Historia de Venezuela, Tomo I

Part 19

Chapter 194,019 wordsPublic domain

Este, como biese que los yndios omeguas que en su alcançe abian salido, se le açercaban, puso los españoles armados en conçierto, y saliendo al encuentro a los omeguas que benian divididos en diversos esquadrones y armados con lanças y rrodelas, les arremetieron con muy buen animo con la gente de a caballo, y avnque al primer ynpetu los yndios rrebatieron a los nuestros, fue Nuestro Señor servido de favorecellos, porque de otra suerte no eran parte para descomponer ni ahuyentar tanta cantidad de gentes y tan bien armadas y belicosas. Torno Linpias, con sus treynta y ocho conpañeros, arremeter contra aquellos barbaros, que por su muchedumbre, les pareçia que tenian ya en las manos la victoria, y rrompiendo por ellos començaron a lançeallos de vna parte y de otra y a derribar y atropellar con los caballos mucha cantidad de ellos, sin que los nuestros reçibiesen ningun daño; lo qual, visto por los omeguas, començaron a perder el animo con que alli abian llegado, y con mas temor de la feroçidad de los caballos que de los guinetes, començaron a rretirarse muy desconçertadamente, y los nuestros a seguir su vitoria y alcance para poner mayor temor en ellos; y asi los hizieron bolver desbaratados a su pueblo, con perdida de mucha gente que asi en la guaçabara como en el alcançe fueron muertos. Algunos dizen que en esta guaçabara fue donde hirieron al capitan Artiaga, y no quando a Felipe Dutre: que sea en la una o en la otra parte, no obo mas heridas en to esto que las de los dos[161] capitanes.

En tanto que los nuestros y los omeguas peleaban, el caçique de aquel pueblo y sus yndios, con las armas en las manos, estaban haziendo guardia a Felipe Dutre, y desque bieron la bictoria que los nuestros abian abido, fueron grandemente espantados de que tan poca gente obiese desbaratado a tanta; y alabando la fortaleza de los nuestros les tornaron a dezir que si se juntaban vn razonable numero de ellos, que bien sujetarian a los omeguas y gozarian de sus rriquezas, que eran muchas.

Pasados pocos dias, Felipe Dutre determino dar la buelta al pueblo de Macatoa, y de alli al de Nuestra Señora; de lo qual peso harto al prinçipal que mostraba desear que se estubiesen alli y comunicar con ellos por deprender algunas cosas puliticas y provechosas para su bivir. Mas desque vio que era asi la boluntad de los españoles, dioles la comida que era menester e yndios para que la llevasen, y encaminolos por do abian venido.

Felipe Dutre camino por los despoblados por do abia ydo, y como caminaba sin camino y los yndios y guias que traya se le huyesen y le dexasen en el camino, fue a salir a las rriberas del rrio Guayare, mas arriba de do estaba el pueblo de Macatoa, y rreconoçiendo la tierra y paraje donde estaba y que aquel pueblo quedaba atras, enbio a el a Pedro de Linpias para que hiziese subir canoas el rrio arriba para que le pasasen de la otra parte. Linpias lo hizo asi, que bolviendo otro dia con abundançia de comida y canoas, paso el rrio Guavyare. Prosiguiendo su camino llego al pueblo de Nuestra Señora, donde abia dexado sus enfermos, despues de aber tres meses que se abia apartado e ydo en demanda del Dorado[162].

NOTAS AL CAPÍTULO V

(A) Muerto, como más adelante se dice, Felipe de Huten, perdiéronse con él las noticias referentes al reino de los Omeguas, que después ha sido buscado inútilmente; pero, según ha recordado el Sr. Fernández Duro, el P. Gumilla refiere--invocando el testimonio del P. José Cabarte, misionero que anduvo treinta años por el alto Orinoco, y el de un indio bautizado por él mismo, el cual declaraba haber estado cautivo quince años entre los Omaguas, Omeguas ó Enaguas--, que es fácil determinar el itinerario que siguió Huten por las riberas del Guaviare, Ariari y Orinoco. El referido indio, sin conocer una palabra de lengua española, nombraba los sitios donde durmieron los expedicionarios los veintitrés días que desde _el Dorado_ emplearon hasta las márgenes del Orinoco, dándoles nombres castellanos que sólo ellos podían imponer, y refería las mismas grandezas de los tesoros y multitud de gente que el cacique de Macatoa contó á Huten.

