Guerras civiles de Granada: Tomo I

Part 3

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Orilla de Genil tenía este rey, encima del río Darro, un jardín muy deleitoso, llamado Generalife, en el cual hay diversidad de frutas, fuentes de alabastro, bien obradas plazas, y calles hechas de menudos arrayanes. Hay labrada una muy rica casa con muchas salas, aposentos, balcones y ventanas doradas, y en la sala principal retratados por grandes pintores todos los reyes moros de Granada hasta su tiempo, y en otra sala todas las batallas que había tenido con los cristianos; todo tan al vivo, que era cosa admirable.

Por estas obras, y otras tales, que había hecho en la ciudad de Granada, adornadas de tanta perfección, hizo el rey D. Juan el I aquella pregunta al moro Abenámar, el viejo, estando en el río Genil, que dice así:

Abenámar, Abenámar, moro de la Morería, el día que tú naciste grandes señales había. Estaba la mar en calma, la luna estaba crecida, moro que en tal signo nace no debe decir mentira. Allí respondiera el moro, bien oiréis lo que decía: No te la diré, señor, aunque me cueste la vida, Porque soy hijo de un moro, y una cristiana cautiva. Siendo yo niño, y muchacho, mi madre me lo decía, Que mentira no dijese, que era grande villanía: por tanto pregunta, rey, que la verdad te diría. Yo te agradezco, Abenámar, aquesta tu cortesía: ¿qué castillos son aquellos? Altos son, y relucían. El Alhambra era, señor, y la otra la Mezquita: los otros los Alijares, labrados a maravilla. El moro que los labraba cien doblas ganaba al día: el día que no labraba otras tantas se perdía. El otro es Generalife, huerta que par no tenía; el otro Torres-Bermejas, castillo de gran valía. Allí habló el rey D. Juan, bien oiréis lo que decía: Si tú quisieses, Granada, contigo me casaría; darete en arras y dote a Córdoba y a Sevilla. Casada soy, rey D. Juan, viuda no lo sería; el moro que aquí me tiene muy grande bien me quería.

Mostraban tanta suntuosidad y fortaleza los edificios de Granada y Alhambra, que admiraba, y hoy son fortísimos.

Estaba tan rico, próspero y bien afortunado el rey Mulahacén, que en las morismas no había otro tan poderoso, fuera del Gran Turco, si la fortuna no le derribara del trono en que estaba, como adelante se dirá.

Era servido de caballeros de mucha estima y de sangre real, porque había en Granada treinta y dos linajes de caballeros moros, sin otros muchos poderosos, descendientes de aquellos nobles de África que ganaron a España.

Y porque será justo nombrarlos a todos, y de qué reinos y provincias eran naturales, se dirá todo por extenso, para que se considere la gran nobleza que a la sazón había en Granada.

CAPÍTULO III.

_En que se declaran los nombres de los nobles caballeros moros de Granada, de los treinta y dos linajes, y otras cosas que pasaron en Granada. Asimismo se nombran todos los lugares que estaban en aquel tiempo debajo de la corona de Granada._

Ya que hemos tratado de algunas de las cosas de la ciudad de Granada y de sus edificios, diremos de los preciados caballeros que en ella vivían, y de las villas, lugares, castillos y ciudades que estaban sujetos a la Real Corona de Granada; para lo cual comenzaremos por los caballeros, de esta manera nombrados por sus nombres: Almoradíes, de Marruecos; Alabeces, Alarbes; Bencerrajes, id.; alfaquíes, de Fez; Gazules, Alarbes; Barragís, de Fez; Venegas, de id.; Zegríes, de id.; Mazas, de id.; Gomeles, de Vélez de la Gomera; Abencerrajes, de Marruecos; Albayaldes, de id.; Abenámares, de id.; Aliatares, de id.; Almadenes, de Fez; Audalás, de Marruecos; Hacenes, de Fez; Laugetes, de id.; Azarques, de id.; Alarifes, de Vélez de la Gomera; Abenhamines, de Marruecos; Zulemas, de id.; Sarracinos, de id.; Mofarix, de Tremecén; Abedhoares, de id.; Almanzores, de Fez; Abidbares, de id.; Alhamares, de Marruecos; Reduanes, de id.; Aldoradines, de id.; Alabeces Maliques, de Marruecos, descendientes del Almohabez Malique, rey de Cuco.

