Historia de Venezuela, Tomo I

Part 18

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Diose Carabajal toda la prisa que pudo en hazer y juntar gente para hazer su jornada; y como algunos por no seguir aquel Governador, que les pareçia que tiranicamente governaba, se avsentasen a los montes, eran por el traydos y despojados de lo que poseyan, caballos y otras cosas, y como desterrados por grabes delitos, eran echados de la tierra; y con estas violençias y amenazas junto Carabajal vna buena conpañia de duçientos hombres rrazonablemente adereçados. I porque quando el liçençiado Frias biniese a Coro, no hallase armas ni gente con que seguille, procuro que quedase aquel pueblo tan desproveydo de todo, que saliendose del con su gente para su jornada lo dexo casi como si de enemigos obiera sido saqueado y arruynado. Metiendose la tierra adentro con su gente, fue a parar a las provinçias del Tocuyo, donde hizo su alojamiento con proposito de paçificar aquella tierra y poblar en ella los pueblos que le pareçiese.

NOTAS AL CAPITULO III

(A) Nombrado obispo de San Juan de Puerto Rico, Don Rodrigo de Bastidas salio de Coro y se dirigió á Santo Domingo, á cuya ciudad llegó el sábado 28 de Enero de 1542.

Por cierto que el Padre Aguado no se muestra muy benévolo con el obispo Bastidas; pero Fernandez de Oviedo le juzga en estos términos:

«Hizo la reformaçión de la provinçia, y proveyó en ella lo que al servicio de Dios y de Sus Magestades, y á la conservación de los indios y su buen tractamiento, y al remedio de los conquistadores españoles convino. Porque assi como fue llegado a la cibdad de Coro, sin descansar dia ni hora, con mucha prudençia é prontitud, proveyó todo aquello quel tiempo é oportunidad de las cosas dieron lugar é se pudo haçer, assi en la reformaçión é visitaçion de las ánimas de los chripstianos é de su Iglesia, como en el buen tractamiento é quietud de los indios que estaban de paçes, y en el ornamento y nesçesidades de aquella república.»

Este juicio de Fernández de Oviedo parece ajustarse al que generalmente merecía entonces el obispo Bastidas, pues hay que tener en cuenta que el nombramiento de éste para Puerto Rico, se hizo á instancias del Cabildo de San Juan.

El chantre Juan de Cea, el arcediano Domingo García y el canónigo Juan de Segura escribieron al Emperador en 15 de Enero de 1540 diciéndole: «Ya otra vez suplicamos se nos enviase Obispo. Suplicamos sea Bastidas el de Venezuela, utilísimo aquí por su persona y los bienes de su patrimonio.» (_Colección Muñoz_, tomo LXXXII.)

Diego de Buiza ó Boica, á quien dejó encargada la gobernación el obispo Bastidas, era castellano, aunque hijo de portugueses. Pérez de Tolosa dice que era pariente del licenciado Guevara, oidor de la Audiencia de la Española, y Oviedo y Baños le califica de «caballero de grandes prendas y singular expediente para cualquier negocio».

(B) Aguado, y siguiendo á este, el P. Simón, le llaman Francisco Carvajal; pero según Castellanos y Pérez de Tolosa, se llamaba Juan.

Era natural de Ponferrada y escribano de oficio.

CAPITULO QUATRO

Como dexando Felipe Dutre los enfermos en el pueblo de Nuestra Señora, se partio con quarenta soldados en demanda del Dorado. Quentase lo que en el canpo le subçedio hasta llegar a çierta poblazon que estaba cerca de la tierra de los Omeguas.