La obra del P. Gumilla, _Historia Natural, Civil y Geográfica de las Naciones situadas en las riberas del río Orinoco_, se publicó en Barcelona en 1791.

No obstante lo dicho anteriormente, no vaciló Herrera, en sus _Décadas_, en fijar la situación de los Omeguas. «Y á todo esto--dice--desde Maracapana á Barquisimeto, se llama Nueva Andalucia, y en lengua de indios, la Guayana, que contiene desde la Margarita hasta río Marañon..... donde están los indios Omaguas, í Amigas con las Provincias del _Dorado_ y otras.»

CAPITULO SEYS

En el qual se escrive como Felipe Dutre salio del pueblo de Nuestra Señora en seguimiento de Pedro de Linpias, que con çierta cavtela se abia apartado, y se encontro con Françisco de Carabajal en las provinçias del Tocuyo.

Fue tanto el contento y alegria que la gente que Felipe Dutre dexo en el pueblo de Nuestra Señora, rreçibio asi de ver bolver a su General y conpañeros como de la grande y çierta notiçia que les trayan, que ya se juzgaban por poseedores y señores de aquella prospera y rrica tierra, espeçialmente que quando asi vienen algunos soldados de buscar alguna nueba tierra o descubrimiento, sienpre acreçientan doblada fama de lo que vieron, y para encareçer su trabajo arman vnas maquinas de cosas que bieron y oyeron y les suçedieron, con que atraen façilmente a todas gentes a que con muy yntrinsica afiçion deseen ya verse en aquella tierra o el pie en el estribo para yr a ella, y cada qual se juzgaba por bien abenturado en pareçelle que no podia dexar de verse poseerla.

Estos soldados y su capitan fueron burlados de sus propios deseos y cobdiçia, porque no solo no bolvieron a poblar aquella tierra del Dorado, mas entre ellos mesmos naçieron luego discordias por donde se desbarataron y bolvieron sin conçierto, y avn su General fue muerto, por ser despojado del derecho que a esta tierra tenia; porque pasa asi: que como antes de agora e dicho, entre la demas gente llevaba Felipe Dutre a Pedro de Linpias, a quien abia dado cargo de maese de canpo, y a Bartolome Berzar, hijo de Antonio Berzar, a quien abia hecho capitan. Y como estos fuesen cabeças en el canpo, y el vno fuese montañes y el otro aleman, y entrambos pretendiesen mandar y ser rrespestados y supremos, no se conformaban en nada, antes se llevaban mal y andaba entre ellos el anbiçion de mandar el vno mas que el otro tan desulata[163], que casi se hazian obras por do viniesen a rrompimiento; porque como el Bartolome Berzar era de la naçion de Felipe Dutre y hijo o devdo de los governadores de aquella tierra, era por el faboreçido, y ansi con su calor cobraba brio para conpetir con Pedro de Linpias, el qual, como la fortuna le ofreçiese ya ocasion y aparejo para apartarse con buena color de la conpañia de Felipe Dutre y avn tomar vengança de los desabrimientos que entre anbos capitanes se le abian hecho, trato que se le diesen algunos conpañeros con que poder salir a Coro, para juntar alguna buena conpañia de gente y armas y caballos y bolver con ello con toda presteza a socorrelle para que todos juntos bolviesen de nuebo a los omaguas, diziendoles que el bolver todos juntos a Coro era fatigar los enfermos que abia, y que en el ynterin que el yva y bolvia descansarian y se rreformarian asi los enfermos como todos los demas.

