Filosofía Americana: Ensayos

Part 6

Chapter 63,899 wordsPublic domain

El equilibrio social bajo el principio de la sinergía, junto con envolver una perpetua y vigorosa lucha entre las fuerzas sociales antagónicas, crea las estructuras sociales. De la perfección de estas estructuras y del éxito con que desempeñan sus funciones depende el grado de la eficiencia o capacidad social. En el mundo orgánico la lucha tiene la apariencia de una lucha por la existencia. Las especies más débiles perecen y las más fuertes persisten. Hay una constante eliminación de lo defectuoso y supervivencia de lo adecuado. En el campo social sucede lo mismo y las razas débiles sucumben en la lucha mientras que las fuertes se perpetúan. Pero en ambos casos es la mejor estructura la que sobrevive. De esta manera, la lucha deja de ser una cuestión de individuos, de especies, de razas o de sociedades y se convierte en un problema cuya solución depende de la perfección de las estructuras. Podemos, pues, atenuar la severa fórmula de Darwin, de la lucha por la existencia y ver en todo el panorama de la vida más bien una _lucha por la estructura_.

Ya se ha dicho que el nombre más general y apropiado para las estructuras sociales es el de instituciones humanas. Las instituciones humanas no son más que el conjunto de los medios que tienen por objeto encaminar y utilizar la energía social. Buscando cuál sea la naturaleza y la esencia de la energía social se encuentra la más fundamental de todas las instituciones humanas, especie de _plasma_ social primordial, homogéneo, indiferenciado, que ha dado origen subsecuentemente a todas las demás instituciones. Puede llamársele el _sentimiento de conservación del grupo social_ (the group sentiment of safety) y es principalmente de carácter religioso. De este núcleo se han derivado indudablemente la religión misma, el derecho, la moral y todas las instituciones ceremoniales, eclesiásticas, jurídicas y políticas. Pero hay otras instituciones tan esenciales y primitivas como estas que han de tener otras raíces, tales como el lenguaje, el arte y las industrias.

Mas, volvamos nuestras miradas a los tiempos primitivos de la vida humana y digamos ante todo que respecto de las teorías del _poligenismo_ y del origen animal del hombre, aceptadas por casi todos los biólogos y antropólogos, la actitud del sociólogo no puede ser la de un investigador sino que debe darlas por sentadas y seguir adelante.

Por más que las razas primitivas sean consideradas por los hombres civilizados como algo muy semejantes entre sí, con todo, ellas mismas se miran unas a otras como sumamente distintas y con mutuo desprecio. El hecho de que dos razas se pongan en contacto significa el estallido de una guerra entre ellas. Si nos imaginamos un tiempo anterior a todos los recuerdos históricos, a todas las más remotas civilizaciones que han existido, a las épocas china, egipcia, caldea y asiria,--sin dejar de confesar que sabemos muy poco de aquella edad,--podemos aceptar que vastas extensiones de la superficie terrestre estaban ya ocupadas por los hombres que divididos en gran número de diferentes razas, tribus, grupos, clases y hordas se afanaban en mantener su existencia. ¿Cuáles serían los caracteres y cualidades del grupo más primitivo? Entre los animales, por lo menos la madre conoce a menudo a su cría y es posible que entre los monos tenga lugar un reconocimiento general de las más inmediatas relaciones de parentesco. Naturalmente, el hombre primitivo llevó más lejos este reconocimiento y los padres y los hijos, los nietos y otros consanguíneos quedaron unidos en un grupo algo difuso e indiferenciado, que es la forma primitiva de la sociedad, llamada por los etnólogos una _horda_, y que Durkheim ha denominado apropiadamente «protoplasma social».

La completa separación entre las hordas representa el grado más simple y más bajo de la vida de los grupos sociales, es el estado inmediatamente superior al estado animal y se diferencia de éste en que no es tan sólo gregario, sino que se reconoce en él de una manera más o menos racional cierta relación de consanguinidad. Después de adquirir un mayor desarrollo y de perfeccionar sus facultades razonadoras, el grupo se extiende hasta formar un _clan_, que fué la más vasta forma de asociación a que un hombre de aquella época reconoció los lazos de parentesco. Por supuesto, que éste sólo se refería a la madre, ya que únicamente el parto y no la fecundación podía servir de prueba de él. La transición de este sistema matriarcal al patriarcal, que se ha verificado en casi todas las razas existentes, ha tenido lugar por medio de extraña ficción llamada la _cuvada_, en que el padre representa todos los trabajos, dolores y enfermedades de la madre como si él fuera el parturiento y guarda el lecho como quien acaba de dar a luz un niño. De esta suerte adquiere derecho a ser considerado como un miembro importante en las relaciones de parentesco. La conservación durante largo tiempo de esta extraña costumbre, muestra cuán profundamente arraigada ha estado en los pueblos primitivos la creencia en la partenogénesis, de la cual son supervivencias los mitos religiosos posteriores relativos a una «inmaculada concepción.»