Despues de aberse holgado y descansado algunos dias Felipe Dutre en el pueblo de Nuestra Señora, y aberse bien ynformado de algunos yndios que por alli se tomaron, si era çierta la notiçia del pueblo que en el Papamene le abian dado a la[153] qual llamavan los naturales de aquel pueblo Guagua, y los del Papamene, Omeguas, que casi corresponde con la que Orsua tubo en el Marañon, llamada Omegua, hallando ser çierta y que todabia le afirmavan y confirmaban la prosperidad de aquella tierra, dio la buelta sobre la punta de los Pardos[154], de donde se abia rretirado a dexar en buena parte sus enfermos y rreformar sus jumentos; y llevando consigo quarenta hombres, y con ellos a Pedro de Linpias, que demas de ser honbre venturoso y mañoso y de buen conoçimiento en cosas de yndios, abiase dado a deprender las diferentes lenguas de aquellos barbaros, las quales entendia medianamente, comenzo a seguir por la derrota que los yndios le abian dicho, y avnque pasando por rraras poblazones, sienpre de los yndios que podia aber se procuraba ynformar donde estaba el pueblo llamado Macatoa, y si para yr a el llevaba buena derrota por do yba. Los yndios, no apartandole ni estorvandole punto de su camino, por pareçelles que yba a tierra donde mas no bolveria, y que con miserables muertes que los omeguas les darian, se vengarian de los daños que sus comarcanos y vezinos abian de españoles rreçebido, siempre les encaminaban la bia derecha al rrio Guavyare, en cuyas rriberas estaba poblado Macatoa, por quien yva preguntando. Caminando siempre por camino llano, alto y enxuto que por pocas partes de aquellos llanos se suele hallar ni se a hallado, sin suçedelles ningun contraste ni ynfortunio, dieron dende algunos dias que abian caminado, en el rrio llamado Guavyare, el qual es rrio cavdaloso y muy hondable y algo furioso y que si no es en canoas o nadando no se puede pasar, lo qual tenian Felipe Dutre y sus soldados neçesidad de hazer, porque de la otra vanda estaba el pueblo en cuya demanda yva.

Andubieron algun rrato por las rriberas de Guavyare, buscando si hallarian vado por do pasallo o yndios que los pasasen, y lo uno ni lo otro pudieron topar, mas de solamente vn yndio que acaso andaba pescando o mariscando por aquella rribera, al qual, despues de abelle preso, con halagos que le hizieron y buenas palabras que le dixeron, le aplacaron de la yra y coraje que en berse en poder de gentes para el tan espantables, abia cobrado; y dandole a entender el poco daño que le abian de hazer, le preguntaron a que parte estaba el pueblo llamado Macatoa. El yndio, como era natural de por alli y sabia y conoçia bien aquella tierra, luego les declaro muy por estenso lo que le preguntaban, señalando la parte y lugar donde aquel pueblo caya y la poca distançia que de alli estaba agua arriba, eçeto que se abia de pasar el rrio. Felipe Dutre, confiandose en lo que la fortuna quisiese hazer, dio algunos rregalos o rrescates a aquel yndio y persuadiole y rrogole que fuese al pueblo Macatoa y que de su parte saludase al señor del y le dixese que el, con aquellos soldados que alli tenia, yvan en demanda de çiertas provinçias de mucha gente que le abian dicho que el sabia, para yrse a ber con ellos; que tubiese por bien de rreçebir su amistad, que el le seria perpetuo amigo y no consentiria que en sus tierras ni basallos se hiziesen ningunos daños ni rrobos, y que no reynase en el ni en sus yndios ningun temor de que por los suyos se les harian ningunos malos tratamientos, ni se avsentasen de sus casas, y otras cosas para atraer los animos de aquel yndio y señor de aquel pueblo y de sus sujetos a su amistad y comunicaçion; porque como las crueldades de que los españoles les solian hazer en aquellos tiempos bolavan y penetraban a partes muy rremotas y apartadas, no dexaban los moradores deste rrio de tener ya notiçia de la furia e ympetu en animos de los nuestros, y de como sujetaban y arruynaban las tierras por do pasaban, y por esto le convino a Felipe Dutre enbiar aquel mensajero con todos estos halagos y muchos mas.