Este doble abiso o consejo de Pedro de Linpias les pareçio bien a Felipe Dutre y a Bartolome Berzar y otros muchos, por lo qual le fue luego dada liçençia y veynte conpañeros que con el saliesen a Coro, y el General con la demas gente se quedo en el pueblo de Nuestra Señora descansando, segun lo abian conçertado.

Pedro de Linpias, siguiendo su tornabuelta, se vino por el propio camino por do abia ydo, hasta que llego a las propias provinçias del Tocuyo y Barqueçimeto, donde hallo al nuevo governador, avnque con falso titulo, Françisco de Caravajal, que poco abia que era llegado a aquellas provincias, el qual procuro ante todas cosas ganar la boluntad y conseguir su gracia para despues alcançar del lo que quisiese. Diole cuenta de la nueba y rrica tierra que abian descubierto, y como venia a buscar copia de soldados para bolver a ella, para el qual efecto quedaba esperando Felipe Dutre con la demas gente en la parte dicha, y ençitando al Caravajal que pues tenia abundancia de gente para hazer la jornada, que tomase aquella ynpresa tan prospera y felice con la qual podria ganar gran honrra y fama, demas de las muchas rriquezas que se podian ynteresar; y que a Felipe Dutre, que pretendia el señorio de aquella tierra, con enbialle preso a Coro a el y a sus conpañeros, façilmente lo frustaria de sus desinos, pues para todo esto era poderoso con la gente que tenia. Carabajal era algo anbiçioso y bulliçioso y façilmente fue conduzido a fixar su animo, avnque malvadamente, en efetuar y poner por obra aquellas cosas que Linpias le abia dicho.

Felipe Dutre y Bartolome Berzar, despues de partido y apartado Linpias dellos, presumieron la maldad que traya pensada, por las pasiones pasadas; y pareçiendoles que no podia ser pequeña la guerra que aquel domestico enemigo les haria, ni façiles de rremediar los daños que les cavsaria, con la presteza que el caso rrequeria se pusieron luego en camino, caminando a las mayores jornadas que pudieron, por ver si en alguna manera le podian alcançar; y como Linpias, vsando de la mesma presteza no se abia detenido en el camino cosa alguna, fue de ningun efecto la presteza o diligençia de que vso Felipe Dutre, el qual, llegado que fue al desenbocadero de Barqueçimeto, tubo notiçia de los yndios de como en la provinçia del Tocuyo estaban españoles, que era Caravajal, y por no meterse ynconsideradamente entre gente que no conoçia ni sabia si eran amigos o si enemigos, vsando de aviso de honbre rrecatado y de guerra se alojo en (el) balle de Barquiçimeto, para de alli rreconoçer que jente era la que estaba en el Tocuyo, y ver lo que lo convenia.

Dende a pocos dias se vinieron a tratar los de Carabajal con los de Felipe Dutre, y a aber entera notiçia los vnos de los otros, y a poner la guarda neçesaria cada qual de los dos capitanes en su alojamiento y gente. Pedro de Linpias no çesaba de poner calor, con el enojo y odio y enemistad que a Felipe Dutre tenia, al[164] capitan Carabajal para que lo prendiesen y persiguiese, pues tenia copia de abentajada gente; mas Carabajal, como era honbre mañoso y de agudo yngenio, no queria poner aquel negoçio en ventura de batalla, en donde la fortuna suele, por no pensados modos, dar la victoria, no a los que en fuerças y muchedumbre de gentes la tienen por çierta, sino aquellos que por ser pocos y tener rreconoçidas claras ventajas en sus contrarios, procuran peleando con osados animos, vender sus vidas a costa de mucha sangre que de sus contrarios derraman, a donde suele esta bariable fortuna poner todas sus fuerças, dandoles claros triunfos a quien no los pensaba gozar. Y asi pretendia Carabajal, con mañas y simulaçiones, atraer a su alojamiento a Felipe Dutre, para alli seguramente ser señor del y hazer lo que le pareçiese.

