Historia de Venezuela, Tomo I

Part 13

Chapter 134,106 wordsPublic domain

Llegado el dia, los yndios se estaban bien cerca de los españoles, como antes lo abian hecho, con sus armas en las manos, sin moverse, espantados y admirados de ver quan poca gente les abia hecho tanto daño. A los nuestros no les pareçio bien la osadia destos barbaros, estarse tan desvergonçadamente alli junto, y hablandoles con vn ynterprete que trayan, que los entendia torpemente, les dixeron que si alli se detenian mucho que verian el fin de sus vidas, porque demas de ser ellos gentes que a otras muchas e ynvmerables naçiones abian sujetado y arruynado, abian enbiado a llamar vn gran nvmero de compañeros que atras abian dexado, los quales, llegados que fuesen, pensaban, no solo a ellos, mas a todos los que en aquella provinçia obiese, destruyllos y asolallos. Los yndios rrespondieron que a ningun genero ni nvmero de gentes temian, porque ellos y los demas que en aquella provinçia bivian estaban hechos a las armas y eran de animos ynbencibles, y que avnque por las continuas gerras que entre si tenian, bivian discordes, que para aquel efeto se confederarian, y que si entonces los españoles los vençiesen, creerian que abian vençido y sujetado otras muchas gentes, como dezian, y que dignamente mereçerian ser señores de ellos. Platica y rrespuesta fue esta, por çierto, a mi parecer, bien semejante a la que vn capitan de los misios, dio, en tiempo de Otaviano, emperador, a Conidio, su capitan, que siendo enbiado con el exerçito a sujetar estas gentes que (se) abian rrebelado, ya que los exerçitos de ambas partes estaban para conbatirse, vn capitan de los misios, haciendo señal, mando callar a los de su exerçito y preguntando en alta voz a los del exerçito rromano «quien soys vosotros», le fue rrespondido: somos los rromanos, señores de todas las gentes; rreplico el capitan de los misios: «asi será si a nosotros nos sujetaredes y vencieredes».

Los nuestros ynçitaban a los yndios a pelear, mas ellos, no quiriendo moverse de donde estavan, no hazian caso de lo que se les dezia, lo qual, visto por los españoles, movieron sus armas contra los barbaros para echallos de aquel sitio do estaban y hazellos cobrar temor, lo qual fue de ningun efecto, porque esperando con obstinados animos los yndios a los nuestros, sin haçer ningun movimiento del lugar donde estaban, los rrebatieron sin rreçebir ningun daño[1], antes al tiempo del acometer hirieron con sus largas lanças algunos de los nuestros; y avnque diversas vezes los españoles yntentaron ahuyentar y echar estos yndios de su presençia y castigallos de su rrustica desverguença con que tan llegados á los nuestros estaban, nunca lo pudieron hazer; lo qual visto por el cavdillo, pareçiendole que si muchos naturales de aquella naçion se juntaban, façilmente los desbaratarian y matarian toda la gente, porque aquellos pocos yndios los tenian como çercados, sin dexallos yr a vna parte ni a otra[104], acordo rretirarse de noche, porque estando a esta ora algo descuydados los enemigos que sobre si tenian, pudiesen mas seguramente, bolviendoles las espaldas, caminar; y aquella propia noche, despues del primer gallo, se retiraron por el propio camino por do abian entrado, y fueron al tiempo que amaneçia a dar a otro lugarejo que abia dexado atras, de hasta treynta casas, cuyos moradores estavan ya abisados y convocados por parte de los del pueblo de donde los nuestros se abian rretirado, para que tomasen las armas contra ellos.