El yndio se fue con su enbaxada la buelta de Macatoa, y llegado alla la debio de dar muy cumplida, segun pareçio, porque otro dia siguiente vinieron a donde Felipe Dutre estaba noventa yndios en canoas aconpañando a vn hijo del señor o principal de Macatoa, al qual su padre enbiaba con la rrespuesta de la enbaxada que el dia antes abia llevado el yndio. Los españoles, temiendo no fuese aquella gente de guerra que benia a pelear con ellos, pusieronse a punto de guerra. Llegaron las canoas a la parte de la rribera donde estavan alojados los españoles, y saltando en tierra aquel barbaro que su padre enbiava por enbaxador aconpañado de otros algunos yndios, pregunto en su lengua desde lexos por el prinçipal o cabeça de los cristianos, y como fuese entendido lo que deçia, salio a el Felipe Dutre aconpañado del capitan Linpias, que entendia aquella lengua, y de otros algunos soldados; y como por lo que se le dixo y enseño, el yndio conociese que Felipe Dutre era el capitan de aquella gente, le hablo en su lengua desta manera: Ayer embiastes con vno de los moradores destas rriberas que por aqui hallas a saludar a mi padre, haziendole saber vuestra venida, conbidandole con vuestra amistad, prefiriendoos a no danificar a el ni a sus sujetos, dandole a entender que no es vuestro yntento mas de ynformaros y saber del que gentes son las que abitan en las tierras comarcanas a çiertas sierras que apartadas de aqui estan este rrio abaxo, en cuya demanda vays, y que porque os encaminase a ellas le seriades muy gratos y le hariades todo el benefiçio que pudiesedes, por todo lo qual se halla mi padre tan devdor vuestro quanto yo no se dezir ni significaros, porque halla en vosotros muy diferentes obras y palabras de las que algunas gentes le abian dicho, significandole que herades vnos hombres terribles, feroçes, crueles, enemigos de toda paz, amistad ni concordia, senbradores de gerras, derramadores de sangre humana, y finalmente que toda vuestra feliçidad era desasosegar con mil generos de crueldades a las miserables gentes por do pasabades: enbiame a vosotros para que de su parte os de la norabuena de vuestra venida y llegada, y que es muy contento de açetar vuestra amistad, y no solo advertiros de lo que pretenderedes saber del, mas tambien serviros con todo lo que fuere neçesario para vuestro viaje, y daros guias que os guien y lleven por buen camino y en breve tiempo: rruegoos que os paseys a aposentar a su casa y pueblo, donde mejor os pueda servir y ver, y para este efecto vienen aqui estas canoas que os pasaran de la otra parte deste rrio.

El general Felipe Dutre le rreplico con el ynterprete que le agradeçia su enbaxada, y que en todo se rremitia a las obras que veria. Apartose algo el General a tratar con los suyos lo quel yndio abia tratado y dicho; y como los españoles sea gente tan rrecatada, no les pareçio que aquella enbaxada traya la sinçeridad y llaneza que devia traer, sino que debaxo della abia alguna çelada, y pareçioles que aquel dia no se pasase el rrio Guavyare, porque era ya tarde y las canoas que trayan no eran tantas que de vna vez pudiesen pasar todos, porque si divididos pasaban era dalles materia y ocasion a los yndios para que si tenian pensada v hordenada alguna traycion, la efetuasen, y yendo o pasando todos juntos ya que algo obiese podrianse defender mejor. Felipe Dutre le dio por rrespuesta aquel prinçipal que el ser ya tarde y aber pocas canoas para el pasaje del rrio les era ynpedimento para que luego no se efetuase lo que deçia açerca de que luego pasasen a la otra vanda; que se bolviese en orabuena a donde su padre estaba, y que otro dia pasarian. El yndio entendido lo que se abia dicho, dixo que por falta de pasaje no lo dexasen, que el haria alli venir mas canoas, y ansi enbio luego vn yndio que hizo venir alli otras tantas y mas que las que antes el abia traydo; y visto los españoles la liberalidad del yndio, porque no pensasen que de temor lo dexaban de hacer, se enbarcaron, y llevando los caballos a nado pasaron todos juntos aquella tarde el rrio, y alli luego se alojaron por pareçelles que no era ya ora de caminar ni llegar al pueblo de Macatoa.

Al enbaxador o hijo del cacique le peso de que los españoles no quisiesen pasar de alli, mas abisandoles que no fuesen el rrio abaxo, donde podrian ser danificados de çiertas gentes que por alli habitaban, se fueron a su pueblo a dar cuenta de lo subçedido a su cacique o prinçipal.