En el largo período matriarcal se formó el lenguaje y como las hordas y clanes se repartieron por la tierra y quedaron muy separados entre sí, cada grupo formó un lenguaje distinto. Igual cosa aconteció con los usos y ceremonias, prácticas y ritos religiosos. Sus fetiches, _totemes_ y dioses eran diferentes y llevaban diversos nombres.

Esta época de _diferenciación social_ representa aquel estado idílico de relativa paz y dicha que debió preceder a la era de combates que sobrevinieron entre razas más desarrolladas y de abundante población.

Estos combates fueron inevitables y se explican por el mismo principio de sinergía que hemos visto en acción desde la formación de la nebulosa: la sinergía social va a producir ahora por medio de la lucha formas sociales. Gumplowicz y Ratzenhofer han probado admirable y abundantemente que el génesis de la sociedad se encuentra en la lucha de las razas.

El primer paso en la lucha de las razas fué la conquista de una por otra. Los hebreos se encontraban difícilmente en un escalón más elevado cuando sus guerras con los cananeos; pero en este caso tales hechos deben ser considerados como una irrupción excepcional de salvajismo en una raza relativamente adelantada. Por lo demás, casi todos los salvajes inferiores son caníbales. Después que el hombre fué carnívoro, el comer carne humana fué una de las primeras consecuencias de la lucha de razas. Las primitivas guerras fueron difícilmente algo más que puras cacerías en que la presa anhelada era el hombre. Pero en un período social más adelantado el canibalismo fué reemplazado por la _esclavitud_. Se vió que era más conveniente explotar al vencido que comérselo. Las razas guerreras sometieron al yugo de la esclavitud a un gran número de vencidos y obligaron a un número aún mayor a pagarles tributos. De aquí la especial atención que los vencedores consagraron a la organización de los ejércitos y a las instituciones militares.

El proceso social, que ha sido comparado con el proceso que en biología se llama _kariokinesis_ y que por lo mismo ha sido denominado _kariokinesis social_, recorre los siguientes pasos en su desarrollo: 1.° Subyugación de una raza por otra; 2.° Origen de las _castas_; 3.° Gradual mejoramiento de esta condición que da lugar a un estado de gran desigualdad individual, social y política; 4.° Sustitución de una forma de _ley_ a la sujeción puramente militar y origen de la idea de _derecho_; 5.° Origen del Estado, bajo el cual todas las clases tienen derechos y deberes; 6.° Compenetración de la masa de elementos heterogéneos y formación de un _pueblo_ más o menos homogéneo; 7.° Aparición y desarrollo del sentimiento de _patriotismo_ y formación de una _nación_.

Por medio de la conquista se encuentran dos razas puestas en inmediato contacto, pero cuando son muy diferentes no hay asimilación posible. La raza conquistadora mira con desprecio a la raza conquistada y la compele a servirla de mil maneras. La raza conquistada alimenta su odio hacia sus vencedores y no reconoce en su estado actual otra cosa que el triunfo de la fuerza bruta. Este fué el origen de las castas y las dos razas mutuamente antagónicas representan los polos opuestos de la aguja social.

Pero tal situación no puede mantenerse indefinidamente. Las dificultades, los gastos y los parciales fracasos de un régimen exclusivamente militar que impone por la fuerza a cada momento sus órdenes a los vencidos, llegan a constituir una carga demasiado pesada para los vencedores. Notan éstos entonces la necesidad de establecer ciertas reglas generales (principios de la ley o del derecho) y de lograr de parte de la raza subyugada cierta cooperación que dé lugar a una acción social común para las dos razas (nacimiento del Estado).

La doctrina sustentada y expuesta por Mr. Ward, de acuerdo principalmente con MM. Gumplowicz y Ratzenhofer, según la cual la sociedad política debe su origen a la violencia, y el Estado es el producto de la conquista, es conocida con el nombre de _darwinismo social_.