Y saliendo estos yndios de mano armada dieron en los españoles que yvan marchando y cansados de los trabajos pasados, en tres partes, y haziendoles desconçertar de la hordenança que llevaban, los costriñeron a que divididos los españoles acometiesen a hazer rresistencia en los yndios conforme a como les abian acometido, y asi los de la vanguardia, que yvan subiendo vna questa hazia el pueblo de los yndios, se tuvieron con los enemigos, hasta que matando algunos dellos los hizieron desamparar el paso y el pueblo y rretirarse bien a lo largo. Las otras dos partes de los españoles fueron tan apartadas y maltratadas de los yndios que si no fueran socorridos de los que abian desbaratado al primer esquadron de la vanguardia, pereçieran los vnos y los otros. Salio herido desta rrefriega el cavdillo Estevan Martin, de siete lançadas bien peligrosas, con las quales disimulo sin ser sentido de los suyos porque no desmayasen, hasta que del todo fueran desbaratados los yndios, y los españoles, avnque maltratados y muchos dellos muy mal heridos, rrecogidos al pueblezuelo, donde cada vno mostraba los despojos que de la guaçabara en el cuerpo abia sacado.

Los yndios de la tierra, al tiempo que acometieron a los españoles, les abian tomado todo el carruaje y servicio y rropa que llevaban, y despues de pasada la guaçabara y aber perdido la vitoria por no conocer la ocasion y tiempo que para ello tuvieron, se venian çerca de donde los españoles estaban rrecogidos, y haziendo muy menvdos pedaços toda la rropa que abian tomado, lo ponian en las puntas de las lanças, y dando muy grandes bozes, la arrojaban, hasta que desta suerte lo despendieron todo, sin quedarse con cosa ninguna. Los nuestros curaron sus enfermos o heridos lo mejor que pudieron, y deseando conservar sus vidas, procuraban modo como rretirarse hazia donde el governador Jorge Espira estaba, escapado de aquel rriesgo y notable peligro en que se veian; porque ni eran parte para caminar seguramente ni para sustentarse alli algun tiempo, ni entre ellos abia español que de noche se atreviese a guiar por el camino por donde abian entrado. En esta rrefriega se dize que abiendo llegado vn español, llamado Valdespina, mal herido, al pueblo donde estaban rrecogidos los de la vanguardia, los dixo que su capitan quedaba ya em poder de los yndios muy mal herido, e que en aquella sazon seria ya muerto. Algunos de los que alli estaban se afligieron demasiadamente, dando muestras de aber perdido el animo con palabras flacas, diziendo que pues el capitan abian muerto, que tambien a ellos matarian los yndios, a lo qual rreplico Nicolas de Palencia rreprehendiendo su pusilanimidad con palabras asperas y eficaçes, diziendo que el capitan no era mas que vno ni peleaba mas de por vno, e ya que lo obiesen muerto ellos eran honbres para defenderse y ofender a los enemigos, y que a esta sazon llego el cavdillo Estevan Martin disimulando con las heridas que traya y rreprehendio a los que con la nueba de su muerte abian desmayado, y enbio a socorrer la demas gente como muy buen capitan; y fue çierto que los yndios lo tubieron en su poder, y que mediante ser faboreçido de otro soldado escapo de sus manos.

Estando, pues, en esta afliçion estos atribulados soldados, sin esperança de ningun rremedio, fue abierta divinalmente la boca de vn yndio ladino de los que alli abian escapado, el se prefirio de llevar de noche a los españoles por el propio camino que abian traydo, al alojamiento do estaba Jorge Espira. Fue esta voz del yndio ocasion de mucho plazer a aquella atribulada gente, avnqne se hallaban apartados del Governador mas de veynte leguas de muy mal camino, aspero y çenagoso, y el tiempo muy metido en aguas, que casi no cesaba de llover de noche ni de dia, y avnque los españoles que estaban sanos tenian, como he dicho, grande voluntad de conservar sus vidas, desanimabalos muy mucho aquel triste espetaculo que de muertos y heridos delante de si tenian; porque algunos que por sus mortales y peligrosas heridas no podian caminar, los abian de llevar en hamacas, cargados sobre sus propios honbros, por aquella asperisima tierra, de noche y lloviendo, con lo qual se les hazia mas dificultosa y dura la esperança de verse fuera de aquel peligro en que estaban entre aquellos barbaros que no çesaban de tenellos çercados y ponellos continuas açechanças. Estos yndios eran tan bien de la propia naçion y generaçion de los choques, donde Jorge Espira estaba alojado.

