La transformación de las razas en América
Chapter 6
Y desde que la riqueza confiere la posibilidad de alcanzar los honores y los privilegios, y la satisfacción de todos los gustos, los apetitos y las vanidades en boga, y aun la de comprar a la Iglesia la salvación eterna, y que ella pueda ser adquirida por medios ilícitos o perversos, con más o menos riesgos, hay un premio eventual para la depravación moral, una seducción permanente--que en muchos países y en ciertas ocasiones suele hacerse irresistible--para la mentira, el robo, el peculado, el fraude, el asesinato y la guerra.
Sin duda la profesión de bellaco, que es entre los musulmanes y que por tantos siglos ha sido en la cristiandad el medio más rápido y eficaz de conquistar honores y privilegios y de alcanzar títulos de nobleza, en el achatamiento universal de los pobres de espíritu que elaboraba la Iglesia, se viene haciendo cada vez más peligrosa y menos lucrativa y honorífica, con el reverdecimiento de la energía al influjo de los ideales modernos, pero, todavía, y particularmente en los países católicos y ortodoxos, el inquilino de la sociedad contemporánea está instalado en un plano fuertemente inclinado hacia la perversidad humana, resultando siempre más o menos ineficaces para contenerlo arriba todos los terrores en uso, civiles o religiosos, y todos los surtidores permanentes o occidentales de energía moral.
Pero, según el rumbo que llevan las ideas avanzadas del presente, en la sociedad del porvenir, lo que los padres querrán dejar a sus hijos, lo que buscarán en el matrimonio los hombres y las mujeres, será "la salud o la plenitud que responden a sus propios fines y tienen para ahorrar, correr e inundar los alrededores y crujir por las necesidades de los otros hombres", como dice Emerson; será la aptitud para conducirse y prosperar por sí mismo, la capacidad intelectual, moral y física para la felicidad humana por la fraternidad humana, la sensatez, la dulzura, la belleza de alma; por el trabajo, el amor y la amistad, según aquella exacta definición de la dicha, que la hace consistir en "tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar, alguna cosa que esperar".
Transformados así los ideales directrices de la conducta individual, esclarecida y reafirmada esa tendencia natural primaria del espíritu a estimar a los individuos según el bien que produzcan para los demás hombres, que no ha suscitado los tiranos y los usureros, pero sí los mártires de las ciencias y las artes, los héroes de la libertad, de la justicia, de la fraternidad, de la filantropía, los exploradores, los inventores, los educadores, los pensadores, los músicos, los poetas, los conspiradores, los patriotas, el bienestar del individuo, que hasta ahora "depende de lo que se anexa, absorbe o apropia, dependerá de lo que irradie", como dice Hubbard, y entonces el plano en que se desliza la conducta personal en la sociedad habrá invertido su inclinación de la iniquidad a la rectitud, del egoísmo al altruismo, de la soberbia a la benevolencia, de la insolencia a la cortesía, de la hipocresía a la sinceridad, de la mentira a la verdad, y habrá llegado para el común de las gentes esa situación de las almas superiores en todos los tiempos, desde Sócrates, Platón, Jesús, Epicteto y Marco Aurelio, hasta el filósofo de Massachussets, que la describe así: "Todo hombre tiene cuidado de que no le engañe su vecino. Mas llega un día en que se cuida de no trampear él a su vecino".
EL PORVENIR
En el siglo XIX la vida humana ha sido alargada en diez años por la supresión de las epidemias, tanto y tan inútilmente suplicada a Dios, puesto que dependía del adelanto de las ciencias humanas que él no podía crear y difundir, y de las obras de salubridad que él no podía construir; por la disminución de la miseria que dependía de la libertad política, de los métodos económicos y de las máquinas que él no podía inventar; por la disminución de la imbecilidad humana mediante la educación y la instrucción, que Dios no puede hacer y que están haciendo las escuelas y las universidades.
"El cuerpo, que es el irreconciliable enemigo del alma en la doctrina cristiana" está recibiendo ahora, hasta de los creyentes en la virtud póstuma, de la mugre y de las llagas, atenciones que el gran Pascal hubiera considerado pecaminosas.
En el último siglo la pena de muerte ha sido gradualmente restringida, y reducidas las prisiones en número y en grado de mortificación a la mitad de lo que fueron en el precedente, y la tendencia está pronunciada en el sentido de transformarlas en reformatorios por el trabajo y la instrucción, mientras una educación más racional acabe por hacerlas innecesarias, pues "las malas pasiones no son, como dice Manuel Ugarte, carne del hombre, sino enfermedad adquirida del ambiente en la niñez".
