._)
NUÑO
¡Miserable!... ¡Presto, a él!...
MENDO
¡Quietos!... Infeliz de aquel que intentare, ¡ay Dios!, llegar a don Mendo Salazar y Bernáldez de Montiel.
(_Se desemboza._)
NUÑO
¿Ladrón vos, don Mendo? ¿Vos?
RAMÍREZ
(_Aparte a MAGDALENA._)
Por salvarnos a las dos ya ves, su infortunio labra.
MENDO
(De salvarla di palabra, y la cumplo, vive Dios.)
NUÑO
Un Marqués cual vos, ¡qué afrenta! ¿Cuándo vióse acción tan doble?
MENDO
Nunca ha de faltar un noble que robe más de la cuenta.
NUÑO
¿Pero vos?...
MENDO
Y a fuer de honrado, antes de rendir la espada que mi delito ha manchado quiero confesar, que nada de amor hame aquí arrastrado.
PERO
¡No! ¡No!... ¡Nunca lo creeré!
LORENZANA
Ni yo.
MAGDALENA
¿Qué decís?
PERO
¡No sé! Permitid que en creerlo luche.
MAGDALENA
(_Recogiendo del suelo el estuche que tiró DON MENDO._)
Mirad... hay aquí un estuche.
NUÑO
El de tu collar.
MAGDALENA
¡Sí!
PERO
¿Eh?
MENDO
Como tan poco valía no lo quise para mí.
PERO
¿Pero y el collar?
MENDO
(_Enseñándolo._)
¡Aquí!
PERO
¡Era verdad!
NUÑO
Lo tenía.
MENDO
Tomadlo, y perdón, señora, si os lo quise arrebatar.
(_Le da el collar._)
MAGDALENA
(_A PERO._)
¿Estáis convencido ahora de que vino aquí a robar?
PERO
Convencido y dolorido de haber dudado de vos, y os pido en nombre de Dios para mi crimen olvido. Pronto mi esposa os haré como ya está concertado. ¿Me perdonáis?
MAGDALENA
¡Perdonado!
MENDO
(¡Santo cielo! ¿Qué escuché? Ella su esposa. ¡Su esposa!... Si tal es verdad, estimo que salvándola hice el primo de una manera espantosa. Pronto he de saberlo, sí, que he de preguntarle yo y he de arrancarle...
(_Conteniéndose._)
Mas ¡oh! ¿Y la palabra que di?)
NUÑO
Presto, tomadle la espada y a un calabozo sombrío llevadle.
PERO
(_Rendidamente a MAGDALENA._)
¡Prenda adorada!
MAGDALENA
(_Idem._)
¡Don Pero!... ¡Don Pero mío!...
MENDO
(_Enloquecido._)
(¡Ah! ¡No! Mi venda cayó! ¡He de confesarlo aquí!...
(_Conteniéndose de nuevo._)
¡Pero no es posible, no! ¡Dios santo! ¿Qué iba a hacer yo? ¿Y la palabra que di?)
NUÑO
Sujetadle.
MENDO
¡Atrás, follones! Que sólo así un caballero puede entregar el acero que combatió en cien acciones.
(_Rompe la espada y arroja los pedazos al suelo._)
NUÑO
¡Vive Dios, que tal pujanza ni tal orgullo comprendo!
MENDO
(_Sujeto ya fuertemente por LORENZANA, ALDANA y OLIVA._)
¡Venganza, cielos, venganza!
(_Mirando al cielo._)
Juro, y al jurar te ofrendo, que los siglos en su atruendo habrán de mí una enseñanza, pues dejará perduranza la venganza de don Mendo.
(_Cae desmayada MAGDALENA. Inician el mutis los que conducen a DON MENDO, y cae el telón._)
FIN DE LA JORNADA PRIMERA
JORNADA SEGUNDA
Interior de la torre abovedada que sirve de prisión a don Mendo. Una claraboya en el foro, cerca del techo, y una puerta en el lateral izquierda. Al levantarse el telón amanece.
Está en escena DON MENDO, recostado sobre un mal camastro. No hay en escena más muebles que el susodicho camastro y un par de taburetes toscos.