Otro dia de mañana embio el señor de Macatoa çinquenta yndios cargados de mayz y pescado y carnes de venado y caçabe a los españoles y a su general, y les enbio a rrogar que se fuesen a descansar a su pueblo, que se holgaria mucho de bellos alla; y como el General y los demas tubiesen deseo de ver aquel prinçipal, luego se partieron todos juntos para el pueblo de Macatoa, el qual hallaron desocupado de sus moradores porque en el se alojasen los españoles, y toda la gente del pueblo, que serian quatroçientos vezinos, se abian alojado vn tiro de arcabuz de allí, rribera del rrio Guavyare, y admirados desta hazaña y liberalidad le preguntaron al caçique o señor que como o porque abia desenbaraçado su pueblo e ydose de sus casas a alojarse junto al rrio, el qual rrespondio que conoçiendo la gran ventaja que los españoles les tenian en personas y en balentias y en su manera de bivir y tratar y en todo lo demas que hazian, hallavan no solo merecer y ser dignos de que ellos los diesen sus propias casas en que se aposentasen, sino de que perpetuamente les sirviesen.

Era este prinçipal vn yndio bien apersonado, de mediano cuerpo, y alegre y liso de rrostro, de muy amigable y noble aspecto, no viejo, sino que al pareçer tendria de treynta y seys o quarenta años. Sus yndios era gente creçida y luçida, avnque desnuda, de naçion guaypes, que por otro nonbre son dichos guayupes. Tenian estos yndios el pueblo linpio y bien adereçado y muy proveydo de comidas de todas suertes, de las que ellos vsaban, y muchas hamacas, en que los españoles durmiesen.

Felipe Dutre, con sus ynterpretes, luego tomo la mano en ynformarse deste prinçipal y señor de Macatoa de la tierra del Dorado, en cuya demanda yva, y en quatro dias que alli estuvo descansando, su prinçipal exerçiçio era este, variando en sus preguntas, por ver si el yndio variaba en sus rrespuestas; el qual deçia que junto a çierta cordillera que en dias claros de alli se devisaba, abia grandisimas poblazones de gentes muy rricas y que poseyan ynumerables rriquezas; que le pareçia que no debia yr a ellas con tan poca gente como llevaba, porque por muy balientes que fuesen, la muchedumbre de las gentes donde yvan los consumirian y acabarian muy presto. El General, como yba determinado a no dar la buelta sin ver el prinçipio de la tierra, pidio guias al caçique para proseguir su viaje, el qual se las dio; porque para llegar a otra poblazon de yndios amigos suyos abia çiertas jornadas de despoblado, le dio otros muchos yndios cargados de comida para el camino, con los quales se partieron los españoles, y siendo guiados por vnas çabanas o campiñas rrasas y sin camino, porque de yndustria eran llevados por alli, a fin de apartallos de çiertas poblazones que rribera del rrio Guavyare abia, donde podian rreçebir daño. Y despues de aber caminado nuebe dias de despoblados, llegaron çerca del pueblo amigo del señor de Macatoa, a quien los nuestros yvan rrecomendados para que les hiziesen buen ospedaje y los guiasen adelante. Las guias que los españoles llevaban, ya que estubieron obra de dos tiros de arcabuz del pueblo, de suerte que los moradores del se enpeçaban a alborotar para tomar las armas, dexaron a los nuestros a que se alojasen alli donde estaban, y ellos fueronse al pueblo a dar notiçia de la gente que era y la derrota y demanda que llevaban, y a sosegar los alborotados animos de aquellos barbaros que con la bista de los nuestros estaban ya con las armas en las manos para salles[155] al encuentro.

CAPITULO ÇINCO

En el qual se escrive como siendo guiado Felipe Dutre de çierto prinçipal del pueblo arriba dicho, llego al prinçipio de la tierra del Dorado, donde fue herido el y otro capitan, y de alli dio la buelta al pueblo de Nuestra Señora.

Dende a poco tiempo que las guyas estuvieron en aquel pueblo sosegando la gente y dandoles cuenta del efecto a que los españoles yvan, se bolvieron a donde Felipe Dutre estaba alojado, y le dixeron como dexaban quieta aquella gente y al prinçipal o señor de aquel pueblo en su amistad, y quel les daria guias y todo rrecado para proseguir su viaje desde alli adelante hasta llegar a la tierra; y pues ellos no tenian mas que hazer les dexase bolverse a su pueblo de Macatoa. El General les agradeçio lo que abian hecho, y les dio liçençia que se bolviesen, los quales luego lo hizieron.