Cuando la felicidad humana era poca y la infelicidad era mucha, aquélla alcanzaba apenas para unos cuantos acaparadores y ésta sobraba para el resto de los hombres. Por efecto de los trabajos de las ciencias y las artes liberales que suprimen progresivamente la segunda, y de las reivindicaciones del pueblo que extienden periódicamente la primera, la educación de la inteligencia y de los sufrimientos, el bienestar y la dicha, podrán alcanzar para todos los hombres y las mujeres, y aun sobrar algo para los animales inferiores que también lo necesitan.
"El misterio de la justicia, que antes estaba en manos de los dioses, resulta estar en el corazón del hombre, que contiene al mismo tiempo la pregunta y la respuesta, y que quizás algún día se acordará de ésta", dice Maeterlinck.
"Llegará a ser materia de asombro, dice Spencer, que haya existido gentes que encontraran admirable disfrutar sin trabajar, a costa de los que trabajaban sin disfrutar", y sir Oliver Lodge encuentra ya extraño que un individuo pueda vender un pedazo de la Inglaterra para su beneficio particular.
"La humanidad está creciendo en inteligencia, en paciencia, en benevolencia--en amor", dice Hubbard. Los hombres de bien empiezan a encontrar en los afectos del hogar y de la amistad alegrías y satisfacciones bastantes para sentirse ampliamente compensados de todas sus virtudes en la tierra. Con el adelanto de la inteligencia, la bondad y la sensatez humanas; con la creciente abundancia de producciones en perspectiva por el desarrollo de las artes y las ciencias; que acabarán por suprimir la ignorancia, el vicio, el crimen, el dolor y la miseria; con la atenuación progresiva de las desigualdades del presente, que son el fruto de las iniquidades del pasado, por el mejoramiento incesante de la capacidad moral del individuo, se perfila en lontananza un tipo de hombre superior, que, sabiendo extraer del lado noble de la naturaleza humana todo el bienestar a que aspire, no sentirá la necesidad de que sus buenas acciones sean premiadas con recompensas desproporcionadas, ni castigadas con penas eternas los que le causen males pasajeros.
La materia de la religión, que es la necesidad de castigar en un mundo imaginario los males impunes del mundo real, y de premiar en otra vida las bondades no gratificadas en ésta, está viniendo a menos constantemente por el progreso moral de la especie humana, y se puede prever desde ahora que, cuando todas las acciones malas sean castigadas o perdonadas, y todas las buenas sean premiadas aquí, Dios se quedará sin tener nada que hacer allá, y a menos que se empeñe en ser más malo que los hombres, castigando lo que éstos olvidan, y dándoles, _quand même_, recompensas a que no aspiren, se verá obligado a clausurar definitivamente el purgatorio, el infierno y el cielo, dejando sin empleo a todos sus ministros en la tierra.
Y recién entonces podrán los hombres vivir inexplotados y en paz, y ser dichosos, en este mundo y en los otros.
Las ideas capitales de la civilización en el momento que pasa
LA VIDA Y EL BIENESTAR
En el siglo XIV, en el que 25:000.000 de habitantes--casi la mitad de la población de Europa--sucumbieron de la peste negra, los peligros que asediaban permanentemente al habitante, provenían de los poderes sobrenaturales a los que les eran atribuidas las sequías, las inundaciones, las epidemias, los terremotos, las pestes, las cosechas y los triunfos de la guerra.
Tres horas diarias de pensamiento y de acción, en término medio por cada hombre y cada mujer, estaban empleadas en precaverse de los males y asegurarse los bienes individualmente, y un ejército permanente de teólogos en la más radical ignorancia de la higiene la agricultura, la pedagogía y la mecánica, estaba dedicado a asegurar el bienestar general por procedimientos místicos, percibiendo en compensación, coercitivamente, el diez por ciento de la producción ajena y voluntariamente otro tanto en donativos.
Era como si cada persona llevase sobre sus espaldas una plancha de plomo de diez a veinte kilos de peso, para asegurarse la posibilidad de andar, suponiéndola imposible sin esa carga, y la diferencia más importante entre los colonizadores anglosajones y latinos del nuevo mundo fue el mayor gasto inútil de éstas en el seguro de vida, por el mayor empleo y el mayor costo de los servicios espirituales obligatorios e indispensables para estar "en gracia de Dios" y a cubierto de los demonios. Se explicaría así el ningún resultado de la libertad política para labrar el bienestar general, hasta que sobrevino por la instrucción pública el descreimiento, que llevó a emplear en mejoras agrícolas el dinero que se malograba en la compra de indulgencias, y en médico y boticas lo que se gastaba en pagar curaciones imaginarias a los santos.