«Examinando las cosas objetivamente, dice todavía Mr. Ward[7], se encuentra que la guerra ha sido la condición principal y directiva de los partidarios de la paz, si hubieran prevalecido, habría sobrevenido tal vez la pacificación universal, quizá una mayor suma de contentamiento; pero no habría habido ningún progreso. El péndulo social habría ido reculando sucesivamente en oscilaciones más y más cortas hasta el momento en que hubiera llegado al punto muerto, y habiendo la sociedad logrado el equilibrio, todo movimiento hubiera concluído».

[7] _Pure Sociology_, p. 238.

Ha impugnado esta teoría el sociólogo J. Novicow en su libro _La Justice et l'Expansion de la vie_ (Paris-Alcan, 1905) y como para rebatirla busca en especial sus puntos de ataque o de referencia en la _Pure Sociology_ de nuestro autor. Vamos a citar algunas de las ideas de M. Novicow.

La aparición de la inmortal obra de Darwin sobre «El Origen de las Especies», en 1859, vino a acelerar los progresos de todas las ciencias y a marcarles nuevos rumbos. Los principios de la contención y de la lucha se aplicaron a todos los ramos del saber humano; pero, como sucede siempre en estos casos, el impulso fué más allá de donde debió ir y los espíritus no supieron hacer las distinciones necesarias entre las contenciones y colisiones del mundo sideral, las del mundo biológico, y las del mundo social. La lucha es universal, pero sus formas, sus procedimientos varían extremadamente y es tanto más compleja cuanto más complejo es el campo de acción en que se verifica. Esta es ya una circunstancia que diferencia mucho a las luchas sociales de las demás luchas.

La _lucha astronómica_ (empleando una expresión algo metafórica) tiene lugar por el procedimiento de la atracción. Los astros que andan errantes en el espacio atraen las masas de materia que caen dentro de su esfera de atracción y se las quitan a los astros rivales. Los más felices en estos combates se convierten en soles enormes, los más desgraciados sólo son estrellas modestas y pequeñas.

La _lucha biológica_ entre los animales se efectúa por medio de procedimientos muy diversos. Un animal se arroja sobre otro, lo mata, se lo come y se asimila su substancia en virtud de la digestión.

Hay seguramente luchas sociales como las hay astronómicas y biológicas; pero de tal aserto no se infiere de ninguna manera que los procedimientos de las luchas sociales deban ser idénticos a los procedimientos de las luchas biológicas, como los de éstas no lo son a los de las llamadas luchas astronómicas. Un animal no se apropia directamente células arrancadas a otro animal, sino que las asimila por medio de la digestión; y la latinización de la Galia fué hecha por medios muy diferentes de la digestión que se opera cuando un león se come a un antílope.

El darwinismo ha hecho olvidar también que existe otro fenómeno tan general y tan constante como la lucha: la asociación; y dentro de los seres que pueden asociarse los procedimientos de contensión, son muy diversos de los que se gastan entre los que no se asocian. Es un error, pues, identificar las luchas humanas con las luchas zoológicas que se llevan a cabo entre animales de especies diversas, de las cuales unas sirven, naturalmente, de substancia alimenticia a otras. Es menester identificar las luchas humanas con las que se efectúan entre las células de un mismo organismo biológico.

Al afirmar el darwinismo social que las formas superiores de la asociación humana sólo son posibles por medio de la guerra, incurre en contradicciones fundamentales. Tal observación implica la idea de que actos de disociación puedan producir la asociación y que actos patológicos sean normales. En efecto, la guerra no es más que una serie de homicidios y de destrucciones de la riqueza; significa una disminución de la intensidad vital, un estado patológico de los individuos.

Afirmar, pues, que se aumenta la intensidad vital de las sociedades por medio de la guerra equivale a afirmar que con las enfermedades aumenta la salud de los hombres.

Si los hombres se encontrasen entre sí naturalmente en las relaciones en que se hallan el león y el antílope; si la asociación fuese imposible entre ellos, el darwinismo social sería una teoría verdadera. Pero como la asociación es posible entre los hombres, resulta que la guerra es un estado patológico y la conquista violenta es un acto patológico. Una enfermedad puede atacar a un hombre desde los primeros momentos de su existencia. Hay individuos que aun enferman antes de salir del seno de su madre. Luego la enfermedad sigue al hombre paso a paso durante toda su existencia y llega un momento en que triunfa y las fuerzas disolventes causan la muerte. Negar estos hechos sería soberanamente ridículo; pero ellos no autorizan de ninguna manera a afirmar _que la enfermedad sea la causa y la condición misma de la salud_. Seguramente la disociación (la muerte) es un fenómeno tan natural como la asociación; pero es contradictorio afirmar que sea la causa primera y la condición indispensable para alcanzar las formas superiores de la asociación. Sin embargo, no sostienen otras cosas los darwinistas sociales cuando dicen que la conquista es la condición indispensable para alcanzar las formas superiores de la asociación.

