La transformación de las razas en América
Chapter 9
Y mientras no hay en Inglaterra memoria de violencia contra la libertad en el orden de los bienes, existen todavía violencias a la libertad en el orden de las ideas: enseñanza obligatoria de creencias absurdas a los niños en la escuela pública, viven aún personas que han padecido condenas de los tribunales por delitos mentales, como el de herejía, por ejemplo, abolido recién en 1865, y está fresco aún el caso de Bradlangh, dos veces excluido del parlamento por negarse a prestar el juramento religioso, finalmente abolido también.
Puede decirse, por lo tanto, que el "nuevo régimen" ha existido parcial y progresivamente en Inglaterra desde los tiempos históricos, con el espíritu germano de independencia individualista que ha elaborado las instituciones libres, sorteando los formidables escollos del absolutismo cristiano, por ese espíritu de transacción que entra por mitad en la composición de la sensatez humana y ni por un ápice en aquél, y gracias al cual ha podido surgir la más amplia libertad política en la monarquía hereditaria, mediante esa ingeniosa combinación por la que, si la sabiduría divina del rey se equivoca, los ministros pagan el pato.
Que le ha permitido, finalmente suprimir la rebelión por el meeting y las revoluciones por el gobierno de la oposición triunfante en los comicios, gracias también a esa otra doctrina de compromiso entre la democracia y la monarquía, según la cual el rey reina, pero gobierna el parlamento por el ministerio responsable, a la inversa del continente, donde el sistema inglés se estrelló con las doctrinas regalistas de los doctores de la Iglesia, de Bossuet y de Fenelón, que hacían de la abnegación una virtud denigrante en los jefes de estado por institución divina, falso concepto que indujo siempre a los caudillos latinos al absolutismo, en Europa y en América y que Carlos X expresaba en esta fórmula que lo llevó a perder la corona en la revolución de 1830: "prefiero ser aserrador a reinar en las condiciones del rey de Inglaterra".
En el continente, por el contrario, prevaleció el absolutismo congénito del derecho divino sustentado por la Iglesia, y como, por la plasticidad del espíritu humano, todo régimen es un vivero de modalidades personales, una escuela de hábitos de pensamiento, de sentimiento y de acción, al finalizar los tiempos modernos estaban consolidadas por el tiempo las tendencias mentales de las poblaciones que se designan con el nombre de raza latina, y que explican su ineptitud para moverse dentro de las instituciones liberales, procedentes de la ordenación opuesta, que radica en el pueblo mismo la fuente del poder, con _delegación ascendente_.
"La gran característica del sistema constitucional inglés--el principio de su crecimiento, el secreto de su construcción--dice Stubbs, es el desarrollo continuado de las instituciones representativas desde el primer estado elemental, en que son empleados para propósitos locales y en la más simple forma, hasta aquel en que el parlamento aparece como la concentración de toda la maquinaria local y provincial, el depositario de los poderes de los tres estados del reino".
En la Francia del siglo XVIII fue una calamidad aguda y pasajera, porque todo volvió a reacomodarse al centralismo tradicional; pero en la América latina, donde el cambio de régimen tuvo lugar también exabrupto, la ineducación política para el _self government_ asumió las proporciones de calamidad continental crónica, porque la desconcordancia entre la constitución escrita y las costumbres existentes, entre el carácter fundamentalmente flaco de iniciativa, arbitrario y autoritario del habitante, irrespetuoso de la libertad ajena por estar educado en el régimen católico dinástico de la imposición y la sumisión forzadas, y el carácter esencialmente democrático de las nuevas formas políticas traídas de Norte América, que dejaban al descubierto toda esa incapacidad de conducirse que el régimen paternal acrecienta por el desuso en el rebaño y encubre por el exceso de gobierno, obligó a suplementar los poderes limitados del nuevo régimen con los ilimitados del antiguo, hasta convertir a los nuevos estados libres en simples despotismos democráticos, como lo fueron las repúblicas italianas de la Edad Media.