MENDO
(_Incorporándose, restregándose los ojos y mirando a la claraboya._)
Ya amanece. Por esa claraboya las luces del crepúsculo atalayo: pronto entrará del sol el puro rayo que a las sombras arrolla y en bienestar convierte mi desmayo...
(_Por la claraboya entra triunfante un rayo de sol._)
¡Sí!
(_Levantándose._)
¡Ya el rayo destella!... ¡Ya mi prisión se enjoya de luz bella!... ¡Ya soy dueño de mí!... ¡Ya bien me hallo!...
(_Canta un gallo dentro, lejos._)
¡Ya trina el ruiseñor!... ¡Ya canta el gallo!...
(_Pausa._)
¡Trece de Mayo ya!... ¡Quién lo diría! Llevo en esta prisión un mes y un día, sin por nadie saber lo que acontece...
(_Estremeciéndose._)
¡Y hoy es martes, gran Dios!... ¡Martes y trece!... ¿Por qué el terror invade el alma mía? ¿Por qué me inspira un miedo extraordinario esa cifra, ¡ay de mí!, del calendario?
(_Como loco._)
¡Ah, no, cifra fatal!... No humillaréis el valor de don Mendo; no podréis; todos iguales para mí seréis... ¡Trece, catorce, quince y diez y seis!
(_Pausa._)
¿Moriré sin venganza? ¡Cielos! ¡Nunca! Ha de morir la que mi vida trunca y morirá a mis manos... Mas, ¿qué exclamo? ¿Cómo podré matalla, si aún la amo? Acaso por salvarse aquella noche aceptó del de Toro sin reproche el amor y la fe y el galanteo... Mas aquel «Pero mío», aquel sobeo delante de mi faz, estuvo feo; porque él llegó a palpalla, que yo lo vi con estos ojos, ¡ay! y ella debió oponerse, ¡qué caray!, al ver lo que yo hacía por salvalla.
(_Escuchando hacia la derecha._)
Oigo pasos. Acaso es Magdalena que en amor se abrasa o el carcelero vil, que con retraso tráeme el bollo de pan que él mismo amasa...
(_Viendo que la puerta se abre y que aparece en el umbral CLODULFO, viejo mal encarado y cetrino, que trae un gran pan y un cántaro._)
Es el vil carcelero.
CLODULFO
¿Paso?
MENDO
(_Desalentado._)
Pasa.
[Ilustración: D.ª Ramírez]
(_CLODULFO deja en escena el pan y el cántaro y se dispone a hacer mutis._)
¿Hoy también viejo Clodulfo habrás de guardar silencio? ¿Hoy tampoco mis preguntas habrán en tus labios eco? ¿Cuándo saldré de esta torre? ¿Pronto o tarde? ¿Vivo o muerto? ¿No sabré tampoco hoy lo que con ansias espero?
CLODULFO
Hoy lo sabrás.
MENDO
¿Por fin hablas?
CLODULFO
Hablo ya, porque hablar puedo, que hoy de gala está el castillo y hoy es día grande, don Mendo.
MENDO
¿Día grande?
CLODULFO
Más brilla el sol hoy que ayer, aun siendo el mesmo.
MENDO
¿Pues qué ocurre?
CLODULFO
Que el privado del Rey don Alfonso séptimo, el noble duque de Toro y conde de Recovedo, señor de catorce villas, seis castillos y un convento, a las nueve ha de casarse con Magdalena...
(_Al ver que DON MENDO medio se desvanece._)
¡Don Mendo!
(_Acude a él y le sujeta._)
¿Qué mal os dió que os pusisteis pálido, convulso y trémulo?...
MENDO
(_Reponiéndose y después de una breve pausa._)
Nada, Clodulfo, un vahído, un malestar, un mareo, una locura, un repente, una turbación, un vértigo... Mas ya pasó por ventura.
CLODULFO
Yo creo que estáis neurasténico.
MENDO
Tal vez; ¡ay de mí! Mas sigue, viejo Clodulfo. Ha un momento decías...
