Guerras civiles de Granada: Tomo I
Part 24
Esta carta escrita, la envió a Granada con otra que iba para Muza, y él se la dio a su tío, el cual como supo que a los mensajeros que él envió para matar a su sobrino los habían ahorcado habiendo confesado la traición, se halló muy confuso; mas disimulando, andaba cuidadoso y con recato de su persona.
Muza leyó la carta de su hermano y decía:
«No sé, amado hermano, cómo tu valor consiente que un tirano sin razón ni ley tenga usurpado el reino de nuestro padre y abuelos, y que me persiga y tenga desterrado de lo que es mío. Si están mal conmigo los Almoradís y Marines por la muerte de los Abencerrajes, quien fue la causa de ello pagó la culpa, y yo como rey usaba justicia. Si siendo cautivo traté amistad con cristianos, fue por mi libertad, y por el bien de Granada, porque con el favor de ellos las tierras se labran. Poco hacía al caso pagar al rey tributo, dejando nuestro reino en paz. Ahora veo que va peor teniendo Granada otro rey, porque los cristianos se van apoderando del reino y ensanchando el suyo. Por Dios te ruego, que pues tu valor es para todos bastante, que tomes a tu cargo mi defensa por la honra de ambos; y considera la ambición de este tirano, pues derramó la sangre de nuestro inocente hermano. Dame aviso de todo. De Vélez el Blanco, etc.--_Tu hermano el rey._»
Así como Muza leyó la carta su hermano fue muy indignado contra su tío, especialmente por la muerte de su tierno hermano; y así luego enseñó la carta a sus amigos los caballeros Alabeces, Almoradís, Gazules, Venegas, Zegríes, Gomeles y Mazas, porque también eran amigos de su hermano; y habiendo visto por ella la disculpa que daba de la muerte de los Abencerrajes, y el arrepentimiento que mostraba del testimonio levantado a la reina, acordaron entre todos los caballeros de escribir al rey Chico que viniese a Granada con secreto, y que entrase en el Albaicín por la puerta de Fajalauza, y que se entregaría de la fortaleza de Blo Albulut, antigua morada de los reyes, porque era alcaide de ella Muza.
Aquesta carta fue enviada al rey Chico, el cual como la leyó y vio la firma de su hermano Muza y de algunos caballeros, luego se dispuso para ir a Granada, y también porque se le iban los moros que tenía en su guarda y servicio, y le quedaban ya pocos; y así se partió y llegó una noche muy oscura a la puerta de Fajalauza con solos cuatro de a caballo, porque los demás se habían quedado apartados un poco atrás, y como llegó llamó a la puerta.
Los guardas preguntaron quién era, y él dijo, vuestro rey soy. Luego le conocieron, y como estaban ya avisados de Muza que si viniese le diesen franca puerta, al punto le abrieron y entró con toda su gente.
En sabiendo Muza su venida le fue a recibir, y le metió en la fuerza del Alcazaba. Aquella noche fue el rey a casa de algunos caballeros de los más principales del Albaicín a decirles su venida, y como era para cobrar su reino con su ayuda. Todos los caballeros le prometieron su favor; y habiendo visitado a los caballeros de consideración se volvió al Alcazaba.
Al otro día por la mañana se supo por toda la ciudad de Granada la venida del rey Chico, y tomaron las armas para ofenderle como a rey.
El rey viejo su tío que estaba en el Alhambra, como supo la venida de su sobrino el rey Chico, hizo armar mucha gente de la ciudad para pelear contra los del Albaicín, y entre unos y otros hubo una cruel batalla, en la cual murieron muchos de ambas partes.
De la parte del rey viejo eran Aldoradines, Marines, Alabeces, Bencerrajes y otros muchos caballeros.
De la parte del rey Chico eran Zegríes, Gomeles, Mazas, Venegas, Alabeces, Gazules, Aldoradines y otros muchos caballeros principales.
Fue tan reñida aquesta refriega que ninguna de las pasadas le llegó, porque hubo mucha mortandad y derramamiento de sangre.
El valor de Muza, que seguía la parte de su hermano, era causa de que los de la ciudad lo pasasen peor, aunque ya les tenían aportillado el muro por tres o cuatro partes; lo cual visto por el rey Chico, envió a gran priesa a pedir socorro a D. Fadrique, capitán general puesto por el rey D. Fernando, haciendo saber como estaba en el Albaicín en gran peligro, porque su tío le hacía cruel guerra.