El antecedente de esta incapacidad para el _self government_ y el de la barbarie, la ferocidad, la crueldad y el terror consecutivos estaban en la madre patria, donde el espíritu humano estuvo por más largo tiempo y más diametralmente alejado del sentimiento de la moral humana y de la idea de las instituciones libres, por el "deber sagrado de sumisión pasiva al altar y al trono" creado y encarnado por el catolicismo, y Robertson, en el lugar citado, los describe así:
"El principal efecto de la inquisición se ve en España, donde el período sarraceno había sido de grandes fuentes de nuevo pensamiento y conocimientos. Cuando fue permanentemente introducida en 1236, fue recibida por una gran parte de la población con temor y disgusto, y el primer gran inquisidor fue asesinado en Aragón. Es un error suponer que había algo en el carácter español, especialmente favorable a sus métodos. La ortodoxia española es un producto manufacturado y representa el triunfo, bajo circunstancias especiales, del elemento fanático que pertenece a todas las naciones".
"Se calcula que en 36 años, 200.000 vidas fueron destruidas por la inquisición española. Sus métodos fueron la negación de todo principio de justicia. Todo testimonio, incluyendo el de los criminales, niños y aun idiotas, era válido contra la persona acusada, mientras sólo era oído en su favor el de los insospechables; todos los procedimientos eran estrictamente secretos; los falsos informes eran rara vez castigados, y el principio general era que todo acusado debía ser de alguna manera culpable, siendo la inquisición, como el papa, infalible. La cámara de torturas difícilmente podía fallar en suministrar las pruebas que se querían. Ningún reinado semejante de terror y horror ha ocurrido en ningún otro período de la historia de Europa; y solamente en las prácticas de los buscadores de brujas entre los salvajes puede encontrar paralelo su atrocidad sistemática".
"Después del fracaso de la Invencible Armada contra Inglaterra, los inquisidores decidieron que la causa de la ira divina era su indebida tolerancia de la herejía, y un millón de moros reacios fueron miserablemente arrojados de la España, como lo habían sido un siglo antes 160.000 judíos. En un solo auto de fe, en Salamanca, fueron quemados 6.000 volúmenes".
"Como toda civilización subsiste por el juego de la variación intelectual, la España fue entonces despojada de una gran parte de sus recursos mentales y materiales; y a la larga el continuado trabajo de la inquisición consolidó la detención de su brillante literatura por siglos, manteniéndola desprovista de ciencia mientras el resto de la Europa la estaba acumulando. Introduciendo la inquisición la Iglesia había destruido la civilización específica de la Francia meridional; y de allí adelante aplicando la máquina a la civilización de España la redujo a la inanición".
"La ganancia neta por el protestantismo consiste en la disrupción de la tiranía espiritual centralizada. Las grietas en la estructura dieron espacio para el aire y la luz, en un tiempo en que nuevas corrientes empezaban a soplar y nueva luz a brillar. Veinte años antes del cisma de Lutero, Colón había descubierto el nuevo mundo. Copérnico, muerto en 1543, dejó su enseñanza al mundo en que el protestantismo acababa de establecerse. Al principio del siglo siguiente, Kepler y Galileo empezaron a extender los soñados viejos límites del universo. La era moderna estaba en pleno desarrollo; y con ella el cristianismo empezó la de su declinación".
"Es evidente que desde mediados del siglo XVII las ciencias físicas por su propio método y carácter minaron la teología. En ellas fue posible la prueba racional y la convicción inteligente, en lugar de la eterna esterilidad del debate teológico sobre proposiciones irracionales. En la segunda mitad del siglo XIX, finalmente la balanza del pensamiento filosófico ha sido abrumadoramente hostil a las creencias cristianas, y es significativo el hecho de que en estos tiempos su defensa se apoya más frecuentemente sobre su utilidad que sobre su verdad". (Es decir, se vuelve al punto de vista de Polibio).
"Se ha dicho con amplia verdad que mientras la Grecia con su disciplina dialéctica, exhortaba a los hombres a concordar recíprocamente sus creencias, y la Iglesia cristiana les manda conformarlas a sus dogmas, el espíritu moderno requiere que se acomoden a los hechos. Tal espíritu promovió primero, y fue después inmensamente promovido por el estudio de las ciencias naturales".
Hablando siempre _grosso modo_, podríamos decir que la Grecia creó, con las bellas letras y las bellas artes, la levadura del progreso material e intelectual. Roma el derecho civil; la Palestina el misticismo y la teología sobre la doctrina de la caída del hombre en el Paraíso por la pérdida de la inocencia, que coloca el estado de perfección en el comienzo de la especie, y que es exactamente el reverso de la teoría moderna de la evolución o del progreso incesante y continuo, y que la Inglaterra ha creado, por otras vías y en el mismo transcurso del tiempo, las instituciones representativas, de que disfrutan en la actualidad todos los pueblos civilizados, en la medida de su capacidad para las necesidades y las tendencias del tiempo, como diría Emerson.