Este propio dia le vino a bisitar el señor o cacique de aquel pueblo con çiertos yndios cargados de comida y a saber mas por estenso los desinos de los españoles, los quales les fueron muy particularmente declarados; y entendiendolos el yndio mediante los ynterpretes que Felipe Dutre llevaba, estando admirado y espantado de ver aquella nueba manera de gente vestida y barbada y que caminaban en sus jumentos o caballos, de cuya terrible vista no menos se marabillo, se dize que les cobro tanta afiçion y amistad, que mostro gran pesar de vellos tan ostinados en querer pasar adelante, porque le pareçia que no solo no serian parte para bolver atras si vna bez entraban en aquella tierra en cuya demanda yvan, pero que miserablemente abian de ser muertos y despojados de lo que llevaban, por la belicosa gente de aquella provinçia. Dioles asi mesmo entera rrelacion de la gente de aquella tierra, diziendo ser ynumerable y gente vestida, y que vsaban traer cubiertas sus carnes y que tenian çiertos animales que segun figuraron ser como las obejas que los yndios del Piru tienen y tenian, y otros generos de abes como pavos y gallinas de papadas; y algunos quisieron afirmar que les abian dado por notiçia estos yndios que los otros del Dorado poseyan o tenian çiertos animales creçidos que afirmaban ser camellos, mas esto no tiene ninguna similitud ni aparençia de verdad. Lo que más contento a los nuestros fue la mucha cantidad de oro que les deçian que tenian, y pueblos muy rrecogidos; y visto por este prinçipal que sus persuasiones no eran parte para estorvar a Felipe Dutre que no pasase adelante, dixo que el en persona le llevaria y guiaria hasta el prinçipio de la tierra, porque gustaba mucho este barbaro de ver andar los españoles encima de los caballos y de belles guinetear y hazer mal, y por solo esto se movio a aconpañallos por aquella llana tierra.

Despues de aber descansado Felipe Dutre con sus compañeros tres dias en aquel alojamiento, se movio para pasar adelante, y llevando en su conpañia aquel prinçipal, con obra de çien yndios que llevaban comida y algunas baratijas de los españoles, caminaron çinco dias por muy seguidos y anchos caminos, avnque por alli pareçia la tierra ynabitable, y al vltimo dia, bien tenprano, dieron en vna caseria de hasta çinquenta buhios, en los quales abia gente, y preguntado aquellos naturales que quienes eran aquellos, dixeron que alli se rrecogian los yndios que tenian cargo de guardar las labranças o sementeras de los pueblos de adelante, los quales, en sintiendo los españoles, luego començaron a huyr. Desde este lugar se dize que asi el General como todos los demas que con el yvan, vian bien çerca vn pueblo de disforme grandeza, tanto, que avnque estaban bien çerca no le vian el cabo, todo junto y puesto por su horden, en medio del qual estaba vna casa que en grandeza y altura sobrepujaba mucho a las otras; y preguntando a aquel prinçipal que por guia llevaban, que casa fuese aquella tan señalada y eminente entre las otras, rrespondio ser la casa del prinçipal o señor de aquel pueblo, llamado Qvarica, el qual, avnque tenia çiertos simulacros o ydolos de oro del grandor de muchachos, y vna muger, que era su diosa, toda de oro, y poseya otras rriquezas, el y sus vasallos, que eran muchos, abia mas adelante muy poco trecho otros prinçipales y señores que en numero de basallos y en cantidad de rriquezas y de ganados eçedan[156] a aquel y a su gente; y que avnque de alli para delante no abian menester guyas que los guyasen, porque sienpre, si los dexaban bivos, andarian y caminarian por grandes poblazones, pero que para mejor se ynformar de la rriqueza de aquellos omeguas, que asi dixo llamarse aquella gente, procurasen tomar vn yndio de los que de aquellos buhios abian salido, para que mejor los advirtiese de todo, porque el se queria bolver a su pueblo sin pasar de alli.