D. Fadrique le socorrió por mandado del rey Chico, y le envió mucha gente de guerra, arcabuceros todos, y por capitán de ellos a Hernando Alabez, alcaide de Colomera.
Con este socorro los moros se holgaron mucho, especialmente porque D. Fadrique les envió a decir que peleasen como varones fuertes por su rey, que era aquel, y que les daba palabra que seguramente podían salir a la Vega a sembrar y labrar sus tierras sin que nadie se lo estorbase.
Con este favor tomaron grande ánimo los moros, y peleaban como leones con el ayuda de los cristianos, a los cuales no les faltaba nada de lo que habían menester.
Estas batallas duraron cincuenta días, sin cesar de pelear de día y de noche, y después de ellos se retiraron los de la ciudad con mucha pérdida de su gente, por el valor de los cristianos y de Muza; y el rey Chico reparó las murallas y puso gran defensa para estar seguro.
Los cristianos fueron muy bien tratados; los moros del Albaicín salían a la Vega y a sus campos a labrar las tierras, todo lo cual fue causa para que casi los más siguiesen el bando del rey Chico; pero no por esto se dejaban las continuas batallas entre los de la ciudad y Albaicín.
Los moros de la ciudad tenían más trabajo, porque peleaban con los cristianos de las fronteras, y con los moros del Albaicín; de suerte que de continuo tenían guerra.
En este tiempo fue cercada Vélez-Málaga por el rey D. Fernando. Los moros de Vélez enviaron a pedir socorro a los de Granada. Los alfaquíes amonestaron y requirieron al rey viejo que fuese a favorecer a los moros de Vélez.
El rey cuando lo supo se turbó, porque nunca imaginó que los cristianos osarían entrar tan adentro, y temiose salir de Granada, recelándose que en saliendo se alzaría su sobrino con la ciudad y se apoderaría en el Alhambra.
Los alfaquíes le daban priesa diciendo:
--Di, Muley, ¿de qué reino piensas ser rey, si todo lo dejas perder? Las sangrientas armas que sin piedad movéis en vuestro daño aquí en la ciudad, movedlas contra los enemigos, y no matando a los mismos naturales.
Estas cosas decían los alfaquíes al rey, y predicando por las calles y plazas, que era justo y conveniente cosa que Vélez-Málaga fuese socorrida.
Tanta era la persuasión de estos alfaquíes, que al fin se determinó de ir a socorrer a Vélez-Málaga; y habiendo llegado se puso en lo alto de una sierra, dando muestra de toda su gente.
Los cristianos le acometieron, y no osó aguardar sino se volvió huyendo él y su gente, y dejaban los campos por donde pasaban poblados de muchas armas, por poder huir a la ligera.
El rey se fue a Almuñecar, y de allí a la ciudad de Almería y Guadix. Todos los demás moros se tornaron a Granada, donde sabiendo los alfaquíes y caballeros lo poco que había hecho el rey en aquella jornada, y que como cobarde había huido, llamaron al rey Chico y le entregaron el Alhambra, y le alzaron por su rey, a pesar de los caballeros Almoradís y Marines, y de todos los demás de su bando, que eran muchos; aunque es verdad que los de la parte del rey Chico eran más, y todos muy principales.
Habiendo entregado al rey Chico la Alhambra y todas las demás fuerzas, en las cuales puso gente de confianza, los moros le suplicaron pidiese al rey D. Fernando seguro para que la Vega se sembrase; y así lo envió a suplicar, y que todos los lugares de moros que estaban fronteros de los lugares de cristianos, que le obedeciesen a él, y no a su tío, y que para ello les daría seguro de que pudiesen sembrar y tratar en Granada segura y libremente.
Todo lo cual le otorgaron los reyes Católicos por ayudarle; y así el rey cristiano escribió a los lugares de los moros que obedeciesen al rey Chico, pues era su rey natural, y no a su tío; y que él les daba seguro de no hacerles ningún mal ni daño, y que pudiesen labrar sus tierras.
Los moros con este seguro lo hicieron así, y asimismo escribió el rey cristiano a todos los capitanes de las fronteras que no hiciesen mal a los moros fronterizos; lo cual cumplieron, y los moros andaban muy alegres y contentos, y dieron la obediencia al rey Chico.