CLODULFO
Que Magdalena hoy se casa con don Pero y está don Nuño gozoso y galas del gozo haciendo ha mandado que las puertas queden francas a sus deudos; y que la despensa se abra y que corra el vino añejo, y que en la más alta torre luzca el pendón de su abuelo, que no hay un pendón más grande, ni más noble, ni más viejo. Colgada está ya la iglesia; en fiestas arde ya el pueblo; y los tres primos del Conde, don Juan, don Tirso y don Crespo, llegaron esta mañana desde Pravia, con su séquito.
MENDO
(_Dejándose caer, abatido, en el camastro._)
¡Que ella se casa!... ¡¡Se casa!!... ¡Y yo en esta torre preso, haciendo el primo!... ¿Qué dije? El primo es poco... ¡el canelo!... ¡Martes y trece, por algo os tomé aborrecimiento!...
CLODULFO
¿Qué os sucede?...
MENDO
Nada, nada...
CLODULFO
¿Es que teméis?
MENDO
¡Nada temo!
CLODULFO
Pensé que...
MENDO
(_Altivo._)
Pensaste mal.
CLODULFO
Os vi temblar...
MENDO
¡Yo no tiemblo! Nada en la vida, Clodulfo, hizo temblar a don Mendo.
CLODULFO
Perdonad, marqués de Cabra, si mis frases os hirieron...
MENDO
Perdonado estás, Clodulfo; y agora, si no es secreto, dime qué suerte me espera y dilo sin titubeos, bueno o malo, lo que fuere. ¡Qué me importa, vive el cielo! Cuando hace un rato, ¡ay de mí! no rodé a tus plantas muerto, es que un rayo no me mata. Habla, por Dios, habla presto.
CLODULFO
¿Tendréis valor?...
MENDO
(_Altivísimo._)
¿Olvidaste que te escucha un caballero?
CLODULFO
Pues bien, el conde don Nuño vuestra prosapia atendiendo, pensó sacaros los ojos y daros libertad luego; pero terció Magdalena...
MENDO
¡Magdalena!... ¡Blando pecho que envidia diera a las aves!... ¡Corazón de suaves pétalos!... ¡Alma pura, cual la linfa del transparente arroyuelo!... ¡Magdalena!... ¡Magdalena!... ¡Ave, rosa, luz, espejo, rayo, linfa, luna, fuente, ángel, joya, vida, cielo!... ¿Y dices que ella terció?...
CLODULFO
Terció y os hizo mal tercio, porque pidió que la lengua os arrancasen primero y que os cortasen las manos y que mudo, manco y ciego en esta torre quedaseis para siempre prisionero.
MENDO
¡¡Mientes!!
CLODULFO
¡No!
MENDO
¡Mientes te digo! ¡Infame sayón!
CLODULFO
(_Amenazador._)
¡Don Mendo!...
MONCADA
(_Entrando en escena._)
¡Vive Dios, que hasta en prisiones y con vuestro carcelero habéis de reñir!
MENDO
(_Asombrado._)
¡Moncada! ¿Pero sois vos?
MONCADA
En efeto.
CLODULFO
(¡El de Moncada en la torre!...)
MONCADA
(_A CLODULFO._)
Dejadnos, buen hombre.
CLODULFO
(_Sin moverse._)
Eso...
MONCADA
(_Imperioso._)
¡Dejadnos digo!
CLODULFO
(_Resistiéndose._)
Es que yo...
MONCADA
Si desenvaino el acero, vais a quedar en la torre, pero vive Dios, que muerto.
CLODULFO
(_Temeroso._)
Pues que así lo suplicáis, señor Marqués... obedezco.
(_Se va, cerrando la puerta._)
MONCADA
Aunque cierre no me importa: me abrirán mis escuderos.
(_Este MARQUÉS DE MONCADA es joven y apuestísimo._)
MENDO
(_Que aún no ha vuelto de su asombro._)
En vano pretendo, Marqués de Moncada, hallar las razones que aquí os han traído.
MONCADA
¿No sois por ventura, mi buen camarada?
