Historia de Venezuela, Tomo I

Part 25

Chapter 254,172 wordsPublic domain

Paso Lope de Aguirre con sus secaçes de la ysla Margarita, a donde aporto luego que salio del Marañon a Tierra Firme, al puerto y pueblo de la Burburata, por el mes de Agosto del año de mil y quinientos y sesenta y vno; y como en el puerto ni en el pueblo no hallase quien le rresistiese, apoderose en todo y estuvo çiertos dias domando yeguas y potros para pasar adelante, y haziendo todos los daños que podia con sus marañones en los ganados y otras haziendas que los vezinos por alli tenian, donde estuvo algunos dias, al cabo de los quales determino entrar la tierra adentro para colar de largo por la Governaçion y pasar al Nuebo Rreyno de Granada, donde deseaba mucho verse con sus ministros; y llevando la derrota o bia de la Nueba Balençia, llego a ella algo mal dispuesto y enfermo, donde no hallando tanpoco, como en la Burburata, quien le defendiese la entrada ni hiziese rresistençia, se apodero de ella, y sus soldados començaron a buscar que rrobar y echar a perder, y no dexaron de hallar algunas cosas, porque como los vezinos deste pueblo fuesen tarde abisados y entendiesen quan a la puerta tenian el enemigo, de priesa, con lo que pudieron llevar acuestas, se fueron a guareçer a los montes o arcabucos, donde de todo punto no tuvieron la seguridad que pensaban, porque la gente y soldados de Aguirre, esparziendose con su deshordenada codiçia y costunbre, por muchas partes, a buscar que hurtar y rrobar, dieron con algunas mugeres de vezinos prinçipales y las traxeron a poder de su capitan.

A esta sazon ya el governador Pablos Collado, que rresidia en la çiudad del Tocuyo, tenia notiçia de la llegada y entrada de el amotinado Aguirre en su Governaçion, y de la derrota que llevaba, que era hazia donde el estaba. Nonbro luego el Gobernador por[246] su capitan general a Gutierre de la Peña, que abia sido governador antes del, y por maese de canpo a Diego Garçia de Paredes, para que juntasen la gente que pudiesen, y con ella, ya que no fuesen parte para desbaratar a Aguirre, a lo menos hiziesen alguna ostentaçion, de suerte que no pasase tan desvengonçadamente como pensaba; y juntamente con esto enbio a pedir socorro al capitan Pedro Brabo de Molina, que por justiçia mayor asistia en Merida, çivdad circunvezina a su gobernaçion, del distrito del Rreyno; y con esto començo Gutierre de la Peña a hazer y juntar alguna gente de la que en la Governaçion y pueblos al Tocuyo mas allegados abia.

El traydor Aguirre, todo el tiempo que en la Nueba Valençia estubo, siempre fue afligido de vna grabe enfermedad que le tuvo suspenso en vna cama, donde los que despues aca se jatan que eran grandes servidores del Rrey pudieron[247] muy seguramente atajar sus desinios y hazer çesar sus crueldades con dalle vna muerte que ya que no fuera qual sus maldades la mereçian, a lo menos con ella aseguraran sus propias vidas y avn perpetuaran sus nombres con honrrosa loa, y no solo fueran perdonados de sus herrores, pero gratificados muy cumplidamente como el ynclito rrey Don Philipe lo acostunbra hazer. Mas que pedimos a esta obstinada gente[248] en maldades y en seguir el traydor por gozar de sus tiranias e libertad, que[249] enfermo como estaba, lo sacaron sobre sus honbros en vna hamaca, de la propia Valençia, y lo llevaron algunas jornadas[250] la via y camino de Barquiçimeto y el Tocuyo, a donde llevaba la proa puesta para de alli pasar al Rreyno? Despues de dexar destruyda la Nueba Balencia y rrobar quanto en sus comarcas pudieron aber, açercandose Aguirre a la çivdad de Barquiçimeto, que en la manera del caminar que llevaban estaba antepuesta a los del Tocuyo, los vezinos de ella abian sacado sus mugeres y haziendas y puestolas en cobro en lugares apartados, y ellos se avian juntado en conpañia de Gutierre de la Peña, con otros muchos soldados que ya se le abian llegado[251].

