Guerras civiles de Granada: Tomo I
Part 23
--Por cierto que se emplea muy bien tu desventura en haber perdido a Alhama; y merecías perder todo el reino, pues mataste a los nobles caballeros Abencerrajes, y a los que quedaban mandaste desterrar del reino; por lo cual se tornaron cristianos, y ellos propios son los que te hacen la guerra. Acogiste a los Zegríes que eran de Córdoba, y te has fiado de ellos; pues ahora irás al socorro de Alhama, y di a los Zegríes que te favorezcan en semejante desventura como esta.
Por esta embajada que al rey Chico le vino de la pérdida de Alhama, y por lo que este moro alfaquí le dijo, y por la muerte de los Abencerrajes, se dijo aquel romance antiguo tan doloroso para el rey, que dice en arábigo, traducido al castellano, de esta manera:
Paseábase el rey moro por la ciudad de Granada desde la puerta de Elvira hasta la de Vivarrambla. Cartas le fueron venidas que Alhama era ganada: las cartas echó en el fuego, y al mensajero maltrata. Descabalga de una mula y en un caballo cabalga; por el Zacatín arriba subido se ha al Alhambra. Cuando en el Alhambra estuvo, al mismo tiempo mandaba que le toquen sus trompetas, los añafiles de plata, Y que las cajas de guerra apriesa toquen al arma, porque la oigan sus moros, los de la Vega y Granada. Los moros que el son oyeron, y al sangriento Marte llama, de uno a uno, y dos a dos, juntádose ha gran batalla. Allí salió un moro viejo y desta manera hablara: «¿Para qué nos llamas, rey; para qué es esta llamada?» «Habéis de saber, amigos, una nueva desdichada, que cristianos de braveza ya nos han ganado a Alhama.» Allí habló un alfaquí de barba crecida y cana: «Bien se te emplea, buen rey; buen rey, bien se te empleaba; Mataste los Bencerrajes que eran la flor de Granada, acogiste advenedizos de Córdoba la nombrada. Pos eso mereces, rey, una pena bien doblada, que te pierdas tú y tu reino, y que se pierda Granada.»
Este romance se hizo en arábigo en aquella ocasión de la pérdida de Alhama, el cual era muy doloroso, y tanto que vino a vedarse en Granada que no le cantasen, porque cada vez que le cantaban en cualquiera parte provocaba a llanto y dolor: después se cantó en lengua castellana de la misma manera, que decía:
Por la ciudad de Granada el rey moro se pasea; desde la calle de Elvira llegaba a la plaza Nueva. Cartas le fueron venidas, que le dan muy mala nueva, que habían ganado a Alhama con batalla y gran pelea. El rey con aquestas cartas grande enojo recibiera, al moro que se las trajo mandó cortar la cabeza. Las cartas hizo pedazos con la saña que le ciega, descabalga de una mula y cabalga en una yegua. Por la calle el Zacatín al Alhambra se subiera; trompetas mandó tocar y las cajas de pelea, Porque lo oyeran los moros de Granada y de la Vega, uno a uno, dos a dos, grande escuadrón se hiciera. Cuando los tuviera juntos un moro allí le dijera: «¿Para qué nos llamas, rey, con trompa y cajas de guerra?» «Habéis de saber, amigos, que tengo una mala nueva, que la mi ciudad de Alhama ya del rey Fernando era. Los cristianos la ganaron con muy crecida pelea.» Allí habló un alfaquí, desta manera dijera. «Bien se te emplea, buen rey; buen rey, muy bien se te emplea, mataste los Bencerrajes que eran la flor desta tierra; Acogiste a advenedizos que de Córdoba vinieran; y así mereces, buen rey, que todo el reino se pierda.»
Pues volviendo al caso, así como el rey juntó gran copia de gente, al punto sin poner en ello dilación, salió de Granada para ir al socorro de Alhama, imaginando que la había de remediar; mas su cuidado y trabajo fue en vano, porque cuando llegó a Alhama ya los cristianos estaban apoderados de la ciudad y del castillo, y de todas sus torres y fortalezas; pero con todo eso hubo una muy grande escaramuza entre moros y cristianos: allí murieron más de treinta Zegríes a manos de los cristianos Abencerrajes, que allí había más de cincuenta que estaban a la orden del marqués de Cádiz.