La verdad, que era buscada por adivinación en la antigüedad grecorromana, y por inspiración o revelación en la antigüedad judía y cristiana, es buscada por la observación en la Edad Media.
La libertad y la ciencia, las dos palancas de la civilización liberal, que por su incompatibilidad con la teoría cristiana del mundo han tardado seis siglos en constituirse, que en sólo 30 años han levantado a la categoría de gran potencia al Japón, donde fueron precedidas por lo otro en 300 años sin fruto, fuera del natural rosario de mártires, y que en otros 30 ó 40 levantarán a la China, la libertad y la ciencia provienen de la inteligencia humana que se ha ejercitado en los terrenos vedados por las religiones, del pensamiento que ha brotado contra las prohibiciones de la Iglesia, hasta desarmarla y civilizarla un poco a ella también, obligada hoy bajo la ley común a buscar por la seducción lo que antes obtenía por la tortura.
Y desde que el espíritu humano empezó en Europa a desbordar el dogma, lecho de Procusto en que lo mantenían las iglesias cristianas, todas las instituciones medioevales, políticas, económicas y sociales estuvieron condenadas a desaparecer o a transformarse en sentido democrático, según el rumbo de las concepciones filosóficas y la seducción permanente de aquellas primeras y gloriosas repúblicas de la antigüedad, que alumbraron los destinos de la especie humana con tan refulgentes resplandores de pensamiento, de belleza, de gracia y de libre energía creadora.
Pero la evolución fue felizmente anticipada por la obra larga, paciente y perseverante del pueblo inglés, que a fines del siglo XVII había logrado ya forjar todos los resortes políticos necesarios para dar al organismo gubernamental la consistencia, la suavidad, la fuerza, la elasticidad y la capacidad de superar dificultades, que faltaron en las democracias griegas, en la república romana y en los imperios medioevales.
Aun antes de estallar en Francia, al influjo de las ideas políticas inglesas, el gran sacudimiento que derribó al inmutable derecho divino para levantar en su lugar la soberanía del pueblo sobre "los derechos del hombre", estaba ya construida y en operación "la obra más admirable que haya sido creada en una hora determinada por el genio y la voluntad del hombre", según la frase de Gladstone, la constitución norteamericana, por cuyo medio se ha improvisado en un siglo la más libre, la más grande, próspera y feliz nación del mundo, porque "la república americana ha comprendido, dice Renan, que la educación intelectual y moral va por 3|4 y más aún, en la formación del hombre, y que trabajar en la instrucción y en la educación de los ciudadanos, es crear valores a la patria".
EVOLUCIÓN INTELECTUAL DE LAS SOCIEDADES[11]
SUMARIO:--_La barbarie._--_Cómo se realiza el progreso._--_Las civilizaciones antiguas._--_Las civilizaciones medioevales._--_La civilización moderna._--_Evolución de la moral._
Cuando la expedición al desierto las barrió definitivamente por la superioridad del rémington sobre la lanza,--en 1879, el mismo año en que Edison descubría la luz eléctrica por incandescencia en el vacío,--las tribus de pastores seminómades que poblaban la Pampa como ocupantes de territorios en común no conocían el derecho de propiedad individual sobre la tierra, pero sí sobre la choza y los enseres domésticos. Cada tribu tenía un jefe: el _cacique_ y varios hechiceros para expulsar del cuerpo de los enfermos a los malos espíritus; cada grupo de hombres de lanza un capitanejo, éstos y aquél vitalicios y electivos en razón del prestigio adquirido. Su alimento predilecto era la carne de caballo, y en más de tres siglos de contacto no siempre hostil, con los pobladores europeos circunstantes, sólo habían asimilado de ellos el caballo, la vaca, la oveja, la lanza y el cuchillo. Aunque había mediado un considerable cruzamiento con los cautivos de origen europeo, los prisioneros que fueron incorporados al ejército como soldados tardaban en aprender la instrucción del recluta doble tiempo que los más rudos campesinos, atrasados éstos de diez siglos y aquéllos de veinte en la evolución mental que culmina en el Mago de Menlo Pak.