El rey Chico habiendo hecho todo aquesto, y dado contento a sus ciudadanos y aldeanos, mandó cortar las cabezas a cuatro caballeros Almoradís que le habían sido muy contrarios, y con esto cesaron las sangrientas y civiles guerras por entonces.
Y porque la intención del moro cronista no fue tratar de la guerra de Granada, sino de las cosas que pasaron dentro de ella, y de las guerras civiles que en ella hubo, no pongo aquí la guerra, sino el nombre de los lugares que se rindieron, tomada la ciudad de Vélez-Málaga, que son estos:
Bentomiz, la villa de Comares, Dompera, la Villa del Cestillo, Guadalta, Jaraz, Cavilla, Rubir, Pitargies, Lucas, Jaranca, Almejía, Mainete, Venaquer, Camillas, Alebonache, Canillas de Albaidas, Narija, Benicorán, Cafis, Buenas, Alboraba, Alcuchavia, Alhitán, Daimas, Algorgi, Morgaza, Machara, Albomaila, Benadaliz, Cimbochillas, Predilipe, Beiros, Sinarax, Hajar, Corterrojas, Alhacaque, Almería, Aprina, Aletín.
Estos lugares del Alpujarra se dieron a los reyes Católicos, de lo cual les pesaba a los moros de Granada, teniendo tan gran recelo de perderse, como los demás lugares se habían perdido.
Pues vengamos ahora al propósito: después de haber rendido a Vélez-Málaga, los pusieron en tanto aprieto, que les faltó el mantenimiento, y muchas municiones de guerra; de suerte que estaban para darse.
Los moros de Guadix sabido este negocio lo sintieron mucho, y los alfaquíes le rogaron al rey viejo que fuese a socorrer a Málaga, como lo hizo con mucha gente.
El rey Chico supo de este socorro de su tío, y mandó juntar mucha gente de a pie y de a caballo, y fue Muza por capitán de ellos para que les impidiese el paso, y los desbaratase; y así lo hizo, que les aguardó y salió al encuentro, y trabaron una cruel batalla, en la cual fueron muertos gran parte de los de Guadix, y los demás huyeron volviéndose a su tierra admirados del valeroso Muza y de los suyos.
Luego el rey Chico escribió al rey D. Fernando todo lo que había pasado con los moros de Guadix que iban al socorro de Málaga, de lo cual se alegró el rey Católico, y se lo agradeció, y le envió un rico presente; y el rey Chico envió al rey D. Fernando un presente de caballos, muy riquísimamente enjaezados, y a la reina envió paños de seda y perfumes.
Los reyes cristianos escribieron a los capitanes y alcaides fronteros de Granada y sus lugares, le diesen favor al rey Chico contra su tío, y que no hiciesen mal ni daño a los moros, ni tratantes de Granada que fuesen a sembrar o a labrar sus tierras.
El rey de Granada envió a decir al rey D. Fernando, que tenía noticia cómo los moros de Málaga no tenían bastimentos; que les impidiese que por mar ni por tierra les entrasen, y que se rendirían sin falta.
Finalmente, dieron los cristianos tan gran batería a los cercados, que fue ganada Málaga y su distrito; y puesta buena guardia en Málaga y su costa, recibieron los reyes Católicos una carta de Granada, enviada por los caballeros Alabeces, Gazules y Almoradines, la cual decía así:
«Muy poderosos señores: los días pasados hicimos saber a vuestras majestades los caballeros Alabeces, Gazules, Aldoradines, y otros muchos de esta ciudad de Granada que somos de un bando, del cual es también Muza, cómo queríamos ser cristianos y entregar este reino a vuestras reales personas; y pues se ha dado fin glorioso a las cosas del Andalucía, se puede empezar la conquista de este reino por la parte de Murcia, que es cierto que los alcaides de las fronteras y del río de Almanzor se entregarán luego sin defenderse, porque así está tratado entre nosotros; y siendo ganada Almería y su río, que es el más dificultoso, y Baza, se puede cercar a Granada; que te damos fe, como caballeros, de hacer tanto en tu servicio, que Granada se entregue a pesar de todos los que en ella viven. Muza en nombre de los vasallos arriba contenidos besa vuestras reales manos etc. De Granada.»