Finalmente, por el gran valor y esfuerzo de los caballeros cristianos fueron desbaratados los moros: lo cual visto por el rey de Granada, se volvió sin hacer en aquella ocasión cosa de provecho.
Así como llegó a Granada volvió a hacer más gente y en más cantidad, y volvió sobre Alhama, y una noche secretamente la hizo echar escalas y entraron dentro algunos moros; y así como fueron sentidos de cristianos, tocaron al arma y pelearon con los moros que habían entrado, y los mataron y se pusieron a la defensa.
Y viendo el rey que trabajaba en vano, se volvió muy triste, y envió por el alcaide de Alhama para degollarle, que se había retirado a Loja a su fortaleza.
Los mensajeros del rey, presentando los recados que llevaban para prenderle, le prendieron y le dijeron como le mandaba cortar la cabeza y llevarla a Granada, y ponerla encima de las puertas del Alhambra, porque fuese a él castigo y a otros temor, pues había perdido una fuerza tan importante.
Y siendo preso, dijo el alcaide que él no tenía culpa de aquella pérdida, que el rey le había dado licencia para ir a Antequera a bodas de una hermana suya, que el alcaide Rodrigo de Narváez la casaba con un caballero, y que ocho días le habían dado de término más que los que había pedido, y que a él le pesaba mucho de la pérdida de Alhama, porque si el rey la perdía, él había perdido sus hijos, mujer y hacienda.
No bastó esta disculpa que dio el alcaide, y así le llevaron a Granada y le cortaron la cabeza; y por esto se hizo el siguiente
ROMANCE.
Moro alcaide, moro alcaide, el de la bellida barba, el rey te manda prender por la pérdida de Alhama; Y cortarte la cabeza y ponerla en el Alhambra, porque a ti sea castigo, y otros tiemblen en mirarla; Pues perdiste la tenencia de una ciudad tan preciada. El alcaide respondía, desta manera les habla: «Caballeros, y hombres buenos los que regís a Granada, decid de mi parte al rey como no le debo nada. Yo me estaba en Antequera en bodas de una mi hermana; mal fuego queme las bodas y quien a estas me llevara, El rey me dio la licencia que yo no me la tomara; pedila por quince días, diómela por tres semanas. De haberse Alhama perdido a mí me pesa en el alma, que si el rey perdió su tierra, yo perdí mi honra y fama: Perdí una hija doncella, que era la flor de Granada; el que la tiene cautiva marqués de Cádiz se llama. Cien doblas le doy por ella, no me las estima en nada: la respuesta que me han dado es, que mi hija es cristiana, Y por nombre le habían puesto Doña María de Alhama: el nombre que ella tenía mora, Fátima se llama.» Diciendo esto el alcaide lo llevaron a Granada, y siendo puesto ante el rey, la sentencia le fue dada, Que le corten la cabeza, y la lleven al Alhambra: se ejecutó la sentencia, así como el rey lo manda.
Pues habiéndose hecho esta justicia del alcaide de Alhama, se comenzó a tratar entre todos los caballeros que el tío del rey saliese con la gente de su bando a tomar venganza de la pérdida de Alhama, o a buscar otras ocasiones para vengarse de los cristianos; a lo cual el tío les respondió que harto hacía en guardar la ciudad y tenerla en paz, y que por esta causa no salían él ni los de su bando de ella.
Tratando en estas cosas todos los caballeros que estaban a la obediencia del rey Chico, dijeron que de ley de razón al hijo se le debía la corona, y no al hermano, y que guardar esta ley era de caballeros nobles; y como esto se considerase, todos los más linajes le dieron la obediencia al rey Chico, así como Gazules, Aldoradines, Venegas, Alabeces; y los de este bando, que eran enemigos de los Zegríes, no atendieron a enemistades pasadas, pudiendo más la razón que el rencor, y más la nobleza que la malicia; de tal suerte, que con el tío del rey Chico no quedaron sino Almoradís, Marines y algunos caballeros y gente ciudadana.