Los lugares del reino y vega de Granada son estos: Granada, Cogollos, Alfacar, Colomera, Alhendín, los Padules, Gabia la Grande, Iznalloz, Maracena, Albabia, Gabia la Chica, la Zubia, Alhama, Arbolote, Moclín, Illora, Loja y Lora, Monte-frío, Guadahortuna, la Malá, Pinos, Alcalá Real, Cardela, Huelma.

Los lugares de Baza son: Baza, Bezalema, Castilleja, Galera, Vélez el Blanco, Tirieza, Zújar, Crastil, Huéscar, Cuéllar, Vélez el Rubio, Freila, Benamanuel, Orce, Cavillas, Xiquena, Tirieza.

Los del río Almanzor son: Serón, Almuñecar, Urraca, Bertanga, Eria, Santoperat, Portilla, Cabrera, Sorbas, Alboteas, Serna, Tíjola, Purchena, Mojar, Abenchez, Zucuyrin, Huércal, Tera, Teresa, Lubrín, Portaloza, Cuebro, Bayarque, Vicir, Turre, Cantoria, Ovaria, las Cuevas, Zurgena, Antes, Elvez, Uleya del Campo.

Los lugares del Filabres son: Filabres, Gergal, Vacares, el Voloduy, Sierto.

Los lugares del río de Almería son: Almería, Vicar, Tenix, Huércal, Fenix, Pichona, Alhamalasec, Santa Cruz, Turpe, Rioja, Ragul, Meles, Cucija, Ochovez, Santa Fe, Ilar, Efición, Marcena, Guenlejas, Almaneata, Abiatar, Lacumque, Catiyar.

_Tabla de Andújar y Oxica_: Castillo del hierro, Velote el alto, Inoa, Alcundiat, Berja, Veas, la Calahorra, Curiana, Canile-aceytu, Lanjarón, Valor el chico, Tabernas, Guadix, la Poza, Fiñana, Dalías, Murral, Cadiar, Potrox, Turón, las Albuñuelas, Guajaras altas, Guajaras bajas.

Estos y otros muchos lugares de las Alpujarras, Sierra-Bermeja y Ronda, que no hay para que nombrarlos, estaban debajo de la Real Corona de Granada.

Y pues hemos tratado de los lugares, será bien tratar de los caballeros moros Maliques Alabeces, el cual linaje era muy estimado y tenido de los reyes de Granada y de todos; y es de saber, que como Miramamolín el de Marruecos convocase a todos los reyes de África para ir a España, cuando totalmente fue destruida hasta las Asturias, vino un rey llamado Abderiame, y este trajo tres mil hombres de pelea: vino otro llamado Muley Abcalí, y en su compañía otros veinte y cinco reyes moros, los cuales trajeron grande poder de gente, y entre estos reyes vino uno llamado Mahomad Malique Almohabez, cuyo era el gran reino de Cuco, y traía consigo tres hijos valerosos, llamados Maliques Almohabeces, todos los cuales reyes y sus vasallos conquistaron a España.

Y en aquella gran batalla en que se perdió el rey D. Rodrigo y la flor de los caballeros de España, a manos del infante D. Sancho murió el rey Malique Almohabez, y sus tres hijos anduvieron en las guerras todos los ocho años que duraron, hasta que se apoderaron los moros de casi toda España.

Y acabada la guerra el mayor de los hermanos pasó a África, rico de despojos, al reino de su padre, do fue rey, y los hijos de este fueron reyes de Fez y Marruecos, y uno de los reyes de Fez tuvo uno llamado el infante Abomelique, el cual pasó a España en tiempo que los reyes de Castilla tenían guerra con los reyes de Granada.

Fue Abomelique rey de las Algeciras, Ronda y Gibraltar, respecto a que fue ayudado de sus parientes, porque habían quedado en la ciudad de Granada descendientes de aquellos hijos del valiente rey Almohabez, que como arriba es dicho, uno se volvió a su tierra y reino, y los otros dos se quedaron en Granada, por parecerles la tierra muy amena y agradable; y quedaron muy ricos de los despojos de la guerra de España.