MENDO
¿Camarada vuestro quien ha delinquido? Perpetrando un robo me vi sorprendido, así plugo al cielo o al Hado... o al Hada, y no creo, Moncada, que ganéis vos nada, siendo camarada de quien a su espada ha infido, escupido, torcido y rompido.
MONCADA
(_Sonriente._)
Mentís.
MENDO
¿Qué decís?
MONCADA
Mentís. Y vos de vos os reís, como yo me río de vos.
MENDO
No comprendo qué decís.
MONCADA
Será porque no querís, que está claro, ¡vive Dios!
MENDO
Siempre fuisteis enigmático y epigramático y ático y gramático y simbólico, y aunque os escucho flemático sabed que a mí lo hiperbólico no me resulta simpático. Habladme claro, Marqués, que en esta cárcel sombría cualquier claridad de día consuelo y alivio es.
MONCADA
Claro he de hablar, a fe mía. Si vos fueseis un ladrón, o por ladrón yo os tuviera, juro a Dios, que os escupiera a la frente, con razón; y en vez de en esta prisión hallarme, cual ahora ve, sin fe en vos ni en nadie fe, a vuestra amistad y afeto puesto hubiera con respeto el consabido R. I. P. Mas sé, Marqués... ¡lo sé yo!, que en esta torre cautivo está un caballero altivo que nunca en robar soñó; que si en un castillo entró, no entró en él para robar el aljófar de un collar que aun valiendo es baladí, sino que entró en él...
MENDO
(_Imperioso._)
¡¡No!!
MONCADA
(_Idem y achicándole._)
¡¡¡Sí!!! Yo lo juro... ¡para amar!
MENDO
¡Miente quien tal cosa diga!
MONCADA
El que confeséis no espero, pues sé que sois caballero y a enmudecer os obliga algo que os ata y que os liga. Pero, por casualidad, sin traición a la lealtad, que tal cosa en mí no cabe, como todo al fin se sabe, yo he sabido la verdad.
MENDO
(_Irónico._)
¿Con la verdad disteis?
MONCADA
Di.
MENDO
¡Pues suerte tuvisteis!
MONCADA
¡Oh!
MENDO
¿Y si os engañaseis?
MONCADA
¡No!
MENDO
¿Estáis bien seguro?
MONCADA
¡Sí!
MENDO
¿Acaso visteis?...
MONCADA
¡Lo vi!
MENDO
¿Y sabéis que yo?...
MONCADA
¡Lo sé!
MENDO
¿Pero cómo?...
MONCADA
Os lo diré: Mas por Dios tranquilizaos.
MENDO
Estoy tranquilo. Sentaos.
MONCADA
Muchas gracias.
MENDO
No hay de qué.
(_Se sientan los dos. Pausa._)
MONCADA
Ha de antiguo la costumbre mi padre, el Barón de Mies, de descender de su cumbre y cazar aves con lumbre: ya sabéis vos cómo es. En la noche más cerrada se toma un farol de hierro que tenga la luz tapada, se coge una vieja espada y una esquila o un cencerro, a fin de que al avanzar el cazador importuno las aves oigan sonar la esquila y puedan pensar que es un animal vacuno; y en medio de la penumbra cuando al cabo se columbra que está cerca el verderol, se alumbra, se le deslumbra con la lumbre del farol, queda el ave temblorosa, cautelosa, recelosa, y entonces, sin embarazo, se le atiza un estacazo, se le mata, y a otra cosa.
MENDO
No es torpe, no, la invención; mas un cazador de ley no debe hacer tal acción, pues oyendo el esquilón toman las aves por buey a vuestro padre el Barón.
MONCADA
Es verdad. No había caído... vuestra advertencia es muy justa y os agradezco el cumplido. ¡El Barón, por buey tenido!... No me gusta; no me gusta.
MENDO
¿Y a qué viene, ¡vive el cielo!, cuando tan grande es mi duelo esa conseja endiablada del cencerro y de la espada y del farol y del celo?
MONCADA
Viene, amigo, a que el Barón, cierta noche que cazaba con la luz y el esquilón, vió una escala que colgaba de no sé qué torreón.