En la sociedad, el robo no produce la riqueza, sino la miseria, la guerra no produce la actividad social sino la estagnación social. Sin duda, la locura, el vicio y el crimen son hechos tan naturales como la razón, la virtud y el honor, pero son éstas y no aquéllas las causas de la prosperidad social. Así como un hombre alcanza la mayor suma de exuberancia vital si no está nunca enfermo, del mismo modo la sociedad logra su máximum de bienestar si no se producen en ella hechos patológicos, es decir, homicidios y expoliaciones.

Una de las fuentes del darwinismo social es la hipnotización producida por la guerra. Ésta como un ciclón, impresiona los espíritus con la inmensidad de las catástrofes que ocasiona. Se descuida el examen de los mil pequeños hechos de la vida cotidiana que constituyen la verdadera trama de la existencia social, los observadores se sienten atraídos únicamente por los acontecimientos trágicos de las batallas. Los sociólogos caen ahora en los errores porque han pasado los geólogos en otros tiempos. Estos últimos han afirmado también, cuando su ciencia estaba en pañales, que las transformaciones operadas en la superficie del globo habían tenido por causa terribles cataclismos periódicos. Después los geólogos se han convencido, observando los hechos más de cerca, que las transformaciones de la corteza terrestre se han efectuado por la acción de los fenómenos ordinarios que han obrado durante períodos muy largos. Igualmente se empieza a comprender que la evolución del género humano y la civilización no son de ninguna manera el producto de terribles catástrofes periódicas, sino de los pequeños hechos diarios que en número inmenso han venido repitiéndose durante períodos muy prolongados.

No es la guerra la que da origen a la civilización, sino el trabajo. Después del reconocimiento de la independencia de los Estados Unidos por la corona británica, algunos ciudadanos americanos en 1812, 1845, desde 1861-65, y en 1898 han hecho la guerra. Estos individuos en conjunto han consagrado tal vez cinco mil días a las matanzas. Pero desde 1783 a 1905 el total de los ciudadanos americanos ha consagrado cuarenta mil días a la actividad productora, o sea 915 veces más que a la actividad guerrera. Se ve, pues, que esta actividad es un elemento casi despreciable con relación a la primera. Los progresos de los Estados Unidos han sido precisamente llevados a cabo por los cuarenta mil días consagrados a la producción y de ninguna manera por los cinco mil consagrados a la destrucción. Salta a la vista que es anticientífico afirmar que un fenómeno que es la 900 quinceava parte del conjunto de los fenómenos sociales es la causa principal e indispensable del progreso de las colectividades.

Lo que es cierto de los Estados Unidos en particular lo es de la humanidad en general.

«El Estado, dice Ratzenhofer[8], no es el producto de intereses que obren libremente, como sucede en el caso de la horda, la tribu, los partidos y las otras uniones sociales. Es el producto del conflicto de los intereses hostiles. Es un hecho de _organización coercitiva_... Toda evolución es el producto de la lucha... Pero la violencia es el poder creador del Estado. Tal es la idea fundamental del Estado que no acepta ninguna desviación: admitir que sea un simple producto de la civilización que provenga de un arreglo pacífico o de cualquier otro hecho de este género, significa contradecir las enseñanzas de la sociología y marchar tras experiencias políticas destinadas a concluir de la manera más deplorable».

[8] _Sociologische Erkeniniss_, citado por J. Novicow.

Novicow se complace en rebatir las afirmaciones de Ratzenhofer en los siguientes párrafos:

«Los sociólogos darwinistas no tienen informaciones completas sobre la manera cómo se han formado todos los Estados de nuestro globo. Las tienen solamente sobre la formación de algunos. Es decir, que después de haber estudiado un cierto número de hechos han razonado así: los hechos observados por nosotros se han verificado en todas partes y siempre; luego, podemos establecer el esquema natural de la formación del Estado. Ese _luego_ implica una deducción lógica y no una observación directa, porque para tener la observación directa habría sido preciso disponer de datos sobre la formación de todos los Estados, lo que es imposible.