Escrita esta carta, fue enviada al rey D. Fernando; el cual como entendió las razones, y viendo como los caballeros Abencerrajes que andaban en su servicio procedían tan bien como lo habían escrito, luego se puso en camino para Valencia, y allí hizo cortes; y con el grande deseo que tenía de acabar del todo aquel reino, se vino a la ciudad de Murcia, y allí fue discurrido cómo había de entrar por la parte de Vera y Almería; y resuelto en lo que había de hacer, se fue a la villa de Lorca para desde allí entrar en el reino de Granada.
Fueron de la ciudad de Murcia con el rey D. Fernando muchos caballeros muy principales, los cuales será bien declarar, porque su valor y proezas lo merecían, aunque no se nombrarán todos.
Fueron Fajardos, caballeros de claro linaje, Albornoces, Ayalas, Giles, Galeros, Carrillos, Clavillos, Guzmanes, Riquelmes, Avellanedas, Villaseñores, Comences, Ralones, Pereas, Fontes, Ávalos, Valcárceles, Pachecos, Moncadas, Monzones, Guevaras, Melgarejos, Torrecillas, Llamas, Salares, Eustreros, Andosillas, Loaysas, Iufrentes, Sayavedras, Hermasillas, Pelozones, Balboas, Viloas, Alarcones, Laras, Fauras, Zambranas, Cascales, Sotos, Sotomayor, Puxmarines, Varribreas, Paralexas, Saurines, Lázaros, Vorias, Peñaveleros, Escamoz, Dotos y Rosales, Jereces, Gómez, Mulas, Darines, Alburquerques, Loritas, Ponces de León, otros Guevaras, Cisones, Manchirones, Leones, otros Ponces de León, Cildranes, Rosiquíes, Tomases, Tizonas, Paganes, Cernales, Alemanes, Rodas, Pineros, Hurtados.
De la villa de Mula, Jerez de Ávila y Gitar, Leyvas, Correllas, Mazas, Melgarez.
De Lorca salieron Moratas, Portales, Cozorlas, Pérez de Tudela, Mutados, Quiñoneros, Pineros, Falconetes, Mateos, Rendones, Marcelas, Burgos, Alcázares, Romanes.
Finalmente de estos lugares referidos, Murcia, Lorca y Mula, salieron todos estos caballeros hijosdalgo en servicio del rey D. Fernando contra los moros del reino de Granada, y otros muchos que no se refieren por evitar prolijidad; los cuales mostraron bien el valor de sus personas en todas las ocasiones que se ofrecieron.
En Lorca dejó el rey en Santa María una custodia de oro, y una cruz de cristal, guarnecida de oro fino.
Pues habiendo puesto el rey toda su gente en muy buena orden, se partió a Vera, en la cual estaba por alcaide un valiente moro, hijo del valiente Alabez que murió preso en Lorca. Llamábase también Alabez, no menos valiente que el otro; el cual como supo la venida del rey D. Fernando, luego se dispuso a entregarle la ciudad y fuerza, porque estaba tratado por cartas.
Y así llegando el rey a una fuente que llaman del Pulpí, salió el alcaide Alabez a recibirle, y le entregó las llaves de la ciudad de Vera y de su fuerza. El rey entró en la ciudad, y se apoderó de ella, y puso otro alcaide, y a Alabez hizo muchas mercedes.
No había sino seis días que estaba en Vera el rey, cuando se le entregaron los lugares siguientes: Vera, Antas, Lorin, Sorbas, Teresa, Cabrera, Sotena, Cricantocia, Las Cuevas, Portilla, Overa, Zurgena, Huércal, Vélez el Blanco, Turbe, Mojácar, Uleila del Campo, Cuerbro, Tabernas, Ynox, Albreas, el Box, Santo Perar, Huéscar, Cijola, Pataloba, Finis, Albanabez, Inmeytin, Ventiagla, Vélez el Rubio, Tirieza, Xiquena, Purchena, Cúllar, Benamantel, Castilleja, Orce, Galera, Utreza, Armuña, Bayarque, Sierto, Filabres, Vacares, Durca; y sin estos otros muchos lugares del río de Almanzor.
Los tres Alabeces suplicaron al Católico rey que los mandase bautizar; conviene a saber: Alabez, alcaide de Vera; Alabez, alcaide de Vélez el Rubio, y Alabez, alcaide de Vélez el Blanco.