Que la multiplicación de los templos y de los teólogos en una región no tiene influencia de ninguna clase sobre los caracteres del suelo y del clima, ni sobre la criminalidad, ni suprime los terremotos y los tiranos, ni detiene las epidemias ni las pestes, cualquier persona sensata podría observarlo; pero el que mostraba síntomas de sensatez era perseguido a muerte por los poderes públicos, y el mismo Blas Pascal, que se hacía torturar las carnes con un cilicio, para asegurarse la salud a la moda del tiempo, no se vio libre de persecuciones.
En esas condiciones de la vida medioeval, ningún progreso era posible, porque la imbecilidad humana era igual a la capacidad humana, y gravitando más duramente allí donde el clima era menos clemente, la insurrección empezó en los arenales del Brandemburgo, y prosperó en la Alemania del Norte, desde que los príncipes vieron en la Reforma el medio de apoderarse de los cuantiosos y codiciados bienes de las iglesias, que producían el empobrecimiento universal por el expendio del consuelo universal.
Del mismo modo en Inglaterra, la necesidad de contener las extracciones de dinero a Roma, (ascendentes en la Francia del siglo XVI a 700.000 escudos anuales), que enflaquecían al país para retornar en reliquias e indulgencias, indujo a prescindir del milagro, substituido por "la angustia mental" que inutilizó el domingo inglés, y a confiar en el "self-help", que paulatinamente trasladó al hombre del rol pasivo al rol activo, de la devoción a la acción, desalojando a la Providencia en la política y en la producción, para iniciar esa prodigiosa transformación de la agricultura rutinaria en la agricultura científica, que culmina en Norte América.
El remanente de riqueza retenido para las necesidades nacionales por la supresión del "drenage del ahorro para la expiación del pecado", vino a ser para las naciones del Norte de la Europa Central, que habían sido hasta entonces las más pobres, el comienzo de una prosperidad creciente hasta nuestros días, particularmente acelerada con el refuerzo del "self-help" por el empleo del vapor, que "es casi un inglés", como dijo Emerson.
La civilización medioeval consistió en el empleo de las fuerzas sobrenaturales captadas por procedimientos teológicos para la defensa de la vida, y la civilización moderna consiste en el empleo de las fuerzas naturales captadas por procedimientos físico-químicos. Los países musulmanes y los cristianos del Oriente, Armenia y Abisinia han quedado fieles al primer plan, y los cristianos del Occidente han empleado simultáneamente los dos, en proporciones tan diferentes, que en la actualidad, mientras la América del Norte tiene diez escuelas por cada iglesia y cuatro caballos de vapor por cada habitante, la Rusia y mucha parte de la América del Sur tienen todavía diez iglesias por cada escuela nacional y un décimo de H. P. por habitante. Nosotros tenemos cerca de cuatro escuelas por cada iglesia (5.000 y 1.290).
Hasta el siglo XVIII, la enseñanza primaria, secundaria y universitaria estaban arregladas para conferir al educando un poder indirecto sobre el ambiente por la consecuencia de la gracia divina y el patronato de los santos, a fin de que éstos cambiaran o predispusieran los fenómenos naturales en manera favorable a los intereses personales del respectivo devoto, y la enseñanza arreglada para conferir al hombre un poder directo sobre los recursos ambientes por medio de los instrumentos, las máquinas y los procedimientos científicos, sólo empezó a acentuarse desde los comienzos del siglo XIX. Se inicia entonces francamente la decadencia de las ciencias sobrenaturales y el desarrollo creciente de las ciencias naturales, y de sus aplicaciones a la defensa de la vida y la sociedad, al ensanche de la producción y de las comunicaciones, al mejoramiento de las relaciones entre los individuos y entre los pueblos por la comunidad de artes y de ciencias, aun en la disparidad de creencias, y el carbón de piedra engorda prodigiosamente a los más mientras los otros siguen enflaqueciendo por el empleo del milagro, "costoso y de rendimiento incierto".
Como el poder actual de las naciones depende de la proporción de fuerzas naturales que han puesto al servicio de la vida nacional, por el cultivo y el empleo de la inteligencia humana, la "Reina del Océano" en el siglo XVI, no tiene hoy ni escuadra, y el más remoto país, que era entonces desconocido, pero que ya practicaba por una feliz intuición de la ciencia moderna el aseo personal, ha llegado a ser una de las grandes potencias de la era presente, en sólo cuarenta años de no emplear ninguna parte de los recursos fiscales en pagar auxilios imaginarios y de invertirlos íntegramente en la apropiación de las energías naturales, primer caso en el mundo de aplicación de los métodos modernos de vida con prescindencia casi absoluta de los métodos medioevales.