Todavía más primitiva es la situación de las tribus del Chaco, que subsisten de la caza, la pesca y los frutos silvestres, con dioses rudimentarios, pero sin ganados, porque el mal de cadera no ha permitido la aclimatación del caballo.
En la época de César, y según sus referencias, la Inglaterra estaba poblada por tribus pastoras, que vivían principalmente de leche, queso y carne, de expediciones predatorias sobre sus vecinos, emprendidas por guerreros voluntarios bajo la dirección de jefes accidentales, por aquéllos elegidos o aceptados, y considerando como su mayor gloria la amplitud del desierto intermediario con las otras tribus que les garantía contra ataques repentinos.
Es decir, que los indígenas del Chaco se encuentran hoy, aproximadamente, en la misma situación en que se encontraron los de la Gran Bretaña y los de la Antigua Grecia 2.000 y 4.000 años atrás, respectivamente.
El proceso de evolución cerebral que asciende en los vertebrados desde el pez sin las células de la memoria, y para el que todo es imprevisto aunque ocurra por la milésima vez, hasta el hombre con las células del raciocinio, se prolonga en el segundo desde el salvaje primitivo, con inteligencia rudimentaria, hasta el inventor, el filósofo, el artista y el astrónomo de nuestros días, que puede predecir para millares de años los inofensivos eclipses que aterrorizaban a nuestros ignorantes antepasados.
La continuidad del trabajo cerebral en unas mismas sencillas operaciones, lo hace rutinario, automático, casi instintivo. Si ningún cambio interviene por las complicaciones ulteriores de la existencia para extender el campo de las operaciones mentales, éstas continúan en el mismo grado de actividad o de inacción en las generaciones sucesivas, por los siglos de los siglos, con la cooperación reducida al estado rudimentario de la crianza de los hijos y la procuración de alimentos sobre la producción espontánea del suelo, apenas más desenvuelta en lo segundo que las de los rebaños de ganado o las bandadas de pájaros sociables. Tal es el caso de los indios del Chaco que aun andan en cueros.
Las células del pensamiento tienen, sin duda, más trascendencia, pero están sometidas a las mismas leyes de crecimiento que las de la locomoción o de la digestión. La extensión de su desarrollo, depende también, de la del campo, del tiempo y del grado de ejercitación en el individuo y en la familia o el grupo, correspondiendo muy probablemente, una variedad particular de células a cada variedad particular de aptitudes y pudiendo algunas suplirse recíprocamente.
La ejercitación de las células psíquicas de la corteza cerebral en las generaciones sucesivas, produce un _aumento subjetivo_ del número y un ensanche del manto que las contiene, por medio de repliegues o circunvoluciones, generalmente transmisibles en germen de posibilidades a la descendencia, y un _ensanche objetivo_ en las construcciones, los instrumentos, los métodos, las ideas, las leyes y las costumbres, que constituyen el medio ambiente y punto de partida, igual o diferente, en que se desenvuelven los individuos y las generaciones posteriores, forma en que la inteligencia humana es exportable y en gran parte accesible a los ignorantes y a los pobres de espíritu, siendo, además la propiedad colectiva de las ideas el paliativo principal de la propiedad individual de las cosas.
El progreso, que vale para todos, pues los mismos que excomulgan o maldicen a la ciencia que lo ha producido, se aprovechan de sus resultados, disfrutando, desde luego, su parte de los quince años en que ha alargado la duración media de la vida, el progreso, por lo tanto, depende de las posibilidades mentales transmitidas y del ambiente que las desenvuelve, pues, la aptitud heredada sin la ocasión para manifestarse, es como si no existiera, y la ocasión tampoco puede despertar aptitudes que no existen. Sin incentivos, sin alicientes, la capacidad de inventar no pasará de la condición pasiva a la condición activa, del estado latente al estado patente, o pasará sólo en el género y en la medida en que los haya. Es por esto que han preparado la arquitectura y la credulidad, y no se han desarrollado la música, la escultura, la pintura y el espíritu crítico entre los musulmanes; es por esto que la capacidad de inventar se ha desenvuelto entre los cristianos en todos los órdenes de las necesidades presentes, desde que la filosofía moderna rompió las barreras eclesiásticas que la tenían confinada en el orden de las necesidades futuras. Carlos Aldao ha dicho que "los de origen español no hemos inventado un clavo para aumentar el bienestar del hombre". Pero no fue porque nos faltaran aptitudes sino porque las teníamos ocupadas en sacar ánimas del purgatorio.
