Historia de Venezuela, Tomo II
Part 18
Venida la noche se juntaron todos los amotinadores que arriua se han nombrado, en casa de Don Hernando de Guzman, y para mas seguridad ynuiaron vn mestizo, criado del Don Hernando, a uer lo que hazia el Gouernador y quien estaua con el, el qual fue y entro en el buhio diciendo que su amo lo ynuiaua a pedir un poco de hazeite, y mandandoselo dar el Gouernador, se bolvio con su enbajada y auiso a los traidores que congregados y puestos a punto estauan en el lugar dicho. Seria como dos oras despues de anochecido, dia de la Circuncicion, quando los dichos matadores salieron juntos de casa de Don Hernando con diabolica determinacion, y tomando la delantera el pesimo de Alonso de Montoya, como honbre que pretendia tomar particular venganza de la muerte del Gouernador, y con el Cristoual Hernandez de Chaues, entraron en casa del Gouernador, al qual hallaron echado en una hamaca hablando con vn pajezillo suyo, llamado Lira, y le saludaron, y diciendoles el Gouernador: que buscan por aca los caualleros a tal hora, la rrespuesta fue dalle sendas estocadas, y leuantandose para tomar su espada y rrodela, que tenia alli junto de si, entraron los otros, y segundando, le hirieron todos, de suerte que cayo alli luego muerto, sin hablar mas palabra de confision, confision, miserere mei Deus[262]; y hecho esto, saliendosse fuera del buhio todos, alzo la boz vno dellos y dixo: liuertad, liuertad, biua el Rrey: muerto es el tirano[_A_].
Oyendo las vozes deste motin, Don Juan de Uargas, theniente general, sin sauer lo que fuese, lo mas presto que pudo, se uistio vn escaupi o sayo de armas, y con su espada y rrodela y su bara en la mano, se fue hazia casa del Gouernador, a donde auia oydo las uozes, el qual topo en el camino a los comuneros traidores que le yban a buscar, y conociendo ser el y que yba armado, arremetieron y le quitaron el espada y la rrodela, y lo comenzaron a desarmar para hazer del lo que auian echo de su Gouernador; y auiendole quitado vna manga del sayo y estandole quitando la otra, vno de aquellos ministros luzifirinos, llamado Martin Perez, le dio vna estocada por el lado desarmado; que le paso de parte a parte, y con la sobra del espada hirio al Juan de Vargas[263], su conpañero, questaua desarmando al theniente, y lo lastimo muy mal, y luego todos los demas amotinadores le dieron todas las estocadas y huchilladas que pudieron, con que lo acauaron de matar. Luego, tornando alzar algunos dellos la uoz de: liuertad, caualleros, biua el Rrey, se bolvieron a la casa o bohio donde auian muerto a Pedro de Orsua, adonde luego acudieron todos sus amigos y aliados, questauan ya aperceuidos y auisados para en oyendo el aluoroto acudir con sus armas a fauorezelles. Asi mesmo se llegauan otros muchos soldados a uer que hera aquel alboroto, sin sauer ni entender lo questaua echo, a los quales los traidores luego hazian entrar en su esquadron, y todo esto sin que los mas del canpo entendiesen quienes y quantos eran en aquella junta, y quando uenian a entender la muerte del Governador y su theniente, cada uno de los que no auian sauido ni sido en el motin, creia que la mayor parte del campo fuesen hen ello.
Junta la mayor parte del canpo, deuajo de la cautela dicha, algunos de los amotinados, viendo que faltaua jente, salieron armados con amigos y panyguados, y unos por fuerca y a otros de grado, a unos con amenazas y a otros con promesas y alagos, los trajeron a todos a casa del Gouernador, para que se hallasen presentos a unas solenes osequias que a los difuntos pensauan hazer, y para que supiesen y entendiesen a quien auian de tener por General y a quien auian de ouedecer y acatar y rreuerenciar.