Aguirre, con el caminar, mejoro de su enfermedad, y caminando a rratos conçertada y desconçertadamente, llego sin que en el camino rreçibiese ningun alboroto ni desasosiego, a la çivdad de Barquiçimeto, donde entro con su gente puesta en ordenança y rrecatadamente, porque yendo marchando abia visto algunos soldados de los del general Gutierre de la Peña baxar de vn lugar alto que sobrepujaba el pueblo, al propio pueblo, y temiose no obiese alguna çelada en el pueblo. Mas los soldados que del general Peña abian abaxado, como eran pocos y mal armados y avn mal adereçados, viendo la luçida gente que Aguirre traya y la copia de arcabuzes, rretiraronse luego a lo alto, donde su General estaba a la mira con el rresto de la gente. Aguirre, con tan poca rresistençia, metiose en el pueblo, y para estar mas seguro alojose con su gente en vn çercado de dos tapias en alto que a vna parte del pueblo estaba, al qual llamaron el fuerte de Aguirre; y porque las demas casas no le fuesen ocasion de rreçebir algun daño, por poder la gente del Rrey encubiertamente llegarsele por alli a hazelle daño, mandolas quemar todas, y entre ellas la Iglesia. Dende en adelante la gente del Rrey procurava allegarsele a Aguirre a dalle algunas armas y desasosiegos, llevando por cabeças y cavdillos en estos casos a los capitanes Diego Garçia y a Pedro Brabo de Molina.

Y despues de aber estado Aguirre en su fuerte çiertos dias, ofreçiosele ocasion para salir con toda su gente a lo alto de vna çabana o canpiña donde el general Gutierre de la Peña estaba alosado con su gente, a socorrer çiertos soldados suyos que la noche antes avian salido a asaltar el canpo y gente del Rrey si la hallasen; porque como estos soldados fuesen con la luz del dia vistos de vna conpañia de gente de a caballo que con los capitanes Diego Garçia y Brabo los abian salido a buscar, por aber tenido noticia de su salida, fueron constreñidos los del traydor a rretirarse, y por el mesmo caso a ser socorridos de su capitan, y asi mesmo la demas gente que abia quedado en el alojamiento con el general Gutierre de la Peña y con el governador Pablos Collado, saliendo a juntarse con el rresto de la gente que andaban fuera, fueron a vn mesmo tienpo socorridos los vnos y los otros de sus generales.

Aguirre, viendo la bentaja que sus contrarios le tenian en andar todos a caballo, rrecojiose con su gente a vn pantano o çienega que en aquel llano se hazia, para que de alli, con su arcabuzeria, el pudiese dañar a los de a caballo y ellos no a el ni a su gente. Y despues de aber pasado algunos rrepiquetes de poca ynportançia y aversele pasado o huydo a Aguirre vno de los suyos, llamado Diego Tirado, a la gente del Rrey, y aber conoçido en los suyos vna floxedad y tibieza de suerte que no vsaban de la arcabuzeria como podian, porque con tener a los del Rrey a tiro de arcabuz no hirieron a ninguno, se rretiro con su gente hazia su fuerte, y ençerrandose con ella quiso dar la buelta a la mar, asi porque no le pareçia buen camino el que traya para el Rreyno, como porque durante el tienpo que en el fuerte y pueblo de Barquiçimeto estubo, tubo muy gran falta de comidas y mantenimientos, de suerte que fue forçado a matar algunos de los jumentos que traya tan[252] flacos y llenos de mataduras, y perros de todas suertes, para que su gente comiese. Y viendo algunos o los mas de los soldados de Aguirre como su capitan andaba baçilando y variando con su fortuna, la qual se le yva ya ynclinando y bolviendo adversa, determinaron desanparalle y dexalle y pasarse a la parte[253] del general y gente del Rrey; los quales lo hizieron asi; y por el mesmo temor otros muchos y rrespetados y queridos del Aguirre, y luego los muy amigos, de suerte que siguiendo casi vnos tras otros dexaron a su capitan solo con solo vn conpañero llamado Llamoso[254] que era capitan de la muniçion, pareçiendoles que con vsar deste termino a que la pura hanbre les forço, eran dinos no solo del perdon de sus maldades, mas de gratificadoras merçedes que por ello avn el dia de oy algunos esperan rreçebir y avn juran que les son devidas de derecho.