Fuéronles dadas grandes partes y haciendas en Granada: sabiendo cuyos hijos eran, especialmente por el valor de sus personas que era muy grande, emparentaron con otros claros linajes de la ciudad, que se decían los Almoradines: sirvieron a sus reyes muy bien en todas las ocasiones que se les ofrecieron.

Y así estos y los Abencerrajes eran los más esclarecidos y tenidos linajes, aunque también había otros tan buenos como ellos, como eran los Zegríes, Gomeles, Mazas, Venegas, Almoradís, Almohades, Marines y Gazules, y otros muchos.

Finalmente, con el favor de estos caballeros Maliques Alabeces, que así fueron llamados, el infante Abomelique de Marruecos alcanzó en el reino de Granada a ser rey de Ronda, de las Algeciras y Gibraltar, como está dicho.

Volviendo, pues, al propósito de nuestra historia, como dice el arábigo, el rey de Granada Mulahacén, de quien ahora tratamos, se servía de los caballeros más principales de la ciudad, con los cuales tenía su corte próspera, y sus tierras pacíficas, y hacía guerra a los cristianos, y era de todos muy temido, hasta que su hijo Aboabdilí fue grande, y entre él y el padre hubo grandes diferencias, y el hijo fue alzado por rey en favor de los caballeros de Granada que estaban mal con su padre, por ver los agravios que de él habían recibido: otros seguían la parte del padre.

De aquesta manera andaban las cosas de la ciudad y reino de Granada, y no por eso dejaba de estar en su punto, siendo bien gobernada y regida: y es de saber, que de los treinta y dos linajes de caballeros que había en Granada, los que sustentaban la corte eran los que aquí nombraremos, porque hace mucho al caso a nuestra historia, así como lo escribe el moro Abenhamín, historiador de aquellos tiempos, desde la entrada de los moros en España; pero este Abenhamín tuvo cuidado de recoger los papeles y escrituras que trataban de Granada, y su fundación primera y segunda, y los caballeros que más se estimaban en Granada eran los siguientes: Alhamares, Abencerrajes, Llegas, Abenámares, Almoradís, Gomeles, Mazas, Gazules, Alabeces, Venegas, Zegríes.

Los caballeros Abencerrajes eran muy estimados, por ser de esclarecido linaje, descendientes de aquel valeroso capitán Abencerraje, que vino con Muza en tiempo de la gran derrota de España: de este y de dos hermanos suyos descendieron estos caballeros Abencerrajes de sangre real. Hallaranse los hechos de estos insignes caballeros en las crónicas de los reyes de Castilla, a las cuales me remito.

Los que tenían mayor amistad con estos caballeros eran los Maliques Alabeces, y el valiente Muza, hijo bastardo del rey Mulahacén. Era Muza muy valiente y robusto, y todos le amaban por su nobleza.

A la sazón había en Granada muchas fiestas, a causa de haber recibido la corona el rey Chico, aunque contra la voluntad de su padre, el cual vivía en el Alhambra, y el rey Chico en el Albaicín y Alcazaba, visitándole los caballeros más principales, por quien había recibido la corona, así Abencerrajes, como Gomeles y Mazas.

Pasando estas cosas, el muy valeroso maestre de Calatrava D. Rodrigo Téllez Girón, con mucha gente de a caballo y de a pie, entró a correr la vega de Granada y hizo en ella algunas presas; y no contento con esto, quiso saber si había en Granada algún caballero que con él quisiese escaramucear lanza por lanza; y sabiendo como en Granada hacían fiestas por la nueva elección del rey Chico, acordó de enviar un escudero con una letra suya al rey, el cual estaba en Generalife holgándose con muchos caballeros, y en llegando el escudero pidió licencia, y diósela; y siendo en presencia del rey, hizo el acatamiento debido, y dio el recado de su señor el maestre.