NOTAS AL CAPÍTULO XX
(_A_) Si se comparan los relatos que de la muerte de Pedro de Orsua hacen el Bachiller Vázquez y Pedrarias de Almesto con el trazado por el Padre Aguado, fácilmente se advierten notables diferencias, lo cual confirma el aserto de que el docto franciscano, si bien tuvo á la vista uno de los dos manuscritos, no los copió, sino que rectificó en unos puntos esas versiones y las completó en otros.
Vázquez dice que Orsua estaba solo, acostado en su cama, y Pedrarias afirma que «se hallaba hablando con su amigo, que se decía Pedrarias de Almesto, echados en sus camas, cerca el uno del otro». Añade Pedrarias que él echó mano á la espada para defender al Gobernador, y así estuvo un rato, luchando con todos, «hasta que le amenazaron que diese las armas y no le matarían». También dice que el primero que hirió á Orsua fué Juan Alonso de la Bandera.
Según el Padre Aguado, Orsua estaba con un paje suyo, llamado Lira, y los primeros que entraron, y, por tanto, los primeros que debieron herir al Gobernador, fueron Alonso de Montoya y Cristóbal Hernández de Chaves.
Pedrarias escribe también que Martín Pérez, al matar al teniente general Don Juan de Vargas, mató también al soldado de este mismo nombre; pero fray Pedro de Aguado dice que «lo lastimó muy mal», y así debió ser, porque el mencionado soldado sigue figurando en sucesos posteriores. Vázquez omite todo esto.
CAPITULO VEYNTE Y UNO
Que trata de lo que toda la noche hicieron despues de auer muerto a su Gouernador y a su theniente.
Junta, pues, toda la gente del canpo en casa del difunto para hazer las osequias, juntos los dos cuerpos muertos, mandaron los omicidas que dentro en la casa en el buhio del Gouernador, se les hiziese vn hoyo para que pues auian sido conpañeros en la uida lo fuesen en la muerte, y los echasen alli juntos[A]. Los sufraxios que por ellos hicieron fue nonbrar luego por su general a Don Fernando de Guzman, y por su Maese de Campo a Lope de Aguirre, no curando por entonzes de hazer mas officiales por la mucha ocupacion que pensauan tener en matar los amigos y panyaguados del Gouernador y su theniente, a los quales, con toda diligencia, desarmaron, y quyriendo hazer dellos lo que de su Gouernador[264], el Don Hernando de Guzman que ya tenia titulo de general, no lo consintio, y rrecelandose los traidores que los muertos no rresucitaran a tomar uerganza con mano y confederacion y liga de algunos amigos suyos o de otros soldados, mandaron que, so pena de la uida, ninguno hablase quedo sino altas e yntelexibles vozes, de suerte que de lo que hablasen no se pudiesen colexir cosa alguna de lo que hellos temian.
Algunos soldados se descuidaron de cunplir este preceto, hablando vnos con otros algo mas vajo de lo questaua mandado, pusieron en detrimento sus uidas, y quisieron matallos, sino por ser personas de quien no se presumia que hablauan cosa en deseruicio de la comunidad, les perdonaron, y temiendose no ouiese aquella noche algun mal rrecaudo, y porque no tuuiessen lugar ningunos soldados de comunicar algo contra hellos, no consintieron que ninguno sse fuese aquella noche de alli, mas antes uelando y con sus armas en las manos los hicieron estar toda aquella noche en esquadron, jatandose y alauandose de lo hecho; y porquestas osequias no quedasen sin ofrenda, mandaron con mucha liberalidad sacar cierto vino que el Gouernador traia para decir misa, y como honbres que no pretendian oyrla, lo rrepartieron todo entre todos, asi capitanes como soldados, para que con mas constanca y amistad pasasen la noche.
NOTAS AL CAPÍTULO XXI
[_A_] Pedrarias de Almesto dice: «Ciertos negros, que eran del Gobernador, por mandado de Doña Inés, hicieron un hoyo grande y enterraron al Gobernador y su Teniente Don Juan de Vargas, juntos, y los traidores se estuvieron hasta la mañana en escuadrón.»