En cambio, parece que, por compensación o por la urgencia de recuperar el tiempo perdido, los pueblos que se despiertan más tarde del supernaturalismo al racionalismo, se despiertan más completamente. Así la Francia, así el Portugal, que han expulsado a los frailes, cuando Inglaterra no puede todavía establecer la enseñanza laica y obligatoria que tienen aquéllas, porque la resisten los obispos y sus hechuras en la Cámara de los Lores, y se ve aventajada por los norteamericanos y los franceses en las industrias que requieren una mayor inteligencia en el obrero.
Del mismo modo, parece también que la más cristiana de todas las virtudes cristianas, que es la imprevisión espontánea en el salvaje, deliberada en el anacoreta, es reemplazada por la más anticristiana, que es la previsión, con mayor empuje en los pueblos que llegan más tarde a practicarla.
No obstante la conminación evangélica a vivir como el lirio del valle y el pájaro del bosque, sin pensar en el mañana, sin sembrar y sin guardar, fue posible el ahorro desde que cesó la costumbre de invertir el dinero sobrante de esta vida en la otra y se le ocupó entonces en la industria o el comercio y en préstamos a los gobiernos extranjeros. Y el capital inglés, el primeramente formado, fomentó el progreso de todo el mundo y particularmente en la América del Sur que sin él estaría aún en la barbarie.
Luego, a proporción que los franceses dejaban de preocuparse de las tribulaciones de los antepasados para atender a las de los descendientes, la Francia que había sido, al estallar la gran Revolución, el país de menos capitales y de más bellas deudas, pasando de un extremo al otro y yendo hasta economizar el número de hijos para aumentarles la dote, ha llegado a ser el país que tiene más capitales y más préstamos a cobrar.
Las otras naciones, donde el ahorro ha seguido aplicándose a la obtención de las energías sobrenaturales para asegurar la salud de los vivos y el bienestar de los muertos, Rusia, España, Turquía, Portugal, Austria-Hungría, no han pasado aún de las condiciones de prestatarios a la de prestamistas.
LA VIDA Y LA SALUD
(_El costo de las velas_)
Enjaezado por una manera particular de concebir la vida y sus incidencias, el individuo está determinado en el curso de su existencia por sus respectivos arneses mentales, llevando las riendas, de ordinario, las necesidades sobrenaturales en el que las padece, las naturales en todos y alternativamente los gustos, los vicios, las virtudes, el amor o el odio preponderantes en cada momento dado. Toda la diferencia con el caballo de tiro está en que uno lleva los arneses por fuera y a la vista y el otro los lleva por dentro e invisibles, salvo, por supuesto, los que llevan el duplicado del espíritu en el traje profesional.
Diferencias mentales insignificantes de individuo a individuo, se hacen enormes cuando son, por acumulación, diferencias de millones a millones de individuos. Muchas hebras de paja reunidas detienen el paso de un elefante y muchas menudencias acumulativas detienen la marcha de una nación.
En su forma originaria, el misticismo era la subordinación de la salud del cuerpo a la salud del alma, de modo que toda disminución de aquello debía importar necesariamente un mejoramiento de la vida.
El espíritu práctico, que fue la característica del pueblo romano en la antigüedad, resurgió en oposición al espíritu místico y llegó a ser una característica de los pueblos que se plegaron a la Reforma, particularmente de los anglosajones, mientras el espíritu medioeval continuó siendo la característica de los pueblos que quedaron fieles al misticismo medioeval.
Y acentuándose con el andar del tiempo la nueva tendencia, se ha llegado en el más práctico de los pueblos modernos a hacer de la religión misma un instrumento de sugestión mental para la salud corporal, en la llamada "Christian Science" de Mrs. Eddy.
En virtud de la doctrina de la expiación del pecado por el sufrimiento, y en repudio de las costumbres paganas, el desaseo fue erigido en virtud religiosa, y más tarde Mahoma estableció las abluciones como una práctica religiosa.
Con esto, en la lucha por la salud, este elemento de superioridad quedó de parte de los musulmanes, que conquistaron dos grandes porciones de la Europa, estableciendo en ellas una civilización más alta que la que habían desalojado.
Esa ventaja fue después contrarrestada y superada por el mayor desenvolvimiento de las ciencias y las artes entre los cristianos, al influjo del racionalismo naciente, con más fuerza o contra menores resistencias en algunas regiones, en manera que dos o tres siglos más tarde las naciones cristianas de Europa eran muy desigualmente poderosas.