Diego Garçia de Paredes, maese de canpo que a esta sazon abia salido con çierta gente a dar algun alboroto a la gente del Aguirre, como en el camino topase aquella canalla y de fe doblada e ynçierta, y ellos le çertificasen que Aguirre quedaba solo, fuese derecho al alojamiento y fuerte donde el traydor estaba, y hallole que abia acabado de dar de puñaladas a vna hija suya mestiza que consigo traya; porque como este malvado fuese de su natural ynclinaçion tan cruel y derramador de sangre humana, no fue parte el amor paterno para estorvarle e ynpedirle que dexase de hazer con su propia hija la crueldad que con las demas gentes vsaba, tomando por maxima para hazer aquella yniquisima maldad, dezir que mas queria ver muerta su hija con sus manos que no que despues del[255] muerto fuese, por la maldad de su padre, vituperada e ynproperada de hija de vn traydor y por ventura dada a todos en comun vso y desonra.

Diego Garçia de Paredes, no perdiendo la ocasion que presente tenia para acreçentar su fama, dio luego la muerte Aguirre por mano de dos soldados arcabuzeros del propio Aguirre, los quales tirandole, por mandado del maese de canpo Diego Garçia, dos arcabuzazos, le dieron la muerte, y luego le cortaron la cabeça. Y hecho esto llego el governador Pablo Collado y el general Gutierre de la Peña y el capitan Brabo, con toda la demas gente, y alli se apoderaron del despojo de Aguirre y de las muniçiones y artilleria que alli abia; y el cuerpo de Aguirre, despues de aber estado hollado vno o dos dias, fue hecho quartos y puesto por los caminos en palos, y la cabeça llevada, por mandado del governador Pablos Collado, al Tocuyo, y alli, en memoria deste hecho, puesta en vna javla en la plaça.

De la gente de Aguirre, avnque abia muchos dinos de muy gran castigo, no fue castigado ninguno por el Governador, por pareçelle que abian de gozar de vn perdon general que el les abia dado a todos los que antes de muerto el traydor se le pasasen. Solo an abido por castigo general y particular toda esta gente de Aguirre, vna çedula que Su Magestad, vsando de su natural clemençia, enbio el año de sesenta y dos, fecha en Madrid, para que los enbiasen a España; pero ninguno va ni yra perpetuamente, ni su maldad abra ningun castigo, y asi no es de maravillar sino[256] como cada dia no ay motines en las Indias, pues este[257] fue y paso sin ningun castigo, con aber sido el mas cruel de los que en las Indias se an hecho, como se podra ver, segun e dicho, largamente escrito en la parte alegada al prinçipio deste capitulo.

Y fue muerto y desbaratado este traydor en la çivdad de Barquiçimeto, por el Governador y Capitanes dichos, a veynte y siete de Otubre de mil y quinientos y sesenta y vn años, vispera de los bienaventurados San Simon y Judas.

En este mismo tienpo fue muerto en esta Governaçion Juan Rrodriguez Xuarez, natural de Merida en España, que fue el primer fundador de Merida del Nuebo Reyno. Este Juan Rodriguez era vn honbre a quien los yndios temian mucho por ser ynhumano con ellos: mataronle yndios caracas saliendo de aquella provinçia a servir al Rrey contra el traydor Aguirre. Dizese que fueron autores de la muerte los Faxardos, mestizos que fueron primero pobladores de aquellas provinçias y pueblos que en ellos se poblaron de españoles, a quien los yndios respetaban mucho por contenplaçion de su señora, yndia prinçipal y madre de los Faxardos, como en otra parte queda tocado; y estos, por envidia y avn temor que a Juan Rodriguez tubieron, hizieron a los yndios que se congregasen y saliesen al camino y lo matasen, como lo hizieron a el y a otros quatro españoles que con el yvan, lo qual tambien tengo tocado algo mas largo en la poblazon y suçesos de la çivdad de Merida, que este capitan poblo.