«La forma superior de la asociación no depende únicamente del número de los asociados, proviene de una organización más _perfecta_. Cuando dos tribus compuestas, supongamos de mil personas, se funden en una por medio de la conquista, no resulta de ningún modo que su organización se mejore por el solo hecho de aumentar los medios del grupo. Mil bisontes reunidos a otros mil formarán un ganado de dos mil cabezas, pero no constituirán una organización de una naturaleza superior. Para que la sumisión de una poblada a otra pueda producir ventajas, es menester que el conquistador posea facultades mentales superiores a las del vencido. Para que el conquistador pueda hacer pasar un grupo de hombres de la faz de la tribu a la faz del Estado, es necesario que él mismo se encuentre ya en esta faz; porque si se halla en la de la horda, fundará simplemente una horda más grande, ni más ni menos como la reunión de dos ganados de bisontes produce un ganado más grande. ¿Y de qué manera el pueblo conquistador habría llegado al grado del Estado si este sólo se consigue por medio de la conquista? Es menester, entonces, que el conquistador actual haya sido subyugado antes por otros; mas entonces, ¿como pudo perfeccionarse el primero? Es preciso, pues, admitir que se ha perfeccionado sólo por medio de procedimientos civiles e intelectuales. Ahora, si es así, queda arruinada la base de la teoría darwiniana. Si una sola sociedad humana ha podido llegar a constituir un Estado sin necesidad de la conquista, no es esta una condición indispensable para alcanzar tal perfeccionamiento.

«Ratzenhofer afirma que el Estado es un hecho de organización, pero pretende que sólo puede porvenir de un hecho de desorganización. Ratzenhofer no podrá negar que el Imperio Romano estaba dotado de cierta organización cuando fué invadido y destruído por los germanos. La conquista es, pues, la sustitución del desorden al orden, es la desorganización del Estado y no su organización. Más tarde los jefes germanos han sustituído un orden nuevo al antiguo. ¿Cómo no ve Ratzenhofer que sólo cuando los efectos de la conquista se han borrado completamente se llega a establecer el Estado como una forma social superior?

«Pasaremos a la observación de otros hechos. El estudio del origen de la sociedad americana es preciso para el sociólogo. Se ve ahí el principio de una sociedad en plena luz de la historia. Los hechos que han ocurrido en las colonias inglesas de las faldas de los Alleghanys han debido verificarse de un modo muy análogo en la alta antigüedad. Es menester considerar que todas las sociedades humanas han empezado en cierta época por el establecimiento de algún grupo en un país desierto, como lo hicieron los emigrantes de la Gran Bretaña cuando llegaron al nuevo mundo. Después de la sumisión de una raza por otra, dicen los darwinistas, sobrevienen para formar una asociación superior el establecimiento de las castas, la desigualdad política y la sustitución de la ley a la fuerza. Ninguno de estos períodos considerados indispensables se encuentran en la historia de los Estados Unidos. He aquí cómo se ha constituído esta sociedad: hombres libres e iguales se han agrupado primeramente en comunas (townships); comunas iguales y libres han organizado voluntariamente el Estado colonial para su mayor seguridad y comodidad. Por fin, Estados iguales y libres han organizado voluntariamente y con un interés positivo el Estado federal. ¿Se ven aquí las castas, la desigualdad política y luego la supresión de esta desigualdad y el establecimiento de la justicia? Que a veces las cosas hayan pasado en el mundo de acuerdo con el esquema de Ratzenhofer es incontestable. Pero que las cosas no pueden pasar de otra suerte está decisivamente contradicho por los hechos.

«Ratzenhofer puede responder que él habla del origen del Estado en la época primitiva; pero, fuera de que es imposible determinar en qué momento principia y concluye este período primitivo, tal punto de vista no resiste a la crítica. Una teoría científica o es verdadera para todas las épocas o es falsa. Un sociólogo no puede escoger fantásticamente un momento cualquiera de la historia de la humanidad y decir que no toma en consideración lo que ha sucedido después. Los acontecimientos de 1870 han constituído tan completamente (o más quizá) un Estado (la Alemania), como los que se han verificado en la aurora de la historia. Es muy frágil una teoría aplicable sólo a la época prehistórica, sobre la cual se tienen datos extremadamente inciertos. Nada más cómodo que las novelas prehistóricas; tan sólo es menester no olvidar de referirlas como tales y no confundirlas con la ciencia severa y positiva. ¿Qué se diría de un naturalista que en un tratado de embriología no quisiere considerar los seres que nacen a nuestra vista sino únicamente los nacidos en la época terciaria?

«Así el esquema de la formación del Estado elaborado por Ratzenhofer no resiste ni la crítica de la lógica ni la de los hechos. A este esquema erróneo, continúa Novicow, voy a oponer el que me parece corresponde a la realidad más de cerca.