De todas estas cosas era abisado Felipe Dutre por cartas de honbres que en conpañia de Carabajal estaban, que aborreçian por todo estremo el govierno de aquel honbre, tan malvadamente y por tan torpe modo adquirido. Escrevianle tanbien que no desabraçase ni apartase de si aquel titulo que tenia de general, ni se dexase governar ni subjetar de Carabajal, porque si el Avdiençia de Santo Domingo algun nonbramiento abia hecho de nuebos ofiçiales ó ministros de justicia, fue y era entendiendo que el era muerto o perdido, y que asi no abia derogado sus poderes, con lo qual hazian estar ostinado a Felipe Dutre en querer mandar y governar aquella tierra con aquel rrançioso titulo que tenia; avnque en tales tiempos mas firme titulo es y suele ser la fuerça del exerçito que la abundançia y antiguedad de provisiones y poderes rreales.

Finalmente, el Carabajal se dio tan buena horden en seguir sus ardides y mañas, que eran como de honbre andaluz y rreformado en Indias, que hizo entender y creer a Felipe Dutre que no se haria mas de lo quel quisiese y hordenase, y que de conformidad se nonbrasen personas que biesen las provisiones de entrambos y que estubiesen por lo que los arbritos sentençiasen, o que ya questo no quisiese, que ambos de conformidad governasen el campo y gente y juntos fuesen a poblar y conquistar el Dorado.

Fue tan convençido y creydo Felipe Dutre desto que le deçia Carabajal, que dexando su primera determinaçion, se levanto del alojamiento donde estava y se metio y mezclo con su gente y soldados en la rrancheria y alojamiento de Carabajal, con que se acabo de destruyr, segun luego se vera.

CAPITULO SIETE

En que se escrive çierta sediçion y alboroto que entre Caravajal y Felipe Dutre obo despues de aberse juntado.

Juntos los dos Capitanes o governadores, como los que terçiaban mal de la vna y de la otra parte los tenian mas çerca, mas frequentemente los yncitaban a enemistad y a que se danificasen el vno al otro; pero Carabajal, como tubiese mas gente[165], avnque alguna della mas para ofenderle que para defenderle, disimulando con las promesas y ofreçimientos que a Felipe Dutre abia hecho, avnqve tratandolo amigablemente, procuraba aber ocasion para prendello, porque aquel caballero aleman, confuso de lo que abia hecho en juntarse con Carabajal, andaba muy sobre el abiso aconpañado de sus familiares, prevertiendo[166] y apartando toda ocasion que a Carabajal le pudiese ser vtil y provechosa para efetuar sus desinos.

Fue, pues, el caso que como Carabajal no hallase comodidad para sin notable escandalo y alboroto prender a Felipe Dutre, conbidole a comer para si alli obiese ocasion y lugar, prenderle y hazer lo que pretendia. Felipe de Vtre, porque no se presumiese del que le abia faltado el animo y que por temor no queria açetar aquel cavteloso conbite, que con falsa ostentacion de buena voluntad se le abia hecho, conçedio a Caravajal lo que le rrogaba y fuese con el a comer, dexando prevenido a Bartolome Berzar y a sus amigos que estubiesen sobre el abiso[167] y con las armas en las manos para en oyendo algun bulliçio acudir a defenderle; y el, como honbre que yva a comer con su enemigo, llevaba en su persona gran abiso y rrecato y avn armas defensibles encubiertas. Comieron y pasaron su conbite o cena sin que en el se yntentase cosa alguna, porque Carabajal abia sido abisado de la gente que Felipe Dutre dexaba prevenida. Levantados de la mesa, el aleman tomo la mano en hablar, visto que todo estaba sosegado y que no se yntentaba nada de lo quel pensaba, diziendo a Carabajal que pues ninguna cosa de las que le abia prometido no cunplia ni queria hazer, antes violentamente, mas con la fuerça de su gente que con el derecho ni justiçia, que el se queria yr a Coro con sus soldados, para de alli yr a dar cuenta al Avdiençia, que le abia enbiado, de lo que en la jornada abia hecho. Carabajal le rreplico que bien podia yrse donde quisiese, pero que la gente no la abia de llevar consigo ni se llamase dende en adelante general ni tiniente, pues sus provisiones abian ya espirado y estaban derrogadas, y que en aquella governaçion otro no tenia juridiçion sino el a quien el Avdiencia abia enbiado por governador.