El rey se holgó mucho de ello, y por ser principales caballeros mandó que los bautizase el Obispo de Plasencia; y del alcaide de Vera fue padrino D. Juan Chacón, adelantado de Murcia, y del alcaide de Vélez el Rubio lo fue un principal caballero llamado D. Juan de Ávalos, hombre de grande valor, y muy estimado del rey por su grande bondad. Este Ávalos fue alcaide de la villa de Cuéllar, y él y otros caballeros naturales de la villa de Mula, llamados Pérez de Hita, pelearon con los moros de Baza, que cercaron la villa de Cuéllar tan bravamente, que jamás se vio en tan pocos cristianos tan brava resistencia; y al fin los moros no la tomaron por ser tan bien defendida.
Esta batalla escribe Hernando del Pulgar, cronista del rey D. Fernando.
Del nombre de este alcaide Ávalos se llamó el alcaide de Vélez el Rubio D. Pedro de Ávalos, a quien el rey D. Fernando hizo muy grandes mercedes por su valor, y le dio y otorgó grandes privilegios, en que pudiese traer armas, y tener oficios nobles en la república. Del alcaide de Vélez el Blanco, hermano del que hemos dicho, fue padrino un caballero llamado D. Fadrique. De aquestos tres famosos alcaides hay hoy día deudos, en especial de Ávalos.
De esta suerte se iban tornando cristianos algunos de los más principales alcaides de estos lugares, entregándosele sin pensar.
Siendo el rey apoderado de todas estas fuerzas ya dichas, determinó de irse a Almería por ver su asiento, y ponerla cerco, dando lugar a los moros que se habían dado para que los que quisiesen se fuesen a África, o adonde les pareciese, y que los que quisiesen estar quedos, que se estuviesen.
Con esto el rey fue a Almería, donde tuvieron con los moros encuentros.
Partiose de Almería el rey, dejando el cerco para después; y asimismo lo hizo en Baza, después de haber bien reconocido y visto donde podía poner sitio y real.
Tuvo con los moros en Baza grandes encuentros, donde murieron muchos de ellos: allí hizo D. Juan Chacón cosas memorables.
Levantose el real, y fue a Huéscar, la cual se dio luego. Aquí mandó el rey despedir la gente de guerra, y él se fue a Caravaca a adorar la santa cruz que allá está, y de allí se partió a Murcia, donde estaba la reina Doña Isabel, y descansó aquel año.
En este tiempo hubo grandes rebeliones en los lugares que se habían dado; pero el rey D. Fernando los apaciguó enviando gente de guerra que los aquietase.
El año siguiente puso cerco el rey D. Fernando a la ciudad de Baza, donde hubo muchas escaramuzas y batallas entre moros y cristianos. Vino a tanto extremo de necesidad Baza, que pidió socorro al rey viejo, que estaba retirado en Guadix, y al rey Chico de Granada, mas este no quiso darla ningún socorro. El rey viejo envió bastimentos y gente de guerra a Baza.
Muchos moros de Granada comenzaron a alborotar la ciudad; y visto que el rey de ella no quiso dar favor a los de Baza, decían que los cristianos ganaban el reino, y no eran socorridos los moros, y que era mal hecho; y así se salían muchos moros secretamente al socorro de Baza.
El rey Chico enojado contra los que alborotaban la ciudad, mandó hacer pesquisa de ellos, y sabido les hizo cortar la cabeza.
Al fin Baza se dio, y Almería y Guadix, porque el rey viejo las entregó. El rey D. Fernando le dio ciertas villas en recompensa; pero a pocos días se pasó a África.
Así como se dieron las tres ciudades dichas, no hubo villa, lugar ni fortaleza que no se diese al rey Católico; de suerte que todo el reino estaba aprisionado, salvo la ciudad de Granada; y así será bien dar fin a las guerras civiles, y tratar del rey de ella.
Ya dijimos como fue prisionero el rey Chico de Granada por el alcaide de los Donceles D. Diego Fernández de Córdoba, señor de Lucena, y por el Conde de Cabra; y como el rey D. Fernando le dio libertad, con condición que el moro le había de dar cierto tributo.