CAPITULO VEYNTE Y VNO

En el qual se escriven las muertes de los capitanes Luys de Narvaez y Garçia de Paredes, y la dispusiçion de Caracas.

Aunque atras queda apuntado en suma como por el Avdiençia de Santo Domingo fue proveydo el liçençiado Bernardez para que tomase rresidencia al liçençiado Pablo Collado, no a llegado su tanda hasta agora, por aber en los capitulos pasados tratado particularmente de Pablo Collado, y lo que alli toque de Bernardez fue para que el suçeso de las cosas de la çivdad de Truxillo no fuese rrepartido en muchas partes, y por eso va alli rreferido los nonbres de otros governadores.

Viniendo, pues, al proposito de nuestra Historia, despues de la muerte y desbarate del traydor Aguirre, llego el liçençiado Bernardez a la governaçion de Venençuela con sus provisiones de juez de rresidençia, para que si hallase culpado en algo al governador Pablo Collado se quedase el en el govierno de la tierra, y lo enbiase con su rresidençia a España; y como todas las comisiones se den desta suerte, yo soy çierto que al que da la rresidençia no le falten culpas, ni al que se la toma diligençia para buscarselas y aponerselas[258].

Tomada la rresidencia a Pablo Collado fue enbiado a España, y el liçençiado Bernardez se quedo por governador, el qual como en su tienpo fuesen los pueblos que de españoles abia poblados en Caracas, puestos en grande afliçion y trabaxo por los naturales de aquella provincia, fue neçesitado a socorrellos, porque no se despoblasen; y avnque su deseo fue bueno, la obra que hizo no solo fue de ningun efeçto, pero perjudiçial, porque como para faboreçer aquellos trabaxados pueblos nonbrase por capitan a vn Luys de Narvaez, natural de Antequera, este hizo y junto çierta gente, que serian hasta sesenta honbres, para yr a socorrer y rreformar los pueblos dichos; y como sin ningun horden ni conçierto entrasen por las tierras de guerra donde los yndios eran belicosos y briosos, caminando sin llevar a punto de pelear sus soldados y las armas puestas a pique[259], porque los arcabuzes y otras muniçiones que abian de yr en las manos y honbros de la gente que las abia de mandar las llevaban liadas y atadas sobre las bestias de carga, fue asaltada y acometida por los yndios su gente por diversas partes, que yva muy esparzida, y como para rresistir a tan arrepentino acometimiento no tuviesen ni les fuese dado lugar a desliar las cargas para sacar las armas, y los mas de los soldados fuesen bisoños, que comunmente llaman chapetones, y estos perdiesen el animo de solo ver el alboroto y alarido de los yndios, antes que les hiziesen notable daño, se dieron a huyr vergonçosamente, sin bastarlos a detener las persuasiones y bozes de su capitan, que ençima de vn caballo andaba haziendo la rresistencia que podia en los yndios, al qual hirieron de diversos flechazos, de que murio alli propio; y como los yndios viesen la pusilanimidad de los soldados, y quan çiega y temerariamente huyan divididos, cada vno por su parte, seguianlos con animo y coraje, y como los yvan alcançando, los yvan matando, que de todos no escaparon sino dos o tres, que por ser buenas lenguas y buenos peones, y saber bien la tierra, con gran trabaxo fueron a salir a vno de los pueblos que en la propia provinçia estaba poblado, y otro portuges, que por su buena fe[260] y brio salio a las partes de Barquicimeto, el qual, como viese que los yndios que le yvan ya alcançando y que no podia escapar de sus manos, se bolvio a ellos diziendoles en su propia lengua portugesa, como si los yndios la entendieran y fueran espertos en ella, que no le matasen, trayendoles a la memoria la muerte y llagas de nuestro rredentor Jesucristo (termino de que vsan mucho en sus afliçiones), y quel no habia venido a hazelles ningun daño, sino a ser su conpañero y hermano, y otras rrazones para ynçitar los yndios a misericordia, virtud entre ellos nunca vsada ni hallada. Y como aquellos barbaros no curasen de lo quel portuges les decia, antes se allegasen a el con sus macanas para herille y matarle, e[261] ya le obiesen alcançado vn golpe con ellas, fue yndinado nuestro portuges contra los yndios, y echando mano a vna espada que traya, començo a defenderse y avn herir en ellos, de suerte que matando a tres o quatro de los que mas le perseguian, fueron los demas forçados e ynduzidos a temor de la furia de aquel honbre que con tanto valor y vigor de animo peleaba con ellos, el qual, escapando de sus manos salio, como he dicho, a tierra de paz.