MENDO
Acaso el Barón soñaba...
MONCADA
Y otra noche, vió algo más.
MENDO
¿Qué me decís, vive Dios?...
MONCADA
Que vió... soñando quizás que echaron la escala... y zás, por ella bajasteis vos.
[Ilustración: Don Mendo]
(_DON MENDO baja los ojos y se deja caer abatidísimo en su camastro._)
Y esto, don Mendo, tal vez por alguien se ha comentado, y al de Collado ha llegado, y don Pero, que es un pez, está por vos escamado. Y como al cabo no es bobo, de Magdalena abomina y, lógicamente, opina que la comedia del robo sólo fué una pantomima. Y ella, que anhela el sosiego o que ve perder su juego y en casarse tiene prisa, quiere que quedéis ¡qué risa! preso, mudo, manco y ciego. Pero no será ¡no! ¡No! Que aunque vos, Marqués de Cabra, a ella le disteis palabra de salvalla, hablaré yo. Mas para hablar, sólo espero vuestra indicación somera.
MENDO
¿Y es caballero el que espera que no sea yo caballero?
MONCADA
¿Y es caballero, Marqués, el que por una perjura muere vilmente?
MENDO
Lo es: mi palabra os lo asegura, y soy leonés.
MONCADA
Basta, pues. Y en premio de esa hidalguía que en vos es norte y es guía; en premio de ese valor, tomad esa daga mía.
(_Le da una daga._)
Os la da un hombre de honor. Ponedla oculta y salvaos si ocasión para ello habéis; y si a la afrenta teméis, de una muerte vil, mataos, porque es tan grande la insidia, la perfidia y la falsidia del mundo, que casi envidio al que apelando al suicidio toma un arma y se suicidia.
MENDO
(_Abrazándole conmovido._)
¡Marqués de Moncada! ¡Hermano! ¡Permitid que os dé ese nombre!...
MONCADA
¿Os afectáis?
MENDO
No os asombre, que este dolor sobrehumano en niño convierte a un hombre. Gracias mil por el puñal: gracias mil, porque mi mal será por él menos cruel, pues muy pronto, amigo fiel, habré de hundírmelo en el quinto espacio intercostal. Y cuando os hablen de mí, decid, Marqués, decid vos que caballero morí, pues una palabra di y la cumplí, vive Dios.
(_Le abraza de nuevo._)
CLODULFO
(_Entrando muy azorado y muy nervioso, a MONCADA._)
Salid, caballero, salid a seguida porque de no hacello mi vida peligra.
MENDO
¿Qué ocurre?
MONCADA
¿Qué pasa?
CLODULFO
Nadie se lo explica.
MENDO
Hablad.
CLODULFO
Que la novia ya estaba vestida aguardando al Duque y a su comitiva y el Abad mitrado calada la mitra aguardando a entrambos en la sacristía, cuando de repente las tropas avisan que llega el de Toro; y el de Toro arriba, sin pajes, ni escoltas, ni bandas, ni insignias. Llega tembloroso; pálido de ira; echando venablos y tacos y ristras, y dice a la novia: «¡Perjura!... ¡Maldita!... ¡Fuiste de don Mendo la amante y la amiga; y tú le idolatras y por él suspiras; lo sé, miserable, de muy buena tinta!»... «¡Mientes!»—grita ella. «¡Falso!»—el Conde grita, y los tres Pravianos, rugiendo de ira, al de Toro quieren segarle la vida. «¡Callen todos!»... dice ella enfurecida. «¿Quieres que te pruebe que aquesto es mentira?» «Si me lo probaras yo me casaría.» «Pues ven a la torre que el cautivo habita, ven a la su cárcel y en su cárcel misma yo sabré librarte de tanta falsía.» Y ya suben todos escalera arriba...
MONCADA
¡Valor, pobre amigo!
(_Se abrazan._)
CLODULFO
Salid en seguida.
MENDO
¡Adiós! ¡Hasta nunca!
CLODULFO
¡Que ya se avecinan!
MONCADA
¿Hablaréis?
MENDO
Primero me arranco la vida.