El capitan Felipe Dutre rreplico contradiziendo a Carabajal, y como las voluntades destos dos capitanes estubiesen tan enfiçionadas y rrebueltas para danificarse el vno al otro, fueron con[168] esta pequeña ocasion tan ençendidos y abrasados en yra, aconpañada de asperas y sobradas palabras, que ynçitaban cada qual a los suyos a que tomasen las armas con que diese fin aquella su rrençilla y arraygada enemistad; y como Bartolome Berzar estaba puesto a punto de parte de Felipe Dutre, en oyendo las alteradas bozes que los dos daban, salio de donde estaba, siguiendole los suyos, y con furia de aleman, que por estremo suele ser muy sobervia y ciega, se fue derecho a Carabajal con el espada desnuda para lo herir o matar: mas como algunos honbres nevtrales que alli estavan, a los quales conforme a las leyes de Solon podian ser justamente tenidos por ynfames y nunca admitidos a ningunos ofiçios ni onores, se metiesen de por medio, rrepunaron la furia de Bartolome Berzia[169] de suerte que no pudo efetuar lo que pensaba hazer. Y porque mejor se entienda esto que dixe de las leyes de Solon, es de saber que entre otras muchas que para el buen govierno de su rrepublica aquel gentil hizo y ordeno, que fue vna que dezia, que si por algun caso humano se levantase alguna sediçion o alboroto, el que en semejante caso fuese favoreçedor de la vna parte y contrario de la otra, que este tal yncurriese en las penas dichas, y no gozase de las preheminençias, porque quiso mas buscar su probecho particular que el bien comun.

Era cosa de notar y avn de rreyr que en este sediçioso alboroto cada vna de las partes se aprovechaba de la boz del Rrey, con la qual querian fortificar sus pasiones; porque como los juezes españoles tienen por costunbre, quando alguna sediçion se rrebuelve en que les hagan rresistençia, pedir avxilio a los presentes, de qualquier condiçion que sean, con deçir «aqui del rrey», y cada qual destos dos capitanes apellidaba y pedia favor y ayuda para defenderse el vno del otro vsando de las palabras rreferidas. Mas como ya los mas de los soldados estubiesen determinados en sus voluntades de lo que abian de hazer, cada qual se arrimaba al que tenia por amigo o al que pensaba seguir; y esto no lo hizieron todos, porque muchos, estandose a la mira para despues seguir al que la fortuna sustentase, no curaban de acudir a llamamiento de ninguno de los capitanes, lo qual por entonçes hizo mas pujante la parte de Felipe Dutre, porque como descubiertamente se llegasen todos sus amigos y enemigos de Caravajal, pudiera facilmente triunfar de su adversario, dandole por su mano la pena que sus desatinos mereçian. Mas no quiriendo aber esta victoria con fama de tirano o traydor, por no macular su persona y linaje, dexando con la vida a su contrario, cabalgo en su caballo, y haziendo todos sus amigos lo mesmo, tomaron del alojamiento de Carabajal las demas armas y caballos que les pareçio, y apartandose de alli fueron a alojarse al balle de Quibor, que agora son estancias del Tocuyo, para de alli dar mayor dolor con su presençia a su enemigo; lo qual sabido por Carabajal, vsando de su yndustria conforme al subçeso que fortuna abia guiado, vso de nuebas cavtelas para rrecobrar los caballos y armas que Felipe Dutre y los suyos le abian llevado; y echando algunos amigos suyos como echadizos, les dixo que fuesen a Felipe Dutre y le significasen quan grabe delito era el que abia cometido en alborotarse contra vn governador del Rrey y tomalle las armas y caballos que tenian, por lo qual podia ser grabemente castigado por el Avdiençia, y que lo mejor era que se tornase a confederar con Caravajal y le bolviese sus armas y caballos, y quel Carabajal le perdonase a el y a todos los demas como governador que era de aquella tierra.