El rey lo recibió y lo hizo leer alto, que todos lo entendiesen, y decía así:

«Poderoso señor, tu alteza goce la nueva corona, que por tu valor se te ha dado, con el próspero fin que deseas. De mi parte he sentido gran contento, aunque diversos en leyes: mas confiado en la grande misericordia de Dios, que al fin tú y los tuyos vendréis al claro conocimiento de la santa fe de Jesucristo, y querrás amistad con los cristianos. Y pues ahora hay tantas fiestas por tu nueva corona, es justo que los caballeros de tu corte se alegren y reciban placer, probando sus personas con el valor que de ellos por el mundo se publica. Y así por este respeto yo y mi gente hemos entrado en la Vega, y la hemos corrido; y si acaso alguno de los tuyos quisiere salir al campo a tener escaramuza uno a uno, deles tu alteza licencia para ello, que aquí aguardo en el Fresno gordo cerca de tu ciudad. Y para esto doy seguro que de los míos no saldrán más de aquellos que salieren de Granada para escaramucear. Ceso besando tus reales manos.--_El maestre D. Rodrigo Téllez Girón._»

Leída la carta, el rey con alegre semblante miró a todos sus caballeros, y violos andar alborotados y con deseo de salir a la escaramuza, pretendiendo cada uno de ellos la empresa; y el rey como los vio así andar, mandó que se sosegasen, y preguntó si era justo salir a la escaramuza que el maestre pedía, y todos respondieron, que era cosa muy justa salir, porque haciendo lo contrario, serían reputados por caballeros de poco valor y muy cobardes, y sobre ello hubo muchos pareceres, sobre quién saldría a la escaramuza, o cuántos; y fue acordado que no fuese aquel día más de uno a uno a la escaramuza, que después saldrían más; y sobre quién había de salir hubo muchas y grandes diferencias entre todos, de modo que fue necesario que entrasen en suerte doce caballeros, y que del que saliese primero de una vasija de plata su nombre escrito, que aquel saliese.

Así acordado, los que fueron escritos para las suertes, fueron los caballeros siguientes: Mahomad Abencerraje, el valiente Muza, Malique Alabez, Mahomad Maza, Mahomad Almoradí, Albayaldos, Venegas Mahomet, Abenámar, Mahomad Gomel, Almadán, Mahomad Zegrí, el valiente Gazul.

Todos estos caballeros fueron señalados, y escritos sus nombres y echados en una vasija, los revolvieron muy bien, y la reina sacó la suerte, y leída decía _Muza_.

La alegría que sintió fue grande, y los demás caballeros envidia, porque cada uno de ellos se holgara en extremo ser el de la suerte, por probar el valor y esfuerzo del maestre.

Y aunque después de esto entre todos los caballeros fue conferido y debatido que mejor fuera salir cuatro a cuatro, o seis a seis, no se pudo aceptar con Muza; y así luego se escribió al maestre una carta, y dándosela al escudero en respuesta de la que había traído, le enviaron; y llegando a la presencia del maestre, le dio la carta del rey Chico, que decía así.

«Valeroso maestre, muy bien se muestra en tu virtud la nobleza de tu sangre, y no menos que de tu bondad pudiera salir el parabién de mi elección y real corona, lo cual me ha puesto en obligación de acudir a todo lo que a la amistad de un verdadero amigo se debe tener; y así me obligo a todo aquello que de mí y de mi reino hubieres menester. Con muy comedidas razones envías a pedir a mis caballeros escaramuza en la Vega, por alegrar mi fiesta, lo cual agradezco grandemente. Entre los principales caballeros de esta corte se echaron suertes por quitar diferencias, a causa de que cada uno quisiera verse contigo; cayole la suerte a mi hermano Muza: mañana se verá contigo debajo de tu palabra, que de ninguno de los tuyos será ofendido. Conocido tengo, que será muy de ver la escaramuza por ser entre dos tan buenos caballeros. Queda aquí para lo que cumpliere--_Audalá, rey de Granada_.»

Alegre fue el maestre con la respuesta del rey, y aquella noche se retiró gran trecho la tierra adentro: mandó a su gente que estuviese con cuidado y vigilancia toda la noche, porque los moros no les diesen algún asalto.

Venida la mañana se acercó a la ciudad, llevando para su guarda cincuenta caballeros, y dejando el resto gran trecho apartado, avisándoles que estuviesen alistados por si los moros rompían la palabra de seguro que estaba dada: así estuvo aguardando a Muza para hacer con él batalla.

CAPÍTULO IV.

_Que trata de la batalla que el valiente Muza tuvo con el Maestre, y de otras cosas que también pasaron._

Así como el mensajero del valeroso maestre partió con la carta aceptando el desafío, el rey y todos los caballeros quedaron tratando de él y de otras cosas.