De toda la demas gente española e yndios e yndias, que era gran cantidad la que llevaban para su serviçio, no escapo ninguno, mas[262] todos fueron alli miserablemente muertos, y todo su bagaje y carruaje tomado de[263] los yndios.

Los moradores de los pueblos de Caracas, sabida la vitoria que los yndios abian abido, temieron grandemente su perdiçion, porque con la victoria abida los yndios se empeçaban a juntar para yr a dar sobre ellos, lo qual, como fue entendido y sabido por los españoles, rretiraronse del pueblo de San Françisco, donde estaban, que asi se dezia el que estaba poblado la tierra adentro, y rrecogieronse al pueblo que en la costa de la mar de aquella provinçia abia poblado, en donde asi mesmo temieron la fuga y junta de los yndios, y enbarcandose por la mar se salieron de la tierra y se fueron a la Burburata y a la Margarita[264].

Dende a poco tienpo aporto a este puerto y pueblo de Caracas el capitan Diego Garçia de Paredes, que despues de aber muerto al traydor Aguirre se fue a España, donde Su Magestad le hizo merçed de dalle la governaçion de Popayan en gratificaçion de sus serviçios, para que fuese governador de ella. Y como en aquella costa obiese algunos yndios muy ladinos en la lengua española que conocian al Diego Garcia, el qual creyo que la tierra estaba poblada de españoles y que en ella estaba el capitan Luys de Narvaez, que era amigo suyo, de cuya muerte el no avia sabido mas de como abia salido del Tocuyo para aquellas provinçias, fue façilmente engañado por los yndios, los quales le dixeron que bien podia saltar en tierra a descansar, en el ynter que ellos embiaban la tierra adentro a hazer saber a Narvaez como el estaba alli. Y como el Diego Garcia llanamente creyese lo que los yndios le dezian, salto en tierra con algunos caballeros amigos suyos, para el efecto dicho. Los yndios, para poder mejor efetuar su maldad, apartaronlos de la mar a dalles de almorzar en vnos buhios do ellos abitaban, algo apartados del agua, y como ya estuviese entre ellos tratada la horden del acometer y dar la muerte a Diego Garçia y a los que con el estavan, y todos ocultamente estuviesen con las armas en las manos, al tienpo que Diego Garçia y sus conpañeros se pusieron a comer fueron de rrepente çercados de un grande escuadron de yndios y enpeçados a flechar y a ser heridos, los quales aprovechandose de las armas que consigo tenian començaron a yrse rretirando hazia la mar y hiriendo en los yndios, los quales, como eran muchos, sobrepujaban en fuerças a los briosos animos que estos caballeros tenian, y asi los mataron a todos, que no escapo sino solo vn marinero que con otros dos que con el batel avian quedado a la lengua del agua, se fue huyendo del navio, con tales heridas que luego dellas murio.

Deste Diego Garçia se dize que pudiera muy bien guareçer su persona y escapar con la vida, pero porque no dixesen que huyendo vergonçosamente abia dexado y puesto a sus compañeros en las manos de sus enemigos, murio peleando como vn valiente capitan, donde antes que los yndios acabasen de dar fin a sus dias, abia muerto y herido muchos de ellos, con que antes que muriese tenia ya hecho a su anima el vengatibo sacrifiçio que a manera de los gentiles acostumbran algunos florentinos hazer a las animas de sus devdos muertos con las vidas de los que fueron en matallos, procurandolos aber por qualquier preçio de dineros(A).