Porque el desenvolvimiento de las aptitudes individuales depende de las oportunidades generales y éstas dependen uniformemente de las condiciones comunes de la vida y particularmente de las instituciones sociales que, siendo diferentes en especie o en grado, de una nación a otra, despiertan principalmente un orden particular de aptitudes, o de inclinaciones que la caracterizan. Y lo que llamamos "el genio de un pueblo", es el conjunto de las aptitudes suscitadas preferentemente por los ideales en él predominantes. Alentadas las que concuerdan con ellos, desalentadas las que difieren, y prolongado en las generaciones sucesivas este doble proceso de selección y de exclusión combinadas, se llega a la uniformidad de los móviles de la conducta sobre las pautas establecidas, y del mismo modo que en los ganados, sacrificando a los que no salen del color preferido, se consigue uniformar en este a todo el rebaño, así, quedando sin aplicación las aptitudes que no tienen oportunidad en las agrupaciones humanas, éstas se uniforman sobre las que la tienen, y el carácter nacional queda determinado por las oportunidades nacionales.
Definiéndolos por sus características, Swift dijo que "el inglés es un animal político y el francés un animal social", y así era en esa época en que los poderes políticos estaban universalmente insumidos en los militares, y sólo en Inglaterra las instituciones comunales y la vida parlamentaria habían preservado la oportunidad política, que suscita las aptitudes políticas, al lado de la oportunidad religiosa, que había desalojado a las de la civilización grecorromana, de tal modo que la energía mental, encauzada en esos dos canales, sólo produjo caudillos y santos, castillos y conventos, la literatura caballeresca y eclesiástica. Y no existiendo la vida política en Francia, no había más posibilidades de aplicación para las aptitudes personales que la guerra, la devoción y la galantería, por lo que, a ellos como a nosotros, a la caída del viejo régimen, les faltaron las aptitudes para el nuevo, que no eran improvisables, porque se necesitan años, por lo menos, para deshacer o rehacer en el espíritu la obra de los siglos.
Viceversa, creando nuevas oportunidades para el pensamiento y la acción, se despiertan nuevas aptitudes, y la serie correspondiente de capacidades sin aplicación, encontrando abierta su vía, entra en actividad. Es lo que ha hecho la civilización liberal, aumentando progresivamente las profesiones instruidas, que eran sólo tres en la civilización cristiana: predicador, abogado y médico, y que hoy llegan a cincuenta y siete, según el cómputo de Hubbard.
Pero el caso más gracioso es el del Japón, al que los misioneros europeos trataban de convertir al cristianismo, pretendiendo que de él procedía la superioridad de las naciones occidentales, y que, en vez de eso, se convirtió él solo, en cuarenta años al liberalismo, declinando el ofrecimiento gratuito de las ciencias sagradas y de los instrumentos mágicos del Occidente, las biblias, los catecismos y las vidas de santos, las imágenes, las reliquias y los escapularios milagrosos para llevarse, en lugar de ellos, las ciencias profanas y los instrumentos mecánicos, y sobre la higiene y la despreocupación de la muerte, que ya tenía, implantó las escuelas, los laboratorios, los ferrocarriles, los vapores, los correos y telégrafos, compró acorazados, fabricó sabios, pólvora, cañones y fusiles a la europea, y derrotó a la santa Rusia por agua y por tierra, con milagros y todo.
Ni objetiva ni subjetivamente puede haber mejoramiento sin cambio del estado precedente. Y, en efecto, la circunstancia que más ha contribuido al adelanto de las sociedades antiguas, es la misma que determina en primer término el progreso de las modernas: lo que John M. Robertson, completando el concepto de Buckle, llama "la variación intelectual".
Los dos focos de la civilización americana, originados por la fertilidad del suelo en las dos regiones tropicales, con dos cosechas por año, aunque habían alcanzado a elaborar algunas construcciones permanentes, en templos, por supuesto, y a cierto desarrollo político y social, no habían llegado a ponerse en contacto, ni a difundirse mayormente, hasta la época del descubrimiento, por la falta del caballo, del buey, del elefante y del camello, que tanto contribuyeron en el viejo mundo a facilitar la circulación de los productos y de las ideas, y las invasiones que desempeñaron para la inteligencia humana el oficio destructor y fecundante a la vez, de las tormentas atmosféricas sobre el suelo.