(_Se van MONCADA y CLODULFO. DON MENDO queda alicaidísimo._)
¡Voy a verla! Sí ¿Qué incoa mi espíritu? Lo que incoe ya mi cerebro corroe. ¿Mas qué importa que corroa? ¡Aspid que en mi pecho roe, prosigue tu insana roa que aunque soy digno de loa no he de ser yo quien se loe! ¡Fuerzas, cielos, porque al vella querré matalla y mordella y eso sería delatalla! ¡Juro a Dios que he de miralla y escuchalla sin vendella! Mas si juré no perdella también vengarme juré en la infausta noche aquella. Y he de vengarme; sí, a fe. ¿Mas qué haré, qué intentaré? ¿Cómo vengarme podré si lo que juré, sé que lacra mi boca y la sella? ¿Cómo, ¡ay Dios!, compaginallo si este desengaño ¡ah! no puede dejarme ya ni tiempo para pensallo?...
(_Saca el puñal, lo besa y lo contempla con arrobo._)
¡Puñal de puño de aluño!... ¡Puñal de bruñido acero, orgullo del puñalero que te forjó y te dió bruño!... Puñal que en mi mano empuño, en cuyos finos estríes hay escritas con rubíes dos frases a cual más bella: «Si hay que luchar, no te enfríes. Si hay que matar... descabella.» Tú con tu lengua me llamas y deshaces mi congoja, pues teniendo yo tu hoja no he de andarme por las ramas. Penetra, puñal, en mí, llega pronto al corazón y a quien te pregunte, di que a pesar de su traición adorándola morí.
(_Ocultando el puñal al ver que se abre la puerta._)
¡Mas ya llegan: maldición! ¡Qué lindo tiempo perdí!
(_Entran en escena, primero dos frailes cistercianos, caladas las capuchas, luego DON NUÑO, DON PERO, DOÑA RAMÍREZ, el ABAD con su gran mitra, DON JUAN, DON TIRSO y DON CRESPO, tres nobles de Pravia, frailes, soldados, etc., etc. Por último entra MAGDALENA, con el traje de boda, apoyada en DOÑA NINÓN._)
Un fraile... dos frailes... Mi mente no sueña. El Conde don Nuño... Don Pero, la dueña... El Abad mitrado, los nobles pravianos, que los tres son primos porque son hermanos... ¿Pero y ella?... ¿Y ella?... ¿Do está, vive Cristo?...
(_Entra MAGDALENA, DON MENDO se estremece._)
¡Ah! ¡Por fin la he visto! ¡La he visto!... ¡La he visto!
(_Pausa. Todos miran a MAGDALENA._)
MAGDALENA
¿Dónde está quien mi paz turba? ¿Dónde está, que quiero vello? ¿Dónde está el que fué motivo de los celos de don Pero? ¿Es éste?
PERO
¡Sí!...
MENDO
(¡Cuán hermosa está con su traje nuevo!...)
MAGDALENA
Pues escuchad: ante todos digo que su muerte quiero, que si importunóme vivo no ha de importunarme muerto. Yo juro que nada mío ha sido nunca don Mendo; que él, que me escucha, responda si digo verdad o miento.
MENDO
Dice verdad.
(_Rumores._)
RAMÍREZ
(Es un primo.)
PERO
(_Humildemente._)
¡Magdalena!
MAGDALENA
(_Altivísima deteniéndole con el gesto._)
¡Caballero!
RAMÍREZ
(Don Pero se lo ha creído. Este Pero es un camueso.)
MAGDALENA
Padre y señor, ya lo oíste. Ya lo escuchaste, don Pero. Jamás mis labios le hablaron: Jamás mis ojos le vieron: para robar, escaló la torre de mi aposento. Ladrón, ladrón, no mereces otro nombre y a él apelo.
PERO
¡Perdóname, Magdalena!...
MAGDALENA
No he terminado. Un momento. Por los males que me fizo pido a todos que ahora mesmo y aquí mesmo le empareden; y para escarnio y ejemplo, le dejen fuera una mano, la mano del brazo diestro.