CAPITULO VEINTE Y DOS
Que trata de la persona de Pedro de Orsua, y de algunas propiedades nobles de su persona, y de otras cossas que le levantaron.
Ssera bien que antes que entremos en contar de los amotinados omecidas, demos conclusion a la istoria del gouernador Pedro de Horsua, que Dios aya, contando su naturaleza y persona y algunas propiedades que tenia.
Hera natural Pedro de Horsua del rrio[265] de Nauarra, de un pueblo llamado Orsua, junto a Panplona, y tenido por cauallero de ssolar conocido, señor de la Casa de Orsua, de donde el tomo el apellido; y a la sazon que lo mataron seria de hedad de treinta y cinco años. Hera de mediana dispusicion; algo delicado de mienbros, aunque vien propocionados para el tamaño de su perssona; tenia la cara alegre, blanca y de muy buen parescer, la barua taheña, vien puesta y poblada, y mediante la buena porpocion[266] que en su cuerpo tenia, hera tenido por jentil honbre. Tenia muy buena platica y conuersacion. Hera afable, y muy conpañero con sus soldados, con lo qual atraia a si la gente y soldados. Hera en estremo polido y preciauase dello y de traher bien puesto lo que se uestia, y asi le lucia mucho. Hera mas misericordioso que justiciero, y preciauase mas de desimular con los soldados y moderar los castigos que merecian, conmutandolos en cosas leues y onestas, que no castigallos con rrigor. Siruio sienpre a su Rrei y señor con toda legalidad y lealtad, de suerte que jamas se presumio del que le pasase por pensamiento hazer cosa que no deuiese contra el seruicio del Rrey. Era astuto, injenioso en las cosas de la guerra; curo sienpre estoruar y euitar que no se hiciesen demasiadas crueldades a los yndios, antes procuraua buenos medios[267], y con dadiuas atrahellos a su amistad y conformidad; fue sienpre muy querido y amado en las conquistas en que andubo, de los ssoldados, por los muchos terminos de mucha crianza que con todos usaua, tanto que nunca se hallo auer dicho palabra descomedida ni desonesta a ninguno; como se a dicho, al que muy gran pena merecia le daua vn leue castigo. Hera liberal en el dar, y mucho mas en el ofrezer si tenia nezesidad de jente. Turole la jurisdicion de su gouerno y jornada tres meses y seis dias, porque se enuarco en su astillero a los ueinte y seis de Septiembre[268] de mil y quinientos y sesenta. Mataronle sus soldados el primer dia de Henero de mill y quinientos y sesenta y uno.
La gente y soldados que con el salieron de Piru a la ynfelize jornada, o algunos de hellos, por descargar a ssi o a los culpados[269] de la mucha pena que todos merezen por la traicion que con ssu Gouernador vsaron, procuraron poner en el muchas objeciones, en especial las que en el capitulo veinte y uno se dixeron y otras muchas que despues aca añadian, diziendo que a la sazon que le mataron estaua tan mudado de lo que antes solia ser, que los que de mucho tiempo le auian conocido y entonces le ueian decir[270] y afirmauan que no hera posible ser el general Pedro de Orsua, antigua alauanza de soldados, porque se avia echo soueruio, auariento, cobdicioso, mal quisto, sobrado en el hablar, descuidado en el governar, y otras cosas desta suerte, y con todas estas objeciones que en el ponen, nunca an ssauido dezir ni declarar ningun agrauio ni sinjusticia que a persona particular en toda esta jornada hiziese, antes, como se ha dicho, ser en todo moderado y modesto, y solo hizo justicia de aquellos que mataron a su theniente Pedro Rramiro, corregidor de Santa Cruz de los Motilones, en lo qual gano muy gran honra y credito con todo el Piru y con el Uirey y Audiencia, y quitando todos de si la sospecha que contra el thenian, no le llamauan sino Pedro Leal, por lo cual se ynfiere ser claro, ser todas falsas estas objeciones y faltas que contra el se pusieron, y levantarlas, como se ha dicho, algunos soldados, por rrelevarse de alguna culpa y pena de la mucha que merezen. Tanuien se uerifica ser falsas estas ojeciones en que hen ellos no ay soldados de quantos con el Gouernador salieron de Piru en este disparate que conforme vno con otro, antes ay muchos mas que afirman lo contrario, y solos los que por auer sido culpados en esta rreuelion andan algo desasosegados, porque la justicia los pretende desterrar de las Indias, como su Magestad justa y santamente lo manda, dizen las objeciones dichas contra el Gouernador.