CAPITULO CATORZE

En el qual se escrive como venida la noche los españoles se rretiraron, llevando a questas sus enfermos, algunos de los quales dexaron en el camino, y llegaron al alojamiento donde Jorge Espira avia quedado.

Estando perplexos los españoles con las consideraciones dichas esperando la noche para con el amparo de la oscuridad y la guya que tenian, salir como pudiesen de aquel pueblo, cada qual blasfemaba y maldezia la loca determinaçion de aquel su Governador extrangero, que con ynconsiderada obstinaçion los abia puesto en aquellos trabaxos, no dexandose rregir por los que mas entendian de aquella horden y disciplina de guerra; porque como se a dicho, Estevan Martin, a quien estos soldados tenian por cavdillo, herido de crueles lançadas que los yndios le abian dado, avia rrehusado la salida, y por lo que abia visto hazer a los naturales y por la dispusiçion de la tierra y el tiempo que les era contrario, pronostico su perdiçion y daño, y dandoselo a entender al governador Jorge Espira, los abia hecho salir muy contra su voluntad aquella jornada, y por eso puesto en la calamidad en que estavan.

Venida la noche la gente determino de con el trabaxo que se les ofreçia rretirarse, y adereçando quatro hamacas en quatro palos, pusieron en ellas quatro españoles que abian mal herido, que no podian caminar, y cargandolos sobre los honbros, guiandolos el yndio ladino, comencaron a caminar. Estos heridos que en hamacas se cargavan, eran el cavdillo o capitan Estevan Martin y vn Valdespino[105] y otros dos españoles; y para que con el silençio de la noche los yndios no entendiesen o presumiesen que se abian rretirado los españoles, ataron vn perro que consigo tenian en vno de los buhios donde estavan rrancheados, y como el perro quedase y se viese solo no ceso de ladrar y avllar muy rreçiamente toda la noche, con el qual estruendo o rruydo, avnque despues, el siguiente dia, era ya tarde, siempre creyeron estarse los españoles dentro, en los buhios.

Los nuestros caminaron toda aquella noche con sus enfermos cargados y aconpañados de muy rreçios aguaçeros que les hazian sentir el trabajo doblado. La tierra era aspera y doblada; los arroyos venian muy creçidos, que casi los pasaban a nado, y con no parar toda la noche, quando amaneçio se hallaron apartados poco mas espaçio de media legua de do abian salido, y los soldados tan cansados y afliguidos del trabaxo pasado de la noche, que con palabras asperas deçian que antes querian pereçer y morir, y con la muerte dar fin a sus ynfortunios, que tolerar ni sufrir aquella carga y trabaxos que llevaban, por lo qual entre todos se tomo vna determinaçion no menos cruel que neçesaria a su salud, y fue, que llevando consigo cargados al Capitan y al Valdespinosa[106], se dexasen alli los otros dos soldados heridos, que por estar ya infiçionados del frio y casi pasmados, no se tenia ninguna esperança de su salud; y poniendo en execuçion esta su determinaçion, tomaron los dos soldados y apartandolos buen trecho del camino, porque no fuesen hallados de los yndios, les dixeron que en pasando los otros dos enfermos vn rrio que çerca de alli estaba, bolverian por ellos. Los soldados, sintiendo mas quel propio morir, aquella crueldad que en dexallos en aquellas montañas con ellos se vsaba, y entendiendo que no abian de bolver mas por ellos, solamente les dixeron con palabras muy aconpañadas de lagrimas, que ellos bien entendian quan al cabo y en lo vltimo de sus vidas estaban y lo poco que podian bivir; que solo les pesaba de no hallarse al tiempo de su muerte entre cristianos, para con mas animo pasar aquel transito; y con esto los dexaron con harta pena, y apartandose dellos vinieron con los otros dos cargados a la orilla de vn rrio cavdaloso, que pasaron por vnas puentes de bejucos bien peligrosas y de gran rriesgo.