(_Rumores._)
MENDO
(¡Caray, qué bruta!)
PERO
(_Cayendo de rodillas a los pies de MAGDALENA, y tomándole una mano._)
Amor mío, ¡Perdón mil veces!
MAGDALENA
¡Don Pero!...
PERO
Con señales tan prolijas la vil calumnia tejieron, que yo, encelado, caí como la zorra en el cepo. ¡Perdóname!
MAGDALENA
Perdonado.
NUÑO
(_Desenvainando la espada._)
¿Que lo perdonas? ¿Qué es esto?
(_Sensación. Pausa. DON PERO se levanta y le mira con altivez._)
Poco a poco, Magdalena; tú eres mujer y eres buena y perdonas; pero yo, a quien la calumnia oyó como canto de sirena, y la creyó y difundió y me ofendió y ultrajó y mi honor pisoteó, no he de perdonarle. ¡Oh!
MAGDALENA
¡Padre! ¡Padre!...
NUÑO
¡No, no, no! Aunque cumplí los setenta aún mi brazo tiene brío para saldar esa cuenta con Pero.
MAGDALENA
¡Pero Dios mío!...
RAMÍREZ
¿Lavar vos, Conde, la afrenta a vuestra edad? Es salirse de lo que por justo estimo. Vuestro valor no escatimo, mas por vos debe batirse...
(_Por DON JUAN y DON CRESPO._)
este primo... o aquel primo.
CRESPO
Dice bien.
JUAN
Tiene razón. Para lavar el baldón la mancha que nos agravia Conde Nuño, henos de Pravia.
ABAD
(_Mediando con voz hueca campanuda._)
Un solo instante...
NUÑO
Atención.
ABAD
Caballeros, escuchad.
RAMÍREZ
Escuchad, que habla el Abad.
ABAD
Un consejo permitid, en nombre de la piedad de la que soy adalid como Abad y por mi edad.
PERO
Decid, don David, decid.
NUÑO
Hablad, buen Abad, hablad.
ABAD
El gran Duque, como yo, cree que su esposa futura es pura, cual aura pura. ¿Opino bien?
PERO
¿Cómo no?
ABAD
Pues si todos, según veo, creen lo mismo que yo creo ¿a qué más sangre verter? ¿A qué este asunto mover, si ha de haber luego himeneo? ¿Que él al dudar la ofendió? Pues al casarse, coligo que su pecado purgó que el casamiento, creo yo que es suficiente castigo. ¿A qué batirse? ¿Qué alcance tiene ese duelo que infama? ¿Que un ilustre nombre dance? ¿Que alguien diga que esta dama es una dama de lance? Esa idea del averno dad, Conde, por no pensada. _¡Turpiter atrum, fraterno!_ Abrazad a vuestro yerno y aquí no ha pasado nada.
NUÑO
(_Humilde._)
Del Evangelio la voz, siempre sabia y eficaz, vibró en mi pecho y veloz quiero brindaros la paz.
[Ilustración: Don Pero]
PERO
Y yo la acepto veraz, porque hubiera sido atroz ese duelo contumaz.
(_Se abrazan._)
En cuanto a don Mendo, apruebe lo por mi dama indicado.
NUÑO
Aprobado, sí, aprobado. En esta boda no debe faltar ese emparedado.
(_Gritando hacia el lateral._)
A ver, Mendingundinchía... Otalaorreta... Sarmiento... Acudan, por vida mía...
MENDO
(¡Qué momento!... ¡Qué momento!...)
(_Entran en escena MARCIAL y LEÓN, hombres de armas con capuchas rojas. No se les verá la cara._)
NUÑO
Que aqueste muro vacíen, que en él fabriquen su nicho, y en la forma que se ha dicho le sepulten.
MENDO
¿Es capricho eso de la mano?
NUÑO
Sí; fuera y de aquesta manera, en actitud pordiosera, para que al salir de aquí todo el que a veros viniera diga a la ciudad entera: «Allí está don Mendo, allí, en la torre, yo le vi; tenía una mano fuera, por eso le conocí.»
ABAD
Don Pero, ya el ara espera.
PERO