Trataronse estos negoçios con tanta eficaçia por los a quien fueron cometidos, que façilmente atraxeron a Felipe Dutre a que los hiziese, y sobre ello hizieron escrituras de conçierto y amistad y çiertas capitulaçiones que llamaron de paz, y fueron firmadas por Juan de Billegas, tiniente de Caravajal, que era vno de los que binieron a donde Felipe Dutre estaba a tratar los conçiertos, y despues los firmo el propio Carabajal, y asi le fueron bueltas las armas que se le tomaron y caballos, no enbargante quel Felipe Dutre, abisado de los suyos que no se fiase en cosa alguna de las cosas que Carabajal le prometiese ni hiziese ningun conçierto con el, porque era honbre muy versuto y cavteloso y que ninguna cosa hazia sino era con doblez.

Confirmada la paz y amistad de la suerte dicha entre los dos, Felipe Dutre se partio mas descuydadamente de lo que debia la buelta de Coro, caminando a pequeñas jornadas y muy sin horden ni conçierto, como honbre que entendia no dexar a las espaldas enemigo astuto y vengativo, sino cordial amigo.

CAPITULO OCHO

Como Carabajal corto las cabeças a Felipe Dutre y a Bartolome Berzar y a otros.

Despues que Carabajal se vio apoderado en sus armas y caballos y tubo nueba çierta que Filipe Dutre era partido de las çavanas de Quibor la buelta de Coro, llamo e junto toda la gente que con el abia quedado, a los que les hablo diziendoles que si eran españoles y en ellos rreynaba la nobleza y valor de la gente española acostumbrada que suele tener por natural[170], que no podian dexar de aver sentido entrañablemente la afrenta e ynjuria que a todos generalmente abia hecho aquel mançebo estranjero, faboreçido de algunos de su naçion, que con demasiada sobervia se abian estremadamente señalado en despojalles de sus armas y caballos, tomando para ello la boz de no se que mohoso titulo que dezia tener de general, fundandose prinçipalmente en la potençia de sus amigos y allegados, con los quales abian maculado a todos los que alli quedaban, pues les abian tomado sus armas y caballos, y despues, por via de afrentoso conçierto, bueltoselas casi dando a entender que no solo les hazian merced de ellas, mas que avn tanbien de las vidas, y de lo qual todo y de aberse descomedido y desvergonçado contra la persona rreal, en cuyo lugar el asistia, no solo en sus animos yrian rregozijandose, pero que se yrian jatando de ello y divulgandolo por entre sus devdos y conoçidos, que seria abominaçion y gran bituperio para todos ellos; y ansi los ynçitaba a que tubiesen conpasion de sus propias honrras y no las dexasen asi estragar de gente estrangera, y que tomando las armas en las manos y siguiendole, el los pondria en su poder a Felipe Dutre y a Bartolome Berzar, alemanes, honbres sobervios y escandalosos y que sin tener titulo se queria hazer señor de aquella tierra y les abia tan malvada y traydoramente agrabiado, y que quando ellos no quisiesen, como era rrazon y debian y eran obligados, dalle avxilio y fabor como a su governador, para yr en su alcançe y prendellos, que tienpo vendria en que serian castigados por ello, y que porque no tubiesen escrupulo alguno en si el era governador o no de aquella provinçia, viesen los titulos que dello tenia, de los quales les hazia ostentaçion para que dello estuviesen mas satisfechos.

Vieronlos que alli estaban sellados con el sello rreal, y la letra, avnque falsada[171], rrezaba a el nonbrandolo governador. Con esto y con las disfraçadas amenazas que les hizo, y algunos que por la particular enemistad tenian deseo de seguir y perseguir aquellos caballeros alemanes y a los de su parcialidad, fueron mobidos sus animos a seguir el querer de Caravajal y tomar las armas para seguille, el qual no fue nada perezoso a ponello por la obra, porque cabalgando luego en su caballo y puniendose en el camino, dio ocasion a que con brevedad le siguiesen los demas, con determinada deliberaçion de aber entera vengança de sus contrarios.