NOTAS AL CAPÍTULO XXI

(A) La misma versión que el Padre Aguado da Oviedo y Baños acerca de la muerte de García de Paredes; pero Castellanos atribuye la desgracia al deseo que tenía el citado capitán de ver á una Catalina de Miranda.

Sea como fuere, su muerte constituyó una verdadera desgracia, porque Diego García de Paredes era uno de los capitanes más arrojados y más entendidos que había en Indias. De él dice con razón Oviedo y Baños que sus hazañas en las Indias siempre lo acreditaron por grande, pues se preció en todas ocasiones de tan hijo en el valor como en la sangre de aquel célebre español de su propio nombre cuyos arrestos fueron asombro de Italia.

CAPITULO VEYNTE Y DOS

En el qual se escrive el segundo govierno que en esta governaçion tuvo el liçençiado Bernardez, y como en su lugar suçedio Don Pedro Ponçe de Leon, en cuyo tiempo fueron rrehedificados y poblados los pueblos de Caracas.

Llegado al Rreal Consejo de Indias[266] el liçençiado Pablo Collado, los señores de aquel Consejo proveyeron por governador de Benençuela a vn caballero llamado Mançanedo, honbre ya mayor y que mas estaba para descansar que para trabajar. Este bino a Venençuela, y tomando rresidençia al liçençiado Bernardez lo enbio a Santo Domingo, y el se quedo en su governaçion, donde por aber governado poco tienpo ay poco que contar del, porque dende[267] a pocos dias le dio vna enfermedad de que murio, aconpañando a esto la vejez, que fue mas çierta cavsa de su muerte(A).

Governose la provinçia por ynterregnun a cada pueblo administrandola sus alcaldes o consules, hasta que el Avdiencia de Santo Domingo tubo nueba desta vacaçion y torno a proveer por governador al mismo liçençiado Bernardez, que antes lo abia sido, el qual, despues de aber buelto a su governaçion de Venençuela, quiso poblar y paçificar las provinçias de Caracas por su persona y rreedificar aquellos pueblos que de antes, en su tienpo, se abian despoblado, y poblar otros de nuebo, para el qual efecto junto mas de cien honbres, avnque no todos para gerra, e por no ser esperto ni esperimentado en las cosas de gerra, nonbro por su general a Gutierre de la Peña, a quien Su Magestad, en gratificaçion de lo que le sirvio contra el traydor de Lope de Aguirre, abia dada ya titulo de mariscal con otras no se que preheminençias. Y partiendose para las provinçias de Caracas, como los yndios andaban vitoriosos, luego que sintieron que españoles entraban por su tierra, tomaron las armas y muy atrevida y desvergonçadamente salieron al camino a rresistilles; y como el General quisiese vsar con aquellos barbaros del rrigor neçesario para ahuyentallos y hazelles cobrar miedo, erale ynpedido y estorvado por el Gobernador, el qual no queria sino que primero se les hiziesen algunos rrequerimientos y otros preanbulos de poco momento para con aquellos barbaros, que en ninguna cosa se goviernan por rrazon ni justiçia, ni entiendo que aya otra justificaçion mas de la que con el rrigor de las armas se puede aber, y ponerse a hazerles rrequerimientos, que esto que ellos[268] jamas lo entienden, es, como suelen deçir, gastar palabras al ayre, y lo mas açertado es, quando de hecho vn juez o capitan quiere entremeterse en lo que no puede, tocante a hazer castigo en los yndios, es encargalles la moderaçion en los eçesos, porque avnque diga que se hagan rrequerimientos y que fueron rrebeldes los yndios y no quisieron obedeçer ni entender lo que de parte de Su Magestad les dezian y notificaban para justificaçion de los que los hazen, mal se les puede atribuyr a los yndios aber yncurrido en estos crimenes, pues ni ellos, como he dicho, entienden lo que son rrequerimientos ni para que efeto se les hazen; solamente entienden el daño que ven presente, y ese procuran rresistir con las armas. Y desgustado desto el general o mariscal Gutierre de la Peña, acordo de dexar al Governador con su gente y bolverse al Tocuyo.