Pasado este rrio, luego alli, en su rribera, se alojaron los nuestros para descansar del trabaxo pasado, porque estavan alli ya con alguna seguridad de que los yndios no les podían hazer mucho daño, a cavsa de que dexavan atras todas las poblazones de quien se temian. Pusieron sus çentinelas y guardas de gran rrecado en las puentes, y estuvieronse quedos hasta que escanpase, para poder hazer lumbre con que callentarse y alegrarse, que de otra cosa no les podia aprovechar por no traer consigo ninguna cosa de comer que tuviese necesidad de llegar al fuego.

Luego que pasaron este rrio, vn soldado llamado Pedro de la Torre, que era muy buen peon, deseando la salud y rremedio de sus conpañeros, les dixo que avnque desde donde estavan al alojamiento de Jorge Espira abia çerca de veynte leguas, que le diesen licençia y quel se pondria en aquel dia donde la demas gente estaba, y daria aviso para que les enbiasen socorro y comida; y viendo todos lo que les ynportaba venilles al camino algo que comer y quien les ayudase a llevar la carga de los enfermos, le dieron liçençia a este Pedro de la Torre, el qual se dio tanta priesa a caminar que aquel dia llego donde el Governador estaba y le dio aviso de lo que pasaba: y poniendo en ello luego rremedio el Governador mando adereçar para que otro dia saliesen soldados con comida a rreçebir y faboreçer a los que escapando de las manos de los barbaros por particular graçia que Dios les quiso hazer, yban con el trabaxo que se a dicho; los quales descansando aquel dia rribera del rrio de las puentes y tiniendo por particular comida y rrefrigerio vnos cuescos de çiertas palmas silvestres que asandolos comian vn poco de tuetano que dentro de si tenian, otro dia marcharon con sus enfermos a cuestas y caminaron como dos leguas, y al tiempo que se rranchearon se les murio Valdespina, vno de los dos que llevaban cargados, con que se les alivio algo el trabaxo; y prosiguiendo su[107] poco a poco su camino, salieronles al encuentro los soldados que Jorge Espira enbio con alguna comida, con los quales se holgaron, y juntos todos llegaron en pocos dias a donde su Governador estaba, que no poco le peso de ver la perdida de los suyos, espeçialmente de ver quan mal herido venia el capitan Estevan Martin, en cuya salud procuro el Governador poner todo el rremedio posible; mas como las heridas eran tan peligrosas aprovecho todo poco, porque dende a pocos dias murio, cuya muerte dio harta pena a todos los del canpo generalmente, por ser esto honbre de prinçipal yngenio y de mucha espiriençia en las cosas de Indias.

Estuvo en esta provinçia de los Choques Jorge Espira mas de vn año, sin poder salir de ella a cavsa de las muchas aguas que continuamente caen sin çesar, que casi pareçe que en esta tierra no se conoçe ni saben quando es verano; en el qual tienpo se le murio y enfermo la mayor parte de la gente, y cada dia se le morian, y asi mesmo los caballos, que como no gozavan de ningun buen hervaje criaban dentro, en el buche, gran cantidad de lonbrices que los matavan; y hazia tanta falta la muerte de los caballos que despues de la perdida de los españoles no abia cosa que mas se sintiese.

CAPITULO QUINZE

En el qual se escrive como despues de aber Fedreman pasado la laguna se fue a Coro, y enbio toda la gente por la tierra alta, la via de las provinçias del Tocuyo, con el capitan Diego Martinez, y lo que en el camino le subcedio hasta llegar a Carora.

Engolfeme tan de golpe en los tristes espectaculos y subcesos[108] de la jornada del governador Jorge Espira, que casi me abia olvidado de proseguir adelante con lo que su teniente y su gente hizo despues de pasada la laguna. Mas como esto no aya sido en mi mano claramente lo podra ver el lector, pues no era justo dexar quebrado el hilo de la Istoria en vn lugar tan calamitoso y donde la fortuna mas cruelmente quiso mostrar su potencia y furia mutable contra aquella gente y de vna bana esperança que les abia dado de rriquezas y prosperidades, convertirsela en hanbres y enfermedades y muertes y otras adversidades e ynfortunios, y al fin, sin dalles algun contento ni alegria despues en ningun tiempo, les forço a que se bolviesen a do abian salido, como adelante se vera.