La reina y las damas no holgaron del desafío, porque sabían bien que el valor del maestre era grande, y muy diestro en las armas, y a quien más pesó de este desafío fue a la hermosa y discreta Fátima, del linaje Zegrí, que amaba de secreto mucho a Muza; pero él adoraba a la hermosa Daraja, hija de Mahomet Alabez, y hacía en su servicio señaladas cosas; mas Daraja no amaba a Muza, porque tenía todo su amor puesto en Abenjamar, caballero Abencerraje de mucho valor: el Abencerraje amaba a la hermosa Daraja, y la servía.

Volviendo, pues, a Muza, aquella noche siguiente aderezó todo lo necesario para la batalla que había de hacer, y la Fátima le envió con un paje suyo un rico pendoncillo para la lanza, el medio morado, y el otro verde, todo recamado con riquísimas labores de oro, y sembradas por él muchas FF, que declaraban el nombre de Fátima. El paje le dio a Muza diciendo:

--Valeroso señor, Fátima, mi señora, os besa la mano, y os suplica pongáis en vuestra lanza este pendoncillo en su servicio, porque será muy contenta si lo lleváis a la batalla.

Muza tomó el pendoncillo mostrando muy buen semblante, porque era para con las damas cortés, aunque él más quisiera que fuera de Daraja; pero por ser tan discreto como valiente, lo recibió diciendo al paje:

--Amigo, di a la hermosa Fátima que tengo en muy grande merced y favor el pendoncillo que me envía, aunque en mí no haya méritos para prenda de tan hermosa dama, y que Alá me dé gracia para que la pueda servir, y que la prometo de ponerle en mi lanza, y de entrar con él en la batalla, porque sé que con tal prenda, y enviada de tal mano, será muy cierta la victoria de mi parte.

El paje fue muy contento, y en llegando a Fátima le dijo todo lo que con el valiente Muza había pasado, que no fue poca alegría para Fátima.

Pues el alba no había bien rompido, cuando Muza ya estaba aderezado de todo punto para salir al campo, y dando de ello aviso al rey, se levantó y mandó que tocasen las trompetas y clarines, al son de los cuales se juntaron muchos caballeros, sabiendo ya la ocasión de ello.

El rey se aderezó aquel día muy galán: llevaba una marlota de tela de oro, tan rica, que no tenía precio, con tantas perlas y piedras de valor, que muy pocos reyes las pudieran tener tales.

Mandó el rey que saliesen doscientos caballeros muy bien alistados, para pelear por la seguridad de su hermano Muza.

Aún no eran los rayos del sol bien tendidos, cuando el rey Chico y su caballería salió por la puerta de Biealmazón, llevando a su lado a Muza, y con él los caballeros: iban tan gallardos que era muy de ver. No menos parecer y gallardía llevaban los demás caballeros de pelea, y parecían tan bien con sus adargas blancas, lanzas y pendoncillos, con tantas divisas y cifras en ellos, que era maravilla.

Iba por capitán de la gente de guerra Mahoma Alabez, gallardo y valiente caballero, y muy galán y enamorado de una dama llamada Cobaida. Llevaba este valiente moro un listón morado en su adarga, y en él por divisa una corona de oro, y una letra que decía: _De mi sangre_, dando a entender, que venía de aquel valeroso rey Almohabez, que murió a manos del infante D. Sancho; y la misma divisa llevaba el gallardo moro en su pendoncillo.

Así salieron estas dos cuadrillas, y anduvieron hasta donde estaba el belicoso maestre con sus cincuenta caballeros aguardando, no menos aderezados que la contraria parte. Luego como llegó el rey tocaron sus clarines, y respondieron las trompetas del maestre.

Después de haberse mirado los unos a los otros, el valeroso Muza no veía la hora de verse con el maestre, y pidiendo licencia a su hermano el rey, salió con hermoso donaire y gallardía, mostrando en su aspecto el valor y esfuerzo que tenía.

Llevaba el bravo moro su cuerpo bien guarnecido; sobre un jubón de armar una muy fina cota que llaman jacerina, y encima un peto fuerte, forrado en terciopelo verde; sobre ella una rica marlota del mismo terciopelo, labrado con oro, y por ella sembradas muchas DD de oro, hechas en arábigo. Esta letra llevaba el moro por ser principio del nombre de Daraja, a quien él tanto amaba.