A esta sazon se hallaron a caballo el general Felipe Dutre y otros que los tenian, y corriendo tras los yndios ninguno pudieron alcançar, eçeto el General y vn capitan Artiaga, que yvan juntos y por llevar buenos caballos yvan en alcançe de dos yndios que llevaban dos lanças o dardos en las manos, los quales viendo que ya los dos de a caballo les yvan en el alcançe, se bolvieron contra ellos y enpleando muy bien sus lanças hirieron con ellas a los dos Capitanes en vn mesmo lugar, entre las costillas debaxo del braço derecho, y quedando con esto vitoriosos, sin rreçebir daño ninguno, se fueron derechos a su poblazon.

Juntose luego Felipe Dutre y Artiaga con la demas gente, los quales viendo aquel desgraçiado subçeso, casi cortados, estaban perplexos e yndeterminables en lo que harian. Asi mesmo, el caçique que los abia guiado hasta alli, viendo el mal prinçipio que abian tenido, estaba temeroso si acudirian luego las gentes de aquellas provinçias sobre el y los españoles y los matarian a todos, y dezia que dignamente merecian pereçer y ser muertos alli todos, pues menospreçiando su consejo y pareçer se abian querido meter en aquella agonia y trabaxo.

Ya a esta sazon estaba en el pueblo grande que delante tenian la nueba de como abian llegado alli los españoles, donde sonando grandisimos estruendos de atambores y fotutos y alaridos de yndios, pareçia que algun tempestuoso exercito se movia y venia sobre los nuestros. Con esto luego[157] la noche, que fue como muro y defensa puesto para guarda y amparo de los españoles e yndios que con ellos estaban; porque cargando en hamacas los yndios amigos a los dos capitanes heridos, dieron la buelta, caminando toda la noche y el dia siguiente sin parar hasta que llegaron al pueblo de do abian salido, donde luego dieron horden en curar los heridos que hasta entonçes no se abian curado. Hizo alli vn soldado llamado Diego de Montes, natural de Madrid, vna cura çierto buena para no ser hombre cursado en ello, la qual contare solo por la delicada astuçia de que vso.

Como las heridas estaban entre las costillas y el no alcançase, por no tener estudio ni esperiençia si[158], cayan mas altas o mas baxas de las telas que comunmente llaman entrañas, los que no son zuruganos, tomo vn yndio viejo y harto de bivir que alli le dieron en aquel pueblo, que devia ser esclavo, y poniendolo ençima de vn caballo, hizo que otro con una lança de yndios le hiriese con el propio acometimiento que al General le abian hecho quando lo hirieron, vistiendole primero el sayo de armas con que el propio General estaba vestido al tiempo que fue herido, y metiendole la lança por el propio agugero del sayo fue el yndio herido por la parte quel general, y apeandolo del caballo fue por el Diego de Montes abierto y hecho del anotomia; y viendo que la herida caya sobre las telas dichas, tomo sus dos enfermos y rrasgandoles las heridas por lo largo de las costillas, los hizo çierto labatorio con que meçiendolos de vna parte a otra segun suelen hazer a los odres para lavallos, fueron limpios de mucha maleza que dentro tenian, y en breve sanos[159]. Los yndios deste pueblo se admiraron y marabillaron mucho asi de la horden y manera con que fueron curados como del sufrimiento y confiança que tuvieron a sufrir aquella anotomia y cura, y les dixeron que si muchos hombres trayan como aquellos, que bien podian entrar por fuerça de armas en la tierras y poblazones que atras quedaban, los quales, avnque los nuestros se rretiraron, no por eso se abian sosegado[160], mas juntando cantidad de quinze mil yndios, que antes mas que menos les pareçieron a los nuestros, vinieron en su seguimiento y alcançe, de lo qual luego que se açercaron a donde los nuestros estaban, tubo notiçia aquel prinçipal o caçique amigo, por lengua de sus sujetos y labradores que por las campañas andaban y los abian bisto venir, y dello dio abiso al general Felipe Dutre, y el, como estaba malo, rremitio la horden de la guerra al capitan Linpias, honbre bien afortunado en guaçaraba.