En el siglo XII, la defensa de la salud se realizaba por las oraciones y los amuletos en el Oriente; por las oraciones y las reliquias en el Occidente. La Reforma, que fue un movimiento de carácter económico para la abolición del comercio de indulgencias y reliquias, descalificó el milagro para descalificar el vehículo de la extorsión, y por esta coyuntura pudo renacer la higiene pagana en la fórmula del "mens sana in corpore sano", por el baño y los sports, a punto de que puede decirse que la higiene por métodos naturales renació protestante y anglo-sajona principalmente.
Cuando los enfermos sanaban por milagro solamente, tenían razón de ser y no existían la higiene y la terapéutica, que estaban condenadas por la Iglesia en defensa de la castidad y de la taumaturgia respectivamente; la mortalidad igualaba a la natalidad y el crecimiento vegetativo de las poblaciones era nulo o insignificante, estando la salud de los vivos encomendada a la voluntad de los muertos en la heroicidad o la santidad.
Decreció en cambio la población de alimañas y parásitos externos, de los inquilinos del desaseo, colaboradores inconscientes de la salvación medioeval, con el empleo del jabón y de la camisa visible y lavable que inventó Burmmel, novedades que se han abierto camino muy lentamente allí donde el sentir de los teólogos había encontrado su complemento popular en el viejo refrán "chancho limpio nunca engorda".
Definiendo la nueva manera de realizar la defensa de la vida contra la insalubridad ambiente, los norteamericanos decían que "la civilización de un país se mide por el consumo de jabón", y consiguientemente, la incivilización debía medirse por el consumo de velas a los santos para el mismo objeto.
Cuando el milagro era el agente exclusivo para la conservación de la salud, la mortalidad excedía del 30 por mil, y en razón de la enorme mortalidad infantil, el término medio de la vida humana no pasaba de quince años, que se han doblado primeramente para los anglosajones, porque la higiene experimental ha hecho descender la mortalidad a cerca de 15 por mil, mientras excede todavía del veinticinco en la cepa española. Calculando para ésta un promedio de 20:000.000 de habitantes en el siglo XIX, y tomando la cifra sajona para la gente que ha muerto inevitablemente, y su diferencia con la cifra española e hispanoamericana para la que ha muerto evitablemente, la higiene mística nos habría costado veinte millones de vidas, prematuramente aniquiladas en el siglo en que se ha consolidado la higiene racional.
Y a continuar en la misma relación, otros veinte millones de vidas, con otros dos mil millones de pesos se perderán, evitablemente, en holocausto a la fe en la higiene y la terapéutica sobrenaturales.
"La principal industria de la Edad Media, dice Seignobos, era la cría de abejas por la cera para alumbrar las iglesias, y la miel para endulzar los vinos". En Rusia, donde el pueblo analfabeto es el 97 % y se sigue practicando la defensa de la salud por medio de las velas de cera, de cada mil niños, 495 mueren antes de los 5 años. En dos años de administración norteamericana, la mortalidad, que era de 132 0|00 bajo la dominación española, descendió a 22 0|00 en Cuba[9].
Según las informaciones telegráficas de Santiago de Chile, el mes pasado han perecido allí setecientos niños de menos de un año, pero todo el horror de este hecho queda fuera de los arneses mentales del hispanoamericano, como estuvieron antes fuera del alcance de sus sentimientos la tortura, la servidumbre, la esclavitud, el despotismo, la ignorancia y la miseria consecutiva.
Para el modo de ver de un teólogo soltero, esos niños habrían ido derechamente al cielo o al limbo, según que estuviesen bautizados, y "san" se acabó. La pérdida que ello importa para el país y para la raza, siendo una ganancia para el cielo, no se toma en cuenta, pues para el que tiene arneses de ir al otro mundo, judío, cristiano, musulmán, etc., los intereses de este mundo quedan fuera de la respectiva carretera, cuando las anteojeras son muy grandes y puede aún llegar al punto de destino sin haber dado un paso en este planeta. Vale decir que, en un solo mes y de una sola procedencia, la población de aquellos parajes se habrá aumentado con 700 párvulos a perpetuidad por consignación eclesiástica.
LA RELIGIÓN Y LA CIENCIA
El objetivo de la ciencia es la vida que transcurre en el mundo natural, y el de la teología es la que transcurre y la que no transcurre, y está en primer término.
Como la vida y las leyes naturales son las mismas en todas partes, hay una sola ciencia verificable de la vida y más de cuatro mil religiones o ciencias inverificables de la vida y de la muerte.