El tiniente Fedreman, pasada su gente la laguna de Maracaybo, se determino en que toda ella, con el capitan Diego Martinez, natural de Valladolid, se fuesen por la tierra alta y serrania, llamadas las provinçias de Carora, a dar al valle que dizen de Tacarigua, y que alli lo esperase para juntandose el otra vez con su gente, meterse en los llanos en demanda de la notizia de Meta; y avnque su governador Jorge Espira abia llevado la misma derrota, hazia cuenta Fedreman que la tierra era ancha y larga, y que en tomando çertidumbre del camino o biaje que el Governador llevaba, apartarse el de sus pisadas y seguir por otra derrota.

Apartose Fedreman con algunos de aquellos capitanes amigos suyos, y fuese la bia de Coro, para ver si hallava la que pretendia y aver algunos soldados y otros pertrechos de guerra, e yr despues por la via de la mar en alcançe de su gente. El capitan Martinez prosiguio su viaje, como le abia sido mandado por su General, caminando por lo alto, con alguna falta de comida, que llevaba algo fatigada la gente.

Al prinçipio de entrar o caminar por esta serrania el capitan Martinez, suçedio vn caso que por pareçerme de admiraçion lo pongo aqui. Entre los otros soldados que en esta conpañia yvan abia vno, llamado Martin Tinajero, natural de Ecija, honbre que al parecer esterior bivia bien y cristianamente. Fue necesario apartarse vn cavdillo, llamado Hernando Montero, con hasta veynte conpañeros a buscar comida, y fue vno dellos este Martin Tinajero, al qual, en esta salida, le aquexo çierta enfermedad que tenia, de que murio, y fue enterrado por sus conpañeros en vn hoyo o concabidad que en ynbierno abia hecho el agua y cubierto el cuerpo con tierra, y dexandolo asi se bolvieron con su provision o mantenimiento al canpo; y dende a çiertos dias se ofreçio yr gente otra vez aquella propia parte donde el cuerpo de Martin Tinajero estaba o abia sido enterrado; y quiriendo ver los españoles si los yndios avian andado con o lo abian desenterrado, hallaronlo que estava el cuerpo algo descubierto y le salia vn çierto olor muy suave y agradable y con tanto ynpetu que mas de çinquenta pasos a la rredonda ocupaba el campo, y admirados de aquella maravilla se bolvieron sin llegar a el, por questaba cubierto de vna gran multitud de abejas de las que crian miel, y muchos, por lo que de aquel honbre conoçieron y por lo que despues en su cuerpo muerto vieron, juzgaron ser algun bienaventurado; mas como nuestros españoles y su Capitan y cavdillo llevaban los ojos puestos en las rriquezas que deseaban aber, no curaron de examinar aquel caso ni ver si eran dignos de llevar consigo aquel cuerpo o dalle eclesiastica sepoltura; mas prosiguiendo su camino llegaron a çierta provinçia de yndios cerca de Carora, carives o canibales, llamados jiraharas, gente belicosa y gerrera, los quales, viendo que los españoles llevaban su vanguardia endereçada a su pueblo, tomaron las armas, que eran arcos y flechas, y saliendo al camino a rrecebir a los nuestros acometieron a los de la vanguardia, a los quales pusieron en condiçion de desbaratallos si no fueran con brevedad socoridos de los demas que atras venian, con que rrebatieron a los yndios y los desbarataron y ahuyentaron, matando muchos dellos. Los yndios hirieron algunos españoles con rrecia furia y fuerça, avnque de las heridas no murio ninguno. Dieron, entre otros flechazos, vno a vn Garcia Calvete, por vn lagrimal de vn ojo, que le salio la flecha al colodrillo, y con estar en lugar tan peligroso y pasada la flecha de parte a parte, no murio este honbre, antes biviendo muchos dias, despues[109] vino a ser vezino en la çiudad de Velez, del Nuebo Rreyno de Granada.