Vna cosa pueden decir con gran rrazon contra el Gouernador, y esta es auer sido demasiado de confiado y no auer gouernado con la cautela que para con semejantes soldados se devia husar; porque si el no pensara que todos no heran tan leales como el, el hiciera lo que algunos amigos lescriuieron, que echase fuera a los que le mataron, y an[271] despues vbo quien le aconsejo que los matase e hiziese justicia dellos, el qual, si lo hiziera y sino confiara tanto como confio, su muerte de aquella suerte ebitara.
Todas las demas muertes que desde la suya en adelante sucedieron, aunque algunos an querido afirmar que fue premision diuina, por los pronosticos que della obieron, que en algunas partes de lo arriua escrito se an dicho, y por lo que paso cinco dias antes que lo matasen, que un Comendador de la Horden de San Joan, llamado Juan Gomez de Gueuara, muy amigo de Pedro de Orsua, persona anciana y de gran credito y uerdad, el qual andandose paseando a buen rrato de la noche, por junto a la puerta de su buhio, questaua mas zercano al buhio del Gouernador, en el pueblo primero de Machifaro, donde auia las muchas tortugas, por rrespeto de la mucha calor que en aquel pueblo hazia, vio pasar por junto o detras del buhio del Gouernador vn bulto mediano, del qual salio vna boz no muy rrecia y no conocida que dixo «Pedro de Horsua, gouernador de Megua[272] y del Dorado, Dios te perdone», y aguijando el Comendador hazia donde auia visto el bulto y oydo la uoz, nunca pudo hallar rrastro de quien fuese ni que de la boz pudiese colegir que hera de honbre; y puesto en grande admiracion el Comendador desto que auia oydo, lo trato y comunico con algunos amigos suyos y del Gouernador, entre los quales se coligio que por respeto destar en aquella sazon malo el Gouernador, podria ser aquella enfermedad fin de sus dias, y porque dello no rreciuiese alguna particular pesadunbre el Gouernador, de que se le agrauasse mas la enfermedad, nunca osaron dezirselo; de lo qual y de lo arriua dicho, se a querido colegir por algunos, como es dicho, que por muchas maneras pudo tener noticia el Gouernador o auisso para mirar por si, y sienpre las mas vezes se le oculto e otras no hizo casso dello; y dando conclusion con esto a la jornada y vida del Gouernador Pedro de Orsua, comenzaremos a dezir de las guerras y discordias que entre si tuuieron todos los del motin, y como se mataron vnos a otros, y dentro de un año se consumieron con crueles muertes y otros estragos que hicieron.
CAPITULO VEINTE Y TRES
De lo que los amotinados hizieron despues que amanecio y ouieron muerto a su Gouernador Pedro de Horsua y a su alguacil mayor Don Joan de Bargas.