El bonete era verde con ramos de oro labrado, y lazadas con las mismas DD. Llevaba una adarga hecha en Fez, y atravesado por ella un listón verde, y en el medio una cifra; y era una mano de una doncella, que apretaba con ella un corazón, del que salían gotas de sangre, con una letra que decía: _Más merece_. Iba tan gallardo el valiente Muza, que cualquiera que le miraba quedaba aficionado a las galas.

El maestre echó de ver luego que aquel era con quien había de escaramucear, y mandó a todos sus caballeros que ninguno se moviese en su socorro, aunque le viesen puesto en necesidad; y fuese poco a poco hacia donde venía el gallardo Muza.

Iba el maestre bien armado, y sobre las armas una ropa de terciopelo azul, recamado de oro, el escudo verde en campo blanco, y en él puesta una cruz roja, la cual señal también llevaba en el pecho. El caballo era bueno, rucio rodado. Llevaba en la lanza un pendoncillo blanco, y en él la cruz roja, y debajo de ella una letra que decía: _Por esta y por mi rey_.

Parecía tan bien, que en verle daba contento, y cuando el rey le vio dijo a los que con él estaban:

--No sin causa este caballero tiene gran fama, porque en su talle y buena disposición muestra el valor de su persona.

Llegaron los dos valientes caballeros cerca el uno del otro, y después de haberse mirado muy bien, el que primero habló fue Muza:

--Por cierto, valeroso caballero, que vuestra persona muestra bien claro ser vos el que la fama publica; y así digo, que vuestro rey se puede tener por bien afortunado en tener un tan estimado caballero como vos sois; y por la fama que el mundo tiene de vos, yo me tengo por muy dichoso de entrar con vos en batalla, porque si Alá quisiese que alcanzase victoria de tan buen caballero, todas las glorias de él serían mías, que no poca honra y gloria sería para mí, y para todo mi linaje; y si yo quedare vencido, no sentiré tanta pena, por serlo de tan buen caballero.

Con esto feneció el gallardo Muza sus razones, a las cuales respondió el valeroso maestre con mucha cortesía diciendo:

--Por un recado que ayer recibí del rey, sé que os llaman Muza, de quien no menos fama se divulga que la que decís de mí, y que sois su hermano, descendiente de aquel esforzado y antiguo capitán Muza, que en tiempos pasados ganó gran parte de nuestra España; y así estimo tener con vos batalla; y pues cada uno de su parte desea la gloria y honra de ella, vengamos a ponerlas en ejecución, dejando en manos de la fortuna el fin del caso, y no aguardemos a que se nos haga más tarde.

El gallardo moro, que oyó aquellas razones al maestre, se sintió avergonzado por haber dilatado tanto tiempo la escaramuza, y sin responder palabra alguna, con mucha presteza rodeó su caballo, y apretándose el bonete en la cabeza, debajo del cual llevaba un muy fino y acerado casco, se apartó un gran trecho, y lo mismo había hecho el maestre.

A este tiempo la reina y todas sus damas estaban puestas en las torres del Alhambra, para desde allí mirar la fuerte escaramuza. Fátima estaba junto a la reina, juntamente con sus damas, ricamente vestida de damasco verde y morado, y era del propio color del pendoncillo que le había enviado al valiente Muza: tenía por toda la ropa sembradas muchas MM griegas, por ser la primera letra de su amante Muza.

El rey como vio apartados a los caballeros, y que aguardaban la señal de batalla, mandó tocar sus clarines, a los cuales respondieron las trompetas del maestre.

Siendo la señal hecha, arremetieron los caballeros el uno para el otro con tan grande furia y braveza que cada uno sintió el valor de su contrario en los encuentros que tuvieron; mas ninguno perdió la silla, ni hizo mudanza alguna: las lanzas no se quebraron, la adarga de Muza fue falseada, y el hierro de la lanza tocó en la fina coraza, y rompió parte de ella, y pasó en la jacerina, sin hacerle otro mal.

El encuentro de Muza pasó el escudo al maestre, y el hierro de la lanza tocó en el peto fuerte, que a no serlo fuera herido.