Desbaratados los carives, nuestros españoles se alojaron en su pueblo, donde hallaron alguna provision de comida, porque jamas dexaron de caminar con falta della. Los yndios, deseando vengarse de la ynjuria rreçebida y echar de su pueblo y tierras a sus enemigos que en ella se estavan, convocaron todos los naturales sus vezinos comarcanos, e ynduçiendoles y rrogandoles que en su fabor quisiesen tomar las armas contra los nuestros, los atraxeron a ello con algunas dadivas que les dieron; y para con mas seguridad efetuar lo que pretendian, hordenaron que los naturales de alli saliesen de paz a los españoles, y los demas comarcanos estuviesen enboscados a la mira, y que quando oyesen el rruydo que entre los yndios y los españoles se travaria, acudiesen en su fabor, y abria lugar de destruyr del todo a los nuestros; y con este conçierto se vinieron al rreal vna banda de aquellos barbaros, que serian hasta quatroçientos, con algunas cosas de comer para los españoles y vnos hazeçillos de paja dentro de los quales trayan escondidas sus armas y flechas; y siendo esta traycion descubierta por las lenguas que tenian, fueron los yndios castigados de su loco atrevimiento, porque luego que los españoles entendieron la celada que tenian y trayan hordenada, dieron en aquellos que en el pueblo estaban y matando muchos dellos ahuyentaron a los demas, quedando en su poder presos hasta ochenta de los mas prinçipales; y como los yndios que estaban enboscados y a la mira, que serian mas de mil valientes gandules, viesen y oyesen el tumulto y rruydo que en el alojamiento de los españoles, adonde sus conpañeros estaban, avia, acudieron prestamente con sus armas y hallaronlos desbaratados y muertos y presos los que he dicho, y avnque acometieron con sus armas a los nuestros, fue de ningun efecto su acometimiento, por estar ya los nuestros puestos en horden de guerra y sin ningun temor, antes amenazaban a los yndios con que darian en su presençia crueles muertes a los que tenian presos si suspendiendo sus armas no se rretiravan con presteza.

Los yndios lo hizieron asi, que bolviendose a sus casas y pueblo trataron luego del rrescate y libertad de sus prinçipales y compañeros, lo qual concluso paso el capitan Martinez adelante con su gente, y adelantandose el con treynta conpañeros vna jornada de los demas que la yvan siguiendo, llego á vna provinçia de naturales que confinaban con los de las provinçias de Carora, cuya gente era belicosisima y gerrrera, los quales, luego que sintieron la poca gente que consigo llevaba el capitan Martinez, se juntaron, y tomando las armas, que eran flecheria, arcos y macanas, se vinieron para el en un pueblezuelo ó lugarejo do estava alojado, lo qual, visto por el capitan Martinez y sus conpañeros, armandose con las armas que acostumbraban pelear, salieron al encuentro á los yndios, que serian mas de quatrocientos; y avnque a los prinçipios se tuvieron con los enemigos, despues fueron constreñidos a rretirarse y rrecojerse junto á vn gran buhio, donde se fortificaron y defendieron valerosamente de aquellos barbaros que, con pretension de tomallos bibos y a manos a todos, no se abian aprovechado de la ocasion que su fortuna les puso en las manos. Rrecogidos los nuestros aquel lugar, trataron de pazes con los yndios, para debaxo de ellas hazer algun exenplo de crueldad con que atemorizar y estantar[110] a los demas y echallos de sobre si. Fue, pues, el suceso que los yndios mas prinçipales, debaxo de trato doble de amistad que los españoles les hizieron, llegaron a ellos quietamente, avnque con las armas en las manos. El capitan Martinez se metio con seys soldados armados en vn buhio grande que alli tenian por rreparo, y dixo que los yndios que le quisiesen ver entrasen dentro para hablalles, dexando los demas soldados en su guardia a la puerta. Entraron de aquella canalla y rrustica gente como duzientos gandules con todas sus armas. Martinez, y los que con el estaban, dando en estos yndios que en el buhio abian entrado, los mataron a todos, sin que ninguno escapase, lo qual, visto por los demas yndios que fuera abian quedado, no osando detenerse mas alli, se rretiraron y fueron a sus casas y dexaron libres á los españoles del cerco y tribulaçion en que los tenian puestos, avnque algunos mal heridos.