Pasada la noche en que los amotinadores auian muerto a su Gouernador, la qual gastaron en las cosas ya dichas, y en atraher a si amigos y dar a entender que por la utilidad y prouecho de todos y por rredemir vejaciones lo auian justamente muerto, venida la mañana, que era el segundo dia de Henero, comenzaron a dar horden en como aquellos caualleros del motin que tan señalado servicio auian echo a su Rey, fuesen en algo rremunerados con los honrrosos cargos que para el buen gouierno y conseruacion de aquella armada se auian de nonbrar, y asi confirmaron el nonbramiento que tenian echo de general en Don Hernando de Guzman y de maese de campo, Lope de Aguirre; y pasando adelante con sus tiranicas comisiones, y haziendose hellos mesmos assi propios las mercedes de los cargos, eligieron por capitan de la guardia a Juan Alonso de Lauandera, y por capitanes de infanteria a Lorenco Salduendo y Cristoual Hernandez y a Miguel Sserrano de Cazeres, y por capitan de a cauallo Alonso de Montoya, y Alonso de Uillena por alferez general, y por alguazil mayor del canpo a Pedro de Miranda, mulato, y por pagador mayor a Pedro Fernandez[273], dejando sin cargos a Martin Perez y a Joan de Bargas, prometiendoles y haziendoles grandes ofertas, que serian rremunerados y gratificados muy en breue, y que se ternia muy particular quenta con sus personas, porque no pareciese que entre si solos rrepartian y consumian los oficios; y por gratificar algunos las voluntades que avian tenido, ya que en la hobra no se auian hallado, y para prendar a otros que heran muy enparentados de amigos, procuraron acrecentar otros oficios, como fue capitan de la mar, el qual dieron a un Seuastian Gomez, piloto portugues, y otros dos capitanes de ynfanteria que dieron al comendador Juan Gomez de Quevara y a Pedro Alonso Galeas, y un capitan de municion, el qual hizieron Alonso Enrriquez de Orellana, y almirante de la mar a vn Miguel Bonedo, los quales, viendo que no les aprouechaua nada dezir otra cosa, antes hera poner en gran rriesgo sus uidas, acetaron los cargos, con la uoluntad que Dios saue.
Nombraron tambien por justicia mayor del canpo a un Diego de Balcazar, el qual, con el amor y lealtad que tenia a su Rey, o como honbre de poca espirienza, dijo al tiempo que le entregaron la bara, que la tomaua en nombre del Rrey Don Felipe, nuestro señor, publicamente, que lo oyeron todos, y como entonces no estaban los principales amotinadores conformes en lo que se deuia hazer, porque auia uarias opiniones y pareceres, como adelante se dira, no oso nadie señalarse en rresponder al Diego de Balcazar, y sintiendo en sus corazones algunos lo que Dios saue, desimularon con el por entonzes, aunque despues le dieron por ello la muerte y le quitaron el cargo, como adelante se dira.
En este tiempo, Sancho Pizarro, a quien el gouernador Pedro de Horsua auia ynuiado a descubrir, no auia benido, ni sauia lo que en el canpo pasaua, y temendose los amotinadores que no tuuiese auisso Sancho Pizarro de lo sucedido y quisiese mostrarse contra hellos con la jente que tenia y auia lleuado, pusieron luego yncontinente espias en el camino por donde auia de uenir, para que ninguno pudiese yr a dar auisso y asi uino dende a dos dias de como mataron a Pedro de Horsua, el qual nunca supo lo sucedido asta que entro en el canpo, y los mesmos amotinadores le dieron rrelacion de lo que auian hecho y de lo mucho que auia ynportado a todos, y quan en conformidad de todo el campo, el qual como honbre sagaz, finxio auer sido muy azertado y auerse holgado dello, lo cual uisto por los amotinadores, finxiendo auer tenido muy particular quenta con su persona, le dieron cargo de sarjento mayor del canpo, y el lo hazepto y rrindio las gracias por ello.
Lo queste caudillo descubrio en los dias que andubo fuera del canpo, fueron dos poblecuelos sin jente, en unas montañas faltas de comida y llenas de soledad.
CAPITULO VEINTE Y QUATRO
Que trata de la junta que hicieron los amotinadores para determinar lo que auian de hazer, y lo que sobre hello passo.