Pues todos estos, como hemos dicho, decían, que el infante Abdalí saliese a buscar algunas ocasiones contra cristianos, de suerte que se vengase la toma de Alhama, y que no estuviese arrinconado, como hombre inútil y de poco valor, pues pretendía tener cetro y corona.
A todo esto respondía el infante lo que habéis oído, y que él quería guardar a Granada, que era de más importancia que ir a buscar cristianos a sus casas: lo mismo decían los Almoradís y Marines; y a cerca de esto Malique Alabez, lleno de cólera y saña, les dijo:
--Que eran cobardes y ruines, y que no hacían a ley de caballeros en no salir a buscar cristianos con quien pelear, y querer por fuerza hacer rey a quien no lo merecía por su persona, ni le venía de derecho.
Los Almoradís oyendo estas palabras pusieron mano a las armas contra los Alabeces, y ellos también. Los Gazules no se holgaron viendo este acontecimiento; y así pusieron mano en las armas y dieron en los Almoradís y Marines, de suerte que en poco tiempo mataron más de treinta de ellos, y los Almoradís mataron muchos Gazules y Alabeces.
De tal manera se revolvieron los bandos unos con otros que se ardía Granada y se derramaba mucha sangre de ambas partes; mas siempre llevaron lo peor los Almoradís y Marines, aunque tenían de su parte gran copia de la gente común, y otros linajes de caballeros; y tan mal les fue que se hubieron de retirar todo lo mejor que pudieron al Albaicín.
Los dos reyes salieron cada uno a favorecer su parte; y si no fuera por los alfaquíes, y por muchos señores que se pusieron por medio, perecieran, y también porque Muza con mucha gente de a caballo fue apaciguando la pendencia; y no sabía contra quien fuese, porque el rey Chico era su hermano, y el infante su tío; pero considerando que derechamente era el reino de su hermano, era más de su bando.
Este día hubo tan grande revuelta que fue causa para que el furor del amotinado pueblo cesase, y se reconciliasen en amistad; y así se hizo un crecido escuadrón de gente de a caballo y de a pie.
Y como el rey Chico los viese con tan grande voluntad de ir a pelear contra los cristianos, propuestos de morir o vengar la pérdida de Alhama, salió de Granada con ellos, yendo con acuerdo de no detenerse hasta entrar bien adentro de Andalucía, y hacer una gran cabalgada, o rendir alguna fuerza de cristianos; y con este propósito marcharon hasta llegar legua y media de Lucena, donde el rey mandó hacer de toda su gente tres batallas: la una tomó él a su cargo, y la otra dio a un alguacil mayor, y la otra a un capitán de Loja, llamado Aliatar, y todos corrieron la tierra e hicieron una muy gran presa.
Esta corrida de los moros se supo en Lucena, Baena y Cabra; y así salió el conde de ella, y el valiente alcaide de los Donceles con mucha gente, y pelearon con los moros; los cuales como vieron venir tal tropel de cristianos, juntaron sus tres batallas y pusieron enmedio la cabalgada.
Los valientes andaluces dieron en los moros de tal forma que, aunque se defendieron con gran valor, fueron desbaratados, y junto al arroyo del puerco, que otros llaman el arroyo de Martín González, fue preso el rey de Granada y otros muchos con él. Los moros que escaparon fueron huyendo la vuelta de Granada. El rey fue llevado a Baena, y de allí a Córdoba, para que le viese el rey D. Fernando.
Fuéronle enviados mensajeros al rey Católico para que tratase de rescate del rey Chico; y sobre si se rescataría, o no, hubo muchas diferencias entre los del consejo y grandes de Castilla.
Al fin se acordó de darle libertad con que fuese vasallo del rey D. Fernando; y así juró, de ser leal y fiel con que le diese su favor y ayuda para conquistar algunos lugares que no le querían obedecer, sino a su padre.
El rey D. Fernando lo prometió así; y le dio cartas para todos los capitanes cristianos que estaban en las fronteras de Granada, para que le ayudasen en lo que el rey Chico quisiese, y que a los moros que quisiesen ir a labrar tierras fuera de Granada, no se les hiciese perjuicio.
Y habiendo asentado y jurado todo lo dicho, pidió licencia el rey de Granada al rey Católico, y dándosela con muchos presentes, se fue a su patria.
Y como su tío Abdalí y los demás caballeros de Granada supieron el trato que había hecho el reyecillo con el rey D. Fernando, les pareció muy mal; y recelándose de que por esta causa se perdiese Granada, el infante Abdalí les hizo a todos el siguiente parlamento, diciendo así:
--Claros, ilustres y muy esforzados caballeros que tan injusto odio me tenéis, sin razón ni legítima causa: bien sabéis como mi sobrino fue alzado por rey de Granada, sin ser muerto mi hermano Mulahacén, su padre, por una causa muy ligera; solo porque degolló cuatro caballeros Abencerrajes, que lo merecían, y por esto le quitasteis la obediencia, y alzasteis a su hijo por rey contra toda razón y derecho; y mi sobrino, habiendo, con vuestro favor, degollado treinta caballeros Abencerrajes sin ninguna culpa; habiendo levantado tal testimonio a su mujer, reina nuestra, por donde tantos escándalos, muertes y guerras civiles ha habido en esta ciudad, le tenéis obediencia y le amáis, sin mirar que no es digno de ser rey, pues su padre es vivo; y sin esto mirad ahora lo que ha hecho y concertado con el rey D. Fernando de Castilla, que le han de dar gente belicosa para hacer guerra con ella a los pueblos que no le han querido obedecer, y siempre han estado en la obediencia de su padre; y más le da al rey cristiano tantas mil doblas de tributo, después de haberse perdido él y los suyos en esta entrega que ha hecho tan sin causa. Ya que Alhama fue perdida, no tenía necesidad sino de reparar las fuerzas, pues Alhama no se podía cobrar al presente, y por tiempo se pudiera restaurar. Pues considerando ahora, caballeros, a vos digo Zegríes, Gomeles, Mazas y Venegas, allegados a mi sobrino con tanta vehemencia, si ahora metiese gente cristiana y guerras en Granada, ¿qué esperanza podríais tener, y qué seguridad para que no se levantasen con su tierra? ¿No sabéis que los cristianos son gente feroz y belicosa, todos con ánimo levantado hasta el cielo? Si no mirad lo de Alhama cómo ha sido, y cuán presto la han atropellado. Pues Alhama gente de guerra tenía dentro para defenderla: mirad cómo no la defendieron. Pues si entrasen estos en Granada, y tuviesen lugar de ver las murallas y torres, ¿quién quita que luego no fuese ganada por los cristianos? Abrid, amigos, los ojos, y no deis lugar a mayores males. Mi sobrino no sea admitido por rey, pues es amigo del rey cristiano. Mi hermano es rey, y por ser ya viejo tengo yo el gobierno de la corona real: si él muere, y mi padre fue rey de Granada, ¿por qué no lo seré yo, pues de legítimo derecho me viene, y la razón lo pide? De necesidad es menester: ahora cada uno responda, y dé su voto a lo que tengo propuesto y dicho, y sea la respuesta tocante al bien del reino.
Fueron tan eficaces estas razones que dijo el infante Abdalí contra su sobrino, que los alfaquíes y demás caballeros, especialmente Almoradís y Marines, fueron de común acuerdo que el rey Chico no fuese admitido en Granada, y que el tío fuese alzado por rey, y entregado en el Alhambra; lo cual le fue dicho a Mulahacén, el que agravado de pesadumbres y males salió de su voluntad del Alhambra, y se apoderó en el Alcazaba junto con su familia; y su hermano fue apoderado en el Alhambra con título de rey, aunque contra la voluntad de los Zegríes, Mazas, Gomeles, Gazules, Alabeces, Aldoradines y Venegas; pero disimularon por ver en qué paraban aquellas cosas.
El rey Chico llegó a Granada con muchas joyas y presentes que el rey D. Fernando le había dado. Los de Granada no le quisieron acoger ni recibir, diciéndole que el moro que hacía alianzas y paces con los cristianos no había que fiar de él. Visto por el rey que no le querían recibir, y sabiendo que su tío estaba apoderado en el Alhambra, se fue a la ciudad de Almería, que era tan grande como Granada, y de tanto trato y cabeza de reino, donde le recibieron como a su rey.
Desde allí requería a algunos lugares que le diesen la obediencia, y si no que los destruiría. Los lugares no se la quisieron dar, por lo cual les hacía guerra con cristianos y moros.
En esta sazón murió el rey viejo, con cuya muerte se renovaron los bandos, porque visto el testamento que había hecho en vida, hallaron en él la traición que su hermano había intentado contra él, y cómo dejaba su hijo por heredero del reino, y que fuese obedecido de todos, y si no, que la maldición de Mahoma viniese sobre ellos.
Por esto comenzaron nuevos escándalos, porque el reino le venía al hijo de Mulahacén, y no al infante. En esto estuvieron tratando muchos días, en los cuales le aconsejaron al infante que procurase con diligencia matar a su sobrino, y muerto, reinaría en paz.
Admitió este consejo, y determinó el ir a Almería a matarle; y primero escribió a los alfaquíes de Almería lo que su sobrino había tratado con el rey D. Fernando, de lo cual les pesó, y le enviaron a decir que ellos darían entrada secretamente en Almería; que le viniese a prender o matar.
Vista esta respuesta por el infante, se partió con secreto llevando algunos caballeros consigo, y en llegando a Almería los alfaquíes les entraron secretamente, y cercando la casa real, procuró prender o matar a su sobrino; pero oyendo el alboroto, avisaron al rey Chico y él escapó huyendo con algunos de los suyos, y se fue a tierra de cristianos.
El infante quedó muy enojado por haberse escapado el sobrino; pero allí en Almería halló un muchacho, sobrino suyo y hermano del rey Chico, y le hizo degollar, porque si el rey Chico moría, pudiese él reinar sin que nadie se lo impidiera: pasado esto se volvió a Granada donde estuvo apoderado del Alhambra y ciudad, y obedecido por rey del reino, aunque no del todo, porque todavía entendían que aquel no era su señor natural.
El rey Chico se fue adonde estaba el rey D. Fernando y la reina Doña Isabel, y contó toda su tragedia; de todo lo cual pesó mucho a los cristianos reyes, y le dieron unas cartas al rey moro para el gobernador y capitán de todas las fronteras del reino de Granada, especialmente para Benavides que estaba en Lorca con gente de guarnición; y dando al rey moro muy grande cantidad de dinero, y otras cosas de valor, le envió a Vélez el Blanco, donde fue bien recibido él y los suyos; y asimismo en Vélez el Rubio, donde estaba un alcaide moro, que se decía Alabez, y en Vélez el Blanco estaba un hermano suyo.
Estando aquí el rey Chico entraba y salía en los reinos de Castilla a cosas que le cumplían, donde era de los cristianos favorecido por mandado del rey D. Fernando; y a este tiempo habían ganado los cristianos muchos lugares de Granada, así como Ronda, Marbella y otros pueblos comarcanos, Loja y sus contornos.
El tío del rey Chico no se aseguraba un punto, porque tenía el reino tiranizado y siempre procuraba la muerte del sobrino, porque no reinase, y prometía muchas cosas a quien le matase con yerbas o violentamente; y no faltaron cuatro moros codiciosos a las promesas que le dieron palabra de matar al rey Chico; y para la ejecución los envió con cartas para su sobrino, porque no se recelasen de ellos, atento a que él no le hacía guerra, y que como de paz le enviaba aquel mensaje con blandas y cautelosas palabras, que decían así:
«Amado sobrino: no obstante las causas de las pasadas guerras que habemos tenido por el reino, sabiendo ya que verdaderamente es vuestro por una cláusula del testamento de mi hermano, donde dice que vos sois heredero de él, he acordado que seáis entregado en la posesión de él, y le recibáis debajo de vuestro amparo, como rey y señor de él, dándome un lugar en que esté contento para pasar mi vida, que con esto viviré gustoso; y mirad que os lo requiero de parte de Dios Todopoderoso, y de Mahoma, su fiel mensajero, porque el reino de Granada se va perdiendo, sin que en nada haya reparo. Por tanto, vistos estos mis recados, vos venid a Granada muy seguro, como rey y señor de ella. De todo lo pasado estoy muy arrepentido, y así espero el perdón de vos, como de mi señor y rey; y mirad que si tenemos división y guerras civiles, el reino será perdido; y no viniendo a él, le entregaré a vuestro hermano Muza, el cual lo tiene por deseo de gobernar; y si él se apodera del reino, y los grandes le juramos por rey, con dificultad será desposeído. Ceso, y de Granada etc.--_Muley Abdalí._»
Esta carta dio el infante a cuatro moros valientes y conjurados, para que en acabándosela de dar le matasen; y si no pudiesen buenamente salir con su intención, que se viniesen. No faltó quien diese aviso de esto al rey Chico para que se guardase.
Llegados los mensajeros a Vélez el Blanco preguntaron al alcaide Alabez por el rey. Él respondió que allí estaba, y qué era lo que querían.
--Traemos unos recados del rey su tío.
Alabez dijo:
--¿Cómo puede ser su tío rey, habiendo legítimo heredero en el reino?
--Eso no sabemos nosotros --respondieron los mensajeros--, más de que nos mandó venir con estos recados.
--Pues dadme las cartas --dijo el alcaide--, que vosotros no le podéis entrar a hablar.
--No las podemos dar sino en sus manos --respondieron ellos.
--Pues aguardad aquí. Avisaré al rey --dijo Alabez; y lo hizo, y dijo si los dejaría entrar o no.
El rey mandó que los dejase entrar para oír su mensaje; y mandó a doce caballeros Zegríes y Gomeles que estuviesen prevenidos en su sala por si había alguna traición.
Esto hecho, y el alcaide alistado de armas, volvió a los mensajeros y les dijo que entrasen; y entrados donde estaba el rey, y viéndole que estaba tan acompañado, disimularon, y alargando la mano el un mensajero para darle al rey los despachos, se los quitó el alcaide y se los dio al rey; y abriendo la carta la leyó toda, y como estaba avisado de la traición, mandó luego que prendiesen a los mensajeros, y dándoles tormento confesaron la verdad, y fueron sentenciados a muerte, y los ahorcaron de las almenas del castillo; y el rey Chico respondió a su tío en una carta lo siguiente:
«El muy poderoso Dios, criador del cielo y la tierra, no quiere que las maldades de los hombres estén ocultas, sino que a todos sean patentes, como ha hecho en haber descubierto tu maldad. Recibí tu carta, más llena de engaños que el caballo de los griegos. Ahora me prometes amistad, que estás harto de perseguirme, matando a mis familiares y caballeros que me seguían. Traigo por testigos de esto a los de Almería que lo sabían, y a mi inocente hermano que degollaste. No sé por cuál razón hiciste tal crueldad; mas yo confío en Dios que algún día me lo pagarás con tu cabeza, y los de Almería no quedarán sin castigo. El reino que tienes era de mi padre, y de derecho es mío; quereisme todos mal porque trato con cristianos: bien sabéis que por comunicar con ellos labran los moros sus tierras, y tratan en sus mercaderías seguramente: los cuales no lo hacen estando debajo de tu dominio contra toda razón. Avísote que algún día he de estar sobre tu cabeza, y me pagarás la traición que contra mi padre cometiste, y la que a mí ahora querías hacer debajo de tus melosas palabras; pues sábete que adonde tú estás tengo quien me da aviso de tus traiciones. Enviaste cuatro mensajeros, tales como tú, para que me diesen muerte, y pagaron su maldad, y confío que tú pagarás la tuya. Las joyas que me enviaste las quemé en pública plaza a vista de todos, recelándome de tus traiciones. No sé por qué las usáis siendo de linaje de reyes y teniéndoos por tal: no más. De Vélez el Blanco, etc.--_El rey de Granada natural._»