Otrosí, entre estos dos reyes fue concertado que acabado de ganar a Guadix, Baza y Almería, y todo lo demás del reino, el rey Chico le había de entregar al rey D. Fernando la ciudad de Granada y Alhama, con el Alcazaba y Albaicín, Torres-Bermejas y castillo de Bibatambién, con todas las demás fuerzas de la ciudad; y que el rey D. Fernando le había de dar al rey moro la ciudad de Purchena y otros lugares en que estuviese, para que con las rentas de ellos viviese hasta su fin.
Pues habiendo el rey cristiano ganado a Baza, Guadix y Almería, con todo lo demás, luego envió sus mensajeros al rey moro que le entregase a Granada y fuerzas de ella, como estaba puesto en el concierto y trato, y que él le daría a Purchena y los lugares prometidos.
A esto respondió el rey moro que estaba arrepentido del trato hecho, que aquella ciudad era muy grande y populosa, y llena de gente, naturales y extranjeros, de los que habían escapado de todas las ciudades ganadas, y que había diversos pareceres sobre la entrega de la ciudad, y aun se comenzaban nuevos escándalos en ella; y que aunque los cristianos se apoderasen de la ciudad, que no la podrían sojuzgar: por tanto, que su alteza pidiese dobladas parias y tributo, que lo pagaría, y que no le pidiese a Granada, que no se la podía dar, y que le perdonase.
Con aquesta respuesta se enojó el rey D. Fernando, en ver que le quebraba la palabra, y tornó a replicarle, que tenía determinado de darle a Purchena y otros lugares; y que pues le faltaba de su promesa, no le daría sino otros pueblos no tan buenos; y que pues decía que la ciudad de Granada no podía ser sojuzgada, que él se avendría con la gente, y que siendo entregado en las fuerzas, y quitando las armas a los moradores, los allanaría con facilidad; y que si no le entregaba la ciudad le harían cruel guerra.
Turbado el moro de la resolución del rey cristiano, juntó todos sus consejos, con los cuales comunicó aquel caso, y sobre ello hubo grandes pareceres.
Los Zegríes decían que no hiciese tal, ni por imaginación, ni quitase las armas.
Los Gomeles y Mazas estuvieron de aqueste parecer.
Los Venegas, Aldoradines, Gazules y Alabeces, que determinaban ser cristianos, decían que el rey D. Fernando pedía justicia, pues estaba así concertado; y ya que debajo de aquel concierto el rey D. Fernando les había dado lugar de cultivar sus haciendas y labores, y a los mercaderes para entrar y salir en los reinos de Castilla a tratar con sus cartas de seguro, que ahora no era justo hacer otra cosa; que no era de rey quebrar la palabra, pues el cristiano no la había quebrado.
Los Almoradís decían que no convenía darle al rey D. Fernando nada de lo que pedía, que si él había dado lugar a los moros para cultivar sus labores, también ellos no habían corrido los campos de las fronteras; que también ellos gozaban de aquella paz y concierto, y así como los moros, y mejor.
Toda la demás gente de guerra fue de este parecer, y le fue respondido al rey Católico, que no había lugar a lo que pedía.
Vista la respuesta del rey moro, y que venían a correr la tierra de los cristianos, mandó el rey D. Fernando reforzar y guarnecer todas las fronteras, y proveerlas de bastimentos y municiones, con intento de poner cerco a Granada el verano siguiente; y así se fue a Segovia a invernar.
CAPÍTULO XVII.
_En que se da cuenta del cerco de Granada por los reyes Católicos, y de la fundación de Santa Fe._
El verano siguiente vino el rey D. Fernando a Córdoba, y allí tuvo ciertas escaramuzas con los moros de Granada, y quitó el cerco de Salobreña que tenían los moros en aprieto. Hecho esto se fue a Sevilla a tratar ciertas cosas para el cerco de Granada.
Volvió a Córdoba, y de allí vino a la Vega de Granada y destruyó todo el Valle de Alhendín, y mataron los cristianos muchos moros, y quemaron nueve aldeas. En una escaramuza murieron muchos Zegríes a manos de los cristianos Abencerrajes, y un Zegrí escapó huyendo a darle esta mala nueva al rey moro.
El rey D. Fernando puso su real en la misma Vega, donde estaba prevenido todo lo necesario, y puso toda su gente en escuadrón formado con todas sus banderas tendidas y su real estandarte, en el cual llevaba por divisa un Cristo crucificado.
Por la nueva que llevó el Zegrí al rey se hizo este
ROMANCE.