Hechos y nonbrados los ofiziales dichos, para que en lo que se auia de hazer azerca de descubrir la tierra del Dorado vuiese rresulucion y determinacion entre todos, mandaron los amotinadores y los demas sus ofiziales, que se juntasen todos los capitanes y soldados que en el canpo auia, para que tratandose y comunicandose en el negocio por consulta general, diose[274] cada vno su pareszer y lo firmase de su nonbre, y lo que mas conuiniente fuesen a todos se hiziese assi[275].
Y tomando la mano en dar su parezer Don Hernando de Guzman, general del motin, dixo que su parezer hera que se deuia buscar la tierra y noticia que Pedro de Horsua yba a buscar, y hallandola y descubriendola y siendo tal como se dezia, su Magestad se lo ternia a todos por muy gran seruicio y les perdonaria la muerte del dicho Gouernador, y que para su descargo y que a su Magestad costase de la mucha rrazon y justas causas que auian tenido para matar a Pedro de Horsua, harian vna ynformacion con todo el canpo o con los mas principales del, como Pedro de Horsua yba remiso y descuidado en buscar la tierra, ni para hello hazia las diligencias que hera obligado, y que ya que la hallase no la pretendia poblar, y que hera yncufrible[276] e yntolerable a los soldados, y que asi, para que los soldados se conseruasen en seruicio del Rrey, como para que la tierra se descubriese, fue necesario y conuiniente su muerte, porque si mas tiempo biniera, los soldados se amotinaran y le tomaran los uergantines y con ellos se fueran a tierra de españoles cristianos y lo dejaran en el rrio, sin que la tierra se descubriera, y otras cosas que desta manera que conponia y arguia.
Este parezer de Don Hernando tuuieron por bueno Alonsso de Montoya y Joan Alonso de Lauandera, y asi vnos declararon hen ello aprouandolo y diziendo que aquello se deuia hazer y que asi conuenia a todos, guardando las ynformaciones y autos y parezeres que sobre esto se diesen y hiciesen para su descargo.
El traydor de Lope de Aguirre, como la yntencion y boluntad que desde la primera ora tubo, fue, en matando a Pedro de Horsua, dar la buelta a Piru y procuro[277] alzarse con el, con meter en desasosiego y en alboroto aquel Rreyno, no le parecio vien el pareszer que Don Hernando avia dado; mas conformandose con el algunos amigos suyos, que tenian la propia yntencion y boluntad, callaron por entonzes y no quysieron rresponder cosa alguna al parescer que Don Hernando auia dado, mostrando pesalles dello, y entendiendo todos los mas que Lope de Aguirre auia dado muestra de no tener en boluntad lo que Don Hernando auia dicho, no curaron de pasar adelante con los parezeres; mas el Don Hernando de Guzman, vsando de su jurisdicion, hallando para hello aparejo en algunos amigos suyos, hizo la ynformacion de lo que auia dicho en su parecer contra Pedro de Horsua; y hecha y pintada de la forma y manera que mas conbenia para su descargo y de los demas amotinadores, dixo que para que la ynformacion fuese mas autorizada y pareciese que todos confirmauan lo que hen ella estaua escrito y lo que se auia echo, convenia que fuese firmado de todos los que en el canpo auia: para el qual efeto todos fueron juntados y llamados, y enpezando el Don Hernando, como capitan general, fueron luego a Lope de Aguirre, que hera maese de campo, segunda persona, porque cada uno auia de firmar por antiguedad, conforme a como tenia el oficio, y para que mas claramente entendiesen todos su desinio y boluntad, tomo el papel y la pluma y poniendo hen el su firma y nonbre se firmo «Lope de Aguirre, traydor», y publicando el que andaua a tomar las plumas lo que Lope de Aguirre auia firmado, comencaron a mormurar vnos con otros, y los que no tenian los animos muy dañados, a dezir que no hera bien echo que Lope de Aguirre firmase de aquella suerte, ni a su onor ni al cargo que tenia lestaua bien, el qual quyriendo satisfazer a todos y dalles a entender clara y aduiertamente su yntencion, boluntad y pensamiento por palabra equiuocas[278], tomo la mano en hablar y rresponder, diciendo: